"Entrando en sintonía"

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La diferencia entre vivir o morir era tan relativo como el tiempo, tan ambiguo como la personalidad de un hombre, y sin embargo, esa fina línea que marcaba la diferencia entre la vida o la muerte, entre la sangre y el fuego, entre los besos y las caricias, entre las risas y las lágrimas se formaba en un ciclo superfluo, que se superpone en el abismo de correr a la par con el tiempo antes de ser azotados por su fuerte ventisca que siempre suele ser tan fría al acogerla y suele ser rápida al sumergirte en su manto.

Asimismo, Bakugou no tuvo tiempo de pensarlo, o de esclarecerlo cuando lo experimentó en su regazo, sintiendo la muerte recostada sobre sus brazos, decayendo en una atmósfera de cerezos rojos en un día de primavera, decantando en lloviznas dispersas por la tierra estéril del suelo árido.

Las formas de sus amigos moverse eran como siluetas amorfas, oscuras y sin gracia. Los sollozos de los amigos de Deku palidecían, se deformaban y se desgastaban en las supuestas posibilidades de lo que pudo haber sido. Siempre quedándonos en el pudo haber sido, y sin dar un paso más o un paso menos.

Todo quedándose en los supuestos, en las posibilidades, en los típicos "pudo haber sido".

La diferencia entre la vida y la muerte, eh? Esa pregunta circuló la mente atareada del chico explosivo, mientras sostenía la mano de Deku en la camilla del hospital. Él observaba el cuerpo dormido del que fue su novio, dormido bajo los efectos de la anestesia.

Era increíble cómo es que él seguía vivo frente a sus ojos.

No le cabía en la cabeza la gran dicha que le embargó de pies a cabeza cuando vio su pecho expandirse luego de que todos hubieran perdido la esperanza de volverlo a ver con vida.

Su mano, por fortuna, emanaba calor, una calidez suave y gentil, asemejándose a la sensación del verano.

Se mantuvo callado, cultivando internamente sus sentimientos que continuaban creciendo y aflorándose en su sistema, sin ser un padecimiento que conlleva a un inicio incómodo de vertientes en una persona, sino una forma de relatar un vestigio que cortaba con la mala vibra de la vida del pasado.

Bakugou no buscaba vivir en el ayer, sino en el presente, que con tanto eufemismo se recató en experimentar cuando la vida de Deku estuvo por extinguirse.

Tan sólo verlo respirar desde la máscara de oxígeno le brindaba calma, la única calma que Deku podría brindarle.

Sus ojos cerrados solemnemente simulaban la proximidad con la cual uno relata su primera vez viendo un paraíso terrenal.

Bakugou no vio la necesidad de ponerse la máscara de desdén con el ceño fruncido incrustado en su gesto, al contrario, se la quitó en honor a Deku, en nombre de su presencia.

En ese momento, entrelazó sus dedos lentamente entre los frágiles y suaves dedos de su mano, los cuales se enfriaban cuando arribaba la noche, pero que al amanecer se calentaban en tenue luz de esperanza.

Apretó los labios un poco, sabiendo que apenas habían pasado dos días en que Deku dormitaba en interminable sopor, uno que le parecía fastidiosamente eterno, puesto a que ansiaba verlo abrir los ojos, ansiaba oír su voz, ansiaba abrazarlo, llenarlo de besos, hacer cosas de pareja, entrenar juntos, ser los mejores héroes de Japón. Ser interminables en el mundo de su propia fantasía.

Un segundo era igual a una eternidad, conllevando a otras eternidades que se abrían paso a otras, y así sucesivamente creciendo en un fastidioso ciclo de espera, en un constante reproche contra el maldito tiempo y sus absurdas lentitudes para con las cosas.

Horripilantes eternidades que se entremezclaban con las visitas de sus amigos para ver al nerd cada que podían, o sea, durante mañana, tarde y noche. Y lo peor era que su tiempo a solas era escaso, es decir, mínimo. Un mínimo naufragio mental, encapsulado en fragmentos de tiempo.

Ojalá Bakugou pudiera encerrarlos a todos en una jaula para que no visitaran a Deku cuando él no quería que nadie lo fuera a ver, con excepción de Recovery Girl, que era la persona que curaba a su adorado nerd y lo revisaba cada tanto para ver su condición.

El último forme que le dieron era que la cortada que le hicieron a Deku en la entrepierna se había cicatrizado, y la cortada de tajo que surgía en su frente, estaba mejor cicatrizada que la otra.

Lo que descartó fue que no dejarían futuras secuelas en el joven héroe, lo cual para Bakugou fue aliviador.

Que Deku tuviera repercusiones relacionadas a la pelea anterior sería un constante recordatorio de su sacrificio, y eso podría ocasionarle estragos en su autoestima, puesto que Deku era un chico que pensaba de más las cosas y maquinaba obsesivamente sobre los sucesos o posibles causas del problema, y si viera cada mañana y cada noche esa cicatriz en su entrepierna le dañaría el autoestima.

Bakugou no soportaba la idea de saber que Deku sufría en silencio. Simplemente no lo soportaba, así como tampoco soportaba verlo herido.

Él aborrecía con terrible desdén esos escenarios frente a él.


—Parece que ya no será necesario hacerle más estudios— Resaltó Recovery Girl en el último chequeo del día. Bakugou asintió, sin dejar de sostener la mano de Deku entre la suya, frunciendo el ceño furtivamente. —Desconozco cuándo despertará, Bakugou— En ese momento asumió que Recovery Girl le había leído la mente, tal vez por aquella expresión en el rostro. —Su cuerpo necesita mucha energía para recuperarse—

—Lo sé— Rechinó los dientes, desdeñoso. Le daba fastidio escuchar esas palabras de supuesto apoyo por parte de las personas, cuando a él le parecía que lo hacían por interés.

Recovery Girl se detuvo, esbozando una sonrisa amable, dio un cabeceo y se salió del cuarto en que lo tenían acostado.

Ese nerd se daba sus privilegios de dormir como si estuviera en un estado vegetal.

Bakuguou soltó un gruñido, seguido de una a abrumada exhalación, que a la larga incitaba involuntariamente a rumiar. Rumiar porque sí, o rumiar porque no le quedaba de otra para aguantar el pasar de los minutos que reflejaban el cansancio que él mismo pasaba por mantenerse despierto durante muchas horas, esperando el momento en que el nerd decidiera abrir los ojos de una buena vez.

Apretó su mano entrelazada, anclando la quijada con fuerza.

—Tsk— Acercó su antebrazo a la camilla, descansando un poco el brazo, sin soltar su mano de la suya en un arrebato.

La noche estaba entrada, fría y sin embargo, hacía un calor cómodo en la habitación donde lo tenían.

De pronto, sintió una contracción nerviosa rozarle los dedos de la mano entrelazada, haciéndolo percatarse de lo que sucedió. Abrió los ojos saliéndose de sus orbes, al ver que los párpados de Deku se abrían batallosamente, y su boca se abría poco.

—Deku?— Habló ansioso.

Éste le devolvió el gesto, apretando su mano débilmente, para luego, parpadear, volteando a todos lados con confusión.

—K-Kacchan…— Lo nombró dificultoso, tosiendo después de decir su apodo de siempre.

—No hables— Dijo tratando de mantener la calma.

Notó que él quería levantar la cabeza de la almohada, por lo que le ayudó a moverse un poco, sin ser agresivo con su soporte. La piel del nerd se sentía suave, gentil al contacto con su propia piel.

—Es-este es el cielo?— Preguntó ilusionado, con sus ojos apesadumbrados y su voz ronca.

—Qué estupidez dijiste?— Espetó incrédulo. De qué carajos hablaba el nerd? El cielo?

—Todo se ve blanco— Suspiró vago. —K-Kacchan, me estás recibiendo en el cielo?—

—Claro que no, idiota— Lo regañó a lo bajo, acercándosele para no ser ruidoso con él. —Estás en la escuela, en una camilla de hospital porque te quisiste hacer el héroe—

Los ojos de Deku se abrieron, y se le fue el aire.

Bakugou entró en pánico, y socorrió apuradamente a Deku.

—No-no morí?— Manifesto angustiado, tocando su pecho con preocupación, subiendo sus manos a su rostro, tocando la máscara de oxígeno con los ojos saltones. —Pero-pero—

—No moriste— Bakugou le hizo saber, mirándolo fijamente.

—No-no lo entiendo— Dejó recostar su cabeza sobre el respaldo, confundido y asustado.

—¡Por supuesto que no lo entiendes!— Retortijó Bakugou impacientado con la urgencia del nerd por querer hallarse muerto.

Oyó a Deku suspirar con las cejas fruncidas en incertidumbre, sus párpados caerse, sus facciones decaerle en el rostro.

Bakugou exhaló.

—¡Eres de lo peor, Deku!— Expresó llevado por la furia. —Cómo pudiste pensar que si morías yo estaría feliz sin ti?— Se atragantó con la emoción.

—Eh?— Deku lo miró preocupado.

—Sólo un Deku pensaría semejante estupidez— Se quejó. —Yo…yo no estaría feliz si te fueras— Apretó el agarre de su mano, observándolo con sinceridad asentada en sus ojos rojos. —No lo vuelvas a hacer, Deku—

Deku bajó la mirada, culposo.

—L-lo siento, Kacchan— Se disculpó cabeceando en arrepentimiento. —Yo… pensé que si desaparecía, tu estarías más feliz—

—No lo estaría— Musitó obstinado.

—E-estabas enojado conmigo— Lamentó entrecortado, sus ojos gritando su dolor interno. El pecho de Bakugou se contrajo.

—Estaba celoso, Deku— Se sinceró a cuestas de todo, a cuestas de su orgullo nefasto. —Estaba celoso del mitad y mitad, yo no estaba enojado contigo—

—Q-qué?— Parpadeó interrogante.

—¡Yo tuve miedo de que te fijaras en ese bastardo!— Confesó con un cosquilleo escocerle la lengua. —Enseguida me arrepentí de mi falta, y te juro que quiero volver a estar contigo, trataré de ser mejor, lo digo con todo lo que tengo— Acercó su rostro al suyo, que con sus enormes ojos verdes lo vislumbró con sorpresa, cambiando lentamente a su inconfundible admiración hacia él.

—Kacchan— Pronunció conmovido. —Yo no me fijaría en Todoroki-kun— Aseguró, esbozando una tierna sonrisa.

—Lo sé— Se rió entre dientes, fijando sus ojos rojos a su mirada. —Por favor vuelve conmigo, Deku—

Las mejillas de Deku se encendieron asemejándose al color de un tomate, pero Bakugou no se quedaba atrás, se sentía arder en llamas del rostro. De seguro él estaría rojo.

—Kacchan— Se animó a decir. —Te escuché—

Se quedó estático, ausente de comprenderlo, hasta que una sensación extraña le vino por encima y recordó la escena que hizo al tratar de regresarlo a la vida. El esfuerzo que sus brazos realizaron a pesar de aflojarse y perder fuerza, ejerció su mayor presión por hacer el proceso de resucitación correctamente.

—Hubieras dicho algo— Reprochó, haciendo una mueca de lado.

—Yo…— Tragó saliva, nervioso. —Y-yo también te amo, Kacchan—

Sus ojos se abrieron en extrema sorpresa, sus cejas se fruncieron de incredulidad.

—Qué has dicho?— Se oyó decir.

—Te amo, Kacchan— Deku volvió a decirle, estrechando su mano temblorosa a la otra que estaba libre en la camilla; él la tomó y sus dedos se entrelazaron como un lazo completo. Apareció su linda sonrisa en sus labios rosados.

—Yo te amo— Confesó él, dándole un beso en la mejilla con lentitud arraigada en sus movimientos. —Te amo más de lo que te imaginas— Susurró, sintiéndolo estremecer.

—Em— Dijo tembloroso. —Sí quiero volver contigo—

Bakugou se acercó a besarlo en los labios, luego de haberle quitado la máscara de oxígeno, tomado por la emoción de haber oído esas palabras, pronunciadas suavemente por Deku, sin interpretarlas como vestigios de soledad, o como un impulso sin sentimientos de por medio.

Lo besó suavemente, casi rozando sus labios sobre los suyos que eran tan cálidos y dulces de sentir.

—Te amo— Dijo sobre ellos contemplando los ojos cerrados de Deku, quien se permitió ser besado por él.

Se besaron lento, disfrutando de la compañía del otro, ensimismados en su propio universo, como si el mundo fuera de su burbuja se asemejara a una cortada brusca. Se besaron dichosos, pero por sobre todo, porque se confesaron sus sentimientos sabiendo que él pudo haber perdido y para siempre a Deku.

Ambos estaban en la misma sintonía de nuevo, luego de que una eternidad los invadió, pero que ahora no los acecharía para separarlos jamás.

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P.D. Qué tal el capítulo? Otro de Bakugou, esperando que les haya gustado.

Pueden comentar.

Ya casi estamos al final.