El Nuevo Lord Protector:
Capítulo 39: Rin-chan, okaeri-nasai
Un simple gesto con el abanico, y dejaron a Inuyasha que se acercara sin problemas. Rin daba órdenes, quería limpiar aquel desastre lo más rápido posible y poder largarse de allí. Sabía como proceder ante esas situaciones, además de haber salvado a dos chicas en ese momento y probablemente muchas más en el futuro. Los suyos estaban procediendo bastante rápido, estaba intentando no escuchar los ruidos secos y viscosos que implicaban que estaban separando a mordiscos los cuerpos de aquellos hombres para comérselos. Procuraba no pensar en que era la primera vez que utilizaba lo que había aprendido en una situación real. Sabía que había salvado vidas, sabía que había matado a unos que seguramente habrían caído de la misma manera en otro momento más adelante por la forma de vida que llevaban. No era una niña ya, sabía lo que era la guerra. Pero acababa de matar a dos humanos como ella, y mandado a matar y devorar a otros seis. Aunque todavía no era capaz de procesar lo que acababa de hacer, en el fondo de su mente se seguía repitiendo nada de lo que posee el amo Sesshomaru es débil.
Dio la orden de que se los comieran, no quería ver más esos restos. Dio las órdenes de que dejaran restos como advertencia, no quería que nada de eso volviera a pasar mientras estuviera allí. Ojalá volver ya a Ciudad palacio a estar acurrucada al lado de su honorable esposo. Pero tenía que seguir adelante si quería encontrar una solución al maldito veneno de Sesshomaru.
Maldijo internamente, mientras intentaba mantener la compostura. Las piernas no le respondían bien, la adrenalina se estaba yendo, seguro que si daba un ligero paso se caería. Vio llegar a inuyasha, y también su cara de asco. Claro que sí, conocía la aversión del hanyou por el derramamiento de sangre humana y el cómo odiaba su olor. Y ella acababa de protagonizar una matanza, y estaba cubierta de sangre. Agachó su mirada para verse las manos, la sangre empezaba a secarse y se sentían pegajosas. Sí, Inuyasha-san, soy yo, soy Rin —pensó. Pero no era la Rin que había salido de la aldea hacía casi dos años. Era una Rin que se le había vuelto a olvidar el cómo convivir con humanos seguramente, una Rin que había aprendido que para ser amable no se podía ser amable todo el tiempo, una Rin que había vuelto para matar por primera vez. ¿Era eso? ¿Una asesina? ¿Qué pensaría Sesshomaru de ella? Ella sabía lo que era él y no le molestaba en lo absoluto, pero verse envuelta en matar ella misma le daba un giro completo al saber algo así. Seguía mirando sus manos, mientras su visión se volvía borrosa. Notó en ellas unas gotas, ¿había comenzado ya la lluvia? Ojalá ésta se llevara todo con el agua. Inuyasha, deberías volver a casa, no estar en este lugar con alguien como yo.
A su alrededor ya habían acabado, solo dos demonios quedaban, arrastrando una cabeza y un cuerpo al que le habían sacado los órganos para clavarlos más allá, en el inicio del camino, a la salida de los terrenos de la aldea. Pero ella seguía sin ser capaz de moverse.
—Oi, Rin, — su olfato no lo confundía, era Rin. ¿Qué le pasaba? El olor a sangre humana lo asqueaba, y tenía que sacarla de allí y cuidar de ella —que haces ahí en medio llorando, tonta.
Así que no era lluvia después de todo. No era tan fuerte después de todo tampoco. Estaba ahí, llorando como una niña, rodeada de sangre, y algunos restos de la lucha que se había dado lugar allí.
Inuyasha por su lado era incapaz de creer lo que estaba viendo, la velocidad con la que habían despachado los cadáveres, como Rin acababa de dar órdenes para que dejarán colgados parte de lo que cuando llegó era una masa sanguinolenta de cadáveres a medio devorar. Pero ahora que todo había acabado sí que veía más a la Rin que estaba acostumbrado, a la niña que siempre intentaba no llorar, hacerse la fuerte y mostrar una sonrisa. Aunque ahora sí que estaba llorando. Estaba realmente afectada. ¿Se acercaba a ella o…? Pero no le dio tiempo a dudar, la chica calló desmayada siendo pillada al momento por su guardián, antes de que llegara al suelo. Inuyasha no entendía nada de lo que estaba pasando.
—Tú, no sé quién eres. No le diré a nadie acerca de tu olor, y tú me dejaras llevármela a casa y buscarás a quien sea necesario que haya venido con ella.
El chico asintió, soltando el agarre para que el híbrido la llevara en brazos. Enseguida se lanzaron a correr en direcciones opuestas, quedando del todo desolado el lugar.
Rin volvió en sí por momentos, sentía que la llevaba a algún lugar, y que luego era recostada, cuidada, limpiada. No era capaz de enterarse del todo que pasaba a su alrededor, pero más allá de las turbulencias, sentía la imperiosa necesidad de confiar en esa voz que le decía que todo estaría bien, que descansará. Cerró pesadamente sus párpados, y se entregó a la oscuridad.
Pasaron un par de horas con ella dormida en un futón en la casa de Inuyasha y Kagome. Fuera, en la entrada posterior, esperaban obedientes Yuuki, Atsuko y unos cuantos niños del bosque que habían ido de visita al enterarse de que ella estaba allí. La despertaron, como muchas veces cuando se quedaba allí, las discusiones entre Kagome e Inuyasha. Pero esta vez no era una tontería de que él hubiera entrado en la casa con los pies llenos de barro, o manchado todo desplumando palomas. La discusión era bastante más seria, no sabían que hacer con ella. No podían tenerla allí y arriesgarse al odio de los aldeanos que la considerasen un peligro, tenían un niño de casi dos años que cuidar. Además, ¿cómo estaban tan seguros de que ella estaba en sí y no había sido poseída o algo? No era normal que la dulce Rin hubiera comandado una masacre, pero hacía mucho que no la veían, desde que se la habían llevado a la hacienda Oda no sabían nada de ella. Ni una simple carta.
Rin comenzó a dejar caer las lágrimas silenciosamente, no debería haber traído problemas allí, no se le daban bien los de su misma especie. Mejor empezar a preguntar por una solución a su problema en otro lado. Con mucho cuidado, comenzó a arreglarse para salirse de allí, agradecía que se había vuelto bastante silenciosa. Pero no lo era lo suficiente. Los oídos sobrenaturales la seguían escuchando, y eso incluía a Inuyasha y sus orejas de perro. La cazó escabulléndose por el pasillo para escapar de la casa, y la arrastró hacia el salón, donde estaban Kagome con su pequeño Souta en brazos.
La dejó caer en el suelo, sin ninguna clase de miramientos, tenía que dar muchas explicaciones.
—No vas a irte a ningún lado sin antes empezar a hablar.
—No tengo que por qué darle explicaciones de ningún tipo a nadie. —contestó secamente evitando la mirada de los presentes. Sabían que la veían como una asesina, ella misma estaba intentando recuperarse de verse hacer eso.
—Entiéndelo, estábamos preocupados por ti, Rin-chan…
Claro, preocupados. Tendrían que mirarla asqueado, horrorizados. Hacia mucho que nadie la llamaba pequeña Rin, le costaba, después de la empezaran a tratar de usted, primero en la hacienda Oda, luego al lado de Sesshomaru. No estaba de humor, se sentía fatal, no es que quisiera sentir el odio o la compasión de nadie, solo quería estar sola. Ya estaba hecha a que la trataran como una bruja o un monstruo, y de siempre, iba a entretenerse al bosque.
Kagome intentó acercarse a ella, pero no sé dejó tocar. Conocía esa reacción. Muchas veces cuando las mujeres cuando pasaban por sucesos horribles no se dejaban tocar. Seguro que lo que la había visto hacer a Rin Inuyasha le había resultado traumático. Pero no alcanzaba a entender como ella misma sin que la obligarán participó en u a matanza sin pies ni cabeza. Tenía que haber algo más.
En lo que el silencio sepulcral se convertía en una atmósfera terriblemente tensa, se oyeron muchísimas voces y bullicio acercándose a la casa. Kagome enseguida se asustó, abrazando a su hijo de manera protectora, e Inuyasha interponiéndose entre ambos y la entrada. Rin, cabizbaja, ya había pasado por eso ya más veces. Muchas habían sido las situaciones en las que cuando vivía con Kaede, la anciana había tenido que salir a defenderla porque la buscaban para culparla de tonterías. También había tenido que enfrentarse a lo mismo cuando los hombres de Nobusada la buscaron. Era como repetir la pesadilla una y otra vez. Normalmente se había enfrentado con entereza a ese tipo de cosas sin darle demasiada importancia. Pero ahora definitivamente no estaba bien como para aguantar ese tipo de cosas. Las mujeres vieron asustadas como alguien se había metido en la casa, y el como Inuyasha no se había molestado en ir a impedirlo, sino que estaba atento, moviendo sus orejas, más atento a la parte trasera.
—No se tarde tanto en entrar, Kaede-babaa, o a estas les va a dar un infarto.
—¡Lo que tendrían que dar es una fiesta! —contestó con cansancio la mujer mientras atravesaba la esterilla. —Nuestra niña vuelve por fin y por primera vez consigue que en vez de que la quieran echar, las mujeres vengan a pedirle que se quede en la aldea.
Rin no procesó nada de lo que acababan de decirle, solo se abalanzó a los brazos de la mujer
—¡Kaede-baa-chan! —le dijo por fin rompiendo en lágrimas, desarmándose esa coraza que tanto se había esforzado por construir.
—Okaeri-nasai, Rin-chan —le dijo la mujer, mientras le acariciaba la cabeza. —ahora vamos fuera, la mitad de las mujeres de la aldea han venido a buscarte, quieren agradecerte lo que has hecho por esas dos jovencitas.
Rin asintió mientras se deshacía en lágrimas. Desde que dejó de ser una pequeña niña que no la trataban así.
REVIEWS REVIEWS REVIEWS REVIEWS
¡Hola mi gente hermosa!
Bueno, bueno, capítulo más corto que de costumbre, pero actualizando tan seguido no me siento culpable (?) btw me esperaba muchísimas quejas, y he recibido amor, así que seguiré por aquí dando la lata.
En algunos comentarios (contesto todos de un golpe, sorry) me han dicho que ha habido un cambio muy brusco. A ver, Rin es adorable, pero lleva viendo cosas un tanto chungas desde los 6? 7? años y aunque no las considera lo normal (vamos, que no es psicópata ni nada) es un tiempo de guerras civiles. Viajó con demonios, estuvo involucrada en la lucha contra Naraku, está casada con un daiyokai guerrero y fue entrenada por otros demonios. No ha parado de endurecerse desde que fue sacada de la aldea de Inuyasha, por no hablar que todo el tiempo que cuenta este fanfic, ha desarrollado de que tenga entre los 17 y los 19 años, y queramos o no, parecen adultos, pero somos muy influenciables aún en esas edades. Y por cierto, creo que se ha notado que la chica se ha endurecido, pero es la primera vez que mata, bien no lo está pasando (pobrecilla). Resumo: no creo que esté tan injustificado, si no les gusta, pues... yo que se, estoy escribiendo un fanfic XD
LA CAJA decidme que alguien más se ha dado cuenta de que la caja. La caja es importante, ¿que hay en ella? ¿Y QUE DEMONIOS HACIA SESSHOMARU GUARDANDO UNA PLUMA DE KAGURA? XDDDDD ¿Qué demonios le pasa a Yuuki que ya no le habla a Rin? ¿Cómo se asegura nuestro Sesshy que Rin está sana y salva sin acosarla?
¡Todo esto y mucho más en el próximo capítulo!
¡Muchas gracias de verdad por leerme! ¡Un besazo enorme a todos y hasta la próxima! :3
