Disclaimer: Las Crónicas de Kane son propiedad de Rick Riordan
¡¿Cómo?! ¿Subo un nuevo capítulo cuando en su momento dije que no actualizaría esta historia hasta que, al menos, La Maldición del Titán estuviese completa? ¿Pero qué ha pasado?
Vale, me explico. Como ya sabréis lo que habéis leído los últimos capítulos de Conociendo el futuro 4 y de Leyendo Percy Jackson y los Dioses del Olimpo sabréis que por accidente perdí prácticamente todos los datos que tenía de estas historias. Así que mientras me releía las otras historias, aproveche y también repase esta. El caso es que me di cuenta de que tampoco me quedan tantos capítulos para terminar, así que pensé que podría darle un pequeño impulso y terminar esta historia. Aunque os dejo una cosa clara, mis prioridades seguirán siendo Conociendo el futuro y Leyendo Percy Jackson y los Dioses del Olimpo así que tampoco esperéis actualizaciones muy seguidas... o al menos hasta que termine con La Maldición del Titán.
En el caso de Los libros sobre los héroes, ya que son capítulos largos, por ahora permanecerá en espera. A lo mejor, más adelante tendréis una actualización, pero no esperéis nada.
—Me pido leer el siguiente —pidió Neftis con tranquilidad, mientras se levantaba y tomaba el libro que Leo tenía en sus manos—. Hombres pidiendo direcciones (y otras señales del Apocalipsis) —leyó en cuanto hubo regresado a su sitio.
—¿De verdad, Sadie? —le preguntó Carter con una ceja levantada.
—¿Qué? A mí eso me parece una buena señal del Apocalipsis —respondió Sadie.
No me explico cómo lo conseguí con Carter y Zia lloriqueando al lado,
—¿Seguro que no te estás confundiendo de personas, Sadie? —preguntó Zia.
—No, creo que no.
—Pues yo diría que sí.
pero al final me había dormido un rato en la parte trasera de la cabina. Incluso después de emocionarme al ver vivo a Amos, en cuanto volvimos a ponernos en marcha, volví a adormecerme en la cama. Supongo que un buen hechizo ha-di puede dejarte molida.
Naturalmente, mi ba lo interpretó como una oportunidad de viajar.
—Cómo no —dijeron la mayoría.
No quieran los cielos que descanse tranquila alguna vez.
—¿Descansar? ¿Cuando tienes que salvar el mundo en tiempo límite? ¡Menudo chiste más gracioso! —dijo Thalia con cierto sarcasmo.
Volví a encontrarme en Londres, a orillas del Támesis. La Aguja de Cleopatra se alzaba delante de mí. Era un día gris, fresco y tranquilo, y hasta la peste del fango cuando hay marea baja me hizo sentir añoranza.
Isis estaba de pie a mi lado, con un vaporoso vestido blanco y el pelo moreno trenzado con diamantes. Sus alas multicolores aparecían y desaparecían en su espalda como la aurora boreal.
—Pues ahora no las tiene —comentó Arthur, el hijo de Atenea que no era Arthur McArthur.*
—Es que si las tuviese visibles, la mayoría estaría más pendiente de ellas que de la lectura —dijo Isis.
—No creo... ¿verdad? —dijo Lacy con algo de duda en su voz.
—Tus padres hicieron lo correcto —dijo—. Bast estaba fallando.
Bast apretó los puños. Odiaba reconocerlo, pero si no hubiese sido por Ruby y Julius, Apofis habría acabado con ella.
—Era mi amiga —respondí.
—¿Ah? ¿Qué ya no soy tu amiga? —preguntó Bast en broma.
—¡Claro que sí! —respondió Sadie rápidamente, sin percatarse de la broma que la diosa gata le hacía—. Pero en ese momento, yo pensaba que tú ya no...
—Lo sé, lo sé. Sólo era una broma, gatita —la tranquilizó Bast.
—Sí. Una sirviente buena y leal. Sin embargo, el caos no se puede contener para siempre. Crece.
Set asintió. Siendo él el dios del caos, estaba muy familiarizado con él.
Se cuela por las grietas de la civilización, desgasta los bordes. No se puede mantener en equilibro. Está en su naturaleza, simplemente.
—Por eso es tan importante mantener el Orden, para impedir que el caos pueda extenderse por el mundo —dijo Osiris.
—Algo que los magos no tuvieron en cuenta cuando decidieron encerrarnos a la gran mayoría —suspiró Horus,
El obelisco retumbaba, emitiendo un resplandor tenue.
—Hoy es el continente americano —musitó Isis—, pero si los dioses no son llamados a las armas, si no logramos reunir todas nuestras fuerzas, pronto el caos destruirá el mundo humano al completo.
—Hacemos todo lo que podemos —dije con vehemencia—. Daremos una paliza a Set.
—Por mí ni os molestéis —dijo Set.
Isis me dedicó una mirada triste.
—Sabes que no me refiero a eso. Set no es más que el principio.
Los magos egipcios tuvieron un escalofrío al pensar en Apofis.
La imagen cambió, y contemplé Londres en ruinas. Había visto unas fotos horribles de los bombardeos en la Segunda Guerra Mundial, pero no eran nada comparadas con aquello. La ciudad estaba arrasada: cascotes y polvo durante kilómetros y kilómetros; el Támesis, embozado de restos.
Sadie cerró los ojos, sin querer pensar en esa visión que Isis le había mostrado. Liz y Emma se veían bastante mal mientras oían la descripción de como podría haber terminado su ciudad. Y no solo ella, sino el resto del mundo.
Lo único que seguía en pie era el obelisco y, mientras lo miraba, empezó a abrirse, con sus cuatro lados desplegándose como los pétalos de una flor fantasmal.
—No me enseñes esto —le rogué.
—Era necesario para que comprendieses la gravedad del asunto —dijo Isis.
—No tardará en suceder —dijo Isis—, como vaticinó tu madre. Pero si no puedes afrontarlo…
La escena volvió a cambiar. Estábamos en el salón del trono de un palacio, el mismo que ya había visto cuando Set había metido a Osiris en el sarcófago.
—Esa es la sala del trono del rey de los dioses —dijo Ra.
Los dioses acudían al lugar, materializados como chorros de luz que cruzaban la sala del trono, trazaban espirales alrededor de las columnas y adoptaban apariencia humana. Uno se transformó en Tot, con su bata de laboratorio manchada, sus gafas de montura metálica y todo el pelo alborotado.
—Suerte que no le dio por tocar la guitarra —dijo Sadie.
—Habría espantado a todos los dioses del lugar —asintió Anubis.
Otro pasó a ser Horus, el guerrero joven y orgulloso de ojos de oro y plata. Sobek, el dios cocodrilo, agarró su bastón acuoso y me dedicó un gruñido.
—Aún debe de estar molesto —dijo Carter.
Un enjambre de escorpiones corrió a esconderse detrás de una columna y salió por el otro lado como Serket, la diosa arácnida de la túnica marrón.
—Suerte que ella no tiene cabeza de escorpión —suspiró Emma con alivio—. Esto... puede convertir su cabeza en la de un escorpión, ¿no? —añadió, advirtiendo ese detalle después.
—Claro que puede hacerlo —respondió Bast—. Aunque sabe que la gran mayoría de personas rechazarían esa imagen, así que casi nunca lo hace.
Entonces el corazón me dio un brinco al ver
—Adivino. Anubis —dijo Liz.
a un chico vestido de negro en las sombras que había detrás del trono: Anubis, estudiándome con unos ojos oscuros llenos de arrepentimiento.
Señaló el trono y vi que estaba desocupado. Al palacio le faltaba su corazón.
—Su rey —murmuró Horus.
La sala era fría y oscura, y costaba creer que una vez fuera un lugar de celebración.
Isis se giró en mi dirección.
—Necesitamos un gobernante. Horus debe ser el faraón.
—Es decir, que el pringado debe ser el faraón —dijo Clarisse. No sonaba muy sorprendida, ya que ella misma había visto como un canijo pringado que no levantaba ni medio palmo del suelo, crecía hasta convertirse en el líder que todo el campamento (incluida ella) respetaban.
Debe unir a los dioses y la Casa de la Vida. Es la única manera.
—No puedes referirte a Carter —dije—. Mi hermano, el desastrado… ¿faraón? ¡Estarás de broma!
Incluso ahora Sadie creía que eso, en parte, era una broma. Y parece ser que Carter también lo pensaba, ya que lo oyó murmurar:
—A veces pienso que debe de ser un error o una broma.
—Tenemos que ayudarle, tú y yo.
—Siempre tengo que ayudar a mi hermano mayor —exclamó Sadie.
—Como si yo no te tuviese que ayudar a ti —replicó Carter.
La idea era tan ridícula que me habría echado a reír si los dioses no hubieran estado mirándome con caras tan solemnes.
—¿Ayudarle? —protesté—. ¿Por qué no me ayuda él a mí y me hago faraona?
—Porqué debe haber un típico rollo de "solo los hombres pueden ser faraones" —dijo una cazadora con desdén.
—En realidad si que han habido faraonas a lo largo de la historia. Pero justamente el papel de faraón le tocaba a Carter y el de Sadie era guiarlo para que lo fuese. Además —Isis miró a Sadie—, ¿os la imagináis como faraona? —preguntó al final.
Varios trataron de imaginarse a Sadie como faraona. Casi al instante, la visión de ella explotando cosas mientras mascaba chicle se les vino a la cabeza. Palidecieron.
—En la historia ha habido algunas faraonas poderosas —concedió Isis—. Hatshepsut fue muy buena gobernante durante un largo período.
—Fue una faraona de la dinastía XVIII —explicó Julius Kane al notar la mirada de varios hijos de Atenea.
El poder de Nefertiti rivalizaba con el de su esposo.
—Otra faraona de la misma dinastía que Hatshepsut. Se cree que, posiblemente, fue la maga más poderosa de su siglo —dijo Julius.
Pero tú sigues una senda diferente, Sadie. Tu poder no provendrá de ocupar un trono. Creo que ya lo sabías.
—Efectivamente —dijo Amos—. Tú serás la próxima Lectora Jefe de la Casa de la Vida.
—Pero si esa es tu posición, tío Amos —protestó Sadie.
—No planeo ocupar esa posición para siempre, y aún menos vivir tanto tiempo como Iskandar —explicó Amos—. Cuando llegué el momento adecuado, te enseñaré personalmente para que te conviertas en Lectora Jefe. Pero, por ahora, tú sigues siendo la Sacerdotisa Sem del Nomo Vigésimo Primero.
—Me estoy liando con los rangos —murmuró Jake a su hermana Nyssa.
—Si después tenéis dudas, os explicaremos acerca de eso. Por ahora sigamos leyendo —dijo Ruby.
Miré el trono y comprendí que Isis sabía lo que decía. La perspectiva de sentarme allí con una corona en la cabeza, intentando gobernar a todos aquellos dioses con malas pulgas, no me interesaba para nada.
A mí tampoco es que me haga especial gracia, pero alguien debía de poner orden pensó Carter. Horus parecía haber leído los pensamientos del adolescente, ya que asintió en su dirección.
De todos modos… ¿Carter?
—Te has hecho fuerte, Sadie —dijo Isis—. No creo que termines de comprender en qué medida. Muy pronto las dos afrontaremos la prueba juntas. La superaremos, si mantienes firmes tu valor y tu fe.
—Valor y fe —dije—. No son precisamente mis puntos fuertes.
Los dioses se fueron acercando, mirándome con expectación. Empezaron a apelotonarse a mi alrededor, tan cerca que me asfixiaban, me agarraban las manos, me zarandeaban…
—¿No se están pasando un poco? —preguntó Chiara.
Desperté con Zia dándome golpecitos en el hombro.
—Sadie, hemos parado.
—¿Habéis llegado ya?
—Casi.
Alargué el brazo hacia mi varita por instinto.
—¿Qué? ¿Dónde?
Zia apartó la cortina de la cabina y se inclinó sobre mí desde el asiento delantero, con una inquietante postura de buitre.
—¿Qué demonios es una postura de buitre? —preguntó Zia, sacudiendo la cabeza de lado a lado.
—Inquietante postura de buitre —puntualizó Alyssa—. Y no tengo ni idea.
—Amos y Carter están en la gasolinera. Debes estar preparada para moverte.
—¿Por qué? —Me incorporé hasta quedar sentada y miré por el parabrisas, exactamente hacia una violenta tormenta de arena—. Ah.
—Por eso —dijo Cleo.
El cielo estaba negro, lo que hacía imposible saber si era de día o de noche. Por entre el temporal de viento y arena pude ver que estábamos aparcados delante de una gasolinera abierta.
—Estamos en Phoenix —dijo Zia—, pero casi toda la ciudad está bloqueada. Están evacuándola.
—¿Hora?
—Cuatro y media de la madrugada —contestó Zia
—Lo cual ya quiere decir que es el cumpleaños de Set —murmuró Malcolm.
—. La magia no funciona muy bien. Cuanto más cerca estamos de la montaña, peor se pone. Y el GPS del camión no responde. Amos y Carter han bajado a preguntar la dirección.
—¿Y qué ibais a preguntar? ¿Si sabían el lugar dónde un dios egipcio malvado había construido una pirámide con el objetivo de convertir Phoenix en un desierto? —preguntó Nico.
—Pues, más o menos —respondió Carter—. Aunque más bien le preguntamos si en esos pasados días habían ocurrido accidentes extraños y más o menos el lugar dónde se habían producido.
Aquello sonaba poco prometedor. Si dos magos varones se veían tan desesperados como para pedir direcciones, estábamos en graves apuros.
—Ya no tenéis salvación posible.
La cabina del camión se meció entre el viento aullante. Me sentía un poco boba por asustarme de una tormenta después de todo lo que nos había pasado,
—Si quieres puedo crear una tormenta de arena diez veces peor que esa —dijo Set—. Pero por respeto no lo haré.
—Y porque gastarías mucha energía y, aparte, tendrías que hacer una pirámide aún más grande de la que hiciste esa vez —replicó Osiris.
—Si Amos me ayuda puedo saltarme el paso de la pirámide gigante (a lo mejor una pequeñita si tendría que hacer) —refutó Set.
—No pienso ayudarte ha hacer una tormenta de arena gigante solamente para asustar a mi sobrina —dijo Amos.
pero subí al asiento para sentarme junto a Zia y tener compañía.
—¿Hace cuánto que están ahí dentro? —pregunté.
—No mucho —dijo Zia—. Quería hablar contigo antes de que volviesen.
Enarqué una ceja.
—¿De Carter? Bueno, si no sabes si le gustas, a lo mejor esos tartamudeos suyos podrían ser una pista.
—¡Sadie! —gimió Carter.
—¿Qué? Encima que trato de ayudarte con Zia —se defendió la seguidora de Isis.
—Sadie, no te burles del más que obvio enamoramiento de tu hermano —regañó Ruby a su hija menor.
—¡Mamá! —se quejó Carter.
Zia frunció el ceño.
—No, yo…
—¿Me estás pidiendo permiso? Qué amable. Admito que al principio tenía mis dudas, por aquello de que amenazabas con matarnos y tal,
—Eso tuvo mucho que ver al principio para que no me convencieses como novia de mi hermano —dijo Sadie.
pero al final he decidido que no eres mala persona, y además Carter está loco por ti, así que…
—No es sobre Carter.
—¿Por qué siento como si esto hubiese sido un rechazo? —murmuró Carter.
—Porqué técnicamente ha sido un rechazo —apuntó Leo.
Hice una mueca.
—Ups. Entonces, ¿podrías olvidarte de lo que he dicho?
—Tarde.
—Es sobre Set.
—Dios —suspiré—. Otra vez no. ¿Todavía sospechas de Amos?
—Debes de estar ciega para no verlo —replicó Zia—. A Set le encantan los engaños y las trampas. Son su manera favorita de matar.
—Eso y ejecuciones publicas con miles de personas —dijo el dios.
Una parte de mí sabía que tenía sentido. Seguro que ahora mismo estás pensando que no hacerle caso fue una estupidez. Pero ¿alguna vez te has quedado en el sitio mientras alguien hablaba mal de algún familiar? Aunque no sea tu pariente favorito, la reacción natural es saltar a defenderlo… O al menos, para mí lo era, supongo que porque tampoco tengo demasiados familiares.
Allí varios tuvieron que darle la razón a la chica Kane, aunque otros se quedaron en silencio, seguramente recordando que sus experiencias familiares no habían sido exactamente agradables.
—Escucha, Zia, no puedo creer que Amos…
—Amos nunca lo haría —convino Zia—. Pero Set es capaz de doblegar una mente y controlar un cuerpo.
—Detalles a tener en cuenta —señaló Atenea.
Mi especialidad no es la posesión, pero en tiempos antiguos era un problema habitual. Los demonios de segunda fila ya son complicados de sacar. Un dios importante…
—Casi imposible de hacerlo —asintió Isis—. Necesitas ser un mago muy poderoso, además de contar con la ayuda de un dios. Por suerte Sadie cumple ambos requisitos.
—¡Que no está poseído! No puede ser.
Hice una mueca de dolor. Sufría un intenso ardor en la palma de la mano, justo en el último sitio donde había sostenido la pluma de la verdad. ¡Pero no estaba mintiendo! De verdad creía que Amos era inocente… ¿verdad?
—Pues según la pluma, no pensabas eso —dijo Anubis.
Zia estaba observando mis gestos.
—Necesitas creer que Amos está de tu parte. Es tu tío. Has perdido a demasiados familiares. Lo entiendo.
Quise espetarle que no entendía nada de nada, pero algo en su tono me hizo sospechar que la chica había sufrido, posiblemente incluso más que yo.
Zia no dijo nada, recordando los acontecimientos que habían sucedido en su aldea natal cuando era una niña.
—No tenemos elección —dije—. ¿Cuánto falta para que amanezca?, ¿tres horas? Amos conoce el mejor camino para entrar en la montaña. Con trampa o sin ella, tenemos que llegar allí para intentar parar a Set.
—Completamente cierto —asintió Cleo.
Casi le vi girar los engranajes de la cabeza mientras buscaba un argumento, cualquier argumento para convencerme.
—Lástima que tu argumento sea bastante convincente. Este Amos poseído o no, os hace falta para llegar dónde se encuentra Set —dijo Bea Wise de Atenea.
—De acuerdo —dijo al final—. Quería decirle una cosa a Carter, pero no he encontrado la ocasión. Te la diré a ti. Lo último que necesitáis para vencer a Set…
—Es su nombre secreto. Ya lo saben —dijo Lou Ellen.
—No puedes saber su nombre secreto.
—Cierto. Se supone que Neftis era quién lo sabía —dijo Hazel.
Zia me sostuvo la mirada. Quizá fuera la pluma de la verdad: de algún modo sabía que no estaba de farol. De verdad tenía el nombre de Set. O al menos, creía tenerlo.
Eso y que, para ser sincera, ya había oído algunos trozos de su conversación con Carter cuando estaba en la parte de atrás de la cabina. No tenía intención de escuchar a escondidas, pero era difícil no hacerlo. Miré a Zia y traté de creer que albergaba a Neftis, pero no le veía ningún sentido. Yo misma había hablado con Neftis. Me había dicho que estaba muy lejos, en no se qué anfitriona durmiente. Zia estaba justo delante de mí.
—Entonces, ¿Zia alberga a Neftis o no? —preguntó alguien.
—Es evidente que no. Sino no estaría allí —respondió otro.
Entonces Malcolm recordó una conversación que había tenido con su hermana Annabeth en uno de los descansos. Que la Zia de los libros fuese una Zia falsa. Si eso era cierto, ¿dónde estaba la Zia original?
—Venga ya, que tampoco es tan difícil de suponer —dijo en ese momento uno de Hefesto. Varios lo miraron—. A ver, al principio del libro fueron liberados cinco dioses: Horus que se fue con Carter, Isis con Sadie, Osiris con el padre de ambos, Set con Amos y Neftis que se fue con la única persona que quedaba que podría albergarla, Zia. Pero imagino que en ese último caso algo salió mal y alguien se percató de eso, supongo que Iskandar, y puso a dormir a Zia y la sustituyó con uno de esos muñecos... ¿cómo se llamaban?
—Shabti —respondió Walt. El otro asintió.
—¿Y cómo estás seguro de que fue sustituida? —preguntó Leo a su hermano.
—Imagino que al tratarse Zia de una maga especializada en fuego y Neftis una diosa fluvial, no harían buena conexión y eso lastimaría a Zia. —No fue el hijo de Hefesto quien respondió, sino Yue de Hécate.
—La noche que pasaron en el Nomo Primero, Carter vio a Zia soltar una esfera de luz. Capítulos más tarde, en la casa de Presley, Sadie derrota a dos shabti que sueltan la misma esfera. Y ahora nos salen con que Zia sabe el nombre secreto de Set, cosa que solamente Neftis debería saber. Pero la misma Neftis le ha dicho a Sadie que su anfitrión se encontraba dormido —murmuró Malcolm—. Pero si Zia alberga a Neftis eso explicaría como es posible que sepa el nombre secreto de Set cuando solamente Neftis debería saberlo.
—Pero si la Zia del libro es un muñeco, ¿como es posible que pueda saber eso? Neftis esta dentro de la Zia original, no de esa Zia.
—Porque las dos Zias están conectadas—dijo el mismo hijo de Hefesto del principio—. De esa manera la Zia falsa podía saber sobre el nombre secreto de Set: porque Neftis, quien estaba dentro de la Zia original lo sabía y esa información era transmitida al shabti.
—En grandes rasgos así es —asintió Zia, sabiendo que ya no podía mantener eso en secreto.
Varios mestizos soltaron exclamaciones de asombro y otros, especialmente los de la mesa 9, felicitaron al hijo de Hefesto por haber resuelto el misterio.
—Hajime es asombroso, es el mejor —murmuraba Yue desde la mesa de Hefesto mientras miraba al hijo de Hefesto con ojos amorosos.
—Funcionará —insistió la maga—. Pero yo no puedo hacerlo. Tienes que ser tú.
—¿Por qué no puedes usarlo tú? —le exigí—. ¿Es porque has agotado toda la magia?
—No, porque ese es tu papel —dijo Zia.
Descartó la pregunta con un gesto.
—Tienes que prometerme que lo usarás ahora mismo, sobre Amos, antes de que lleguemos a la montaña. Podría ser vuestra única oportunidad.
—Y si te equivocas, desperdiciamos nuestra única posibilidad. El libro desaparece al usarlo, ¿no?
—Vamos, que estáis en una posición de 50/50 —dijo Chiara.
A regañadientes, Zia asintió.
—En cuanto alguien lo lea, se disolverá y reaparecerá en algún otro lugar del mundo. Pero si lo dejáis para más tarde, estamos perdidos. Si Set os atrae a su núcleo de poder, es imposible que vuestra fuerza sea rival para él.
Horus e Isis resoplaron. ¿Qué sus fuerzas (o en este caso las de sus huéspedes) no eran suficientes? Claramente esa chica no sabía de lo que estaba hablando.
Sadie, por favor…
—Dime el nombre —dije—. Prometo usarlo en el momento correcto.
—El momento correcto es ahora mismo.
Intenté ganar tiempo por si Isis se dignaba iluminarme con su sabiduría, pero la diosa guardó silencio. No sé si podría haberme hecho ceder. Quizá habría cambiado el resultado si hubiese aceptado el plan de Zia. Pero, antes de poder decidirme, se abrieron las puertas del camión y entraron Amos y Carter, en medio de una ráfaga de arena.
—Estamos cerca. —Amos sonrió somo si fuesen buenas noticias—. Muy, muy cerca.
—Fin del capítulo —anunció Neftis.
*: Creo que estoy quemando un poco el chiste, así que ya paro.
Hola gente.
Cuadragésimo cuarto capítulo subido. Bastante corto, ya que no llega ni a las 4.000 palabras.
Algo que os quería comentar es acerca de la búsqueda que Percy, Annabeth y Will están realizando aparte mientras se lee el libro. En principio dicha búsqueda solo les va a durar un día y a la noche ya estarían de vuelta en el campamento, así que en principio había pensado en poner capítulos que narrasen su búsqueda cada X número de capítulo de lectura. Pero como seguramente van ha haber más capítulos de los pensados (y ya se encuentran por la mitad de la tarde en la lectura), he pensado en poner los capítulos de la búsqueda al final del fic, como una especie de capítulos extras. Evidentemente el primero de la búsqueda que ya ha sido publicado seria quitado y puesto con los otros.
Bueno, eso ha sido todo, espero que os haya gustado.
Se despide,
Grytherin18-Friki
PD: Ya que aparecen varios OC en la lectura, ¿queréis que en el próximo capítulo os haga una pequeña explicación sobre cuales son y sus orígenes?(si es que tienen)
