47. Misterios a la vista
Bella observó con un profundo y analítico interés la erección de Edward.
Alcanzaba a estar un poco más levantada que del todo horizontal y se veía un poco curvada hacia la izquierda. Pero si algo tenía la anatomía masculina… era una forma altamente cambiante.
—¿Es siempre así? ¿O crece más?
Edward tragó, mirando abajo.
—Pues creo que esto es lo que suele alcanzar. Aunque también depende de cuan excitado esté…
Bella asintió.
—Pensaba que llegaba a chocar el pubis y tal…
—Cuando me tumbo de espaldas, sí —le aclaró.
—Oh, vale.
Edward se rascó la cabeza y soltó un pequeño mohín. Por la expresión que tenía, Bella tuvo miedo de que hubiese interpretado sus preguntas como señal de que estaba decepcionada.
—¿Edward?
—¿Qué? —preguntó con la barbilla todavía inclinada.
Disimulando una pequeña sonrisa, acortó los centímetros que los separaban y le dio un pequeño beso.
—¿Sabes que tienes un tamaño estupendo, no? —Él la miró con cara de póker—. En serio, mira que me estaba asustando cuando busqué la media griega y británica en internet…
Y la vergüenza dejó paso a estruendosa carcajada.
—Pues me alegra que estés conforme.
—Si en sí ya se ve grande, tonto —refunfuñó ella echándole otro vistazo—. Además, también tiene una bonita forma…
—Ya, ya me ha quedado claro, gracias —la interrumpió poniéndose incómodo—. No es que lo vea como algo de lo que preocuparme, es verdad, solo que… por un momento pensé que tú tendrías expectativas…
Ella alzó las cejas y él negó.
—Perdón.
—No pasa nada.
Y entonces fue el turno de Edward para sonreír.
—Te estás poniendo roja —señaló divertido, ante lo que ella apartó la vista.
—Habló el señor tomate…
Pero al chico le fascinó aquella reacción, porque casi siempre le pasaba a él en lugar de a ella. Y le quedaba tan bien ese rosa indefinido en sus mejillas…
—Edward…
—¿Sí?
—Y tú… ehm…—Tomó una gran bocanada de aire, repasando los bordes de su falda—. ¿También quieres que me quite lo de abajo?
Edward volvió a parpadear otra vez, sintiendo que la sangre restante de su cuerpo se acumulaba instantáneamente en un punto fijo.
—Bu-bueno, creo que es mejor que lo hicieras —acabó por concordar él con el volumen de voz más bajo posible—. Es que si no, no sé dónde está qué…
—Tranquilo. —Bella lo entendía y agradecía su confesión—. Más bien, ¿me las quieres quitar tú o…?
—¡¿Yo?! —exclamó sorprendido, aunque aquello fue más similar a un grito.
—Sí… —dijo insegura—. Sino ya me…
—No, no —se apresuró a responderle—. Lo hago yo.
—Vale… —Ella lo miró por encima de sus pestañas y luego se echó en la cama, quedando tendida al lado de él. Tragó con fuerza, y Edward vio que desde esa perspectiva a Bella se le quitó la valentía.
Ahora le tocaba a ella exponer su parte más vulnerable.
No dejaba de tener nervios, aunque quisiera hacerse la atrevida de los dos. Empatizando con su estado, Edward se estiró a su lado para besarla en los labios por un tiempo ni tan corto ni tan prolongado. Acto seguido, aprovechando esa cercanía, ambos se quedaron con sus frentes pegadas y mirándose a los ojos durante unos segundos.
—Te quiero —le susurró él.
—Y yo a ti.
Pasado el momento, Edward se reincorporó y creyó notar a Bella más segura de sí misma. Empezaba a darse cuenta de que las muestras de cariño restablecían la confianza entre ellos y atenuaban sus inseguridades frente al otro.
—Edward —nombró con suavidad.
—¿Sí?
Ella metió su mano entre la camisa y la falda y le dio su móvil.
—Déjamelo en el escritorio, por favor —le pidió—. Y mejor que recojas el tuyo, creo que está en el suelo ahora.
Él tardó un segundo en reaccionar.
—Joder…
Y se fue a rescatarlo de sus pantalones, enredados con sus zapatos y calcetines, mientras oía las risas de Bella desde la cama. Ella aprovechó para también quitarse el calzado, aunque una vista directa de su redondo trasero la distrajo en el proceso. Después de que Edward puso a ambos dispositivos a salvo, volvió a su sitio. Y tras verlo dudar en qué ángulo ubicarse, Bella entreabrió las piernas, con lo que él pudo apreciar una sutil vista de sus bragas blancas.
Edward se quedó embobado en ese punto hasta que volvió a subir a su rostro.
—Eh… ¿puedo…?
—Sí, ya te he dicho que sí. —Y para enfatizar su punto, Bella se subió el borde de la falda hasta el ombligo, para que ya nada le tapase el panorama de sus caderas para abajo.
Él cerró los ojos cuando notó su sexo endurecerse aún más. Eso dificultó sus intenciones, por lo que se vio en la necesidad de dar unos cuantos pasos hacia atrás para situarse a la altura de sus rodillas, ligeramente separadas, y tener acceso de subir sus manos hasta su cintura.
Una vez así, cogió el extremo de las finas bragas con un encaje de algodón en el borde y las bajó a un ritmo continuo hasta las rodillas. Ella alzó las caderas para que pudiese acabar de quitárselas, junto a la falda. Y solo cuando ambas prendas estuvieron fuera, Edward se percató de algo que le quitó el habla.
—E…estás…
Bella asintió, volviendo a juntar sus piernas.
—Depilada, sí.
Edward tragó, sintiéndose levemente avergonzado.
Él no lo estaba.
—¿Te acuerdas que una vez te dije que lo de la salida al nightclub no fue lo único que ocultaba a mi padre? —preguntó Bella—. Ya, pues lo otro era esto.
Edward pestañeó, volviendo a recobrar el sentido. Jamás hubiera adivinado de qué se trataba…
—Ah —se limitó a decir—. Yo…ehm, bueno, ¿debería de…?
—Como quieras —le respondió encogiéndose de hombros—. Yo es que ya estoy acostumbrada a ir a hacérmelo desde hace tiempo, por higiene y… porque me gusta más así.
—De acuerdo. ¿Pero no te incomoda que yo…?
Ella negó con la cabeza.
—Si lo mío lo hubiésemos decidido entre ambos, hombre, sería injusto; pero no es así, y ese es tu cuerpo, Edward —afirmó con convicción—. Estará bien lo que tú prefieras, yo no tengo problema.
Su respuesta lo calmó un poco. A continuación, Bella se reincorporó y volvió a donde estaba.
—¿Volvemos a situarnos a la misma altura?
Edward sonrió y le dio un pequeño pico.
—Claro. ¿Eso te hace sentir mejor?
Ella asintió, ante lo que él prosiguió confiado. Dejó de lado la imagen de su pubis al descubierto junto a la tentadora raja de su sexo, y pasó directamente al pequeño escote de la camisa, que si no fuera por el modelo de la misma, no sería visible. Cada uno de los botones seguían abrochados hasta la máxima altura posible posible, aunque igual la forma voluminosa de sus pechos era muy notoria. Y por lo mismo, incluso con una tela de por medio, él no pudo retener el impulso repartir pequeños besitos en cada uno; eso a la vez que iba observando la reacción de Bella con algún que otro vistazo.
Ella lo miraba encandilada, sintiendo la presión caliente de sus labios y, sobre todo, su intención de adorarla. Otra sensación se unió a la lista en cuanto su mano izquierda sustituyó a sus labios y amasó su pecho, deteniéndose especialmente cerca de la altura de sus pezones.
—¿Voy bien?
—Sí… —Bella acabó de guiar a Edward hacia el punto exacto para experimentar las sensaciones con mayor precisión.
Entonces, a él le entró el miedo.
—¿Y Rachel no nos va a escuchar?
Bella se removió con las caricias en círculos que le brindaba alrededor de su ombligo con la mano derecha y se retorció cuando la misma se coló por el hueco de su cintura.
—Cuando la aviso, ella no sube a la segunda planta. —Tragó, sabiendo que estaba tan cerca de…
Edward desplazó sus dedos hacia las líneas de su ingle desnuda mientras la besaba, justo antes de levantar uno de sus muslos y repasar la parte trasera de su piel. Rascó con la mano izquierda el pecho de Bella por encima de la camisa, al mismo tiempo que con los dedos de la derecha exploraba el interior de sus muslos. Bella entreabrió las piernas y entonces él pudo ahondar en la textura caliente y resbaladiza de sus labios femeninos.
—Es tan suave…
Bella sonrió encima de su boca. Edward se entretuvo solo tocando la superficial de sus pliegues, pero casi ni se atrevía a rozar más allá.
—Creo…. que necesito ver —señaló en voz baja.
Ella suspiró.
—De acuerdo.
Entonces dejaron las caricias a un lado mientras que Bella se sentaba y se acomodaba mejor. Apoyó su pierna izquierda doblada justo frente las rodillas de Edward y abrió la otra en un ángulo mayor a 90 grados, lo que dejaba su intimidad expuesta en plenitud ante los del chico.
Edward se quedó contemplando aquella visión erótica y majestuosa de su sexo. Era rojizo, brillante de su humedad propia y parecía estar compuesto de tantas capas como una rosa… lo que veía muy complicado de abarcar a simple vista. Había leído y recordado centrarse únicamente en la parte de arriba las primeras veces, instrucción que pensaba seguir al pie de la letra. Y tras localizar la pequeña protuberancia en la cima, escondida con la misma timidez de su dueña en esos momentos, rozó los alrededores para justo después seguir y… presionarla.
—¡AU! —se quejó Bella apartando sus dedos de un manotazo—. ¡¿Pero qué haces?!
Edward frunció el ceño.
—Tocarte.
—¡Eso ha dolido! —exclamó con un enfado en estado puro.
Él volvió a mirar abajo, sin entender nada.
—Pero si es tu clítoris…
—¡La cosa es que duele! —Hizo un sonido de pesadez—. Tal vez no estoy lo suficientemente lubricada…
Mirando al frente ella se cruzó con la erección de Edward, tambaleándose ligeramente.
—¿No estabas excitada hace minutos atrás?
Bella alzó la cabeza hacia él y bufó.
—No es lo mismo. Hace unos minutos no… agh, no sé, Edward. —Negó, viéndose sin respuesta—. Me he acobardado.
Y él no podía comprenderla más.
—Eh. —Acarició su mano y esbozó una leve sonrisa—. Estamos igual, ¿vale? Si no estás excitada, yo estoy muriéndome de los nervios por haberte fallado. Y supongo que será lo mismo a la inversa. No somos perfectos y tampoco tenemos experiencia en esto. Pero nos queremos y estamos aquí para aprender a hacer sentir bien al otro, ¿no?
Ella asintió.
—Sí, creo que sí.
Y al terminar, Edward buscó el refugio de sus labios con ansias desesperadas; lo que los sumió a ambos en una especie de desahogo, librándolos de cualquier estado de nervios o pudor. Los besos se habían convertido en su contacto de confort que les ayudaba a conectar mejor con el otro y comunicarse con los únicos sonidos incontenibles que profesaban en ellos. Cuando sus labios se dejaron ir, Edward acarició la mejilla de Bella con cariño y siguió pegado a su boca a través de besos fugaces, aunque voraces, que acabaron la tarea de dejarlos sin aliento.
—¿Más tranquila?
Ella sonrió a la vez que él regresaba a su lugar.
—Sí, gracias.
—No me des las gracias —replicó Edward—, yo siento lo mismo que tú.
Bella frunció el ceño.
—Eso no es lo que parece. —Levantó su pierna doblada para rozar su erección levemente.
Edward respiró hondo.
—Créeme, estoy tan nervioso que siento que está a nada de caer en picado.
Ella soltó una pequeña risita. Pero pronto, motivada por la curiosidad, una de sus manos se estiró hacia su miembro y lo empezó a frotar de arriba a abajo con suavidad. Estaba caliente.
Edward gimió.
—¿A ti no te duele nada? —preguntó Bella mientras notaba la mezcla entre piel lisa y rugosa bajo su tacto.
Él negó en rotundo.
—Es una sensación bastante… agradable, la verdad.
Bella asintió y se centró en trabajar más alrededor de la punta. Edward siseó, y eso se convirtió en música para sus oídos.
—Creo que yo preferiría toques más suaves —opinó ella soltando su virilidad. No obstante, Edward decidió concentrarse en su pecho y trabajarlo como sabía que le gustaba.
—¿Era así?
Bella volvió a poner su mano sobre la suya para guiarla y, una vez que él encontró la zona, lo dejó ahí, amasando y rascando con suavidad. Ella tomó una gran bocanada de aire mientras que Edward se inclinaba hacia delante, con el propósito de que su erección no rozara donde no tocaba, para besar su cuello de forma fogosa.
—Mmm…
—¿Ves que no pasa nada por tomarnos nuestro tiempo…? —cuestionó él.
Bella le obligo a apartarse y tomó de nuevo su erección, afianzándola aún más su mano. Edward se vio inmerso en el placer que le generó.
—Cuánta razón tienes… —dijo orgullosa.
Ella aprovechó ese momento y llevó su otra mano a trabajar justo en la zona de su escroto. Lo acarició un poco y estiró hacia abajo con mucho cuidado, mientras que realizaba el movimiento inverso con el tronco de su miembro…
Él jadeó.
—¿Entonces este era un buen truco?
Y siguió haciendo el mismo movimiento contrario, de más leve a más rápido y vuelta a empezar.
—Bella, para… —le ordenó mientras retiraba su mano en el acto. Ella lució extrañada.
—¿Qué?
Él respiró hondo.
—Estoy demasiado excitado…
—Ah… —Y por impulso sus ojos fueron abajo.
La curiosidad de su cara solo lo enloqueció más, así que Edward volvió a tirarse hacia delante para invadir su boca, intentando otorgarle el máximo placer posible a Bella con sus labios y sus manos al mismo tiempo. Eso… mientras hacía de todo para recordar las lecciones de su investigación.
—Edward…
Él se separó de ella y volvió a su antigua posición, tomándose un segundo para estudiar su intimidad. Recorrió con los dedos su Monte de Venus. Con cuidado, lo cubrió con suaves caricias, y poco a poco fue bajando a las cercanías su botón de placer. Primero por la zona de la piel, luego por sus labios, casi sin tocarlos, hasta que al final, optó por presionar su pequeña protuberancia hinchada por encima del capuchón.
—¡Justo ahí! —Bella tembló sin querer, lo que a Edward le hizo sentir esperanzado.
—¿He acertado?
Ella hizo un leve asentimiento y él trató de repetir la acción sobre el mismo sitio, una y otra vez, hasta que fue combinando entre darle leves toques y presionar un poco.
Bella fue empujando sus caderas contra sus dedos, volviendo a sentir el familiar gustito que le provocaba rozarse, a la vez que reanudaba los movimientos sobre su erección. Acomodó su pierna más cerca de la rodilla de Edward para brindar más facilidad en el movimiento de ambos.
Entonces él ya no solo la tocaba en una dirección, sino todo su punto de placer conjunto con el capuchón encima, hasta que en un par de vueltas, probó a rozarlo directamente.
Bella dio un salto y respiró agitada.
—¿Cómo se ha sentido? —preguntó Edward.
—Demasiado bien…
Y ante aquella respuesta positiva él siguió mimando a su clítoris mientras que ella acariciaba con más rapidez su erección, acción para la que el líquido preseminal que brotó de la punta le fue de mucha ayuda.
Edward sentía como su sexo latía contra la mano de Bella. Quien lo aprisionaba en su palma caliente por la fricción, aunque con su típica suavidad, sumada al ritmo continuo y sostenido que había logrado conseguir. Se sentía a ella, sabía como a ella.
Él puso uno de sus manos sobre las suyas y la guió, a la vez que ella ponía una de las suyas sobre la de él y guiaba el movimiento de su botón de placer.
En cuatro caricias más, Bella empezó a agitarse y retorcerse en pequeños espasmos mientras entreabría la boca. Una ola de excitación recorrió a Edward mientras la miraba absorto, y en cuanto ella abrió sus ojos reanudando el ritmo rápido sobre su miembro, él tampoco pudo evitar alcanzar el orgasmo.
Bella sintió su esencia caliente en la pierna y en la mano, aunque lo restante cayó sobre sus sábanas.
—Lo siento, lo siento, lo siento… —Edward no pudo sentirse peor al percatarse, pero cuando Bella echó un vistazo, negó con la cabeza.
—Edward, no importa. Es algo casi imperceptible.
—¿Segura?
—Sí —aseguró sonriente—. El estampado de las sábanas lo disimula.
Y a continuación, Bella acercó su boca a la suya con una urgente necesidad de besarlo. En aquel gesto intercambiaron tanto agradecimiento como afecto, y acabó en un tierno roce de narices que los hizo sentir a ambos la mar de felices.
Para Edward, aquella fue una experiencia única y memorable que superó a cualquier otra expectativa. Sentir la mano de Bella sobre su virilidad, la presión de su palma envuelta con sus movimientos torpes, inexpertos mezclados de ritmo y de su intento a perfeccionarlo en el mismo momento… era característica de cualquier cosa que ella haría. Y justo porque todo sonaba acorde a su compañera, a lo real en esa situación… no podía resultarle más placentero reproducirlo en su memoria. Le volvía loco acordarse de aquel primer toque, de aquel primer orgasmo experimentado entre sus manos, y también verla a ella, retorcerse de placer con sus dedos y admirarla alcanzar el clímax… Todo aquello era sublime para sus sentidos, algo que no quería ni podría olvidar jamás.
—Voy a por papel higiénico..
Ella asintió, cerrando los ojos y descansando satisfecha en la cama.
Había sido una experiencia… para la que simplemente no existían palabras que pudieran expresarla.
nnn
Después de aquella placentera visita y de un pequeño "incidente" en la sala a la hora en que Edward se fue, Bella estuvo aprovechando en ojear los apuntes que ya tenían compartidos. Y en cuanto Edward llegó a su casa, le envió los sobrantes por Drive. Las horas perdidas les exigieron mucha más concentración de la usual. Y esa misma preocupación fue la que los ayudó a mantener el tiempo de estudio a raya, por suerte, pero de cara a otras ocasiones tenían que planificar mejor sus nuevas actividades para ir seguros. Necesitaban aprovechar más el tiempo.
Por eso, establecieron que durante el sábado y el domingo siguiente no hablarían más.
Bajo esas condiciones… el lunes, antes de empezar clases y en una banca del patio, Bella y Edward se miraban fijamente a los ojos con una sonrisa tan enorme en sus labios que no podían con ellas. No hablaban, no se besaban… Bueno, no después de haberse pasado un buen rato previo sin parar de hacerlo. Simplemente, habían tomado esos minutos para sentarse el uno frente al otro y sentir literalmente que se acariciaban con la mirada, notar cómo aquella conexión los enamoraba todavía más…
—¿Bella?
Jessica estaba frente a ellos, jugando con los dedos de sus manos.
—¿SÍ? —El hecho de que fuera especialmente ella quien rompiera su burbuja, no es que le sentara muy bien a la castaña.
—Necesito hablar contigo un segundo —le respondió, mirando a la parejita un tanto distante. Una actitud que había mantenido desde lo sucedido en el cumpleaños de Tyler.
Edward suspiró a su lado.
—Yo me voy entonces, que pronto tengo clase.
Bella se giró, apenada.
—Vale…
Él se inclinó para darle un beso rápido en sus labios, pero Bella lo retuvo para hacerlo durar más. No volverían a verse en los patios hasta el final de la semana.
—Bella… —murmuró divertido.
—Te echaré de menos.
Le gustaba que en ese sentido pudiera sentirse libre de sincerarse con él y no sentirse una obsesiva. A cambio, Edward le dio un último beso en la frente.
—Yo también.
Y en cuanto lo vio marcharse, ella sintió el conocido vacío en su pecho. Cada vez le era más difícil lidiar con sus separación después de algún momento cariñoso.
—¿Bella?
Ella cerró los ojos y se giró hacia Jess.
—¿De qué quieres hablar?
—Esta tarde tenemos que acabar en mi casa el trabajo…
—Sí, lo recuerdo —concordó antes de que acabara.
—Bueno —prosiguió Jessica emocionada—. Cuando acabemos, sabiendo que tenemos cerca a una fecha muy especial, te tengo una propuesta que seguro que te va a interesar.
Y entonces Bella distinguió algo, una emoción particular en su cara que sugería ir más allá de un mero entusiasmo. Por lo que la intriga acerca de la propuesta, no tardó en verse opacada por una gran alerta…
—Te escucho.
💎Oh, oh... Esto pinta un panorama algo incierto, ¿no? 😮 ¿Qué creéis que Bella ha visto en Jess? 👀 Algunas pueden deducirlo jeje, ¿y qué hay de esa fecha especial? ¿Y qué incidente tuvo lugar en la sala con Edward? Mmm... son muchas cosas nuevas que hay que deducir... y por eso mismo estuve pensando entre si poner el título anterior parte II u otro nuevo. Al final, me decidí por el nuevo, 😅 porque hay muchos frentes abiertos.
💎¡Hola! 😊 Mmm, Bella y Edward han pasado un buen rato en la habitación, ¿no? 😏🔥Ay, estos pícaros. Son tiernos, divertidos y tiernos otra vez. 😍 Aunque algo pasionales en estos últimos días, hum. 😶😳
💎Bueno, dentro de lo excitante que pueda ser este capítulo, espero que os haya gustado. ❤️ Lo que dije la anterior ocasión se mantiene. Antes que centrarme en hacer capítulos súper excitantes (que puedo, ojo) quiero hacer sus encuentros propios de ellos y a su paso. Y no, no hace falta pedir disculpas por decir que se veían robóticos. Son dos adolescentes sin experiencia previa, que necesitan unos pasos a los que agarrarse para seguir y sentirse "confiados" de hacerlo bien. Es su personalidad, hay que dejarlos avanzar como decidan.
💎Una vez más, espero que os haya gustado. 😊 Agradeceré todos y cada uno de los comentarios que me podáis dejar. 😢❤️❤️❤️ ¡Hasta la próxima semana!
Kisses! 😘😘😘
