HOLA, HOLAAAAAAA
Cómo fuisteis buenas, y habéis dejado comentarios muy guays, os subo el capi de la cita, hoy.
Aunque he visto varias faltas... Acordaros que paso lista en los reviews ;-)
ANDRE22-TWI: Charlie sabe lo de los lobos desde siempre, por mediación de Billy y de los Cullen porque vio un día a los chicos en una actitud poco "humana", desde entonces han forjado su amistad.(Esto ya lo he puesto en uno de los primeros capis) pero esto será mejor explicado más adelante.
Si, Bella se percató en la forma de comunicarse entre Edward y Emmet. Los pilló de pleno.
ADRIU: Emmet y Bella son super tiernos... Se han caído genial desde el principio, y ellos forjaran su amistad. (Me encanta hacer Emmet's muy tiernos)
Cuando Bella se entere de que Edward puede escucharle los pensamientos, (algunos), va a ¡flipar! Habrá una mención especial a eso, cuando llegue el momento, porque ella va a montar en cólera.
DIANNITA ROBLES: Gracias por estar atenta a cuándo publico. Es muy amable de tu parte decírmelo.
PILIGM: Intento que los pensamientos de Bella, sean de todo tipo: Divertidos, calientes, dudosos, tristes... pero sobretodo, que tenga un punto divertido. Es la primera vez que escribo un fic donde Edward puede leer a Bella, así que agradezco que me digáis que os están gustando esos pensamientos.
.
CAPÍTULO 12
LA CITA. 1ª PARTE.
.
Durante los primeros minutos fuimos en el más estricto silencio. De vez en cuando lo miraba de reojo, y parecía nervioso. Se pasaba las manos por el pelo, haciendo de ese simple gesto algo tremendamente erótico.
"¿Cómo puede ser un gesto tan simple como tocarse el pelo, tan erótico? Todo en este hombre es erótico… Cómo agarra el volante, apretándolo y moviendo los dedos, girando la cabeza, cambiando las marchas del coche… Estoy ardiendo… Nunca me había sentido así de sofocada en cosas tan simples y por tanto tiempo seguido…"
No puede evitar mirarlo directamente; él notando mi gesto, también me miro y me sonrió. Me dedicó una sonrisa que hizo que me latiera dos veces seguidas el corazón. Un gesto con los labios de medio lado; torciéndolos hacía arriba… sonrisa que podría derretir los casquetes polares.
"Si parara el coche ahora mismo, me lanzaría a horcajadas encima de él y lo montaría. Lo follaría como una gata, agarrándome a sus hombros, y arañándole la espalda justo cuando me metiera su polla entera dentro de mí… ¡Para Bella!, no te pongas en plan cincuenta sombras... ¡Ufff, la Virgen, que calor!"
Edward volvió a toser, y cuando lo miré, tenía la cara ligeramente desencajada. Aunque tenía unas arruguitas en las esquinas de los ojos, que mostraban una picardía que trataba de ocultar.
Era igual que si me hubiese leído el pensamiento, y tratara de ser educado.
"¡Ufff… si pudiera escuchar lo que estoy pensando… Necesitaría dos vidas completas para pasar el bochorno…. Por qué… No sé la imagen que le daré, pero no creo que suponga que tengo semejantes pensamientos con él"
El pensamiento fue tan intenso, que rodé, inconscientemente los ojos.
- ¿Ocurre algo? - Me preguntó, haciendo que me tensara.
- No, para nada. - Contesté descuadrada.
- A lo mejor llevamos demasiado silencio. - suspiró. - Creo que nos está poniendo a ambos un poco nerviosos. - Sonrió algo tenso; yo le devolví el mismo gesto. Encendió el reproductor musical desde el volante. - Toca ahí - me señaló un botón - Hay varias carpetas con diferente música. Elige la que quieras.
Estuve durante un rato dándole al botón, hasta que encontré algo que me llamó la atención; sobretodo siendo él un hombre.
Il Divo.
Le di al botón del play, y en el finísimo equipo estéreo del coche, comenzó a sonar "Unbreak My Heart", envolviendo el ambiente.
Entre que la canción es súper intensa y que el equipo era magnífico, me hizo hasta suspirar.
- ¿Te gusta Il Divo? - Preguntó extrañado.
- Lo mismo iba a preguntarte yo - Me mordí el labio, y Edward giró veloz los ojos a ese punto, quedándose embobado.
- Sí. Mucho. Me relaja su voz y la música.
- A mi me pasa igual… Además, - Inhalé aire - En tu equipo se escucha genial.
- Si… es un buen sistema. - Le restó importancia.
Edward hurgó algo en los botones del volante, en la zona destinada al reproductor musical, y la música cambió ligeramente, escuchándose aún mejor.
Me apoyé en el respaldo del coche y cerré los ojos; disfrutando de la música.
Al abrirlos, Edward me miraba simpático y curioso.
- Realmente me impresiona que siendo tan jóven te guste este tipo de música. - Fue una reflexión en voz alta.
- Soy una caja de sorpresas - Contesté con tono cantarín.
- Si… Ya veo. Y… me encanta. - Murmuró eso último. Yo sentí como me ruborizaba hasta las pestañas.
Escuchamos varias de las canciones en silencio, disfrutándolas.
Hasta que llegó "All by myself (solo otro vez) y no pude evitar comenzar a cantar bajito.
Pero por muy bajo que lo hice, Edward me escuchó; realmente parecía que me estaba escuchando como si cantara en alto.
Y al segundo estribillo, se me unió en mi recital, y cantamos a dúo. Eso me dio más valor y alcé un poquito (solo un poquito) mi tono.
Cuando uno de los chicos del grupo, hace un solo, callé y dejé a Edward que lo hiciera él. Que se marcara "su" propio sólo. Quería escucharlo.
"- Solo otra vez. No se vivir. Solo otra vez... sin amor. Ya no se vivir, tan solo. Ya no quiero estar tan solo sin tu amor. Yo no se vivir sin amor… Sin amor -"
No alzó la voz como ellos, por supuesto, pero no desafinó en ninguna palabra.
Solo escuchándolo hablar ya se ve que Edward tenía una voz preciosa, pero oírlo cantar, es como una experiencia espiritual.
Me quedé mirándolo completamente embobada; incluso con la boca ligeramente abierta.
Sabía que me gustaba, mucho. Pero a cada cosa que descubría de Edward, me hacía estar más y más atraída hacía él.
- Cantas… - Pestañée seguido, buscando las palabras - ¡Uff! Precioso. - Lo miré con admiración.
- Gracias… Bueno, al estudiar profesionalmente un instrumento, el canto está incluido en el estudio. - Eso sonó a disculpa, como si estuviera pasando un momento algo abochornado.
- Edward - Lo llamé - No tienes porque sentirte avergonzado por cantar bien… Es… un don - Gesticulé, mostrando ilusión en mi cara. Él me miró de forma muy intensa y algo serio.
- Un don… - murmuró, soltando esas dos palabras casi hasta con asco. Eso me dejó desconcertada. - Un don es lo tuyo - Seguía mirándome fijamente; con gran intensidad. - Yo he estudiado para poder cantar… tu no. Y no eres plenamente consciente de lo bien que lo haces. - Me sentí morir, y por supuesto mis mejillas me dejaron en evidencia, sonrojándose furiosamente. - Sin ánimo de sonar pretencioso, es verdad lo que dijo Alice el otro día en casa; no suele gustarme que me canten mientras toco. - Sonrió travieso - solo si la voz que me acompaña me resulta agradable… mucho - gesticuló con los ojos, dándole énfasis a sus palabras - Y la tuya me es cautivadora.
"¡La virgen santísima! ¿Cautivadora? Menuda palabra…. Me encanta, me chifla, me enamor…. ¿Qué? ¿Q.u.é… es lo que he dicho? Tranquila Bella…. Respira. Te estás dejando impresionar por él… Eres un pequeño pececito ante un tiburón blanco."
Tanto me había impresionado esa palabra, aun pensándola, que la cara se me desencajó por un instante.
Y por supuesto Edward se dio cuenta. Me miró con el ceño fruncido, preocupado. Y mientras más me miraba así, más salvajemente respiraba yo.
"Capta cada cambio, cada gesto… Es… ¡Alucinante! Es como si lo tuviera dentro de mi cabeza"
- ¿Qué tal si cambiamos de género? - solté casi sin aire. Edward asintió, pero su rictus estaba algo serio.
Volví a darle al botoncito, hasta que encontré una carpeta que también me llamó la atención: Baladas Heavy.
Abrí los ojos emocionada y le di al play.
"Still loving you, de Scorpions" comenzó a sonar, dejándome enajenada.
Edward me miraba sonriente e ilusionado.
- Is there really no chance to start once again? I'm loving you (¿De verdad que no hay posibilidad de empezar una vez más? Estoy enamorado de ti) - Canté.
Entre lo preciosa que es la canción, lo maravillosamente bien que se escuchaba y la intensidad de la letra, y tras el piropo de Edward sobre mi voz, no me importo cantar un poquito más alto.
- Es una frase preciosa… - Suspiré - Solo que realmente dice algo muy triste. Un amor intenso que se rompe… ¡Ufff…! - Edward me miraba embelesado. - Bueno… - me sentí de pronto sobrepasada por las emociones - Realmente yo no puedo… bueno… Yo nunca… - me mordí el labio.
"¡Joder! Acabo de meterme en un jardín embarrado yo solita…. Porque habré tenido que abrir la bocona"
- ¿Tu…? - Edward me lanzó una mirada curiosa, pero otra vez esa arruguita en la esquina de sus ojos delataban su "picardía".
- Yo, nunca… me he enamorado. - Dejé salir todo el aire de mis pulmones de golpe, y no fui capaz a mirarlo de frente, por lo que fijé mi vista hacía delante.
- ¿No? - Negué con la cabeza - Pues pareces una chica muy romántica.
- ¿Y? - giré la cabeza violentamente hacia él, sintiéndome un tanto ofendida. - ¿Por ser romántica tengo que ser enamoradiza? - Él pestañeó sorprendido, para dar paso a una sonrisa que iluminaria un mundo; o incluso dos.
- Siento que te pareciera mal mi comentario… No pretendía molestarte… Lo he dicho para bien. Hoy en día es tan difícil encontrar una chica, joven, con un romanticismo tan puro… y más, dejándote envolver a sí por la música. Es… atrayente.
"pececito…. tiburón blanco. ¿Cuántos años tendrá? No parece ser mucho mayor que yo, pero intelectualmente parece que tenga 50 o más… Charlie no me dejaría salir con él sin avisarme de algo así, ¿verdad?"
- Yo también siento haber reaccionado así - rodé los ojos. - A veces no controlo los impulsos - alcé los ojos con disculpa. - Yo… bueno - me mordí el labio - quiero suponer que tu… no… no tienes…
"¡Coño! qué difícil se me hace preguntarlo. Si… se me hace difícil porque tengo miedo de la respuesta."
- No tengo pareja… - sonrió de lado. No torcido, pero esa sonrisa me dejaba sin aliento igualmente. - Si fuese así, no estaría aquí contigo. No creo en la infidelidad. - Sentenció muy serio.
"Eres demasiado perfecto. Tienes que tener algún defecto… Será uno, y muy gordo. ¡Fijo!"
Edward apretó los ojos con fuerza un segundo, menos incluso. Pero es como si algo le hubiese echo daño de pronto.
- Puedo suponer que tu tampoco la tienes, ¿verdad? - Me miró, traspasándome con su mirada de fuego.
"¡Uyyy… ¿Y si te digo que si?"
Edward se tensó, como si se fuese a romper.
- ¿La tienes? - Su voz sonó ronca; gutural. Yo me mantuve callada durante unos segundos. - ¿Bella?
- ¿Y si… te dijera que he dejado a alguien en Seattle? ¿Qué pasaría? - Pregunté con un hilo de voz.
Edward giró el volante y fue reduciendo la velocidad; mientras tanto yo tuve que llevarme la mano al pecho porque pensé que me saldría disparado. Lo miré con los ojos como platos.
Una vez el coche completamente parado, se giró hacía mí, apoyando un brazo en mi reposacabezas para quedar completamente enfrente mía.
- ¿Y bien? - Su mirada irradiaba una fuerza descomunal, la cual me obligó a bajar la cabeza.
- No… No he dejado a nadie, ni nada… - Alcé la cara. - Estoy a cero. En todos los sentidos de mi vida.
- De acuerdo - Su mirada se dulcifico. - No pretendía ser brusco, pero ya te he dicho que no creo en la infidelidad. Y por supuesto, no permito que se me trate como un juego. - Estaban empezando a entrarme ganas de llorar, por la fuerza que irradiaba Edward y por lo profundo e intenso del momento.
Edward me alzó la cara con su dedo índice, de forma suave; yo me mordí el labio y lo miré directo a los ojos. Bajó sus pupilas en dirección a mi boca, de forma veloz, y cuando volvió a mirarme a los ojos, en ellos había deseo.
Era joven y algo inexperta en el tema de hombres, pero una mirada así, la podía interpretar perfectamente; caso aparte es que los ojos de Edward hablaban a gritos.
- Tengo muchas expectativas con está cita - confesó, para posteriormente llevarse las manos al pelo - Expectativas, contigo.
- Yo… también tengo expectativas. - Respondí en un susurro.
- No quiero asustarte, ni… agobiarte. Pero necesitaba que esto quedara claro. No soy ningún tiburón - ¿perdona? - al que le gusta deslumbrar a jovencitas. Conseguir llevármelas a la cama y si te he visto no me acuerdo. Yo no funciono así. Soy un poco más… clásico. - Puso una sonrisa parecida a esa "torcida" que hacía que se me parara el corazón; pero no era la auténtica.
"¿Ha dicho tiburón? ¿Exactamente la palabra que yo he pensado? Menuda coincidencia, ¿no?"
- Me alegra escuchar eso. No me gustaría ser un pececito ante un tiburón. - solté mirándolo fijamente. - No tengo demasiada experiencia, pero… no quiero ilusionarme en alguien y que me deje tirada… Si no sale bien, no sale. No me voy a romper - incliné la cabeza - pero no porque me den la patada sin más. - Casi gruñí.
"Demasiadas veces me han dejado tirada ya en mi vida…"
Edward se acercó a mí. Nuestros cuerpos casi se tocaban. Y realmente ya estaba degustándolo.
Pasó su mano por mi cara; en una caricia tan delicada, tan intensa… que me hizo estremecer.
"¡Oh, Dios"! Ronroneé para mí misma.
- Eres tan suave… tan frágil, pero a la vez irradias tanta fuerza… - Murmuró. - Me tienes completamente cautivado.
Nuestras caras se acercaron. El beso era inminente. Era el momento, justo ahí. No pude evitarlo y cerré los ojos.
Y él, me dio un beso en la frente, dejando sus labios apoyados, y rozando su mejilla contra mi sien.
Giré la cara hacía él, quería ese beso… Lo necesitaba.
"Bésame… Bésame… ¡Ahora! Necesito probar tus labios."
Pero el beso no llegó. Si no que Edward se fue apartando de mí, despacio. Vamos, qué hizo todo lo contrario a lo que yo esperaba.
- Retomemos el viaje. Vamos algo retrasados - Comentó intentando suavizar el ambiente. - Espero no haberte asustado por detener el coche… Creo que he sido un tanto peliculero - Gesticuló con la boca, en un mohín de disculpa, pero con un deje simpático en sus facciones. Yo negué.
Ambiente el cual se había enturbiado. Ya que me había dejado traspuesta ese "no beso", y mi "aura" había contaminado todo el habitáculo del coche debido al "chasco".
"¡Joder….! Menudo bajón. ¿Tan caballeroso es que ni siquiera me ha besado? Le apetecía… No he podido confundir su mirada. Había deseo. Estoy segura."
Permanecimos en silencio el resto del viaje, del cual solo nos quedaban unos minutos, ya que estábamos llegando a Port Ángeles.
Giró hacía el puerto pesquero, y mientras buscaba aparcamiento, recordé una cuestión que me había estado rondando antes por la cabeza.
- Edward, ¿puedo preguntarte algo?
- Por supuesto.
- ¿Cuántos años tienes? - Me sentía como una niña pequeña.
- 29. Mi cumpleaños es en junio - Suspiré, internamente, tranquila.
- Yo tengo 23, de Septiembre. - Su cara se tornó traviesa.
- Ya lo sabía, Charlie nos lo contó - Me guiñó un ojo. - En cuanto supo que vendrías, no dejó de hablar de ti. - Abrí los ojos asombrada, pero para bien. Emocionada sería la palabra más correcta.
- Espera… - me dijo una vez hubo aparcado. Se bajó del coche, y vino a abrirme la puerta. Cuando bajé, me tendió la mano y me sonrió muy dulce.
Parecía que el buen ambiente, volvía poco a poco.
- Vamos algo tarde para lo que tenía preparado, pero aún podemos ir. Solo que estaremos menos tiempo. - Explicó - Tenemos reserva para comer a las dos y media. - Asentí.
.
Fuimos caminando a paso tranquilo, por las calles del puerto. Por supuesto, sueltos.
"¿No pretenderías que te cogiera de la mano, en la primera cita, no? ¡Joder Bella…! He tenido pocas citas en mi vida, pero está no es la primera… Hay unas normas para la primera cita… y cogerse de la mano, no es una. ¡Serénate! si… pero esta cita es la más especial de todas… Muy, muy especial…"
Llegamos a un bar antiguo, todo revestido en madera, con varias barricas colocadas dentro del establecimiento.
Olía a vino bueno y a madera. Era muy agradable.
- Aquí se hacen catas de vino. Los hay de varios tipos, pero tienen uno propio de la casa, que dicen supera a cualquiera. - Abrí los ojos sorprendida.
- ¡Guau! Esto es… - pestañée varias veces - No encuentro palabras. Esto ha sido un detallazo. - El sonrió orgulloso de su plan.
Edward pidió dos de esos vinos. Nos los sirvieron en unas copas enormes. De un cristal finísimo.
Me fijé en otras personas que estaban tomando vino, y sus copas no eran tan elegantes como las nuestras.
- Está… ¡Exquisito! - Me mojé los labios con la lengua - ¿tu ya lo habías probado, verdad? - Asintió.
- Sí, vine con los chicos un par de veces… y era un sitio al que quería venir con alguien… especial - Sus ojos brillaron y yo me mordí el labio.
Nos pusieron un platito con jamón y unos palitos de pan. Todo estaba exquisito.
Mientras saboreamos tanto el vino como el jamón, charlamos, no perdiendo el buen "rollo" que volvía a haber entre nosotros.
- Los dueños son Españoles, de ahí el jamón. - me explicó. - Traen todo el vino de sus viñedos en España.
- ¡Ah! Es un país que me llama la atención. Siempre me ha parecido un sitio digno de visitar.
- Yo he estado, en unas vacaciones con la familia. - Casi se me cae la baba. - Y si… es un sitio que tiene un encanto especial.
Edward estuvo hablándome de España, de su gente, su gastronomía… Yo lo escuchaba embobada.
- No tenemos tiempo a más… Debemos ir al restaurante o perderemos la reserva.
- Claro… más vino, no. - rodé los ojos, divertida.
- ¿No te ha gustado? - Preguntó preocupado.
- ¡Sí, muchísimo! Pero más no… sin comer… No quiero emborracharme - Me mordí los labios escondiendo una risa traviesa - me pongo demasiado simpática. - Alcé las cejas.
"Creo que eres demasiado serio para verme con tres vinos encima…"
- Aunque te parezca formal… No lo soy tanto. Solo que mi carácter es así, más recatado o… serio. Pero se divertirme. No al nivel de Emmet - Rodó los ojos - Nadie se divierte como él - Asentí, divertida - Pero tengo mi punto.
- No lo dudo.
"Más o menos"
Salimos del bar y fuimos caminando hasta el restaurante, ya que estaba cerca, en la zona del puerto y el día aunque estaba encapotado, tenía una temperatura agradable.
- ¿Te parece demasiado la diferencia de edad entre nosotros? - preguntó de golpe. Parpadee sorprendida.
- No. Solo son seis años… Tampoco es tanto… ¿Para ti si lo es? - Pregunté de vuelta, preocupada.
- No. Para nada. Es que… volviendo sobre lo de mi carácter serio, - alzó los ojos girando teatralmente la cabeza - siempre doy la sensación de tener muchos más años, y creo que era algo que te rondaba la cabeza… o eso me pareció. - Fruncí el ceño, flipando de su percepción.
- Bueno, no te voy a mentir… Físicamente aparentas mi edad, pero intelectualmente pareces mayor, si. - Sonreí con disculpa. - Pero seis años, tampoco me parecen tantos.
.
De pronto Edward se paró y yo tuve que retroceder un paso, ya que no imaginaba que fuésemos a comer allí.
Era un restaurante finísimo. Miré la entrada del mismo, y abrí los ojos, fuera de mí.
- Es aquí - Sonrió, al ver mi maniobra de retroceso.
- Ok. - No pude contestar nada más.
Volvió a abrirme la puerta para que pasara, y si por fuera parecía divino, por dentro era increible.
Todo estaba ambientado de forma marinera, con una decoración increible, en madera blanca y ventanales al puerto, lo que le daba una iluminación natural preciosa.
- Es… una pasada - Murmuré, mirándolo como una niña ilusionada la mañana de Navidad.
- Me alegro de haber acertado.
- Esme alucinaría aquí, con está decoración tan… exquisita.
- Si, le encanta. Carlisle la trae a menudo. - Sonrió de forma encantadora.
Ambos pedimos pescado, y el entrante se lo deje escoger a él, ya que había estado alguna vez.
De beber, pidió un vino blanco, muy fino y riquísimo.
Mientras comíamos fuimos charlando de varias cosas. Dándonos detalles de nosotros mismos; conociéndonos. Sobretodo temas universitarios y académicos: pero sin entrar en terrenos personales.
Esa conversación amena y tranquila, hizo que el destemple que llevaba en el cuerpo se me fuera pasando, por lo que entré en calor. Eso llevó a que recordara que llevaba la bufanda aún puesta, la cual empezaba a estorbar.
No quería romper el buen ambiente, sumamente agradable que habíamos formado, pero notaba la cara encendida debido al calor; ya me había quitado la chaqueta, pero ese bufandón estaba cociéndome.
Respiré, serenándome, y con total naturalidad, me la quité. No creía que fuese a ser para tanto; solo era un cuello.
Mataría a Alice por calentarme la cabeza con el rollo de la bufanda.
Los ojos de Edward tardaron un nanosegundo en posarse en mi cuello, tal como vaticinara Alice, una vez mi piel comenzó a verse; Edward, sin apartar los ojos de esa zona de mi anatomía, se relamió los labios, y yo casi infarto ante semejante gesto.
- Ya me sobraba - Comenté como si tal cosa, mientras doblaba la bufanda. El corazón me retumbaba desenfrenado.
- Ajá. - Eso fue lo único que Edward respondió.
Y yo, por dentro, estaba que no cabía en mí de gozo. Mi vena vanidosa, de mujer fatal, saltaba de alegría máxima.
Había conseguido dejar sin palabras a Edward.
"Al final, no mataré a Alice… tendré que darle las gracias por este consejo. No me había sentido tan femenina y tan deseada en mi vida… Pero… él no me besó antes. Espero que solo fuese por ser caballeroso… Porque él, ¿me desea, verdad?"
En ese momento el camarero llegó con nuestros pescados. Eso pareció aligerar un poco el ambiente, ya que se había cargado de pronto de un aire de misterio y sensualidad.
Y por mi parte, a parte de eso, también de dudas sobre el deseo de Edward sobre mí, debido a aquel "no beso".
Venida a más por la forma tan voraz que tenía Edward de mirarme, me mordí el labio, gesto que había comprobado que también le gustaba, con cierta coquetería, giré la cara, y con suma suavidad, moví unos cabellos que había dejado sueltos del moño.
Cuando volví a mirar a Edward, sus ojos se habían oscurecido. Estaban casi negros. No quise ser grosera, pero parpadeé varias veces, asombrada de tal cambio.
Giré otra vez la cara, para evitar seguir fijándome en sus ojos, ya que sabía que en mi cara estaría reflejada la confusión. Pasé, casi de forma inconsciente la mano por mi cuello, en claro gesto de no saber qué decir o qué hacer.
- En todo el menú, no hay nada que sea tan exquisito como la visión de tu cuello… - Murmuró él, lo suficientemente alto para que yo lo escuchara. - De toda tu. - Esa última frase la dijo con tanto morbo, que pensé que el corazón se me saldría por la boca.
Volteé la cara hacía él, sorprendida. Pero pude sentir que lo miré con hambre; con un deseo que crecía dentro de mis entrañas, quemándome. Deseo que no había sentido, ni de lejos, por nadie; jamás.
Seguí con mis ojos fijos en los suyos, mientras separaba un poco mis labios y me pasaba la lengua por mi labio inferior, para acabar mordiéndolo.
Edward no se perdía ninguno de mis movimientos.
- Eso, ha sido lo más sensual que me han dicho en mi vida - Contesté también entre susurros. Él me dedicó su sonrisa torcida, pero no la original, sino una cargada de lascivia.
La cual me hizo respirar profundo, sin ningún tipo de disimulo. Estaba que ardía; mis mejillas estaban encendidas, mis ojos brillantes y notaba el cuerpo entero acalorado. Unas partes más que otras.
El camarero apareció, ofreciéndonos servir más vino. Ambos asentimos sin mirarlo. No apartábamos la mirada el uno del otro. Pero sirvió para sacarnos de esa burbuja de sensualidad.
"Ahora lo idóneo, sería que se levantara, dejara dinero en la mesa, y me agarrara fuertemente por la mano y me sacara de aquí. Que nada más salir del restaurante me acorralara contra la pared y me besara hasta que no pudiera respirar… Y de ahí, me llevara a un hotel y me follara salvajemente hasta que no tuviera más orgasmos que darle… Madre mía… Solo de pensarlo… ¡Qué peliculera soy!"
Agaché la cabeza, para serenarme y de paso, esconder la sonrisita traviesa que se me escapaba de los labios, y tras respirar profundo una vez más, comencé a comer el pescado.
Realmente se me había quitado el hambre, o por lo menos "ese" hambre.
- Está buenísimo - Comenté, para sacar otra vez conversación.
- Sí, lo está. - Lo dijo mirándome de una forma que casi se me caen las bragas al suelo. Algo me decía que no estaba refiriéndose al pescado.
Durante un rato, comimos en silencio. Dejando que el ambiente se calmara.
Una vez nos sirvieron el postre, le saqué el tema de su familia, y me fue contando un poco de ellos.
Eso ayudó sobremanera a que nuestro "buen rollito", volviera.
Edward me miró con una ceja ligeramente alzada, y sonrió pícaro. Se había dado cuenta que había sacado ese tema para hacerlo hablar, y romper el momento tan erótico que se había formado.
Me contó como después de estudiar sus carreras y hacer un poco su vida, decidieron juntarse todos y venirse a Forks, siguiendo a Carlisle y Esme.
- Nos gustan las ciudades grandes, pero tras estudiar y comenzar en el mundo laboral, decidimos vivir juntos. - Explicó. - Un poco de vida tranquila, en un pueblo pequeño, nos apeteció a todos.
- Es… - incliné los hombros - No sé… - Reí por no encontrar las palabras. - A mi también me gusta mucho Forks, pero como para vivir aquí mucho tiempo, no sé… lo veo algo, aburrido.
- Eres una persona vital, activa y muy jovial. Me recuerdas mucho a Alice. - Al mencionarla, en su cara se instauró una sonrisa melosa.
- Sí, de lo poco que la conozco, he observado que tenemos ciertos rasgos en común. Aunque ella me gana en activa - Rodé los ojos, mientras meneaba la cabeza de forma divertida.
- Sí, en eso tienes razón. No creo que exista nadie que la supere - Rió.
Me habló de Emmet y Rose, de la pareja tan amorosa que formaban, aunque no lo pareciese.
- Rosalie es mucho más amorosa, leal y sentimental de lo que da a demostrar. Se esfuerza en dar esa imagen de dura y fría, para protegerse. Pero es una gran mujer llena de sentimientos. - Reflexionó. - Nosotros no nos llevábamos bien al principio; ambos chocábamos mucho en la forma de ver la vida, pero tras unos años, nos fuimos entendiendo.
- Pero tu preferida, es Alice. - No lo pregunté. Era algo que saltaba a la vista con verlos juntos durante dos minutos. Su sonrisa volvió a mostrarse melosa. Tierna.
- Sí. He de reconocer que sí. Ella hace lo que quiere conmigo… casi siempre - Puso un mohín divertido en sus carnosos labios.
Edward me miraba algo intranquilo, como cuando quieres decir algo y no sabes cómo hacerlo sin ofender.
- Si quieres preguntar algo sobre mi familia, puedes - Incliné la cabeza, mostrándome amigable y receptiva. - Si la pregunta me sobrepasa, te lo haré saber. Y no te lo tendré en cuenta - no pude evitarlo y le saqué la lengua.
- Bueno… Charlie, nos ha contado algo al respecto. Aunque siempre ha sido parco y cuidadoso en entrar en detalles. - Suspiró - Pero resumiendo, no has tenido una gran familia.
- No. No he tenido una familia… "normal". - incliné los hombros, y mi cara se tornó tristona.
Le conté, por encima, sobre mi familia. Como mi madre había quedado embarazada muy joven, de las artimañas y engaños de mi abuela con mi madre, para que no dejara de estudiar. De como me había castigado por nacer, y lo que había ocurrido con Charlie.
- Él estaba muy afectado por ese hecho. Tenía intenciones reales de adoptarte. Aún hoy se lamenta no haber podido hacerlo. - Comentó con cuidado.
- Sí, lo sé. Hemos estado hablando y aclarando cosas. Ahora que soy mayor y él, bueno… le queda poco tiempo, quiso que supiera la verdad, para que obrara en consecuencia en el futuro sobre mi madre y mi abuela. - Le expliqué.
No nos alargamos mucho en el tema, ya que Edward notó que me ponía triste y me bajaba el ánimo.
- Hoy no es día de ponerse tristes - Su voz recuperó un tono más jovial, y me sonrió afectuoso.
- No, tienes toda la razón.
- El café vamos a tomarlo a otro sitio donde quiero llevarte. Está cerca. - Me informó muy animado. Yo asentí animada, contagiada por su buen humor.
Como buen caballero él fue el encargado de pagar la comida. No quise ser grosera, pero no pude evitar lanzarle una mirada a la cuenta, la cual ascendía a más de 100 dólares.
Aparté la mirada rápidamente, sintiéndome agobiada.
"¡Madre mía! Menudo dineral… Aunque me ha echo sentir como una princesa… No sé, me parece excesivo. Por mucho dinero que tengan… ¡Uff! El café, al menos, lo pagaré yo. Eso me hará sentir un poco menos abusona"
Cuando estaba poniéndome la bufanda, Edward me ayudó a darle la última vuelta, y con delicadeza y calma, me la puso en su sitio.
- Es una pena que tengas que volver a ponértela, pero no quiero que te enfríes. - Me dijo mirándome de reojo, mientras colocaba mi bufanda. Y esa simple frase, hizo que mis pulsaciones volvieran a subir.
"Acabaré sufriendo un infarto…"
Edward sonrió, malicioso, y yo fruncí el ceño.
¿A qué se debía esa sonrisa? Era tal cual hubiera oído mi pensamiento. Pero eso, no es posible, ¿verdad?
.
Anduvimos menos de una manzana. Sueltos. Y en silencio.
De vez en cuando, estar en silencio, relativo, me era agradable, pero estar en presencia de Edward, y tras nuestros momentazos, sobretodo el de la bufanda, me hacían estar ansiosa y esos silencios potenciaban esa sensación.
- ¿Tienes pensado quedarte en Forks mucho tiempo? - Pregunté sin más. Necesitaba eliminar ese mutismo. Edward pestañeó sorprendido por mi pregunta.
- Pues no sé cuánto exactamente. No tengo nada pensado. Ahora mismo estoy acomodado aquí, y la familia también. No hemos hablado nada aún sobre mudarnos. Todos tenemos el tema laboral muy bien estructurado aquí. - Relató. - ¿Y tu?
- Hasta que pase lo de Charlie, tengo claro que estaré aquí - arrugué la boca - Y tras él irse… - Suspiré - Me ha dicho que soy su única heredera - Comenté con cierto pudor.
- Tranquila Bella… Él nos los comentó. - Abrí los ojos, sorprendida.
"¡Joder! Menuda confianza que tiene Charlie con los Cullen. No lo hubiera supuesto de él"
- Rosalie es abogada, y ella le ha llevado todo el tema legal - Explicó.
Y otra vez, la sensación de que contestaba a mis pensamientos. Que Edward era muy perceptivo, me había quedado clarísimo, pero esto ya era pasarse. Parecía un adivino.
Por un lado era genial, ya que contestaba sin yo tener que preguntar en voz alta, pero… resultaba un tanto agobiante.
- Ha confeccionado los papeles de la herencia, inscribiéndote a ti como su única heredera. Y también el tema del cambio de apellido. - Abrí los ojos de golpe, pasmada. - Espero no haberte incomodado por mencionar eso. - Se disculpó.
- No, no… tranquilo - Sonreí para restarle importancia a mi gesto anterior. - Me ha sorprendido que lo supieras. Pero bueno, teniendo a tu hermana como abogada…
- Rose no ha revelado nada. Lo comentó Charlie un día en casa, con Carlisle. Aunque lo tenía decidido, quería saber la opinión de Carlisle… bueno, esperaba su beneplácito, realmente, ya que, como te digo, él lo tenía fuertemente decidido. - Me dedicó una sonrisa tierna. - Quiere que lleves su apellido, para que por lo menos, tengas la sensación de haber pertenecido a una buena familia… La suya. Tu y él. - Aclaró.
- Ah… - No supe qué más decir.
Entre estas llegamos a la cafetería, que era muy acogedora, y olía genial a pasteles recién hechos. Era de esas pastelerías con encanto. Que te apetece atracarte a pasteles aunque fueses diabético.
- Los papeles están listos - Volvió Edward al tema una vez acomodados en una mesa, pegados a uno de los ventanales. - Puedes ir a firmarlos cuando quieras. Porque, supongo que has decidido cambiar tu apellido.
- Si. - sonreí abiertamente, feliz. - Lo tenía decidido en cuanto me lo propuso. Llevar el apellido de mi madre no me conlleva nada. - Suspiré. - Y aunque le parezca mal, si ese es el caso, - Rodé los ojos - no es problema mio. - me incliné de hombros.
- Entonces… Una vez falte Charlie… ¿vas a quedarte en Forks? - Volvió a repetirme la pregunta.
- Si. Tendré casa y bueno… gente con la que contar. Eso para mí, es toda una novedad. Una muy buena.
- Espero que en ese "gente con la que contar", nos incluyas a mi familia y… a mí. - Recalcó sutilmente el "mi". Me sonrojé.
- La verdad es que sí. Y me encantaría que no fuera una suposición, sino un hecho.
- Lo es - Contestó casi sin darme tiempo a acabar mi respuesta.
- Gracias Edward. Es muy amable por tu parte.
- A parte de amabilidad, me interesa que te quedes en Forks. - Contuve el aliento. - Me interesa mucho. - Mis pulsaciones volvieron a alzarse, y tuve la necesidad de respirar profundo varias veces, ya que la forma de mirarme de Edward, tan penetrante y tan intensa, me había dejado sin aire.
- Me alegro... de que te interese - Susurré algo cohibida por el momento de confesiones.
Edward alargó la mano sobre la mesa y tomó la mía, que descansaba al lado de mi taza de café.
La estrechó entre la suya, y la acarició, sin perder contacto visual conmigo en ningún momento. Sus ojos transmitían una dulzura que derretía.
Cuando me miraba así de intenso, parecía que me hipnotizara; no era capaz de apartar los ojos de él.
- ¿Te apetece que demos un paseo? Las tiendas están abiertas… ¿A lo mejor quieres aprovechar a comprar algo, ya que estamos aquí? - Me ofreció, muy gentil. - O otra cosa… lo que te apetezca.
- Bueno… no sé… - parpadeé desconcertada por su propuesta. - Tampoco quiero aburrirte con una tarde de compras - mené la cabeza, divertida.
- Lo que no quiero es que el día acabe aún. - Soltó, así sin más. Volvió a acariciar mi mano suavemente, y la soltó. Sentí que me picaba sin su contacto.
Abrí los ojos, maravillada y mi corazón se saltó un latido; tras un segundo, comenzó a brincar enloquecido y mi respiración se agitó.
Noté calor… Mucho. Me quemaba.
Inconscientemente, me quité la bufanda, la cual me había dejado puesta, primero por no volver a iniciar otro momentazo libidinoso y segundo porque en la cafetería no hacía un calor excesivo.
Giré la bufanda sobre mi cuello hasta quitármela en un movimiento agitado.
En cuanto la tenía doblada a mi lado, y volví a mirar a Edward, él estaba con la cara tensa, como aguantando la respiración y sus ojos volvían a estar negros.
- ¡Vámonos! - Soltó de golpe, levantándose apresurado. Yo lo seguí sin rechistar, completamente desconcertada.
Salimos de la cafetería y Edward me tomó de la mano, comenzando a andar a paso un tanto apurado..
"¡Guauuu! Me ha tomado de la mano. Pero… ¿Por qué tantas prisas de repente?"
.
.
¿Por qué tendrá Edward tanta prisa?
¿Qué habrá pasado?
¿QUÉ CREÉIS VOSOTRAS?
Bueno... No os quejaréis, ¿eh? Este capi ha sido largo, largo... y muy intenso.
Espero que os haya gustado.
BESOSSSS!
