45. Esenciales explicaciones
—Bella, escucha… yo…
Pero ella reaccionó por impulso e impactó su mano duramente contra su mejilla, con tanta fuerza que hasta se le quedó impregnado el picor en la palma.
—Eres un maldito mentiroso.
Y teniendo el tumulto de emociones circulando por su cabeza, ocasionado en gran parte por el trato que recibió de Edward los días previos y por lo que acababa de saber, se levantó y se fue corriendo hacia el interior a la casa.
Tal vez había ocasionado un espectáculo, arruinado un cumpleaños… pero no podía razonar bien sus acciones en aquel momento. Simplemente, se sentía mareada de los consecutivos golpes emocionales y necesitaba un lugar donde recuperarse. Sí, sería lo mejor. Entró al salón, y una vez allí se dirigió hacia el pasillo que llevaba al baño de invitados.
Una vez ahí dentro, se miró al espejo y explotó en llanto, sintiéndose doblemente ridícula. Uno por hacerlo y, dos, por encima verlo. Se dejó caer detrás de la puerta, mientras sus lágrimas y recuerdos la inundaban.
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—Pero yo no tenía claro lo que sentía hasta que tú decidiste dar el primer paso —le confesó ella —. No sé, por un momento pensé que nos quedaríamos así por mucho tiempo si no fuese por el acoso... ¿Tú tienes, bueno, vivencias previas con las que comparar?
Edward suspiró.
—En muchas ocasiones he visto a amigos míos tener rollos con chicas con las que se besaban y tonteaban cada tanto sin oficializar las cosas. Reconozco que yo también me he sentido atraído más de una vez por alguien con quien coqueteé y tal, pero no llegué a definirlo como noviazgo porque nunca sucedió algo más.
—¿Porque no se dio la situación o…?
—Porque ni lo sentí ni quise, así de claro —afirmó—. Aunque ahora doy gracias por ello, porque con esas chicas nunca hubiese tenido la misma simpatía que comparto contigo.
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Le vino a la mente la escena del día en la cafetería, durante su primera sesión de fotos.
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—Fuiste mi primer beso, con eso como que se sobreentiende, ¿no?
Edward se encogió de hombros.
—Lo mismo te diría yo a ti.
La incredulidad la golpeó.
—¿Qué?
—Pues eso... —murmuró en voz baja.
Bella parpadeó varias veces seguidas.
—¿Fui tu primer beso? ¿Es en serio?
—¿Por qué en tu caso puede ser creíble y en el mío no? Te lo iba a contar antes, pero nunca me dejaste terminar la frase…—se quejó con nerviosismo.
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Falso. Y también recordó aquel momento en que hablaron tendidos en el césped del colegio.
En todas aquellas oportunidades que el tema salió a colación, había estado sosteniendo una mentira tan piadosa como descarada al mismo tiempo.
—Bella…
Ella se esforzó para sorber sus lágrimas en el mayor silencio posible. No quería que la escuchase, y no quería que la notase vulnerable después de haber usado eso mismo en su contra.
—¿Qué quieres?
—Necesito aclararte esto…
Bella soltó una risa ahogada.
—Cuando es para reprocharme, no; pero cuando es para defenderte si que te atreves a dirigirme la palabra, ¿verdad?
Él se limitó a suspirar, algo que a ella le molestó. ¿Acaso no trataría de decirle nada? ¿Insistiría tan poco después de haber persistido magníficamente en llevar la razón en la anterior pelea que tuvieron? Si eso quería, de acuerdo, pero a ella no le gustaba dejar los conflictos a medias y menos lo haría con ese.
De forma que, dándose ánimos a ella misma, se guardó las lágrimas y decidió afrontarlo.
—No tenías necesidad de crearme una mentira, Edward —le reprochó con firmeza—. Si me hubieras dicho la verdad desde el principio yo no te habría reclamado nada, no entiendo por qué…
—No te he mentido.
—Tuviste algo con Jessica? —le preguntó de vuelta.
Y en efecto conservó un rayo de esperanza en la espera de su respuesta.
—Es… complicado.
Oír aquello le rompió el corazón.
—Entonces es que sí… Y yo sintiéndome mal por ella, si es que… —Negó con la cabeza. Le estaba resultando demasiado difícil de asimilar—. Aunque no, ella no ha hecho nada malo porque no tenía obligación de decirme nada.
—¿Me puedes escuchar?
Y encima lo preguntaba con un tono cansino.
—¡¿Cómo tienes ese descaro?! —inquirió ella con repugnancia—. ¿¡Cómo te atreves a querer hacerme sentir culpable cuándo tú…?!
—¡Nunca fui su novio!
Bella frunció el ceño.
—¡Me acabas de decir que…!
—Si me dejas explicarme, aclararé todo más rápido ¿vale? —bufó, al mismo tiempo que se rascaba la cabeza—. A ver, ¿tuve algo con Jessica? Sí.
—¡Ves!
—¡Una linda amistad que lleva durando muchos por años y punto! —aclaró ipso facto—. Pero a los ojos de la mayoría, y por ese dije complicado, sí que hubo más.
Bella cerró los ojos, hastiada.
—Explícate.
—Hubo un tiempo en que Jess fue objeto de burlas —empezó a relatarle él—. Se metían con ella por ser "fea", por su peso… Por cualquier cosa que se les ocurriese, vamos, y una de las cosas que más le repetían es que siendo como era nunca encontraría novio.
—Suena bastante al típico acoso preadolescente… —concordó ella, como quien no quiere la cosa.
Edward asintió al otro lado de la puerta.
—Todavía no había política contra el bullying a principios de nuestra adolescencia ¿recuerdas? Y aprovechando mi cercanía con ella… acepté fingir ser su novio para que la dejaran en paz. Pero nunca hubo besos ni nada. Total, a esa edad con decir que éramos pareja bastaba.
Bella lo analizó con escepticismo.
—¿Ella sabe que fue fingido? —Quería asegurarse de que para la otra parte involucrada no había sido real también.
—Obviamente —aseguró Edward sin pizca de duda—. Lo acordamos así durante un mes o dos y después dijimos que quedamos como amigos.
—¿Y nunca surgió nada durante esa cercanía?
—¿A qué te refieres?
—Ya sabes. —Bella miró hacia el techo, dejando escapar un bufido—. Una larga amistad, con una chica que además denominas como muy cariñosa… Y encima sobre los quince. Es una edad en la que no aprovechar en darse ni un besito no es que se considere de lo más normal del mundo que digamos —señaló—. Además, vi que en el vídeo como al principio de curso la dejabas sentarse en tu regazo. Algo que a mí hasta hace nada no me dejabas hacer ni por accidente…
—¡Precisamente por eso! —exclamó él con énfasis—. No hay nada mejor que ese ejemplo para demostrarte que nunca sentí ningún tipo de atracción por ella. ¡Siempre la vi como una hermana, te lo juro! De ahí que la dejase sentarse ahí, porque nunca "sentí nada" y no reaccionaba en lo absoluto —Se rascó la cabeza—. En cambio contigo… no lo controlaría ni dormido.
Bella soltó una risita. Lo cierto es que eso le levantaba un poquito la moral.
—Igual deberías habérmelo contado…
—Lo sé, lo siento —reconoció él, aunque más animado que antes—. Lo cierto es que en parte me gustaba la idea de ponerte celosa. ¿Me perdonas?
Y por más ganas que tuviera de hacerlo, Bella mantuvo una expresión neutra.
—No es tan fácil…
Edward frunció el ceño.
—¿Qué?
—¿Quieres que haga borrón y cuenta nueva contigo cuando tú no lo has hecho conmigo? —indicó. Todavía tenía presente el dolor acumulado en su pecho.
Y en ese aspecto, Edward tenía que darle la razón.
—Bella, reconozco que me he equivocado; por eso me he disculpado…
—Es que no se trata solo de Jessica, Edward —apuntó ella—. Me has hablado de la peor manera estos días sin merecérmelo. No una sola vez, eso sumado a algo que no voy a olvidar ni a permitirte de nuevo.
—¿Podemos hablar de esto cara a cara?
Bella se reincorporó de su sitio y se arregló el maquillaje mirándose al espejo. Una vez se aseguró de verse no tan mal, abrió la puerta para encararlo. Edward tragó.
—Bien, sigue —la animó él.
Bella cogió aire.
—Me has hecho daño, de la peor de las maneras. Sería algo indigno hacia mí misma dejártelo pasar y hacer como si nada —puntualizó—. ¿Te arrepientes? Entonces eso implicará que no volverás a echarme en cara algo similar.
Edward negó con la cabeza.
—No puedo prometerte no volver a equivocarme.
—Y no te pido eso, ojo —le advirtió ella—. Solo digo que jamás vuelvas a usar en mi contra ninguna inseguridad o intimidad que te revele en confianza, porque yo tampoco me aprovecharía de las vulnerabilidades que conozco sobre ti para herirte de una manera tan vil. —Lo miró a los ojos—. No quiero una relación en la que tenga que estar con las defensas puestas todo el tiempo.
—Lo sé, joder, lo sé. —Edward se pasó la mano por el pelo. Si antes se sentía mal, ahora se sentía fatal—. Esa no era mi intención, y aunque no sea una justificación, estos días no he tenido la mejor racha…
—Esperaba que la cosa fuera por ahí, porque tú no sueles hablarme así normalmente —subrayó ella—. Pero ten cuidado, Edward. Porque por la misma vía que me conquistaste una vez, me puedes perder.
—Lo he captado, Bella —dijo luciendo de lo más arrepentido. Miraba al suelo y jugaba con los dedos, como un niño pequeño aceptando un castigo.
Con el sentimiento de ternura que le inspiró, decidió darse por satisfecha.
—Me alegro —dijo, recobrando una ternura tremenda por él—. Siento ser tan insistente, pero si no dejábamos las cosas claras ahora, te habrías acostumbrado a repetirlo más veces y no te lo iba a poder tolerar. —indicó—. A mí me respetas de la misma forma en que yo te respeto a ti.
—Eso sí que te lo puedo prometer —intervino rápidamente él, con convicción—. No tengo dudas.
A Bella le encantó la actitud que puso ante ese punto, y Edward pareció captarlo.
—¿Es suficiente para que me perdones ya?
Ella lo pensó por un momento. Tenía sus reservas sobre perdonarlo tan rápido, pero alargarlo porque sí sería lo mismo que cumplir el clásico "ojo por ojo, diente por diente" y no había nada más dañino en una relación que eso, ¿no? Al fin y al cabo, a ella no le nacía esa actitud. Algo que en el fondo la hacía feliz notar, así que... concluido su análisis, miró a Edward a los ojos y dejó que la enamorada sonrisa que mantuvo oculta durante tantos días saliese a la luz.
—Por esta vez, sí.
—¡Gracias! —La emoción se pudo dislumbrar en cada rasgo de su expresión. Pero aún así, para sopresa de cualquiera, no actuó de forma impulsiva ni rápida; sino todo lo contrario... Cogió su rostro entre sus manos, y se dedicó a besarla de una forma casta, romántica y para nada apurada, que concluyó juntando sus frentes.
—Me moría de ganas de hacer esto.
Bella compartió la opinión.
—No eres el único.
Se rieron con complicidad, como el par de perfectos tórtolos en que se habían convertido.
—Te quiero, Bella.
Ella volvió a besarlo, para después mirarlo a los ojos con adoración y con amor.
—Y yo a ti.
Él sonrió y rozó su nariz con la suya, haciéndola sonreír también antes de atrapar sus labios suavemente con los suyos. Y a partir de ahí, poco a poco ese sutil movimiento imperceptible de labios de los dos amantes fue intensificándose cada vez más, de manera que sin ser conscientes se fueron dejando llevar.
Las ansias en ambos los impulsaron a pronto devorarse prácticamente sus bocas y jugar con sus lenguas, que después de tanto tiempo se sentían sedientas. Bella le mordió el labio inferior y Edward atacó la punta de su lengua, algo que la hizo sonreír levemente antes de bajar sus manos a sus piernas e impulsarla a aferrarse a sus caderas. La alzó hasta pegarla contra la pared del interior del baño, eso sin dejar de besarla de manera cuidadosa, pero con profundidad; aferrando las manos a su cabeza mientras las suyas delineaban su espalda.
—Sin duda, lo extrañaba —murmuró él entre besos, algo que Bella no tardó en concordar.
—Créeme que lo entiendo.
Siguiendo a ese ritmo pronto se quedaron sin aire. Edward aprovechó para deslizar los labios por su cuello, como era su costumbre, volviendo a hacer sentir a Bella como en casa.
—¿Chicos?
Y al oír esa voz, enseguida recobraron la consciencia sobre donde… y las condiciones en las que estaban.
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—A ver, que si pasó tampoco hay ningún problema —volvió a insistir él—. Solo decidme las zonas que tengo que desinfectar y...
—Por décima vez, ¡que no nos lo montamos en tu baño, Tyler!
Edward bufó cansado mientras Bella se esforzaba por no reír. Sus referencias subidas de tono no llegaban ni por asomo a ser tan graciosas como verlos a los dos en ese plan.
El cumpleañero subió las manos.
—Está bien —aceptó—. Os tomaré la palabra, pero definitivamente seguiré bromeando sobre esto. Una reconciliación en mi casa, oh, qué bonito.
Edward rechistó justo en el momento en que su móvil sonó, así que se lo sacó del bolsillo y lo revisó.
—Mi padre dice que está a cinco minutos —anunció—. Te dejamos, Tyler. Felices 18 otra vez.
—Gracias, pero no hagáis nada escandaloso en la puerta de casa o los vecinos llamarán a la poli.
Edward le dio un golpe bromista en la cabeza antes de pasar ese mismo brazo por el hombro de Bella y guiarla hacia fuera de la casa.
—¡Adiós! —se despidió ella a prisas.
—¡Que vaya bien, Bella!
Después de todo, la velada había acabado entretenida.
Mientras esperaban a Carlisle, ellos se quedaron en la puerta de Tyler, acurrucados para soportar el frío. Tenían por delante a Dennis y Ciara, así que en ese aspecto iban regular…
—Mañana nos vemos, ¿no?
Bella asintió, embobada, antes de que él volviera a besarla. La reconciliación los había puesto un poco mimosos.
—¿En mi casa esta vez, no? —murmuró Bella entre sus labios.
—Sí. —Edward le dio otro pico—. Para mañana será el lugar donde tendremos más privacidad, aunque no sé yo si la necesitemos…
Y ella pisó tierra, rememorando lo que le dijo.
—No, no hace falta —contestó de una forma más distante—. No tienes que pasarlo mal por mí.
—¿De qué hablas?
Bella le lanzó una mirada irónica.
—Ya me dijiste que fue un desastre el otro día —señaló—. Me quedó claro, Edward.
Él hizo una cara de sorpresa, y luego abrió los ojos.
—Oh, joder, ¡no! —se lamentó de mala gana—. Sé que suena fatal, perdón, pero creo que lo malinterpretaste.
Bella no entendía nada.
—¿Eh?
—A ver, dije que sería un desastre repetir lo del viernes, más antes de clase, pero no… por el acto en sí, sino por las consecuencias. —Acabó de decirlo y se rascó la cabeza—. No sé si lo sabías, pero no me viene bien tener otra mancha en calzoncillos o los pantalones.
Bella lo captó al instante.
—¿Es… permanente?
—Sí. Y no solo en la ropa interior, sino también en el pantalón.
La cara de Bella se ensombreció.
—Oh…
—Sí, oh. —Rechistó los dientes—. Tuve que tirar a la basura el pantalón del uniforme que llevaba ese día. Y solo me quedaba este recambio, por eso dije que tendría que estar loco para volver a hacerlo con ropa a esa hora, más aún si se trataba la del colegio.
Bella tenía la solución perfecta, pero se quedó debatiendo por segundos entre si decirla o no hasta que lo soltó.
—Entonces… Podríamos probarlo sin ella.
La cara de Edward era un poema.
—¿Estás segura?
Bella se encogió de hombros, desviando la mirada.
—¿Por qué no?
Él tragó con dificultad, a la vez que escenas sugerentes pasaban por su mente y que se forzó a olvidar. No era el momento.
—E-está bien.
Sobra decir, que tan pronto se sentaron en el coche y pudieron sacar el móvil, cada uno empezó a hacer una extensiva investigación en internet por su cuenta…
Mmm, como que esto tiene la pinta de ser interesante, ¿no? 👀 😏 Bien. No soy tan mala, este par ha dado una vuelta completa del anterior capítulo a este. 😛 Tal vez demasiado rápida... pero no por mí, sino por ese mismo par de melosos que no se quieren quitar las manos de encima. 😑
💎 ¡Hola otra vez! 😊 Pese al "caos" de estos días, tampoco ha pasado tanto desde mi actualización habitual jeje. Sí, es que mientras algunos tienen tiempo libre a causa del encierro, otras personitas como yo tenían una buena cantidad de trabajo programada para este fin de semana a la que además se sumó a la del inicio de esta. ¡Yeii..! Sí, si alguien me quiere transferir un poco de su tiempo libre lo agradeceré.
💎 ¡Por cierto, gracias por todos los comentarios del anterior cap! 😍 Me quedé gratamente sorprendida y encantada de que comentaran otra vez personas que llevaban tiempo sin hacerlo. 😭 Lo valoro muchísimo, de corazón os lo digo. ❤️
💎 Y en fin, ¡nada me haría más feliz que recibir lo mismo con este cap si os ha gustado! Bella ha aclarado muchas cosas, que realmente son vitales para una relación (y que muy pocas son conscientes de que necesitan aclararse). Cuesta mucho, pero al parecer el que le de tantas vueltas a las cosas le hace sacar conclusiones a la velocidad de la luz, oye. 😅
💎 ¡Muchísimas gracias por todo el apoyo! Y hasta la próxima semana (recordad, sobre el martes o miércoles ahora).
Kisses! 😘😘😘
