Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus autoras Mizuki e Igarashi. Esta historia es de mi autoría como todas las que he escrito y lo hago sin fines de lucro, solo por entretención.
Junto a Ti
CAPITULO XVIII
Los celos de Albert
Tom regreso a Michigan, con el corazón destrozado por haberse encontrado con Luisa y darse cuenta de que era una mujer inalcanzable para él. Sus mundos eran muy diferentes, donde ni siquiera tenía la posibilidad de ser su amigo, el señor Steel se lo había dejado muy en claro así que eso era algo que nunca tendría que olvidar.
Ese día que llego a su rancho, después de darse un baño se dirigió al hogar de pony para hablar con Candy, se imaginaba que la chica estaba preocupada por él, ya que le había suplicado que no cometiera una locura con el patriarca de los Andrew.
—¿Tom, por favor dime que no le hiciste daño a Albert? -le preguntó Candy afligida por el hombre que amaba.
—Tranquila, no pude hablar con él.
—¿No te quiso recibir?
—No fue eso. Cuando llegué a la mansión Andrew, me encontré con Luisa -contestó recordando ese momento -Se veía tan bonita, me dio un fuerte abrazo.
—¿Platicaron?
—Un poco, después apareció su padre y me hecho de mala forma de la mansión. Me prohibió que me acerque a su hija.
—Ese señor es muy orgulloso. Tom no debiste ir a Chicago.
—Lo se… rencontrarme con Luisa, me hiso darme cuenta de que el peor error de mi vida fue enamorarme de ella.
—Ya Tom, no te pongas así -lo abrazo Candy -Tenemos que ser fuerte y salir adelante, no vale la pena que suframos por ellos que están felices de la vida.
—Eso es verdad, Luisa se ve tan contenta con su boda con Albert…bueno con William Andrew.
—Si…ellos pronto se van a casar -dijo la rubia sintiendo un dolor en su corazón.
…
En la mansión Andrew, el señor Steel estaba muy inquieto por la situación de su hija, temía que la boda de ella con William Andrew no se llegara a realizar. La actitud de él lo hacía sentir sospechas como si su futuro yerno tuviera otro interés en Candy, y aquella visita de ese muchacho llamado Tom, lo preocupó a un más, sintiendo que ese vaquero estaba interesado en Luisa. Así que iba tener que tomar medidas, para que ese matrimonio se concretara lo antes posible
Esa tarde aprovechando que su hija había salido de compras, aprovechó para bajar a la biblioteca y hablar con el patriarca de los Andrew.
—William, deseo hablar contigo -le dijo el señor Steel desde la puerta que estaba abierta.
Albert se encontraba sentado en el escritorio, mirando unos documentos.
—Pase, señor Steel -contestó.
El hombre ingresó completamente a la biblioteca y se sentó frente del joven millonario.
—¿Tiene algo que decirme, señor Steel? -le preguntó Albert.
—¿Quiero saber cuándo van a comenzar con los preparativos de la boda?
—Me imagino que pronto.
—¿Quiero fechas? ¡Esa boda debe realizarse lo más pronto posible!
Albert apoyo las manos en el escritorio.
—No creo que haya apuro, señor Steel.
—Yo pienso que sí, William -replicó el hombre con autoridad - Llevas mucho tiempo de novio de mi hija, así que ya es tiempo que ustedes se casen de una vez.
El rubio molesto por la actitud de su futuro suegro, se levantó del escritorio.
—Señor Steel, no le voy a permitir que usted me venga a presionar, lo de mi boda con Luisa es problema de ella y mío, así que le voy a pedir que no se entrometa.
—Bueno…yo…solo quiero ver feliz a mi hija. Ella te ama tanto que anhela mucho casarse contigo.
—Eso lo sé muy bien, pero todo a su debido tiempo -le aclaró Albert - Antes tengo que hacer un viaje a Lakewood para resolver un asunto.
El señor Steel levantó una ceja.
—¿Te iras solo? ¿Mi hija lo sabe?
—Si…serán un par de días, pienso volver pronto. ¿Tiene algo más que decirme, señor Steel?
—No, nada más -se levantó de la silla -Que tengas un buen viaje.
—Gracias…
El padre de Luisa apenas salió de la biblioteca se dirigió a buscar a Elroy, donde le conto lo que estaba pasando con Albert. Aquella declaración dejo muy preocupada a la anciana, pensando que algo tenía que hacer para alejar a Candy de su sobrino para siempre.
…
Para su suerte, ese mismo día en la tarde llego el señor Drummond a la mansión Andrew, quería hablar con el patriarca de la familia, ya que durante la mañana había hablado con su hijo, respecto a su interés de querer cortejar a Candy.
Elroy lo recibió en el salón.
—Señor Drummond, que placer tenerlo aquí -lo saludó la anciana dándole la mano.
—Señora Elroy, yo vine porque deseo hablar con William Andrew.
—Mi sobrino no se encuentra en estos momentos, anda en una reunión muy importante.
—¡Qué lástima! Me urgía hablar con él.
—¿Lo puedo ayudar en algo?
—Se trata de mi hijo Joseph. No sé si usted sabe que él conoció a la hija adoptiva de William y bueno…se enamoró perdidamente de ella.
—Vaya no lo sabía…-dijo la anciana mintiendo, ya que Sara se lo había contado.
—Él está empeñado en querer cortejarla, claro si el señor Andrew lo permite. Por eso quería hablar con él.
—Comprendo…señor Drummond.
—¿Usted cree que el acepte que mi hijo pretenda a su hija?
Elroy se quedó en silencio, pensando que la mejor manera de deshacerse de Candy era casarla con algún joven, así Albert no tendría la necesidad de seguir ocupándose de ella.
—Bueno… en realidad mi sobrino quiere un hombre serio, de buena familia para Candice y yo pienso que su hijo cumple esas condiciones, así que no habría ningún problema.
—No sabe lo feliz que me hace con lo que me dice. Mi hijo esta tan ilusionado con Candice, que va a estar muy contento con la noticia que le voy a dar.
—Me imagino, estoy segura de que cuando Candice se enteré también se va a poner muy feliz -comentó Elroy con una sonrisa.
Minutos después el señor Drummond, se marchó de la mansión Andrew, justo cuando Albert venia llegando con George, pero no alcanzaron a intercambiar ni una palabra.
Albert y George ingresaron al salón.
—¿Tía, a que vino el señor Drummond? -le preguntó Albert.
—Vino hablar contigo -respondió.
—¿Y que deseaba?
—Pedirte autorización para que su hijo Joseph corteje a Candice.
—¡Que! -exclamó Albert sorprendido.
—Lo que escuchaste. El hijo del señor Drummond, está muy interesado en tu hija adoptiva, así que por lo visto pronto vamos a tener otra boda.
Albert apretó los puños sintiendo unos profundos celos.
—Eso si yo doy mi autorización.
—No tendrías por qué negarte, William. ¿No crees que ya es tiempo que Candice se comprometa con algún joven?
—¡No lo creo tía! -replicó el rubio -No voy a obligarla a querer comprometerse con alguien que no quiere.
—Y si ella si está interesada en ese joven.
—Tía, eso a ti no te consta.
—Sara y Elisa los vieron juntos, así que entre ellos existe una relación.
—Eso voy a preguntárselo a Candy cuando la vaya a visitar al hogar de pony -dijo Albert marchándose molesto del salón.
…
Días después…
Albert junto a George se fueron a Lakewood, donde pasarían unos días y Albert poder solucionar sus diferencias con Candy.
Apenas llegó se dio un baño y tomó un caballo que lo llevara al hogar de pony, habría llegado más rápido en automóvil, pero la tarde estaba tan hermosa que prefirió cabalgar, para disfrutar del hermoso paisaje del lugar.
Mientras cabalgaba pensaba en tantas cosas, en no poder recordar cuando estuvo desaparecido, en su boda con Luisa y en por que su protegida se había portado tan duramente con él. Le urgía verla lo antes posible y poder llegar a un entendimiento con ella, pero también preguntarle si era verdad que entre ella y Joseph Drummond existía una relación. Eso lo tenía muy inquieto, tan inquieto que le daba hasta miedo que Candy le confirmara que eso era verdad.
Si darse cuenta llego a la alta colina y desde ahí se quedó observando el hogar de pony, rodeado de niños que andaban jugando alegremente. Una sonrisa salió de sus labios y sus ojos se iluminaron cuando vio aquella chica rubia, que esa tarde lucía un bello vestido estampado, que la hacía verse preciosa.
—Ya niños, es hora de lavarse las manos, para entrar a cenar -le ordenó Candy.
—Queremos seguir jugando -se quejaron los niños.
—Es hora de comer, después les voy a leer un cuento.
—¡Genial! -exclamaron con alegría y entrando al hogar.
Candy iba entrar con ellos cuando, una voz conocida la interrumpió.
—Pequeña…
—¡Albert! -exclamó sobresaltada, viendo al hombre que amaba frente a sus ojos.
Él se bajó del caballo, se acercó a ella y le dio un fuerte abrazo que dejó casi sin respiración a la rubia.
—Pequeña, no sabes cómo te extrañado, me duele tanto estar alejado de ti.
Candy sentía ganas de llorar con esas palabras, porque ella sentía lo mismo hacia él, sin embargo, él la había lastimado tanto que no podía dejarse llevar nuevamente por sus mentiras.
—¿Me imagino que has venido a comunicarme que ya no soy tu hija adoptiva? -le preguntó apartándose de él.
—Candy otra vez con lo mismo, tú sabes que nunca te voy a quitar mi apellido.
—Albert, comprende que no deseo seguir siendo una Andrew.
—¿Por qué? -le preguntó mirándola desesperado -No comprendo por qué has cambiado tanto conmigo. Se que te mentí al no revelarte que era el tío William, pero eso no es para que te pongas así.
—Eso es lo que menos me importa, lo que me duele que me hayas engañado en la forma que lo hiciste.
—¿Engañado?
—Si. Me engañaste y eso jamás te lo voy a poder perdonar. Ahora es mejor que te vayas, los niños me esperan para cenar. Y no te olvides que tienes que hacer los trámites para dejar de ser una Andrew.
—Quieres dejar de ser una Andrew por Joseph Drummond, ¿verdad?
Candy lo miró frunciendo el ceño.
—¿Tu conoces a Joseph?
—Conozco a su padre. ¿Tu como lo conociste?
—El día de la fiesta de tu presentación.
—¿Que hay entre ustedes?
—Haber, Albert -cruzo los brazos -¿Que me quieres decir con esa pregunta?
—El padre de Joseph fue a la mansión, para pedirme autorización para que su hijo te corteje.
—Vaya me siento muy alagada que Joseph me quiera pretender.
—¿Entonces tú estás de acuerdo?
—Por supuesto que sí, tío William -contestó Candy provocando unos celos de Albert que en ese instante no pudo controlar.
Se acerco a ella y la tomó por los brazos posesivamente, sin dejar de mirar esos ojos verdes, pensando que eran los más hermosos que habían visto en su vida.
—¡Eso no puede ser! Tu no estas enamorada de ese joven. ¿O si lo estás?
Candy se introdujo en su mirada, deseándole decir que el único hombre que estaba en su corazón era solo él, pero no, él no debía conocer sus verdaderos sentimientos, lo mejor era que pensara que ella estaba interesada en Joseph.
—Si, Albert, estoy enamorada de Joseph Drummond - contestó la rubia para que él sintiera celos, los mismos celos que ella sentía cuando lo veía con Luisa -Así que dile a al señor Drummond que le diga a su hijo que me puede cortejar.
—Estas loca, si piensas que voy hacer eso.
—Tienes que hacerlo, se te olvida que eres mi padre adoptivo.
—Pero ahora, soy yo el que no quiere serlo -le confesó besándola inesperadamente.
Continuará…
Hola lindas chicas
Espero que se encuentren muy bien. Disculpen por no haber podido actualizar antes, he estado corta de tiempo. Aqui les dejo otro capitulo, espero que les guste y me manden sus comentarios que resivo encantada.
Saludos y agradecimientos a las chicas que comentaron el día anterior :
Yessy, Mary silenciosa, Sandra Carreo, elbroche, Guest, Bunny, Guest, Rosario escobar, Bslderas, Guest, elenharket2, LovlyArdley, Maribel, Evelyn, MadelRos, Coqui Andrew, Guest, Sunnystar95, Hellen, Guest.
Un cariñoso abrazo a la distancias.
