La historia es una adaptación del libro Until It Fades de K. A. Tucker y los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.


Capitulo 16

Parece que todavía no puedo oír que llamen a mi puerta sin que me ponga nerviosa. Ni siquiera cuando espero a alguien. Como mis padres, que vienen para ver conmigo el programa Weekly.

Hoy mamá me llamó más temprano, persistente en que llevara a Brenna a su casa para ver la entrevista juntos. Me negué. No he dejado la casa desde el miércoles, excepto para llevar a mi hija a la escuela junto con Garrett; y no tengo intención de hacerlo hasta que todo esto termine.

Entonces me dijo que ellos vendrían y colgó antes de que pudiera decirle que no. Que prefiero enviar a Brenna a su habitación, apagar todas las luces, y verla sola. Hoy me sentía casi tan aterrorizada como el día que le dije a la policía y al fiscal del distrito que me retractaba de mi declaración.

Me apresuro hacia la puerta, no porque esté ansiosa, sino porque no sé quién podría estar acechando con cámaras en el estacionamiento de Rawley y no quiero someter a mis padres a eso.

Mi plan es ocultarme detrás de la puerta y cerrarla en el momento en que crucen el umbral, pero cuando veo a Seth y Angela siguiéndolos, me olvido de potenciales espías en los arbustos.

—¡Tío Seth! —grita Brenna, irrumpiendo a través de la sala para arrojarse a sus brazos.

—¿Seth? —No puedo evitar mirarlo fijo. Se fue a la universidad el otoño pasado y no vino a casa para navidad porque los vuelos eran demasiado caros y no era inteligente conducir diecisiete horas en el invierno. En ese tiempo, adquirió por lo menos catorce kilos de masa muscular en su metro ochenta y su sucio cabello rubio creció en un estilo peludo.

—¿Tendrás algo para comer? —Se ríe, palmeando su estómago duro antes de envolver su brazo alrededor de mi cuello y estirarme para un abrazo.

—¿Qué diablos has estado comiendo en Minnesota?

—Eso es lo que le pregunté —bromea Angela, cerrando la puerta tras ella.

Sus redondos ojos azules se posan sobre mí a medida que retira un mechón de cabello, detrás de su oreja. Siempre la he envidiado por ese tono castaño rojizo. Es mucho más intenso que mi rubio cenizo. Heredó otras cosas que también codiciaba: una copa C, piernas largas y un cerebro que puede resolver con facilidad ecuaciones matemáticas complejas. —Hola, Bella.

—Hola... pensé que hoy tenías un examen.

Se encoge de hombros. —Sí, lo terminé y me subí rápidamente al auto para llegar a tiempo.

—Guau, eso es... —Conduciendo, es un trayecto de tres horas.

Eso es algo que nunca esperaría que Angela hiciera a expensas mías. Solíamos ser mucho más cercanas cuando éramos más jóvenes, pero nos alejamos, y luego me convertí en la hermana mayor que hizo pasar a nuestra familia por un infierno; y ella, en la niña de los ángeles que no podía hacer nada malo. Sé que la avergüenzo. Me lo dijo muchas veces.

Espera un minuto. Giro hacia Seth, quien está sosteniendo a una Brenna que se retuerce y ríe bajo un brazo como un balón de fútbol.

—¿No se suponía que estarías en Cancún hasta el domingo? — Definitivamente estuvo allí. Tiene la nariz quemada y el bronceado dorado para demostrarlo.

—Nos las arreglamos para conseguir un vuelo más pronto. Acabo de cruzar la puerta del aeropuerto hace media hora.

—Sí, muy al límite. —Papá lanza un golpe juguetón hacia Seth al dirigirse a reclamar el sillón—. ¿Tu madre dijo que tenías sobras?

Me dirijo directamente al refrigerador para sacar los contenedores que empaqué. —Sándwiches y ensaladas. También cerveza. ¿Quieres una? —Mike abasteció el refrigerador para sí mismo, pero estoy segura de que no le importará.

—Sí, por favor —dice Seth.

—¿De algún modo has envejecido dos años desde que te fuiste? — Mamá sacude la cabeza hacia mí, tomando una para mi padre.

Seth gime y se instala en el sofá. —¿Por qué estuve de acuerdo en venir a casa este verano?

—¡Porque me extrañaste! —Brenna sonríe ampliamente mientras sube a su regazo. Todo será sobre "tío Seth, esto y tío Seth, aquello", durante los próximos siete días.

Él le hace cosquillas. —No tanto como me extrañaste tú.

No tanto como yo lo extrañé, me doy cuenta, observándolos.

—¿De cuándo son estos? —pregunta Angela, dando un mordisco a un sándwich, limpiándose las migajas del croissant de la boca.

No puedo leer su expresión. ¿Está a punto de comentar que no son recién hechos? —Son de la entrevista del miércoles. Sin embargo, todavía deberían estar bien.

—Están muy buenos. —Angela le da otro gran mordisco, su dedo recoge una ramita suelta de romero mientras me permito relajar—. Son sofisticados.

—Bueno, Esme Pratt los comió, de manera que...

—Sigo sin poder creer que la conocieran. ¿Cómo es ella?

—Fue solo por un minuto, pero parecía agraciada. —Mamá le entrega a Seth un plato que hizo para él.

Pongo los ojos en blanco hacia él, articulando: "bebé gigante".

Sonríe en respuesta, en tanto medio sándwich desaparece en su boca con un mordisco.

Mamá trae una de mis sillas de la cocina para instalarse junto a mi padre. Angela hace lo mismo, encontrando otro espacio abierto, dejándome un lugar en el sofá al lado de mi hermano. Es extraño tener a mi familia en mi casa, la cual brilla por la limpieza. Probablemente es lo más limpio que alguna vez ha estado. Pasé los últimos dos días fregando cada centímetro, intentando mantener ocupados mi mente y nerviosismo.

Mi familia nunca ha estado aquí al mismo tiempo. Angela nunca ha estado, y punto. Pero ahora los tengo aquí, en una manifestación tácita de solidaridad. Seth llegó al extremo de acortar sus vacaciones por dos días. De repente, es abrumador.

Pensé que me sentiría nerviosa el día de la filmación. Ahora que estoy a punto de verme en la televisión, sabiendo que millones de personas también van a estar mirando esto, considero poner un tazón a mi lado por si es que necesito vomitar.

—¿Por qué estuve de acuerdo con esto? —me quejo, deslizándome en mi lugar en el sofá.

—Debido a que te acosan todos esos reporteros —me recuerda mi papá, tomando un sorbo de su cerveza—. Cuando entramos, solo vi a dos chicos pasando el rato en el banquillo esta noche. Él tenía razón.

—¿Quién tenía razón? —canturrea Brenna.

—Emmett, cariño. —Aliso su cabello enmarañado y deposito un beso en la cima de su cabeza—. ¿Recuerdas? El hombre con la pierna rota.

—Olvido cómo se ve.

Extremadamente apuesto. —Vas a verlo. También estará en la televisión.

—¿Cuándo puede volver a venir aquí?

—Más vale que sea pronto, porque no puedo creer que lo conocieras antes que yo —gruñe Seth dando un mordisco, lanzándome una mirada penetrante.

—Ahora, él está en Canadá.

—Bueno, cuando vuelva.

—No creo que vaya a regresar por aquí en cualquier momento pronto. —Tampoco ha respondido a mi mensaje de voz en el que le grité anoche. No sé si esa es su manera de negarse a reconocer mi rechazo; o si está pensando que han pasado dos semanas desde el accidente, ha pagado y la entrevista ha terminado, así que es un momento aceptable para cortar lazos.

Resuenan pasos sobre mi porche e instintivamente contengo la respiración.

Un momento después, la puerta chirria abriéndose y Mike entra.

—¡Oye! —grita mi papá, sosteniendo su botella de cerveza en el aire como brindando con él—. Pensé que te lo perderías.

Frunzo el ceño ante el uniforme de Mike. —No entras hasta las once.

—Estoy cubriendo a alguien algunas horas. Me iré tan pronto como esto termine. —Él extiende su mano para estrechar la de Seth— Maldición, vas a ser demasiado pesado para patinar rápido.

Seth le da una mirada burlona. —De ninguna manera.

—Hola, mequetrefe.

Brenna solo sonríe.

—¿Qué? ¿No me saludas ahora que él está aquí?

Ella responde con esa risita maniática suya, la cual me hace sacudir la cabeza.

—¡Silencio! ¡Ya está comenzando! —exclama mamá, poniendo fin a toda conversación.

Oh Dios. Se me revuelve el estómago, en tanto deslizo un brazo alrededor de Brenna para acercarla a mí. De repente, deseo que todos se fueran para poder morirme sola de la vergüenza.

Mi teléfono suena cuando llega un mensaje de texto y lo miro de reojo, suponiendo que es Sue o Jessica; ambas están en Diamonds esta noche.

Es un mensaje de texto de Emmett.

¿Estás mirando?

Una agitación de entusiasmo compite con mi ansiedad.

Con una comitiva completa. ¿Tú?

Con mi padre y abuelos. La abu está haciendo palomitas de maíz. Creo que ella asume que esta es una de las películas de mi mamá.

Admitiré que me consuela un poco saber que él lo está viendo conmigo, incluso si está a miles de kilómetros de distancia.

Solo quería saber de ti. Te dejaré.

Quiero responderle, decirle que no me deje, que puede saber de mí cuando quiera, pero Kate Wethers y su co-presentador, Rick Daly, un hombre de hombros anchos de unos cuarenta años con piel color caramelo y una amplia sonrisa encantadora, llenan la pantalla de la televisión, distrayéndome.

Su voz fuerte, pero suave llena mi casa una vez más. —La mayoría de ustedes han oído hablar del reciente y trágico accidente automovilístico que se cobró la vida del puntero derecho de los Flyers de Filadelfia, Paul Lahote y por poco la de Emmett Mccarty, capitán de los Flyers e hijo de la actriz Esme Pratt, ganadora de un Oscar. La vida de Emmett se salvó gracias a la determinación de una buena samaritana. El miércoles por la noche, viajé a Balsam, Pensilvania, para conversar con esta buena chica, Isabella Swan, una madre soltera de veinticuatro años y camarera, que se encontraba en el lugar correcto en el momento oportuno. Así es para Emmett Mccarty. Como pueden imaginar, ha habido mucha agitación en los medios de comunicación por esta historia, intensificada por el hecho de que Isabella permaneció oculta durante toda una semana de todos, incluido el hombre a quien salvó. Esta noche les traemos una entrevista exclusiva, en la que Isabella habla por primera vez desde la tragedia.

—¡Mami, me estás apretando demasiado! —se queja Brenna, y en su siguiente aliento grita—: ¡Es nuestra sala de estar!

Allí estoy, vestida con mi blusa color rosa polvorienta y sentada rígidamente sobre mi sofá floreado junto a Emmett, que está recostado, posándose en el apoya brazos. Incluso con una pierna rota y adolorido, se ve relajado a mi lado.

Usé la blusa equivocada. Bajo esas luces, el rosa combina con el color base del sofá. Combiné con mi sofá. ¿Por qué nadie me dijo que me fuera a cambiar? Y allí se sientan Emmett y Kate, luciendo elegantes y arreglados en sus sólidos colores oscuros.

Quizás nadie se dé cuenta.

—¡Combinaste con el sofá! —exclama Brenna, ganándose mi gemido y la risa de Seth.

—Te ves muy bien, Bella —ofrece Mike suavizando la realidad.

Supongo que sí me veo bien, aparte de mi mala elección de ropa.

—Me maquillaron —murmuro, incapaz de apartar la mirada de Emmett, recordando la sensación de su brazo ocasionalmente rozando el mío en este mismo lugar. La chica de maquillaje se las arregló para atraparlo con un poco de polvo alrededor de sus ojos y ayudó algo, pero Emmett luce bastante magullado. Y aun así, atractivo con una barba descuidada, los moretones, la cicatriz y todo.

—Ese es el hombre que conocí.

Paso mi brazo alrededor de Brenna y la acerco a mí, haciéndola callar con: —Sí. Vamos a mirar.

—¿Cómo se rompió la pierna?

—Su auto chocó contra un árbol. Ahora, silencio.

—¿Le dolió?

—Sí. ¡Shhh!

Escalofríos recorren mi columna vertebral mientras me escucho relatando detalles de la noche, mi voz sonando tan extraña. La cámara se ha acercado a mi rostro, y lucho en silencio para no criticar mi nariz, mis expresiones y cualquier otra cosa que pueda desacreditarme.

Cualquiera puede ver que estoy nerviosa. Han editado bien la entrevista, sin embargo, los marcos acercando y alejando cada uno de nuestros rostros cuando estamos hablando, capturando un montón de primeros planos de Emmett en tanto me escucha hablar.

De hecho, ambos compartimos mucho la pantalla.

No me di cuenta hasta ahora de lo concentrado que se encontraba

Emmett en mí mientras hablaba. Sus ojos casi nunca se alejaron de mi perfil, su mandíbula se ve tensa, su pecho elevándose con respiraciones profundas, sus ojos parpadeando emocionados, su mano tensa en su regazo, los dedos estirándose como si estuviera a punto de alcanzarme más de una vez.

Y una o dos veces, la cámara captura un primer plano de sus ojos color azul aguamarina cuando me vuelvo para mirarlo. Esa manera fascinada de mirarme, no lo imaginé. La cámara la ha capturado, tan claro como el agua.

También captura las veces que esos ojos caen sobre mi boca. Siento que mi cara se sonroja en tanto toda mi familia observa y escucha en silencio. De alguna manera, con solo ángulos y ediciones, The Weekly ha hecho que esto se vea como una entrevista muy íntima.

Tampoco editaron ninguno de los diálogos. Ni siquiera la parte en la que me desacredito y bajo la vista a mi pecho. Eso se ganó carcajadas de Seth, incluso cuando mis mejillas se ruborizaron. La única cosa que noté que sacaron fue la parte donde Tanya les decía que siguieran adelante, pero aquella parte sobre la ausencia del padre de Brenna en nuestras vidas... incluso eso está allí.

Afortunadamente, Mike percibió que se cambiaba el tema hacia James Philips y recogió a Brenna antes de que yo tuviera la oportunidad de llevarla a su dormitorio con la promesa de mostrarle algo genial en su teléfono. Oirá hablar del sórdido pasado de su madre más pronto de lo que me gustaría, pero esta noche no.

El segmento de quince minutos en el sitio se termina en un instante, y luego el show regresa a Kate y Rick en su sala de prensa.

—¡Qué historia increíble! —exclama Rick—. ¿Pueden imaginarse conduciendo a casa en alguna carretera oscura y solitaria y cruzarse con un desastre así? Digo, me gustaría pensar que haría lo mismo que Isabella Swan.

—A todos nos gustaría pensar que seríamos tan valientes, pero honestamente no sé cuánta gente lo haría. ¿Especialmente cuando eres una mujer pequeña? Viste a los dos sentados uno al lado del otro. Eso no era un truco de la cámara. ¡Ella es la mitad de su tamaño!

Ella tiene razón respecto al tamaño, pero estoy comenzando a pensar que pudieron utilizar algunos trucos de cámara. Colocándonos el uno junto al otro en un sofá acogedor, con mi rodilla apoyada contra la suya, todos los primeros planos...

No puedo evitar pensar que están tratando de insinuar algo.

—Ella se ve verdaderamente encantadora. Honestamente, no tenía ni idea de qué clase de persona estarías enfrentando cuando fuiste a esa entrevista.

—Una joven valiente que está trabajando y criando a su hija de la mejor manera que puede, es a quien tenía ante mí. —Kate menea la cabeza—. Nada hace que mi sangre hierva tanto como oír la manera en que, a los diecisiete años, fue tratada injustamente no solo por un profesor, sino también por el director de la escuela y su comunidad.

—No obstante, solo tenemos su palabra, Kate. Y ella se retractó de su declaración —advierte Rick.

—Porque estaba enamorada de él. Creo que decía la verdad la primera vez. La declaración que dio a la policía, ella no sabía que tenía otra opción. Tenía diecisiete años y se encontraba aterrorizada. Y, de hecho, tenemos algo más que su palabra, Rick. Nuestras fuentes no tuvieron problemas para localizar a la secretaria de la escuela, la señora Lagasse. Recuerda que ese día llamaron a Isabella Swan a la oficina. Se preguntó qué habría podido hacer la chica durante la primera hora en que se reanudaron las clases luego de las vacaciones de primavera. Y después se difundió la noticia de que Isabella se retractó al día siguiente, y ella se cuestionó qué se dijo detrás de esas puertas

cerradas.

Rick Daly y yo abrimos ampliamente los ojos al unísono. ¿Esa vieja secretaria amargada recordó ese día?

—Además, está el informe sobre el arresto. Dime, Rick, ¿qué hace un coqueto profesor de treinta años enviando mensajes de texto a su estudiante, diciéndole que es hermosa? Tampoco era el único mensaje de texto que le envió, sino muchos otros que la policía recuperó.

—Sin embargo, nada irrefutable.

—No. Él tuvo cuidado. ¿Y qué hay de la noche en que la madre de Isabella Swan la siguió y lo encontró esperándola en su coche? Él afirmó que solo estaba "en el barrio".

Rick sacude la cabeza. —Definitivamente plantea interrogantes.

—Nuestra cultura hace sensacionalismo de esta fantasía de que los estudiantes y sus profesores mayores y atractivos se enamoran — dice Kate—. Las chicas desarrollan enamoramientos por sus maestros todo el tiempo. ¡Sé que yo lo hice! Se llamaba señor Smith y tenía veintisiete años. Me enseñó ciencia en segundo año. Señor Smith, si usted está mirando —levanta las manos hacia la cámara en un gesto calmante—, no se asuste, pero era sexy cuando yo tenía quince años. A lo que voy es que, un montón de chicas desarrollan enamoramientos hacia sus profesores. ¿Y qué hacen las adolescentes en esos casos? Se ríen, coquetean, levantan las manos para contestar preguntas, piden ayuda extra después de la clase. Sus hormonas están furiosas, su curiosidad está en su apogeo. Pero no hay excusa válida para que un profesor lo lleve al siguiente nivel, si eso es lo que pasó aquí. Supongo que nunca podremos ser capaces de permitir que el sistema de justicia determine eso. No después de que Isabella Swan fuera influenciada

por el director de la escuela, el padre de James, para que se retractara de su declaración y más tarde el fiscal decidiera no proseguir con las acusaciones; quien, por cierto, era el fiscal de distrito que formaba parte de la misma fraternidad universitaria que el padre de James Philips. Mi pequeño equipo de investigadores necesitó de dos horas para descubrir eso, lo cual me hace querer hacer más preguntas. ¿A ti también, Rick?

Rick suspira. —¿Y ahora James Philips está enseñando en una escuela privada de Memphis?

—Por ahora. Desde que se transmitió esta historia y se dio a conocer su identidad y pasado, recibimos informes de una situación similar con otra estudiante. Con suerte, el departamento de policía de Memphis investigará. —Ella sacude la cabeza—. Este es un caso de un hombre privilegiado aprovechándose de una adolescente, seguramente porque pensó que no sería castigado. Su padre era el director, su tío era el superintendente, su madre posee una exitosa agencia de corredores de bienes raíces en la ciudad. Su familia fundó Balsam. Y todos oyeron cómo trataron a Isabella, cómo trataron a su familia. Las pérdidas de puestos de empleos, los ladrillos que lanzaron a través de las ventanas, los insultos que le dijeron, los escupitajos…

Rick suena genuinamente sorprendido. —¿Chicas, escupiéndose entre sí?

—Yo también he visto eso. Y en este caso, ya era bastante malo que Isabella abandonara la escuela para alejarse de todo, haciendo su vida aún más difícil. Gracias a Dios hay gente buena en esa comunidad, como la dueña de la cafetería, en la cual voy a estar comiendo en la próxima oportunidad que tenga. —Kate se nivela con la cámara con una mirada dura—. ¿Isabella fue capaz de decirle que no al profesor? Claro que sí. No era una niña. Pero estaba enamorada, y cuando eres una adolescente enamorada, no eres capaz de apreciar verdaderamente las consecuencias de tu vida. Ésta no es una mujer que debería haber sido pintada como villana, y ciertamente puedo decir que tras la manera en que arriesgó su vida, debería ser honrada y homenajeada como la heroína que es. Emmett Mccarty tiene un ángel de la guarda y su nombre es Isabella Swan.

Libero un gran suspiro. Kate Wethers acaba de ganarse una fanática de por vida.

—No lo sé, Kate. Estoy pensando que él tiene más que un ángel de la guarda allí. —Rick muestra hacia la cámara una sonrisa periodística y arquea las cejas—. Creo que todos vimos la forma en que se miraban.

—Oh, créeme... Lo sentí en el momento en que entré en esa casa. Ella es una joven muy guapa y, bueno... Emmett Mccarty... —Le dispara a la cámara una mirada conocedora.

—Claro, háblame de eso. ¿Atractivo y talentoso? Creo que al resto de la población masculina les tocó la peor parte —se queja Rick. ¿Están de verdad diciendo esto en el aire? ¿Esto está ocurriendo realmente en un programa de renombre como The Weekly? Mis mejillas comienzan a arder.

—Permítanme decirles que, si pronto los vemos caminando por la calle tomados de la mano, no estaré ni un poco sorprendida. Sin duda lo estoy esperando.

Mi boca se abre cuando siento que cinco pares de ojos se mueven hacia mí; Brenna sigue en su habitación riéndose de algo en el teléfono de Mike, gracias a Dios. No puedo creer que Kate Wethers insinuara que Emmett y yo podríamos ser pareja. ¡En una transmisión nacional!

¿Qué debe pensar Emmett? Debe sentirse avergonzado.

Esto es humillante.

—Seguro sería una de las mejores maneras de terminar esa historia. —Rick suelta una risita—. ¿Joven madre soltera salva la vida de una estrella de hockey e hijo de una celebridad y luego se gana su corazón? Suena como un cuento de hadas.

Kate mueve la cámara —¿América? ¿Qué piensan? ¿Cuántos de ustedes amarían ver que florece un romance entre Emmett Mccarty y su rescatista, Isabella Swan?

Cierro mis ojos con fuerza. Oh, por Dios. No acaba de preguntar eso.

—Gracias por esa entrevista inspiradora, Kate. No son comunes en nuestras historias, pero sinceramente verla me hizo sonreír. Creo que todos necesitábamos eso, sobre todo a la luz de lo que está pasando ahora en el mundo. Estaremos de vuelta para discutir los recientes bombardeos en el Medio Oriente y lo que significan para nuestro país.

Por diez largos segundos, las únicas voces en mi casita vienen desde el aviso de automóviles en la televisión y el parloteo de Brenna desde su cuarto.

—Esa fue una buena entrevista, Bella —ofrece finalmente mi padre, aclarándose la garganta—. Y parece ser un muchacho bastante decente.

Mi cara está totalmente roja. —Sí, lo es. —Quien seguramente ahora mismo, estará reconsiderando volver, alguna vez, a poner un pie en mi porche delantero.

Brenna viene corriendo alrededor de nosotros, saltando al sofá, ajena a la incomodidad fijada. —¿Ya se terminó el programa?

Doy palmaditas en su cabeza —Sí. ¿Das las buenas noches y vas a lavarte los dientes, por favor?

—¿Puede el tío Seth leerme un cuento esta noche?

—Sí, el tío Seth puede leerte un cuento esta noche —responde él, haciéndole cosquillas. Ella se suelta de su agarre y salta por el cuarto, repartiendo sus usuales abrazos. Luego, se dirige al baño.

—Tengo que ir al trabajo —dice Mike, de pie en la puerta, sacudiendo las llaves en sus manos, su cara haciendo una expresión extraña.

—¿Pasas por la calle Brown? —pregunta Angela, sin cuidado.

Mike encoge sus hombros. —Puedo hacerlo, ¿por qué? ¿Necesitas un aventón?

Ella ya se está poniendo su chaqueta. —Voy a ir donde Rhonda un par de horas. Chicos, nos vemos en la mañana ¿Bella, te veo pronto?

—Claro. ¿Cuánto tiempo estarás en la ciudad?

—Solo hasta mañana. —Duda—. ¿Mamá y papá te dijeron?

—¿Decirme qué? —Miro a mi padre, quien está inclinando su cerveza de nuevo para terminar su botella.

Respira profundo, y su sonrisa emocionada me dice las buenas noticias. —¡Entré a Yale!

—Guau. Es… asombroso. —Primero Columbia para licenciatura, ahora Yale para Escuela de Derecho—. Felicitaciones. —Estoy feliz por ella, aunque mi sonrisa se siente un poco forzada. Por mucho que ame ver a mis hermanos lograr sus metas, mi ego siente un golpe cada vez que lo hacen. Aquí están, Seth con una beca deportiva, Angela ingresando a una universidad de la Ivy League, y aquí estoy yo todavía en Diamonds, sirviendo papas fritas y panqueques, sin un fin a la vista.

Cha-ching. —Seth se estira desde donde está.

—No te preocupes por eso. Lo resolveremos de algún modo —le responde mi madre enérgicamente, recogiendo los platos sucios de la mesa de café.

Angela le da una mirada enojada a Seth. —Lo que sea, tengo un internado que empieza el lunes y me voy a mudar con una amiga este fin de semana, así que regresaré conduciendo en la mañana.

De modo que, claramente, hoy está en casa solo por mí. —Gracias por haber estado aquí. —Esta será probablemente la única vez que la vea antes del otoño. No volverá a Balsam tan seguido. Mi madre se queja de eso sin parar.

Ella asiente y luego de dudar un momento, se acerca y envuelve sus brazos en mis hombros en un ligero abrazo incómodo, susurrando en mi oído: —Siempre estaremos aquí para ti, Bella, si nos dejas.

Me suelta y dirijo mi vista a Mike, quien está esperando en la puerta. —¿Te llamo mañana?

—No muy temprano.

—Bien. —Mi teléfono suena en mi bolsillo. Mi corazón empieza a latir, con solo pensar que puede ser Emmett, pero al segundo chillido, luego al tercero y al cuarto, rápidamente me doy cuenta con un acierto casi sobrehumano que es Jess y que estaba viendo la transmisión desde Diamonds. Y está enloqueciendo.

No puedo lidiar con eso ahora, así que rápidamente le escribo "mañana", seguido de un corazón.

Mi padre se relaja en el sofá —¿Y bien, Renee? Creo que también deberíamos ir a casa.

—Sí, tienes que empezar a anotarte en turnos de tiempo extra, para pagar por nuestra pequeña abogada —murmura Seth, ganando esta vez una mirada fulminante por parte de mi madre.

—No más que los turnos de tiempo extra que tuve que tomar por nuestro jugador de hockey, pequeño desagradecido… —se calla papá y alcanza a ver a Brenna parada en la puerta con su libro, entonces termina con—: y querido hijo.

Seth le guiño un ojo y da una amplia sonrisa desafiante, antes de perseguir a Brenna a su cuarto, gritando sobre su hombro: —No me esperen, me voy después a casa de Billy.

Mi madre siempre ha recalcado no enviar a sus hijos al mundo con una gigantesca deuda estudiantil, así que supongo que esperan pagar al menos una parte de lo de Yale. No sé qué podrá significar "lo resolveremos", a menos que esté por significar una segunda hipoteca de su casa. Me pregunto si papá sabía de esto antes de que se ofreciera a comprar mi camioneta. Incluso si fuera así, mi consciencia no podría dejarlo trabajar hasta casi la muerte por mí, no cuando de hecho tengo el dinero.

—Esperen un minuto. —Me dirijo rápido a mi habitación y pesco el sobre, de una de las tablas flojas del piso donde lo escondí. Resulta que mi cálculo estimado de seis mil dólares, estaba muy errado. Cuento siete mil setecientos cincuenta dolares. Era del "trato" que Jason nos dio, escondo el resto no sin antes apartar los tiquetes.

Mis padres ya están en la puerta cuando salgo. —Emmett dejó un sobre con dinero en la alacena. Iba a obligarlo a que lo recuperara, pero tengo el presentimiento de que eso va a ser imposible. —Les paso el dinero—. Esto es por la Escape, así quedamos a mano.

Papá comparte una mirada con mi mamá. —Bella, eso no fue un préstamo. Queríamos…

—Y lo aprecio. En serio, significa mucho para mí que ustedes me hayan ayudado cuando lo necesité. Pero por ahora tienen que pagar por Yale y yo puedo devolverles esto, así que por favor acéptenlo. Sé que no tienen dinero de sobra. Tendrán que trabajar un montón de horas por esto y ustedes no están tan jóvenes.

Él se muerde los labios, dudando por un corto minuto antes de aceptarlo silenciosamente.

—Además… Emmett dejó estos. Supongo que querrán ir.

Los ojos de mi padre se abren mientras los analiza. —¿Tiquetes para el sexto juego?

—Si sucede, ¿cierto? —Tendrían que ganar el juego de mañana.

—Estos son muy buenos asientos —interrumpe papá—. ¿Seth sabe de esto?

—Todavía no he dicho nada.

Mi padre se ríe fuerte. —No lo hagas. Déjame decírselo a mí.

Lo que sea que signifique eso, no tengo idea, pero sin duda debe traer consigo una gran broma de tortura.

—¿Cuándo planeas volver al trabajo? —me pregunta mi mamá, enrollando una bufanda de seda alrededor de su cuello.

—Mañana.

La sorpresa se manifiesta en su rostro. —Deberías esperar un par de días.

—Estoy bien, probablemente hasta podría tomar un turno para el domingo por la noche. —Normalmente no trabajo los domingos, pero necesito estar ocupada por ahora, no sentada aquí, pensando en esa entrevista, volviéndome loca.

—¿No puedes permitirte esperar? ¿Cuánto te dejó Emmett?

Corto la pregunta inapropiada con: —Más que suficiente.

—Bien, entonces…

—Si pudieras cuidar a Brenna mañana…

Mamá suelta un suspiro, pero afortunadamente no me presiona más. —Podemos llevarla ahora mismo, así no tendrías que hacerlo tan temprano.

—No te preocupes por eso. —Igual no creo querer estar sola esta noche.

—No olvides, si alguna vez quieres una noche de viernes libre… ya sabes, si quieres salir por cualquier razón, en una cita o algo así. —La mirada de mi padre se desvía a la televisión.

—Todo eso son trucos de cámaras.

Mi mamá abre la boca, dudando por un momento. —Salvaste su vida, Bella. Tendría sentido si él siente algo más intenso por ti, a causa de eso.

—Lo sé.

—Él todavía está en shock, después de todo. Sería como algo que se manifieste antes de que sus sentimientos se acomoden, a algo más… normal.

Hasta que vuelva a pensar normalmente. Él usó exactamente las mismas palabras. No es de extrañar que se haya ido a Toronto al último minuto. Estoy empezando a pensar que esa conversación en susurros entre él y Esme Pratt, por debajo de mi alcance, se trató de este preciso asunto. Ella vio las miradas y empezó a entrar en pánico. Quizás vio la mente revuelta de Kate Wethers. Una cosa es apreciar a la mujer que salvó la vida de su hijo. Otra totalmente distinta es dejar que una pobre madre soltera se convierta en la mujer esperada para ese cuento de hadas inventado.

—Ustedes dos tienen vidas muy distintas que no encajan muy bien. Te aconsejo que…

—Sé cuál es mi realidad, mamá. —No quería cortarla, pero me salió hacerlo de todas formas. ¿Por qué ella insiste en "aconsejarme" en todo? ¿Como si acaso no fuese capaz de pensar por mí misma? Papá se aclara la garganta y le da una mirada con el ceño fijo.

Una advertencia. Supongo.

Los veo irse, su precaución persiste en mi mente y me amarga el humor, mientras lavo los platos para distraerme, en tanto la profunda voz de Seth viene desde el cuarto de Brenna.

Sé que Emmett sigue en shock. Sé que vive una vida muy distinta.

Sé que no encajaría de ningún modo.

todo esto.

Y sin embargo, escuchar a mi madre decirlo en voz alta se sintió como un pinchazo a esta esperanza subconsciente que ha estado floreciendo, ya que me he permitido perderme en los pensamientos del calor de su cuerpo contra el mío, la fuerza de sus brazos envueltos alrededor del mío. De ese beso fugaz.

Kate Wethers quizá está en lo correcto. Tal vez Emmett sienta algo por mí más allá de la gratitud, pero mi mamá también tiene razón en que no durará.

El shock pasará, su cuerpo sanará y volverá a perseguir discos, disfrutará los beneficios de su estatus de celebridad.

Así es como es la vida. Una persona puede decirte que te ama un día y al otro te apartará del camino. Puede ser todo para ti y luego solo un simple recuerdo.

Ya aprendí eso de la forma más difícil.

—Buenas noches, pequeño monstruo. —Seth cierra la puerta en silencio detrás de él—. Ella está tan grande.

—Igual que tú, rata de gimnasio. —Lo miro, mientras se pasea junto a la encimera de la cocina, recogiendo la botella de cerveza vacía de papá. Siempre será mi pequeño hermanito, pero ahora se ve como un hombre. La cara de bebé se fue, remplazada por una mandíbula fuerte y una barba incipiente.

Suelta una risita, empujando mi hombro de forma juguetona.

—Yo no soy el que saca chicos de sus autos en llamas, hermanita.

Pongo los ojos en blanco.

—Pero en serio, ¿podrías llamarme la próxima vez que esté aquí? Quiero entrar en el hielo con él.

—No creo que él vaya a estar "en el hielo" en un futuro próximo, absolutamente no mientras estás aquí.

Seth bosteza y estira los brazos sobre su cabeza de nuevo. La manga de su camisa cae y alcanzo a ver algo negro en sus bíceps. —¡De ninguna manera! —Remangando su camisa más arriba, veo el número dieciocho tatuado en su piel—. ¡Mamá se va a volver loca! —No puedo hacer nada más que reír. De todas las cosas que he hecho y que mis padres han odiado, hacerme un tatuaje no ha sido una de esas— ¿Cuándo te lo hiciste?

Se ríe. —En enero. Justo después de que Mccarty rompiera dos récords de la NFL, en el mismo partido.

—Espera un momento. ¿Tienes el número de Emmett tatuado en tu cuerpo? ¿Así de obsesionado?

Seth se encoje de hombros. —Te lo dije, es mi ídolo.

—Oh por Dios, espera a que le cuente. Mejor no. No estoy segura de si él querrá que lo haga. Eso es un poquito raro.

—No, no lo es.

—Sí, sí lo es.

—Como sea, me voy. Avísame si necesitas ayuda con Brenna.

Termino en el trabajo a las cinco todos los días.

—Para que conste, aún pienso que estás demente por aceptar ese trabajo en Hansen. —Él va a estar trabajando con mi mamá todos los días, todo el día.

—Para que conste, estoy de acuerdo contigo y probablemente quiera cortar mis muñecas para el fin de la próxima semana, pero no hay muchas opciones por aquí para trabajar en el verano.

—¿No te llamaron para ese trabajo de barman en el hotel?

—Nop. Así que básicamente es Target, mamá o Diamonds.

—Podrías ayudarme en mis mesas.

—No, gracias. Pero podrías darme como trabajo cuidar tu casa. Soy tan grande como el gorila de afuera.

—Pero él tiene un arma.

—Puedo conseguir un arma.

—No, no podrías tener un arma. —Mi hermano pierde las llaves de la casa por lo menos tres veces a la semana.

—Probablemente tengas razón. Oh, y puede que me quede acá el próximo viernes.

—¿Así mamá no tiene que verte llegar tropezando desde cualquier parte?

—Algo así. Te veo luego. —Un brazo grueso me rodea el cuello, y me atrae para un abrazo, con la garganta un poco ronca mientras me susurra—. Estoy orgulloso de ti, hermanita.

Suspiro. —Solo quieres boletos para el juego.

—En el nivel inferior, si es posible, pero no soy muy exigente. — Su cara se divide en una gran sonrisa.

La necesidad de decirle que papá tiene los boletos en su bolsillo trasero es abrumadora. En vez de eso, sonrío a su espalda ancha en tanto se dirige a la puerta. Sus bóxers azul oscuro se exponen un poco en su cadera. —¡Súbete los pantalones!

Me levanta el dedo medio como respuesta. —Ah y para que sepas, a papá no le importaría mucho si te estás follando a Mccarty.

—Oh por Dios, ¡buenas noches! —siseo, lanzando la toalla de los platos a su cabeza, sin haber acertado para nada. Él lo esquiva usando la puerta, con una sonrisa.

Voy hasta allí para recuperar el trapo, sacudiendo mi cabeza y sintiendo cómo se enrojecen mis mejillas, mientras aparto la realidad un poco y me permito soñar de nuevo, así sea por un momentito.

Emmett y yo.

Yo y Emmett.

Mis dedos se levantan para rozar mis labios, recordando cómo se sintieron los suyos en los míos. Me besó la noche del miércoles. Fue fugaz; pero, aun así, un beso.

Y el modo en que me miró durante toda la entrevista…

No sé cuánto tiempo perdí soñando despierta, pero fue suficiente para saltar cuando golpean mi puerta. Es seguido por un segundo golpe y luego un rápido tercero y un: —¡Sé que estás ahí, Bella!

Debí saber que no me desharía de Jessica tan fácilmente esta vez.

Al momento que abro la puerta, me empuja, su uniforme naranja de Diamonds lleva un leve olor a café molido y comida frita. Sam está de pie en el extremo de los escalones, ofreciéndome un encogimiento de hombros de disculpa, incluso mientras sus ojos la siguen.

—¿Vienes desde el trabajo?

Ella tira su cartera en el sofá. —¿Hablaste con él después de la entrevista?

—No.

—Llámalo.

—¡No puedo hacer eso ahora mismo! —El hecho de que no haya mandado un mensaje hasta ahora dice mucho. Debe estar sintiéndose de la misma forma que yo: incómodo.

—¡Sabía que ibas a comportarte así! —Los ojos de Jessica, que de por sí son grandes, parece que fuesen a salir de sus cuencas—. Tienes a Emmett maldito Mccarty babeando por ti, en televisión nacional, y estás fingiendo que no es nada.

—Es solo una historia. ¡No es real! —Aun así, mi corazón salta con sus palabras.

—Casi puedo escuchar la voz de tu madre cuando dices eso. — Rueda los ojos—. Sé exactamente qué vi en la televisión y eso fue un hombre que está loco por ti.

—Tal vez… por ahora.

Su gemido de exasperación es tan alto como para despertar a Brenna. Tengo miedo.

—¿Por qué estás enojada conmigo? —En lo despistada y alegre que Jessica puede ser, en el raro momento en que encuentra un motivo para discutir, no mide las palabras. Tengo miedo de pensar qué podría salir de su boca.

—Porque te conozco, Bella. Sé que no le darías una oportunidad a esto, incluso si quisieras hacerlo. Siempre apartas a los chicos que muestran algún interés por ti.

—¿Cuáles chicos?

—¡Exacto! ¡Ni siquiera los notas! Y ahora Emmett Mccarty está muy interesado en ti y básicamente lo has espantado.

—¿Qué? —No puedo evitar reírme—. No, no lo hecho.

Enrolla las manos en su amplio pecho de forma condescendiente.

—¿Te diste cuenta cuántas veces dijiste que quieres que todo vuelva a la normalidad en esa entrevista?

—¿Porque así lo quiero?

—La "normalidad" no incluye a Emmett. Nunca. Básicamente, le dijiste que no lo querías en tu vida. ¿Es eso lo que quieres?

No, una vocecita grita adentro de mi cabeza. Pienso en nuestra despedida hace dos noches: Me aseguraré de que recuperes tu vida, si eso es lo que quieres. Me dijo eso, y una mirada llena de preguntas vino con esa afirmación… ¿Se refería a eso?

Pero él también había dicho que necesitaba aclarar sus ideas, que no estaba pensando claro.

La distancia es por nuestro bien.

Suspiro. Sería imposible explicarle esto a Jessica, imagino. No hay necesidad, siquiera, de intentarlo. —Debo ser inteligente.

Sacude la cabeza. —Si esto es ser inteligente, entonces necesitas ser estúpida. Sé una tonta totalmente imbécil. Sé como yo.

Estoy hojeando mi cuaderno de dibujo cuando suena mi teléfono.

Rápidamente lo busco, conteniendo el aliento con la esperanza de que no sea Jessica, enviándome mensajes con más pelea. Como si no hubiese escuchado de ella, con mis propios oídos, más que suficiente por esta noche.

Mi corazón salta cuando veo el nombre de Emmett.

Nos prometieron que nos darían una historia con un giro positivo, pero no vi venir eso.

Me muerdo la uña del pulgar, tratando de decidir qué debería responder. Han sido dos horas desde que la entrevista salió al aire, y solo hasta ahora me escribe. ¿Será que está molesto por lo que dijeron?

Finalmente me decido.

Sí, definitivamente le dieron un giro a la historia.

Ansiosamente, veo cómo los tres puntos danzan en mi pantalla, informándome que Emmett está escribiendo.

Simone cree que esto pasará bastante rápido, pero de todas formas está trabajando para terminarlo.

Una inexplicable ola de decepción me inunda. Obviamente, eso es lo que él quiere. Terminar con la idea de que los dos estaremos alguna vez juntos. ¿Y por qué siquiera me molesta tanto que Kate Wethers insinuara que algo podría pasar entre Emmett y yo? ¿Es porque no es cierto?

¿O porque deseo que así fuera?

No puedo pensar en otra respuesta que "está bien". Así que le envío eso.

Arreglaremos esto, confía en mí.

Con un suspiro pesado, dejo mi teléfono a un lado.

Mañana.

Mañana, volveré a trabajar en Diamonds.

Mañana, enfrentaré lo que resulte de esta tormenta de mierda.

Porque ya he llegado a este punto antes y la única forma de superarlo, es tratar de olvidar y seguir adelante.


Voy a reconocer que odie un poco a Renee, y la indecision de Bella me estresa jajaj pero cuentenme que les parecio