Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer pero la historia es completamente mía. Está PROHIBIDA su copia, ya sea parcial o total. Di NO al plagio. CONTIENE ESCENAS ALTAMENTE SEXUALES +18
Recomiendo: A Thousand Years – Christina Perri
Capítulo beteado por Melina Aragón: Beta del grupo Élite Fanfiction.
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Capítulo 53:
Sr. y Sra. Cullen
"El corazón late rápido
Colores y promesas
(…) ¿Cómo puedo amar si tengo miedo a caer?
Pero viendo que estás solo
Todas mis dudas de pronto desaparecen
Un paso más cerca
He muerto todos los días esperando por ti
Cariño, no tengas miedo
Te he amado por mil años y te amaré por mil años más
El tiempo se detiene, hay belleza por todos lados
Voy a ser valiente
No voy a dejar nada para llevar
Sin embargo, de pie delante de mí
Cada respiración, cada paso ha dado a esto
(…) A lo largo creí que te encontraría
El tiempo ha traído tu corazón hacia mí…"
"
Encontrarlos frente a nosotros fue indescriptible. Yo no sabía qué expresión poner de ver a toda nuestra familia ahí, como si fuera solo una.
—¡Chocolate! —exclamó Todd, abriendo sus brazos.
De solo sentirme rodeada de toda la gente que más amaba, sentía que volaba por los aires de tamaña felicidad. No podía creerlo, estaban aquí, sí, lo estaban.
Corrí hacia ellos y primero abracé muy fuerte a mi hermanito, que tal parecía que había tenido un verdadero estirón. Él me abrazó con la misma fuerza, dándome a entender cuánto me había extrañado.
—Por Dios, sigues tan lindo —susurré, acariciándole el cabello.
—¿Cómo está mi sobrinita?
Le tomé la mano y le hice que la acariciara.
Sonrió.
Saludé a Rose, a Emmett y a mi pequeñito sobrino, que ya pasaba de los cuatro meses. Estaba tan lindo, no dejaba de sonreír.
—Bella —me llamó papá, sacándome un quejido.
Yo arqueé mis cejas y corrí a sus brazos, extrañando aquel amor que siempre lograba entregarme frente a las circunstancias. Estábamos tan dañados, tanto que los dos ya llevábamos las cicatrices, pero en el cambio estaba la mejoría, eso lo sabíamos.
—Mi pequeña —susurró, cerrando los ojos mientras buscaba mi abrazo.
Yo tragué y comencé a llorar, porque no sabía cuánto lo extrañaba hasta ahora.
—Papá —dije, mirándolo.
—No hace falta decir nada, yo tengo que decir mucho, pero no es momento —afirmó—. ¿Cómo estás? ¿Cómo está mi nieta?
Sonreí.
—Estamos bien, muy felices con…
—Con Edward —me interrumpió.
Yo me giré a mirar a mi Bombón, quien tenía los ojos brillantes mientras esperaba a que Alice diera el primer paso. Ella estaba tímida, como si quisiera pedirnos perdón, pero sin saber cómo. Mi hermano también, incluso con el dolor en las cuencas. Yo tomé a Edward de la mano y lo insté a caminar hacia adelante, rompiendo la barrera de la distancia que lo separaba de su familia. Esme y Carlisle corrieron a abrazarnos, ya con el corazón curando poco a poco por todo lo que había sucedido. Cuando Alice no soportó la distancia y Jasper me miraba con la angustia en la expresión, los dos dieron el paso correcto y nos abrazaron, mi hermano a mí y la sobrina a su tío.
—Te extrañé tanto, hermanita —susurró Jas, gimiendo por el llanto.
—Ya estoy aquí —murmuré.
—Deberías odiarme por la forma en la que me comporté.
Negué y me separé para tomar su rostro entre mis manos.
—Nunca voy a odiarte, eres mi hermano.
Asintió y me besó la mejilla.
—Perdóname.
—Claro que te perdono, siempre.
Siguió abrazándome y yo miré a Alice, que era sujetada por su tío, que la abrazaba con la misma fuerza mientras ella lloraba y le pedía lo mismo, que la perdonara.
Cuando fue momento de intercambiarnos, Jas hizo lo mismo con mi Bombón, pidiéndole que lo perdonara por todo lo que había causado. Cuando miré a Alice, ella arqueó las cejas y respiró hondo.
—Bella, yo fui tan mala contigo —susurró.
—Yo…
—No, tengo que hacerlo, debo madurar, debo… debo enfrentar las cosas como una adulta y no como una chiquilla de diez. Perdóname, Bella, fui una muy mala amiga, te juzgué, te traté como no debí… —gimió—. Te extraño tanto, siempre fuiste una persona sincera y pasé por alto todo lo bueno que hiciste por mí. Además —nos miró a ambos—, no quiero perderme a la pequeña, no puedo… es…
—Se llama Elizabeth —dijo Edward, llamando la atención de todos.
Tomó mi mano y me la besó.
—¿Cómo? —preguntó Esme.
—¿Dijiste Elizabeth? —añadió Alice.
Asentimos.
—Se llamará Elizabeth Lily Cullen —susurré, tocándome el vientre.
Esme comenzó a sollozar y vino con nosotros a abrazarnos, desatada en la emoción fragante de recordar que aún conservaba el dolor más grande que una madre podía sufrir: perder a un hijo.
—Elizabeth —siguió diciendo, como si pudiera imaginarse todo el amor que traería nuestra pequeña a la familia.
Alice se llevó las manos al pecho y yo le volví a sonreír.
—Claro que te perdono —finalicé.
Hoy era momento de avanzar y de crecer todos juntos. ¿Para qué seguir pensando en las palabras que nos dijimos? ¿Para qué enfocarse en los errores? Hoy lo más importante era sanar y que Elizabeth llegara a un hogar en el que todos pudiéramos estar tranquilos y en calma.
Era el momento.
Edward POV
—Ethan dijo que estaría con mucho trabajo, se negó rotundamente a dejar la empresa. No puedo creerlo, ¡es la boda de su hermano! —exclamó mi madre, descansando en el sofá de la hacienda en la que se quedaría toda la familia.
Bella y yo nos miramos, sabiendo por qué él había decidido no venir. ¿La verdad? Nos extrañaría más si hubiera pisado suelo español luego de la barbarie que nos hizo. No quería tener que verle la cara nunca más.
Yo me acomodé junto a mi esposa, tomando su mano para besársela. Ella estaba algo cansada luego de tanto ajetreo del día, por lo que le hice que se acomodara a mi lado, abrazándola junto a mí.
—Lizzie está robándome las energías hoy —susurró.
Mi madre se acercó para poder estar cerca de ella. Sus ojos brillaban con mucha fuerza.
—Oh, es tan pequeñita —dijo—. Elizabeth será la viva imagen de mamá, ¿no crees?
—No, yo quiero que se parezca a Edward. —Bella hizo un puchero.
Nos reímos.
—En realidad, la sola idea de tener a mi pequeña Bella me vuelve el hombre más feliz del mundo —aclaré.
—Bueno, lo importante es que está sana y que cada vez queda menos para conocerla. ¡Yo iré a dar un paseo! Carlisle parece querer recorrer todo. ¿Se quedarán a cenar con nosotros?
—No lo dudes, mamá, ve.
Cuando ella y yo nos quedamos a solas, comencé a cantarle para que se quedara dormida y luego le di masajes en el cuello para que pudiera relajarse mejor. A los minutos Bella se durmió profundamente y yo la acomodé.
—Hola, ¿están ocupados? —preguntó Alice.
Negué.
—En realidad, se quedó dormida.
Mi sobrina sonrió.
—No importa, creo que también puedo hablar contigo. —Suspiró—. La última vez que hablamos, ahí en mi oficina, me hiciste preguntar muchas cosas. Cuando me confesaste que la amabas vi la desesperación que tenías en tus ojos, nunca te había visto así, ni siquiera con…
Se calló.
—Descuida, Renata no me afecta como tú crees.
Me miró esta vez.
—Amas a Bella, ¿no?
Sonreí y luego apreté los labios. Ella sabía la respuesta.
—Respóndeme, por favor —pidió.
Respiré hondo.
—Muchísimo. Bella es la persona más importante para mí, la amo más de lo que imaginas. Esto que pasó no me permitió pensar porque con ella no puedo ser racional, menos aún usar mi cerebro, con Bella yo siento, Alice, y perdóname por haber callado esto, pero fue inevitable para ambos. Ya sufrí suficiente, gracias a mi miedo a sentir y el terror que tenía a hacerle daño a todos ustedes, ahora quiero estar con ella, vivir mi vida con Bella y sí, construirla.
Me escuchaba de manera atenta y en sus expresiones se fue dibujando aún más la comprensión. Sí, mi sobrina me estaba comprendiendo cada vez mejor.
—Sí, por supuesto que sientes eso por ella, te comportas como cuando…
—¿Tenía veinte años?
Tragó.
—¿Recuerdas cuando Renata aún no llegaba a tu vida? Recuerdo que yo tenía cerca de cinco años. Estabas en la universidad, recién conociendo la vida, lleno de proyectos…
Bufé.
—Me sorprende que te acuerdes, eras muy pequeña.
—¿Sabes por qué lo recuerdo? Porque fue el momento en el que realmente te vi feliz. Hace poco estaba pensando en ti… Bueno, lo hago siempre, pero esta vez estuve horas pensando en el tío mayor que estaba acostumbrada a ver, un tanto lejano, siempre solo, hasta serio y un poco frío con los demás. Me di cuenta que estaba acostumbrada a esa persona y en realidad, no eras tú. —Sus ojos se llenaron de lágrimas—. Entonces me acordé de eso, de cuando eras joven, lleno de sueños, cálido y aprendiendo a vivir incluso después de lo que pasó con mamá, y noté que ahora eres esa persona. ¿Cómo puedo pedirte y obligarte que te alejes de Bella si eres feliz? Es como si volvieras a la vida, como si volvieras a ser ese tío que recuerdo a los cinco años, quizá vagamente, pero lo recuerdo de tal manera que jamás pude olvidarlo.
Se me formó un nudo en la garganta debido a su sinceridad y también porque me hizo recordar aquel breve instante en que las cosas estaban llenas de esperanza. Los sueños respecto a mi profesión lograron derribar muchos muros en un momento, pero pronto eso comenzó a decaer cuando madre insistió en menospreciar lo que tanto amaba. Me resultaba bastante triste rememorar aquello, los momentos de juventud en los que fuí eso, joven, con sueños.
—¿Y sabes qué es lo peor? —inquirió—. Que esto lo vengo notando hace meses. Antes de saber que era por todo esto, no encontraba respuestas para el nuevo brillo en tus ojos. Mis abuelos decían que se debía a una mujer, pero yo estaba acostumbrada a que tú no le dieras mucha importancia a las relaciones, siempre eran tan esporádicas, lo encontré imposible, menos que fuera por… Bella. —Suspiró y me miró a los ojos—. Y era ella, mi amiga.
Asentí con lentitud.
—Desde que la vi en ese crucero supe que era especial. Cuando se fue y creí que no íbamos a vernos nunca más, supe que no iba a olvidarla. Y apareció en mi vida otra vez. Intenté ser razonable y alejarme, pero, somos adultos, la deseaba, estaba vuelto loco. Pero no sólo se trataba de eso, algo en mí insistía en involucrarla en mi vida, en acercarla a mi rutina y entonces me enamoré. La culpa estaba en mí desde antes y, si te soy sincero, Bella fue más valiente porque intentó alejarse, Alice, no sabes cuánto lo intentó.
—Lo intentó porque imaginaba que esta sería nuestra reacción —musitó con la voz titilante. Se pasó las manos bajo los ojos y miró al techo unos segundos—No he dejado de pensar en lo que pasaría si los demás me criminalizaran por estar con Jasper, imaginé sentir esa obligación a alejarme de él y… —Rompió a llorar, cerrando los ojos con fuerza—. Y no lo soporté, fue tan desesperante que no pude dormir. ¿Cómo pudieron aguantarlo? ¿Cómo no se volvieron locos? Demonios, siento tanta culpa desde entonces y sólo cuando supe que te habías golpeado la cabeza comprendí que no podía quedarme de brazos cruzados.
—Alice, no, tranquila…
—Perdóname, por esperar tanto tiempo para hacer esto.
La abracé y ella lo hizo también, con mucha fuerza y necesidad.
—Por favor, perdóname, por haberlos orillado a esto, por comportarme como una idiota y por haberte dicho tantas cosas horribles en su momento. No merecías eso, ninguno de ustedes —sollozaba en mi hombro.
Sonreí triste, porque las cosas que dijo aún dolían. Sin embargo, no podía seguir pensando en eso cuando ella de verdad lo sentía. Era mi sobrina, la nena que llegó cuando yo aún era un adolescente, siempre iba a ser esa pequeña, y la iba a querer aún luego de esto.
—Actuamos imprudentes, entiendo que te hayas enojado, tranquila —le susurré—. Te perdono, pero tú también debes perdonarme a mí también, por mentirte. —Se separó para mirarme—. Lo único que no sentiré es amarla, lo siento, pero esa mujer es lo más importante para mí y todo lo que vivimos, a pesar de todo, lo volvería a vivir con tal de estar con ella.
—No, no lo sientas nunca, por nadie en el mundo, ya no más —exclamó, aún llorando—. Nunca debemos pedir perdón por enamorarnos, es un sentimiento tan bello, tan increíble cuando es de esta forma, que sería un pecado siquiera insistir en culparnos.
—¿De esta forma? —inquirí, sonriendo ahora de alegría.
Ella sonrió y se limpió las lágrimas.
—El amor de nuestras vidas, muchas veces, demora en llegar, cuarenta años en tu caso y finalmente lo encontraste. Sé que lo sabes, Bella lo es, ¿no es así?
Asentí.
—Lo es. Es el amor de mi vida.
—Bien, creo que es hora de irme, Jasper estará esperándome afuera en cinco minutos —me dijo, mirando su reloj.
—Ve —insté.
Cuando nos quedamos a solas, acomodé a Bella en el sofá y estuve un rato mirándola dormir. La imagen me fascinaba. Sabía que dormiría una hora, como todas las tardes, y que además le gustaba despertar con una limonada helada, así que fui hasta la cocina para prepararle una.
—Es para Bella, ¿no es así? —preguntó alguien detrás de mí.
Era Charlie.
Le hice un gesto y él sonrió con timidez.
—¿Quiere ocupar algo…?
—No, en realidad me gustaría hablar contigo.
Me quedé expectante, sin saber qué decirle.
—Descuida, tú no tienes nada que decir, en realidad, el que debe hablar soy yo.
Suspiré.
—Lo escucho.
Él se quedó un momento pensando, quizá en las palabras correctas.
—Yo sé que me comporté como un verdadero idiota cuando sucedió todo esto, cuando supe que en ese momento Bella estaba embarazada, yo… —Apretó los labios—. Me dejé llevar por tantas cosas, Edward, motivado por la culpa interna de sentir que mi propia hija no tuvo la confianza de decirme todo lo que había sucedido. Cuando además supe que se habían casado simbólicamente en otro lugar, motivados por todo lo que podía suceder a su alrededor, también sentí culpa y… actué por impulsos.
Asentí.
—No quiero justificarme, lo que quiero es explicar con lógica, si eso es posible, todo lo que pasó por mi cabeza aquella vez. Pero, sé que ninguna explicación va a borrar todo lo mal que me comporté.
—Charlie, yo…
No sabía qué decirle.
—Cuando supe la verdad de la paternidad de Bella y de Todd, el mundo se me vino abajo. Pero pensé que a pesar del engaño, ambos son mis hijos y podría dar el mundo por ellos. Cometí tantos errores, sobre todo con Bella, tú estás de acuerdo con ello, la amas más de lo que imagino y no concibo la idea de que tú estés de acuerdo con todo lo que tuvo que hacer y pasar mientras yo viajaba, creyendo que el dinero era más importante. —Su mirada entristeció más—. Llegué a la conclusión de que estaba perdiendo el tiempo actuando como un patán, que no estaba viendo cuán feliz era delante de mis ojos. ¿Cómo puedo amarla y no aceptar a quienes la hacen sentirse así?
—Me alegra escucharlo decir eso, Sr. Swan. De verdad.
Suspiró.
—Serás un muy buen padre, pero nunca olvides ser un buen esposo. No digo que vaya a pasar, porque de solo verte sé la clase de hombre que realmente eres, pero… simplemente mantén eso en mente. Al igual que será madre, Bella es una mujer, y merece que su esposo la ame a ella de forma individual tanto como tú amarás a tu hija. Cuídalas a ambas como ellas te cuidarán a ti, escúchala siempre… en fin. —Rio—. Haz lo que siempre haces. Estoy feliz porque mi hija y mi nieta tienen a un hombre como tú.
Escucharlo decir tantas cosas así era algo que no esperaba, pero que me dejaba en paz, no por mí, sino por Bella. Ella a quien más extrañaba era a su padre y yo siempre me di cuenta de aquello.
—Gracias, Charlie —musité.
—¿Y? ¿Le llevarás la limonada?
Me reí.
—Porque creo que ya despertó —añadió.
—Oh no.
.
Respiré hondo y miré hacia el frente, sabiendo que era el gran día. Bella se había quedado a dormir con Todd para molestarme y hacerme extrañarla. Y le había dado resultado, porque yo no dejaba de tocar la rejilla del yate, mirando hacia el frente, con el atardecer a menos de dos horas de hacer su aparición.
—Hola, cariño —susurró mi madre, caminando con su vestido elegante.
—Mamá, qué guapa.
Me acarició las mejillas y suspiró.
—Me parece un día tan mágico, mira que sol tan bonito.
—¿Crees que a Bella le guste?
Mamá miró hacia el puente, que ya estaba decorado para ella. Sus ojos brillaron y sonrió.
—¿Gustarle? ¡La volverá loca! Hijo… Es increíble cuánto la amas, jamás te había visto así, no desde que la conociste.
Apreté los labios.
—¿Pudiste verla? ¿Cómo está? ¿Cómo es el vestido?
Se rio.
—No te lo diré, porque eso es un secreto.
—Mamá —supliqué.
—No uses ese tono de voz conmigo, no funcionará.
—La única certeza es que está hermosa —afirmó papá, evadiendo a uno de los mozos.
—La extraño, no me acostumbro a pasar lejos de ella, me volveré loco.
Estaba ansioso. Mucho. Solo quería verla usar el vestido que me había ocultado toda la semana y poder tenerla entre mis brazos mientras mirábamos el atardecer. Se me aceleraba el corazón ante el tiempo que faltaba para que eso sucediera.
—Todos comienzan a llegar y ella no…
—Tranquilo —insistió papá—. Ella llegará.
—¿Y si no?
Los dos se rieron.
—Que lo hará.
Me sudaban las manos.
—¿Cuánto queda?
—Una hora.
—Es mucho.
—¡Ya!
Me reí.
—Lo siento. ¿Pueden decirle que la amo? Por favor.
—Descuida, yo lo haré —afirmó Trace, guiñándome un ojo.
Le sonreí.
Bella POV
Miré a la flor durante varios segundos, sin saber de qué manera respirar. Sentía que podía desmayarme ahora.
Era nuestro gran día, la formalización legal de todo el amor que sentíamos, pero a pesar de que no era nuestra primera vez, hoy íbamos a gritárselo al mundo sin miedo.
—¿Ya estás…? —Venía entrando papá. Su voz fue apagándose mientras me miraba.
—¿Cómo se ve? —preguntó Sue, aplaudiendo entusiasta mientras Rose y Alice terminaban de peinarme.
Sus ojos se tornaron llorosos al instante y eso influyó a que también quisiera llorar.
—No, no la hagas llorar, Charlie —le suplicó Rose con un puchero—, se arruinará el maquillaje.
—Dejemos las lágrimas para después —añadió Alice, molestándome.
—Al diablo, hija, estás hermosa incluso sin él —respondió papá, agachándose delante de mí—. No pensé que llegaría este momento tan pronto.
Suspiré.
—Ya tengo veintisiete, no soy tan pequeña —le dije medio riendo para calmar la emoción.
—Seguirás siendo mi niñita aunque cumplas ochenta.
—Oh, papá —gemí, poniendo mis brazos alrededor de su cuello—. Sabes que así será.
Respiró hondo para no ponerse a lloriquear y me tomó la mano con cariño.
—Te está esperando ya, parece muy nervioso, creo que se desmayará —me comentó.
Tragué y sentí un remolino en mi interior.
—Sí, tengo que ir a verlo —murmuré, levantándome de la silla con torpeza—. Si sigo demorándome se pondrá más nervioso. Ya lo extraño.
—Tranquila, Edward no escapará. —Rio Sue, poniendo sus manos en mis hombros—. Te falta esto.
Me mostró el collar, la esmeralda que Edward me regaló.
—¡No!, casi lo olvido, lo siento. —Me di la vuelta y ella me lo puso de manera lenta en el cuello.
—Sé que estás nerviosa, pero te prometo que todo será maravilloso —me dijo Sue al oído.
—Gracias por todo, Sue, y a ustedes Rose, Alice, papá… A todos. Sé que me veo muy nerviosa, pero estoy feliz. —Suspiré—. Creo que es momento.
—¡Los zapatos! —exclamó mi mejor amiga mientras se limpiaba las lágrimas de manera rápida.
—¡Cabeza loca! —le siguió Alice, ayudándome a ponérmelos.
Con la panza me costaba.
—Iré a por Todd y darle las flores —nos comentó Sue, saliendo rápidamente de la habitación.
Luego de ponerme los tacones, me tiritaban las rodillas, por lo que me erguí de inmediato.
—Edward es muy afortunado —exclamó papá—. Y tú también.
Boté el aire y miré hacia la ventana, sintiendo la música desde las afueras del yate, donde me esperaba un camino especialmente para mí.
—Vamos —le dije.
Me tendió su brazo y yo lo agarré firme, usando mi temple para caminar. En medio del recorrido me enfrenté al espejo y entonces vi mi reflejo, maravillándome una vez más con mi vestido. Era largo y poco vaporoso, muy sencillo y a mi estilo. Había decidido que no quería algo blanco, por lo que éste era de un suave rosa pálido, repleto de destellos en los pétalos bordados, simulando un camino de florecillas silvestres. No estaba de más decir que el amarillo estaba presente en algunas partes, lo que iluminaba por completo toda mi silueta. Mis hombros y cuello estaban desnudos y el inicio de mis senos se veía tras un escote en V, sencillo y brillante. Mi barriga se veía despampanante, como si Lizzie quisiera ser la reina de la fiesta.
—Rose te ha dejado un peinado perfecto —destacó papá—. Y ni qué decir de cómo te ayudó también Alice.
Y lo era, pues me había hecho un pequeño camino de trencitas en lo alto de la cabeza con lirios del valle pequeñitos en el cabello.
—Es todo como quería, sin lujos, solo colores —destaqué, mirando mi ramo de flores con un arcoíris intenso.
Cerré los ojos cuando sentí la balada que Edward y yo escuchábamos sin parar, un instrumental de Elvis que me volvía loca. Eso significaba que ya estábamos en medio de la parada. No quise pensar mucho y seguí mi camino junto a papá, mirando a mi alrededor. Cuando llegamos me sorprendí de cómo todos estaban sentados, esperándonos. En el momento en que Todd llegó con Sue, lanzando pétalos de diversos colores, todos comenzaron a levantarse, ansiosos por verme llegar.
—Creo que voy a vomitar —le dije a papá.
—Respira.
Me reí de forma nerviosa y entonces miré los detalles de la decoración, de la cual se había encargado precisamente Edward.
—Es perfecto —murmuré con la garganta ennudecida.
—Y ahí está él —me susurró.
Casi se me escapa un suspiro. Él estaba mirando con las manos juntas entre sí, usando un traje azul oscuro entallado; parecía que estaba hecho para su cuerpo. Me enternecí al ver que, justo en la parte izquierda de su tórax, había una flor idéntica a las que adornaban mi cabeza. Edward finalmente me vio y una sonrisa preciosa se le dibujó en la cara, tanto que mis rodillas por poco cedieron. Estaba tan guapo, tanto que por poco corro hasta sus brazos.
—Hola, Edward —saludó mi padre cuando llegamos a nuestro destino—. Te quiero, cariño —me susurró, yéndose hacia las sillas de la primera fila junto a Sue y a mis hermanos y sus esposas.
Mi cobrizo estaba mudo y solo saludó con la cabeza, para luego mirarme de pies a cabeza sin parar, como si no tuviera palabras para decirme.
—Te ves… —Pestañeó y buscó mi mano.
Edward se aferró a mi agarre, entrelazando sus dedos con los míos.
—Este vestido es… Por Dios, qué hermosa te ves —susurró, pestañeando al mismo tiempo.
Sonreí.
—No puedo creer que estemos aquí —murmuré.
Tragó y sus ojos se tornaron brillantes.
—Yo tampoco. Parece un sueño.
El juez llamó nuestra atención con una sonrisilla pícara, trayéndonos devuelta a la realidad. Su discurso fue sincero y nos recordó el valor e importancia del matrimonio, lo que apenas escuchaba porque estaba perdida en la forma en que Edward me estaba mirando. Él tomó mis manos por un momento, pero no soportó mucho hasta que me acercó más, teniéndome entre sus brazos.
—Sr. Edward Cullen, ¿quiere decir algo? —preguntó el juez.
Mi Bombón sonrió.
—Hay tanto que quiero decir y siento que ya lo he dicho todo.
—Dilo —insté.
Me acarició la mejilla con su pulgar y luego juntó su frente con la mía.
—Bella… ¿Sabes qué pienso cuando te miro? Que no me imagino sin ti. Llegaste a mi mundo de sorpresa e hiciste que todo comenzara a tener sentido, cada color, cada aroma, cada recuerdo… ¿Qué sería de mí sin ti si me has instado a aprender a hacer más por todo mi alrededor? Decirte que te amo es simplemente una palabra que no define todo lo que significas en este hombre lleno de cicatrices, qué ganas tengo de mostrarte el mundo que me regalas a través de mis ojos, de mis recuerdos, de todos mis sentidos. Seguimos en un camino amplio, uno que no nos define, porque constantemente estamos aprendiendo, y sé que cada día que pase tú estarás a mi lado, regalándome esa energía vital que siempre estás brindándome y dándome un mundo de colores y alegría que tanto es parte de ti. Te amo, te amo y te amo, lo diré tantas veces que te aburrirás de escucharlo. Eres mi Flor de Colores, el amor de mi vida.
Tragué con los ojos llorosos.
—¿Desea decir algo, Srta. Swan? —preguntó el juez, esta vez mirándome.
Boté el aire.
—Yo… lo siento, no quiero llorar, pero sabes que es difícil, Lizzie me hace más sensible. —Sentí que todos estaban riéndose—. Pero… ¿no me conoces así, sintiendo las emociones a flor de piel? Mi Bombón, aún recuerdo cuando te vi la primera vez y sentí que caía a un abismo, me pareciste el hombre más guapo que había visto nunca. Y sorpresa, dentro de ti había un increíble ser humano que, aunque no lo creas, me ha enseñado más que nadie en esta vida. Durante tanto tiempo me dijiste lo que pensabas de ti y yo imploraba porque te amaras como yo te amo, y sé que ha sido difícil, pero hoy crees en ti. Estoy tan orgullosa, mi amor, de que un hombre como tú sea quien me acompañe el resto de mis días. Estaré eternamente enamorada de ti, porque así como nos propusimos seguir conquistándonos, es contigo con quien quiero compartir lo que nos depare a futuro. Te amo y nunca me aburriré de decírtelo ni de escucharlo, porque es algo que siempre sentiré y siempre llevaré conmigo. Te amo, mi Bombón, gracias por hacerme la mujer más feliz que existe.
Suspiramos al mismo tiempo, disfrutando de este día que nos uniría para siempre.
—Te regalo el atardecer y todos los amaneceres juntos, mi Flor de Colores —dijo, mostrándome la inmensidad del agua que estaba debajo de nosotros, y sí, de cómo nos acercábamos al famoso puente sevillano. Lo habían decorado para la ocasión y en unos minutos pasaríamos por ahí, con las flores a nuestro alrededor.
Yo estaba a punto de llorar.
El juez comenzó a hacer las preguntas y mi corazón latió tan deprisa que tuve que sujetarme de él, mientras sentía que Lizzie se movía en mi interior.
—Sí, acepto a Bella como mi esposa —respondió él sin titubeos.
Mi barbilla tembló.
Tomó mi mano y puso el anillo en mi dedo, rozando de forma lenta mi piel.
—Sí, acepto —respondí con firmeza, sin espacio a la duda, pues era lo que más quería.
Una vez que puse el anillo en su dedo, nos quedamos mirando con las emociones intensas en nuestra piel.
—Los declaro marido y mujer —finalizó el juez.
Ni siquiera me tomé el tiempo de seguir escuchando, solo seguí mirándolo, acercándome a sus labios para poder besarlo con fervor. Edward me sostuvo la barbilla y luego la pasión le hizo bajar las manos hasta mi cintura, la que aprisionó con sus fuertes dedos, manteniéndome en medio de una nube, varios pies sobre el suelo.
—Mira hacia allá —me susurró, apuntándome hacia adelante.
Cuando miré, vi cómo el yate iba pasando por el puente. Fue maravilloso. Pero, antes de siquiera poder pestañear, nos vi envueltos en los pétalos de flores que caían desde ahí arriba.
—Te amo, Sra. Cullen —masculló, volviendo a besarme.
Yo puse mis brazos en su cuello y me dejé llevar. Sin embargo, di un brinco cuando Lizzie me dio una fuerte patada.
—Dios mío, me ha pateado —gemí.
Edward se puso a reír mientras los demás también lo hacían.
—Es una pequeña muy fuerte —añadió—. Como tú.
Me abrazó y yo me cobijé con él, volviéndonos a besar mientras los aplausos y vítores ensordecedores llenaban el lugar.
—Te amo —repitió—, y soy tan feliz contigo.
—Te amo —respondí.
Y sí, también era feliz.
.
La cálida música parecía una ensoñación suave y lenta, sumado al ruido de las risas y conversaciones.
—Aún no puedo creer que seas mi esposa, y ya llevamos dos bodas —me susurró al oído.
Me eché a reír y me giré para meter mis piernas entre las suyas.
—Pues créelo. —Le moneé mi anillo y él me mostró el suyo, muy divertido—. Qué marido tan guapo tengo.
Me depositó un beso cálido en la frente y entonces comenzó a bajar. Yo cerré los ojos de inmensa felicidad.
—Queremos invitar a nuestros novios a bailar —exclamó el animador mientras se entonaba una bella canción… Esa de Elvis que le canté mientras nos conocíamos en el crucero. Me sonrojé de tan solo recordar lo que significaba aquello. Ahí nos acostamos por primera vez, ahí él vio lo mío y yo lo suyo, ahí sentimos lo que nos provocábamos, la manera en la que nos uníamos, y sí, sin saber que luego aquello iba a repetirse de mil maneras posibles hasta cómo nos encontrábamos ahora.
—Oh no, ¿tú tenías planeado ponerla?
Sonrió.
—Sí, recuerdo cuando me cantaste como si fuese ayer.
—Edward. —Me reí.
Se levantó ante los ojos expectantes de todos y me ofreció su mano como un príncipe.
—¿Me concede esta pieza, Sra. Cullen?
Lo miré divertida.
—Pieza concedida, Sr. Cullen —le respondí, tomándola con fuerza.
Nos unimos con delicadeza en medio de la pista, con las luces entre los rosales sobre nuestras cabezas. El viento movió nuestros cabellos, pero nada importaba, no sentíamos frío.
—Cántame —me pidió al oído.
—¿Aquí?
—No me digas que sientes vergüenza, no te creeré.
Arrugué la nariz.
—No puedo engañarte.
—Nunca.
Tomé aire y apoyé mi barbilla en su pecho, acurrucándome junto a él. Edward entrelazó sus dedos en mis cabellos y me abrazó aún más mientras nos movíamos en una suave danza. Para entonces, mi cantar fue automático, dejando fluir la melodía tras mis labios. Él me sostenía cada vez más fuerte, recomponiéndome y haciéndome suya con su calor, situándome a esa noche en la que bailamos y nos llenamos de una pasión descarnada que hasta el día de hoy no cambiaba en absoluto, sino que se hacía cada vez más fuerte.
—Quiero que me cantes siempre —suplicó.
—Cuando quieras, mi amor.
Buscó mis labios y yo cerré los ojos, suspirando de por medio, disfrutando de su sabor. Nuestra intensidad iba a sonrojar a todos los presentes, ¿pero a quién carajos le importaba? Yo no quería ocultar nada, solo dejarme llevar, disfrutar de mi amor.
—Te quiero conmigo toda la vida que se nos permita, mi Flor, toda —susurró, juntando su frente con la mía—. Tú y mi pequeña.
Sentí su mano en mi barriga y yo inmediatamente percibí cómo Elizabeth se acomodaba en mi interior y pegaba el culito a la parte en la que él tocaba.
—Ella te ha sentido —le dije, mirándolo a los ojos.
Cada vez que le decía algo similar, mi Bombón me miraba con los ojos a punto del llanto.
—Las amo —afirmó—, no sabes cuánto.
Sonreí y seguí bailando con él, cerrando los ojos a la par, envolviéndome de amor.
—Siento interrumpir —comentó papá, carraspeando luego—. Pero me gustaría bailar con mi hija, ¿puedo?
Nosotros nos reímos y yo finalmente rodé los ojos.
—Claro, papá, pero vete acostumbrando a los besos, no creo que me los aguante —le recordé.
—Ni yo —añadió mi cobrizo.
Él bufó, asumiéndolo de a poco.
—Te quiero —le dije.
Sonrió.
Tomó mi mano y comenzó a bailar, mientras que Edward lo hacía con su madre, quien sonreía de llana felicidad.
—Estás tan grande —destacó papá.
Me reí.
—Ya tengo veintiocho, asúmelo.
—Estoy comenzando a hacerlo, por fin, pero es difícil, te hice adulta demasiado temprano y…
—No tienes que decir más, papá, te entiendo y te perdono, ya lo sabes.
Me dio un abrazo.
—Estoy feliz por ti, que nunca se te olvide, y estoy tan ansioso por mi nieta. ¡Ahora tendré dos! ¿Te das cuenta de eso?
Carcajeé.
—Serán muy amigos, ya lo verás.
Me besó la frente y yo suspiré, más tranquila y en paz.
.
—Hey, tienen un postre fenomenal —exclamó Trace, apoyado en mi mesa de manera despreocupada.
—Te puedo dar el dato para tu boda —lo molestó Edward—. ¿Qué me dices, Lucas?
Lucas, un afroamericano guapísimo que había conocido gracias a nuestra nueva compañía, le guiñó un ojo en respuesta. Ya llevaban unos cuantos meses y mi mejor amigo estaba muy enamorado. Sólo esperaba que esta vez fuese el correcto, pues ya había sufrido suficiente por un amor no correspondido.
—Ya verás cuando te invite, será un buen postre, te lo apuesto —le indicó mi amigo.
—Bien, será una apuesta —señaló mi esposo, apuntándolo con el dedo índice.
De pronto, sentimos el sonido de un golpe contra una copa, lo que llamó nuestra atención. Era papá, parado en la pista con un micrófono en la mano.
—Hola, ¿me escuchan? H-hola —dijo de forma torpe, haciendo que el aparato emitiera un sonido nada agradable. Su rostro incómodo nos hizo reír a todos—. Soy un asco para esto, lo siento. Pero bueno, quiero felicitar a los novios, Bella, mi hija y Edward, mi yerno. —Suspiró y yo miré a todos los que me rodeaban, pendientes de lo que iba a decir—. Sé que he sido duro con ustedes, todos quienes han conocido su historia desde el fondo saben que hasta pude ser el villano. Cuando supe lo que habían vivido juntos reaccioné muy mal, y me avergüenza confesar que hasta usé la violencia en contra del hombre que más ha amado mi hija. No me es grato siquiera recordarlo.
Edward bajó la mirada, pero se mantuvo con altura de miras, sin ahondar y menos juzgar. Nuestras manos se mantuvieron entrelazadas y quietas sobre la mesa, inseparables.
—No tengo defensa para lo que hice y por eso, ante mi hija y ante todos, quiero pedirte perdón, Edward, ahora eres mi familia y no puedo quedarme con esto dentro.
Mi cobrizo levantó la copa con su mano libre, aceptándolas enseguida.
—Eres un buen hombre y no puedo estar más tranquilo de saber que mi hijita, mi única mujer, estará con alguien como tú, un hombre capaz de cruzar muchas adversidades con tal de estar con ella. —Su voz fue bajando de a poco y entonces me miró—. Hija, ya no queda mucho que decirnos, solo me queda desear que sigas siendo feliz, porque nunca te he visto más viva que ahora, solo doy gracias a Dios por mantenerte conmigo y hacerme testigo de todos tus logros. Que sean felices y que vivan los novios.
Todos aplaudieron y en el instante, mi cobrizo se levantó.
—¿Adónde vas? —inquirí.
—Quiero decirte algo.
Me dejó perpleja, yéndose hacia el centro de la pista para tomar el micrófono.
—Buenas noches —saludó—, espero estén teniendo una buena velada, tanto como la estoy teniendo yo. —Suspiró—. Hoy es un día especial, uno que no creí poder vivir con tal intensidad. Es mágico poder sentirlo. Y te veo desde aquí, usando ese vestido maravilloso y no puedo caber en todo este amor que siento por ti.
Me sonrojé mientras todos emitían sonidos de alegría, ternura y entusiasmo frente a las palabras de Edward.
—Cada segundo me pregunto si esto es un sueño, si tú, cariño, eres parte de él, porque… no puedo creer que una mujer como tú sea mi esposa. Sé que esto es sólo la formalización de nuestro tiempo ya juntos, que sólo cambiará nuestro estado ante la ley mas no la aventura que ya hemos vivido, llena de amor, pasión y amistad, pero lo necesitábamos, queríamos hacerlo. —Volvió a suspirar, esta vez fue uno muy largo—. Esta increíble mujer es mi esposa. —Sonrió y luego se mordió el labio inferior—. Bella, mi amor, me haces feliz, de verdad lo haces y no puedo esperar a gritar cuanto sea posible que quiero quedarme a tu lado para amarte, protegerte, apoyarte y acompañarte hasta que nos veamos en otra vida. Y tal como me dijiste, solo toma mi mano y caminemos juntos, no la sueltes, porque juntos seguiremos construyendo este camino de sueños e ilusiones. Te amo.
Sentí que me corrían las lágrimas por las mejillas y yo rápidamente me las limpié de la cara, un tanto avergonzada de que me vieran así.
—Te amo —le dije, levantándome para ir con él.
Cuando me recibió sentí lo mismo que él acababa de decir, esa misma incredulidad de saber que este hombre era mi esposo y el mismo propósito de querernos sin miedo al futuro. ¿Qué más podía pedirle a la vida? Era inmensamente feliz y no imaginaba qué podía darme aún más.
Nos besamos, llamando la atención de todos los demás, que seguían felices por nosotros, y entonces volvimos a bailar junto a tanta gente a nuestro alrededor.
—Hey, ¿puedo bailar contigo? —me preguntó Jasper, quien venía con Alice.
Edward miró a su sobrina con esos ojitos llenos de calma y finalmente accedió.
—Te ves tan linda —destacó Alice antes de irse—. Y lo amas muchísimo. Lizzie está tan grande y…
Sus ojos brillaron por llanto acumulado.
—Gracias por nombrarla así, mamá estaría dichosa.
Edward tragó y Alice, sin esperar mucho, me dio un beso cariñoso en la mejilla.
—Espero que hagamos una noche de chicas algún día, como en los viejos tiempos.
Me reí mientras la veía irse con Edward.
—¿Y? ¿Me concedes la pieza? —preguntó Jass, jugando con mi cabello.
—Claro que sí.
Cuando bailamos, me sentí tan conectada con él, como cuando éramos pequeños.
—Cuando te veía ahí, bailando con Edward, fue inevitable pensar en cuando jugábamos juntos —susurró—. Estamos tan adultos, tendré una sobrinita más y… —Suspiró—. Verte feliz es el propósito que todos nosotros debimos tener, espero que no sea demasiado tarde para mantenerlo en nuestras convicciones.
—Jamás es tarde, Jasper, jamás.
.
Todd estaba en los brazos de Edward, despidiéndolo mientras Ángela y Ben me acomodaban las cosas a la entrada del yate. Mi gran amiga no daba más de la emoción al saber que mi esposo y yo nos iríamos a Grecia en menos de una hora.
—¡Tienes que llevarme! —le dijo a Ben, cruzándose de brazos.
Mi amigo se rio y le besó la mejilla.
—Pues será el próximo destino.
Yo estaba un poquito cansada y Tanya corrió a obligarme a que me sentara en una silla mientras me daba aire con su abanico.
—Lizzie está pesada, ¿eh? —me comentó, guiñándome un ojo.
—¡Y la ves tan chiquita!
Se rio.
Edward recibió la llamada correcta y le dio un último beso en los cabellos a Todd, se acercó a sus padres y luego a mí, ayudándome a levantarme.
—Nos vamos, mi amor —dijo, besándome los nudillos.
Estábamos muy acaramelados y no queríamos separarnos.
Me despedí de toda la gente que amaba, todos aquellos que querían que fuera feliz. Desde papá, mis hermanos, Sue, mis amigos y mis suegros.
—Avísennos cuando estén allá, ¿bien? —dijo Esme con severidad—, no quiero preocuparme en vano.
—Mamá, es solo un viaje en avión más —le recordó Edward.
—Ya lo sé, ¡pero me preocupo!
Nos reímos y Carlisle le besó la frente para que se calmara.
Cuando vimos el coche a la espera de llevarnos al aeropuerto, nos alejamos de los demás para ir a nuestra luna de miel. Me sorprendí de ver que lanzaban pétalos de flores sobre nosotros, los que caían por el viento al río. Me sentí en un cuento de hadas. Al acomodarnos en los asientos, vi cómo Rose lloraba a moco tendido mientras mi papá y los padres de Edward nos veían con orgullo, uno que al fin nos dejaba en paz.
—¿Lista para dos semanas de amor? —me susurró.
—Más que lista, mi Bombón —respondí.
Me besó.
Mientras nos íbamos al aeropuerto, me acomodé suavemente en el hombro de mi esposo, que no tardó en rodearme con su brazo y hundir sus labios en mis cabellos.
—Lizzie se quedó dormida. Creo que disfrutó de la fiesta —dije.
Edward rozaba mi barriga redonda con sus dedos.
—Pronto estará corriendo, cuando su padrino se case.
Reí.
—Que así sea.
.
Llegamos al aeropuerto cuando ya pasaba de las tres de la madrugada. Como estaba con mocasines, ya tenía algo descansados los pies, pero me dolía un poco la espalda. Lizzie era un torbellino cuando quería, y ahora había despertado.
Edward se había ido a comprar algo para mí en la zona de espera del avión, sabiendo que mi antojo por el chocolate no iba a acabar nunca, así que me acomodé en el sofá y mientras acariciaba a Lizzie, miré a la televisión de forma natural. Estaba en CNN.
No le habría tomado importancia de no haber sido porque, de improviso, me di cuenta que hablaban de un importante empresario y contador, quien había sido acusado de ser parte de un gran robo para una de las salmoneras más grandes del mundo.
Era Aro.
Fruncí el ceño y me acerqué a la televisión, que estaba colgada a la pared de la zona de espera, intentando escuchar lo que decían.
—"(…) Fue encontrado muerto en su celda hace aproximadamente dos horas, cuando él le había declarado a su abogado defensor que iba a dar los nombres de todos los que estaban dentro de la inmensa red…"
Oh Dios mío.
Aro estaba muerto.
Dios.
Habían asesinado a Aro.
Buenas noches, les traigo un nuevo capítulo de esta historia. Ya estamos en recta final y sí, se acabará pronto. Primero, una disculpa de corazón por la demora, como leyeron en la carta que les dejé hace unos días, ahí tienen la respuesta a todo. Gracias por sus palabras y todo lo lindo que me han escrito, significa mucho para mí. ¿Qué piensan de la relación que están forjando todos como familia? ¿De la manera en que Alice, Charlie y Jasper han podido acompañar a los novios en su gran día? Han tenido conversación intensas y llenas de verdad. ¿Y qué mejor que la boda? Ellos ya se sentían casados, pero esta vez reafirmaron cuánto se aman, y ni hablar de cómo Lizzie crece sin parar. Pronto la conoceremos, ¿están expectantes? ¿Y qué me dicen del final? ¿Quién fue el causante de ese destino para Aro? ¡Cuéntenme qué les ha parecido! Ya saben cómo me gusta leerlas
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