La historia es una adaptación del libro Until It Fades de K. A. Tucker y los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.
Capitulo 17
—¿Patatas fritas o ensalada? —Me paro con mi bolígrafo sobre el bloc, preparada, esperando a que Beverly tome una decisión.
—Oh, creo que pediré… —Su dedo torcido se posa en las opciones de las ensaladas que vienen con la hamburguesa, como si estuviera considerándolas seriamente. Hace esto cada vez que viene con su marido para la cena el domingo por la noche—. Patatas fritas —susurra finalmente, como si temiera admitir que quiere la opción más saludable.
Pretendo añadirlo a la orden, aunque ya lo había hecho. —Lo traigo enseguida.
—Gracias, cariño. Oh, y te vi en las noticias. —Cada arruga en el rostro de la mujer de ochenta años se levanta con su sonrisa—. Eres tan maravillosa por salvar a ese joven.
Le ofrezco un pequeño asentimiento y una sonrisa, la que he perfeccionado en los dos últimos días de estar de vuelta en el trabajo, junto con el habitual: —Hice lo que cualquiera habría hecho. —Si tuviera un dólar por cada vez que he dicho eso, tendría suficiente para pagar el alquiler este mes y tal vez el próximo.
—¿Las cosas vuelven a ser normales para ti?
Mantengo esa sonrisa falsa, consciente de la presencia de Sam, a tres mesas. Él y Garrett se han instalado en la mesa siete con tazas de café sin fondo, luciendo tan fuera de lugar como uno se imaginaría a los guardaespaldas de una camarera, incluso con sus camisas de golf y sus pantalones de color caqui. —Así es. —Aparte de la ronda de aplausos que recibí al momento en que salí de la cocina ayer por la mañana, lo que me dejó inquieta durante una buena hora, y las innumerables preguntas sobre Emmett que contesto con la respuesta que me envió Tanya vía mensaje de texto: "Nos hemos convertido en amigos que compartieron una experiencia traumática, pero nada más", supongo que no ha sido demasiado malo. Sobre todo porque los fotógrafos que
ayer rondaban en la acera no estaban allí cuando llegué esta noche.
Sue les prohibió entrar a Diamonds, pero no fue capaz de detenerlos de tomarme fotos a través de la ventana, en uniforme y sirviendo el café. Hice todo lo posible para darles mi espalda, y algunos de los clientes regulares incluso intentaron interferir, parándose en el medio y saliendo a regañarlos por acosarme. Aunque no ayudó mucho, sus esfuerzos fueron apreciados.
No debería ser una sorpresa que esas fotos llegaron a Internet en cuestión de horas. Sin embargo, tomó todas mis fuerzas mantener mi cara inexpresiva cuando Jess empujó su teléfono para mostrarme un artículo con el titular: "El ángel de la Guarda de Emmett Mccarty". Al menos utilizaron una foto favorecedora de mí con el uniforme del restaurante.
Fue un millón de veces mejor que los otros artículos que insistió en mostrarme: "Esme Pratt amenaza con renegar de Emmett si no se aleja de Isabella", "Mccarty reescribe su testamento para dejarle todo a Isabella", y, mi favorito de un tabloide carroñero: "Madre con asistencia social lleva en su vientre al bebé de Mccarty".
Sue finalmente amenazó con poner a Jess en los turnos de medianoche si mencionaba una palabra más sobre "toda esa tontería".
—¿Conoces a su madre? —pregunta Beverly.
Siento que los oídos se reaniman a mi alrededor. Otra pregunta que me han hecho más veces de las que puedo contar. —Sí. Es muy amable. —Otra frase habitual, aunque completamente cierta.
—¿Y dónde se encuentra ahora? —Mira a su alrededor, como si estuviera escondido en un rincón.
—En Canadá, visitando a sus abuelos.
—¿Volverá pronto? —Parece genuinamente preocupada.
—Creo que estará en California durante el verano.
—Bueno, alentaré por ustedes dos, de todos modos.
Ni siquiera puedo pensar en una oración repetida. —Llevaré su orden ahora. —Me paseo hasta la computadora al final del mostrador. Jess se gira de la pantalla para mostrarme su puchero.
—No empieces conmigo de nuevo.
—¡Deberías decirle cómo te sientes!
—No importa cómo me siento. Además, ni siquiera sé cómo me siento.
—Ten cuidado, tus pantalones están a punto de quemarse.
—Estoy usando un vestido.
—¿De qué están hablando? —La voz severa de Sue detrás de nosotras hace que Jess cierre la boca y se aleje antes de que pueda meterse en más problemas con la jefa.
Empiezo a anotar mi orden cuando Sue se me acerca. —¿Nadie te está molestando?
—¿Además de Jess? —La expresión de Sue me hace retroceder— Es una broma. Todo el mundo ha sido bueno. Amable, de hecho.
—Hmm… Lo estás manejando bien.
No puedo evitar la risa nerviosa. —¿Piensas eso?
—Solo mantén la cabeza en alto.
—Lo estoy intentando. Y lamento todo esto.
—No hay de qué disculparse. —Se detiene, sus ojos examinan el área que nos rodea, y siento que tiene otro motivo para venir a verme— Sé que no te gusta hablar de él, pero pensé que debía mencionarlo, así nadie te atrapa con la guardia baja... —Baja la voz—. ¿Ese asunto de que James Philips está involucrado con una de sus estudiantes? Parece que se lo están tomando muy en serio en Memphis. Va a haber una investigación policial.
Contengo el ceño fruncido que amenaza con emerger al apenas oír ese nombre. Estoy tan harta de su sombra acechante, regresando a perseguirme después de todos estos años. —Sí, Mike ya me lo dijo.
Baja su voz tanto que tengo que inclinarme para escucharla.
—¿Mike también te dijo que cuando James dejó Filadelfia para enseñar en Balsam, puede que no haya sido su elección? Es probable que haya habido un incidente con una estudiante de dieciséis años.
—No… Nunca me enteré de eso.
—La chica no habló así que nunca fue más que eso, pero ahora las cosas están saliendo a la superficie, con todo este ruido. Como siempre. No es que desee algo de esto a otros, pero sin duda arrojará luz sobre ese hijo de puta para todos.
Y entonces, tal vez, ya no dudarían de mí.
—Además… El señor Philips se retirará inmediatamente de su trabajo como director de la Secundaria Balsam. Se suponía que estaría allí un año más. —Sue menea las cejas de forma deliberada.
Me pregunto si la junta escolar tuvo una charla con la señora Lagasse. —Algo bueno vino de toda esta locura, entonces.
Asiente una vez, un destello de satisfacción baila en su cara.
—Ojalá no sea lo único. —Me guiña un ojo y ya se aleja hacia la puerta antes de que pueda preguntarle exactamente a qué se refiere.
Me vuelvo a tiempo para verla estrecharle la mano a un hombre mayor de quizás cincuenta años, con pantalones de vestir y su camisa abotonada un poco fuera de lugar para Diamonds. Una mujer que supongo que es su esposa se encuentra junto a él con un traje modesto de color azul, con su corto cabello rubio en ondas perfectas, moviendo sus curiosos ojos alrededor del restaurante.
No recuerdo haberles servido aquí, pero parecen familiares. Sue intercambia unas palabras con ellos antes de señalar en mi dirección. Soy demasiado lenta para evitar el contacto visual, por lo que los iris verdes del hombre me bloquean de inmediato.
—¡Bella, ven aquí un minuto! —grita Sue, haciéndome un gesto con la mano.
Me encuentro con ellos en la mesa veintidós, una cabina junto a la ventana, en mi sección, y fuerzo una sonrisa educada.
—¿Has conocido al alcalde Aro Volturi y a su esposa, Sulpicia?
—No, no lo he hecho. —Por eso lo reconozco. No es que me guste la política, nunca he votado y espero que no me lo pregunte, pero el rostro del hombre ha sido representado en suficientes ceremonias de corte de cinta y desayunos de panqueques a lo largo de los años, por lo que debería haber sabido quién era.
De lo que recuerdo haber oído en el restaurante, Aro Volturi no es un hombre con educación, pero es ingenioso, habiéndose abierto camino trabajando de obrero a gestión en la fábrica de pasta, haciendo innumerables conexiones dentro de las comunidades vecinas con cada año que pasaba.
Ganó las elecciones municipales en dos mil doce con una victoria aplastante y se convirtió en la primera persona sin vínculos de sangre con la familia fundadora Balsam en ocupar esa posición. El año pasado, fue reelegido para un segundo mandato.
Extiende una mano maltratada. —Isabella Swan, es un placer conocerte.
La tomo con cautela, seguido por la de su esposa. —Siento todo el caos en la ciudad; estoy segura de que los lugareños los están molestando. Debería acabarse pronto.
Se detiene para considerarme en silencio. —No hay necesidad de disculparse. Hiciste que nuestra comunidad estuviera terriblemente orgullosa. Eres una heroína.
Me trago mi sorpresa. —¿Necesitan unos minutos con los menús antes de pedir? Puedo regresar luego.
—Sí, por favor. Ha pasado un tiempo desde que hemos estado aquí. —Tiene la decencia de parecer un poco avergonzado por esa admisión—. Y gracias, por cierto, por haber aceptado venir a la ceremonia.
Siento el profundo ceño sobre mi frente. —¿Ceremonia?
—Nunca hemos otorgado una Llave de la Ciudad.
—¿Una qué?
—Sí, estamos muy emocionados de ver a Bella reconocida por su valentía. —La mirada severa de Sue me mantiene callada—. Les dejaremos mirar el menú y luego Bella volverá en unos minutos. Recomiendo el especial de pescado y patatas fritas. Acabamos de adquirir un maravilloso eglefino. Los clientes han estado como locos. —
Apartándome, ella me aleja del alcance del oído.
—¿Sabías sobre esto?
—Mike pudo haber llamado para decirme que el alcalde estaba entrando.
Mike… Por supuesto que se encontraba involucrado. Sacudo la cabeza. —No necesito una llave para Balsam. ¡Ni siquiera sé lo que es!
—Es solo un símbolo para mostrar que eres una residente importante de Balsam. No te preocupes, será un asunto pequeño y privado. Nada llamativo, nada demasiado doloroso. Dios sabe que tendrás un ataque al corazón de otra manera.
Abro la boca para discutir más.
—No insisto en mucho, Bella. Estoy insistiendo en esto.
—¿Por qué?
—Porque esto es algo bueno, y te mereces cosas buenas en tu vida, ya sea que lo aceptes o no.
Le resto importancia. —¿O quizás esta es la manera en que la ciudad se salva rápidamente después de lo mal que la hizo quedar The Weekly?
—El alcalde puede haber mencionado que está avergonzado de cómo esta comunidad trató a uno de los suyos en un momento de necesidad —dice Sue cuidadosamente—. ¿Pero a quién le importa si parte de esto se trata de salvar a la ciudad? Vives aquí, Bella. Tus raíces están aquí. Siempre estarán aquí, y creo que serás mucho más feliz si encuentras una manera de hacer las paces con el lugar. No hay nada peor que odiar tu casa.
—Supongo.
—Piensa en esto como la forma de Balsam de hacer las paces. — Baja la voz—. Dios sabe que el alcalde Volturi no es un fanático de los locales de Balsam, a pesar de que hizo lo necesario durante las elecciones.
Suspiro. —En fin, ¿cuándo es esta ceremonia?
—En dos domingos. Por la tarde. —Se aleja, lanzando sobre el hombro—: Y ni siquiera intentes decirme que tienes que trabajar ese día.
—¿Podemos nombrar al barco Stella?
—Pensé que el nombre del perro va a ser Stella.
Brenna me mira con esos ricos ojos marrones, su cuerpito metido en las sábanas. —Pero me gusta mucho el nombre.
—De acuerdo. Nombraremos al barco Stella. ¿Dónde debería ir el nombre?
Su dedo índice dibuja una línea en el casco del dibujo. —¿Es un buen lugar?
—Claro que sí.
Sonríe hacia la página, y puedo verla imaginándose de pie en los esquís y agarrando una cuerda mientras el barco la lleva por el lago Jasper.
—Lo añadiré esta noche. Pero tienes que ir a dormir.
—¿Por qué Seth no podía cuidarme esta noche?
—Porque Seth y el abuelo fueron al partido de hockey. —Los Flyers lograron un milagro al ganar el juego del pasado sábado, trayendo la serie de vuelta a Filadelfia esta noche. Pensé que Seth iba a empezar a llorar en el correo de voz que me dejó, después de que papá finalmente le mostró los boletos.
—¿El equipo de hockey de Emmett?
—Sí.
—¿Ganaron?
Sonrío. —Así es. —Me siento tan aliviada por Emmett. Solo una victoria más y estarán en los play-offs, incluso sin sus dos mejores jugadores.
—¿Cuánto tiempo van a quedarse los trabajadores?
Lucho para seguir su tren disperso de pensamientos. —¿Los trabajadores?
—Garrett y Sam y… ese otro muchacho, que estaba dándoles unas vacaciones.
—Oh. Cierto. —Hemos evitado usar la palabra "guardaespaldas" o "seguridad" con ella, ya que no queremos hacerla pensar que hay algún peligro—. No sé. Unos días más, ¿tal vez? Buenas noches, Brenna. —Le doy una mirada deliberada que dice que deje de hacer preguntas.
Ya casi salgo por la puerta cuando me grita con su voz inocente:
—¿Sabes quién es mi papá?
Inhalo bruscamente. Ya me ha preguntado por su padre. Me ha preguntado dónde se encuentra.
Sin embargo, nunca me ha preguntado esto. —Por supuesto que sí. ¿Por qué preguntarías eso?
—Porque Diego Baldwin de cuarto grado dijo que para alguien que ni siquiera sabe quién es mi papá, seguro que sacaste el premio gordo. ¿Qué es un premio gordo?
Si un niño dijo eso, es porque está repitiendo lo que escuchó en casa, de sus padres idiotas. —Es como decir que alguien ganó un gran premio.
—Entonces ¿has ganado un gran premio?
¿Cómo respondo a esto? —Creo que ese niño se refirió a que tuvimos suerte de que conociéramos a Emmett, porque él es un chico muy bueno. —Espero a que centrarse en Emmett la aleje de su otra pregunta.
—Oh. —Puedo verla reflexionando sobre eso—. ¿Volverá pronto para visitarnos?
Fuerzo una sonrisa. —No lo sé. Eso espero.
Esas palabras están destinadas a apaciguarla, pero me doy cuenta de que estoy hablando en serio.
