El Nuevo Lord Protector:
Capítulo 40: Rin, ¿será esa la solución?
Rin no podía creer su suerte. Volvía a la aldea, y todas las inseguridades que había tenido siempre escondidas se ha Ian disipado del todo. Ya no era la comandante de ejércitos de humanos y bestias. Se había convertido en su conciliadora, y al final le estaban celebrando una fiesta de bienvenida hasta altas horas después del atardecer, entre los aldeanos, sus amigos (tanto del grupo de Inuyasha como del bosque) y sus propios seguidores, que seguían estando con ella allí. La fiesta, aunque improvisada, había sido muy amena, y algo que no solía verse en villas como aquella, las mujeres sin miedo a los saqueos o a las bestias de la noche, festejando en la oscuridad, iluminados por la tenue luz de lámparas rellenas de luciérnagas y por los espectáculos con fuegos mágicos. Era bastante gracioso descubrir como nadie podía meterse con Rin sin recibir una mirada encolerizada de alguna de las otras mujeres o descubrir que acechaban sus defensores escondidos en las sombras, a los que Rin tenía que calmar.
Una de las cosas que estaba sorprendiendo a Inuyasha, era que, a pesar de su buen oído, en cuanto Rin se escondía detrás de aquél mágico abanico blanco nacarado para tener una conversación, no escuchaba absolutamente nada. Por no hablar de que no necesitaba hacer grandes esfuerzos para conseguir que oyeran sus órdenes si lo estaba usando. Otra cosa que no le hacía ninguna gracia era que traía con ella el asqueroso olor de su hermano concentrado en un wakizashi de mango y fundas rojo oscuro. Si ella traía demonios consigo y cosas que olían a él, quería decir que habían estado juntos. Pero ella parecía haber vuelto de visita sola. Ese maldito idiota no sabía cuidar correctamente de ella.
Más allá, donde se encontraban Rin con Kagome y Sango, estaban teniendo una conversación de mujeres con todo lo que ello significara, mientras Rin acunaba al pequeño Souta que acababa de conocer. Ya la gente se estaba empezando a ir a sus casas, pero seguramente entre ellas siguieran juntas hasta altas horas de la madrugada.
—No veas cómo nos alegramos de que estés aquí, Rin, esperábamos que no tardaras en volver de la hacienda del señor de estas tierras —La aludida puso una cara de asco indescriptible —pero no supimos nada de ti durante varios meses, hasta que de casualidad llegaron todas esas personas de allí que decían que habían decidido seguirte, pero no sabía hacia dónde te había llevado un perro gigante.
—Asumimos que era Sesshomaru —siguió completando Sango —los inuyokais que sean perros de verdad son realmente muy escasos.
—No sé mucho sobre el tipo de demonio que es mi señor —Kagome y sango le hacían miraditas de 'te hemos pillado, nos debes salseo' la vez que ella lo llamaba así, poniéndola completamente roja, cosa que, al menos, no era tan evidente con la poca luz —Lo único que sé es que vienen del cielo, y cuidaban de las montañas en el continente, de la misma manera que los tengus aquí en las islas. También sé que no son muy bien recibidos allí, pero más no sé.
—¿Y cómo que no sabes más? Se te ve muy unida a él como para no saber.
—P-pero ayyy— Rin se ponía terriblemente nerviosa la vez que hacían mención de su relación con él. — Sesshomaru no habla mucho, y tampoco quiero estarle haciendo preguntas todo el día. Pero sé seguro que ninguna de esas cosas es mentira. Ciudad palacio está en la cima de una montaña muy alta, desde la que se ve el mar que nos separa del continente. Y sé cuanto le relaja a Sesshomaru estar volando o flotando más que en tierra firme. A veces me da mucha tristeza no poder acompañarlo…
—Bueno, bueno, —dijo conciliadoramente Sango —si quiere estar contigo, el resto de cosas da igual, por mucho que aunque desde que le conoces parecía desear algo completamente diferente —sus interlocutoras aguantaron la risa recordando como Miroku, efectivamente sólo quería procrear hijos con quien pudiera.
Lo malo es que, con eso, se le cruzó fugazmente una idea a Kagome. Sesshomaru, no tenía pinta de ir tras jovencitas buscando hijos, más bien todo lo contrario, pero… ¿Rin no quería hijos? Siempre se la veía muy feliz y cómoda con niños, como lo estaba ahora con su pequeño Souta en brazos. Aunque también estaba el hecho de que muchas veces Sesshomaru había menospreciado a Inuyasha por híbrido, por lo que ese tema era un tema muy delicado. Notó como a su alrededor empezaban a irse más gente, y agradeció que la charla empezara a ser más íntima, más que la de una fiesta.
—Rin, si como nos has contado llevas casada con él un año, ¿cómo es que no hay niños en camino? ¡Yo quiero ser tía! —le dijo es último armando un puchero para quitarle hierro al asunto.
Pero daba igual como lo dijera, la interrogada se quedó completamente inmóvil, mirando al suelo, abrazando más al niño.
—ia iiin ¿po qué lloas?
Esa pregunta del niño las dejó temblando a todas. Con un suave movimiento devolvió al niño a su madre, no sin antes regalarle un beso en la frente y una sonrisa, y serenamente, pero con el porte perfecto, Rin se puso de pie alzando el abanico.
—¡Atención, atención! Me gustaría obsequiar unas palabras a todos los asistentes, puesto que tal sorpresa me ha pillado lamentablemente desprevenida para poder obsequiaros nada más —todos estaban completamente atentos, y a pesar de que ella no se molestaba en alzar la voz, parecían escucharle perfectamente sin distinción de la distancia con la que se encontraran. El respetuoso silencio se había hecho, y estaban atentos a que siguiera con lo que tuviera que decir —Me encuentro casi soltando lágrimas de felicidad de haber podido ayudar y ser tan bien recibida. También es la primera vez que puedo estar a la vez, conciliadoramente con todos mis amigos, sin distinción de su origen, y eso llena de alegría mi corazón. Espero que de la misma manera os encontréis vosotros, ahora ya al final de esta maravillosa velada —hizo otra pausa para controlar su voz y el llanto que luchaba por salir —Tened muy buenas noches, esta noche todos los que duermen podrán hacerlo seguros de que nada va a pasaros mientras estemos aquí. Muchas gracias.
Terminó su pequeño discurso improvisado con una pronunciada reverencia, consiguiendo que casi todos los que no eran del grupo de Inuyasha le respondieran de la misma forma. Luego pareció darle un par de órdenes más a dos demonios uniformados, quienes asintieron y desaparecieron con muchas criaturas en las sombras. Se acercó rápidamente hacia donde estaban sus amigas con las que estaba hablando antes, y tapándose con el abanico de miradas indiscretas, les dijo: —Por favor, quisiera continuar dentro, no me parecía un tema apropiado para una fiesta.
Ellas asintieron en silencio, para entrar detrás de ella al salón de la casa. Sango se detuvo por unos momentos para pedirle a Miroku que por favor se hiciera cargo de los niños esa noche, quedándose Inuyasha y Kaede de escoltas detrás, hasta que los cinco entraron en la estancia principal de la casa. A su vez, de la misma manera que lo habían hecho antes, Atsuko y Yuuki se quedaron obedientemente esperando en el porche trasero a que se les necesitara, o que se fueran a dormir para, al menos así sería con Atsuko, irse a dormir también.
Una vez todos dentro, Kaede y Souta enseguida fueron a dormir, el segundo siendo atendido por la anciana. Mientras, Rin encendía diligentemente el fuego con unos juegos blancos y rosas que había traído en un frasco ¿Cuántas cosas de origen demoníaco traía consigo como si fuera lo más natural del mundo? Hacia preguntarse al resto de los presentes.
—Lo siento mucho, Kagome-san, por no ser capaz de contestar enseguida a su pregunta, prefería hacerlo de forma más tranquila. —dijo mientras se sobaba la ropa y no dejaba de mirar en cualquier dirección menos a los ojos de nadie, visiblemente nerviosa. —Respecto a eso… no hay niños en camino, y no va a haberlos.
—Ja! ¿Ves Kagome? Te dije que el idiota orgulloso de mi hermano no se la había llevado para nada así, toooonta.
Rin por primera vez miraba a alguien a los ojos desde que se metieron en ese habitáculo, y no era nada amigable. Parecía que iba a matar con la mirada a Inuyasha, provocando que enseguida fuera a esconderse detrás de su esposa.
—Ja, ves Inuyashaaa —Le contestó poniendo voz de burla Kagome —No hagas caso a Inuyasha, se lleva mal con mi cuñado y no entiende que otras personas sí pudieran llevarse bien. Espera… ¿cuñado? —hizo una pausa dramática, para luego taparse la boca para ahogar un grito muy agudo. —¡No me había dado cuenta antes!
—¡Sois concuñadas! —completó casi igual de emocionada Sango. —Ahora oficialmente sois familia, le dijo guiñándole un ojo a Rin.
Eso consiguió una ligera sonrisa en Rin, aunque seguía con mirada triste.
—Yo… lo que os voy a contar también tiene que ver con lo que me ha traído aquí. No puedo tener hijos con Sesshomaru. ¡Ni siquiera puedo besar a mi honorable esposo sin arriesgarme a morir! ¡Es venenoso!
Silencio, Rin miraba de nuevo al suelo tras haber alzado la voz para decir aquello. El silencio se había tornado terriblemente tenso, hasta que sintió muchos brazos abrazándola. Todos, inclusive Inuyasha, intentaban animarla.
—Por eso has vuelto ¿no?, para empezar a buscar una manera o un antídoto…
—Hace algo de tiempo, poco después de que toda la gente que te seguía se marchara de aquí, me enteré de parte de Jinenji que había venido Sesshomaru a exigirle un poderoso antídoto, pero estaba muy asustado y reacio a hablar de ello. ¿Era para ti?
—Antes de casarme me enteré de que, en cualquiera de sus formas, sigue siendo malditamente venenoso, y de la peor de las formas, envenenándome por besarlo. Aun así, nos casamos —mueca de terror y asco por parte del hanyou — y cada uno por nuestro lado estamos buscando. Siento no haberme anunciado, pero entre todo lo que desató Naraku, y que Sesshomaru hace poco que acabó con la reconquista del oeste, es muy peligroso el envío de las cartas. Por eso nunca me pude volver a poner en contacto. —suspiró, endurenciendo con la determinación su mirada. —Pero no vengo a por un antídoto. Además de ser horrible comerme ese mejunje… no quiero un paliativo. Quiero una solución.
—Más que Kagome-chan o Jinenji-san… creo que quien más te puede ayudar soy yo. Pero tendríamos que volver a rebuscar entre lo que queda de la aldea de los exterminadores… no sé si se conservarán los escritos, han pasado más de diez años desde todo.
—¿Qué clase de escritos dices, Sango-san? —preguntó esperanzada.
—Los exterminadores siempre hemos tenido que ser resistentes a todo a lo que nos tuviéramos que enfrentar, y me suena que mi padre me contara que hasta algunos se habían intentado hacerse resistentes a la ponzoña, es una posibilidad. Podríamos partir cuando quieras, no veo la hora de que sea Miroku y no yo quien se tenga que quedar en la casa con tres niños que no paran —añadió con un deje de gracia.
—¿De verdad? ¡Muchisisisisisisimas gracias! —le contestó abrazándola
—Ejem, si a Kagome no le molesta voy yo también
—¿Y que hay si a nosotras nos molesta que vengas Inuyasha? —le preguntó Sango molesta antes de que pudiera terminar.
—Eso está fuera de discusión. Si vuelve con un solo rasguño seguro que Sesshomaru tendrá excusa para echarme la culpa a mí. En fin, Kagome, ¿hay problema si las acompaño?
—No, no creo que haya ningún problema, pero volved rápido. Estamos en primavera, y necesito toda la ayuda posible con el huerto de hierbas y comida. Sabes que nunca nos alcanzan las manos…
—Que sí mujer…
—Puedo pedir que alguien te ayude para que no sea demasiada molestia, los hombres verdes les hace muy felices ser útiles a los humanos.
—Deja de ofrecerte tanto a ayudar en cosas tan tontas. Mejor que vayas allí afuera, esa mujer de la hacienda está lloriqueando, mejor que la ayudes a ella antes.
—¿qué…? —dijo mientras se ponía de pie e iba caminando rápidamente hasta su encuentro, murmurando cosas como que debería estar durmiendo, o bien de que ya por fin está con su hijo de nuevo.
Abrió la esterilla de la puerta trasera mientras llevaba una lamparilla de brea para alumbrase, y salió al exterior, encontrándose con que Atsuko no paraba de intentar obtener aunque fuera una palabra de su hijo.
—¡Mi señora! Lo siento si la he molestado que ha venido hasta aquí.
—¿qué es lo que está pasando, Atsuko-san?
—Desde que volvió de donde fuera que estuvo todo este tiempo para acompañarnos en esta empresa, no lo he visto ni comer, ni hablar, ni dormir. Estoy preocupada. Demasiado preocupada. No hay manera, no habla, no sé que le pasa, estoy empezando a dudar de que sea mi hijo, yo…
_Tranquilízate Atsuko-san, seguro que sólo está cumpliendo órdenes o algo.
—¡Si es eso se va a morir cumpliendo órdenes! Sólo quiero ver la cara de mi hijo, que me diga que todo va a estar bien, con esa cara de tonto que se le pone cuando la mira a usted… ¿Ha hablado con usted al menos cuando yo no estaba?
Rin negó con la cabeza. Ya no era solamente ella quien pensaba que algo iba mal.
—Respóndeme con la verdad, ¿eres Yuuki-san, en quien yo he confiado tantas veces, medio hermano ilegítimo del señor de estas tierras?
La figura con armadura y máscara de oni asintió.
—Supongo que eso es un sí. ¿Acaso no puedes hablar?
Asíntió de nuevo.
—Revélanos tu rostro por favor, preocupas a tu madre. —Silencio, la figura continuaba inmóvil —Es una orden de tu señora, ¡Enséñanos tu rostro!
Con movimientos terriblemente lentos y y con Atsuko comenzando a llorar de los nervios, empezó primero quitándose el casco, luego desatándose los lazos que mantenían tan fina máscara en su sitio, hasta revelar su rostro. Era Yuuki, al menos por los ojos, ya que medio rostro seguía cubierto por un pañuelo, pero ambas mujeres lo reconocieron. Aunque algo raro pasaba en el color de su piel y ojos. Parecían más pálidos, casi…
—…muerto —Rin se acercó con la lamparilla de Brea para examinar más de cerca su rostro y aterrorizarse. Pero tenía que obtener respuestas para su madre. Le quitó el pañuelo, para descubrir que debajo, tenía una terrible herida a la cual realmente no era posible sobrevivir. Le faltabam toda la mandíbula inferior, la lengua y parte de la garganta. Filamentos y trozos de carne aún colgaban, como si una bestia se los hubiera arrancado. —Yuuki-san, ya no dudo de ti, sé que eres tú, pero… ¿qué te ha pasado?
Como única respuesta sólo la miró a los ojos e hizo una profunda reverencia. Sólo quería servirla. A su lado. Atsuko lloraba de forma cada vez más histérica, hasta que él la cogió de la mano, mirándola a los ojos, impotente por no poder consolarla, y ella se desmayó.
Rin volvió a sacar su abanico, no quería que sus palabras llegaran al fino oído de Inuyahsa.
—Sé que al menos puedes asentir o negar. Quiero respuestas, así que tienes que dármelas. —abrió el abanico para cubrirse. —¿Sesshomaru te hizo esto? —negó. Bueno, Tenseiga lo habría curado o revivido más bien, si ese poder lo tuviera sesshomaru ella no estaría tan viva ahora mismo —¿Tuvo algo que ver? —Asintió —¿Te obligó a hacerlo? —negó. Maldijo, eso sólo significaba… —¿Fue esto una solución que tedio para algo que querías? ¿querías servirme más allá de la muerte? —Asintió a la primera pregunta, luego después de un momento mirándola, negó —¿sólo muerto…? ¿Es porque eras humano? —asintió. Comenzaron a correr lágrimas por las mejillas de ella —Si estás muerto, ya no puedes morir como un simple humano. Puedes seguir peleando siempre porque no pueden matarte. Serías un soldado y un guardián perfecto.
Entedía perfectamente esa lógica, aunque era una lógica que encontraba sólo entre criaturas sobrenaturales, para las cuales la vida y la muerte no eran parte de un ciclo, sino que una herramienta más. Pero varias cosas no le cuadraban. Matar a un ser humano y revivirlo era cosas de brujas, sólo necesitaban su cadáver y que el alma no hubiera renacido. Que le faltara parte de su cara no tenía sentido, era más normal quedarse con el corazón.
Con casi ganas de vomitar por lo que acababa de descubrir y lo horrible que era la idea, empezó a pensar en esa caja de la que le dijo Sesshomaru que no tenía que separarse. Su corazón. ¿Sesshomaru le había regalado el corazón de Yuuki para que fuera su ama y señora? Rebuscó entre sus ropas, aquella dichosa caja, hasta que la encontró y la sacó, dispuesta a abrirla. Enseguida, entendiendo qué estaba dispuesta a hacer, Yuuki la detuvo de abrirla, negando. Luego se señaló su pecho, donde tenía que estar su corazón. De alguna manera intentaba decirle que sí, ese era su corazón, que se lo que daría, y la hizo recibir de nuevo el objeto para que se lo quedara. Luego volvió a taparse el rostro con todo lo que llevaba encima, para empezar a recoger a su inconsciente madre del suelo, delicadamente.
—Apenas entiendo todo lo que te pasó para que acabaras así. Prometo cuidar de tu corazón. Sólo… una última pregunta… ¿por qué te han arrancado la mitad del rostro? ¿por qué estás mutilado de esa manera? Teniendo yo tu corazón ya me aseguraba tu eterna obediencia.
Yuuki la quedó mirando fijamente, con los ojos brillando a través de los agujeros de su intimidante máscara, para luego enigmáticamente dibujar el kanji de 'humano' en el aire, y terminar de entrar con su madre en brazos a la casa, dejando afuera a una Rin llena de más interrogantes que antes.
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¡Hola mi gente hermosa!
Espero que os haya gustado este capítulo, lo escribí del tirón todo hoy, espero que no haya muchas faltas, pero se pone más dramático todo y yo me emociono más escribiendo XDD
¿Servirá de verdad la solución que le dio Sango a Rin? ¿Qué les mandó a hacer al resto de demonios Rin al acabar la fiesta? ¿QUÉ MIERDA PASÓ ENTRE YUUKI Y SESSHOMARU? Que eso tiene pinta de chungo. ¿Y cuando vamos a ver a nuestro perfecto y hermoso Sesshy de nuevo en esta historia?
Bueno, eso es todo, me siento muy feliz de que tanta gente me lea, sigo super agradecida que hayáis tragado tantos capítulos del principio de cuando no sabía casi ni como escribir, y bueno, en estos días de encierro, que parece que van para largo espero que os sirva de ayuda :3
¡Muchas gracias de verdad por leerme! ¡Un besazo enorme a todos y hasta la próxima!
