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UNA NOCHE ESPECIAL

Candy se paseaba inquieta por la alcoba. A pesar de haber realizado el ritual en el lago, Albert se negó a tener su primara vez juntos allí. La quería a cubierto y en una cama.

Después de discutirlo por un buen rato, Albert había ganado. Candy todavía ardía en rabia por eso. No le gustaba perder, mucho menos con él, pues eso era sentar las bases para que creyese que siempre haría su voluntad.

Pero en ese momento, no pensaba en la forma de vengarse de él sino en el ansia de tenerlo por entero, sin restricciones ni interrupciones. Su deseo por él era tal, que acallaba su temor virginal. No era una ingenua y sabía que él había estado con otras mujeres, aunque no le hiciese la más mínima gracia pensar en ello. Le enseñaría cuanto debía saber para disfrutar juntos.

Sin saber muy bien si debía esperarlo vestida o no, finalmente se había decidido a colocarse un camisón que apenas cubría su desnudez. Se sintió avergonzada al ponérselo pero se reprendió a sí misma por ello. Con menos ropa la iba a ver. Y eso la avergonzó todavía más.

Se paró a escuchar tras la puerta. Albert le había dicho que se reuniría con ella en cuanto todos estuviesen durmiendo. Y de eso hacía horas. No se oía ruido alguno en el castillo. Maldijo por lo bajo antes de ponerse nuevamente en camino.

Su creciente frustración casi le impidió escuchar los leves golpes en la puerta. Se acercó presta a abrir pero vaciló en el último momento. De repente, estaba muy nerviosa. Se colocó una manta sobre los hombros antes de abrir.

Albert entró y cerró con rapidez. No quería que nadie lo descubriese. Se giró hacia Candy en cuanto aseguró la puerta. Sus ojos se posaron en ella y la contempló embelesado. Mía. Ese era el único pensamiento que había tenido desde que se unieron aquella mañana en el lago. Le había costado horrores mantenerse lejos de ella y en más de una ocasión, se había arrepentido de convencerla para esperar.

-Hola - le dijo, todavía mirándola intensamente.

-Hola - susurró ella.

-¿No te estarás arrepintiendo? - veía la ansiedad en ella y frunció el ceño.

-Estoy nerviosa - negó con la cabeza.

-Yo también - admitió.

Candy esbozó una sonrisa por fin y Albert se acercó a ella. Cuando le sacó la manta de los hombros, no protestó. Albert contuvo la respiración al descubrir que el camisón dejaba entrever perfectamente la silueta de Candy.

-Hubiera impactado menos que estuvieses desnuda bajo la manta- gimió.

-¿Te impresiona que esté vestida? - preguntó con incredulidad.

-Lo que llevas no deja lugar a la imaginación, querida - ronroneó - Y hace que desee arrancártelo del cuerpo pero no quiero asustarte.

-No me asusto fácilmente - carraspeó cuando su voz sonó rota de deseo - Deberías saberlo ya.

Albert acortó la distancia que los separaba y asaltó su boca sin contemplaciones. Con sus palabras, Candy le había dado permiso para hacerlo. Presionó los labios contra los suyos para que abriese la boca e introdujo la lengua en cuanto tuvo acceso a su interior. La enredó con la suya, jugando en una batalla de voluntades. Candy aprendía rápido.

Se obligó a bajar el ritmo cuando los gemidos de Candy inflamaron su entrepierna. Quería ser tierno con ella en su primera vez. Ya tendrían tiempo luego para experimentar sensaciones más fuertes.

Caminó hacia la cama, llevándola con él. Podía sentir cómo temblaba mientras la desnudaba y la besó con ternura para hacerle saber, sin palabras, que no había nada que temer. Candy sonrió cuando se recostó en la cama.

-Eres hermosa - la admiró.

Se quitó la ropa hasta quedar tan desnudo como ella y dejó que ella se acostumbrase a la visión de su miembro excitado. Sabía que estaba asustada y por eso permaneció de pie, inmóvil, permitiéndole que lo observase hasta que el miedo desapareció de sus ojos.

-¿Puedo? - señaló la cama, quería que ella se sintiese segura a su lado.

Cuando Candy asintió, se tumbó a su lado, de costado. La acarició suavemente a lo largo de la mandíbula, bajando por su cuello hasta llegar a sus pechos. La piel de Candy respondía a su toque y cerró los ojos para sentir el placer que aquello le producía.

-No debes tener miedo, Candy - le susurró al oído - No te haré daño.

-Ambos sabemos que será inevitable - lo miró - Podré soportarlo.

-No te haré daño - sonó como una promesa.

La besó de nuevo, controlando sus movimientos esta vez. Era un beso que pretendía seducirla. Candy gimió cuando sintió la mano de Albert bajando por su vientre. Su centro femenino se estremeció y lanzó oleadas de calor por todo su cuerpo.

La boca de Albert recorrió su cuello, dejando a su paso pequeños besos húmedos que la hacían ansiar más. Se retorció de placer cuando sintió esos mismos labios chupando su pezón, ya estimulado por la caricia de Albert.

-Dios, Candy - rugió él cuando su mano se posicionó entre sus piernas - Vas a acabar conmigo.

-Y tú conmigo - gimió ella, apretándose contra su mano - Albert, por favor.

Candy anhelaba algo que no conocía y sabía que él podía dárselo. Le rogó pero Albert continuó torturándola con sus caricias y sus besos. Podía sentir la presión de su excitación contra la cadera y se sentía frustrada por no poder tenerla donde deseaba.

Necesitaba a Albert como nunca antes lo había hecho pero no sabía cómo hacer para tenerlo. Gimió de desesperación.

-Sólo un poco más, querida - ronroneó él contra su cuello antes de seguir besándola - Y te prometo que no sentirás dolor. Sólo placer.

Candy elevó las caderas una vez más contra la mano de Albert y gimió de frustración. Fue la señal que él estaba esperando. Se colocó entre sus piernas y se frotó contra ella, estimulándola con su miembro. Lo sentía palpitar de deseo pero se contuvo por Candy. Quería que fuese perfecto para ella.

Introdujo un dedo en ella y la sintió húmeda y prieta. Cerró los ojos y apretó la mandíbula para no precipitarse. Movió el dedo en su interior y la oyó gemir. Se retorcía bajo él, provocándole con el roce de sus pechos contra él. Un segundo dedo se unió al primero y la humedad aumentó. El sudor perló su frente, tal era el esfuerzo que hacía para no dejarse llevar.

-Por favor - rogó ella.

Incapaz de seguir alargándolo, retiró los dedos y se adentró en ella. Candy estaba tan excitada que apenas notó el dolor cuando atravesó su virginidad. El placer acalló cualquier otro sentimiento.

Albert comenzó a moverse sobre ella y bebió los gritos de Candy con su boca. Aumentó el ritmo a medida que sus besos se hacían más ardientes. Candy se apretó contra él, sujetando su cadera con las piernas para sentirlo más cerca y alcanzó el clímax, entre convulsiones y gemidos. Albert la siguió tras varias embestidas más.

Candy disfrutó de su peso sobre ella y protestó cuando se apartó. Albert la arrastró con él, colocándola contra su costado, con sus brazos rodeándola. Candy apoyó la cabeza en su pecho y escuchó el latir acelerado de su corazón.

-¿Estás bien? - le preguntó él.

-Tenías razón - elevó la cabeza para encontrar sus ojos - No me dolió.

-Yo nunca miento, querida - le guiñó un ojo.

-Creo que va a gustarme ser tu esposa - se ruborizó en cuanto lo dijo.

-Yo ya sabía que te gustaría - rió bajo.

-Engreído.

-Terca.

-Fanfarrón.

-Te amo.

-Y yo a ti.

Albert la besó y Candy se sintió más feliz de lo que lo había sido en toda su vida. Había encontrado al hombre perfecto para ella.

F I N

Priximo capitulo, Epilogo, hola Guest, gracias por recomendarme tan buenas trilogias, anoche estuve leyendo la de el Infierno de Gabriel y creo que esa es la proxima adaptacion, son cuatros novelas y todas las descargue, El infierno de Gabriel, La redención de Gabriel, El éxtasis de Gabriel y el Principe, creo es la última, la otra trilogia que me recomendaron , Culpa mía, Culpa tuya y Culpa nuestra, el personaje indicado para el protagonista masculino es Terry, no veo a Albert en el y me gustaria adaptarla mas adelante para el rebelde , termino esta adaptacion y comienzo con el Infierno de Gabriel.

Abrazos a todas y muchas Felicidades a todas esas Mujeres que convierten las lágrimas en sonrisas, las tristezas en alegrias y los Sueños en Realidad. Madre, Novia, Esposa, Abuela Hija...Somos luz que alumbra y da vida, ternura, fortaleza, inteligencia, dulzura y Amor.

Felicidades en nuestro día internacional de la mujer...

Abrazos.

Aby.