Landline
Una adaptación a Crepúsculo por Redana Crisp
Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Rainbow Rowell. Yo sólo los mezclo y juego con ellos.
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Capítulo 36
Edward creció en una casa colonial de ladrillo con una entrada para coches circular. Su madre se sentía sumamente orgullosa de ella; la primera vez que Bella la visitó, unos pocos meses después de que se comprometieran, su madre le dijo que la entrada era una de las razones por las que compraron la casa.
—No lo entiendo —dijo Bella más tarde, después de que se había escabullido del sótano a la habitación de Edward, y él la había empujado contra la pared, debajo de su certificado de Eagle Scout—. Es como si hubiera una carretera en tu patio delantero —dijo—. ¿Cómo es eso algo bueno? —Edward había resoplado una sonrisa en su oreja, luego empujó el cuello de su pijama para abrirlo con su nariz.
Bella ascendió por el camino ahora, destruyendo la perfección de postal del patio delantero nevado con sus huellas.
Abrió la contrapuerta y llamó, la puerta principal se abrió bajo su mano. Porque en Forks, al parecer, nadie cerraba sus puertas principales. Podía oír música navideña y gente hablando. Llamó otra vez, echando un vistazo dentro de la casa.
Cuando nadie respondió, dio un paso dentro del recibidor con cautela. La casa olía como el ambientador marca Glade de manzana con canela y a agujas de pino.
— ¿Hola? —dijo demasiado bajo. Su voz temblaba, había dejado un rastro de nieve, sentía como si estuviera irrumpiendo.
Lo intentó un poco más alto—: ¿Hola?
La puerta de la cocina de abrió a medias, y la música —"Have Yourself a Merry Little Christmas"— aumentó. Edward salió. A media habitación de distancia de ella.
Edward.
Pelo color chocolate con leche, piel pálida, un suéter rojo que no había visto nunca antes. Una mirada en su rostro que no había visto nunca antes. Como si no la conociera en absoluto.
Él se detuvo.
La puerta de la cocina se balanceó por detrás de él.
—Edward —susurró Bella.
La boca de él se encontraba abierta. Boca encantadora, encantadores labios idénticos, encantadores hoyuelos como soportes para los dientes de Bella.
Sus cejas estaban bajas y cuando cerró su mandíbula, hubo un tenso latido en las esquinas de sus mejillas.
— ¿Edward?
Pasaron cinco segundos. Diez. Quince.
Edward estaba justo allí. En vaqueros y calcetines azules y un extraño suéter. ¿Se sentía feliz de verla? ¿La conocía siquiera? ¿Edward?
La puerta se abrió por detrás de él.
— ¿Papi? La abuela dice…
Alice entró en la habitación, y ella sintió como si alguien acabara de patearla por detrás de las rodillas.
Alice saltó. Justo como hacen los niños en las películas. De alegría.
— ¡Mami! —Corrió hacia ella.
El teléfono de Bella se deslizó de su mano mientras ella se dejaba caer en el suelo.
— ¡Mami! —gritó Alice otra vez, aterrizando en los brazos de Bella —. ¿Eres nuestro regalo de navidad?
Bella sostuvo a Alice tan fuerte que es probable que doliera, y cubrió el lateral de la cara de la chica de besos. Bella no vio la puerta de la cocina abrirse otra vez, pero oyó a Bree gritar y llorar, y luego eran dos en sus brazos, y Bella estaba cayendo de lado de rodillas, intentando sostenerse.
—Las eché de menos —dijo entre besos, cegada por piel rosa y pelo marrón amarillento—. Las extrañé mucho.
Alice se apartó, y Bella apretó su brazo alrededor de ella. Pero Edward estaba levantando a Alice y alejándola.
—Papi —dijo Alice—, mami está aquí. ¿Era tu sorpresa?
Edward asintió y también levantó a Bree, colocándolas a ambas a su lado.
Bree lloró en protesta.
Edward extendió sus manos para Bella, y ella las tomó. (Tan cálidas en su dedos helados). Él tiró de ella para ponerla de pie, luego la dejó ir. Todavía no sonreía, así que ella tampoco sonrió. Sabía que estaba llorando, pero intentó ignorarlo.
—Estás aquí —dijo él sin mover los labios.
Bella asintió.
Edward se movió rápidamente, tomando su rostro en sus manos —una en su fría mejilla, otra bajo su mandíbula— y lo jaló hacia el suyo.
Ella sintió el alivio atravesarla como un fantasma.
Edward.
Edward, Edward, Edward.
Bella tocó sus hombros, luego la parte de atrás de su pelo —aun puntiagudo—, luego las puntas de sus orejas, frotándolas entre sus dedos y pulgares.
No podía recordar la última vez que se habían besado de esta manera. Tal vez nunca se habían besado así. (Porque ninguno de ellos había estado a punto alguna vez de caer por un precipicio).
—Estás aquí —dijo él otra vez.
Y Bella asintió, dando un paso adelante solo en caso de que él estuviera pensando en apartarse.
Ella estaba aquí.
Y eso no arreglaba nada. No cambiaba nada.
Aún tenía su trabajo. Y la reunión tal vez. Todavía tenía que solucionar lo de Jasper —o no. No había tomado ninguna decisión de verdad…
Pero por una vez, tomó la decisión correcta.
Estaba aquí.
Con Edward. Lo que sea que eso significara de ahora en adelante.
Él la besó como si supiera exactamente quién era ella. La besó como si hubiera estado esperándola durante quince años.
Alice y Bree saltaron a los pies de sus padres y se abrazaron a sus piernas.
Había un perro allí en alguna parte, y la madre de Edward hablando sobre colocar un lugar extra en la mesa.
—Estás aquí —dijo Edward, y Bella lo sostuvo por las orejas, así no podía apartarse.
Ella asintió.
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¡AL FIN! Ay Dios... Estoy llorando.
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