42. Desarrollando competencias
Dedicado a todas las Guest
Quien/es a pesar de no tener un usuario o no decir el nombre,
se molesta/n en dejarme comentarios divertidos, encantadores y
preciosos. Gracias por estar ahí.
Que un padre de familia normal, serio, maduro y no muy bromista apareciese con un traje de astronauta de un momento del día al otro sería un tanto chocante, ¿verdad?
Vale, pues el ver a su padre vestido de la manera en que estaba vestido le sentaba de una manera muy similar a Bella. Nunca en su vida, lo había visto tan informal… o algo por el estilo.
Ambos estaban en el mismo estado de shock, sin decir nada, motivo por el que Lillian se vio obligada a intervenir.
—Como ves, lo he incentivado para que empiece a supervisar la obra en persona...— le informó a Bella, con el objetivo de que comprendiera mejor la situación.
Charlie se recolocó el casco amarillo, que ya se le estaba cayendo a pesar del soporte trasero que en teoría debería sujetarlo a su cabeza. Eso demostraba que la talla era incorrecta. Su hija deslizó rápidamente la vista por el resto del atuendo; por el chaleco reflectante puesto sobre la camisa que todavía se notaba planchada y de buen material, y por los pantalones medio holgados que, igual que le servían para acentuar a formalidad en el día a día, con esa combinación sin duda producían el efecto contrario.
—Pero si él no necesita hacerlo… —murmuró una extrañada Bella.
Y eso fue lo que ayudó a su padre a reaccionar, indignado.
—Lillian, por favor, es ridículo que luzca como un técnico cuando mi sitio está en...
—Recuerda que ya aclaramos esto antes —lo interrumpió la susodicha con un tono de advertencia—. Debes entender que la era digital ha convertido a la flexibilidad y dualidad en lo más valioso que hay en un trabajo.
—Sí, pero los roles en el proceso de construcción son distintos y están muy bien definidos —señaló Charlie a modo de defensa.
—Lo sé, fanfarrón —negó con la cabeza por su terquedad—. Y también entiendo que tu sitio está en la empresa, pero… si quieres ser visto como buen jefe y conocer el objeto de tu negocio en verdad, debes estar ahí.
A pesar de su empeñado escepticismo, él no podía quitarle razón en ese punto.
—Como quieras —cedió finalmente—. Pero te advierto que esto no es algo que acostumbre a manejar.
Lillian le restó importancia, pues ya se había dado por satisfecha con la victoria.
—Puede ser difícil, pero hay que intentarlo. —Formó una expresión comprensiva—. Sé que va a venirte bien al final.
En eso, Rachel sacó la cabeza por la entrada de la cocina y, al ver a Bella en el sofá de la sala, sonrió y fue en su búsqueda.
—Ya me había parecido escucharte, pequeña —dijo dirigiéndose a la adolescente—. ¿Quieres algo de merendar?
A Bella le sorprendía que se dirigiese a ella primero y no a Lillian, pero entonces reparó en el plato de café sobre la mesita y las migajas de galletas que había en los bordes del mismo. Recordó que ella ya debía llevar un tiempo allí...
—Sí, por favor —contestó con ganas.
—¿Lo de siempre?
Ella dudó, pensando en que la comida en la casa de Edward ya había sido bastante pesada.
—Que sea una macedonia, mejor.
Rachel asintió y se volteó hacia Lillian.
—¿Algo más que desee usted…?
—No, tranquila —contestó con amabilidad.
Y después de recibir un agradecimiento por parte de ambas, Rachel recogió la mesa mientras Lillian y Charlie retomaban su conversación. Bella aprovechó el momento para escabullirse a la cocina, esperó a que Rachel acabara de prepararle el tazón con la fruta y fue deborándoselo durante la subida hacia su cuarto. Una vez allí dejó el plato vacío en el escritorio y fue a darse una ducha rápida. Más tarde, bajó renovada y cambiada solo para ver si Lillian seguía allí. En efecto, al llegar a la sala la encontró sola, bebiéndose una taza de té, y además la pilló observándola al primer vistazo.
—Hola otra vez.
Bella miró hacia los lados.
—¿Y mi padre?
—También se ha ido a cambiar —indicó al verla vestida con algo diferente—. Pero tengo que esperarlo porque todavía necesitamos revisar el planning de los siguientes días dependiendo de una llamada que le llegue en media hora. ¿Te apetece hacerme compañía durante un rato?
La verdad, no le hacía mucha gracia invertir su tiempo en eso, pero se sentía impulsada a hacerlo aunque fuera por simple cortesía.
—Por un ratito, vale —aceptó finalmente, tomando asiento al lado de Lillian—. ¿Al final mi padre va a ir a la obra?
—Es uno de mis requisitos si quiere que trabajemos en un proyecto común —le contestó—. Yo también tendré que aceptar algunos suyos.
—Sí, por supuesto —concordó ella, aunque con reparos—, pero él siempre se ha gestionado bien desde la misma empresa. Tal vez tocar algo diferente lo perjudique en lugar de ayudar.
—Sé de sobra que hay un arquitecto, un comercial, jefe de obra y demás que me pueden dar información sobre todo lo que quiera de esa construcción —se detuvo a aclararle—. Pero Charlie maneja una perspectiva general sobre todos los proyectos de edificios que ha gestionado, en calidad, problemas, puntos débiles y eso es precisamente lo que me importa ahora.
—Comprendo —dijo Bella con un leve asentimiento—. Igual, creo que lo feliz que le hace esta colaboración contigo ya lo incentivará.
Lillian suspiró.
—¿Te digo mi más sincera opinión?
Ella la observó con interés.
—Yo creo que esa felicidad es un tanto engañosa. —Hizo con una mueca, como si no lo dijera con mala intención—. No sé si te has fijado, pero tiene la pinta que haya imitado la reacción de una persona al ser feliz, no la que le sale al natural.
Bella frunció el ceño.
—¿Por qué crees eso?
—¿Recuerdas cómo muestra esa emoción?
Ella no dijo nada.
—De golpe cambia su timbre de voz, intenta no divagar demasiado y se vuelve demasiado enfático al hablar —mencionó la morena—. Como si tuviera un público amplio delante al que necesitara convencer.
Bella identificó todas esas características en su padre al hablar temas de trabajo.
—Pues… sí.
—En cambio, analízalo cuando habla de ti. —Lillian le sonrió con candidez—. Sus ojos se desvían, pero vuelve, habla con un tono grave que lo hace sonar profundo, pero intenso al mismo tiempo y en realidad, transmite más veracidad. Aunque es normal, un trabajo te puede hacer feliz, pero no se puede convertir en tu todo.
Y Bella reflexionó sobre lo que le decía.
—¿Y qué crees tú que necesite para ser feliz? —preguntó con interés.
—Para mí que él es una persona cerrada en sí misma que necesita que lo impulsen para que haga sus cosas, aunque sea a regañadientes —expresó, teniendo mucho cuidado en las palabras que utilizaba—. Se nota que no le gusta que le exijan. Pero ante todo… se comporta así porque está muy solo.
Eso tocó la fibra sensible de la cobriza.
—Pasa todos los días trabajando… pero también tiene algún círculo de amistades —argumentó Bella en su defensa.
—Lo tiene, pero no sabe cómo relacionarse más a fondo.
—¿Y lo quieres ayudar en modo de caridad social? —exclamó de golpe.
No había pretendido que sonase tan mal, pero también le funcionaba con una indirecta hacia otro tema que correspondía la relación de ella con su padre. Sin embargo, Lillian negó sin sentirse ofendida.
—Quiero ser una amiga, igual que Carlisle —le aclaró—. Ambos empatizamos con él por diferentes lados, aunque diría que yo lo hago más todavía…
Bella no le quitó el ojo de encima, analizándola bien para cerciorarse de que no mentía.
—¿Por qué?
—Porque sus peores defectos, como el de la soberbia, el orgullo, son rasgos que yo traté conmigo misma —comentó con gracia—. No quiero que por algún momento se te cruce por la cabeza algo que no será. Me llevo genial con tu padre… pero es que además, quiero hacer algo por él que me hubiese gustado que hiciesen por mí antes.
Bella asintió.
—Sabias palabras.
Eso la hizo soltar una carcajada.
—Por favor —exclamó sin acabar de creérselo—. Soy de todo menos eso, lo único que con tanto tiempo al lado de Carlisle, se me han pegado un par de cosas.
—Lo haces sonar como si él hubiese pasado por mucho —señaló la cobriza en respuesta.
Ella asintió.
—Y lo ha hecho. Aunque también existen el tipo de personas que no parecen haber pasado por lo que han pasado —añadió Lillian—. Como Esme, por ejemplo.
Eso despertó el interés de Bella enormemente.
—¿Por qué lo dices?
Ella se encogió de hombros.
—Porque aunque te emancipes a los dieciséis, hay cosas para los que la edad pesa. No puedo darte tantos detalles de su vida porque no tengo su permiso. Sobre la mía, sí, todo lo que quieras, pero sobre la suya… —Formó una expresión seria, ladeando la cabeza—. Lo único que puedo decirte es que… sin querer, acabó metiéndose en un asunto muy fuerte.
A Bella le comenzaba a fastidiar tanta intriga, pero aún así, se mantuvo atenta a lo que Lillian le siguió contando.
nnn
—¿Q-qué has sentido?
Bella tragó, aclarando sus ideas después de lo sucedido durante esa tarde.
—Ha sido… inesperado. —Quería decir más, pero de repente, sintió una urgencia enorme de orinar—. Tengo que ir al baño.
—Eh, vale. —Edward tragó con dificultad, señalando hacia la izquierda—. Usa este al lado de mi puerta. Pero el de esta pared, no el de enfrente.
Sí, curiosamente, era al que la habían mandado ir durante todas sus visitas anteriores.
—¿Acaso el otro nunca lo usáis?
—Sí, pero solo las mellizas y mis padres —contestó él en voz baja, ante lo que Bella quedó extrañada.
—¿Y eso?
—Nos organizamos mejor así... y no hay tantas peleas entre mis cosas y las de mis hermanas. —Él desvió los ojos hacia arriba—. Principalmente con las de Rose, ya la conoces.
—Lo necesario... —Ella frunció los labios—. Ehm, ¿puedo...?
—Oh, sí, claro —contestó apresurado al mismo tiempo que Bella se movía para levantarse de su cintura. Había un buen círculo mojado ahí—. Yo... mientras tanto me cambiaré aquí.
Ella sonrió, y en cuanto cerró la puerta al salir, Edward se sacó los pantalones a toda prisa.
nnn
La lluvia sonaba de fondo y lejana al otro lado de la ventana ese lunes por la mañana. Era la primera vez que a Bella y a Edward se les había ocurrido la idea de ir a su casa durante esos cuarenta y cinco minutos previos a las clases que solían aprovechar para estar juntos en el patio, que dado al mal tiempo... pues habían tenido que cambiar de lugar.
—¡Está súper caliente! —exclamó Bella nada más abrir la puerta de la habitación.
Acababan de cruzarse con Lillian en el pasillo antes de que se marchara, Carlisle se había ido más temprano y los únicos que quedaban en la casa a partir de entonces eran ellos y las melllizas.
—Ya te he dicho que había calefacción.
Ella fue hasta la cama de Edward y cogió entre sus manos la sábana de pelo sintético, mientras él se tumbaba a su lado.
—Menos mal, sino moriría congelada por este temporal —comentó Bella con inquietud.
—En esta región siempre hace frío.
—¡Sí, pero no tanto! —exclamó alarmada—. El cambio climático se ha manifestado ya lo suyo con tantas borrascas este año.
Edward se rascó la cabeza.
—Bueno, creo que habrá quienes lo padecerán más que nosotros...
Ella asintió, pensando en los incendios de Australia.
—Como los animales... —Y entonces abrió los ojos enormemente—. ¡Es verdad! ¿Y los perritos de Berkshire? ¿Crees que Ethan o su vecindario los pongan a cubierto con este clima?
Edward se hizo el desinteresado, no precisamente por los perros.
—Con lo que llueve aquí normalmente sería raro que no tomaran medidas —masculló Edward con disgusto—. ¿Pero podemos hablar de otra cosa que no sea ese chico ahora?
Lejos había quedado el tratado de cordialidad que hicieron para el vídeo de los niños en Navidad. Bella sonrió.
—Celoso.
—Bastante.
Ella sonrió y se acercó para darle un pico. Él buscó otro después de ese, pero ella se resistió entre risas, y lo hizo de tal manera que él tuvo que acabar tumbándola en la cama para aprisionarla con su cuerpo y que ella aceptara prolongar la fogosidad de ese beso. Bella amaba mostrar su faceta juguetona con él. Y Edward estaba convencido de que estaba encantada hasta que, para sorpresa de él, interpuso una mano entre sus bocas.
Edward escupió al notarla, y se separó.
—¿Qué pasa? —preguntó de mala gana.
Ella se carcajeó a gusto, hasta que se forzó a recobrar la compostura.
—La presentación —dijo mirándole con una sonrisa en los labios—. Empieza a practicar.
—Bella...
—Me dices que te la sabes, pero sé que te cuesta —afirmó acariciándole el hombro—. Vamos, aprovecha en repasar, que la tienes en media hora.
Edward suspiró y asintió.
Fue a coger su móvil para tener el soporte del Power Point de Drive al lado, mientras iba hablando. Se perdía, se reía, pero Bella estaba dispuesta a escucharle y verlo retomar las veces que hiciera falta. Aún así, los besos entre ambos continuaron, dada la cercanía, y sin pretenderlo, poco a poco sus manos empezaron a tocar, a explorar, e incluso Bella se aventuró a bajar más por su espalda de lo que solía hacer...
—Edward...
Él levantó la vista del suelo. Ambos se habían sentado a los lados de la cama, una vez se higienizaron un poco después de dejarse llevar durante esa tarde.
—Solo quería que supieses... —murmuró Bella con sigilo—, que yo no tenía ni idea de que llegaríamos hasta donde hemos llegado hoy.
—Ni yo tampoco —dijo él con una media sonrisa, como para darle ánimos.
Ella asintió.
—Pero a pesar de ser rápido... lo disfruté mucho.
Ella se mantuvo a la expectativa de su expresión, deseando que no se hubiese equivocado.
—Lo mismo digo.
Una vez dijo eso, pudo descargar el aire de sus pulmones.
—En ese caso... —preguntó, ya recobrando el ánimo y con las cosas aclaradas—. ¿Tú crees que podamos repetirlo?
Edward se sorprendió.
—Eh, claro...
No parecía muy convencido.
—¿Y cuándo? —probó a insistir.
—Pues algún día... Cuando ambos queramos, ¿no?
Ese recuerdo alentó las ganas de Bella, quien a continuación volvió a besar a Edward, y arremetió contra su ingle.
—¿Qué haces?
—Me dijiste que cuando ambos quisiéramos...
Edward pareció darse cuenta de la referencia y se escandalizó.
—¡¿Ahora?!
—Es que se siente tan bien... —alegó bastante mimosa—. Además, ya estábamos en el momento de arrumacos.
—Sí, arrumacos sí; pero para lo otro no, Bella —contestó con seriedad—. Mira la hora, te recuerdo que hay clase.
Ella lo besó para silenciarlo.
—Tenemos 15 minutos por delante —insistió acariciando su nariz con la suya—. Y lo bueno de esto es que no lleva mucho. Vamos.
Y a continuación, Bella besó la comisura de sus labios y su mandíbula antes de regresar a su boca, ansiosa. Edward succionó su labio inferior con gusto mientras deshacía la coleta medio arruinada de la cobriza y le daba la goma para que se la pusiera en la muñeca.
Una vez así ella siguió aventurando sus manos por la espalda, tocando con ímpetu hasta sus nalgas. A él pareció gustarle el impulso, y en respuesta agarró sus pechos entre las manos, confiado, y repasando lo que Bella le enseñó el otro día. Ella se iba a dar satisfecha con eso, pero Edward la sorprendió aumentando su destreza y hasta atreviéndose a encender con sus manos otras zonas erógenas de su cuerpo que desconocía. Disfrutó explorando sin límites allí donde se aventuraba y se divirtió descifrando su cara. ¿Había investigado? En fin, qué más daba... Bella se dejó amar por él, absorviendo todas y cada una de las sensaciones que le producía. No tardó mucho en buscar desesperadamente posicionarse sobre su ingle. Sin embargo, tan pronto lo hizo, se apartó en el acto.
—¿Qué sucede? —cuestionó un Edward muy agitado.
—El cierre del pantalón. Es... muy molesto.
Y entonces él se bajó la cremallera y un poco los pantalones, hasta quedarse en calzoncillos en esa zona. Bella volvió a su sitio y con lentitud se empezó a rozar sobre la delgada tela. Seguía sintiendo una dureza todavía, pero al menos ya no era el metal de antes. Cerró un poco más las piernas y aumentó el ritmo hasta que explotó, y él...
—¡Bella!
Ella respondió al grito removiéndose sobre la manta y, lentamente, fue enfocando su vista hacia un Edward alterado, rojísimo y casi arrancándose los pelos de la cabeza.
—¿Qué? —preguntó.
—¡Nos hemos quedado dormidos!
💎 Oh, oh, ¿y ahora? Edward tenía una presentación en 30 minutos. 😨 (Y todos sabemos cómo es este par con los estudios...). 😥 Pero una pregunta curiosa que os dejaré por aquí... ¿qué parte de lo sucedido es realidad y cual forma parte del sueño? 😏😂
💎 ¡Hola! 😊 Sé que el capítulo se retrasó, pero a última hora se me ocurrió cambiar una escena y estaba dudando entre colocar otra aquí o en otro momento, de manera que tuve que modificar toda la secuencia porque están intercalados todos de algún que otro modo... En fin 😕 , que necesitaba claridad para saber lo que iba a poner en cada parte y no hay nada mejor que dejar reposar la mente para decidir. Eso lo hice el lunes, pero quise esperarme al miércoles para publicar y daros un adelanto el martes... y bueno, por la falta de tiempo en estos días, acabo haciéndolo hoy, sí. Cosas que pasan...
💎De todos modos, siempre intento compensar con los caps. 😊 Espero que este os haya gustado ❤️
Ahora sí, hasta la próxima.
Kisses! 😘😘😘
