Hiroki amaneció todavía nervioso por lo ocurrido la noche anterior, salió a la sala y se encontró con su hijo desayunando mientras veía unos dibujos. El profesor se acercó a él y le dio un beso en la cabeza, el niño estaba tan concentrado que no apartó la vista de la pantalla. Nowaki, al ver a su marido ya despierto, sonrió.

- ¿Café, Hiro-san?

- Sí, por favor.

- De acuerdo.- Nowaki le sirvió en una taza y se la entregó al mayor, dándole un suave beso en los labios.- Voy a despertar a Kane.

- No creo que se levante.- Dijo Hiroki y se sorprendió al ver que el médico cogía un cazo y una espátula de metal.- Nowaki...

Nowaki entró en el dormitorio de Kane dando golpes fuertes en el cazo. El abogado se sobresaltó y se llevó las manos a la cabeza, cerrando los ojos con fuerza.

- ¡ARRIBA, YA ES DE DÍA!

- Nowaki, me cago en mis muertos...- Murmuró Kane con voz ronca.

- Yo sí que me cago en tus muertos.- Le dijo Nowaki poniéndose serio y Kane le miró con confusión.

- ¿Qué demonios te pasa, Nowaki?

- Fuiste tú quien se acostó con Hiro-san, eso me pasa.

Kane abrió los ojos como platos y miró asustado al médico. Nowaki salió del dormitorio sin decir nada más y dejando al menor muerto de miedo. Kane cogió su móvil rápidamente y vio que tenía varios mensajes de su novio.

¿Cómo ha ido la cosa?

¿Te han echado de casa?

¿Sigues vivo? Te ha matado Nowaki, ¿verdad?

Supongo que no me respondes porque debes de estar resacoso

Oye, Kane, me estoy empezando a preocupar de verdad. ¿Va todo bien por ahí?

Voy a ir

Kane se mordió el labio angustiado, estaba claro que si Nowaki no le mataba, sí que le echaría de casa. Se armó de valor y salió del dormitorio.

- Buenos días...

- Buenos días.- Respondió Hiroki sin mirarle.

- Yo... Nowaki...- Comenzó a decir Kane pero se calló al ver que no le salían las palabras.

- Me alegra saber que cuando te pedí que cuidaras de Hiro-san lo cumpliste muy bien, ya veo que te esforzaste.

- Lo siento.- Dijo Kane cabizbajo.- Sé que eso no cambia lo ocurrido pero es lo único que puedo decir.

Hiroki se sintió mal al ver a Kane tan decaído y, aunque sabía que Nowaki solo quería darle un escarmiento, decidió intervenir.

- En verdad la culpa fue mía, fui yo quien lo comenzó.

- No, Hiroki, dos no lo hacen si uno no quiere y yo quería.- Dijo Kane y miró a Nowaki con decisión.- Me habéis ayudado mucho estos años y no os imagináis cuánto os quiero a los dos, sois mi familia, pero entiendo que después de esto... bueno, iré a recoger mis cosas y me marcharé cuanto antes.

- Nowaki...- Murmuró Hiroki.

- ¿Sientes algo por Hiro-san?

- ¿Qué? Pues claro que no. A ver, estaba cachondo y ya está. Era la segunda vez que lo hacía y lo hubiera hecho con cualquiera.- Respondió Kane.

- Entonces, si no sientes nada por él, ¿por qué quieres irte?

- ¿Eh? ¿No me vas a echar?

- Hiro-san dice que no significó nada para él y si tú dices lo mismo...

- De hecho, fue el mayor error de mi vida.

- Gracias, Hiroki, un golpe directo a mi autoestima.- Dijo Kane.- ¿Entonces estamos bien, Nowaki?

- Sí, supongo que sí.- Suspiró Nowaki y Kane rompió a llorar aliviado. El médico se acercó a él y le abrazó.- Venga, ya hace años de eso. No pasa nada, no llores.

- Si te consuela, Hiroki no paró de gemir tu nombre.- Le dijo Kane, haciendo sonrojar al profesor.

- ¡Kane está llorando!- Exclamó Haruki y también se echó a llorar.

- Haru-chan, tranquilo, no estoy triste.- Dijo Kane rompiendo el abrazo con Nowaki y yendo a abrazar a su ahijado.

- ¡Sí que lo estás!- Dijo el pequeño llorando. Kane lo alzó y le dio un beso en la frente.

- No, no lo estoy. Venga, no llores. ¿Quieres que juguemos a las tiendas? Te dejo esta vez ser el tendero.- Le dijo Kane.

- ¿No dejas que el niño haga de tendero?- Preguntó Hiroki con el ceño fruncido.

- Es que con ese papel me luzco más que con el de cliente.- Respondió Kane ya más tranquilo.

- ¡Haru-chan tiene tres años y tú tienes veintidós!

- Hiro-san, tranquilo.

- Quiero jugar a los peluqueros.- Dijo Haruki parando de llorar.

- Eso está hecho.

Hiroki se metió en el dormitorio y se puso a hacer la cama. Nowaki entró minutos después y cogió la ropa del cesto para poner una lavadora.

- Hiro-san, estoy nervioso.

- ¿Por lo de mi madre?- Preguntó Hiroki mirándole y Nowaki asintió.

- No lo estés, ella te pedirá perdón y podremos olvidarnos del tema.

- Y si...

Nowaki no llegó a terminar aquella frase pues escucharon un grito agudo. Los dos salieron corriendo del dormitorio, preocupados por si había pasado algo. En el salón se encontraron con Haruki, quien llevaba unas tijeras en la mano y estaba a nada de romper a llorar, mientras Kane observaba con lágrimas en los ojos un mechón que tenía en sus manos.

- ¿Qué demonios ha pasado?

- A Kane no le ha gustado jugar a peluqueros...- Murmuró Haruki con gesto triste. Nowaki se acercó al pequeño y le quitó las tijeras.

- Mi pelo...mi preciosa melena...

- Kane, tranquilo, el pelo crece.- Dijo Hiroki y Kane le miró muy mal.

- ¡Esto es fácilmente lo peor que me ha pasado en la vida!

- Kane, ¿estás enfadado conmigo?- Le preguntó Haruki haciendo un puchero.

- No soy capaz de enfadarme contigo.- Le dijo Kane y luego miró al profesor.- ¡Hiroki, esto es culpa tuya!

- ¡Sí, claro!

- ¡Este niño salió de ti, todo lo que haga es culpa tuya!

- ¡Si hubieras estado atento a Haru-chan, él no habría cogido las tijeras!

- ¡He estado atento!

- ¿Entonces por qué mi hijo tenía unas tijeras en la mano?- Preguntó Hiroki cruzándose de brazos.

- ¿Qué eres? ¿La inquisición?- Le dijo Kane.- Te recuerdo que la víctima soy yo.

- Papá, tenía que coger las tijeras porque los peluqueros de verdad usan tijeras.- Dijo el niño.

- Haru-chan, ya sabes que no puedes coger ni tijeras ni cuchillos.- Le dijo Nowaki con voz calmada.

- Me quiero morir...- Murmuró Kane sin apartar la vista del mechón cortado. El timbre sonó y Nowaki fue a abrir, dejando entrar en la vivienda a Satoru.

- ¿Qué ocurre?- Quiso saber el recién llegado al ver a su novio entristecido.

- ¡Sato-chan! ¡Suicidémonos en plan romántico, ya no quiero vivir y tú no mereces vivir en un mundo sin mí!

- Yo sí que me lo merezco...- Murmuró Hiroki ganándose una mirada de desaprobación por parte de su marido.

Satoru, al ver el trasquilón en la parte derecha del pelo de su novio, se echó a reír sin poder evitarlo. Kane frunció el ceño.

- ¿Te estás riendo de mis desgracias, imbécil?- Dijo Kane cabreado y Satoru negó con la cabeza sin parar de reír.- Hemos terminado, gilipollas.

- Esa boca...- Dijo Nowaki.

- No te enfades, amor, que no te queda tan mal...- Dijo Satoru intentando disimular su risa.

- Ojalá te entre diarrea aguda en un sitio público.

- Kane, no seas desagradable.- Le dijo Hiroki.

- ¿Qué voy a hacer? Mañana es lunes, no puedo ir a trabajar con estas pintas...- Dijo Kane.

- Te podemos poner un bol en la cabeza e ir igualándolo.- Le dijo Satoru y Kane le lanzó un cojín pero falló.

- Si adelantas el pie izquierdo al derecho lanzarás mejor.- Le aconsejó Hiroki.

- O te podemos rapar.- Propuso Satoru.

- Haru-chan, ¿te apetece jugar a peluqueros con Sato-chan?

- Vamos a tranquilizarnos.- Dijo Nowaki.- Una amiga de mi padre es peluquera, le puedo pedir que venga y te lo arregle, ¿vale?

- Gracias, Nowaki.- Suspiró Kane.- Pero al igualarlo se me quedará muy corto... He llevado el pelo largo desde los catorce. Me gusta poder recogérmelo por las noches, sentir la brisa marina en...

- No te pongas intenso, te volverá a crecer y podrás seguir luciendo melena.- Le interrumpió Satoru.


Misaki había salido a comer con Shinobu y Akihiko se había quedado en casa con su hijo. Pidió comida a domicilio y cuando se la trajeron, padre e hijo se sentaron a comer en el sofá mientras veían la tele.

- Papá, ¿tú eres más fuerte que Ladybug?- Preguntó Naoki llevándose una porción de pizza a la boca.

- La duda ofende, cariño.- Dijo Akihiko y en ese momento sonó su teléfono.- La pesada de Aikawa...

- ¿Hablo yo?- Dijo el pequeño tendiendo su manita. Akihiko sonrió pero negó, Misaki ya le había reñido alguna vez por hacer que su hijo respondiera el teléfono para darle largas a la editora.

- No, papá se encarga.- El escritor suspiró y respondió la llamada.- Buenos días, Aikawa. Sabes que hoy es domingo, ¿no?... Pero si yo ya hago siempre mi trabajo... Que sí, que sí, que ya lo tengo casi acabado... ¿QUÉ? ¡Hostia puta!... Pues dile a Isaka que se lo meta por el culo y si no puede pues que se lo meta su secretario... No, estoy siendo muy razonable... Ya le dije que no pensaba ir a recoger ningún premio, esas cosas no me interesan.

- Hostia puta.- Murmuró Naoki y Akihiko se giró a mirarle con ojos como platos.

- Aikawa, te llamo luego que la he liado.- El escritor colgó y miró a su hijo con seriedad.- Nao-chan, lo que acabas de decir está prohibido, ¿entendido?

- ¿Por qué?

- Porque es una palabra muy muy muy pero que muy fea.

- Pero lo has dicho tú...

- Pero yo soy mayor de edad y puedo decirlo. Así que no vuelvas a decirlo o tendré que castigarte.

- Tú nunca me castigas.

- Pues si lo dices te castigaré dos semanas sin chuches.- Le dijo Akihiko.- Y si lo dices delante de mami te enviaré a un internado en Suiza.

- ¿Qué es Suiza?

- Un país.

- ¿Dónde está?

- Por Europa. Es el país de los relojes, el chocolate, el queso...

- ¿CHOCOLATE?- Dijo Naoki emocionado ante aquella idea.- ¡Quiero ir!

- No entiendo cómo puedes ser tan goloso si eres hijo mío.

- ¿Qué es goloso? ¿Un oso?

- Tú sí que eres un osito... Venga, come que en un rato viene el abu a por ti.- Le dijo Akihiko acariciándole la cabeza.

- ¿Haru-chan viene?

- Claro.


Misaki y Shinobu habían pasado la mañana en el centro de la ciudad y habían decidido entrar en un restaurante a comer.

- Sigo flipando con que Kane se haya follado a Hiroki.- Comentó el rubio mientras comían.

- Con la de veces que nos lo ha dicho y que no le hemos creído...

- Si no dijera tantas mentiras...- Dijo Shinobu y apartó su plato.

- ¿No comes más?

- Estoy desganado.- Respondió Shinobu.

- ¿Pero vas ganando peso?

- La verdad es que no.- Suspiró el menor.- Estar embarazado es una mierda.

- Tiene sus momentos.- Sonrió Misaki.- Yo estoy deseando volver a quedarme embarazado pero sé que Usagi-san no quiere.

- Pues pincha los condones.

- ¡Shinobu!- Exclamó Misaki.- Tienes unas ideas terribles...

- No sé, si tantas ganas tienes de tener hijos, no veo por qué no.

- Porque respeto a mi pareja y jamás haría una cosa así. Si tenemos otro hijo será porque ambos lo queremos.

- Pues olvídate porque no va a querer. Lo siento, Misaki, pero es así.- Dijo Shinobu.- Pero te dejaré a Sakura siempre que quieras.

- Sigo sin creerme que vayas a tener una hija.- Sonrió el castaño.- Jamás pensé que tendrías hijos.

- Yo tampoco.

- ¿Miyagi cómo lo lleva?

- Bastante mejor que yo.- Respondió Shinobu.

- ¿No estás contento?

- No es eso. Es que hay veces en que me paro a pensar y joder, por culpa del embarazo no me voy a poder graduar.

- Pero no pasa nada, yo también tuve que paralizar mis estudios.

- Y lo del parto...- Shinobu resopló.- He estado viendo vídeos a escondidas de Miyagi y eso es horrible.

- Vale, es cierto que no es nada agradable pero vale la pena.

- Lo dudo mucho.

- Cuando tengas a Sakura en tus brazos...

- ¿Y si no siento nada cuando la tenga?- Preguntó Shinobu y Misaki le miró sorprendido.

- No deberías pensar en esas cosas, tienes que tratar de tranquilizarte. Estoy seguro de que todo va a ir bien.

- Eso espero.


Cuando llegaron a la cafetería su madre ya se encontraba allí. La mujer sonrió y se puso en pie para darle un abrazo a su hijo, quien lo correspondió algo incómodo.

- Mamá, déjame que te presente formalmente a Nowaki, mi marido.

El médico sonrió y la mujer le devolvió la sonrisa.

- Nowaki, fui muy injusta contigo aquel día y...

- No, no se disculpe, ya está todo olvidado.

- No me hables de usted, puedes llamarme Reiko.

Se sentaron en la mesa y estuvieron charlando sobre Nowaki, la mujer parecía tener mucho interés en conocer bien a su yerno. En un momento dado, Reiko no pudo aguantar más e hizo la pregunta.

- Entonces, ¿tuvisteis un niño o una niña?

- Un niño. Se llama Haruki.- Respondió Nowaki rápidamente. Hiroki sacó su móvil y le enseñó una foto del pequeño a su madre.

- Es precioso.- Sonrió Reiko.- No cabe duda de que es hijo de Nowaki...

- Y mira, mamá, este es Naoki, el de Akihiko.- Dijo Hiroki.

- El de Aki-chan también es precioso. Me encantaría conocerlos.

Nowaki fue a decir algo pero Hiroki se le adelantó.

- Mamá, vamos a esperar un poco, ¿vale? Has estado varios años fuera de mi vida y me da miedo que el niño te coja cariño y que luego...

- Hiro-chan, te prometo que eso no volverá a ocurrir.- Dijo la mujer.

- Me quedo más tranquilo si esperamos unas semanas.- Dijo Hiroki y su madre suspiró.

- De acuerdo. Lo que vosotros consideréis. Pero me muero de ganas de conocerlos.

- No te preocupes, conocerás a tus nietos.- Le sonrió Nowaki.

- Nowaki, eres un cielo, me sorprende que seas capaz de soportar el carácter de mi Hiro-chan...

- ¡Mamá!

- ¿Qué? Es cierto, tienes mucho carácter, no pasa nada por eso.- Le dijo su madre.- Yo también lo tengo.

- Hiro-san es un amor.- Comentó Nowaki mirando con cariño a su marido.

- Cállate.- Le dijo Hiroki sonrojado.


Miyagi bajó al buzón y cogió el correo. Iba mirando las cartas que habían llegado, la mayoría publicidad o del banco, y paró en seco al ver una dirigida a su novio. Una ola de celos le invadió, no entendía por qué después de tanto tiempo Oliver decidía escribirle a Shinobu.

Miyagi estuvo tentado a leer aquella carta y después quemarla pero sabía que aquello no estaba bien. No tenía derecho a hacer algo así, le daría la carta a Shinobu y esperaría a que su novio le contara qué quería el australiano.

Shinobu llegó por la tarde, después de su salida con Misaki, y fue corriendo a abrazar a Miyagi.

- Viejo, te he echado de menos.

- Has estado fuera solo unas horas.- Sonrió Miyagi.

- ¿Y? ¿Tú no me has echado de menos?

- Pues claro que sí.- Dijo Miyagi y se unieron en un beso.

- Estoy agotado.

- Oye, Shinobu-chin, te ha llegado una carta.

- ¿Quién coño sigue enviando cartas?

- Tu ex.- Dijo Miyagi dándole la carta y Shinobu le miró sorprendido.

- Dios, ¿y qué demonios quiere?

- No lo sé, tendrás que leerla para saberlo.

- No, paso, no voy a leerla.- Negó Shinobu.- Él fue alguien muy importante para mí pero ya no lo es, así que no me interesa.

- ¿Seguro, Shinobu-chin? ¿No tienes curiosidad?

- No seas cotilla, viejo.

- ¿De verdad que no quieres leerla?

Shinobu puso mala cara y abrió la carta de forma brusca. La leyó rápidamente y después la tiró a la basura.

- Ya está, leída.

- ¿Y bien?

- Eres un cotilla.

- ¿Si tu hermana me enviara una carta no te gustaría saber qué pone?

- Yo no te la hubiera dado, viejo. Además, dudo mucho que mi hermana sepa escribir.

- Shinobu-chin, eso estaría muy feo...

- Dice que se va a casar con un chico que ha conido en la universidad pero que desde que se comprometió solo hace que pensar en mí. Eso es lo que pone en la carta. ¿Contento?

- No, claro que no lo estoy.

- Querías saberlo.

- ¿Vas a responderle?

- No, no vale la pena.

- Muy bien, Shinobu-chin.

- Creo que voy a llamarle.- Murmuró el rubio y Miyagi le miró sorprendido.- No te importa, ¿verdad?

- Por supuesto que no.

Shinobu sacó su teléfono y buscó en su lista de contactos el nombre de su ex.

- Shinobu, qué sorpresa.

- Hola, Oliver. Te llamaba para darte la enhorabuena por tu boda. Me alegra que hayas encontrado a alguien.

- ¿Has leído toda la carta?

- Sí.

- ¿Y no vas a decir nada más?

- Es normal tener dudas pero si tú quieres a tu pareja...

- Sí, yo le quiero. Es por eso por lo que no entiendo que no deje de pensar en ti.

- Eso son los nervios por la boda, no te preocupes.

- ¿Tú sigues con tu ex?

- Sí. De hecho, estoy embarazado.- Se produjo un silencio entre ellos por lo que Shinobu siguió hablando.- Vamos a tener una niña y se va a llamar Sakura.

- Joder, Shinobu. Me has dejado sin palabras. Tú embarazado...

- Ya, es muy fuerte.

- ¿Y cómo lo llevas?

- Bien, mi novio y yo estamos contentos.

- En ese caso me alegro. Enhorabuena, Shinobu.

- Gracias.

- Cuando tengas a la niña, ¿podrías enviarme una foto o algo?

- Claro.

- Genial.- Se produjo otro breve silencio entre ellos.- Lamento si te ha molestado que te enviara la carta, pero necesitaba desahogarme.

- No te preocupes, no me ha molestado.

- En ese caso me quedo más tranquilo. Me alegra haber hablado contigo, espero que te vaya todo bien en el embarazo.

- Gracias, Oliver. ¿Cuándo te casas?

- El sábado.

- ¿El sábado? En menos de una semana...

- Sí.

- Bueno, pues enhorabuena por la boda.

- Gracias, Shinobu. Hasta pronto.

- Adiós, Oliver.

Shinobu colgó y miró a su novio con una sonrisa.

- Ya está.

- ¿Todo bien?- Preguntó Miyagi y Shinobu le besó.

- Todo perfecto.


Nowaki le abrió la puerta a su padre, quien entró con sus dos nietos.

- Hola, papá.- Sonrió Nowaki.- ¿Qué tal en el cine?

- Tío, en la peli salía un tigre y bailaba así.- Le dijo Naoki y procedió a hacerle una demostración, haciendo reír al médico.

- ¡Qué bien lo haces, Nao-chan!

- Papi, también salía un dragón rojo.

- ¿Y era grande?

- ¡Enorme!- Exclamó su hijo y Nowaki le acarició la cabeza.

- Tadao.- Le llamó Hiroki saliendo de la cocina.- Me gustaría hablar contigo sobre lo que dijo Kane ayer...

- Hiroki, no tienes que darme ninguna explicación.- Le dijo su suegro.

- Fue cuando Nowaki y yo no estábamos juntos y yo estaba muy deprimido y Kane...- Dijo Hiroki agobiado y Tadao le dio un abrazo.

- Te quiero como a un hijo, Hiroki, no te juzgo.

El profesor sintió que se estaba emocionado por lo que decidió romper el abrazo.

- Me dejas más tranquilo.

Hiroki desvió la vista a los pequeños, quienes se estaban cuchicheando cosas al oído y riendo.

- ¿Qué tramáis, bandidos?- Quiso saber el profesor y los dos niños negaron riendo.

- Venga, Nao-chan, despídete que nos vamos.- Le dijo su abuelo y el pequeño le dio un abrazo a su amigo.

- Adiós, tíos.

- Adiós, cariño.

- Adiós, Nao-chan.

- ¡Adiós, Kane!- Exclamó el pequeño y el nombrado salió de su dormitorio.

- No os había oído llegar, estaba jugando y tenía los cascos puestos.- Dijo Kane.- ¿Ya os vais?

- Sí, voy a dejar a Nao-chan en su casa.

- Tienes el pelo raro.- Dijo Naoki.- No me gusta.

- Nao-chan, no toques ese tema que estoy muy sensible.- Le dijo Kane.

Tadao y Naoki se fueron y los otros se sentaron en la mesa a cenar.

- Joder, Hiroki, ¿otra vez guisantes?

- Oye, si no te gusta ahí tienes la puerta.

- Kane, nada de palabras feas en presencia de Haru-chan.- Le dijo Nowaki.

- Hostia puta.- Soltó el niño con una sonrisa traviesa y se formó un silencio tenso. Los dos padres miraron automáticamente a Kane, quien negó rápidamente con la cabeza.

- A mí no me miréis, de mí no lo ha aprendido.

- ¿Y de quién lo ha sacado? Dudo mucho que haya sido de su abuelo...- Dijo Hiroki enfadado.

- Haru-chan, lo que acabas de decir está muy feo. Los niños buenos no dicen esas cosas.- Le dijo Nowaki con gesto serio y el niño rompió a llorar.

- Ya tardaba en llorar...- Murmuró Kane.

- Lo siento, ha sido sin querer.- Dijo el niño.

- No pasa nada, pero no lo repitas o la gente creerá que papá y yo te estamos educando mal.- Le dijo Nowaki dándole un abrazo.

- ¿Grandullón, dónde has aprendido eso?- Le preguntó Hiroki y el niño negó.- Venga, no pasa nada, no nos vamos a enfadar.

- Me lo ha dicho Nao-chan...

- Chivato.- Dijo Kane y Hiroki le dio una patada por debajo de la mesa.

- Hiroki, ten cuidado que me has dado.

- ¿Nao-chan?- Murmuró Nowaki muy sorprendido.

- Está claro que de Misaki no lo ha aprendido.- Rió Kane.

- ¿Qué hacemos? ¿Se lo contamos a Misaki?- Dijo Nowaki.- A mí me gustaría saberlo, puede que Nao-chan haya estado viendo algo inapropiado en la tele a escondidas.

- Los padres sois unos exagerados. A mí de pequeñito me encantaba South Park y he salido genial. Imito a Cartman muy bien, cuando queráis os hago una demostración.- Comentó Kane y los dos padres se miraron entre ellos.

- Llama a Misaki inmediatamente.- Dijo Hiroki y Nowaki asintió.


Misaki estaba acabando de preparar la cena cuando su móvil sonó. Vio que se trataba de Nowaki y respondió inmediatamente.

- Hola, Nowaki.

- Misaki, lamento molestarte pero no sé cómo decirte esto...

- ¿Qué ocurre, Nowaki?

- Durante la cena Haru-chan ha dicho una palabrota y creíamos que el culpable era Kane pero, al parecer, lo ha aprendido de Nao-chan. Te lo digo porque de ser al revés a mí me gustaría saberlo...

- Claro...- Murmuró un muy sorprendido Misaki.- ¿Y exactamente qué ha dicho?

- Hostia puta.

- No puede ser... Voy a preguntarle de dónde lo ha sacado, porque ahora mismo no se me ocurre nada...

- Ya, a mí también me ha sorprendido. Puede que lo haya escuchado por la calle.

- Muchas gracias por avisarme, Nowaki. Hablaré ahora mismo con él.

- De nada, Misaki. Hasta mañana.

Misaki colgó y fue a la habitación de juegos donde se encontraba su hijo jugando con su prometido. El estudiante entró con gesto serio y se cruzó de brazos.

- Nao-chan.

- ¿Qué, mami?- Preguntó el niño.

- Me ha llamado el tío para decirme que le has enseñado una palabra muy fea a Haru-chan.- Dijo Misaki con el ceño fruncido y el niño decidió permanecer callado.- Me has hecho pasar mucha vergüenza, Nao-chan. ¿Qué van a pensar los tíos ahora? ¿Que eres un maleducado?- Naoki hizo un puchero y señaló con el dedo a su padre, quien había permanecido callado esperando que el pequeño no le acusara.

- Pero lo ha dicho papá...

- ¿Qué?- Misaki miró al escritor y alzó la voz.- ¡USAGI-SAN!

- Soy humano, se me ha escapado. La culpa es de Isaka que quiere que vaya a recoger un premio.

- ¡Deja de comportarte como un crío y haz tu trabajo!

- Mami, no te enfades con papá, no quiero que me envíe para siempre al país del chocolate.- Dijo el pequeño abrazándose a las piernas del estudiante. Misaki suspiró.

- No quiero que vuelvas a repetir esas palabras, ¿entendido? Y cuando veas a Haru-chan y a los tíos les pedirás perdón por haberle enseñado algo tan feo.

- Vale, mami.

- Misaki, creo que estás exagerando.

- ¡Tú mejor cállate, que contento me tienes!

- Papá también tiene que pedir perdón.

- Sí, claro, lo estaba pensando...

- El niño tiene razón, debes dar ejemplo.- Dijo Misaki.

- Está bien, me disculparé.- Asintió el escritor.

- E irás a lo del premio.- Dijo Misaki y Akihiko puso mala cara.

- ¿Vendrás tú también?

- Sí, yo te acompañaré.

- De acuerdo, Misaki. Pediré perdón e iré a lo del premio, a ver si con suerte Isaka infarta de alegria.