Capítulo 45: Un dios en cuerpo mortal

(Opening: Animal i have become – Three day grace)

10 de marzo. País de los Campos de Arroz.

¿Cuánto debe sufrir este pobre país? ¿No es suficiente ser el escondite de un ninja aterrador? ¿No es suficiente ser esclavos de un gobierno despiadado y corrupto? Al parecer no. Es en esta desdichada nación que los invasores samuráis se asentaron ya hace más de un mes. Las masacres y saqueos se convirtieron en el día a día. La base samurái exige grandes cantidades de alimentos y suministros que son tomados de las aldeas indefensas por la fuerza. Pero la tarde de este día se vería lo peor.

Bajo la orden del Shogun un samurái fue enviado hasta la Aldea Oculta del Sonido, sede del gobierno feudal del país, a tomarla por la fuerza, no hay cabida para las negociaciones o la rendición, estos fueron los preceptos del Shogun para su enviado.

Kazuki Kisaragi es el nombre del samurái que marcha con pie de conquistador hacia la aldea. Quienes lo conocen mejor y han visto con ojos propios el poder de este hombre lo llaman "El Dios de la Gravedad" y él mismo se autoproclama Dios Samurái.

El campeón samurái del clan Ashikaga, y discípulo del Shogun, marcha a través del bosque siguiendo una vereda empedrada, no se apresura al caminar pues sabe que todo a su tiempo ha de empezar y es prudente guardar cada gramo de energía para el combate. Camina ataviado ya con su maravillosa armadura, incluido el casco y la capa con el símbolo del clan. Su mano derecha permanece aferrada a su espada en todo momento. Su rostro es el reflejo mismo de la serenidad y concentración, no hay nada que puedas sacarlo de su concentración férrea. En su mente solo se maquina la victoria en nombre de su amo y su pueblo.

A sus espaldas marchan las tropas que asegurará la ciudad tras su victoria. El sonido de la marcha retumba en el bosque alertando a los animales que huyen despavoridos, el suelo tiembla ante el andar de mil soldados ashigarus, cien samuráis oficiales de bajo rango y otros veinte jefes de escuadra. De entre todos el único que destaca es quien camina al frente y porta el símbolo del clan Ashikaga en la espalda.

El bosque termina a pocos metros de la ciudad que es resguardada por una gran muralla de roca sólida y varios metros de altura. Las puertas permanecen cerradas pues la llegada de los invasores fue advertida con antelación. Kisaragi no se preocupa, una burda puerta de madera de ocho metros de altura no es nada para él. Camina hasta pararse frente al muro donde se le puede apreciar desprotegido, seguido de todo su ejército que se detiene detrás de su comandante.

El silencio es asfixiante y perpetuo en ese momento. Los ninjas del sonido permanecían expectantes en la cima de la muralla, algunos resguardados en torres armadas con balistas, otros solo detrás de los parapetos, todos fijaron sus miradas sobre el samurái al frente.

Dos samuráis, jefes de escuadra se les llama pues son quienes dirigen los batallones de ashigarus, salieron de la formación y se acercaron a Kisaragi. Uno de ellos portaba el estandarte del clan Ashikaga y el otro el de la Gran Alianza Samurái. Kisaragi tomó ambos y con fuerza los clavó en suelo.

–¡Escuchen con atención! –Alzó la voz tanto como podía para que lo escucharan–. ¡En este momento, reclamo esta ciudad en nombre de la Gran Alianza Samurái bajo la autoridad del Shogun Ashikaga! –No hubo una respuesta clara, solo murmullos detrás de los muros–. ¡No tomaremos pacíficamente la ciudad, se aplicará la ley del 1/3, aunque ahorrareis sufrimiento y sangre rindiéndose ahora!

La respuesta fueron las balistas de las torres junto a la puerta principal. Ambos proyectiles se dispararon sobre el campeón samurái. Bastó con que Kisaragi desenfundara su katana solo unos pocos centímetros para activar su terrible poder. Las flechas se detuvieron en el aire, a escasos centímetros de él, para luego retornar en sentido contrario con mayor fuerza y destruir las balistas.

–¡Bien, han elegido pelear, eso me agrada! –No pudo evitar mostrar una sonrisa perversa en sus labios–. Retira a los hombres a doscientos metros de aquí –Le susurro a uno de los samuráis que estaba a su lado–. Yo me encargaré de esta ciudad.

Ambos hombres no cuestionaron la orden, pues no dudaban de lo que Kisaragi presumía. Le hicieron una reverencia y regresaron a su formación donde comunicaron la orden. El ejercito entero retrocedió de regreso al bosque dejando solo a Kisaragi allí.

–¡Creo que ahora podemos comenzar, ya le he dado un poco de ayuda, seremos solo ustedes y yo! –Habló con los ninjas tras los muros.

Solo pasaron uno segundos para que la puerta principal se abriera y decenas de ninjas salieran a toda prisa buscando asesinar al samurái lo más rápido posible, creyéndolo indefenso. Cayeron en la trampa. El campeón desenfundó su espada en ese momento liberando el de su Hokaku, manifestado mediante un brillo plateado en la hoja del arma.

El batallón de uno veinte ninjas avanzaron con sus armas en alto, espadas, kunais, chacos, varas de pelea y toda clase de herramientas que pensaban podrían rivalizar con la única espada del enemigo. El movimiento de Kisaragi bastó para hacerlos replantear su acción, pues solo con agitar su espada hacia ellos creó una onda de fuerza que los repelió a todos. Como si una energía invisible los jalara bruscamente hacia atrás tirándolos al suelo. Ninguno entendía que pasaba o que había causado eso.

–V-vamos, ¡levántense! –Ordenó el capitán de ese batallón.

–Tú –Musitó el samurái. Levantó su mano hacia uno de ellos y con un gesto lo atrajo hacia él. La gravedad proyectó al incauto ninja hacia el samurái que le espero para cercenarlo a la mitad con un simple movimiento de su nodachi.

El terror de tal ataque invadió a los demás ninjas que retrocedieron al ver a su capitán mutilado en el suelo. Kisaragi agitó su arma para librarla de la sangre que quedó sobre la hoja, enarbolando una sonrisa soberbia en sus labios.

Los ninjas recuperaron el valor y se levantaron. Un grupo de ellos tomó el frente para utilizar pergaminos. Decenas de shurikens y kunais fueron disparados en una andanada sobre el samurái.

–¿Parece que aún no lo entienden? –Se dijo así mismo. Inmutable solo levantó la mano y todos los objetos se detuvieron en el aire a centímetros de él–. Mi turno. Estilo Rayo, Red electrica

Unas chispas eléctricas inundaron las armas, luego invirtió la gravedad otra vez para que la andanada de proyectiles retornara hacia los ninjas. En el vuelo decenas de centellas electicas conectaron los proyectiles creando una enorme red hecha de electricidad. Algunos ninjas lograron esquivar el ataque, otros no tuvieron la suerte y fueron víctimas.

La electricidad que impactaba los cuerpos creaba terribles quemaduras sobre la piel de los incautos quemando la tela de sus ropajes, al mismo tiempo los proyectiles se clavaban en sus cuerpos uno tras otro acribillándolos hasta hacerlos caer al suelo mortalmente heridos e invadidos por las corrientes eléctricas tan fuertes que escapaban por sus ojos y bocas quemando el interior del cuerpo.

Los que lograron escapar al ataque palidecieron al atestiguar el dolor y sufrimiento de sus compañeros evocados en terribles gritos y suplicas que inundaron el ambiente incluso tras cesar la electricidad. Un joven atemorizado volvió la mirada sobre el enemigo, en ese momento un haz eléctrico le atravesó la cabeza dándole muerte.

Estilo Rayo, Vector –Fue el nombre de esa última técnica que dispara un pequeño haz eléctrico desde el dedo índice del usuario.

La idea de escapar nubló las mentes de los restantes defensores, miraban con miedo a ese hombre que no se había movido en ningún momento y ya había acabado con más de la mitad del batallón. Un grito de batalla escapó de la garganta de uno de esos ninjas para luego dar camino a una carga desesperada hacia el enemigo, los demás le siguieron inundados por ese ímpetu suicida. Kisaragi se colocó en guardia y esperó el momento.

Estilo Rayo, Relámpago cortante –Su arma se cargó de energía y luego arrojó un corte horizontal que liberó un rayo de la misma forma. El corte eléctrico avanzó cortando por la mitad a varios de esos hombres.

Los demás saltaron justo a tiempo para evitarlo y caer rodeando al samurái, allí optaron por el combate cuerpo a cuerpo con kunais como armas, no sabían el nivel del dominio de las artes marciales de ese samurái. Kisaragi se movía como el viento mismo, fugaz, certero, inalcanzable, intocable. Las armas lo rodeaban al igual que sus enemigos, pero en ningún momento pudieron tocarle incluso cuando él mismo bajó su arma para dejarlos acercarse.

El viento silva y la nodachi corta dos brazos en un solo movimiento, el viento silva y un hombre es cercenado por la mitad por el frio acero samurái, el viento silva para que un arma separe una cabeza del cuerpo tintando de rojo el verse pasto. El viento silva una vez más y ahora yacen muertos todos los ninjas a los pies el impío samurái que posa triunfante alrededor de la masacre.

–No me esperaba más, sinceramente –Afirma con superioridad agitando su nodachi para quitar el exceso de sangre de la hoja.

Avanzo a paso lento hacia la entrada de la aldea. El suelo tiembla abruptamente, una segunda muralla se levanta tras la primera protegido la entrada, esto gracias a los ninjas especializados en el manejo de la tierra. Creen que una muralla más alta ha de detener al Dios de la Gravedad. Por encima de la nueva muralla son arrojadas muchas bombas que inundan el campo alrededor de Kisaragi.

–Era cierto, los ninjas dependen mucho de usar herramientas y otras armas –Se dice así mismo mirando todas las esferas chispeantes que están a punto de estallar.

Al otro lado de la muralla los ninjas trataban de reagruparse para defender la aldea. La mayoría estaban al frente separándose en grupos de ataque, los demás ayudaban a los civiles a llegar al refugio en medio de una algarabía creada por el pánico propagado en toda la población.

El suelo retumbó por causa de la explosión del bombardeo, lo cual intimidó incluso a los ninjas que habían arrojado las bombas pues una enorme columna de humo se levantó tras la nueva muralla. Un veterano ninja dirigía la defensa, su edad madura y porte militar podría asegurar que se trataba del más fuerte de todos, aunado al respeto que todos le mostraban.

No destacaba por su altura, pero si por su ruda complexión, el sujeto era muy musculoso y se notaba en muy buena condición a pesar de la edad superior a los cincuenta años. Su cabello blanco era largo y caía sobre su espalda dejando solo un largo mechón sobre su rostro, un rostro severo y tosco con rasgos anchos donde su uniceja poblada impera en su frene, su ojo derecho es de color café y el izquierdo es cubierto por un parche desde hace mucho tiempo, una larga cicatriz cruza su nariz de forma horizontal, carece por completo de vello facial. Viste una camisa gris sin mangas ceñida a su torso, pantalones holgados negros y sandalias ninjas, sus manos y antebrazos son cubiertos por vendajes negros y una bufanda cubre su cuello.

–¡Formen batallones y preparen las armas de defensa de las grandes torres! ¡No quiero que retrocedan, que sus manos no tiemblen! –Gritaba con fervor animando a sus desorganizados hombres que corrían de un lado a otro, saltaban entre las casas buscando agruparse.

–Señor Akado –Llamó una joven chunin a su superior–. ¿Cree que ese hombre pudo sobrevivir al bombardeo? ¡Arrojamos cien bombas, nadie puede sobrevivir a eso! –El miedo era palpable en su joven rostro.

–¡Mantenga la compostura, soldado! –Ordenó con firmeza. El severo rostro de aquel hombre quizás ha visto el triple de inviernos que esa chica. Volvió la mirada a la muralla–. Lo averiguaremos en un momento… ¡Lo supuse! –Gruñó al ver sobre la muralla a una persona.

Desde la cima de la muralla el samurái mira con atención toda la ciudad, es muy grande como para llamarse aldea, medita él en su mente. No hay un solo ápice de daño en su persona, su armadura sigue pulcra solo, se ha deshecho de la capa. Dirige su mirada hacia dos enormes torres de roca que se erigen en el centro de la ciudad, están a unos quinientos metros de distancia.

Desde las torres son disparadas enormes flechas de madera y punta de hierro, cada uno mide 6 metros de longitud y pesa cien kilos pues están rellenas de explosivos potentes. Creyeron que por ser proyectiles de mayor tamaño él no podría detenerlas, craso error, pues solo le dieron dos proyectiles explosivos que usar.

Bastó únicamente con que levantara su mano para detener las enormes flechas frente a él. Invirtió su impulso y las devolvió hacia las torres. Las flechas se clavaron a la mitad de las atalayas detonando sus contenidos explosivos con tal fuerza que las derribó con facilidad partiéndolas por la mitad.

–¡Eso no me lo esperaba! –Sonrió enormemente.

–¡Hijo de perra, lo hizo de nuevo! –Gruñó Akado maldiciendo su estrategia–. Ya no tenemos las dos torres defensivas ni las balistas gigantes.

–¡Señor Akado, allí viene! –Alertó la joven chunin asustada al ver a Kisaragi bajar de la muralla de un salto.

–¡Corres con los maestros del sonido, pasamos al plan C! –Ordenó retrocediendo sin perder de vista a Kisaragi–. Usare mi técnica secreta, y si no funciona usaremos el sonido entonces, nuestra especialidad.

El Dios de la Gravedad cayó con gracia a pesar de la altura de la que saltó, casi como si levitara hasta tocar el suelo. Se hallaba en medio de una gran avenida empedrada que avanzaba medio kilómetro hasta llegar a la sede del gobierno de la aldea y la plaza central. Decenas de edificios de madera y roca de diversos tamaños y usos se hallan a ambos lados de la avenida. Frente al invasor dos batallones de ninjas le rodeaban, de los cuales destaca el comandante Akado frente al samurái a una distancia moderada.

–Deduzco que tú estás a cargo, se ve que eres el más experimentado de toda esta manada de intitules –Aseveró Kisaragi apuntando con su nodachi a Akado.

–No te equivocas, invasor –Respondió con enojo él veterano ninja–. ¡Mi nombre es Akado Sujun, mano derecha del kage de esta aldea y comandante de las tropas!

–Es un honor –Le reverenció con educación–. Mi nombre es Kazuki Kisaragi, campeón del clan Ashikaga y del Shogun y pronto he de ostentar el título de Dios Samurái.

–¿Dios samurái? –Musitó extrañado Akado.

–He venido a esta… "aldea" a tomar dominio de ella en nombre de mi amo, el Shogun Ashikaga, y la Gran Alianza Samurái. Aunque tengo ordenes de aplicar la ley 1/3 puedo hacer una excepción con ustedes, creo que ya les he demostrados lo débiles que son –No lo dijo en tono de burla sino como una afirmación objetiva.

–Maldito perro arrogante –Masculló el comandante,

–Realmente opino, en discrepancia con mi amo, que no es necesaria una masacre, bastará con matar a su líder y que juren lealtad a la Gran Alianza, eso es todo. Es una oferta muy generosa, deberían aceptarla.

–S-sí, suena tentadora –Respondió el veterano con claro sarcasmo y enfado–. Pero creo que prefiero rechazarla.

–¿Seguros? Eso implica que tendré que matarlos a todos ustedes y a un tercio de la población civil –Alegó arqueando una ceja–. Está bien, no dirán que no quise ser diplomático…

–Hijo de puta, ¿crees que puedes venir aquí e imponer tu puto gobierno e ideología, así como así? ¿Crees que puedes masacrar a nuestros compañeros y que vamos a rendirnos?

–Que lenguaje tan vulgar –Suspiró–. Solo quería evitar una masacre a un peor, pero veo que los seres inferiores como ustedes también tienen orgullo, los felicito por eso.

Justu Volverse Etéreo –Las manos del comandante se movieron rápidamente para luego desvanecerse en el aire como una neblina.

–¿Es una tenia de invisibilidad? Interesante –Se dijo así mismo Kisaragi buscando con la mirada al comandante–. Algo así es extremadamente extraño entre nosotros samuráis, aunque ellos no parecen asombrarse y por los informes que he leído los ninjas suelen tener técnicas muy extrañas. Quiero ver como la utiliza y porque todos los demás no hacen nada. ¿Será una estrategia en conjunto?

El samurái esperaba con curiosidad el movimiento que aquel hombre haría. En un edificio a la derecha se hallaban diez ninjas y otros diez en el edifico de la izquierda.

Uno tras otro dispararon desde sus bocas ondas sónicas en forma de proyectiles Kisaragi se movía ágilmente para esquivarlas todas, ante ataques de esta índole su habilidad con la gravedad es inútil, pero aunque las ondas sónicas se muevan a la velocidad del sonido él es capaz de verlas todas y esquivarlas sin que siquiera lo rocen.

–Sospecho lo que pasará a continuación –Sonrió el samurái mirando al frente.

Frente a él se materializó Akado saliendo del aire con un kunai que buscó cortarle el cuello al samurái, Kisaragi lo previó y lo vio para esquivarla con un simple salto hacia atrás.

–¡Carajo! ¿Pudo verme? –Maldijo el ninja.

–Eres muy rápido, lo admito, aunque no lo suficiente para rivalizar conmigo, además de predecible. Ahora es mi turno. Estilo de Rayo, Trueno destructor.

Disparó desde la punta de su nodachi un relámpago hacia uno de los edificios, el cual estalló al instante derruyéndose y cobrando un par de vidas de ninjas, los demás se vieron forzados a escapar. Akado gruñó al ver a sus aliados heridos y muertos.

–¡Bastardo!

–¿Qué pasará si quedamos solo tu y yo? ¿Tu estrategia funcionará de igual forma?

–¡Ya lo veras, perro! –Reactivo el Jutsu volverse etéreo y se desvaneció.

Los ninjas que le apoyaban desde el otro edificio usaron el estilo de humo para levantar una densa nube de humo en la cual atraparon a Kisaragi, el samurái tranquilamente dejó que lo hicieran. Dentro de esa neblina tan cerrada que apenas le dejaba mirar a pocos centímetros de él permaneció indemne. Pudo presentir el ataque de Akado otra vez y esquivo el corte que llegó por detrás de él buscando su nuca.

La neblina cubrió al ninja y se volvió etéreo otra vez. Desde fuera de la nube más disparos sónicos cayeron sobre Kisaragi quien lo esquivó uno tras otro procurando él mismo no salir de la nube de humo, Akado apareció por detrás intentado cortarle las corvas y volvió a fallar pues el samurái lo vio venir.

–¿Cómo es que puede ver todos mis ataques? Es imposible, cuando uso este Jutsu me vuelve aire, invisible e intangible –Se dijo así mismo el ninja agazapado planeando su siguiente ataque.

–¿Ya te cansaste o estás pensando en cómo superarme? Eso no es posible. Tu técnica es muy buena, podrías vencer a muchos samuráis con ella aunada a tu gran velocidad. Pero conmigo no funciona –Un relámpago retumbó seguido de un edificio derruyéndose y muchos gritos con él–. Allí va tu segundo batallón de apoyo.

El ninja se aferró a su habilidad y retomó los ataques, llevando su cuerpo a alcanzar su máxima velocidad. Se volvía etéreo y atacaba por la espalda a la velocidad del sonido, si fallaba se volvía intangible otra vez y lo intentaba de nuevo. Kisaragi era incapaz de verlo aun cuando fallaba el ataque aun así podía esquivarlo. Esto se repitió hasta que el humo se desvaneció revelando a Akado agazapado jadeante por el esfuerzo.

–¿Te has cansado ya? Debe ser terrible el peso de los años en tus espaldas, aun así, haces frente con valor ante tu enemigo, eso es muy honorable. Puedes rendirte y te perdonaré la vida a ti, incluso mi amo podría encontrar útiles tus habilidades –Le tendió la mano.

–¿Como? –Gruñó

–¿Cómo qué?

–¡¿Cómo lograbas esquivar todos mis ataques?! ¡Soy el ninja más rápido de esta nación me muevo a la velocidad del sonido además soy invisible con ese Jutsu!

–Aprender de tus errores es sabio –Sonrió–. Es fácil, soy un guerrero superior. Como te dije tus técnicas podría haber acabado con varios samuráis, incluso uno que otro de elite, pero no conmigo. Todo lo que existe ocupa un espacio, incluido el aire, así que cuando te movías etéreo podía percibir las vibraciones del aire a mi alrededor así sabía que estabas cerca y la dirección de tu ataque. Se llama Percepción Espacial, es una habilidad muy compleja que pocos samuráis logramos dominar.

–Imposible, ¡eso es imposible!

–Para un ser inferior como tú, probablemente, para un Dios Samurái como yo, no lo es… Parece que ya vienen más de tus amigos.

Por la calle principal corrían varios samuráis con enormes canalizadores de sonidos en sus antebrazos, Akado sonrió y se desvaneció una vez más alejándose de Kisaragi. Desde la distancia los maestros de sonido disparaban estallidos de alta presión sónica, cada uno era capaz de volar por los aires una casa completa, Kisaragi debió dejar de lado su postura quieta para esquivarlos saltando entre los edificios, cada detonación destrozaba un edificio entero.

Los Maestros del Sonido son el cuerpo de elite de la aldea, son capaces de devastar tropas enteras con sus enormes canalizadores, aun así, debían mantener la distancia para evitar el combate cercano con el samurái, se separaron y atacaron desde distintos puntos, cada uno hasta a cien metros de distancia. Aunque esquivaba cada detonación el sonido que dejaba cada una en el ambiente dañaba los oídos del samurái lentamente creando un creciente dolor de cabeza.

–Me duele la cabeza y lo oídos, que molestos son esos imbéciles con esas cosas en sus brazos… Tengo una idea.

Corrió a gran velocidad hasta llegar a la plaza de la aldea, justo frente al edificio del kage, el cual era resguardado por otro batallón de ninjas que se asustaron al ver al samurái frente a ellos. Los maestros del sonido lo alcanzaron y desde los edificios aledaños lo rodearon.

–¡Estas acabado samurái, ríndete y seremos piadosos! –Aseguró Akado junto a los Maestros del Sonido.

–Yo no estaría tan seguro –Afirmo tranquilo mientras–. Te diría lo mismo pero la verdad es que yo no seré misericordioso con ustedes. Solo uno de ustedes se ha ganado el perdón.

–¡Hijo de puta, ¿Quién se cree que es?! ¡Destrócenlo! –Ordenó Akado a sus hombres.

Todos prepararon sus canalizadores, y ese momento ninguno pudo usarlo. Lo grandes objetos de metal se volvieron terriblemente pesados llevando al suelo a los maestros.

–¡¿Qué está pasando?! –Volvió la mirada a Kisaragi quien levantaba su mano hacia ellos.

–Aumente la gravedad de esos molestos objetos, cada uno pesa ocho veces más ahora, y seguiré aumentándolo hasta arrancarles los brazos.

El peso de los canalizadores aumentaba más, los maestros gritaban desesperados tratando de quitárselos, pero no podían, los tejados de los edificios sufrieron los estragos y algunos sucumbieron tragándose a los maestros entre los escombros.

–No puede usar sus habilidades de gravedad si se mueve o deja de mirar a sus objetivos –Pensó Akado–. Bien, usaré esto entonces, es imposible que él pueda esquivar este ataque que viaja a tres veces la velocidad del sonido –Se llevó la mano a la boca creando un pequeño tuvo respiró profundamente y concentró todo su Chakra en su mejor técnica–. ¡Justu, Silbido del Gran Valle!

Todo ocurrió en décimas de segundo, una décima de segundo. El peligroso ataque viajó hacia el pecho del samurái como una flecha invisible, Kisaragi reaccionó en el último momento creando un destelló deslumbrante.

El peto del samurái cayó al suelo perforado por completo, el ataque incluso traspasó la sede del gobierno y varios edificios más en su camino. Pero el samurái había desaparecido. Akado palideció atónito al ver a Kisaragi ileso a pocos metros.

–Eso estuvo cerca –Decía él mirando su peto atravesado y toda la devastación que dejó después aquella técnica–. Me obligó a usar Centella Fugaz, hace mucho que no me topaba con alguien así, es un digno ninja. Pero es hora de acabar con esto.

Por suerte esto hizo que el castigo a los maestros del sonido cesara. Mas ninjas llegaban por las diferentes calles, todos se congregaron allí rodeando al samurái. La nodachi de Kisaragi emitió un fulgor que deslumbró a todos.

Un relinchido se escuchó y el samurái se elevó al cielo cabalgando a lomos de un majestuoso caballo de color plata que trotaba por el aire volando como un ave de inmensa belleza, dejando tras de sí un brillo blanco.

–Este es mi Hokaku, Gin-uma, el legendario corcel celestial que habitaba el primer cielo y que decidió bajar al mundo mortal para dominar por milenios las praderas del gran desierto –Dijo Kisaragi cabalgando los cielos como un auténtico ser divino extraído de leyendas de antaño–. Nadie nunca pudo domarlo, hasta que yo nací, él me confiere el poder sobre la gravedad pues es un ser primigenio. Ahora mi querido Hokaku, debemos mostrar a estos hombres y mujeres inferiores lo que un Dios Samurái es capaz de hacer.

El corcel se detuvo permaneciendo en el aire, su jinete bajó de su lomo mostrando que también podía levitar. Extendió sus brazos, elevó el rostro al cielo y canalizó su chi.

Los ninjas desde abajo miraban incrédulos tal muestra de superioridad, la idea de que ese hombre era un dios comenzaba a crecer entre la mayoría de las mentes de los ninjas, el miedo se apoderó de sus cuerpos ante el brillo que emanaba del samurái y el caballo.

Técnica Secreta Samurái, Ascender al cielo.

Todos los ninjas, salvo unos pocos entre los cuales estaba Akado, comenzaron a elevarse hacia el cielo sin poder hacer nada para evitarlo, aunque se aferraran a objetos anclados al suelo o fueran sujetados por sus aliados la fuerza los arrancaba de allí y los elevaba sin objeción.

–¡¿Qué es esto, que está pasando?! –Gritó Akado asustados por lo que veía.

El cielo se llenó de esos indefensos ninjas que gritaban aterrados, suplicaban piedad y ayuda con estridentes y desgarradores gritos, se movían desesperados incapaces de controlar su movimiento.

–El Shogun debe gobernar todas las tierras ninjas sin oposición, todo aquel que se niegue a su voluntad será erradicado sin misericordia y yo seré la espada que proclame la voluntad del samurái por encima de todo ninja pues soy un Dios en cuerpo mortal –Sus ojos brillaron con fuerza en color azul–. Técnica Secreta Samurái, Exterminio Celestial.

Desde el cielo mismo decenas de haces de luz, eléctricos como los vectores que él utliza, bajaron a gran velocidad para asesinar a cada uno de los ninjas que estaban a merced del poder de Kisaragi. No podían moverse o esquivar, ni siquiera defenderse. El haz atravesó primero la cabeza para luego retornar y atravesar el pecho. Todos los ninjas de la Aldea del Sonido perecieron en ese instante, solo un puñado de ellos fueron perdonados por Kisaragi y eran ellos quienes desde el suelo atestiguaban la terrible y desoladora imagen de los cuerpos sin vida de sus compañeros cayendo como lluvia sobre la aldea. Se golpeaban contra el suelo y los edificios regando con su sangre la aldea.

Akado jamás pudo soñar o imaginar algo tan terrible, un poder más allá de la imaginación. Kisaragi descendió al suelo frente a los pocos ninjas que quedaron con vida. Akado cayó de rodillas ante él mirándolo con un rostro indescriptible de asombro y miedo.

–¿Ahora lo entienden? –Cuestionó el samurái con apacible voz.

–¿E-en verdad eres un dios?

–Así es, y como tal puedo ofrecer piedad a aquellos que la merecen. Tú demostraste ser un guerrero honorable y fuerte, te ofrezco piedad y el perdón del Shogun, si decides tomarlo –Se acercó a él y colocó su mano en la cabeza de Akado–. Jura lealtad al Shogun y podrás ser uno entre nosotros.

–¿Él es tu amo? ¿A qué nivel está un hombre que comanda a un dios como tú?

–Hace mucho tiempo, mi amo fue superior a mí, y pronto lo volverá a ser –Sentenció Kisaragi. Un escalofrió recorrió al veterano ninja, quien sin pensarlo se inclinó por completo ante él seguido de los demás supervivientes.

–La primera nación ha caído, es el primer paso hacia la conquista de ese mundo –Afirmó mirando el caos y muerte regado por la aldea.

Continuara…

(Ending: My songs know what you did in the dark – Fall Out Boy)