El nuevo Lord Protector

Capítulo 37: Interludio


Querida Kagome-sama

Como siempre, suelo escribirte cada mes, para contarte como va todo por aquí, y que no te preocupes, si es que lo haces, por mi estando en este lugar tan extraño. Ya vuelve a ser primavera de nuevo, y los jardines se han llenado de flores de nuevo. Han pasado dos años desde mi decimoséptimo cumpleaños, y como te contaba en otras cartas, he aprendido mucho.

Hace un año exacto de que me casara con mi honorable esposo Sesshomaru, un año en el que he seguido aprendiendo muchas cosas sobre gobierno, diplomacia, mas mi formación propia como mujer y esposa. Esto último fue de lo que más necesito hablar desesperadamente a alguien. Antes de casarme, descubrí que no soy lo suficientemente resistente para estar de verdad al lado de él, siempre seré humana. Antes de casarme descubrí que mi amado es venenoso para mí. Pero no me rendí, cumplí mi promesa de seguir a su lado, y cumplo como esposa lo mejor que puedo.

Es bastante gracioso pensar que hasta me veo obligada a alejarme hasta en las situaciones más cotidianas. No es del todo recomendable compartir comida con él, además de hacerla desaparecer, los palillos acaban destrozados. Tampoco puedo ni siquiera encargarme de su espalda o de su pelo cuando se baña. Tampoco quiere dormirse a mi lado por temor a hacerme siquiera un rasguño con sus filosas garras, por no hablar de lo tortuoso que es tenerle cerca, sentir su aliento y no poder robarle siquiera un casto beso.

Rin paró de escribir unos instantes mientras recordaba. Le entró la risa de una manera un tanto triste al pensar en todas las formas que había ido buscando para acercarse a su esposo más íntimamente, en las que no corriera ningún peligro. Una de esas veces, decidió, tragándose toda la vergüenza, a ir a ayudarlo a lavarse la espalda y su pelo mientras se daba un baño en las aguas termales que tenían dentro del palacio:

Dio unas palmadas contenta, ya tenía todo preparado para ir a ayudarlo. Le había elegido un yukata para que se pusiera, además de que había encargado ya que le tuvieran preparada una cena para cuando volviera de su baño. Llevaría también consigo un peine para ayudarlo, y un aceite perfumado con esencia de sándalo y eucalipto para relajarlo. Casi el mismo olor a bosque que sentía naturalmente en él. Levantó la cesta en la que había acomodado todo lo que había preparado, y se la colocó en la cabeza para empezar a atravesar la serie de puertas hasta terminar de salir de todas las estancias que conformaban sus habitaciones. Lo había seguido y para su sorpresa, en su momento, no habían ido a vivir al bosque como antaño, pero sí en un sitio en el que se podía perder de todos modos. Apenas terminó de salir, giro al este, la única dirección que se mantenía siempre igual. Con el tiempo descubrió que parte de la culpa de que ella siempre se perdiera es que las habitaciones y pasillos cada tanto cambiaban de ubicación, y esto era, porque ciudad palacio en realidad no era un edificio cualquiera. Comenzó como una maltrecha casa que había sido poseída por un zorro mágico en sus últimos años de vida. Más adelante, con la llegada de Tōga, el general perro, y más tarde Sesshomaru, esa casucha se había comenzado a alimentar de la energía demoníaca de ambos, y creciendo y expandiéndose de la misma manera que lo habían hecho sus territorios en las Islas. Cada nueva conquista daba un nuevo espacio, por no hablar de que, siendo un zorro, la costumbre que tendría, sería de intentar hacer perder a sus habitantes en su interior, haciéndoles jugarretas. Lo que no entendía, pensaba mientras atravesaba uno de los jardines con paso decidido a las termas, era como un dragón de verdad estaba petrificado formando los cimientos de la casa, teniendo en cuenta el origen humilde de esta.

Atravesó un arco que indicaba un camino que se internaba en la vegetación, la cual además de cada vez más espesa, se desdibujaba con los vapores de las aguas termales y la llovizna provocada por la cascada por la que había que pasar antes de llegar a ellas. Agradeció en su fuero interno no haberse puesto sandalias ni ropas que se arrastrará o se habrían quedado impregnadas en fango. Por fin llegó hasta donde se suponía que estaba Sesshomaru tomando un baño y lo llamó para hacerle saber que estaba allí para él.

—No deberías estar aquí, Rin.

—¿Ahora que pasa? Sólo venia a ayudarte con tu espalda y cabello así podía estar un rato contigo sin que nos molestaran… —contestó haciendo un puchero.

A un par de metros de ella se encontraba su esposo, metido dentro de las aguas, dándole la espalda.

—Tengo garras venenosas, y yo y mis garras nos hemos estado remojando durante bastante tiempo en el agua. No creo que sea recomendable que te mojes con ella, ¿no crees?

Rin casi se golpeó a si misma al caer en la cuenta. Claro. Su adorado esposo también volvía venenosa el agua.

—Entonces… Me iré, ya te esperaré a que vuelvas conmigo… lo siento

—No veo razón por la que debas irte —le dijo dándose la vuelta, apoyándose en sus brazos en el borde de la piscina semi natural en la que se encontraba.

Y así en esa posición se quedó, relajándose durante el resto de la tarde, mientras Rin hablaba o cantaba, haciéndole compañía, aunque cada tanto se sintieran tan lejos.

Intentando no ponerse triste como siempre por no poder estar a su lado como esposa, empezó a reír pensando en cómo Sesshomaru no se quitaba su estola ni para bañarse, por lo que luego siempre tenía que bañarse debajo de la cascada para no tener veneno encima y dejar que ella lo ayudara a secarse el pelo y la estola. Era una tarea bastante difícil, si además tenía en cuenta que con su educación, tenía que resistirse con todas sus fuerzas a no simplemente sacudirse el agua como un perro.

Inspiró largamente para suspirar, y siguió escribiendo:

Es bastante descorazonador por fin escribir esto en papel, no paro de recordar todas las situaciones en las que descubría algo nuevo que no podíamos hacer juntos, a pesar del optimismo con el que continuamente intento tomármelo. Normalmente nunca te he contado acerca de esto, porque yo estoy bien, estoy feliz, estoy bien cuidada, que es lo verdaderamente importante. Pero es una situación que cada vez pesa más sobre mí.

Se lo comenté a Sesshomaru, quiero encontrar una solución a esto, tiene que haberla. Al principio se negó, luego empezó a buscar por su cuenta, por lo que volví a pedirlo. Desde entonces llevo entrenándome con los tengus en el arte de la espada, para no estar completamente indefensa en mi viaje. Admito que me queda muchísimo, pero he de admitir también que al menos contra animales y bandidos podría defenderme. Sesshomaru también me prometió que podría llevarme a Yuuki-san y Atsuko-san conmigo, y obviamente como señora de estas tierras podré llevarme criaturas conmigo.

Esta es la razón de esta carta. Dentro de unas semanas estaré allí de nuevo en la aldea, para comenzar por mi lado la búsqueda, espero que contando con la ayuda de alguno de vosotros.

El pequeño Souta-chan o Kikyo-chan, si es que al final has decidido llamarlo así, ya debe de contar con casi dos años cumplidos, muero de ganas por conocerle. Espero que haya heredado los hermosos ojos de la familia de su padre, y la amabilidad de su madre.

Con ansias de veros a todos otra vez

Rin

Una mano le robó en pincel, empezando a continuar la carta, con una cursiva perfecta, que todavía le daba bastantes dificultades a Rin para leer.

—¿Qué haces? ¡Arruinas mi carta!

—De todos modos nunca las envías, utilizas la excusa de escribirle a la mujer del bestia para practicar tu caligrafía y expresión escrita.

—Le escribiría de verdad si no estuvieras en constante lucha por los territorios y todo fuera más pacífico como para no preocuparme porque intercepten las cartas.

—Ya te dije que yo mismo podía dejarles las cartas que escribes.

—Pero entonces no sería justo que tú los vieras y yo no.

—Sabes que yo no iría por gusto a ver a Inuyasha —dijo casi escupiendo con desprecio el nombre de su hermano— sólo iba a verte a ti, y tú estás aquí. No se me ha extraviado nada en esa aldea.*

Rin abrazó a Sesshomaru, haciendo un puchero, mientras la carta quedaba completamente arruinada por el pincel que salió rodando por quedar mal colocado. De entre lo que podía leerse aún de lo escrito por Sesshomaru, se entreveían diferentes amenazas en el caso de que le pasara algo a Rin, y alguna recomendación a Kagome de que fuera firme con la educación de su hijo, para que no saliera como el padre.

En el fondo, su esposo, aunque no lo decía abiertamente, parecía siempre preocupado por proteger a todos. Lo beso en la mejilla, para levantarse, y cogerlo delicadamente de la mano, para que la acompañará a ver el atardecer. Este sería el último que pasarían juntos, había decidido ella, hasta que por fin pudiera de verdad estar a su lado como esposa.


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¡Hola mi gente hermosa!

Sí, Nuestra Rin no se va a quedar de brazos cruzados. ¿Por qué va Rin y no Sesshomaru? Bueno, ir por la vida pidiendo "por favor ayuda con mi veneno, no quiero matar a mi esposa", pues no le iba a resultar mucho, así que dejemos lo de pedir ayuda a Rin. No os preocupéis, que les pienso reunir dentro de poquito. Han pasado dos años desde que Rin abandonara la aldea. ¿Creéis que habrá cambiado mucho? ¿Y en qué sentido?

En fin, espero que no haya tomatazos por esta triste excusa de capítulo, pero aunque tengo visualmente en mi cabeza el perfecto orden de acontecimientos que sigue, no tengo ni la más remota idea de cómo escribirlo. ¿Cómo demonios hacen los guionistas para describir algo que se hará luego en audiovisuales? La vida es hard.

Como siempre en estos días, espero que tod s l s que me leéis estéis bien. Yo por primera vez estoy agradeciendo que la mayoría de mi familia esté en Argentina y no en España. Mucho ánimo a tod s, que todo va a salir bien.

¡Muchas gracias por leerme! ¡Un besazo enorme (virtual, no nos olvidemos del metro y medio de distancia de seguridad ;)) a todos y hasta la próxima!