CAPÍTULO 12
―Todavía no entiendo para qué viniste; yo estaría feliz de no tener que cumplir horario ni verle la cara; claro, no como jefe ―dijo Eva mientras entraba al ascensor de UchihaWorld.
―Yo preferiría cumplir horario y que siguiera siendo mi jefe; en realidad, escogería no verlo nunca más ―replicó Sakura, siguiéndola de cerca―. Sin embargo, necesito hablar con alguien más primero, y luego aclarar con él ciertos puntos. No me voy a casar sin estar segura de que mi familia estará a salvo de su locura. Sakura oprimió el número veintitrés, luego de que Eva oprimiera el de presidencia.
―Vas a ver a Olivia, ¿verdad? ―Sakura asintió―. No sé qué te traes con esa mujer, aunque si necesitas que te acompañe no tengo ningún inconveniente.
―No es necesario ―respondió Sakura con una sonrisa―. Ya te contaré qué sucede. Estoy segura que ella puede ayudarme, al menos a entender toda esta locura. Eva no insistió a pesar de que seguía sin comprender. Luego de unos momentos, la puerta del ascensor se abrió y Sakura lo abandonó, prometiéndole que llegaría a la oficina en unos momentos.
Aunque no estaba obligada a ir vestida como de costumbre, pues intuía que ya no trabajaba en esa compañía, se vistió con la ropa que su madre le había enviado semanas atrás, tratando de conservar el aire de seriedad que la caracterizó hasta entonces. El día anterior Eva y Beth no tomaron ni una sola gota de licor.
Hablaron sobre trivialidades, vieron películas a las que no prestaron mucha atención, y consumieron alimentos que no se podrían llamar nutritivos. Si bien Sasuke no se apareció por la casa de los Lancaster en todo el día, llamó en la noche para saber qué estaban haciendo, con tan mala suerte para él, que quien contestó el teléfono fue su prima, y lo despachó rápidamente.
Atravesando los cubículos con divisiones de un metro y medio de alto, que formaban un amplio corredor, Sakura preguntó dónde quedaba la oficina de tesorería, y luego de ser anunciada, le dieron el pase.
―Hola, Olivia ―saludó Sakura con una media sonrisa―. Sé que me dijiste que almorzaríamos juntas, es solo que quería saber si estabas desocupada, o si prefieres puedo esperar.
―No, Sakura, ven. Lo que estoy haciendo lo puedo posponer unos momentos. Por favor, toma asiento y cuéntame qué te ha pasado. No imaginas lo que te he pensado; la oscuridad que se cierne sobre ti es grande, y tanto como tu pesar y angustia. Tal como el día anterior, Sakura no pudo reprimir las lágrimas que luchaban por salir de sus ojos.
El poder conversar con alguien imparcial era reconfortante; porque, aunque Eva estuviera de su lado, no dejaba de ser la prima de Sasuke, y no solamente en una relación de típica familiaridad por lazos de sangre, sino que además ella era su mejor amiga, y en el fondo no podía evitar desear la felicidad de él, fuera al precio que fuera.
No obstante, si bien no pensaba contarle a Olivia exactamente lo que estaba sucediendo, al menos sí tratar de explicarle lo difícil de su situación. Olivia, al ver el estado de la chica, rápidamente le brindó un vaso de agua de una pequeña nevera escondida tras un gabinete de madera.
―Bebe un poco y tranquilízate, para que puedas decirme qué sucedió, muchacha ―pidió Olivia acariciándole el cabello en forma maternal. Luego de unos minutos, en los que le fue casi imposible controlar los espasmos de su cuerpo, productos del llanto y la congoja, procedió a contar lo poco que se atrevía a decir.
―Nunca me había visto envuelta en una situación semejante ―explicó Sakura con lágrimas aun rodando por sus mejillas, aunque con la respiración mucho más calmada―. Estoy obligada a hacer algo que no quiero, y no tengo ninguna otra opción. No puedo arriesgar a mi familia si su salvación está en mis manos. En estos momentos desearía estar lejos, en mi casa junto a mi mamá, y siguiendo con mi vida tranquilamente ―suspiró―. Eso no es posible.
No tengo opción, Olivia. La mujer mayor caminó pensativa hacia su silla y se sentó; luego de un corto silencio, lanzó un profundo suspiro. ―Jamás imaginé que Sasuke fuera capaz de algo así. Siempre fue un niño malcriado, te lo digo yo que lo vi corretear por estos pasillos…
―¿Cómo sabes que es de Sasuke de quien estoy hablando? ―preguntó Sakura, confundida y atónita al mismo tiempo. Estaba segura de no haber pronunciado ni insinuado algo sobre la persona en cuestión
. ―Es algo que me imaginaba desde hacía tiempo. La vez que bajaron a almorzar con la chica pasante, la rubia, ustedes dos estaban hablando; estoy segura que nadie más pudo notarlo, pero lo que vi me dejó muy preocupada, sobre todo por ti, mi niña: una gran masa de energía se desprendía del cuerpo de Sasuke, y te envolvía de manera tan posesiva que creí que te consumiría por completo.
―No entiendo. ¿Una energía? ¿A qué te refieres?
―Cada persona tiene algo que tú habrás escuchado nombrar como aura, esta es diferente en cada persona, y se rige por sus pensamientos y actitudes, por su forma de ser y la pureza o maldad de su alma. Aunque yo no puedo verlas claramente, aun así, soy capaz de percibir algunas veces cómo fluyen las energías de una persona a otra, consciente o inconscientemente. Por eso, pude observar cómo la que Sasuke proyectaba, su energía vital, se cernía sobre ti como si le pertenecieras.
Nunca había visto algo parecido, ni siquiera en parejas que se aman profundamente; es como si para él fuera algo natural el estar a tu lado, el poseerte, como si te sintiera suya desde hace muchísimo tiempo, incluso antes de haberte conocido.
Conozco el amor cuando lo veo en los ojos de una persona que es capaz de dar la vida por el ser amado; sin embargo, lo que vi en ese momento fue cómo todo su ser te envolvía en una burbuja protectora y obsesiva, capaz de consumirte por completo en su locura, era de una persona dispuesta a arrancarse el corazón del pecho para ofrecértelo en sacrificio, por una sola de tus sonrisas. Sí, mi niña, ese hombre está loco, y por algún motivo que no logro comprender, todo esto se concentra en ti. ¿Estás segura que no lo conoces de antes?
―Jamás en mi vida lo había visto ―contestó Sakura muy segura―. En mi sueño de la estatua, el rostro de esta, se convirtió en el de él, y me gritaba una y otra vez que soy suya, que le pertenezco.
―Eso es precisamente a lo que me refiero: Sasuke te reclama como suya, como si realmente sintiera que así es y nadie se lo puede refutar. Dime, ¿a qué te está obligando? ¿Acaso, quiere que te conviertas en su amante o algo así?
―Quiere que me case con él, y si no lo hago, tiene planeado arruinar a mi familia y amigos cercanos. Tú sabes perfectamente que con su poder es capaz de hacerlo ―explicó Sakura de forma tan monótona que incluso ella misma se sorprendió. Había repetido la misma frase en su mente tantas veces, que ya no encontraba sentido a sobresaltarse o excitarse al hablar de ella; además, estaba resignada a hacer cualquier cosa.
Si al menos su amenaza hubiese sido arruinarle la vida a ella y a nadie más, le habría gritado que se fuera al infierno, y salido del país cuanto antes, sin importarle las consecuencias; en cambio, cuando se trataba de los que amaba, como él mismo había dicho, las cosas eran a otro precio.
―Era lo que me esperaba, porque esa obsesión tan enérgica no podía conformarse con sólo un trato verbal, y mucho menos temporal ―comentó Olivia, y enfocó su vista en los ojos de la chica, para hablar enseguida de manera sombría―. Sakura, esto no es nada comparado con lo que se avecina. Sakura se estremeció ante las palabras pronunciadas por la mujer sentada frente a ella.
Lo del matrimonio era algo que ya la perturbaba bastante, aunque lo hubiese asimilado al no poder hacer otra cosa; no obstante, el saber que otras pruebas peores a esa se aproximaban, era algo que no sabía si podía soportar. Sus temores hacían que su cerebro le proporcionara miles de imágenes sobre lo que podría ser su futuro como esposa de Sasuke; tantas que su mente era una confusión de cuadros borrosos que pasaban rápidamente, como si de una película en cámara rápida se tratase. «Sasuke es capaz de todo», pensó acongojada.
―¿A qué te refieres con eso? Olivia, no me asustes, por favor ―suplicó Sakura, sollozando nuevamente.
―No quiero hacerlo, mi niña; pero tengo que advertirte que debes ser fuerte y aferrarte lo más que puedas a tu entereza y paciencia. No es sólo la mente de Sasuke o el cuerpo lo que te reclama, es su alma en sí la que te siente suya por naturaleza y legítimo derecho. Es como si en una vida pasada tú le hubieses pertenecido, y al mismo tiempo, sido arrebatada de su lado, y ahora que se ha encontrado contigo no piensa perderte de nuevo, y hará lo que sea por tenerte y retenerte.
―¿De qué pruebas hablas? Por favor, tienes que decirme para saber a qué me enfrento ―pidió Sakura, desesperadamente. Olivia negó con la cabeza.
―No puedo angustiarte desde ahora con hechos que puedes hacer más llevaderos, y que, aun así, estoy segura que no estás dispuesta a hacerlo. Hagas lo que hagas, no podrás evitar que el destino cumpla su objetivo de unirlos como dos almas destinadas a estar juntas. ―Sakura intentó refutar sus afirmaciones sobre el destino
―. No es como tú crees ―continuó Olivia―. El destino está escrito para cada uno de nosotros, y sea cual sea, llegaremos a él sin importar los obstáculos que encontremos en el camino, o si es el que deseamos o no. Nosotros no podemos cambiarlo, solamente el camino a este se modifica, pero el fin siempre será el mismo, y al no saber cuál es el que nos depara, muchas veces creemos que hemos cambiado el resultado.
Es como el hombre que nace en la más absoluta miseria, y luego de esforzarse mucho estudiando y trabajando, bajo grandes penurias, termina siendo un hombre adinerado, cuya fortuna es el extremo opuesto a su anterior condición.
Cualquiera pensaría, incluso el mismo hombre, que ha podido cambiar el destino, pues cree que este era ser pobre toda su vida; pero no es así. Da lo mismo si él se dedicó a la construcción, a las finanzas, computación, o si simplemente se ganó un billete de lotería, porque el camino no importa. Su destino, su final, contrario a lo que él y todos los que lo rodeaban pensaban, no era morir en la pobreza, sino ser uno de los hombres más poderosos de su región.
Como ves, mi niña, tu destino parece estar al lado de este hombre que ahora odias. Si en realidad es así, nada puedes hacer para cambiarlo, sólo soportar con entereza las pruebas que se aproximan. Sasuke está obsesionado contigo, Sakura, y no descansará hasta poseerte.
Lo único que puedo hacer es darte un consejo, o más bien una información, Sasuke tiene el poder del dinero y las influencias que este otorga, tú en cambio tienes un poder mayor; algo que podría derrumbar por completo las barreras de Sasuke, y hacer que caiga rendido a tus pies con una sola de tus palabras, porque el amor que él siente por ti es tan grande, que se convertiría en tu más fiel esclavo si así se lo pidieras.
―¿Poder, yo? ―Sakura bufó―. Con todo respeto, creo que te equivocas, Olivia. Yo no tengo forma de dominarlo a él. Lo mucho que puedo hacer es gritarle y no contestarle el celular, o cosas por el estilo; nada más. Olivia le sonrió tiernamente
―Es normal que no lo entiendas. Puedo ver en tus ojos lo inexperta e ingenua que eres; además de tu juventud, no has tenido el suficiente contacto con los hombres como para darte cuenta cómo funciona su obsoleto y retrógrado cerebro.
―Sakura sonrió por las últimas palabras y negó con la cabeza. La mujer también sonrió―. Es cierto, y lo irás descubriendo a medida que convivas más con él y aprendas a conocerlo mejor.
Olivia fue interrumpida por el timbre del teléfono que le indicaba que su secretaria la necesitaba, luego de contestar y dar una corta orden, colgó y miró a Sakura de nuevo.
―Me tengo que ocupar ―explicó. Sakura asintió rápidamente de forma apenada por haberle robado su tiempo. Olivia se levantó y caminó hasta ubicarse frente a ella, que ya se dirigía hacia la puerta―. Ten fuerza, muchacha.
Tu futuro te enseñará lecciones muy grandes, que estarán acompañadas de acontecimientos que te arrancarán lágrimas en la mayoría de los casos, mientras que en otros, te sentirás tan dichosa que juzgarás que todo ha valido la pena, y que serías capaz de volver a vivir todo lo anterior, con tal de poder gozar ese momento. Sasuke es un hombre difícil que está haciendo todo al revés, solo no te olvides de algo, él te ama, y aunque te hará pasar momentos difíciles, en los que creerás que no podrás continuar, también está dispuesto a todo por protegerte y hacerte sumamente feliz.
El destino no cambia, lo que sí lo hace es el camino para llegar a él, y en ti está decidir, cuál quieres recorrer. Sakura asintió, abrazó a la mujer, y dándole las gracias por sus palabras y apoyo, se dirigió al último piso del edificio.
No había entendido algunas cosas que ella le había dicho; eso del destino de ellos juntos, más que no entenderlo, no podía aceptarlo. Aunque de niña siempre la voz en sus sueños le había hablado del destino, y ella se encontraba en esas circunstancias por estar buscando lo que supuestamente le tocaba vivir, siempre fue más curiosidad que creencia en un destino fijo para cada persona.
Al parecer, el suyo era estar con Sasuke, al menos según lo dicho por Olivia, y poniéndole lógica al asunto, él se obsesionó con ella apenas la vio, o eso creía al recordar cómo la miró en la universidad, así como las palabras de su primer encuentro personalmente. «
―Sakura Haruno, ahora me perteneces.» Una frase que resonó en su mente y la hizo darse cuenta de lo estúpida que había sido al no entender las señales que le llegaban de todas partes. De todas formas, ella seguía sin creer en que el destino no se modificaba; estaba segura que sí podía hacerlo.
Sus vivencias con Sasuke podrían ser sólo una de las tantas pruebas que coloca la vida, para que los seres se vayan forjando como personas y madurando de acuerdo a las experiencias. «A mí me tocó una de las peores.» ¿Por qué de tantas mujeres en el mundo, tenía que ser justamente ella la que estuviera designada para ser el objeto de la obsesión de un hombre como Sasuke?, esa era una pregunta a la que no le podía encontrar respuesta. Lo peor de todo radicaba en las dificultades que se le avecinaban.
Tenía miedo, mucho en realidad. Ella siempre había sido una chica fuerte, dentro de lo que su edad le permitía, sin embargo, esa situación era algo totalmente diferente a lo que había tenido que vivir, y si Sasuke era capaz de todo eso por tenerla, no quería imaginarse qué más se le podría ocurrir para retenerla. Las puertas del ascensor se abrieron y la espabilaron de sus pensamientos.
―Sakura, ¿estás bien? ―preguntó Sara, acercándose rápidamente a ella cuando hubo salido del ascensor―. Me tienes preocupada, esta semana no has aparecido por aquí, y Naruto me dijo que estabas enferma.
―Estoy bien, no te preocupes, es sólo que he estado indispuesta, tú sabes ―respondió Sakura con una sonrisa tranquilizadora. La rubia suspiró algo aliviada, al entender a qué se refería.
―Temía que hubiese pasado algo entre el señor Uchiha y tú.
―Sara se acercó más a ella―. Últimamente ha estado muy excitado. He tenido que trabajar directamente con él porque Eva tampoco aparecía, y por momentos se quedaba mirando fijamente a un lugar y así permanecía un buen tiempo; luego caminaba de un lado a otro rápidamente, sonriendo y hablando para sí mismo. Incluso me preguntó ayer en la tarde: «Sara, ¿crees que existe la felicidad?»
Yo me sorprendí por esa pregunta tan extraña, por lo que solo le respondí lo que pensaba y le dije que sí; se quedó un momento analizando algo y luego volvió a hablar y me preguntó qué creía yo que se debía hacer para conseguirla, y le respondí: «Perseguirla a toda costa y no desistir hasta obtenerla». No me atreví a preguntarle por qué me hacía esos cuestionamientos, y él sólo se limitó a decir luego de un momento: «Eso es precisamente lo que estoy haciendo». No volvió a dirigirme la palabra.
―¡Ay, Sara! ―exclamó Sakura en medio de un jadeo―. Le has dado el peor consejo que ese hombre puede recibir.
―¿Qué? ¿Por qué dices eso? ¿Qué…?
―No importa, no me prestes atención ―dijo Sakura, moviendo la mano para quitarle importancia. Después de todo, Sasuke no necesitaba consejos de sus empleados para hacer lo que le viniera en gana―. ¿Dónde están los demás? ―preguntó luego de pasar la vista por la estancia, y ver los otros dos escritorios vacíos.
―Todos estamos en una reunión con los constructores de Cambridge, ¿recuerdas? Sakura asintió. Esa reunión estaba programada desde hacía dos semanas, aunque con todo lo sucedido se le había olvidado por completo.
―Yo salí para buscar unos documentos y debo entrar enseguida ―continuó Sara, acercándose a su escritorio para tomar una carpeta que ahí se encontraba―. Entra conmigo y así él se entera que ya llegaste.
―Creo que mejor lo esperaré en la oficina. No le digas que estoy aquí, lo más seguro es que Eva ya lo haya hecho. Sara asintió y cada una entró por una puerta diferente. Como esperaba, la oficina de presidencia se encontraba desierta; se acercó a la puerta que daba a la sala de juntas, y pegando la oreja, escuchó murmullos ininteligibles.
Se retiró y se sentó en una de las sillas ubicadas frente al gran escritorio. Luego de varios minutos se encontraba mirando a todas partes, buscando algo qué hacer; se levantó y revisó los libros en la biblioteca de madera, los cuales solo eran libros gerenciales y enciclopedias de negocios.
―Ni matemáticas o literatura a la vista ―pensó en voz alta. Aun así, ojeó algunos que pudieran contener procesos financieros, desistiendo luego de unos momentos, ya que sobre todo trataban de estrategias de monopolización y ejemplos de negocios
. Caminó bordeando el escritorio, y observó dos portarretratos que ahí se encontraban. Si bien nunca había reparado en ellos, pues imaginaba que eran de la familia de Sasuke, en ese momento sintió curiosidad por su contenido: en uno se hallaba el hombre en cuestión junto a Eva, Lara y Kendal; estaban mucho más jóvenes, aunque sus facciones eran inconfundibles y todos se encontraban riendo, mirando a la cámara, sentados en un bordillo de piedra; Sasuke tenía a Eva sentada en su regazo, mientras que Lara abrazaba a Kendal por la espalda y rodeaba su cuello con sus brazos.
En el otro estaban dos parejas, una la reconoció como los padres de él, y la segunda imaginó eran los Lancaster; pues el hombre era parecido a Kendal en el rostro, y la mujer tenía las hermosas facciones de Eva.
―Para ti, Sasuke, tu familia también es tu mundo ―dijo en un susurro. Cuando se enderezó para alejarse, tropezó con la gran silla de cuero de Sasuke y cayó sentada en ella, la cual giró un poco por el peso de la chica. Sakura soltó un grito que fue convertido rápidamente en una risita por lo sucedido, así como el susto que por un momento sintió al pensar en el golpe que la esperaba, si caía sentada en el suelo. Sintiéndose segura, se recostó en la silla y se dio cuenta que era muy cómoda en realidad; con un pie se impulsó sin ser consciente del movimiento, provocando que la silla diera medio giro.
Fue entonces cuando su sonrisa se ensanchó. Sabía que lo que estaba a punto de hacer era estúpido a los ojos de cualquiera que la viera, solo que de niña siempre deseó hacerlo en una silla que girara bien. La de su padre en el hospital era un poco dura, y por mucho que se impulsara no alcanzaba a dar una vuelta completa.
Nada perdía con hacerlo, y a la vez podía distraerse de su tormentoso presente. Alejándose un poco del escritorio, colocó los pies en el suelo, y tomando impulso, empujó con todas sus fuerzas hacia un lado. La silla empezó a girar rápidamente; ya llevaba tres vueltas cuando se volvió a impulsar y esta giró más rápido.
No pudo evitar soltar una carcajada, parecía una niña pequeña en la silla de trabajo de su padre; o al menos eso fue lo que pensaron los hombres que la vieron al entrar a la oficina. Sakura, al ver fugazmente a un grupo de figuras vestidas de sastre que la miraban, lanzó una fuerte exclamación de asombro, y colocando nuevamente los pies en el suelo para detener las vueltas, intentó levantarse al tiempo que la silla frenaba, lo que ocasionó que esta en el brusco frenar, la arrojara al suelo con fuerza.
―¡Elizabeth! ―Escuchó que Sasuke gritaba, y enseguida sintió cómo este la giraba para ponerla boca arriba―. Mi amor, ¿estás bien? ¿Te hiciste daño?
―Lo siento… ―Fue lo único que se atrevió a decir, pues detrás de Sasuke, se asomaron Jonathan y Kendal.
―Muñequita, ¿te encuentras bien? ―preguntó Kendal agachándose junto a ellos.
―Sí, estoy bien, lo siento de verdad, yo… ―Sus palabras se atoraron en su garganta. Imaginaba que estaba sonrojada, ya que sentía el rostro caliente. «Estas cosas solo me pasan a mí.»
―No te preocupes, preciosa ―dijo Sasuke mientras la ayudaba a ponerse en pie―. No ha pasado nada, lo importante es que estés bien.
―Disculpen, señores ―dijo Jonathan, dirigiéndose a los demás hombres que miraban con curiosidad la escena
―. La joven es…
―Mi novia ―interrumpió Sasuke a su padre y les dio el frente a todos, aferrando a la chica por la cintura―. Ella es mi novia, Sakura Haruno.
―Y al parecer le gusta jugar con las sillas giratorias ―comentó Kendal riendo, siendo secundado por la mayoría de los presentes, lo que provocó que se sonrojara aún más. Sakura se sorprendió al darse cuenta que muchas de esas risas eran fingidas, pero el hecho de que fuera uno de los dueños de UchihaWorld quien soltara el chiste, era motivo suficiente para reír por su propio beneficio―. Bueno, señores, eso ha sido todo, síganme, por favor.
Todos se dirigieron a la salida. Jonathan fue el último, y antes de cerrar la puerta, se volvió hacia la pareja con expresión serena, aunque mirada escrutadora.
―¿Todo bien, Sakura? ―Sí, señor, discúlpeme. Jonathan asintió. ―Tenemos que hablar, Sasuke. Desapareció sin esperar respuesta. Saku estaba tan apenada por haber hecho el ridículo delante de todas esas personas, que apenas empezaba a asimilar que Sasuke la presentara como su novia delante de su padre y su primo, sin contar con que posiblemente John y Sara también habían escuchado.
―¿Te duele algo? ―preguntó Sasuke, mientras le acariciaba la mejilla suavemente. Sakura se alejó de él, y fue a sentarse en una de las sillas delante del escritorio.
―Ya te dije que estoy bien, discúlpame por ocupar tu silla y comportarme de esa manera tan infantil ―pidió Sakura, retorciéndose las manos. No le importaba lo que Sasuke pensara de ella, solo no quería hacer quedar mal a la compañía, y menos con personas tan importantes y delante de la familia. Sasuke se acercó a ella y se acuclilló a su lado.
―Tú puedes hacer en esta oficina lo que te plazca, nena ―replicó Sasuke sonriendo―, y
comportarte de la manera que desees. Recuerda que eres mi novia y tienes total libertad de hacer lo que quieras
. ―No soy tu novia, Sasuke. Soy la mujer a la que estás obligando a casarse contigo, y esas son condiciones muy diferentes.
―Para efectos prácticos es lo mismo, y te guste o no, así será. Sasuke se levantó con el ceño fruncido, y rodeando el escritorio, se sentó en su silla. Sakura lo miró y también frunció el ceño. Ese era precisamente el tema que quería tocar, porque una cosa era aceptar sus pretensiones, y otra muy diferente, andar a ciegas por un camino totalmente desconocido para ella.
―¿Siempre será así? ¿Siempre tendré que estar a tus órdenes y hacer cuanto me pidas por temor a represalias? Sasuke suspiró y se inclinó hacia adelante.
―Tú no entiendes, Sakura ―aseguró, mirándola a los ojos―. No eres mi esclava ni nada parecido, eres la mujer que amo, y por la que estoy dispuesto a cualquier cosa. Luego de la ceremonia tu familia estará segura, ya te lo he dicho. Te daré todo lo que desees, incluso ahora pídeme lo que quieras, lo que sea, no me importa, será tuyo.
―Lo que yo quiero no me lo vas a dar nunca, que es mi libertad.
―¡No! No si esa libertad es lejos de mi abrazo ―gruñó Sasuke―. Eres libre de hacer lo que desees siempre y cuando yo sepa en dónde estás y con quien. Ahora que mi familia lo sabe y no tardarán en enterarse todos, ya no tiene sentido que lo sigamos ocultando. Te asignaré un par de hombres para que te cuiden…
―Para que me vigilen, querrás decir.
―¡Para lo que sea! ―exclamó Sasuke, para enseguida inhalar profundamente―. Ellos serán tu sombra y te llevarán a donde tengas que ir, porque no quiero que manejes si no estás acostumbrada a hacerlo del lado contrario; igual necesito que me indiques qué coche deseas para pedirlo y que te lo entreguen cuanto antes. Mañana te daré una tarjeta de crédito a tu nombre, puedes gastar cuanto gustes, en ti y en tu familia, no me importa. No quiero que vivas más con Naru, sé perfectamente que es como tu hermano y todo eso, pero aun así prefiero que te mudes mientras nos casamos; si no lo quieres hacer a mi piso, puedes escoger cualquier otro en el distrito que prefieras, o en un hotel si lo crees mejor…
Sakura lo miraba fijamente, sin pronunciar palabra; se había quedado muda al escucharlo planear su vida, de la misma forma en la que impartía órdenes sobre la agenda de una reunión. Sentía que él no estaba hablando con su enamorada sino con una empleada más. ―…la boda la planearás de acuerdo a tus gustos ―continuó Sasuke, sin detenerse ni un momento
―. Si necesitas que tu madre y Sussana vengan para ayudarte, sólo es necesario que me lo digas, y las tendrás a tu lado apenas ellas puedan viajar; igual ahí tienes a Eva, Lara y a mi madre para que te orienten.
―¿Terminaste? Sasuke tensó la mandíbula.
―Sasuke… ―Sakura tomó aire para calmarse―, no debería ser yo la que esté usando la mayor parte de mi capacidad cerebral para mantener la paciencia, y no matarte ahora mismo con una de esas banderitas de tu escritorio. ¿Cómo te atreves a decirme que tengo libertad, cuando estás planeando cada uno de mis movimientos como si se tratara de tus malditos negocios?
¿Qué clase de libertad es esta? ¡Por Dios! ¿Es que acaso tu definición de libertad sobre mi persona, es tenerme encerrada en una enorme jaula de oro? ¿O amarrada con una larga cadena de diamantes? ¡¿Es eso?! ―La calma de la que creía gozar se había esfumado por completo―. Si bien accedí a casarme contigo, y lo voy a hacer, eso no te da derecho a decirme lo que tengo que hacer o no.
Puedes mandar a seguirme si te da la gana, lo que no puedes es obligarme a cumplir tus órdenes, porque no voy a subir a un auto que no pienso escoger, no voy a aceptar tu dinero plástico o como sea, tampoco voy a dejar de vivir con Naruto en lo que me queda de vida normal, y con la boda puedes hacerla dónde y cómo te plazca, porque no tengo intenciones de mover un solo dedo por esa empresa.
¿Te quedó claro? ¡¿Te quedó claro?! Sasuke la miró por unos momentos, segundos en los que Sakura respiraba agitadamente, y tenía las manos firmemente aferradas a los brazos de la silla.
El hombre se levantó, y dando unos pasos, se ubicó junto a la ventana para observar el panorama. ―Debemos informarles a nuestras familias formalmente ―continuó con el mismo tono de antes. Sakura gimió de frustración y se tapó la cara con las manos.
Tratar de razonar con Sasuke era una pérdida de tiempo; estaba acostumbrado a hacer su voluntad y nadie lo podría cambiar―. ¡Cuanto antes mejor!, pues como te diste cuenta, no podremos ocultarlo por mucho más tiempo, y quiero que la boda sea lo más pronto posible.
―No pretenderás que le diga a Daniel que nos vamos a casar así nada más, ¿cierto? ―preguntó Sakura con más preocupación que incredulidad.
―Yo estaré contigo cuando se lo digas, no te pienso dejar sola con él porque no sé cómo pueda reaccionar.
―¡Sasuke, entiende! Naruto no me va a hacer daño, estoy hablando de la noticia en sí. ¡Por Dios! No puedo llegar a decir que me voy a casar contigo o con quien sea, siendo que apenas tenemos un mes de conocernos y no hemos dado muestras de nada, ¿y mi mamá? ¡Dios! Esto es una locura.
―Sakura, nuestro matrimonio es inevitable; serás mi esposa así Naruto enloquezca y a tu madre le dé un infarto. Te aseguro que será mucho peor si no nos ponemos de acuerdo en ciertos aspectos, y los demás se dan cuenta de tu renuencia a esto.
―Nasuke se acercó a ella lentamente; mientras la miraba a los ojos, se recostó en la mesa y se inclinó hacia ella―. Piensa en que si se dan cuenta que no eres feliz, sufrirán por tu situación, y tú no quieres que ellos estén tristes, ¿no es así? Beth desvió la mirada y sintió cómo sus ojos se llenaron de lágrimas.
Si ellos se enteraban, o al menos sospechaban la verdad, harían todo lo posible por evitar la boda sin importar las consecuencias, y eso acarrearía la furia de Sasuke, lo que sería mucho peor. Una lágrima se le escapó, y cuando levantó la mano furiosa consigo misma por no poder ocultar su debilidad ante el hombre, sintió que este le agarró la mano, y acercando su rostro al de ella, besó la gota que corría por su mejilla. Sakura intentó apartarse cuando él le sostuvo el rostro, y con suavidad se lo giró para que lo mirara.
―Yo beberé cada una de tus lágrimas y las convertiré en las mías, Sakura. Tus sufrimientos serán los míos, y tus alegrías mi completa paz.
―Habría sido tan fácil enamorarme de ti, Sasuke… Tan fácil ―susurró Sakura, al tiempo que sentía que más lágrimas superaban la barrera de sus pestañas. Sasuke, al ver su llanto y escuchar esas palabras, la rodeó con sus brazos, la atrajo a su pecho y acercó sus rostros.
―Tendrás toda la vida para hacerlo, mi amor. Y unió sus labios con los de ella. Sakura no se movió. Las últimas palabras de Sasuke le confirmaban que jamás aceptaría una separación o alejamiento por su parte.
Sasuke la besaba, no con la rabia y la locura con que lo había hecho dos días atrás, sino con ternura, con amor, como si quisiera saborearla lenta y apasionadamente. En el beso había necesidad, algo que nunca acabaría en él, solo que en ese momento fue tranquilo, más suave, como si quisiera demostrarle que su amor también era capaz de ser cariñoso y delicado.
Hasta entonces, Sasuke solo saboreaba sus labios, recorría su lengua por ellos tratando de captar su esencia, su delicioso sabor. Sakura no le permitía el acceso a su boca; ella únicamente le dejaba hacer sin inmutarse por lo que estaba sucediendo, sus labios no reaccionaban a los movimientos que se producían sobre ellos, y él así lo captó.
En ese momento, Sasuke comprendió cómo sería todo: ella accedería a todas sus exigencias, o al menos a la del matrimonio, sin llegar a ser parte activa en su vida de casados. Lo dejaría hacer, y ella solamente sería un autómata que viviría porque su cuerpo así se lo permitía, no porque sintiera que en realidad debía ser partícipe de esa vida. Lo que él no sabía, era que esos no eran precisamente los planes de la chica.
Sasuke se separó de ella, y al ver que todavía sus ojos estaban húmedos, los besó, para luego colocar suave y fugazmente los labios sobre la punta de su nariz.
―No quiero una muñeca, Sakura, quiero a una mujer, a mi mujer.
―Pues no lo parece cuando no me has dejado opción ―replicó Sakura, levantándose de la silla y alejándose de él―. Ya me mostraste cómo será mi vida antes de casarnos, ahora, ¿tendrías la amabilidad de informarme cómo será cuando sea tu esposa?
―No seas sarcástica, Sakura. No te estoy diciendo lo que tienes que hacer aparte de tu vivienda, del resto te estoy dando absoluta libertad para escoger lo que desees, y te proporciono los medios para que lo ejecutes a tu antojo.
―¡Vigilada por dos gorilas las veinticuatro horas del día!
―Es por tu seguridad. No tengo enemigos declarados en el ámbito personal; sin embargo, el dinero los atrae como moscas a la miel. No me voy a arriesgar a que se sepa que me importas, y a alguien se le dé por secuestrarte o hacerte algún daño. Eso no tiene discusión.
―Nada tiene discusión ―replicó Sakura en un susurro, sin poder evitarlo.
―¡Deja de refutar todo lo que digo!
―¡No me grites! ―gritó Sakura a su vez, y se acercó a él rápidamente―. No me levantes la voz, Sasuke, porque eso no te lo voy a permitir. Has acabado con mi voluntad, pero no pisotearás mi dignidad ni me doblegaré ante ti, por mucho miedo que tenga a tus reacciones. Sasuke la miró asombrado.
―Sakura yo jamás te agrediría, ¿cómo puedes pensar algo así? Sakura no contestó, le dio la espalda y se quedó un momento mirando hacia la puerta de la oficina. No sabía por qué creía en las palabras de Sasuke, o al menos en que no recibiría golpes o algún maltrato físico de su parte, solo lo hacía.
―¿Qué sucederá luego de que nos casemos? ―preguntó, ignorando las últimas palabras de él. Sasuke suspiró y se pasó la mano por el cabello para halárselo con frustración. ―
Nos mudaremos a una propiedad a hora y media de la ciudad ―dijo con voz cansina―. Es una casa de campo que ha pertenecido a la familia desde hace varias generaciones. Tendrás todo lo que necesites, y cuando desees venir a Londres no habrá inconveniente; las distancias son cortas incluso en coche. Sé que te va a gustar. Esa no era precisamente la respuesta que esperaba. Necesitaba saber qué pasaría con su vida privada, con su vida como pareja, mas no se atrevía a preguntarlo directamente, por lo que optó por una pregunta más sutil que la que quería formular.
―¿Y qué pasará con nosotros? ―Sakura giró para mirarlo. Sasuke la miró con expresión sombría.
―Debemos hablar con nuestras familias esta misma semana, y pensar cómo se lo diremos a tu madre para que yo pueda estar a tu lado…
―Sasuke, por favor, contéstame, dime cómo será ―pidió Sakura con desesperación, al tiempo que se acercaba a él―. Necesito saberlo. ―Eso no depende de mí, sino de ti. Todo, Elizabeth, depende de ti. Sakura sufrió un estremecimiento involuntario. Esas palabras dejaban muchas posibilidades abiertas, y dudaba que las que menos le atemorizaran fueran las acertadas. «―…El destino no cambia, lo que sí lo hace es el camino para llegar a él, y en ti está decidir cuál
quieres recorrer.»
Recordó las últimas palabras que Olivia le había dicho, y entendió que ella podía escoger entre dos caminos: vivir en paz con Sasuke, aceptando todas sus pretensiones con sumisión, o hacer de su vida un infierno y mantenerse firme en sus convicciones. Sabía que nunca serviría para ser sumisa, eso tenía su tipo de mujeres y ella en definitiva no encajaba en el perfil. Cerró los ojos y tomó una decisión.
―No me voy a mudar del apartamento que comparto con Naruto ―declaró, abriendo los ojos y pronunciando las palabras con firmeza, para no dar opción a refutaciones―, el auto puede ser cualquiera pues no me interesa, la tarjeta de crédito cancélala, porque no te la voy a aceptar, y con respecto a hablar con nuestras familias, ya que insistes puede ser mañana mismo; después de todo, el impacto será grande, suceda cuando suceda.
Sasuke no pronunció palabra, sino que la miró largamente, mientras ella esperaba alguna reacción por parte de él. Luego de un momento al ver que no iba a hablar, se retiró, dando por sentado que él estaba de acuerdo con todo lo que ella había dicho. Cuando alcanzó la puerta de la oficina y colocó la mano en el pomo, escuchó la voz de Sasuke.
―¿No te quedas a almorzar, nena? Sakura se sobresaltó al oír la pregunta, y cerró los ojos con fuerza para llenarse de paciencia. La voz de Sasuke no fue autoritaria ni exigente, sino la que usaba siempre que quería pedirle algo; esa voz de niño bueno que no era capaz de matar a una mosca. ¿Cómo era posible que después de todo lo sucedido momentos antes él actuara como si nada? «Descaro, puro y maldito descaro.»
―¡Te llamo luego! ―Fue lo que escuchó antes de cerrar bruscamente la puerta tras de sí.
