Tras el huracán.

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Poppy no sabía que había pasado después de correr al baño escaleras arriba, pero se sentía cómoda donde estaba, su cuerpo estaba tranquilo, ya no gritaba histérico que algo no estaba bien, despertó por completo con la brisa del mar que entraba juguetona por la ventana del cuarto de Ramón, miro un instante esa ventana de marco blanco, con cortinas transparentes del mismo color, sus paredes en azul celeste, era una foto perfecta sacada de alguna revista de decoración, solo faltaba un lindo perro, una modelo bella con la mirando el mar o un niño jugando a sus pies para ser totalmente encantadora.

Tenía puesto una bata larga blanca, muy parecido a una sacada de las películas ubicadas en la era victoriana, simple, pero cómoda, miro al lado contrario, había una mesilla con comida, la cual lucia deliciosa y estaba Ramón, parecía que se había quedado dormido después de llevarle el desayuno a la cama. Poppy sonrió por eso, "Ya no debe de estar enojado si me trajo el desayuno hasta aquí" él hacia tanto por ella, era cierto, parte del problema era que el chico no sentía que era correspondido, pero tenía que aceptar que todos tenían formas distintas de corresponder un afecto. No lo pensó más, tomo aquel desayuno como una ofrenda de paz y comenzó a devorarlo, el ruido de los cubiertos sonando contra la porcelana, despertó a Ramón, que de inmediato se sentó en un brinco.

-¡Ya despertaste! – dijo casi sorprendido.

-Aja… - comento Poppy con la boca llena de una deliciosa avena con frutas.

-Bien, bien, es excelente… - comento para luego bostezar.

-Luces cansado. –

-Lo estoy, no he dormido bien estas últimas noches. –

-Pensaba. – comenzó a decir Poppy. – que estabas enojado conmigo. –

-¿Por qué lo estaría? –

"Diablos, Nube es bueno" pensó la chica.

-Ya sabes, por lo que paso en el muelle. – Poppy se pasó el ultimo bocado y le dijo. – Te amo, de verdad lo hago, lo de Arroyin, de verdad, no es lo que crees, no te rechace en el agua porque no quisiera hacerlo contigo, es que… no me sentía tan bien, lo siento si no te lo dije, solo no quería que te preocuparas. –

-Lo sé. – le contesto acariciando su mejilla.

-Bien, es bueno haberlo hablado, necesitamos hablar de más cosas, pero antes, creo que tomare un baño… - Poppy trato de parecer sin éxito. Las piernas le temblaron como gelatina y casi termina en el piso si no fuera porque Ramón reacciono más rápido.

-¿Estas bien? – le pregunto muy asustado.

-Sí, vaya, caminar tanto me dejo cansada, me duelen las piernas, ¿Crees que podrías ayudarme a…? –

-Descuida, yo lo hago. – le comento para preparar la tina.

Ramón fue demasiado dulce y atento, lleno la tina con agua caliente, la ayudo a desnudarse, cargándola de manera nupcial hasta meterla dentro de la templada agua, no la dejo sola, tallo su cuerpo con delicadeza, Poppy estaba embelesada, "¡Que romántico!" pensaba mientras sentía como sus manos la limpiaban, sobaban sus muslos, sus pechos y cuando sus manos se adentraron a su entrepierna, esperaba que eso llevara a algo más, pero no fue así, Ramón paso inmediatamente a lavar su cabello, eso no la desilusiono, al contrario, estaba tan relajada, se sentía como en un spa.

Al terminar, Ramón la cargó de regreso a la cama envuelta en toallas, y con una secadora se encargó de secar su cabello, cantaba una bella canción mientras le cepillaba.

-Listo, ¿Te sientes mejor? – pregunto mientras cargaba la mesilla.

-Sí, gracias, de verdad quería bañarme. –

-Bien, iré a llevar esto abajo, si necesitas algo más, solo llámame. – Ramón estaba a punto de salir de la habitación, cuando Poppy le dijo.

-Cuando regreses podemos, ya sabes… oxigenar al bebé. –

El resonar de porcelana rompiéndose en el suelo, los cubiertos saliendo disparados al pasillo, a Ramón se le había caído la mesilla tras escucharla decir eso, estaba pálido, la miraba como si no pudiera creer lo que acababa de escuchar.

-¿Qué dijiste? –

-Mis cinco minutos, los necesito ahora, o… ¿no quieres? – pregunto temerosa de la respuesta.

Ramón dudo en que contestar.

-Si, si quiero, pero… ¿Por qué no cambiamos el motivo y el tiempo? Ahora no me suena tan… necesario. –

-¿Te refieres a que… ya no lo haremos por el bebé? – pregunto entusiasmada, ya no habría un pretexto entre ellos, eso la emociono.

-Sí, ya no, solo… espera a que levante este desastre y cuando regrese podemos… tal vez hablar algo antes de "eso". –

Ramón se fue tan pronto termino de hablar, Poppy espero a que terminara de levantar los pedazos de porcelana y vidrio, con bastante esfuerzo logro ponerse de pie, atravesar el pasillo a su habitación asignada; el chico la había vestido con una bata nueva muy parecida a la anterior y puesto unas simples bragas, la ocasión ameritaba para más, comenzó a buscar en los cajones aquella lencería sexy, su plan era muy sencillo, se la pondría y lo esperaría a sus anchas en la cama con solo eso puesto, pero algo detuvo su búsqueda, en la esquina de la habitación estaba el cesto de basura repleto de cosas, entre ellas, el hermoso peluche rosa que le habían dado en clase.

-Pequeña… ¿Qué haces ahí? – La cargo, dándole un largo abrazo. – Tú papi te tiene celos, no lo odies por eso. – trato de calmarla como si tuviera vida. – Te llevare de nuevo a la cama. – estaba en eso cuando noto las demás cosas en la basura, eran sus estudios médicos, la inscripción a las clases pre natales, todo documento relacionado a ella y el embarazo. - ¿Por qué esto está aquí? –

No entendía como alguien tan ordenado como Ramón, le dio por colocar documentos importantes en la basura. Su celular estaba ahí, en el buro, donde recordaba haberlo puesto por última vez, se sentó y lo tomo, era extraño, tenía muchas conversaciones que no recordaba haber tenido, cierto que ponía su celular en modo avión, pero de vez en cuando mantenía contacto con algunos para no levantar sospechas, eran esas mismas conversaciones, hablando de cosas que ella no recordaba y siendo contestadas por palabras que no eran suyas, aun así, parecía que nadie se había dado cuenta de eso. Cuando vio la fecha, las manos de Poppy temblaron, pensó que había dormido un par de horas, una noche o un día a lo mucho, el calendario le decía otra cosa.

-¡¿Dos semanas?! ¡¿Cómo pasaron dos semas?! ¡¿Acaso dormí por dos semanas?! –

Algo asustada trataba de recordar que había pasado ese día, se había golpeado con fuerza la nariz contra la pared, antes de subir las escaleras, en su memoria estaba fresca el andar, dejando tras de sí manchones pequeños de sangre esparcidos por el piso, el pensar que era mejor entrar al baño de Ramón, porque el del fondo se le hacía muy lejano y temía que ese pequeño camino carmesí molestara aún más a su amado. Se había visto al espejo y notado que su nariz ya no sangraba, era verdad, le había parecido extraño, si no era su nariz la que sangraba, ¿Qué era? Dio unos pasos hacia tras cuando noto que la parte inferior de su bikini estaba empapada en sangre, y fue esa misma, encharcada en el piso, que la hizo caer dentro de la tina tras toparse con ella en su retroceder, se había dado un fuerte golpe en la cabeza, luego de eso, todo era confuso, no recordaba nada, más que manchones de luz en cuartos oscuros que se iban apagando, dejando de brillar, la voz melódica de Ramón cantando una y otra vez, sonando en la inmensidad de la nada, después, solo lo de esa mañana. No era estúpida, abrazo con fuerzas su peluche, mientras la otra mano apretaba con fuerza su vacío vientre.

-¿Poppy? – Ramón la llamo, había entrado al cuarto al notar que no estaba en el suyo. - ¿Estas bien? –

-Si, por supuesto. – respondió secándose con rapidez las lágrimas que corrían por sus mejillas. – Solo, estaba pensando, ya que… no hay ninguna razón por la que seguir quedándome, podría hacer mis maletas y regresar a casa, solo… solo quiero irme a casa. – dijo con tono apesumbrado.

-Claro, si eso es lo que quieres, puedes irte, ¿Te ayudo a hacer tus maletas? –

-No, puedo yo sola, gracias. –

Ramón quería decir algo, palabras dulces de aliento, algo que la animara, pero no sabía que decirle; la vio comenzar a sacar su ropa de los cajones y prefirió dejarla sola.

Recordando aquella tarde, tras discutir tan bobamente, Nube llego, tratando de convencerlo de darle una nueva oportunidad a la chica.

-Estas celoso, solo acéptalo. –

-¡No lo estoy! –

-Tienes miedo, y lo entendemos, te ha ido mal con esto de las relaciones, pero créeme, con ella no tienes que temer. –

-Tú también la escuchaste, ¿cómo puedes defenderla?, estaba planeando irse con ese imbécil. -

-No creo que planeara eso, si fuera así, porque no acudió con él antes, ¿No lo pensaste? –

-Dinero, él no tiene nada seguramente, quería tener dinero seguro, solo eso. –

-Vamos, cálmate un poco, ¿Dónde está el tipo enamorado de la mañana? Ahora si necesitamos a ese loco enamorado. -

-No, Nube, nunca más… -

Ramón había entrado a la casa dispuesto a sacar a patas a la chica, pero tras subir a zancadas por las escaleras, casi se resbala al pisar algo viscoso, un par de gotas de sangre, las miro extrañado, su cerebro parecía tratar de procesar lo que veía, levanto la mirada para ver todo un camino de ellas dirigirse a su habitación, conforme las seguía, las gotas se volvían más grandes, acompañadas de huellas rojizas, hasta que finalmente, ante la puerta del baño, se encontraba un pequeño charco. Se quedó ahí, enfrente de la puerta, toda la molestia desapareció, estaba bastante seguro de lo que encontraría detrás, pensó "alguien tiene que ser racional en estos casos" respiro profundo luego de convencerse con "Esto es normal, a la mayoría de las parejas les pasa en su primer embarazo."

Entro, Poppy estaba dentro de la tina, meciendo algo entre sus brazos, sentada sobre un enorme charco de sangre fresca, que parecía seguir creciendo, la parte inferior del bikini estaba empapada en ese líquido rojo, ya ni se notaba sus verdaderos colores, tirado alado de la tina, comenzaba a ponerse marrón, Ramón tomo una toalla y con voz dulce le dijo.

-Dámela. –

Poppy parecida ida, con la mirada perdida y una extraña sonrisa que parecía desconectada al resto de su rostro que reflejaba un gran dolor.

-Es tan pequeña, aún no está lista… - decía, mientras la mecía con más fuerza, abrazándola con ahínco. – Mirara, es bellísima. –

-Poppy, dámela. – le pidió de nuevo.

-¿No lo ves? Ella quiere estar conmigo, aun quiere a su mami, aun me necesita… - Poppy cargo aquello entre sus manos. – Tan pequeña, ve, no es más grande que mi palma, es muy ligera… Bellísima. -

Sostenía entre sus manos la membrana, con parte de un cordón que la unía a una burbuja transparente en la que un feto de rosado color parecía flotar de manera calmada, su cuerpo no estaba desarrollado, parecía abrazar con sus escuálidas extremidades una barriguita rojiza, los dos puntos, que eran sus ojos, sobresalían por lo delgado de la piel, aun en formación de una mirada que jamás vería, era una obra de arte en proceso, era perfecta, era suya, de ambos, aunque jamás lo acepto en voz alta, la amo desde el momento que supo que Poppy estaba embarazada, y la amo aún más cuando supo que era suya.

-Dámela. –Volvió a pedirle acercando la toalla. – Ya no está viva, Poppy, ya no… -

-Aún podemos, hay que meterla, podemos regresarla y todo será como antes. – Poppy abrió sus piernas, tomando aquella membrana y trato de introducirla de nuevo, mientras con la otra mano sostenía la delicada burbuja.

-No, no, ya no podemos hacer nada… Poppy, dámela. – La calmo, zarandeándola delicadamente por los hombros.

La joven no respondió, se quedó estática, mirando a la nada mientras ambos manos descansaron en su regazo, Ramón tomo aquella quietud como una oportunidad para envolver todo eso en la tolla, la arropo como si fuera un bebé, ahora siendo él el portador, todo el peso de la escena le cayó de lleno sobre sus hombros. Su deseo más grande, su ilusión, yacía inerte entre sus brazos.

-Rociepuff… -susurro su nombre. – Mi niña… - Nunca se dio por enterado de sus propios deseos, nunca pensó en si quería niños o niñas, que características físicas le hubiera gustado que tuviera, su tono de piel, eran cosas tan vánales y estúpidas, pensaba que no importaban, ahora lo sabía, siempre deseo tener una hija, ya lo había concluido, pero ahora lo veía con claridad, que se llamara igual que su adorada abuela, que heredara su amable sonrisa y carácter, que fuera tan bella como su madre. Podía verla, una niña sana, vivaz, que era amante de las pegatinas, que le rogaría por un cachorro hasta el hartazgo, su tono de voz le retumbaba en los oídos "Por favor papá, por favor, un perrito para navidad" y seguramente el buscaría un pretexto paranoico como "Los perros tienen gérmenes y causan alergias" para librarse de cuidarlo cuando ella se aburriera, porque tenía que aceptarlo, sería igual de distraída que su torpe madre, eso le hubiera encantado.

Cuando Nube subió, un tanto asustado por la ausencia de gritos, siguió horrorizado el camino de sangre, hasta llegar al baño, donde Poppy parecía flotar en una tina llena de aquel liquido sanguinolento y Ramón no para de cantarle a un a un bulto de toallas manchadas.

-¡¿Pero qué haces?! – Le grito mientras lo sacudía. – Sigue sangrando, hay que llevarla a un hospital. –

Ramón volvió en sí de a poco, le dio el feto envuelto en toallas a Poppy, entre los dos la sacaron de la tina, le pusieron una bata de baño blanca y la subieron al auto. El loco preparado tenía una buena lista de hospitales a los cuales ir en caso de emergencia, por primera vez Nube estaba feliz de las paranoias de su hermano.

El hospital no hizo muchas preguntas ni investigo nada, solo lo necesario para atender a la paciente, con decir que era su esposa y seguir con la farsa basto. Cuando la revisaron, la hemorragia había parado, seguramente en el trayecto al nosocomio, Poppy estaba bien, salvo por un golpe fuerte en la nariz y el de la cabeza que le causo una pequeña herida que necesito puntadas. Ramón sintió una gran pena cuando le quitaron a la niña.

-Tiene que dárnosla. – Le dijo una enfermera.

-Pero… -

-Es por protocolo, no puede quedársela. –

-Hermano, tienes que entregarla. –

Ramón intento ceder, pero sus brazos no lo obedecían, la enfermera tuvo que forcejear un poco mientras Nube lo sostenía.

-Lamentamos su perdida, de verdad lo sentimos. – Le comento mientras se llevaba al sótano a la nonata, donde incineraban los tejidos y muertos.

Nube era bueno haciendo entrar en razón a Ramón, logro volverlo en sí y que pusiera toda su energía en preocuparse por Poppy. Ella era el verdadero problema, no reaccionaba, no hablaba, ni siquiera fijaba la vista, tenía una mirada perdida y solo de vez en cuando parpadeaba.

-Está en shock. – le dijo la médica a cargo. – déjeme ver si entiendo, no es porque crea que usted la golpeo, solo es por protocolo, pero… ¿Cómo sucedió? –

-Ella y yo discutimos por… una tontería de pareja. – comento Ramón con una risa nerviosa. – ella entro a casa y luego de un rato yo entre, vi un camino de sangre y cuando entré al baño, ya estaba así. –

-¿El golpe en la nariz fue por la discusión? –

-¡No! -

-¿Enserio no vio cuando se lo hizo? –

-Créame, mi esposa no es como esas mujeres que llegan aquí golpeadas por sus parejas y mienten diciendo que se cayeron o algo más las golpeo, ella realmente se golpea sola, es bastante torpe, siempre ha sido así desde que la conozco. –

-¿Y el golpe en la cabeza? –

-No lo sé, tal vez se cayó en la tina y se golpeó, no lo sé, yo no le hice nada. –

-Créale, yo estaba con ellos, de hecho, habíamos salido a comer al muelle, discutieron por celos bobos, nada fuera de algo normal en cualquier pareja sana, mi cuñada de verdad es torpe, si se hubieran peleado a golpes, en serio, que mi hermano hubiera perdido, esa chica sabe defenderse, estudio artes marciales. –

-Bien, vendrá alguien más de servicios sociales para investigar y su doctora de cabecera. –

La charla con la primera fue menos angustiante que con la doctora de emergencias, quien descarto cualquier trato violento, escuchar hablar a la doctora con la que ya se habían atendido en sus citas preventivas, fue lo verdaderamente pesado.

-Ella está bien, físicamente hablando, fue un aborto bastante limpio, la hemorragia se contuvo de manera natural, ya se le hizo un ultrasonido y todo está bien, solo espere que le den el alta y podrá recuperarse en casa. – La doctora se preparó para salir, al notar eso Ramón rápidamente pregunto.

-¿Por qué? ¿Por qué paso esto? ¿Qué hicimos mal? –

-Nada. –

-¿Qué? –

-Nada hicieron mal, son cosas que pasan, los abortos espontáneos son bastante comunes dentro del primer trimestre, le parecerá sorprendente, pero muchas mujeres tienen abortos espontáneos pensando que solo tienen el periodo. –

-Pero, algo hicieron mal, tal vez… -

-Nada, un feto solo es un feto, en el primer trimestre el cuerpo de la mujer puede desecharlo sin acarrear problemas posteriores. –

-Pero tiene que haber un motivo. –

-Hay cientos de factores que pueden causarlo, una fiebre, jacuzzis, demasiado ejercicio, poco ejercicio, demasiada o poca comida, un fallo de los cromosomas, un mal crecimiento o que sea muy lento, el estrés. –

-¿Qué hay con el estrés? –

-Bueno, si la mujer pasa por momentos de estrés segrega menos hormonas y esto puede hacer que la placenta no se adhiera de la manera correcta al útero y conforme el feto va creciendo, el peso la desprende, ah… señor Ramón, es por eso que en muchas culturas no se considera la existencia de un nuevo ser hasta pasar el primer trimestre, comprendo que le duela, la ilusión de tener un bebé es hermosa, pero le recomiendo que para la próxima no se ilusione demasiado, no me lo tome a mal, tenga también presente que esto suele pasar en el primer embarazo, es raro que se tenga un segundo aborto y mucho más un tercero, no busque más "porque" solo enfóquense en recuperarse, esperen un par de meses para estar bien y traten de nuevo, son una pareja joven, no tendrán problemas en concebir de nuevo, no se tome enserio este primer tropiezo, solo es eso. –

Tenía razón, su padre solía decir eso también. Poppy seguía en el mismo estado cuando le dieron el alta, aquella medico tenaz no quería dejarla ir, pensaba mandarla a psiquiatría pues pensaba que Ramón abusaba de ella, pero no logro nada, pudieron salir sin problemas. Estando en casa, la cuido como nunca antes había cuidado a nadie, podía no reaccionar a charlas, carisias y besos, pero al comer no había problema, de alguna forma avisaba que necesitaba ir al baño, bañarla era fácil. Conforme pasaban los días, Nube le comenzó a sugerir que tal vez era mejor regresar al hospital para llevarla a psiquiatría.

-Tal vez el golpe… - le comento Nube.

-Tal vez nada, no la voy a dejar en un maldito manicomio. –

-No la vamos a abandonar, oye, esto de esconderlo estaba bien antes, pero ahora… no podemos ocultarlo, ¿quieres que su padre regrese y la encuentre así? –

-¿Y tú quieres que regrese y la encuentre internada en un maldito lugar frio amarrada con una camisa de fuerza? ¿Qué padre quiere ver así a su hija? –

-Ramón, necesito que el loco preparado que eres regrese y sea objetivo. –

-Solo dame un día más, solo un día y si no vuelve en si… lo haremos, la llevaremos a ese lugar. –

-Bien, puedo con eso. –

Nube lo dejo solo, Ramón comenzó a tratar de estimularla para que reaccionara, ya lo había intentado una cosa a la vez, pero ahora intentaba todo, cantarle, hablarle, abrazarla, acariciarla, bañarla con agua fría, con caliente, darle un masaje; un tanto agotado de tanto esfuerzo, reviso su agenda, esperando encontrar el número de algún experto que le pudiera dar alguna orientación, pero se dio cuenta de algo, ese día, la salida al muelle, había olvidado que tenía cita para la primera ecografía, ¿Cómo pudo olvidarlo? Tal vez si no se hubiera cegado y puesto tan terco, habría seguido con su agenda y no estaría pasando por todos esos problemas, tenía que ser consiente, que tal vez, él fue el factor determinante que causo el aborto, la obligo a correr, le dio placer sin su permiso, luego la puso a nadar para después, estresarlas con sus celos. Molesto por todo, arranco las varias hojas de su agenda, tomo todos los documentos relacionados con el embarazo, fue a la habitación de Poppy y tomo la bolsa que le compro, la parte sobreviviente del bikini, las toallas y al maldito oso rosa, todo eso lo puso en la basura, esperaba jamás tener que ver todas esas cosas en toda su vida.

-15 semanas…- Decía mientras aplastar todo eso en el cesto. – 15 semanas… solo 15 semanas… -

Era el tiempo que duro el embarazo, las palabras de la doctora sobre intentarlo de nuevo le dolían, no tenía una segunda oportunidad con ella, el embarazo fue la cosa que los unió, y sin eso, no tenía forma de "volver a intentar". Ramón no durmió para nada esa noche, sumados a que siempre estaba atento a sus necesidades, estaba agotado, aquella mañana llevo su desayuno a la cama y sin querer, se quedó dormido a su lado.

Ahora que Poppy deseaba irse, no podía retenerla, se veía bien, lucida y activa, caminaba con normalidad luego de un rato, sus reflejos estaban como nuevos, espero en la cocina mientras la escuchaba empacar sus cosas. Con un nudo en la garganta causado por todas eso que le quería decir.