Alastor despertó y sintió un suave dolor en su espalda baja, lo siguiente que sintió fue algo frío en esta. Al intentar incorporarse notó una bolsa con hielo en su parte baja, pero ni bien pudo moverse cuando la risa de Angel le detuvo. Entre desorientado y curioso observo al hombre sentado bajo la única ventana del cuarto.

—Mala idea bebe, se lo que te digo, déjala ahí —aconsejo dándole una calada a su cigarrillo sin dejar de verlo detenidamente.

Alastor lo miró sin su camiseta, con la herida al descubierto y su cuerpo curtido por las heridas de todas las otras peleas que ya había tenido antes y no pudo encontrar más maravilloso ese cuerpo marcado por el paso de los años.

—Lo dejaré —dijo sin más volviendo a recostarse en la cama, abrazando la almohada. En aquella posición, no podía estirarse del todo por lo que sentía la gran mayoría de sus músculos entumecidos.

La noche anterior se le fue un poco de las manos, lo admitía.

Nunca en todas su vida se hubiera imaginado enredándose con un hombre por algo tan vanal como el deseo, ni mucho menos con un delincuente teniendo en cuenta su buena posición, sin embargo, ahí estaba, después de una ronda de sexo desenfrenado, disfrutando de una calma inaudita que no había percibido en años.

—Angel —llamó tras un momento.

El aludido sonrió de medio lado, observandole con curiosidad.

—Puedes llamarme Anthony —dijo pero a juzgar por la manera en la que Alastor insistia en llamarlo por su apodo, supuso que sería un poco más complicado de lo que pensó hacerlo llamar su nombre -claro si no contaba la noche anterior-.

—Una vez dijiste que no querías que las cosas se volvieran más cercanas entre nosotros —comentó Alastor desde su lugar—, y creo que llamarte por tu nombre, complicaría ese pacto nuestro.

—Alastor, después de lo de ayer, eso ya no aplica, no mames —río al decirlo tras apagar su cigarrillo para arrojarlo al cesto de basura de aquella habitación.

Alastor sonrió burlonamente por la palabra empleada pero no respondió. Entendía lo que decía, pero de todas formas cierta inquietud existía en él.

En especial porque aún cuando Anthony le había demostrado de varias maneras que podía contar con él, aún no terminaba de sentirse agusto con él, aún cuando su relación ya hubiera llegado a ese nivel, su instinto le seguía gritando que tuviera cuidado.

Y si su instinto nunca se había equivocado antes, esta vez no tendría porqué dudar de él.

—Bueno, ya que insistes ¿puedo hacerte más preguntas? —pidió curioso por el pasado del hombre frente a la ventana.

Si bien no le preguntaba sólo por querer saber, pensó que quizá de esa manera se sentiria un poco más tranquilo.

—Solo si tu respondes de regreso —presiono Angel sin desaparecer su sonrisa.

Alastor entrecerró los ojos observando a Angel ladear la cabeza. No le quedaba muchas opciones, debía ceder o de lo contrario, su única respuesta sería el silencio.

—Me parece justo —respondió tras pensarlo un momento.

—Bien, eres libre de preguntar —informo Angel encogiéndose de hombros.

—¿Edad?

—Buena pregunta —rió mirándolo sin desaparecer su sonrisa—, 26.

—¡Carajo! —soltó sin querer incorporándose un poco en la cama—, imagine que eras joven, pero no tan joven.

Ante esa reacción, le fue imposible a Angel no reír.

—Vamos, son solo nueve años de diferencia —comentó tratando de restarle importancia.

—Es una brecha de casi una década, Angel —apuntó Alastor, algo inquieto por ese descubrimiento.

—Lo dices como si fuera la gran cosa —se burló antes de cambiar de tema—, ¿porque Mimzy? —cuestiono directo y sin titubear—. No parece tu tipo, en realidad nadie.

Alastor asintió sutilmente con la cabeza retirando la bolsa de hielo de su espalda baja.

—Puede que tu lo seas, en alguna medida —comentó desde su lugar en la cama—, la conozco desde que tengo memoria, nuestras familias eran muy unidas, creí que algún día, por tratarse de ella, las cosas serían diferentes —dijo recordando todo por lo que habían pasado—. Me equivoque.

—Yo no lo veo así —aclaro Angel al ver la expresión de Alastor, atrayendo su atención—, más bien ahora sabes que buscar en tu próxima pareja.

Alastor sonrió de medio lado al escucharlo. Las relaciones no eran un tema de su agrado, por lo que optó por cambiar de tema.

—¿Siempre has estado metido en esto?

—Negocio familiar —dijo como si nada, dibujando una extraña mueca en el proceso.

—¿Has pensado en dejarlo? —volvió a preguntar, notando a Angel crisparse un poco.

—Esas son dos preguntas, Al —rió tras acusarlo—, si, muchas veces, más de las que debería de haberlo pensado, he pensado en dejar toda esta mierda y empezar desde cero en un lugar bien lejos de aquí, donde nadie me conozca y donde pueda ser verdaderamente feliz. Costara lo que costar.

Ante esa respuesta tan sincera, Alastor percibió un tono similar a la nostalgia, como si aquella respuesta hubiera evocado recuerdos que no quisiera revivir.

—¿A que querías dedicarte?

—Al, son muchas preguntas —volvió a decir sintiéndose de pronto en un interrogatorio.

—Dejo que me preguntes, unicamente por que se que quieres escuchar lo que ya sabes saliendo de mi boca —apuntó incorporándose lentamente en la cama—, no creas que he olvidado que has investigado hasta mis ancestros —aunque lo dijo con burla, algo de dentro de él se seguía retorciendo por ese hecho.

Angel se cruzó de brazos, sonriendo con picardía. A veces olvidaba que Alastor era muy perspicaz y con demasiada buena memoria.

—Touche —musito caminando hacia la cama, sentándose a un costado de Alastor mirando hacia la espalda del chico castaño llena de mordidas y chupetones—, nada.

—¿Como nada? Debes estar bromeando, no puedes decir ese sermón y luego decir que no soñabas con algo más-

—Quisiera estar muerto Alastor —le cortó mirándolo con pesar—, se lo que dije, pero también sé lo que soy, eso no se puede cambiar.

Alastor al entender el contexto detrás de las palabras, cerró la boca de pronto, meditando bien las palabras que debía decir a continuación.

—Tendras tus razones para decirlo, pero creo que puedes conseguir algo mejor que solo una muerte sin sentido, ¿no lo crees? —comento dándose la vuelta hasta quedar boca arriba, recargado en las almohadas.

—Tan serio como siempre —musito recorriendo con su dedo índice el vientre de Alastor—, mi madre murió cuando yo tenía cinco años, una... familia enemiga embosco el auto donde viajabamos, de todos, solo ella y el chofer murieron. Fue un evento bastante triste a decir verdad.

Alastor no dijo nada y le permitió seguir tocándolo, pese a que el toque le hacía sentir un poco incómodo

—¿Sabes que mi padre me odia? —preguntó tras ver que Alastor no diría nada.

—¿Te culpa de la muerte de tu madre?

—Sip, ella cubrió mi cuerpo y el de mi hermana con el suyo —dijo con una gran sonrisa en sus labios deteniendo sus caricias—, ella dio su vida por un hijo de puta mal nacido que siguió los pasos del hombre que más odio, ¿sabes Al? En parte mi sueño, era de mi madre, ella una vez soñó con llevarnos lejos de esta mierda, pero por culpa mía y de mi hermana, nunca se completo.

—Estas siendo muy duro contigo mismo —comentó tras verlo fruncir el ceño—, no creo que ella-

—¿Y tu que Alastor? —corto de inmediato enarcando una ceja—. ¿Tiene algo que ver tu trágico pasado con la mierda que eres ahora y con lo que les haces a esas personas? —preguntó tan secamente, que logro que algo temblara dentro de Alastor.

Alastor iba adoptar su lado insensible, pero entendía que el chico estuviera un poco exaltado por haber contado algo tan personal, por lo que lo dejó pasar.

—Angel, investigaste mi historial familiar, ¿no? —comentó divertido buscando sus lentes con la mirada—, soy producto de una violación —dijo sin pelos en la boca localizandolos en el suelo cerca de la entrada al cuarto. Al menos a esa distancia, aún podía verlos—. No vengo de un hogar amoroso, ¿ya lo sabes no?

Angel se quedó callado un momento, de pronto se sentía un entrometió y lamento mucho haber sido grosero con él, pero hablar sobre su pasado, en especial con Alastor, de alguna manera lo sentía incorrecto, sin embargo, ¿por qué de pronto era así?

—Si, ya lo sabía —dijo casi en un murmullo.

—Nunca supe ni quise saber quien era mi padre, o al menos fue así durante mis primeros veinte años —comentó mirando hacia el techo un poco descolorido de la habitación—, después de eso, él fue el primero que desató algo que ya no pude parar. No tienes idea de cuánta ira y frustración libere ese día, como disfruté verlo desangrarse luego de que este viera que sus travesuras, eran una fotocopia de él —soltó dejando que ciertas memorias acudieron a él—, en retrospectiva, de no haberme parecido a él y nunca habérmelo cruzado por puro azar, quizá mi camino no se hubiera manchado, y digo quizá, porque de igual manera tal vez estaba destinado a que hiciera lo que hice, ¿no?.

Ante esa verdad, Angel se quedo callado. En cierta manera, escuchar toda esa historia salida de sus labios, le hacía sentir como si escuchara una novela de terror ligera, para nada de su gusto.

—Al, llevabas reteniendo tantas malas experiencias, me sorprende que no te hayas vuelto loco antes —comento un poco afligido imaginando a un Alastor seis años más joven que él, descubriendo al hombre que ultrajó a su madre y que le malgracio la vida con un hijo no deseado—, solo fueron eventos desafortunados, los de ambos realmente, pero ¿que te hizo medirte? La mayoría de asesinos seriales, no dejan tanto tiempo de enfriamiento entre un homicidio y otro, ¿por qué tu si?

Ante ese último cuestionamiento, su instinto empujo en su interior. Una vez más, Angel mostraba interés por su segunda faceta, entendía su curiosidad, pero ¿y los términos usados?

—Posiblemente... —dijo tratando de apartar cierto eco en su cabeza—, haya sido debido a que tenía que hacerme responsable de mi madre —murmuró desde su lugar mirando con cierta indiferencia hacia la ventana.

—¿Por qué? —pregunto sin entender a lo que se refería.

—Ella se suicidio hace diez años, ¿también sabías eso? —comentó mirando ahora hacia Angel.

—No sabía eso —atinó a decir por esa verdad.

—Hubiera estado impresionado de ser así, nadie lo sabe, ni siquiera Mimzy lo sabía a decir verdad—dijo con una sonrisa burlesca, que aunque Angel sabía que esa era su manera de disfrazar lo que sentía en ese momento, no pudo parecerle más que macabra—, se supone que está en un hospital psiquiátrico para su propia protección, pero la realidad es... que después de muchos intentos, ella por fin lo logró. Dejo de ver el rostro de la persona que le echo a perder su vida, dejó de sufrir por la carga que la sociedad puso sobre ella al obligarla a parir a un bastardo y por fin después de veinticinco años de calvario, me dejó descansar en paz. Por más cruel que suene eso.

Angel no supo qué decir ante ello, realmente no tenía ni idea de cómo su plática se había tornado tan oscura, por lo que no quería que las cosas se volvieran más pesadas para ambos. En especial para él, que tenía mucho que procesar en ese momento.

—¿La amabas? —se atrevió a preguntar después de un breve silencio.

—Naturalmente, ella me dio la vida, así como intentó quitarmela muchas veces y a ella de paso —rió incorporándose hasta estar a la altura de Angel, notando de pronto cierta incomodidad en él—, no sientas lastima por mi —pidió al notar la expresión que le dedicaba, aunque muy dentro de él, sabía que no era lastima lo que sentía por el, ¿repulsión? ¿miedo? Quizá un poco de ambos.

—No lo haría nunca —aseguró viéndolo a los ojos, notando duda en ellos.

Sabía que Angel provenía de una familia donde la lealtad lo era todo, por ello, comprendía que el concepto de matar a uno de tus padres, por más odio que sintieras hacia ellos, fuera algo ajeno a él, sin embargo, dada su propia naturaleza, no terminaba de comprender porque tanto asombro.

—Haces bien —comentó mirando hacia los labios de Angel, pues de seguir viendo a sus ojos, quizá cierta respuesta le inquietara.

Este ladeo levemente el rostro al notar esa acción antes de acariciar el rostro de Alastor con su mano derecha.

—Estamos tan rotos por dentro como por fuera, ¿ah? —comentó tras un momento, con una pesada sonrisa.

Alastor sonrió en respuesta recargando la mejilla en la mano de Angel, quien sintió un suave vuelco en su corazón por la acción.

Eso era definitivamente una muestra de afecto, que no había recibido antes.

—No podría estar más de acuerdo contigo —dijo, pero muy en el fondo, aquella plática levantó más de un sentido que creía olvidado.

Y esa sensación, no le gustó.