CAPÍTULO 17
—¡Achisss! —Bella sacó de nuevo el pañuelo del bolsillo de sus vaqueros para limpiarse la nariz— ¡Maldito resfriado!
—¿Aún sigues estornudando? —Preguntó Jessica entrando en su habitación y sentándose en la cama.
—Ya menos, solo con algunas corrientes de aire.
La semana anterior tuvo que estar sin ir a trabajar por un proceso gripal bastante fuerte, probablemente debido a la lluvia torrencial que les cayó ese fin de semana cuando Edward y ella disfrutaron junto a Alice, Jessica y sus respectivas parejas de un concierto al aire libre. El día amaneció soleado, pero justo a mitad de la actuación empezó a nublarse y de la nada se formó una enorme tormenta. Aunque intentaron llegar rápidamente a los coches no pudieron evitar el mojarse.
De los seis, ella fue la única que se resfrió, afortunadamente para los demás, pues los dos días que estuvo en cama con fiebre apenas era persona.
Edward estuvo ejerciendo de enfermero personal: acudió con ella al médico y al terminar las clases acudía a su piso para cuidarla y asegurarse de tomarse la medicación.
Con todo eso, se había olvidado por completo de la fiesta de compromiso de Emmet, el hermano de Edward, la cual tendría lugar ese mismo fin de semana. Mañana, después de comer, pasaría Edward para recogerla y poner rumbo hasta la propiedad donde se llevaría a cabo. El vestido para el evento estaba colgado del armario dentro de una bolsa y ahora lo único que le quedaba por hacer era preparar la maleta, la tarea que más odiaba hacer.
—¿Lo tienes ya todo?
—Casi, o eso creo. Llevo un poco de todo, aunque en realidad no sé qué ponerme.
—Bella, ¡Tranquilízate! Son personas normales y corrientes, olvídate de que son sus padres y sé tú misma. Estoy segura de que te adorarán, aunque te presentes en pijama
Isabella torció el gesto ante la broma de su amiga. Estaba nerviosa, era cierto. Pero no solo por conocer a la familia de Edward, lo que en realidad le aterraba es que él pudiese arrepentirse de ello.
—¡Ay, Jess! Es que... Es todo tan...
—¿Complicado? ¿Inseguro?
—Querida, Edward es así, lo sabías desde el principio
—¿Y si se arrepiente?
—No lo hará. Bella, sabes que he tenido a Edward en cuarentena, no me fiaba de él, pero debo decirte que si alguien que le tiene tanto pavor y es tan reacio al compromiso decide dar este paso, es porque está seguro de lo que quiere. Así que... ¡Deja de pensar tonterías y disfruta de este fin de semana!
ὠὠὠ
—Estas acojonado, ¡Reconócelo! —Sugirió Jasper depositando una jarra de cerveza frente a Edward.
—No sé de qué hablas.
—Se te nota en la cara, tío. Y déjame decirte que es normal. Pero más te vale disimularlo o Bella se dará cuenta de que estás muerto de miedo.
—No es por ella. Estoy seguro de lo que voy a hacer, es solo que... Ya sabes cómo están las cosas con mi padre. No me gustaría que presenciase ninguna discusión. No quiero arruinarles el día ni a ella, ni a mi hermano ni a mi madre.
—Edward, creo que tu padre y tú podríais liaros a puñetazos y a tu madre le daría igual con tal de saber que vas a llevar a una mujer contigo.
Edward sonrió al recordar lo emocionada y feliz que se puso su madre cuando le llamó para comunicarle la noticia de la fiesta y él la sorprendió diciéndole que iría acompañado.
—Entonces, ¿Seguro que vendrás?
—Claro, mamá. No me perdería el compromiso de Emmet por nada del mundo.
—Oh, cariño, no sabes lo feliz que me hace escuchar eso. Tu padre se alegrará tanto de verte.
—Sí, seguro.
—Edward...
—Mira, mamá, voy a hacer todo lo posible por no arruinarle el día a Emmet. Seré cordial y amable, pero no intentes hacer de las tuyas intentando propiciar situaciones y encuentros entre papá y yo. No es el día ni la ocasión.
—Lo sé, pero me alegra saber que estás dispuesto a que las cosas salgan bien. Llamaré a Lillian para que reserve tu habitación, la madre de Rosalie es la que se está encargando de ello.
—Esto... Mamá hay algo que quiero decirte.
—Dime
—Iré acompañado a la fiesta.
El silencio que se escuchó al otro lado de la línea era la inequívoca señal de lo sorprendida que estaba su parlanchina madre.
—¿Mamá? ¿Sigues ahí?
—Sí, sí, es sólo que... Me has sorprendido. Ese acompañante... ¿Es una amiga?
—Sí... —Respondió Edward sospechando que su madre sabía algo más. ¿Cómo lo sabes?
—¡Oh!, Bueno, no lo sabía, pero es de lógica que si vienes acompañado... Tiene que ser de una amiga, Jasper y Alice vienen juntos.
—Ya...
—Entonces, ¿Reservo dos habitaciones?
—No, solo una.
—Una, vale, debo suponer que es una muy buena amiga.
—Es más que eso, es... Mi pareja.
—¡Oh Dios mío! —Exclamó sorprendida, pero el tono de su voz le hizo saber a Edward que esa sorpresa en parte, era fingida.
—Mamá, tú ya sabías algo, ¿Verdad?
—¿Yo? No...
—Mamá...
—¡Está bien! A Emmet se le escapó algo, no mucho, solo le pregunté como estabas y me dijo que feliz, y bien, que había alguien en tu vida y que las cosas parecían estar cambiando.
—Bocazas...
—No te enfades con él, ya sabes lo insistente que soy.
—Está bien.
—Pero bueno, vamos a lo importante: Háblame de ella.
—Lo siento, pero para eso tendrás que esperar al viernes.
—Pero Edward.
—Lo siento, mamá. Tengo que dejarte. Te mando un beso. Te quiero.
—Edward..
Fue lo último que escuchó antes de colgar el teléfono divertido. Sabía que estaría intrigada, pero eso le pasaba por cotilla.
—¡Tío!, ¿Dónde anda tu cabeza?
—En las nubes.
—Pues baja y termínate la cerveza. Yo tengo que terminar este pedido y quedar todo organizado para el fin de semana antes de irme e imagino que tú también.
—Así es. —Respondió bebiendo de un solo trago el resto de cerveza que quedaba en su vaso—. Te dejo, nos vemos el sábado.
—¡Edward! Espera... No sé si me estoy entrometiendo, pero... ¿Bella sabe lo ocurrido con Ness y..?
—No.
—¿Y no crees que debería saberlo? Ya sabes, en un lugar con tanta gente...
—Nadie habla del tema, afortunadamente.
—Ya, pero...
—Jasper, Emmet me sugirió lo mismo, pero hemos estado tan bien que no he querido estropearlo. Mis padres no dirán nada, vosotros tampoco. Cuando todo haya pasado, a la vuelta, hablaré con ella tranquilamente y le confesaré la verdad.
—Como tú quieras, pero ya sabes que a veces no todo sale como esperamos y sería mejor que lo supiese de tu boca.
—No ocurrirá. Todos estarán demasiado emocionados por Rosalie y Emmet.
—Espero que así sea, aun así... ¡Suerte!... Aunque espero que no la necesites.
—Ya veremos...
Edward pasó a recoger a Isabella el viernes a mediodía, justo después de finalizar las clases. Alice le había dado el fin de semana libre, por lo que decidieron salir pronto ya que la finca donde tendría lugar la celebración estaba aún par de horas de camino.
Al parecer, la propiedad del padre de Rosalie albergaba una especie de complejo restaurado a modo de hotel privado preparado para celebrar todo tipo de eventos. Probablemente, incluso la boda tendría lugar allí.
Hicieron el camino escuchando música, conversando e intentando disimular el nerviosismo de ambos. Los dos temían ese encuentro, aunque por razones completamente diferentes.
Llegaron a la finca e Isabella no pudo reprimir un jadeo de asombro ante el ostentoso lujo: vayas metalizadas, jardines y fuentes por doquier... Y un enorme edificio revestido de madera que se alzaba poderoso frente a ellos.
—¡Vaya! Esto sin duda no se ve en Nueva York. ¿A qué se dedica el padre de Rosalie?
—Es analista financiero, y por lo que se ve, deber ser bueno, esto parece un resort de lujo.
—Vamos a estar un poco fuera de lugar.
—Tranquila, Tanto Rosalie como sus padres son personas normales, nada de estos ricos que te miran por encima del hombro.
Bella sonrió sintiéndose algo más calmada.
—¿Preparada? —Preguntó.
—Sí ¿Y tú?
—Allá vamos.
Edward bajó del coche y le abrió la puerta a Bella para que hiciese lo mismo. Ambos se dirigieron hasta el maletero para sacar las maletas.
Caminaron en dirección a la entrada justo cuando una pareja salió a las escaleras para recibirlos. La mujer, bajita, de tez clara y ojos color miel. Su cabello color marrón llegaba por encima de sus hombros enmarcando su dulce rostro en forma de corazón. Él, Le sacaba una cabeza en altura: rubio, perfectamente peinado hacia atrás y con dos enormes ojos verdes iguales a los de Edward permaneció serio, de pie con las manos a su espalda al lado de ella.
—Esos son mis padres. —Señaló Edward.
En ese mismo instante, como si la mujer hubiese escuchado sus palabras, bajó las escaleras a paso ligero seguida por su marido y emocionada de acercó hasta ello.
—¡Edward, cariño! ¡Qué alegría tenerte aquí por fin! —Exclamó la mujer abrazando lo cariñosamente.
—Mamá...
—¡Pero mírate! ¡Lo guapo que estás! Tienes menos ojeras y estás más gordito, ¿Estás comiendo bien?
—¡Mamá que no soy un niño!
—¡No digas tonterías! Para una madre da igual que tengáis diez, treinta o cincuenta años, siempre serás nuestro niño. ¡Mira Carlisle! ¡Mira lo bien que está! —Pidió Esme a su marido que permanecía en un segundo plano.
—Edward, espero que hayáis tenido un buen viaje. —Saludó intercambiando una seria mirada con su hijo.
—Ha sido un trayecto tranquilo.
La tensión era palpable entre ambos. Isabella permanecía callada a su lado presenciando la escena. Algo muy fuerte debería haber pasado entre ambos para que se tratasen con tanta frialdad.
—Y está preciosa señorita, ¿Quién es? —Intervino Esme intentando reconducir y aligerar el encuentro. Miró a Bella y le dedicó una amable sonrisa.
—Ella es Bella Swan. —La presentó Edward tomándola por la cintura y acercándola a él— Mi... Pareja.
Isabella alzó el rostro sorprendida. Espera a que la presentase como una amiga o que no hiciese referencia alguna a la relación que mantenían, pero la a acababa de presentar como su pareja. No había dicho la palabra novia, peto incluso el referirse a ella como lo había hecho dejaba claro las implicaciones de su relación.
Esme Cullen esbozó una sonrisa cálida e incluso en su mirada podía adivinarse la emoción por conocerla.
—Encantada, Bella. Yo soy Esme la madre de Edward. —Se presentó la mujer besando su mejilla.
—Encantada, señora Cullen.
—¡Nada de señora! Eso me hace parecer vieja. Soy Esme y este es mi marido Carlisle.
—Encantado. —Saludó tendiéndole la mano, aunque sin abandonar su porte serio—. Y sorprendido, debo añadir. Mi hijo no ha tenido el placer de informarnos que tenía pareja.
—Os estoy informando ahora. —Intervino Edward mirando a su padre—. Además, creí que te gustaban las sorpresas.
—Si hubiese tenido un poco de consideración por ella nos lo habrías dicho.
—No empieces...
—¡Ya está bien! Me estáis avergonzado y a Bella también. —Esme intercedió para frenar la discusión que empezaba a formarse, turbada por el comportamiento de ambos y por la incomodidad que Bella desprendía—. Es un fin de semana especial. Más vale que os comportéis.
—Cariño.. —El tono dulce con el que Carlisle se dirigió a su esposa contrastaba con la rigidez y hostilidad que había mostrado desde el inicio.
—¡Nada de cariño! —Iremos a recepción para que os den la llave de la habitación. Emmet y Rosalie están supervisando el menú de mañana y sus padres han salido, volverán mañana por la mañana, como el resto de invitados. Esta noche cenaremos los seis tranquilamente, así que vayamos dentro.
Como si de un pequeño jefe militar se tratase, Esme Cullen encabezó la marcha hacia la recepción, seguida por su marido.
—¿Estás bien? —Preguntó Bella al ver que Edward permanecía parado.
—Sí, será mejor que vayamos, ya has visto que mi madre ha sacado su genio.
Isabella sonrió pues, aun así, Esme Cullen le había parecido encantadora.
Se puso de puntillas y besó suavemente a Edward en los labios para animarle. Estaba claro que iba a ser un fin de semana muy largo.
¡Hola! ¿Qué tal?
Aquí os dejo el capítulo, espero que un ratito de lectura os ayude a sobrellevar mejor los difíciles momentos que estamos viviendo.
Espero que disfrutéis del capítulo. Muchas gracias a todos por los favs, follows y reviews.
Intentaré pasar estos días escribiendo, aunque sea complicado inspirarse.
Sé que esta plataforma es para entretenernos, pero no quiero dejar escapar la ocasión y pediros a todos por favor que os quedéis en casa.
Soy española, sé que hay lectoras de todas las partes del mundo e imagino que para vosotras la situación tampoco debe ser fácil.
Formo parte del mundo sanitario (aunque no trabajo en hospitales) y por eso mismo os pido que toméis en serio las medidas que se están tomando.
La única manera de vencer esta pandemia es frenando su contagio. Si cumplimos con la cuarentena, podremos abrazar a nuestros seres queridos antes de tiempo, aunque ese tiempo aún sea largo y difícil.
Un beso y un abrazo muy fuerte para todos.
¡Ánimo! ¡Juntos venceremos!
