Saori fue corriendo por las escaleras subiendo a las casas del Zodiaco, en busca de su querido Seiya.

-Diosa Athena – Mu de Aries junto con varios de los demás Caballeros sobrevivientes, como Shaka de Virgo, Aioria de Leo, Milo de Escorpio y Aldebarán de Tauro – hemos venido para servirle a usted.

- ¿Qué? – Saori quedó muy confundida ante esto, pero nada le importaba, sabía que su amado Seiya estaba en peligro por culpa de esta guerra sin sentido contra los de Bronce.

- Diosa Athena, nosotros los Caballeros Dorados, estamos aquí para servirle a usted.

- Diosa Athena, yo, Milo de Escorpio, debo informarle sobre los Caballeros de Bronce que lucharon en las 12 casas y que asesinaron a parte de los Dorados.

- … - Saori no soportó más y eso y solo se fue de ahí, estaba apurada por ir con Seiya.

- ¡No te mueras! – gritó en pensamiento la peli lila – prometiste que estarías conmigo siempre, nunca me dejes sola.

Mientras iba en el camino, notó un gran cosmos acercándose a ella, aunque no venía caminando, más bien, venía volando hacia ella.

- ¿Qué es eso?

- … - en eso, un hombre con Armadura Dorada cayó frente a la peli lila.

- ¿Tu eres…?

- Diosa Athena… soy Saga, Saga de Géminis.

- Saga – la diosa miró fijamente al peli azul quien venía arrastrándose.

- D-Diosa Athena… por favor… no me queda mucho tiempo de vida… quiero morir en paz y… - el Caballero no terminó su frase ya que sintió como si algo le atravesara el pecho y cuando bajó la mirada… notó a Nike atravesando su pecho, especialmente la zona del corazón.

- Eres un cobarde Saga – le reprochó muy furiosa la diosa - ¿sabes cuanta gente asesinaste? Mucha gente murió bajo tus órdenes y realmente no fuiste un gran patriarca que digamos. El intentar matarme a mí y varios del ejército de Athena es un pecado muy grande. Por eso, como Diosa de la Guerra, te condeno por tus crímenes contra mí y contra tus camaradas.

- P-Pero…

- Muere sabiendo que tus pecados jamás serán perdonados y eso te llevará una muerte miserable que pagarás en el otro mundo – Saori puso a Nike frente a Saga quien se desangraba - ¡Hakai!

- ¡Diosa Athena! – fue lo último que gritó el Caballero de la tercera casa cuando comenzó a desintegrarse hasta que no quedó nada de él, solo su armadura.

- Eres un cobarde Saga – dijo Saori mirando las partículas del cosmos perteneciente al peli azul – Seiya, ya voy por ti.

Sin perder más el tiempo, Saori llegó hacia los pies de su estatua, obvio que cuando se encontró a los demás Caballeros de Bronce, les dio un poco de su cosmos para que por lo menos se pudieran levantar, pero no perdió tanto tiempo en esto.

Cuando por fin llegó donde Seiya.

El horror que vio frente a ella… la dejó estática.

Seiya, el Caballero que había luchado fielmente por salvarla, estaba al borde de la muerte envuelto en un charco de sangre, cosa que habría provocado el lado maligno de Saga.

Saori dejó a caer a Nike y solo fue donde estaba su amado castaño y lo abrazó con todas sus fuerzas mientras irradiaba un cosmos lleno de tristeza, cosa que los demás Caballeros sintieron.

- ¿Sienten eso? – dijo Aioria.

- Sí, el cosmos de la diosa Athena transmite tristeza, una profunda tristeza.

- Algo debió pasar a los pies de la estatua.

- Vamos – tanto Dorados como de Bronce y Tatsumi, subieron hacia donde estaba su diosa.

Al llegar, solo la hallaron a ella llorando junto con Seiya envuelta en un abrazo, unilateral ya que el castaño seguía inconsciente.

Luego de un rato más, Saori se levantó, no sin antes ordenarle a Tatsumi y a los demás Caballeros de Bronce que se llevaran a Seiya y a los demás a uno de los hospitales de la Fundación Graad a ser tratados de sus mortales heridas.

- ¿Qué hará usted señorita Saori? – preguntó Tatsumi.

- Hay alguien de la cual tengo una cuenta pendiente – dijo Saori tomando a Nike y con la mirada ensombrecida – esa maldita víbora rastrera de Eris se acerca.

Saori sabía de antemano gracias a la información que les habían dado sus Saintias que la diosa de la discordia, Eris, había estado haciendo de las suyas y realmente no estaba de humor para luchar contra esa diosa, pero parecía que no tendría opción.

De la nada, se le vino a la mente de su querido Seiya y solo pensó en todos los momentos bellos que pasaron, aunque fueron muy pocos, realmente le daba nostalgia de pensar como estaba ahora, aunque le angustiaba todavía más que algo malo le fuera a suceder.

Pegaso estaba muy débil como levantarse y luchar por ella de nuevo, por lo que ella se encargaría de protegerlo a él ahora.

-Al parecer el cosmos de Shoko-san estuvo presente aquí, a lo mejor su alma estuvo aquí – dijo sintiendo el rastro de cosmos de la peli rosa – a lo mejor esa maldita de Eris ya se la llevó.

- ¿Qué le pasa Athena? – preguntó Aries.

- Nada – Saori se pasó el brazo por los ojos limpiándose un poco las lágrimas que había botado – si me permiten, debo ir a patearle el trasero a una maldita despechada.

- Athena, sabe que usted que no debe luchar sola, para eso estamos nosotros – dijo Leo siendo callado por la mirada fría de su diosa.

- Ahora no Leo, estoy pensando en algo para… - la mente de Saori dio en el blanco de lo que necesitaba, realmente había un arma más poderosa que Nike y su escudo juntos. Sabía que desde la antigua era mitológica, ella siempre portaba su Armadura, la cual tenía un gran poder y eso le daría la victoria en esta "guerra" contra la diosa de la discordia.

Saori fue a Star Hill, lugar en el que incluso los Dorados tenían prohibido entrar y en eso, buscó algo, algo que realmente no se podía apreciar, pero dio con una caja de madera y al abrirla…

- ¡Bingo! – exclamó tomando la cosa que estaba en la caja y volvió a los pies de la estatua de Athena ante la mirada atónita de los Dorados.

- ¿Qué hará Athena?

- ¡Atrás todos! – ordenó la diosa mientras de la caja, sacaba una daga dorada y rápidamente la pasaba por su mano derramando un poco de su sangre.

- ¡¿Qué hace Athena?! – dijeron algunos de los Caballeros algo sorprendidos.

De la estatua, salió lo que parecía ser una réplica de la misma, solo que de tamaño miniatura, cosa que no entendieron muchos.

- ¡Con esto, le ganaré a esa maldita! – dijo Saori tomando la estatuilla y dirigiéndose con Nike a batallar.

- ¿A dónde va Athena? – dijo Mu.

- No tengo que darles explicaciones, ustedes mismos debieron sentir el cosmos de la diosa Eris – dijo Saori en tono frio.

- ¿Qué? – eso sacó de onda a más de alguno de los Dorados quienes notaron de inmediato que era cierto.

- Es un cosmos realmente poderoso – dijo Shaka – realmente es el poder de un dios.

- Iré a batallar – Saori tomó sus dos cosas y abrió un portal que la llevaría en donde se hallaba Eris.

- ¡No puede ir sola Athena! – exclamó Aldebarán.

- Miren, lo diré claramente, luego de todo lo que pasó, realmente no confío en los Dorados ni mucho menos en otros Caballeros del Santuario y humildemente les pediría que no se metieran, pero como sé que no me obedecerán, entonces entren de una vez a luchar.

Duras palabras, pero decisivas, sin dudarlo, los Dorados sobrevivientes ingresaron al agujero dimensional en el que los llevaría hacia donde estaba Eris.

.

En un jardín desconocido…

- ¿D-Dónde estoy? – dijo una peli rosada vistiendo una Armadura celeste mientras miraba a su alrededor y solo veía un campo de flores muy hermoso.

Shoko solo recordaba que había estado viendo la batalla de las 12 casas en las que su amigo Seiya salió victorioso y logró derrotar a Saga de Géminis para finalmente salvar a Saori.

Pero cuando quiso seguir viendo más, una extraña fuerza llevó su alma a ese lugar desconocido.

- ¿Dónde demonios estoy?

- Shoko – se escuchó una voz familiar para la peli rosa la cual, al voltear la mirada, notó a la dueña de la voz.

- ¿Hermana? – Shoko no creía lo que veía, su hermana Kyoko estaba ahí frente a ella, pensando que había muerto… estaba frente a ella.

- Shoko, veo que has venido a tomar el té conmigo.

- ¿Tomar té?

- Sí, Shoko, este es el lugar que la diosa Eris ha planeado para nosotras, para que pasemos la eternidad juntas.

- Hermana.

- Shoko, he venido para que pasamos nuestro sueño, después de todo, ya no deseas servir a Athena.

- ¿Qué? E-Eso no es…

- Shoko, luchar junto a ella no es lo que quieres, solo quieres estar conmigo, juntas por siempre.

- Hermana…

- ¡No escuches esa víbora arrastrada! – gritó una voz dejando a ambas hermanas confundidas, aunque sabían bien la dueña de esa voz.

- Esa voz…

- ¿A qué has venido aquí… Athena? – dijo Eris en el cuerpo de Kyoko.

- Pues a que más, pues a derrotarte, o sea, hello – dijo Saori en tono de diva – Eris, vengo en son de paz, pero si quieres hacer una estúpida guerra por capricho, juro… que te vas a arrepentir.

- ¿Y qué harás Athena? – se burló Kyoko/Eris - ¿me amenazarás o qué onda?

- No me provoques.

- Vamos Athena, ¿Por qué me dañarás? ¿Acaso será por los humanos inmundos a los que proteges? ¿Será por tu puesto de diosa de la Tierra? ¿O será… por tu pobre amante en agonía?

- ¿Amante? – dijeron algunos de los Dorados en estado de shock pensando que era mentira de parte de la diosa de la discordia.

- No vuelvas a decirle así a él, él es mi amante y punto, pero no dejaré que te burles de él – dijo la peli lila dejando boquiabierto a más de alguno, en especial a Eris.

- A-Athena – Kyoko/Eris esbozó una sonrisa maligna – ya veo, entonces será el primero al que mataré, cuando envié mis Diadres lo harán palilla y…

- ¡Ya fue suficiente! – exclamó furiosa Athena y lanzó un rayo de energía de parte de Nike que mandó a Eris a volar unos cuantos metros.

- M-Maldita – susurró Eris enojada – ja, no me asustas con tus golpes baratos, sé que tal vez tus Caballeros ahora sepan de tu amante, pero apuesto que tus Saintias o como se llamen, no lo saben.

- … - Saori no dijo nada y solo chasqueó los dedos y de la nada, un brillo potente apareció y de ahí, surgieron 4 siluetas que bajaron de golpe al sitio - ¿Decías?

- Chicas – Shoko fue a auxiliar a sus amigas Saintias que habían llegado, pero había una nueva chica con ella, esta tenía el cabello castaño y los ojos verdes y vestía una Armadura de color esmeralda.

- Shoko, estás bien – dijo Xiao dirigiéndose a Equuleus.

- Sí, gracias a Saori-san estoy bien – dijo la peli rosa quien luego miró a la chica nueva - ¿Quién es ella?

- ¡Oh! Ella es Erda-Senpai – dijo la Saintia de Osa Menor – Erda de Casiopea.

- ¿Casiopea?

- Hola, tú debes ser Shoko – dijo la castaña presentándose.

- S-Shoko de Equuleus.

- ¿Y ella que hace aquí? – dijo Shoko mirando a la Saintia de Corona Boreal.

- Katya, ¿no has venido a traicionarnos verdad?

- No – dijo la rusa – he reflexionado y sé que he cometido varios pecados, pero estoy dispuesta a encomendar mis errores Mii.

- Bueno, que se le va a hacer – dijo la Saintia del Delfín – por ahora, tenemos un trabajo pendiente que hacer y es derrotar a la diosa Eris.

- Sí – dijeron todas a excepción de Shoko quien no estaba segura de querer atacar a su hermana.

- ¡Basta de habladurías! – dijo Eris – Ahora mismo iré a atacar a tu amante, Athena.

- ¿Amante? – reaccionaron las Saintias a excepción de Shoko que ya lo sabía todo.

- ¡Ya te dije que no permitiré que le toques un pelo a Seiya! – exclamó con furia la peli lila volviendo a atacar a la diosa de la discordia.

- ¡¿Seiya?! – exclamaron los Dorados y Saintias muy sorprendidos.

- ¡Saori, deja de atacar a mi hermana! – dijo Shoko quien solo recibió una mirada de Saori tan aterradora que mataría de miedo al propio Hades.

- Ella no es tu hermana Shoko-san, ella es la diosa Eris, una maldita engreída quien sigue enojada por la misma razón estúpida – decía con odio la peli lila - ¿aun sigues resentida de que Paris no te haya invitado a la fiesta de ese entonces?

- ¡Cállate! – gritó la diosa maligna - ¡Ya me cansé de esto! ¡Acabaré contigo y a tus estúpidos Caballeros!

- No lo harás – en eso, un brillo surgió de la propia Athena y fue envuelta en un aura divina para luego dar paso a una transformación.

- ¿Q-Que es eso?

- Este es el Súper Saiyajin – dijo Saori vistiendo su Armadura divina – la misma Armadura de los Power Rangers, es mi Armadura Divina ¿Qué no ves?

- Esto no debería estar pasando – dijo Eris – no deberías saber sobre la existencia de las Armaduras Divinas.

- ¿Sabes? No tengo tiempo para perderlo contigo – dijo Saori posicionándose con ambas manos juntas – y sé qué harás una estupidez como la de hacer un castillo flotante que se dirija al Santuario, pero hoy no estoy de humor para estupideces, así que acabaré esto pronto. Y no quiero volver a ver tu cara por aquí de nuevo, Eris.

- ¡No me vencerás Athena! – Eris aun en el cuerpo de Kyoko fue directo hacia la diosa de la guerra, pero cuando estaba a punto de golpearla, está la esquivó y le hizo una herida en el cuerpo con lo que parecía ser una daga de color dorado - ¿Qué?

- ¡Sal del cuerpo de Kyoko-san espíritu chocarrero! – la herida causada por la daga dorado expulsó a Eris de Kyoko quien cayó al suelo inconsciente – ya fuera de Kyoko-san, puedo matarte como quiera.

- M-Maldita Athena.

- ¡Eris! ¡Ve donde Hades y le dices que me la mama! – dijo Saori poniéndose en posición para lanzar un poderoso ataque – sufrirás el poder de mi súper aumentado… ¡Ka! ¡Me! ¡Ha! ¡Me!

- ¡Te maldigo Athena!

- ¡HAAAAAA! – Saori lanzó un poderoso ataque que dio de lleno en el cuerpo de Eris y que la desintegró por completo, dejando nada más que polvo en su lugar.

Una nueva guerra había terminado… bueno, antes de que comenzara.

Saori se quitó su Armadura y solo se dirigió hacia Shoko quien se hallaba temblando del miedo. ¿Y cómo no estarlo? Saori había demostrado un gran poder más allá de lo entendible.

Los Dorados y las Saintias estaban en el mismo estado de la peli rosa, pero se pusieron más nerviosos al ver como su diosa se acercaba a ellos, en especial a Shoko.

-Recoge a tu hermana y vámonos – dijo Saori a Shoko mientras esta obedecía con algo de miedo. Podía jurar que ya se orinaba en su Armadura.

Realmente… Saori Kido había cambiado.

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Continuará…