Parte 17.
Pequeña y Frágil.
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Candy había estado hablando con Neil, quien le sorprende su forma tan cariñosa de tratarle, siempre ha sido así, pero pensó que al saber que estaba saliendo con otro hombre dejaría de hacer, pero Neil es Neil y siempre sale con cada cosa como justo ahora… podría haber seguido con sus cavilaciones, pero unas gotas de agua cayeron en su cabeza y en la pantalla apagada del aparato, automáticamente eleva su vista al cielo y una nueva gota le moja la frente, se refugia bajo el techo de la parada mientras cierra su abrigo, la brisa que corrió en ese momento le dio frío; finalmente el coche negro de Anthony se detiene delante de ella, y cuando estaba a punto de abrir la puerta recibe una llamada, es el mismo número desconocido de la vez anterior, curiosa decide contestar
Ca- ¿diga?
xx- ¡¿se puede saber qué haces con mi marido? Gorda asquerosa!
El rubio la observa, ella se ha quedado de piedra, por un momento creyó haber escuchado mal
Ca- ehhh… lo siento, creo que se ha equivocado de número
xx- ¡qué más quisieras desgraciada! Sé que eres Angese y que trabajas en "La Perla Roja" y que te estas acostando con mi marido ¡eres una golfa! ¡Una cualquiera! Infeliz ¿qué pensabas, que nunca me daría cuenta?
Ca- ¿qué? - ¿pero qué es esto? Lo veo a él frente a mí y me parece absurdo lo que esta mujer me dice
Anthony al ver como Candy perdía los colores del rostro se removió de su lugar para abrirle la puerta desde adentro, pero ella no hizo ni un movimiento por entrar en el coche, sus sentidos simplemente estaban concentrados en lo que le decía la desconocida
xx- eres una pobre infeliz que se creyó que tontas promesas de amor, solo lo hizo para aprovecharse de ti y follarte para después despreciarte como a una cualquiera, como a una apestada
Ca- ¿aprovecharse?
xx- ¡deja de buscarlo y de mandarle fotos! Aléjate de él ¡es mi marido! Y nunca me dejará para irse contigo, nunca estará contigo, simplemente fuiste un juego para él, y caíste como lo perra que eres, gorda asquerosa, desgraciada, infeliz
Ca- creo que se equivoca, no sé quién es su marido, así le exijo que deje de insultarme a lo loco
xx- no te hagas la inocente conmigo, sabes perfectamente de quién hablo ¡Terrence Antonio Bower es mi marido! Llevamos siete años casados y tenemos una hija
Ca- ¿una hija? ¿¡Quéee!? - ¿Anthony es su marido?
Al escuchar esas palabras el rubio abrió los ojos como platos, por lo visto lo habían pillado
xx- mira infeliz, sé que está por el restaurante, deja de acosarlo, si dejo de trabajar ahí fue para alejarse de ti, porque no le interesas ¡eres una furcia por querer deshacer mi matrimonio! Pero ten por seguro que las vas a pagar caro toda esta maldad que me estás haciendo, porque lo tuyo es una sinvergüenzada, mira que meterse con un hombre casado…
Ca- ¡déjame en paz!
La rubia cancelo la llamada, ya no quería seguir escuchando más… estaba confundida, herida, ofendida y sobre todo, engañada por el hombre que está bajando del coche para acercarse a ella
TA- Angese ¿qué pasa?
Ca- pasa que me acaba de llamar una mujer que dice ser tu esposa y madre de tu hija ¿es cierto?
TA- ¿cómo dices? ¿Cómo…
Ca- ¡no me quieras ver la cara y jugar con mi inteligencia Anthony! Dime ¿estás casado SI o NO?
Poco le importaba a ella que un que otro desconocido se enterase de lo que estaba pasando entre ellos, necesitaba saber la verdad inmediatamente; Anthony estaba desconcertado, no sabía cómo manejar la situación, se le había salido de las manos en un abrir y cerrar de ojos
Ca- ni siquiera eres capaz de decírmelo a la cara ¡eres un sinvergüenza! Ni te imaginas las de cosas que me dijo esa mujer y resulta que eres tú el culpable
TA- espera Angese, déjame explicarte
Ca- ¡Vete a la Mierda!
Soltó esas palabras con tanta rabia que más de uno se giró a verlos; la lluvia disimulaba las lágrimas que brotaban de las esmeraldas, pero él sabía perfectamente que la había lastimado cuando no era esa su intención. Candy no pensaba seguir delante de Anthony viendo como este jugaba con sus sentimientos, se dio la media vuelta y empezó a caminar en dirección contraria a la de los coches, de esta manera le sería difícil que pudiera seguirle.
La rubia estaba que no la calentaba ni el sol, si este hubiese estado visible; estaría echando humo hasta por las orejas, sino fuese porque las gotas de lluvia apagaban las llamas, pero no podía calmar el desasosiego de su interior, simplemente no se lo esperaba
Ca- realmente fui una estúpida ¿cómo no me di cuenta antes? Por eso nunca se quedaba a dormir… cuando me dijo en fin de año que sus padres habían alquilado una casa a las afuera, era con ella con quien estaba, por eso no me llamó ni un día… de seguro ni cierto es que tiene un hermano, sino que se refería a su mujer… aaahhhh ¡pero qué estúpida soy! No tuve suficiente lección con Neil y Terry para volver a cometer el mismo error ¡fijarme en el hombre equivocado!... dooooooos ¡joder Candy, la has cagado pero bien cagado!
La rubia se detiene en un cruce y no puede evitar apoyarse en el tronco de un árbol con sus manos, los recuerdos de días pasados junto a Anthony la estaban torturando, quería gritar, patalear, es más haberle dado una hostia al sinvergüenza por haberla engañado.
Estuvo caminando bajo la lluvia casi dos horas hasta que llegó a su casa, estaba empapada hasta la médula, tiritaba de frío, de rabia y dolor, al entrar a su piso se dejó caer de rodillas frente al sofá y lloró amargamente hasta quedarse dormida. En la madrugada se despertó sintiendo su boca pastosa, tenía el cuerpo entumecido por la posición en la que se había quedado todas esas horas, se levanta y quita sus ropas, se mete en la cama desnuda, pero al sentir el olor de él en la camisa que estaba sobre la almohada, las lágrimas brotaron nuevamente.
A las siete de la mañana estaba llamándole Anthony por teléfono pero ella no contestó, se levantó de la cama, sentía la cabeza como un bombo, los ojos le arden y le cuesta respirar. Calienta un poco de agua y luego añade dos bolsitas de té de manzanilla, se bebe un ibuprofeno, regresa a la cama y toma las bolsitas del té para ponerlas sobre sus ojos y que estos le alivien el malestar que siente.
Candy parece en estado de shock, se ha sumido en un mutismo que le ha restado brillo y vitalidad… aún le cuesta creer todo lo que ha pasado, parece reflexionar y recuerda con dolor todo, cuando lo vio por primera vez el día que entró a trabajar… su mirada, esa sonrisa perversa, la traviesa, la picara, la dulce, la forzada, de todas se recordaba. Sus insinuaciones perversas cifradas tras esos ojos azules, el beso en el cuello, el beso en el balcón cuando pensó que era otro, la primera noche que estuvieron juntos.
Como ella había cambiado y acoplado a sus caricias, besos y sexo… él había aportado luz y dulzura todo ese tiempo, Anthony se había comportado celoso y posesivo desde un principio cuando nunca se le había ocurrido engañarle, sin embargo este si había sido el perfecto embaucador.
Candy trabaja como si fuera en automático, intenta que el trabajo le sirva de refugio pero a la vez cada rincón le recuerda al fantasma de Anthony cuando él trabajaba ahí, es capaz de ver su figura acercándose al paso con una taza de café con leche… al lado del pica lavando los cacharros y se gira para sonreírle… cree que está abriendo la puerta de cocina y asoma su cabeza para saludarla… levanta la portezuela del paso y se acerca a la barra observa la sala y puede ver claramente como Terry camina casi saltarín hacia el interior de la barra con una bandeja en mano; ella se gira hacia donde está Jules tomando nota de la bebida que hay en las neveras para poder reponer, le observa hacer su trabajo y ve la figura del rubio haciendo las cosas, luego levanta su rostro para verla y sonríe amable, este le saluda
TA- hola amor
Candy parpadeó un par de veces y se sorprende, su fantasma le habla
Ca- ¿cómo dices?
Jul- te dije "hola Anges"
Ca- ahhh… perdona, hoy se me va un poco la pinza
Jul- ya veo ¿necesitas algo?
Ca- ehh… sí, podrías ver si hay en el botiquín algún ibuprofeno o paracetamol, siento que la cabeza me va a explotar y hacerme un café para quitarme este empanado que llevo encima
Jul- pero si te duele la cabeza no creo que sea conveniente que bebas cafeína
Ca- ¡oh vamos Jules! Ya has visto lo empanada que estoy, de verdad que necesito espabilar para hacer todo
Jul- vaaale… veré que encuentro
Ca- gracias
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Por nada del mundo Candy quería que alguien del restaurante se enterase de lo que estaba pasando por su cabeza… realizó el servicio de las comidas lo mejor que pudo pero inevitablemente se siente débil; cuando Elisa llegó tenía una sonrisa diabólicamente perversa decorándole la cara, con su maquillaje exagerado, labios rojos, delineado grueso y pestañas postizas, un perfume escandaloso quedaba como rastro de su paso por el local, esa mujer parecía siempre que llegaba a ligar y no a trabajar.
Cuando salió del trabajo recordó las de veces que ella dejaba el local y se acercaba al lugar donde siempre aparcaba su moto, este le extendía un casco para poder marcharse juntos; pero este no era el fantasma de un recuerdo, en verdad Anthony estaba ahí pero ella simplemente se limitó a endurecer su mirada seguir como si este fuese transparente. Entró al metro rápidamente y llamó a Neil
Ne- ¡Hello Mitxy!
Ca- hola Neil ¿estás ocupado ahora?
Ne- un poco ¿por qué?
Ca- quería verte, me dijiste que querías quedar conmigo o ¿ya no quieres?
Ne- claro que sí preciosa ¿en dónde estás ahora?
Ca- voy saliendo del trabajo y estoy en el metro de Urquinaona
Ne- ¿qué te parece si te vienes hasta la parada "el Carmen" de la línea cinco? Yo te recojo en el coche y vamos a tomar algo por ahí
Ca- vale… nos vemos ahora
La rubia termina la llamada y espera el par de minutos que faltan para que pase la máquina, iría un par de estaciones más hasta llegar a Maragall y hacer trasbordo de la línea amarilla a la azul para llegar donde habían quedado. Bower pensó que ella se dirigía para su casa y se fue hasta ahí para esperarla y poder hablar con Candy pero esta no apareció; la paciencia no es que se pueda decir que es una de sus grandes virtudes, ya que pasada media hora se va muy molesto.
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Ca- está mal… sé de sobra que está mal acudir a Neil cuando justo ahora todo se ha ido a la mierda con Anthony… pero es que ahora necesito escapar, olvidar por un momento todo lo que está pasando… joder Albert ¿en dónde estás?
Candy llegó al punto de encuentro, un par de minutos después pasa Neil en su coche blanco y se van a dar una vuelta, ella lo escucha en su parloteo peculiar
Ca- se le ve entusiasmado por sepa judas qué razón, sinceramente no le estoy siguiendo el hilo a la conversación… le observo detenidamente y sin duda alguna se puede leer en su rostro que es un pícaro y don Juan, le gusta beber… sabe beber, pues me ha hecho probar varios cócteles, incluso los de su propia creación, también tiene varias anécdotas graciosas relacionadas con el alcohol; a comparación de Anthony que con dos cervezas se enchispa y se le sube a la cabeza… sabes perfectamente que no fumo, pero me has ofrecido un cigarrillo, te has sorprendido que hoy he aceptado y me encendí uno… no me lo explico, sin querer los estoy comparando, hay tantas cosas que les hace tan diferentes, son como el agua y el aceite, como el día y la noche, más opuestos que el norte y el sur; tonta fui al pensar que Anthony me convenía más que Neil, como si de uno de ellos podría haber un ganador… mmmmggg
Ne- Angese ¿estás bien?
Ca- ¿ehh? Sí, claro
Ne- ¿seguro? Sabes que puedes contar conmigo para lo que sea, si es que a tu chico no le importa que yo te ayude
Candy sonríe amargamente de lado, suelta un suspiro y da una bocanada a su cigarro, intenta retener el aire un poco pero este le hace picar la garganta y el pecho
Ca- si te dije que quedáramos es porque lo que necesitaba era verte y hablar como siempre… él no tiene nada que ver
Ne- está bien, si tú lo dices, de seguro es que te sientes cansada… tampoco es que tengas muy buena cara
Ca- sí la verdad un poco ¿te importaría llevarme a casa ahora?
Ne- para nada preciosa, lo mejor será que descanses, así tu chico se dará cuenta que te has portado bien porque llegas pronto
Ca- ¡cállate quieres! Menuda gilipollez
Ne- hahahaha no te enojes, solo es una broma
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Candy le agradeció el haberle acompañado todo ese rato y haberla distraído con sus locuras, luego entró a su casa y se duchó antes de irse a dormir, se siente un poco irritada, de seguro tiene algunas décimas de fiebre, así que decide tomarse un té de manzanilla con miel y limón.
A la mañana siguiente va a trabajar como siempre, pero su instinto le dice que algo no va bien, el señor Ripoll está todo serio y la rubia experimentó un deja vú como la vez que le llamaron la atención; nuevamente estaba Bower esperándola a la salida y ella lo volvió a ignorar, si por algún momento pensó que debían hablar, desechó la idea pues aún se siente rabiosa de solo recordar lo pasado, y está segura que no sería muy coherente terminaría discutiendo y podría decir algo de lo que seguro se terminaría arrepintiendo o simplemente se había alejado como lo hizo con Terry, sin siquiera cruzar palabra alguna. Anthony fue a esperarla frente del portal de su edificio, pero Candy se había ido a ver a sus amigas al "Forn Lujo".
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Pensar que Elisa estaba tan concentrada en su trabajo sería contar un chiste muy malo, Angese no se imagina lo que se le viene encima.
