PRETTY CURE ALL STARS

LA GRAN BATALLA DE LA LUZ

Por: Escarlata.

Pretty Cure pertenece a TOEI ANIMATION.

Nota: Éste Fanfiction no está ubicado en la línea temporal de las películas de ALL STARS, pero sí al final de cada serie. Las líneas temporales usadas serán casi las mismas que en ALL STARS.

Parte 12 A la Deriva

Había sido una escena sumamente dolorosa ver a Nagisa tratar de hacerse la fuerte mientras leía la carta que el pequeño Hikaru le había entregado. La leyó en silencio y sus manos y hombros temblorosos por culpa de un callado llanto no pasaron desapercibidos, pero ella no hizo otra cosa más que reír sin dirigirles la mirada en ningún momento. Dijo algo sobre ir a casa antes de que su madre le regañara por llegar tarde, luego de eso salió corriendo apenas dio un par de palabras de despedida que no todas fueron capaces de escuchar por lo bajo que las dijo.

El contenido de la carta aun se repetía en su mente.

Nagisa:

Aun desde donde estoy puedo sentir tu cálida energía. Sé que también puedes sentir la mía, y sabes que todavía no tengo un control suficiente en ella. Aun no debo regresar a casa por mucho que desee verte, no quiero poner a nadie en peligro y ambas sabemos que la seguridad de nuestro mundo es prioridad.

No te mentiré, muero por verte, muero por tomar al menos tu mano y ver tus ojos, muero por escuchar tu voz una vez más.

Siento como si lleváramos años sin vernos y cada momento que pasa te extraño más.

Sabíamos que tarde o temprano terminaríamos así y pensé que estaba mentalmente preparada para éste momento, pero no fue así. Quiero verte. Necesito verte, Nagisa. Creí que con hacerme a la idea de que éste sería el mejor de nuestros casos podría sopesar estar alejada de tu lado, de Hikari y del resto de nuestros amigos y compañeras… Pero no es así, es difícil cerrar los ojos y ya no ver esa Luz dentro de mi, esa Luz cálida que me unía a ti hasta el alma y que también era el lazo con el resto de nuestras compañeras guerreras; ahora solo está mi propia Oscuridad.

Haré lo que pueda hasta que tenga un mejor control sobre mi poder, no puedo asegurarte cuándo, pero sí que pondré todo mi empeño. Mientras llega ese momento, quiero pedirte que cuides de mi abuela, de Chuutaro y de Hikari. Has los deberes que puedas, no quiero que terminemos haciendo todo un día antes de entrar a clases como normalmente sucede.

Hay muchas otras cosas que quisiera expresar en ésta carta y no puedo, así que solo diré que te amo más que a nada en éste mundo y que eso nunca cambiará sin importar qué vaya a ser de nosotras. Te amo, Nagisa.

Pondré todo de mi parte para vernos pronto, pórtate bien mientras regreso y no te disculpes con las chicas en mi nombre, te juro que lo haré yo misma cuando vuelva a estar junto a ti y junto a ellas también.

ATTE. Honoka

No pasó demasiado tiempo antes de que Nagisa desapareciera de vista con la carta apretada en su mano.

Hikari no pudo decir demasiado. Intentó ir tras su amiga, pero Love le retuvo por los hombros con suavidad. La rubia entendió el mudo mensaje: lo mejor era dejarla sola. No había nada que alguna de ellas pudiera hacer o decir para levantarle el ánimo, al menos no en ese momento. Había veces que uno prefería lidiar con su propio dolor.

Las chicas se quedaron en un incómodo silencio por varios segundos aun después de que su amiga desapareciera de vista, el pequeño Hikaru se disculpó en voz baja y regresó a casa por su cuenta. Algunas intercambiaron miradas, otras murmuraban cosas con alguna compañera en tono muy, muy bajo, mientras que las más sensibles luchaban por no dejar que el llanto les ganara.

─Al menos sabemos que ella está bien ─dijo Nozomi apenas logró dibujar una sonrisa─. Si pudo escribirle, quiere decir que tiene todos sus recuerdos y que pronto volverán a verse, ¿verdad? ─miró a todas las chicas y repitió aquella idea que la hacía tan feliz─. Quiere decir que ella no perdió ninguna de sus memorias y que también quiere encontrarse con Nagisa-san otra vez, ¡eso me alegra muchísimo!

─Solo nos queda esperar, sabemos que ambas aún están inestables ─comentó Yuri, sin despegar su vista del horizonte─. Tenemos que ayudarlas.

─¡No tienes ni qué mencionarlo, Yuri-san! ─exclamó Love con el entusiasmo recuperado y abrazando a Hikari con dulzura─. Muy pronto todas iremos a comer donas con Kaoru-chan, y también tienen que vernos en el concierto bailando, ¿verdad, Urara-chan?

─¡Sí! Ya casi tengo listas las canciones que me pidieron ─respondió la aludida y enseguida se sonrojó un poco y bajó la mirada, apenada─. Haré una dedicada para ellas dos, quiero que la escuchen cuando estemos en ese concierto, quiero que estén ahí viéndonos junto con todas ustedes.

Los ánimos ya estaban calmados y eso se percibía en el aire, pero aun había algo en una de ellas que no la dejaba tranquila desde hacía varios días. A pesar de que ya había pasado lo de la pelea, y que todas se habían recuperado anímicamente del incidente, Yuri aún tenía aquella espina clavada en su corazón, era sobre el secreto que les guardó a las chicas pensando que era verdad. Hasta ahora se había dado cuenta que durante la batalla Black y White se las arreglaron para no mencionar que Yuri ya lo sabía, quizá para no darle más peso del que ya tenía, pero aún se sentía mal por haberlo guardado. Tenía que sacarlo, Momoka se lo había comentado hacía un par de días y se decidió a hacerlo, aprovechando que Nagisa ya no estaba en escena.

─Chicas ─murmuró Yuri con suficiente volumen, llamando la atención de sus compañeras más jóvenes. Apenas las miradas de todas se posaron en ella, la chica tomó aire para buscar las palabras correctas─. Quería disculparme con todas ustedes ─dijo enseguida, bajando la cabeza ligeramente.

─¿Uh? ¿Porqué dices eso, Yuri-san? ─preguntó Saki, confundida al igual que el resto de sus amigas.

─Aquella vez en la pelea, yo… Ah ─miró a Nozomi y a sus compañeras─. ¿Recuerdan la vez que fui a tratar de investigar por mi cuenta? ¿Antes de la primera pelea formal? ─en respuesta, el equipo de seis asintió, Yuri volvió a bajar ligeramente el rostro─. Aquella vez me encontré con Honoka-san, ella fue la que me dijo que habían matado a los chicos… Ah, ahora sabemos que no era verdad, pero me lo dijo y lo guardé en secreto durante todo ese tiempo. No quería que se enteraran tan pronto y… Yo…

No pudo continuar, sintió varias manos tomando las suyas, las restantes se posaron sobre sus hombros. Al alzar la mirada, vio que las chicas se las habían arreglado para estar en contacto con ella. Solo Saki, Mai, Michiru, Kaoru y Hikari se abstuvieron del gesto. El grupo de la Tierra de las Fuentes porque no creían necesario hacerlo cuando ellas no pasaron por ese amargo trago de manera directa, Hikari porque aún estaba apenada de haber sido cómplice en ese punto del plan.

─Gracias por pensar en nosotras, Yuri-san ─dijo Love con una enorme sonrisa.

─Debiste pasarla muy mal cargando eso tú sola ─murmuró Nozomi con su mirada suavizada y brillante, increíblemente dulce y comprensiva─, pero no debes disculparte por eso. De todos modos gracias por decírnoslo.

─¡Yuri-san, eres la mejor! ─exclamó Tsubomi, conmovida hasta las lágrimas y arreglándoselas para saltarle encima y abrazar a su alta compañera.

Luego de eso todo fue un desastre.

El resto de las chicas, al ver el atrevido gesto de Tsubomi, le reclamaron por hacerlo sola y pronto hubo una montaña de colegialas encima de Yuri tratando de abrazarla; para molestia y pena de ésta última. Saki y sus amigas ahora sí se unieron al abrazo grupal mientras Hikari miraba la escena con una sonrisa nerviosa.

─¡Ven, Hikari-chan! ─le invitó Inori estirándole un brazo.

─Me encantaría, pero Yuri-san no se ve muy contenta al respecto ─murmuró, sonriente y señalando a la chica y su gesto poco complacido que crecía segundo a segundo.

Luego de una pequeña pelea donde Yuri hizo lo que pudo para quitárselas de encima, se despidieron y cada grupo regresó a su respectivo distrito usando medios convencionales de transporte. No había prisa alguna como para requerir el servicio de Syrup o el poder del Akarun de Setsuna. Hikari se limitó a caminar a paso lento para regresar a casa con Akane y Hikaru. Le preguntaría a su hermano sobre Honoka después de la cena, pero de momento era Nagisa la que le tenía con más preocupación.

Se sintió ligeramente culpable por esa predilección que sentía hacia Nagisa. No había visto a Honoka en varios días y ella no le preocupaba del todo, y eso le dolía, porque quería muchísimo a la chica. Sabía que era por su afinidad a la Luz y el hecho que ella ERA la Reina en cierta forma, tenía a Nagisa como prioridad por instinto; a SU guerrera, si tenía que ser más específica. Ese asunto de las energías siempre era muy complicado.

Suspiró y regresó a casa, donde Akane se limitó a preguntarle cómo le había ido en el paseo, que si aún tenía tarea pendiente entonces lo mejor sería hacerla pronto. También le pidió ayudar a Hikaru con sus deberes de verano y Hikari aprovechó para poder interrogar mejor al niño con respecto al estado de Honoka. Cabía mencionar que cuando Akane comentó que sería mejor ir a ver a Honoka una tarde de esas para pedirle ayuda, y que hacía varios días que no la veía, Hikari se limitó a asentir sin decir nada.

Antes de la hora de dormir, Hikari llamó a Hikaru a su dormitorio para interrogarlo sobre las condiciones en las que estaba Honoka.

─Ha estado haciendo más grande el reino ─contó Hikaru con naturalidad y soltura, sin abandonar su sonrisa─. Es más lindo y tiene árboles y ríos y montañas y muchos soldados como los de los cuentos ─enumeró, feliz de recordar que hacía poco Honoka y los sirvientes lo habían llevado de paseo a los altos picos construidos con oscuridad y llenos de nieve del color de la ceniza, incluso habían hecho un muñeco de un Zakenna.

No fue complicado para el avatar de la Reina saber que el "es más lindo" de Hikaru solo quería decir que el lugar debía ser mucho más tétrico y frío que antes. Por otro lado, se sintió mejor al saber que Honoka estaba haciendo un gran trabajo tratando de controlar su energía oscura. Esperaba volver a verla pronto, quería que regresara con ellas no solamente porque la echara de menos, no, también porque ver tristeza y dolor en la mirada de Nagisa la hacía sentir muy mal.

Mientras, en Kibougahana, Yuri se encontraba en el cuarto de Momoka quien, por cierto, dejaba sus risas escucharse por toda la casa luego de oír del incidente del abrazo grupal. Erika, Tsubomi e Itsuki se encontraban en el cuarto de la primera comiendo algunos postres y haciendo algunos diseños de ropa. Con el concierto de Urara, Momoka como presentadora y Love y su equipo bailando, Erika se había dado a la tarea de hacer trajes para todas. Según instrucciones, las bailarinas debían contar con tres cambios de ropa al igual que la cantante, Momoka solo tendría dos, lo que tenía a Erika bastante entretenida haciendo y revisando diseños. Tenían un par de semanas para terminar todo y pedirle a Momoka que presentara los modelos de ropa en espera de la aprobación de las agencias tanto de Urara como de ella.

─Hace un poco de calor ─dijo la anfitriona luego de detallar y sentirse satisfecha con un nuevo diseño para Urara, después se daría un tiempo para visitarla, mostrarle los diseños y rectificar medidas─. Iré por un poco de té helado, no tardo.

─Deja que te ayude ─se ofreció Tsubomi de inmediato, pero Erika negó con la cabeza.

─Mejor acaben eso, quizá no tenemos fecha de entrega límite, pero no quiero que nos atrapen las prisas, tendremos mucho que cortar y coser y aún faltan diseños ─alegó Erika con súbita seriedad. Cuando se trataba de diseñar se tomaba su trabajo muy en serio.

─De acuerdo ─respondió la chica con una sonrisa.

Tsubomi e Itsuki se quedaron a solas en el cuarto detallando algunos diseños para Love y las chicas. Erika pensaba encargarse de la ropa de su hermana y de Urara, pero era más que seguro que se diera tiempo de hacer al menos un diseño para las demás chicas. Entre más opciones, mejor, así podrían elegir entre varios. No había manera de competir con sus habilidades de diseño y últimamente se le veía muy entusiasmada llamando a Mai a diario para consultar colores y nuevas combinaciones. La artista quedó de ir a visitarlas luego de sus actividades de verano del Club de Arte para ayudar a dar colores a los diseños que lo requirieran, y mientras ella y Erika trabajaban, Tsubomi e Itsuki, y muy probablemente Yuri y Momoka, se entretendrían platicando con Saki, Michiru y Kaoru.

─Qué envidia que desde aquí se pueda ver tu cuarto ─comentó Itsuki luego de abrir el balcón para dar la bienvenida al fresco de la tarde.

─Itsuki, no digas esas cosas ─murmuró Tsubomi, enrojeciendo ligeramente y cubriéndose media cara con la libreta de dibujo.

─¡Veo tu cama desde aquí!

─¡Itsuki!

La aludida comenzó a reír, divertida, al ver a su pareja ruborizarse mucho más. Aun le sorprendía que se sonrojara tanto, pensó que se le pasaría su timidez luego de tomar muchísimo valor para declarársele. Pero no fue así. También pensó que luego de varias citas y besos dejaría de ruborizarse tanto a los coqueteos, pero seguía igual o peor que antes. Ese era uno de los encantos de Tsubomi y una de las tantas razones por las que Itsuki se enamoró de ella.

La abrazó por los hombros y le dio un beso en la mejilla, buscando calmarla un poco.

─No bromees así ─reprochó Tsubomi, pero sin negarse al beso ni al abrazo.

─Lo siento ─murmuró Itsuki, dándole un par de besos más.

Los suaves y cálidos labios de la alta chica pronto hicieron efecto y relajaron a su compañera, haciéndola entrar ligeramente en calor, señal de ello fue que movió su rostro para buscar un beso en los labios. Itsuki no se negó a la invitación y besó a su novia, contenta de tener algo de intimidad con ella.

El gesto duró un par de minutos porque una molesta Erika aclaró su garganta desde la puerta del cuarto. En sus manos llevaba la bandeja con té y bocadillos, en la cara tenía un gesto muy poco alegre. La pareja se separó y Tsubomi le inmediato le ayudó a servir el té.

Lo que no sabían, era que Erika llevaba un poco más de tiempo ahí, llegó justo cuando ya se estaban besando y fue incapaz de entrar al cuarto al verlas cariñosas. Interrumpirlas no era algo que le naciera hacer.

─No las puedo dejar solas uno momento porque comienzan con sus cosas ─murmuró Erika dándole un enorme trago a su té en clara señal de molestia.

─Lo sentimos, Erika ─se disculpó una apenada Tsubomi de inmediato.

─Al menos no lo hagan en mi cuarto ─agregó, comiendo un pastelillo de un solo bocado.

─De verdad lo sentimos, no volverá a pasar ─dijo enseguida Itsuki, ahora sí apenada.

Erika se las arregló para cambiar el tema y que todas lograran enfocarse en los diseños de ropa, luego de eso se entretuvo platicando con Mai de cualquier cosa y monopolizando la plática con la dibujante por el comunicador. Pronto, el anochecer dio la señal para que Itsuki regresara a su casa. Yuri se quedaría esa noche ahí y para nadie era secreto que ella y Momoka eran una pareja, pero se preocupaban por no mencionar nada para evitar la molestia de Yuri, que desde siempre ha sido una persona discreta y reservada.

Erika y Tsubomi se quedaron en el cuarto trabajando un poco más. Para Tsubomi el anterior incidente se olvidó de inmediato, mientras que Erika aún estaba un tanto molesta al respecto. Si tenía que ser sincera, le dolía. El pecho se le quebraba debido a toda esa situación: Tsubomi estaba con Itsuki, su hermana estaba con Yuri… Y ella estaba sola. Se sentía sola.

De no ser por todo el incidente provocado por Nagisa y Honoka, Erika ya habría explotado. Conocer a las demás chicas, pelear a su lado, hacerse amiga de ellas y llevarse muy bien con varias había sido una gran suerte. Pero estaba llegando a su límite. La guerrera cuyo grito de batalla era que su "corazón tan grande como el mar había llegado a su límite", nunca pensó que llegaría a sentirse TAN al límite; a punto de desbordarse. Ya no podía más, le dolía el corazón de ver tanto amor a su alrededor y ser solo una espectadora, por su hermana estaba feliz, Yuri era de su liga y no podía decir nada malo sobre esa relación, pero lo que más le dolía era ver a Tsubomi en brazos de Itsuki. A SU Tsubomi en brazos de Itsuki.

─¡Ya está el otro cambio que ideé para Inori-san! ─anunció Tsubomi con una sonrisa complacida, giró la libreta para mostrarle el boceto a Erika, pero ésta no le puso atención─. ¿Erika?

Sin respuesta.

─¿Erika, qué pasa? ─preguntó, preocupada y tomándole un hombro. Al no recibir de nueva cuenta respuesta los primeros tres segundos, la tomó por ambos hombros y la encaró como mejor pudo… Muy de cerca, por cierto.

Tener cara a cara a Tsubomi hizo saltar a Erika de su lugar, demasiado roja por culpa de sus pensamientos, demasiado nerviosa por culpa de esos ojos frente a los suyos. Solo hizo una mueca graciosa con la boca y miró a un lado, tratando de evitar esa mirada a toda costa.

─No hagas eso, Tsubomi, me asustaste ─reclamó la chica con voz pequeña.

─¿Yo? Fuiste tú quien me asustó. ¿Qué pasa, Erika? Sabes que puedes confiarme lo que quieras ─sonrió la joven florista, aunque claramente su gesto denotaba preocupación.

Luego de un largo suspiro, Erika le pudo sonreír.

─No es nada importante… Solo me preocupa lo mismo que a todas las demás ─dijo al fin, tomando una de las manos sobre sus hombros.

─Todo saldrá bien si estamos con ellas y permanecemos juntas ─dijo con animado gesto─, como siempre lo hacemos. Estoy segura que todo saldrá bien.

─¡Si tú tienes esa confianza, yo también! ─exclamó Erika, quizá no muy contenta por su pequeña mentira, pero sentía que no valía la pena hacer más drama del asunto.

─Así me gusta ─sonrió Tsubomi y de nueva cuenta le mostró lo que había diseñado─. ¿Ya me vas a decir qué te parece el diseño para Inori-san?

Erika tomó la libreta en sus manos e hizo un gesto completamente serio e indescifrable mientras analizaba cada detalle y color del diseño de Tsubomi. Frunció el ceño. Miró más de cerca. Tomó aire. Todos esos gestos hicieron que Tsubomi tragara saliva. Con el mismo gesto serio y raro Erika le miró. Silencio.

─¡Es fantástico! ─exclamó con el entusiasmo de costumbre─. ¡Hiciste un gran trabajo, Tsubomi, bien hecho! ¡A Inori le va a encantar! Consideraste muy bien su altura y complexión, puedo notarlo.

─Aprendí de la mejor ─le guiñó el ojo.

Ese gesto hizo sonrojar ligeramente a la diseñadora y la obligó a mirar a un lado un segundo para recuperar el piso.

─¡Anda, terminemos un par más y a dormir! ─gritó Erika con suma emoción─. ¡Será el mejor concierto de todos!

─¡Sí!

Al mismo tiempo, en Clover Town, el cuarteto platicaba con bastante normalidad en la habitación de Love. Hacían algunos deberes de verano para evitarse las prisas de última hora, además de que las cuatro iban a ocuparse mucho en los ensayos del concierto, lo mejor era tener todo terminado.

La madre de Love tocó la puerta del cuarto y le pidió a Setsuna que la acompañara a comprar unas cosas para la cena. Sin perder tiempo, la chica se disculpó con sus amigas y acompañó a su madre adoptiva con singular contento en el rostro. No era raro que Ayumi monopolizara todo el tiempo posible a Setsuna estando todos juntos en casa, la echó tanto de menos.

─Se le ve muy contenta viviendo de nuevo contigo y tu familia ─comentó Bukki con una inmensa sonrisa de contento.

─Les juro que mamá no pudo hablar cuando la vio ─recordó Love con un gesto perdido de felicidad─. En la escuela también la extrañaban.

─¿Y tú más, verdad? ─preguntó Miki con tono juguetón, provocando una tonta sonrisa en el rostro de Love mientras se llevaba una mano a la nuca.

El par de visitas compartieron una mirada cómplice y pronto rodearon, cada una por un lado, a Love. Ésta quedó un poco confundida cuandos sus amigas de la infancia le tomaron por los brazos, como para evitar que escapase.

─¿Y bien? ─inició Miki con un gesto travieso.

─¿Y bien… Qué? ─preguntó una nerviosa Love.

─Nos debes una detallada explicación de cómo es eso de que besaste y abrazaste a Setsuna ─completó Inori, recargando su cabeza en el hombro de Love, mientras Miki cerraba el contacto pegando su cuerpo a la chica. La trampa perfecta y ésta vez nada impediría que supieran todo.

Love se sonrojó profundamente y comenzó a reír con nerviosismo. No le preocupaba contar eso a sus dos mejores amigas, de hecho se había prometido a sí misma contárselos, pero la emoción de tener nuevamente a Setsuna y todo el escándalo que eso provocó, y agregando el incidente con Black y White, no le había dejado mucho tiempo para estar con las chicas como en ese momento. Soltó un enorme suspiro y miró el techo, su sonrisa se hizo más grande y amplia mientras recordaba los hechos tan claramente como si hubieran sido ayer.

Miki y Bukki estaban listas para escuchar la historia antes de que Setsuna regresara.

Era de noche en casa de los Momozono y la unida familia de tres cenaba entre comentarios de los sucesos del día y algunas bromas y planes para el fin de semana. Con la cercanía de las vacaciones de verano, los padres de Love morían por salir de viaje como en sus tiempos mozos y disfrutar algo de tiempo privado, mientras que Love estaba encantada con la idea de estar con sus amigas y apoyar a Miki con los trabajos de modelaje que tenía en espera.

Apenas estaban terminando su cena cuando tocaron la puerta de su hogar. Y era raro que alguien fuera a verlos a esa hora, de ser alguna amistad les habrían llamado antes, pero no era el caso. Love se adelantó atender a la visita, atendiendo al consejo de su padre de revisar primero quién era antes de abrir la puerta.

En cuanto vio de quién se trataba casi se iba de espaldas, no podía creerlo. Abrió de inmediato y no pudo contener un grito de alegría que hizo saltar a sus padres en el comedor.

─¡Setsuna! ─fue lo primero que pudo decir la chica apenas fue capaz de articular palabras coherentes. Y eso claro que lo escucharon sus padres─. ¡Qué alegría verte! ─continuó, abrazándola sin esperar un segundo más, Setsuna respondió el abrazo con singular alegría y solo sintió a Love llorar en su hombro.

─No llores ─le dijo en voz baja mientras le daba ligeras caricias en su espalda. Pero no que ella resistiera mucho y también soltara una o dos lágrimas de genuina alegría.

Cuando los padres de Love vieron la escena tampoco resistieron abrazar también a la chica y quedarse así por un rato, al menos hasta que alguien pudo decir algo.

─Bienvenida de nuevo, Secchan – dijo la madre de Love, dándole un cariño a la que se convirtiera en su segunda hija.

─Gracias. Ya estoy en casa ─sonrió Setsuna, sintiendo una enorme felicidad en su pecho al volver a tener a su alrededor ese abrazo familiar y cálido. No que la estuviera pasando mal en Laberinto, pero Love y sus padres le habían mostrado lo que era una verdadera familia y el calor del hogar.

Tardaron un poco en volver al comedor y ofrecerle algo de cenar a la chica.

─¿Vienes de visita? ¿Todo está bien allá? ─fueron las preguntas de Love, que había notado la maleta que traía Setsuna consigo, pero no era una gran pista para adivinar cuánto tiempo se quedaría con ellos.

─Tu habitación sigue como la dejaste, solo tenemos que sacar ropa de cama y sacudir un poco ─sonrió Ayumi, sonriente en todo momento. No estaba de más mencionar que limpiaba seguido la habitación de su segunda hija.

─Yo ─Setsuna sonrió y miró a toda la familia, SU familia─. Si ustedes aun me aceptan, vine a quedarme. Todo en Laberinto estará bien, quiero volver a estar con ustedes, los extrañé mucho.

Aquellas palabras hicieron estallar a los Momozono de felicidad y volvieron a echarse encima de la chica entre cómicas lágrimas, risas y apretados abrazos… Suficientes para casi asfixiar de amor a la joven.

Los siguientes días Setsuna se puso al tanto de todo. Volvió a tramitar su registro a la escuela, donde igualmente fue bien recibida por todos los que la conocían de antes, y como la alumna ejemplar que era, no le tomó más que un par de días en ponerse al corriente en las clases. Miki e Inori también le dieron una gran bienvenida a Setsuna y organizaron lo que Kaoru-chan llamó "Fiesta de Donas de Bienvenida con Felicidad Extra", o algo así. La pasaron bien, cabría decirlo.

Y conforme los días pasaban y Setsuna retomaba el ritmo de la vida que aprendió a amar, Love sentía una enorme necesidad de sacar un sentimiento de su pecho que había nacido en su corazón desde hacía un tiempo, mucho antes de que Setsuna regresara, poco después de que ella se fuera, de hecho. Le tomó unos días saber de qué sentimiento se trataba, y solo fue consciente de éste gracias a una declaración que se quedó en pausa. Daisuke la había citado en el campo de beisbol luego de su entrenamiento de la tarde. Love se quedó viendo todo el entrenamiento del club mientras mandaba mensajes a las chicas por su móvil como de costumbre y animaba a su amigo a grandes voces.

Al terminar el entrenamiento Daisuke fue a su encuentro y se sentó a su lado. La plática fue de lo casual a una discusión, como siempre sucedía, pero llegó un momento en que el chico se quedó mudo y solo le gritaba a Love que le diera un momento para organizar sus ideas. Y luego de una eterna batalla consigo mismo, donde incluso se regañó a sí mismo por poder decir sus sentimientos ante Cure Peach pero no ante Love; Daisuke declaró de nuevo su cariño por Love y expresó su deseo de salir con ella. Ahora sí estaba listo para escuchar su respuesta.

Aquella declaración tomó por sorpresa a Love a pesar de ya saber los sentimientos de su mejor amigo, el "me gustas" de Daisuke disparó algo en su mente y su corazón. Y al imaginarse caminando con alguien de la mano, al pensar en esa persona con la que le gustaría compartir más y más… Al pensar en la persona con la que le gustaría compartir su primer beso, solo le vino una imagen a la mente. Cuando Daisuke se inclinó hacia ella para tratar de darle un beso y completar debidamente su declaración y sus demostración de sentimientos, Love solo pudo decir una palabra: Setsuna.

Love no pudo olvidar el gesto de dolor que puso Daisuke a pesar de que sonreía como siempre solía hacerlo. El chico solo rió un poco tratando de sopesar el rechazo y se recargó en el hombro de Love, incapaz de moverse por eternos minutos. Love logró decir un "lo siento", Daisuke se tragó muchas de las palabras que pasaban por su mente en ese momento. El beisbolista solo mencionó algo sobre verse por la mañana, que terminara la tarea, y luego se fue al salón del club a cambiarse la ropa. Love volvió a casa y al día siguiente le contó a las chicas lo sucedido, lo único que omitió en la historia fue haber dicho el nombre de Setsuna, en cambio dijo que se había negado con un simple "lo siento", pero no entró en demasiados detalles. Sus amigas respetaron eso y lo seguía agradeciendo hasta la fecha.

Con Setsuna de regreso, Love estaba más nerviosa que de costumbre, hasta que una buena noche, la noche antes de acompañar a Miki a recibir a Kurumi Momoka, ya no pudo resistirlo.

Mientras terminaban juntas la tarea del día en el cuarto de Love, Setsuna la notó más distraída que de costumbre. Love no era tonta, ella sabía hacer bien sus deberes, pero esa noche en especial estaba particularmente torpe y ya había echado a perder varias hojas de un reporte que debían entregar al día siguiente.

─¿Qué pasa, Love? ─preguntó una consternada Setsuna─. ¿Te sientes bien?

─Estoy bien, estoy bien, lo siento, ando distraída ─rió la chica con nerviosismo, sintiendo sus mejillas arder.

─¿No tendrás fiebre? ─continuó Setsuna, tocando la frente y luego una mejilla de Love, haciéndola enrojecer aún más y logrando que ésta se despegara de golpe del contacto.

─¡No, que no tengo nada, tranquila! ─exclamó Love con un tono bastante exagerado.

─¡No es cierto, estás ardiendo! ─insistió Setsuna, tomando aquella temperatura alta en el rostro de Love como la clara señal de una seria fiebre─. ¡Llamaré a mamá para que te demos algo de medicamento…!

─¡No, espera!

Setsuna estaba por salir corriendo por su madre, pero Love la retuvo por la ropa y la jaló para evitar que diera un paso más hacia la puerta. La jaló con tanta fuerza que Setsuna quedó encima de ella… Ambas en el suelo. Al abrir los ojos y recuperarse del golpe, Love quedó de frente a los ojos de Setsuna y se quedó viéndolos como si nada más existiera a su alrededor. Esos ojos profundos pero siempre gentiles, esos ojos que habían pasado por tantas cosas tristes pero que a su vez destilaban una enorme inocencia. No podía dejar de verlos.

─¿Love?

Finalmente la chica logró sonreír, rodeó la cintura de Setsuna con sus brazos y todo el temor y el nerviosismo se fueron con un suspiro.

─Te quiero, Setsuna ─dijo con un tono suave, antes de tomar a la chica por la nuca y atraerla hacia ella, dándole un suave beso en los labios.

La historia dejó a Miki y a Inori sin habla por algunos segundos. Love tenía una sonrisa inmensa de solo recordar lo sucedido. No había necesidad de decir que Setsuna había aceptado de buena gana los sentimientos de Love, no cuando era más que obvio.

─Ahora sí ya puedo decirte un "felicidades" completo─. dijo Miki con divertido tono, dándole un cariño a Love en el cabello.

─¡Me alegro mucho por ti! ─exclamó Inori, dándole un apretado abrazo a Love.

─Gracias, chicas ─sonrió Love, algo sonrojada, tan contenta que su sonrisa delataba toda la felicidad que sentía dentro.

En ese momento se abrió la puerta, Setsuna entró con un dulce en la boca y una bolsa de papel en las manos, presumiblemente con más dulces para todas.

─¿Me perdí de algo? ─preguntó la recién llegada, notando de inmediato el gesto conmovido de las tres y esa enceguecedora sonrisa que Love blandía en su boca.

─Nada, solo platicábamos un poco ─respondió Love, liberándose del nudo de los brazos de sus amigas y yendo directo a abrazar a Setsuna─. Te extrañé ─le dio un pequeño beso de bienvenida en los labios, antes de dejar que continuara la noche.

Mientras Love y su equipo pasaban una gran noche en casa de los Momozono, en Minor Land, Seiren y sus acompañantes seguían algo consternados por el encuentro con esas dos extrañas guerreras, Cure Black y Cure White.

Habían hecho saber al Rey Mephisto sobre lo sucedido, pero éste les dijo que no se preocuparan por eso sin dar mayores explicaciones a sus confundidos subordinados. Solo habían ido a meterse al territorio de otras guerreras, eso era todo, sabía que ellas solo estaban defendiendo la zona y obviamente eran más experimentadas que sus enemigas actuales. Estaba contra las reglas que otras guerreras legendarias se metieran en misiones que no les correspondían, esas eran Las Reglas.

Pero ni la gata ni el trío Menor eran capaces de olvidar ese shock de energía oscura con la que la Cure de blanco los atacó.

Habían pasado ya varios días y aun no podían sacudirse la pesada sensación de esa energía en sus cuerpos. Era una molesta resonancia que no los había dejado dormir siquiera. No habían cazado Notas más que un par de veces durante ese tiempo, sin éxito y siendo derrotados con demasiada facilidad, tanto que Melody y Rhythm incluso lo habían notado. El despreocupado Rey Mephisto finalmente les puso atención y los mandó a llamar.

─¿Y bien, qué pretexto tienen ahora para sus fallas? ─les preguntó a los cuatro apenas los tuvo arrodillados ante el trono, tenía una paleta en la boca y ese gesto perezoso tan suyo en la cara.

El trío se miró entre sí, sus labios temblando mientras buscaban las palabras adecuadas para expresar el miedo que sentían por dentro. La que se animó a hablar fue Seiren.

─Mephisto-sama ─murmuró Seiren luego de tragar saliva un par de veces─, esas extrañas Pretty Cures, Black y White… Desde la pelea no podemos sacudirnos un extraño miedo que tenemos dentro ─y a esas palabras el trío asintió varias veces.

─Solo eran guerreras protegiendo la zona, no se meterán con ustedes de nuevo si es lo que les preocupa, solo…

─N-no es eso, Mephisto-sama ─se atrevió a interrumpir la gata negra, aun a costa de ganarse una expresión de molestia de parte de su amo y señor.

─¿Uh? ─el rey pareció curioso al fin y un poco más atento a las palabras de sus subordinados─. ¿De qué hablas?

─La Cure de blanco, White, usó una energía oscura, demasiado oscura y pura, aun podemos sentirlo dentro y…

─Seiren, ven aquí ─ordenó el soberano, señalando sus rodillas.

La minina obedeció la orden y se posó en las piernas del soberano de dos largos saltos. Sintió la mano del rey en su lomo pero eso no era una caricia, fue un firme toque acompañado del serio gesto en el rostro de Mephisto. Se quedó analizando lo que percibía en la gata por unos diez segundos al menos. Seiren se quedó perfectamente quieta, el trío tenía su atención puesta en lo que hacía el Rey.

Mephisto frunció el ceño al percibir mejor la naturaleza de esa energía que había invadido a sus leales sirvientes. Esa no era la energía base de una Pretty Cure, no. Tenía que deshacerse de esa energía en ellos o no podrían estar en paz, y eso no le convenía cuando ellos eran los que se encargaban del trabajo de cazar las notas. ¿Pero cómo deshacerse de esa energía tan pura? Concentró su poder sobre el lomo de Seiren y su oscura energía entró en contacto con la invasora, que ciertamente era más fuerte, demasiado fuerte. Se concentró un poco más, pero…

─No le recomiendo hacer eso ─sonó una amable voz a escasos metros del trono.

El trío palideció y Seiren escapó de las piernas del rey apenas reconocieron a la persona no invitada. Era la Cure de blanco, aunque ahora vestía totalmente de negro y parecía fundirse a ratos con las sombras alrededor.

─¿Quién eres y quién te crees para invadir mi palacio? ─preguntó Mephisto con furia, levantándose del trono.

─Solo estoy aquí para reparar el daño que hice con sus subordinados. No me está permitido intervenir más en lo que ustedes o las Pretty Cure que enfrentan tienen por misión ─explicó Honoka con suma calma y el rostro ligeramente bajo en señal de respeto─. Ambas partes son necesarias para mantener el equilibrio.

─¡Pregunté quién eres, intrusa! ─repitió el rey con el mismo enojo, pero por alguna razón no se atrevía a levantar un solo dedo contra ella.

Honoka solo sonrió y extendió una palma abierta hacia el trío y la asustada gata. Un pequeño vapor oscuro salió del cuerpo de los cuatro y regresó a la mano de la chica. La calma volvió al cuarteto, pero no dejaban de mirar con miedo a la extraña guerrera. El Rey mantenía los puños apretados. La operación duró unos cuantos segundos solamente y la guerrera volvió a su posición relajada.

─Me disculpo por la intromisión, Su Majestad. Olviden que me vieron, sigan con lo que deban hacer y solo cuiden dónde van a atacar ─fueron las indicaciones de la guerrera de la oscuridad.

─¡Deja de hablarme como si tuviera que obedecerte! ─gruñó el rey con los puños apretados con furia, dio un par de pasos más hacia la indeseable visita.

─Oh, no, no son órdenes mías, son órdenes de ─sonrió─… Él.

El tono confidente, la energía que la acompañaba, esa armadura de negro cristal. Sudó un poco al darse cuenta de con quién estaba tratando. No dijo más y la guerrera tampoco agregó nada. Haciendo una ligera y educada reverencia a manera de despedida, Honoka se retiró de ahí usando las sombras y dejando a un tenso rey.

─Solo olviden todo esto y sigan con su trabajo ─dijo Mephisto con repentina calma mientras se sentaba de nuevo en el otro y comía su paleta. Si eran órdenes superiores entonces no había más motivos para preocuparse sobre esa guerrera.

─¡A la orden, Mephisto-sama! ─fue la automática respuesta de los subordinados, ya con la calma y los bríos recuperados.

Exactamente como si nada hubiese pasado.

Algunas noches después de esa pequeña misión de reconocimiento, pero en su propio distrito y justo por donde había entrado al Mundo de la Oscuridad, Honoka Yukishiro regresó al Jardín de los Arcoíris. La luna brillaba de manera hermosa, el cielo estaba despejado y las estrellas podían contemplarse sin problemas. Una noche muy hermosa y digna del verano en definitiva. Pero para la Guerrera de la Oscuridad incluso la luna tenía una luz ligeramente molesta, y no quería ni pensar lo que sucedería cuando encarara de nuevo al sol al día siguiente.

Suspiró y regresó a casa a paso lento.

Había aprendido muchas cosas en el Reino de la Oscuridad: a viajar usando las sombras, a darle forma y materia a la Oscuridad, a condensarla y usarla para atacar con sus manos, a invocar Zakennas apropiadamente y a drenar la oscuridad interna y externa de lugares para enviarla al Reino de la Oscuridad. Se había tomado muy en serio su preparación para poder contener su poder y controlarlo, y aunque aún sentía el cuerpo pesado por la oscuridad, ya era capaz de contenerla lo suficiente como para no causar un desequilibrio en el Jardín de los Arcoíris. La preocupación que aún tenía encima era el hecho de que su cuerpo humano apenas era suficiente para ese poder, pero estaba segura que esforzándose y concentrándose podría sopesarlo mejor.

Acortó camino usando las sombras y no tardó demasiado en ver su casa. Lo primero que pensó fue en llamar a Nagisa apenas platicara con su abuela explicando su larga ausencia, pero confiaba en que todo saldría bien. Aunque muriera por volver a verla y tenerla de frente, sabía que debía andar con mucho cuidado en ese aspecto. No sabía si su preparación había sido suficiente, o si Nagisa se había tomado su tiempo también para controlar su poder.

Entró a su casa y lo primero que escuchó fueron los alegres ladridos de Chuutaro, mismos que éste transformó en gruñidos apenas encaró a su dueña más joven. El pelaje del perro se erizó de forma feroz, tomó una posición de guardia y gruñó y ladró agresivamente a la estudiante. Honoka sonrió con tristeza, se quedó quieta y estiró su mano lentamente hacia el perro, esperando que su aroma fuera suficiente para tranquilizarlo. Igualmente trató de contener más poder para que el choque energético no tensara más a su mascota.

Pasó poco más de un minuto. La chica sonrió al ver que su perro al fin se relajaba, movía la cola y le lamía la mano con el contento de costumbre. Se tomó un momento para agacharse y abrazarlo, en respuesta, Chuutaro le lamió la cara y gimoteó, como dando a entender lo mucho que la había extrañado.

─Bienvenida a casa, Honoka ─sonó la amable voz de Sanae desde la entrada.

─Abuela ─murmuró la chica al punto del llanto, se despegó de su perro y corrió a los brazos de la mujer, ya sin poder contenerse.

─Ya todo está bien ─susurró la abuela, acariciando el cabello de su nieta─. Estás en casa y podrás descansar como es debido. Ve a lavarte y vamos a cenar, debes estar hambrienta.

Honoka no pudo responder nada por un par de minutos más debido a su callado llanto. En cuanto logró calmarse, despegó su cara ligeramente del pecho de su abuela para secarse el rostro con las manos. Pudo reír un poco y asintió mientras la mujer le soltaba.

─Sí, la verdad es que muero de hambre ─respondió la chica con una sonrisa y los ojos aun húmedos. No se atrevía a levantar la mirada, sentía los ojos hinchados.

─Bien, bien, iré a servir la mesa, ve a lavarte, anda.

Sanae la soltó y fue al comedor, Honoka tomó un gran respiro antes de ir a lavarse. Pensaba llamar a Nagisa después de cenar. Si bien era cierto que ya tenía más en control su poder, su cuerpo seguía pidiendo una cantidad anormal de comida. Y si ella estaba comiendo demasiado, apostaba que Nagisa debía estar consumiendo cantidades industriales de alimento.

Fue a su cuarto un momento y no tardó en percibir el leve destello de luz que venía de su escritorio. Era el bloc de notas, su diario, lo que quería decir que Nagisa había escrito algo para ella. Un súbito impulso la hizo tomar la libreta, pero en cuanto la tuvo entre sus dedos, su energía y la energía del bloc hicieron una especie de corto circuito, obligándola a soltar el objeto. Sus dedos quedaron ligeramente heridos y la libreta estuvo a punto de quemarse, de haberla sostenido más tiempo ésta se habría carbonizado en cuestión de segundos.

Eso la asustó y la hizo sentir muy mal.

─No podré acercarme a ti entonces, ¿verdad? ─murmuró en voz baja, sintiendo que estaba a punto de llorar otra vez.

Logró controlarse, regresó al baño de nuevo a mojarse la cara y fue a cenar. Su abuela no le interrogó de más, no mencionó otra cosa más que a Nagisa, comentándole que ella estaba bien y que había regresado a su casa en cuanto se recuperó. Honoka se sintió feliz por ello.

Tal vez llamarle por teléfono no era tan buena idea. Eso solo alborotaría a Nagisa y seguramente trataría de verla. Luego de lo sucedido con su tacto y el bloc de notas hecho de Luz, estaba segura que cualquier acercamiento con Nagisa sería potencialmente peligroso para ambas. No iba a tentar su suerte ni arriesgar a los demás. Y mientras pensaba en todo eso, sonó el teléfono de su casa. Sanae contestó y sucedió justo lo que Honoka no quería. Era Nagisa la que llamaba.

─Al menos deja que escuche tu voz, Honoka, sé que tú también quieres hablar con ella ─aconsejó la abuela luego de avisarle de la llamada.

Se rindió a su deseo de poder contactarse con ella y fue al pasillo y tomó el teléfono quizá con demasiada fuerza, se dio cuenta al escuchar que el auricular crujió un poco. Luego de un largo respiro, se relajó y al fin habló.

─Nagisa ─dijo sin poder contener la emoción en voz.

─Honoka… Honoka, eres tú, sabía que eras tú, pude sentirte… Has vuelto, ¡qué alegría! ─sonó el tono quebrado de Nagisa, su familia no estaba cerca, no debía contener ninguna de sus reacciones─. Te he echado mucho de menos. ¿Estás bien, verdad?

─Yo estoy bien, ¿y tú? ─logró decir sin evitar una sonrisa llena de felicidad.

─Muy bien, pero asustando a todo mundo con mi apetito ─dijo entre risas.

─Me lo imagino, estamos igual, mi abuela me sirvió como tres raciones para la cena.

─Mamá quiere ponerme a dieta, ja…

Silencio. Honoka sabía lo que Nagisa iba a decirle a continuación, ambas sentían el mismo deseo y tarde o temprano éste iba a aflorar.

─Quiero verte ─murmuró la Guerrera de la Luz─. Honoka, quiero verte…

No fue difícil para la chica saber que Nagisa estaba llorando. Honoka igualmente lloró.

─Yo también, Nagisa, quiero verte ─respondió con un tono bajo y ahogado, apenas perceptible para su compañera─. Quiero verte, quiero tomar tus manos ─apretó su mano libre alrededor del cable del auricular─. Pero no podemos… Es peligroso.

─¡No es cierto, si nos esforzamos podremos tomarnos de la mano otra vez, lo sé! ─exclamó, desesperada.

─Lo siento, no podemos, Nagisa. No todavía ─explicó, tratando de que su voz sonara fuerte y clara antes de quebrarse y levantar la voz─. ¡Ni siquiera pude leer lo que escribiste en el bloc, en cuanto lo toqué casi se hizo cenizas! Y si eso pasó con el bloc, entonces…

Silencio de nuevo. Las dos lloraban y no necesitaban verse para saberlo.

─Aguantemos un poco más, ¿sí? ─dijo Honoka con tono dulce─. Solo un poco más hasta que podamos contener más poder. ¿Lo recuerdas? En aquel entonces nos tomó mucho tiempo acostumbrarnos la una a la otra. Nuestra primera vida fue algo turbulenta.

─Lo recuerdo…

─Estaremos bien, aún tenemos que hacer los deberes de Verano, no hemos hecho gran cosa y nos falta más de la mitad ─rió.

─¡Ni se te ocurra mencionar los deberes, he estado muy contenta sin pensar en ellos! ─reclamó Nagisa, siguiendo el juego.

─¿Y si te invito algo de chocolate y donas de Clover Town como premio? Si terminas todo, claro.

─¿Una orden de donas de chocolate con felicidad extra?

─Todas las que quieras.

─Hecho.

Silencio nuevamente. Sonreían por debajo de sus calladas lágrimas. Ambas se las arreglaron para terminar la llamada y se despidieron, no sin antes susurrarse un "te amo" salido desde lo más profundo de su corazón.

Tiempo, todo lo que necesitaban era más tiempo. Pero era más fácil decirlo que esperar.

Continuará…