El nuevo Lord Protector
Capítulo 36: Rin, esto no tendría que haber pasado II
Rin estaba acurrucada dentro de su futón. Por fin era ya de noche y tenía una excusa razonable para estar sola, quienes la servían debían descansar. Había estado llorando tanto durante el día que empezaba ya a sentirse enferma, todo le dolía. Hasta se había visto incapaz de comer nada, y había vomitado lo poco que había llegado a su estómago y más.
Seguro que se veía horrible. Atsuko tras contarle todo con lujo de detalles entre llantos y sollozos, le había hasta cuestionado el por qué seguía aquí. La respuesta era simple, ella había hecho una promesa, y no es que tuviera un lugar de verdad al que volver. Su familia estaba muerta hacia mucho, en la aldea de Inuyasha sólo la habían cuidado porque sabían que algún día se iría, que nunca se asentaría allí. Además no hubiera aguantado los desprecios de los pueblerinos si no hubiera pensado en que se iría pronto. También tenía que evitar pensar en sí misma todo el rato. Muchos la habían seguido hasta allí y habían conseguido la protección de Sesshomaru rindiendo le pleitesía a ella, y no podía dejarlos desamparados. Tenía que ser un buen ejemplo a seguir, ser recta, aguantar. No simplemente llorar y huir como una niña caprichosa en cuanto las cosas no iban como quería.
Además, quería creer en todo lo que Sesshomaru le había dicho esa mañana. Seguro que le había costado mucho. Qué decir que desde que lo conocía, algo tenía seguro: su amo no mentía. No ocultaba la verdad fuera buena o fuera mala. Pero que se hubiera marchado de aquella manera tras besarla tan dulcemente, le rompía en demasiados pedazos el corazón. ¿Por qué tenía que ser una relación con un ser sobrenatural tan difícil? ¿Por qué era tan difícil estar juntos a pesar de ese cariño mutuo que se profesaban?
Rin se dio la vuelta, enroscándose más en las mantas. Aunque eran los últimos días de invierno, estaba helada y el cuerpo le temblaba. La boca le ardía, quizás del vómito que le había provocado tanto llanto. Ojalá poder dormirse, y mañana estar mejor. Ser fuerte y libre de nuevo. Vivir más para demostrar que haber salvado la vida había valido la pena.
Pudo entrever a través de las sábanas que había algo más de luz a la habitación. Y no era una luz cálida de lámpara de brea con las que solía ir Atsuko o ella misma por las noches. Las criaturas que se atrevían a salir a esas horas no necesitaban de esa clase de artilugios, veían en la oscuridad perfectamente. Sólo producían luces quienes fueran capaces de crear ilusiones y fuegos mágicos, los guales tendían más a ser de cualquier color antes que el color normal del fuego. La única explicación es que una criatura había abierto la puerta exterior que daba hacia el jardín, dejando entrar la luz de la luna. Se quedó inmóvil, casi aguantando la respiración para ser capaz de agudizar el oído. Pero no lograba captar nada.
No debía tener miedo, sino serían capaces de presentir lo u olerlo, y eso la dejaría en una posición más frágil. Comprobó si podía ver hacia el exterior de su cobertor en alguna dirección sin moverse para descubrirse, pero maldición, estaba demasiado bien tapada. Sintió un ligero toque en su hombro, casi delicado. Pegó un respingo, malditos reflejos. Siguió inmóvil, no tenía que dar señales de vida si quería que la dejarán en paz.
—Rin, sé que estás despierta, cuando duermes tu respiración es diferente, y te puedo asegurar que no estás tan quieta.
Rin pegó otro respingo. Nunca en su vida había detestado y maldecido tanto a Sesshomaru. ¿Ahora se dedicaba a vigilarla mientras dormía? (N/A: emmmm sí, Rin, nadie te lo ha dicho aún, pero Sesshomaru se tira muchas noches a los pies de tu cma como un perrito faldero mientras duermes) Había aguantado mucho el día anterior. Se había por todos los medios autoconvencido de que no tenía que huir, debía enfrentarse a la situación con toda la madurez y dignidad posible. Y no podía ser muy digna con el aspecto enfermo y su cuerpo temblando, hablando a alguien a quien realmente quería gritarle ahora mismo. Sintió la misma caricia en su hombro, aunque suave, la estaba obligando a darse la vuelta y quedarse sobre su espalda. Se dejó hacer.
Sesshomaru se encontraba en la penumbra, y no podía ver lo que normalmente sería una majestuosa figura blanca, sino que sólo intuía una sombra, algún reflejo afilado de su armadura, y dos brillos paralelos en la oscuridad, correspondientes a sus ojos. A lo lejos en el extremo de su habitación se veía entrar la luz de la luna llena. Rin aún se mantenían en posición horizontal, tapada hasta la barbilla, mirando silente al techo. No quería mirarlo, o empezaría a llorar de nuevo.
—Por favor déjame sola, no quiero hablar con nadie, me encuentro mal.
Él enseguida se agachó sobre ella, descubriendo su cara, comprobando que efectivamente se encontraba tan mal como decía. Olisqueó sus labios unos momentos, provocándole cosquillas, seguidas automáticamente por las náuseas, ecos de las náuseas que llevaba sintiendo todo el día.
—Levántate.
—No vengas a darme órdenes ahora después de dejarme de esa manera. —le reprochó lo más dignamente que pudo, volviéndose a tapar por completo con las sábanas. —Mañana hablaremos y arreglaremos lo que sea, ya suficiente he pasado hoy.
—No voy a esperar, Rin, no puedes esperar hasta mañana. —le dijo, y levantándola del brazo, firmemente, pero sin hacerle daño —Ven aquí.
Y sujetándola entre sus piernas, la obligó a estar sentada, mientras parecía examinarla con su olfato.
—Por favor, mi señor… —rogó Rin. Normalmente cuando lo llamaba así conseguía que le hiciera más caso, pero él no se detenía. El dolor emocional hacía muchas horas se le había convertido en dolor físico, y calambres que la estremecían le recorrían el cuerpo desde las entrañas, y cualquier posición que no fuera postura fetal debajo de las sábanas le dolía.
—Rin, después si es así tu deseo me marcharé, pero ahora escúchame con atención: —tuvo que sujetarle la cara también para obligarla a mirarlo —Has sido envenenada, déjame darte el remedio.
—Pero ¿qué? ¿cómo que he si…? —!
Aprovechó que abrió la boca para hablar, para meterle en la boca una bola que parecía una plasta pegajosa de olor profundo a hierbas. Y en cuanto lo tuvo en la boca, comprobar que era del sabor más amargo y vomitivo que había sentido jamás. Enseguida su cuerpo reaccionó para sacarlo de su sistema, y empezó a revolverse, sintiendo arcadas. Pero Sesshomaru la sujetaba fuertemente, y también tapaba la boca para evitar que lo escupiera.
—Trágalo de una vez, es necesario curarte.
Haciendo acopio de todo su esfuerzo, tragó. No es que quisiera hacerle caso, pero no le quedaba otra. En cuanto lo hizo notó como él relajó la fuerza con la que la estaba obligando a quedarse en el sitio, y la envolvía suavemente con su estola.
—Duerme, Rin, vas a necesitarlo.
¿Pero quién se pensaba que era? No no no, tenía que responderle a muchas preguntas. ¿Qué era para empezar eso de que había sido supuestamente envenenada y por qué él lo sabía y ella no? No la había visto ningún médico, maldita sea. Iba a empezar a hablar para quejarse, pero tenía la boca completamente adormecida. No, no quería hacer caso, no quería dormirse aún, pero empezaba a sentirse pesada, por fin los calambres se habían ido. Mucho cansancio. No pasaba nada por pestañear, ¿no? Sólo que ese pestañeo nunca acabó. En los brazos de Sesshomaru, y rodeada suavemente por su estola, se quedó dormida.
Comenzaba a clarear el cielo para dar paso al nuevo día, y Atsuko ya estaba despierta, de camino a ir a ordenar todo para comenzar a atender a Rin en cuanto se despertara. Pero antes de ir a organizar nada, fue directa a la habitación, para controlar cómo había dormido, por si tenía que buscar alguna infusión en particular para la chica. Iracunda, bueno, esa descripción sería poca al estado en el que se encontraba ahora. Apenas entró, se lo encontró a Sesshomaru, abrazando a una lánguida Rin, quien estaba con el pelo y ropa revueltos, y un morado desde la comisura de sus labios hasta parte de su mejilla. No sólo la ilusionaba para marcharse, sino que ese maldito demonio parecía que la había golpeado. No, no iba a permitir que algo como eso pasara. Se acercó decididamente a enfrentarlo, pero no tuvo tiempo a decirle nada.
—Atsuko, márchate de aquí, tengo que hablar con ella en cuanto se despierte.
—¿Perdón? No, yo me quedaré a su lado para garantizar su seguridad. ¿Qué demonios le has hecho? ¿Por qué está en ese estado?
—…
Ese maldito silencio de nuevo. Desde que lo conocía, el mononoke, sino quería contestarle a algo, aunque sirviera a veces que se lo dijera para hacerlo recapacitar, no se molestaba en contestar. Y ahora era uno de esos momentos.
—No te atrevas a hacerle daño en mi presencia, Sesshomaru. Acepté servirte, pero también la sirvo a ella, y no voy a dejar que nadie la maltrate. —la miraba fijamente, pero no le contestaba nada a todo lo que le decía, frustrándola a niveles inimaginables —no me mires como si estuviera diciendo disparates. Ayer no ha parado de llorar desde que te marchaste, por no hablar de que lleva desde hace mucho insegura de si vas a casarte con ella. Y ahora la encuentro con un moraón en el rostro. No hay que ser un genio para saber que no está bien. ¿De verdad eres esa clase de criatura? ¿De las que secuestran a las señoritas para maltratarlas y comerlas? ¿Eres eso lo que pretendes Sesshomaru? ¡Contéstame!
—Vas a despertarla y necesita dormir —Le contestó suavemente, mientras se giraba con parsimonia para darle la espalda, ocultando a Rin de su campo de visión.
Pero con el jaleo, Rin comenzó a abrir los ojos. Los sentía secos, le molestaba abrirlos. Cerró sus ojos con fuerza de nuevo, mientras se acomodaba. Pero al notar movimiento, enseguida se le acercó su nana, preocupada
—Señorita, por favor, dígame que se encuentra bien —En esa forma de llamarla señorita y no señora, dejaba en claro su desprecio hacia Sesshomaru y compartir el pensamiento de que no estaban debidamente casados aún.
—Estoy bien, quiero hablar con el idiota de mi prometido, estaré bien, déjanos un poco, por favor.
—¿Pero está segura?
—Sé que contigo delante no va a hablar.
—Estaré cerca por si necesita algo, me retiro
Y, mientras se estaba marchando, recogiendo por el camino algunas cosas para llevarlas a lavar, Sesshomaru le dijo: —estar a su disposición no implica que te quedes a escuchar detrás de la puerta. Sabré si estás espiando, así que lárgate a hacer de verdad lo que tengas que hacer.
Atsuko apuró el paso en cuanto le dijo eso, ya bastante había arriesgado su vida hoy, y los dejó solos, cerrando tras de sí la puerta de la habitación
—No tenías que ser tan duro con ella, sólo está preocupada.
—Me ha acusado de ser una de esas bestias inferiores que necesitan comer humanos.
—Sino recuerdo mal, tu madre te preguntó que si nos llevabas a mí y a Kohaku contigo para comernos.
—Que podamos no quiere decir que lo necesitemos. Y no, nunca he comido ningún humano, si eso te deja más tranquila.
—¿Y entonces por que Atsuko-san está tan alterada?
—Porque cree que te he hecho daño. En parte supongo por algo que le hayas contado, en parte por ese morado que te ha salido en la cara.
—¡Sólo llegué llorando porque te fuiste sin explicaciones después de besarme por primera vez! Espera, ¿cómo que tengo un morado en la cara?
—Y algún otro que no esté visible seguro que también.
—¿Cómo es que estás tan tranquilo por eso? ¿Acaso sabes de que son? ¿Qué…?
—Veneno.
—¿Veneno?
—Creí que después de viajar tanto tiempo conmigo lo sabrías Rin.
—¿Saber el qué? No te entiendo, Sesshomaru.
—Da igual si me encuentro en esta forma o en mi verdadera forma de yako, Rin. No puedes llegar y simplemente besarme, mis colmillos, mis garras, soy venenoso.
Rin se quedó por unos instantes en shock. No, no había caído en eso. De pequeña sabía que era poderoso, pero apenas lo había visto transformarse en yako. Y luchar, no lo veía usar sus garras, sino que principalmente sus espadas. Empezaba a entender cómo para él su cercanía era poder verla, pero no tocarla. Por qué su malestar ayer todo el día. ¿Por eso le había dicho "eso no debería haber pasado"? ¿Por qué la envenenaba?
—Sesshomaru… ¿entonces…?
—Para mi pesar, quiero tener a mi lado a una humana, y eso implica que este Sesshomaru nunca te tocará, ni te besará, porque eso implica hacerte daño. Por eso desde que decidiste seguir a mi lado, he procurado cuidarte de todas las maneras posibles, cumplir con lo que quieras, porque sé lo que son las muestras de afectos de los humanos, y sé que nunca te podré complacer en ello.
Lágrimas empezaron a recorrer silenciosamente el rostro de ella.
—Pero si lo sabías… ¿por qué a mí? ¿Por qué no te deshiciste de mí? ¿Hace cuánto que lo sabes?
—No te elegí. Nosotros no elegimos la pareja, la encontramos. Podemos realizar alianzas, reproducimos, pero la pareja con la que compartimos el resto de nuestra vida la encontramos, eso no se elige. Porque es uno solo, el único ser con el que podemos unir nuestras vidas.
—Espera, ¿para toda la vida? Sesshomaru, recapacita, por favor, no puedes casare conmigo. Soy… ¡Soy humana! Si soy la única mujer con la que unirás tu vida… eso significa que me moriré demasiado pronto, viviré como mucho otros cincuenta, sesenta años, y y y luego morié, ¡y te dejaré solo! No… no puedo hacer eso…
—Rin, a veces pienso que tienes mala memoria… Te lo dije hacía ya 5 años, hace mucho que lo sé… Nuestros corazones…
—…están unidos… —continuó ella.
—Da igual la distancia…
—…eso no es un problema. —se abrazó a él, comenzando a no soportar el torrente de lágrimas en sus ojos que no la dejaban ver bien —¡Sé que no es un problema! ¿Pero que pasa con distancias inabarcables como la de que tú sigas en el mundo de los vivos y yo esté en el fondo del infierno? ¡No eres un dios!
—Pues entonces cuando llegue el momento, y sea necesario, me convertiré en uno.
Su terquedad y su ego arrancó una sonrisa de los labios de Rin
—Rin, escúchame. Te encontré, y me vi unido a ti, en uno de los momentos más vulnerables de mi vida, me vi unido a otro ser frágil y vulnerable. Luego decidí que serías mi mujer, y de verdad podría tenerte a mi lado. No pienso dejar que algo tan banal como tus preocupaciones por lo que pueda pasar dentro de tantos años te separe de mí. Eres mía, no te comparto y no pienso compartirte con Izanami de nuevo.
Ella se separó de su abrazo ligeramente, para mirarlo a los ojos. Siempre se lo veía tan seguro y tan perfecto. Qué mundo tan ideal sería si pudiera creerle. Lo besó en la frente, en el lugar de su luna.
—Yo sí puedo besarte a ti, ¿no? —le dijo regalándole una sonrisa. —Si estás tan seguro de todo, como te dije que haría, te seguiré.
Lo besó de nuevo, en la frente, en ambas mejillas, frotó su nariz con la fría nariz de él.
—Pero ahora que sé la razón por la que me rehuías y qué es lo tan peligroso del gran señor Sesshomaru, no te creas que te vas a librar de mi ahora— le siguió diciendo con una sonrisa, aunque se le escapaba algún hipo del llanto todavía. —Pero no vuelvas a irte así, de esa manera. No soy tan segura ni sé tantas cosas como tú, y he sufrido mucho. ¿lo prometes?
—Lo prometo —le contestó abrazándola, para tumbarse con ella, sin soltarla, y quedarse así, acurrucado con ella lo que quedó de mañana.
—En serio, Sesshomaru. ¿Hace cuánto sabes que eres venenoso con los humanos? ¿Pero tu padre no tuvo un hijo tan así de tranquis, o sea qué…?
—Haces muchas preguntas
—¡Porque quiero saber! No es justo, tú sí sabes muchas cosas de mí.
—Y no te estoy haciendo preguntas todo el día para saberlo.
—No esperas sentado a que llegue yo y te lo diga.
Esa mañana con ella a su lado se hacía larga con tantas preguntas. ¿Qué problema había con el silencio?
—Contesta o atacaré tus orejas.
—Ni se te ocurra Rin.
—¿Quieres otra cosa a cambio entonces? —le preguntó dando besos en su quijada
—Que sea la última pregunta de hoy. Disfruto del silencio.
—Está bien! Prometido —dijo levantado el dedo meñique.
Sesshomaru entonces comenzó a contar. Su veneno, sus marcas en la piel, incluyendo su luna… todo era herencia del clan de su madre, mucho más importante que el de su padre, quien era sólo un general, aunque muy poderoso. También el que ese veneno no lo tenía su padre, y por eso no tuvo ninguna clase de problema al acercarse a una humana. También que las primeras veces que se acercó a algo remotamente humano había sido por primera vez al conocer a su medio hermano, ya que se había criado con las enseñanzas de que no había que acercarse a los humanos. Y también cómo descubrió que, gracias a su veneno, había sido el único que le había dejado jamás una cicatriz a Inuyasha, producto de que le hiciera daño en su muñeca con sus garras. La única vez, porque conforme el chiquillo fue creciendo, fue cada vez menos humano, y cada vez más bestia. Suspiró. Todavía tenía pendiente el encargarse del desastre que su padre había dejado atrás.
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Hola mi gente hermosa! POR FIN RESPUESTAS POR FIN PUDE ESCRIBIR ESA PARTE CON LA QUE ME ESTOY COMIENDO LAS UÑAS POR ESCRIBIRRRR
En fin ¿qué os ha parecido? ¿Os he resuelto las dudas? ¿Tomatazos? ¿Alguien más como yo tiene esa teoría tan gorda de que Sesshomaru no deja de ser venenoso en ningún momento y que te mata con mirarte básicamente? Un cap algo más larguito, que estos tenían cosas que hablar aún, yo tengo que aclararos cosas desde hace muchos capítulos y tal. POR FAVOR DECIDME SI ALGUIEN SE OLÍA ALGO O YO SOY MUY MALA DANDO PISTAS
btw espero que os haya gustado, que mi fic os esté haciendo más amena la cuarentena, espero como siempre que me escribáis.
¡Muchas gracias por leerme! ¡Un besazo enorme a todos y hasta la próxima!
