SDisclaimer: Los personajes usados acá no me pertenecen.

Advertencias: Yaoi.

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Danza entre titanes

Por St. Yukiona

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Guerra

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Los abdominales se le estrujan mientras sube y baja el dorso de su cuerpo. Siente su piel caliente, transpirada y viva. En ese momento hay pocas cosas que lo distraigan porque primera vez en varios años se siente completo. Tiene esa sensación de que no importa si la muerte espera paciente cruzando la puerta, podrá morir con gusto y dicha porque no deja nada inconcluso en esa vida.

Quizás sea porque ha logrado hablar cara a cara con Viktor resolviendo todo el problema que llevó al final su matrimonio, quizás sea porque se ha recuperado ese vínculo, quizás sea porque ha logrado dormir bastantes horas seguidas (diez, para ser exactos) sin levantarse sobresaltado por una alarma producida por un ataque de Kaijou, o quizás es que ha tenido sexo como un virgen hasta cansarse. O quizás, y llanamente, es todo en conjunto.

—Te ves bien, Katsuki —dice Giacometti que se acerca a él con una sonrisa pícara en sus labios y una toalla en su hombro.

—Giacometti —saluda Yuuri sin prestarle mucha atención—. Me siento bien —dice sincero y Chris no puede evitar sonreír complacido.

—La Mariscal ha estado de tan humor porque no tiene a su Mayor no ha estado cerca —resopla el rubio y Yuuri no responde a ello—. Incluso el pequeño gatito que tienes por compañero.

El azabache ríe entredientes y a Giacometti le sorprende que esté de tan buen humor el contrario pero quizás el idiota de su amigo ruso ha logrado su objetivo y esos dos se han arreglado, si es así, le da gusto, sincero, porque en momentos de guerra aferrarse a los momentos felices es lo único que les queda.

Terminan su rutina de ejercicio casi al mismo tiempo, Giacometti alcanza en las duchas a Yuuri un poco después de que el azabache. Se empieza a desnudar mientras que la regadera deja correr el agua. Los siguientes quince minutos ninguno de los dos dice nada. Se concentran en su baño, aprovechan el momento de tranquilidad.

Yuuri es el primero en salir, sin pudor, a esas alturas lo ha perdido de todo. Seca su cuerpo desnudo mientras que camina hacia su locker de donde saca un uniforme sencillo. Ropa interior, pantalón verde militar, una camisa de manga corta negra. Se incorpora el desodorante así como una loción relajante en sus sienes, no sabe si funciona o no aquel aceite pero Viktor se altera mucho sino se lo pone, no está ahí con él pero su cabeza quedó programada a usarlo aunque Viktor no esté en las inmediaciones.

Después las botas que se amarra con calma, está a punto de abrocharlas cuando su celular suena varias veces. Para cualquier persona en cualquier otro momento una llamada a su móvil podría significar cualquier cosa, pero para un militar en época de guerra siempre es más delicado, todo siempre es más delicado, así que con calma Yuuri lo coge, cualquier noticia puede ser dada por móvil: Tu padre está muerto, hay un ataque, una ciudad acaba de ser devastada, ser sensible y políticamente correcto con los sentimientos de los otros ha quedado en el pasado, y todo se dice directo y sin rodeos, así que le cuesta un poco reponerse para contestar y Chris solo ve la espalda tensa de Yuuri mientras sale de las regaderas para empezar a vestirse.

—Katsuki, al habla —responde para después escuchar todo con atención, y de un semblante de tranquilidad muta a uno de seriedad absoluta. Entrecierra la mirada mordiéndose el dedo pulgar, ansioso—. Ya veo... —dice.

Giacometti que aún seguía en las regaderas se queda estudiando el semblante del Mayor, y sabe que algo anda mal en el instante en que el moreno chasquea la boca, bastante mal, debe de agregar pues el semblante de Katsuki desmejora tras pasar los segundos.

—¿Están seguros? —insiste Yuuri, Giacometti ha empezado a vestirse sin despegar la mirada del contrario y un escalofrío le recorre la espina dorsal pues sus miradas se cruzan, algo le intenta decir el contrario pero no sabe qué es eso—. Cuente con ello... —Yuuri cuelga de inmediato y avienta el celular a un lado suyo, lleva ambos pulgares hasta su entrecejo, donde lo talla un poco buscando relajarse, pues la noticia que le acaban de dar es bastante delicada.

Viktor no está en esa misma base, Viktor se encuentra en la base de Honolulu al otro lado del Pacífico, así que no podrá ir con él.

— ¿Qué ocurre? —interroga Giacometti con curiosidad. El moreno aún en toalla de baño observa en silencio al rubio.

—Robaron unos planos de la base... —resuelve sin más, lo dice porque Giacometti también forma parte de una alta estera del escalafón militar—. No quieren que nadie lo sepa, lo están buscando.

Chris piensa que es algo estúpido que alguien pueda robar algo de una base militar, y en todo caso, de nada sirve porque en esos momentos el mundo se encuentra unido por un sólo fin y ese era la erradicación de las lagartijas alienigenas, pero aún así es una acusación muy peligrosa.

—¿Y qué esperan que hagas? —cuestiona con preocupación abrochándose la camisa perfectamente planchada.

Yuuri niega.

—En realidad no quieren que haga nada, no puedo salir de la base por si hay el avistamiento de otro Kaijou, pero la Mariscal dio la indicación de que se me informara... debemos estar muy atentos ante cualquier cosa inusual.

Giacometti asiente con un movimiento de cabeza aunque sigue sin explicarse como alguien puede hacer semejante hazaña sin importarle nada más que el beneficio propio, pues arriesgarse a algo tan complicado obviamente tiene como objeto un beneficio así mismo.

Vuelven a quedar en silencio, Giacometti pensando en ese acontecimiento y Yuuri pensando en que Viktor está lejos y Yuri apenas va en camino a encontrarse con él, en caso de que exista un ataque él no podría entrar en acción porque su compañero no está, tendría que aguardar pacientemente a que otros fueran a morir para salvarlos. Los avistamientos de Kaijou han cesado o al menos no han sido tan frecuentes, un detalle que en lugar de alegrar a los especialistas los mantienen atentos y confusos, casi paranoicos, y de pronto Yuuri piensa en el sujeto que decidió robar unos planos de la base.

No es chisme nuevo el que algún militar decida volverse desertor, cualquiera con dos dedos de frente después de ver lo terrorífico que puede ser combatir Kaijou pegaría media vuelta para volver a casa y morir con tus seres queridos, pero el que esa persona haya robado algo y se haya marchado es un poco más grave. Ninguno de los dos se ha percatado que caminan juntos en silencio, como si se estuvieran haciendo compañía por mero institno.

—Robó unos planos de unos jaegers —dice Yuuri. Y Giacometti responde con un "oh".

—¿Para qué le servirían? ¿Para hacer su propio jaeger?

Yuuri niega.

—Está prohibido y penalizado fuertemente el tratar de hacer jaegers, aunque hay algunos idiotas que creen poder controlarlo... además, sólo fueron uno de los varios planos que se requieren.

—¿Y si la persona ya tiene los otros planos y solo le falta esa pieza? —pregunta Chris.

La idea le pone los vellos de punta al japones que observa con seriedad al suizo, pero niega, lo niega para creer que no es posible eso.

—¿Con qué propósito?

—No sé, dímelo tú.

Yuuri sabe que existe un tráfico de partes de jaegers que no son útiles y se utilizan para miles de cosas en la nueva sociedad, sin embargo, entre incurrir en un "cementero jaeger" (el basurero de los jaegers caídos) a robar planos oficiales de una base militar, dista mucho el valor y la estupidez.

—Creo que pronto van a pillar a la persona —agrega Chris.

Las botas de ambos resuenan por el pasillo metálico de reja resistente, escuchan el ruido de los ingenieros trabajar y un grupo de cabos entrenar. Yuuri asiente a lo dicho por su compañero pues es mejor creer ello.

Suben en silencio hasta la parte exterior del casco de la base, donde los tres jaegers del puente descansan, se les da mantenimiento, aún no llega el de Yuuri, Ronin Warrior, llegará junto con Yuri, no es por alguna cosa en particular pero tiene muchas ganas de ver a Yuri, en los días pasados pensó mucho en él y en el posible enojo por parte del rubio que vendrá cuando se dé cuenta que ha regresado con Viktor. Siente un poco de culpa, conoce los sentimiento de Yuri pero no es algo que él pueda corresponder. A pesar de su posición como piloto jaeger, Yuri sigue siendo un niño, y Yuuri es un adulto. Yuri debe de conocer el amor bueno, el amor puro, el amor no contaminado y Yuuri, aunque quisiera, no podría entregarle eso, ya lo ha entregado antes y en el proceso se ha corrompido ahsta lo que es ahora. El dolor no hace madurar a nadie, sólo logra lastimarlo y volverlo un ente oscuro, Yuuri no quería contaminar a Yuri, ni mucho menos hacerlo sufrir.

La cabeza de pronto se hizo un nudo y fue la mano de Chris el que lo detuvo, haciéndolo regresar a la base militar donde estaba, cuando se gira para buscar explicación es la intensa mirada del suizo el que le hace ver hacia una esquina detrás del pie del enorme jaeger el que le da la respuesta.

Los ojos de aquel individuo no eran normales. Es decir, eran extraños al punto que hicieron que Yuuri tuviera un escalofrío que naciera en sus piernas y se concentrara en su espina dorsal donde se solía unir el traje jaeger. Chris le dio unas palmadas antes de acercarse al sujeto que había evidenciado Chris.

—Hey —llama Giacometti caminando con tranquilidad hacia el tipo que al sentirse aludido se queda quieto, sin moverse, en una rigidez que no es humana, que no es normal. Chris tiene los mismos escalofríos del hombre que lo sigue algunos pasos atrás—. Soldado, necesito ayuda —dice en un inútil intento para no verse tan sospechoso y no levantar sospechas en el sospechoso—. ¿Puede- ¡Yuuri! —grita Chris cuando el sujeto empieza a correr y él detrás. Yuuri no duda en correr.

—Activen la alarma —grita Yuuri a un par de soldados razos que cruzaban cerca y que corren a la zona de vigilancia mientras que Chris y el mayor dan persecución al sospechoso que aferra sus manos a una bolsa.

No es difícil imaginarse de qué se trata lo que resguarda con tanta pasión aquel sujeto. La persecución se extiende hasta las inmediaciones de la base, la zona boscosa, ambos militares pueden ver la espalda de aquel individuo que no es para nada lento. La alarma de la base resuena como un eco estrepitoso que estremece el corazón de quien escucha el llamado agonizante de aquella sirena. Chris y Yuuri saben que deben sí o sí atrapar al tipo pues los dos no olvidaran aquellos ojos.

No son humanos.

El tipo parece que gana más y más velocidad mientras más se alejan de la zona controlada por militares, incluso cuando llega a la zona de la cerca electrificada no parece detenerse. Tanto Chris como el Mayor Katsuki sonríen pues saben que ahí podrán darle alcance, incluso desde una de las torres de vigilancia lo tienen en la mira para dispararle, pero el sujeto ha tomado impulso para brincar. La parte más sorprendente es que brinca, y ambos militares involucrados en la persecusión se quedan atónitos en sus sitios, sin habla, sin movimiento, helados y plantados en el sitio, inclusive han olvidado respirar, pero el militar encargado de la torre de control reaccionó y dispara varias veces al individuo, éste recibe las balas en el aire y cae como un costal de papas al suelo.

Yuuri y Chris no pueden salir de su estupefacción porque ha brincado una valla electrificada de quince metros de alto como si fuera un simple bache. Cuando reaccionan es cuando el sujeto tras recibir al menos cinco disparos en puntos letales se incorpora tronando su cuerpo como quien despierta de una siesta para volverles a mirar y volver a correr.

—¡Quita la electricidad! —grita Yuuri y el que está en la torre mete rápidamente el código de emergencia para cortar la electricidad en la valla.

—¿Qué haces? —dice Chris al punto de la histeria.

—Esa cosa lleva planos de la base, o saber dios qué, lleva ventaja al grupo armado e ir hasta la salida principal nos tomará minutos de ventaja —explica Yuuri empezando a escalar por la cerca, Chris no le queda más que también escalar junto con Yuuri.

Llegando a la zona de púas donde se rasgan el uniforme, reciben heridas leves tanto en el trayecto de cruzar como de rodar al caer para volver a correr. Yuuri saca el arma de su fornitura listo para luchar al menos para recuperar los planos. Sigue el rastro por las huellas que ha dejado aquella cosa. Las huellas los guían hasta el inicio de la carretera que conecta con el poblado más cercano, con la bahía y la entrada a la base principal. Yuuri maldice en voz baja pero es cuando gira su mirada hacia un costado que es cuando ve a aquel sujeto de extraña apariencia sentado en medio de la calle. Ya no lleva la gorra militar con la que había discimulado, al parecer con éxito, el cabello oscuro, largo y con una especie de rastas, o al menos eso le parece a los dos militares que le apuntan directo a la cara. Mientras más se acercan denotan más rasgos faciales, como el rostro huesudo de pómulos marcados y los labios delgados, pálidos como la muerte misma, éstos se mueven rápidamente al punto que parecen que vibran. Los ojos clavados en la nada, idos, cualquiera pensaría que está drogado pero es impreciso saberlo, Yuuri casi puede negarlo después de verlo huir. Está sangrando. Pero no parece desfallecer.

—Vi el futuro —dice en un errático tono de voz que a Katsuki le pone los pelos de punta al igual que a Chris.

—¿Quién eres? —exige saber Yuuri.

—Vi el futuro —insiste mientras que sonríe, y Chris tiene ganas de llorar del miedo porque la boca no es una boca normal, se extiende por toda el rostro en una silueta similar a la personificación del terror—. En él... los humanos no están.

Yuuri no duda en abrir fuego, pero uno de los impáctos le simbra por el ruido y cierra los ojos al abrirlos aquel sujeto no está frente a ellos, sino a escasos centímetros del moreno que se hace hacia atrás y es capaz de ver todo en cámara lenta, el movimiento feroz y asesino del sujeto, la mano de éste convertirse en un punzante al unir sus largas uñas y el rostro deformado por la sorpresa y el horror de Chris que empieza a disparar hacia el individuo sin obtener ninguna respuesta. Katsuki se logra mover para no ser lastimado en el entre tanto volviendo a disparar hasta que el cargador es vaciado, no desiste y saca uno nuevo de su pantalón para cambiarlo en tiempo record, aquella entidad vuelve a correr.

—Vamos —exige Katsuki, apenas se están recuperando de la carrera pero son militares y están acostumbrado a ello así que corren detrás.

A lo lejos, las sirenas suenan acercándose.

—Joder... —murmura Chris.

El moreno encuentra una buena postura para detenerse y disparar a la cabeza del sujeto, pero al recibir el impacto en lugar de caer y morir, se gira con ojos desorbitados y corre hacia Yuuri que no deja de disparar.

Clic, clic.

Ve su arma, se ha trabado y siente algo frío recorrerle por el cuerpo cuando otra vez tiene al sujeto casi encima-

—Mierda —maldice mientra tira el revolver al suelo, y no la piensa para saltar hacia el sujeto, pues como lo dicta el "Arte de la guerra": Ataca primero, ataca muy fuerte. Los dos rodaron por la hierba fresca y la tierra y el lodo y entre las piedras a un costado del camino en un feroz forcejeo, chocando estrepitosamente contra un árbol, el individuo era escurridizo pero Yuuri era mucho más hábil, logrando zafarle el bolso donde había guardado los planos y tirarlo hacia un costado donde Chris pudiera cogerlos, pero al mismo tiempo cogerlo con fuerza por los antebrazos para someterlo bajo él, y en un giro tirar de uno de los brazos de aquella entidad haciéndolo gritar de dolor.

—No pueden hacer nada —Los ojos de aquella cosa centellean en furia.

Hábilmente la criatura no humana se impulsa hacia atrás golpeando en el rostro a su agresor, logrando moverse para quedar de frente y de esta manera colocar su pierna entre el pecho de ambos, empujándolo con fuerza, logrando causar un buen daño en la boca del estomago del militar mientras que giraba por el suelo y liberarse.

Yuuri ha quedado sin aire por el golpe, cuando se gira para buscar la posición de su contrincante éste ya caía sobre él; en un intento inútil por huir gatea moviéndose de su lugar. Pero el sujeto lo sostiene del pie lanzándolo sin piedad contra un árbol, sus facciones dejan de ser humanas y Yuuri reconoce que la fuerza del sujeto ha incrementado. La respiración de la criatura es escandalosa, como el motor de un auto, como el aullido del corazón de un titan. Yuuri gime adolorido, retorciéndose cuando cae al piso. Sus ojos se centran en el sujeto que lanza su mano y ésta se convierte en una garra que destruye la corteza del árbol, Yuuri se ha movido otra vez, dos segundos más lento y su cráneo sería el que estuviera haciendo "Crash" en lugar del tronco.

Sin embargo es ahora un insoportable dolor procedente de su espalda el que lo agobia, momentáneamente porque sabe que será inútil pelear, pero lo ha alejado tanto de la carretera donde ha quedado el plano que tiene fe en que Chris lo ha cogido y ha huido.

—Los humanos... tan frágiles... ¿Se encuentra bien? —pregunta aquella criatura de forma lenta y pausada y Yuuri es capaz de mearse encima pero sus ganas de vivir y su dignidad son más altas, sigue en el suelo, con los ojos apretados. El otro sonríe con una satisfacción digna de reproche, a modo que el otro seguía gimiendo de dolor. La mano del Mayor aprieta su estomago y con la otra mano se limpia cerca del labio inferior un hilo de sangre —. Espero y si, por que aun tengo más, humano —se truena los nudillos de los dedos, acercándose nuevamente al militar con paso lento, arrastrando los pies, como si su masa corporal hubiera crecido nuevamente.

Una vez que está cerca, se agacha un poco para ver mejor la cara de sufrimiento del hombre, Yuuri sonríe.

— ¿Por qué sonríes, humano?

—Si te lo explico... no lo entenderías —dice antes de sacar de su cintura rápidamente un cuchillo con el que corto el rostro de aquella criatura que se aleja hacia atrás cubriéndose con las manos el rostro de donde brotan grandes gotas de un líquido espeso y negro que además tiene un olor bastante similar a la sangre azul del kaijou: Azufre y cenizas. Yuuri no se detiene mucho a pensar en ello antes de incorporarse para irse contra él usando su arma que ha visto si le causa más daño que simplemente las balas.

No duda en aprovechar su estatura y acuchillear con largos y profundos cortes el abdomen de la criatura, enterrarla, y aunque recibe varios golpes, ya débiles por la pronta pérdida de lo que Katsuki cree es sangre, logra derribarlo. Su último ataque es en la zona de la cabeza donde le hace una profunda cortada sólo para después caer a su lado agitado y alerta mirándolo de reojo. Cierra los ojos lentamente porque todo le da vuelta. Tiene su cuerpo, sus manos y su rostro manchado de aquella sustancia, la siente quemar, arder, lo envenena y se tira de la camisa porque se ha empezado a sofocar.

Tienes que dejar a Vicchan —dice Mari.

Yuuri, no olvides tu comida —dice su madre.

Acepto —es Viktor.

Deberíamos viajar a Japón en vacaciones —no sabe quién es.

Me gustas muchos, Charlie —tampoco sabe quién es.

Te amo Te amo Te amo Te amo Te amo, escenas de cuerpos danzando, abrazándose, tomándose de la mano, compartiendo desnudes. Alcohol, fiestas, libros, letras, música, ruido, sol, luna, estrellas, risas que se extienden y se convierten en lágrimas en noches de insistente lluvias, manos, sangre, destrucción, edificios caídos, más llanto desesperado. ¿Es suyo? ¿De alguien más? No lo sabe.

Diles que paren.

Todo se revuelve, se mezcla y Yuuri solo jadea asustado porque hay demasiados recuerdos, demasiadas voces hasta que exhala profundamente y un par de manos le sostienen de los hombros. Y jadea de inmediato exaltado buscando su cuchillo alrededor asustado.

—Yuuri —habla una voz, los ojos caoba de Yuuri se fijan en los azules de Viktor, y éste está al borde del llanto—. Soy yo... —repite angustiado y Yuuri respira de forma escandalosa mientras que se siente transpirado, sediento. Hay mucho ruido y mucha luz, empuja a Viktor intentando incorporarse, porque está desorientado y empuja a todos mientras tropieza cayendo de rodillas, proliferando un grito agónico porque sus costillas duelen como nada ha dolido jamás y empieza a llorar. Llora con ganas.

La escena le rompe el corazón a Viktor y a Yuri que también está presente, es el mayor el que se acerca a abrazr a Yuuri aferrarlo a él, aferrarlo a él fuertemente para hacerle saber que debajo de sus pies, ya está en tierra de fe, en puerto seguro y Yuuri se deja sostener mientras sigue llorando porque está cansado, está asustado y no quiere morir. No quiere hacerlo.

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¡Nos leemos pronto!

¡Gracias por leer!

St. Yukiona.

Que los ama de pulmón, páncreas y todo lo demás.