Disfruten este capítulo que con tanto amor escribí para ustedes.
Capítulo 18. El otro Riddle
Unos brazos fuertes y musculosos se aferraban de su cintura impidiéndole levantarse de la cama. Intentó hacerlo despertar, pero no tuvo éxito y era apenas obvio, solo habían dormido dos o tres horas, el esfuerzo físico había sido bastante. Al recordar su noche estaba segura que se había sonrojado violentamente, gracias al cielo que Theo aún permanecía dormido, sino le hubiese dado más vergüenza que la viera así de apenada. El castaño pareció removerse entre las sabanas, contrario a lo que Luna pensaba que podría librarse de su agarre, él la atrajo más a su cuerpo y empezó a besarla en el hombro descubierto.
- Theo – Susurró acariciando el cabello castaño de él – Debemos levantarnos ya…
- No – Dijo él con voz perezosa aferrándose a su cintura. Se tomó unos minutos para contemplar al hombre recostado a su lado, sus ojos cerrados y esa expresión en su rostro de serenidad, le hicieron darse cuenta de cuan afortunada era por tener en su vida a una persona que la amara tanto como Theodore lo hacía con ella. Acarició suavemente su barbilla notando el estremecimiento de su cuerpo cuando ella lo tocaba. Mientras lo seguía mirando, su mente se preguntaba una y otra vez ¿cómo iba a hacer para separarse de él? Aquello le resultaba inconcebible, todo de él estaba hecho para volverla una tonta. Si mantenía oculta su relación Voldemort no tendría manera de saberlo, solo debía cuidarse más y evitar ser vistos juntos. Con ese pensamiento rondando su mente se levantó sin cuidado alguno y se subió en el cuerpo de Theo intentando despertarlo, el castaño sonrió divertido abriendo sus ojos.
- Hola guapo, que lindos ojos tienes – Le susurró con voz seductora Luna. Nott subió sus manos, que descansaban en la cama, desde el trasero de la chica hasta su espalda. - ¡Oye! – río dándole un golpecito en el pecho – No toques la mercancía.
- ¿Segura? – Contestó con voz ronca. Cuando Luna se disponía a contestar Blaise irrumpió salvajemente en la habitación abriendo la puerta de par en par.
- ¡Puta madre! – Gritó Blaise al verlos en una posición tan comprometedora y cubiertos apenas por las sabanas.
- ¡¿Qué te pasa idiota?! – Le dijo Theodore tapando a Luna y lanzándole una almohada a Blaise que impacto directamente en su cara. - ¿Por qué no llamas antes de entrar?
- ¿Por qué mierda no colocan seguro a la puerta? – Replicó enojado.
- Pues cierra la puerta ¡tonto! – Blaise se fue dando un sonoro portazo a la par de murmuraba cosas ininteligibles por todo el camino.
Luna y Theo no tardaron bajar a desayunar a los pocos minutos de su encuentro inesperado con Blaise, el trigueño los miraba desde su lugar en la mesa con una enorme sonrisa de picardía. Draco bajó la escalera con una adormilada Donna en sus brazos, la niña se había vuelto más apegada a él que de costumbre y aunque aquello no le desagradaba en absoluto, él quería que su pequeña fuera más independiente y valiente para afrontar las cosas que se le pudieran presentar.
- ¿Quieres dejar de hacer eso? – Dijo con exasperación Ginny mirando el rostro radiante de Blaise. El trigueño negó varias veces con la cabeza, a su lado Pansy le reprochó con la mirada el comportamiento infantil que estaba demostrando ante todos.
- Pareces un niño al que le compraron un juguete nuevo – Exclamó Pansy algo molesta por la actitud tonta de Zabinni, el trigueño sonrío ampliamente, como si aquello fuese posible, y abrió la boca para hablar, pero fue silenciado por Theodore, quien le introdujo sin cuidado un pan en la boca.
- Estás algo bajo de peso Honey - Blaise tosió un par de veces antes de mirar al castaño con los ojos entrecerrados.
- Sucio canalla – Susurró Blaise en dirección a Theo, quien sonrío con diversión, a su lado Luna había pasado por todos los colores posibles, desde el blanco papel hasta el rojo tomate.
- ¿Te sientes bien? – Le preguntó Astoria a la rubia al verla ponerse tan roja como el cabello de Ginny o Ron.
- Si… - Contestó Luna con una pequeña sonrisa en su rostro
Después de aquel desayuno la mañana había transcurrido con normalidad, excepto por aquella pequeña discusión graciosa que habían mantenido Theo y Blaise, en donde el ojimiel le exigía a Theo su arma favorita, petición a la que el castaño se había opuesto rotundamente, se presentó un ligero intercambio de palabras en donde después de un par de forcejeos Nott había salido a buscar su arma y se la había entregado con renuencia a Blaise, que sonreía orgulloso de su logro.
Luna había permanecido más tranquila desde que sus amigos estaban con ella, había olvidado la amenaza de Voldemort y todo lo vivido en aquel horroroso laboratorio al que no quería regresar. Estaba segura que el dueño de la corporación Arklay no podía estar en todos lados, quizá en aquel momento estaba enojado buscándola por todas partes, pero difícilmente iban a dar con su paradero. Contenta decidió que quería pasar el día en el campo junto a Harry, Jacob, Ginny y Pansy, quienes habían organizado un campamento.
- ¿Vas con los chicos? – Preguntó Theo abrazándola por la cintura de espaldas a Luna.
- Si – Contestó Luna sonriente descansando su cabeza en el pecho de él - ¿No vienes? – Preguntó esperanzada
- No mi amor – Respondió con agilidad – Tengo algunas cosas que hacer con Draco, Blaise y Weasley.
- ¿Ron? – Exclamó Luna extrañada pues rara vez ellos andaban con Ronald. Theodore asintió antes de darle un beso en la mejilla.
- Debo irme. Cuídate mucho. – Nott avanzó hacia la puerta de la habitación de Luna, cuando sintió los brazos de ella alrededor de su abdomen que lo tomaban con una fuerza inusual. - ¿Ocurre algo? – Preguntó preocupado, pero ella negó con la cabeza y lo besó despacio.
- No, solo quería desearte que te vaya muy bien. Por favor no permitas que Draco mate a Ron ¿Si? – Theodore rozó su nariz con la de su novia a la par que sonreía con gracia.
- Nos vemos después, intentaré hacer lo posible para que Weasley regrese con vida – Y diciendo aquello el joven castaño se marchó dejando a Luna sola en la habitación.
…
Ronald se sentía extraño caminando por el centro de la ciudad en compañía de Theo, Blaise y Draco. Aún recordaba las palizas que el rubio y el ojimiel le daban en la academia de policías durante los entrenamientos. Toda su vida había mantenido aquello presente para seguir odiándolos por toda la eternidad, pero el destino era traicionero y él lo sabía de primera mano, después de años de burlas y maltratos ahora hasta convivían juntos y se podía decir que se toleraban en cierta medida. Confundido por la invitación que los tres ex mercenarios le habían hecho, el pelirrojo se atrevió a hablar después de un tiempo de incomodo silencio.
- ¿Y me trajeron con ustedes por…? – Preguntó alternando la mirada entre los tres chicos. Solo Theo le devolvió la mirada y le sonrió tratando de transmitirle algo de tranquilidad. Ninguno habló hasta haber llegado a un pequeño bar de aspecto lúgubre en donde se sentaron en la mesa más apartada y pidieron 4 cervezas.
- Weasley – Habló Draco mirándolo con una mueca de superioridad en su rostro, a Ronald ya no le extrañaba ver esa expresión, a Malfoy casi nadie le caía bien. A decir verdad, Ron no tenía idea cómo Hermione se había fijado en ese rubio platino arrogante y grosero.
- Malfoy – Contestó Ron dando un sorbo de su cerveza y mirando a su antiguo némesis de manera desafiante.
- Me imagino que te estas preguntando el por qué te trajimos acá – Le dijo Blaise algo serio, Ronald asintió dándole la razón al trigueño y el chico se dispuso a responder su inquietud.
- En medio de las misiones e investigaciones que hemos realizado para hacer caer a la corporación Arklay, descubrimos una información un poco…interesante – Ron levantó la ceja intrigado al escuchar las palabras de Blaise, ¿Por qué Zabinni le decía aquello solamente a él? ¿Qué exactamente habían descubierto los tres ex agentes?
- ¿Qué tengo que ver con eso? – Exclamó el pelirrojo rascando desinteresadamente su cuello.
- Iremos al grano Weasley – Esta vez el que había hablado fue Draco, parecía algo enojado, así que Ron prestó la atención necesaria para entender en que lio se había metido esta vez. - ¿Qué sabes de la familia de Potter? – Ron tragó grueso al escuchar la pregunta. Harry era su mejor amigo de toda la vida, sabía muchas cosas de él, pero no podía andar por allí contando sus secretos, algo muy grave acerca de Harry tenían que haber descubiertos aquellos para que le preguntaran eso.
- Lo mismo que saben ustedes
- No nos tomes por imbéciles Weasley – Zabinni lo miraba enojado y Ron supo que debía contar la verdad, tal vez así podían acabar con la corporación y vivir tranquilos.
- Pues… Harry creció junto a la familia Dursley (sus tíos) hasta sus 11 años, aburridos de mantenerlo sus tíos lo abandonaron en un orfanato, dónde fue adoptado por una familia y entregado años más tarde a su tutor el comisario Snape – Theo jugaba con su cerveza mientras escuchaba el relato de Ronald, había algo de toda la historia que no le cuadraba y estaba dispuesto a averiguar qué era.
- ¿Qué sabes de la familia que lo adoptó? ¿Por qué lo entregaron al cuidado de Snape? – Ron palideció estaban entrando cada vez más en terrenos peligrosos que solo le concernían a su mejor amigo, armándose de valor colocó su mejor cara de molestia y replicó.
- ¿Por qué no le preguntan eso a el mismo Harry? ¿Qué tengo que ver yo en todo esto? – Blaise parecía muy irritado, algo que era muy inusual en el trigueño.
- Responde Weasley o recurriré a medios más interesantes para hacerte hablar – Dijo Draco arrastrando las palabras. Ron pareció darse por vencido y suspiró antes de hablar.
- El padre adoptivo de Harry era un psicópata obsesionado con la vida después de la muerte, por lo que sé el pobre hombre había perdido a su pequeña hija y por eso había adoptado a Harry, pero como su esposa, quien era una loca de atar, no soportaba a mi amigo y lo sometía a castigos sin razón alguna, su padre se vio obligado entonces a entregarlo a un tutor cuando tenía 14 años. – Ron suspiró nuevamente.
- ¿Qué paso con sus padres biológicos? – Draco se mostraba sumamente concentrado en el relato que Ron le contaba.
- Murieron. Creo que alguna vez me dijo algo de un accidente. – Exclamó el chico de pecas con sinceridad.
- Oye Weasley ¿Sabes qué hacían los padres biológicos de Potter? – Ron asintió
- Por lo que tengo entendido eran biólogos y trabajaban como científicos en una micro empresa que ellos mismos habían fundado – Blaise asintió complacido por aquella información.
- ¿Alguno de ustedes me podría explicar qué está pasando? – Dijo Ronald empezando a exasperarse, Draco asintió dándole la libertad a sus compañeros de explicar al pelirrojo la situación.
- Weasley, ¿El nombre Tom Riddle te suena? - Ron negó con la cabeza, así que Theodore continúo su explicación – Los Riddle fueron la aparente familia que adoptaron a Potter cuando era un niño. La familia estaba conformada por Bellatrix Black, Tom Riddle y su hija Delphini, cuando era tan solo una niña la pequeña murió de una extraña enfermedad degenerativa, los que pareció enloquecer a sus padres.
- Eso ya lo sabía – Respondió Ron mirándolos con el ceño fruncido - ¿A dónde quieren llegar con esto?
- Calla y escucha – Le regaño Blaise dándole una ligera palmada en la cabeza que Ron prontamente le regresó.
- Los Potter (James y Lily), padres biológicos de Harry, tenían un pequeño laboratorio en donde llevaban a cabo investigaciones para curar a su hijo único, quien sufría de la misma extraña enfermedad de la hija de Tom. Después de años de investigaciones los Potter dieron con la cura, sin contar con el aval de los médicos o de los científicos, probaron con su hijo la cura recién creada teniendo un gran éxito y salvándole la vida al pequeño. – Ronald escuchaba perplejo aquella explicación de la que él no tenía la menor idea. – Esperanzado en la cura, Tom ofreció a los Potter enormes cantidades de dinero para comprar la solución que habían implementado en su hijo, pero ellos se negaron rotundamente, alegando que solo habían creado una muestra de su experimento y que lo habían probado ya en su hijo, por lo que no contaban con una muestra más del virus que habían creado. Tom no escuchó razones, completamente fuera de sí intentó obligar a James y a Lily a crear una nueva muestra del virus, pero la creación de este podía tardar incluso años y la niña no tenía mucho tiempo. Aburrido de las negativas del matrimonio Potter, Riddle lo mandó a asesinar sin consideración, pero el pequeño hijo de la familia se había salvado gracias a la inteligencia de su madre quien lo protegió hasta el final. Harry fue llevado hasta donde sus familiares más cercanos por un conocido de sus padres y durante años permaneció oculto de Tom, quien buscaba matarlo a como dé lugar para vengarse de la muerte de su hija.
- ¿Entonces por qué no lo mató cuando lo adoptó? – Preguntó Ron consternado y confundido
- Tom se apropió del laboratorio de los padres de Harry, convirtiéndolo en lo que es hoy en día la corporación Arklay. Con el tiempo Riddle que pasó a llamarse entre sus empleados y seguidores Lord Voldemort, descubrió que poseía la misma enfermedad que su hija, desesperado por hallar una solución que frenara a la muerte buscó por años al pequeño Potter hasta que lo encontró, la sangre de Harry sirvió para crear diferentes virus que lo único que hacían era alargar la vida de Voldemort por uno o dos años, esa la razón por la que nunca mató a Harry, porque mantiene en su interior el virus original. – El rostro de estupefacción de Ronald era un clave indicio de que el chico en nada conocía la procedencia de su mejor amigo y que al igual que ellos habían estado engañados durante años acerca de su origen.
- Tú eres la persona más cercana a Potter, Weasley. – Dijo Draco seriamente – Necesitamos que trates de averiguar todo lo que puedas.
- Esto es ilógico – Exclamó Ron algo asustado - ¿Por qué protegería Harry al hombre que mató a sus padres?
- Porque Potter desconoce ese dato – Dijo Theo mirando a Ron fijamente.
- Vaya – Susurró asombrado el pelirrojo – Haré lo que pueda para buscar la información – Dijo con determinación.
…
Las manos de Harry temblaban considerablemente, mientras sus compañeros armaban la tienda de acampar él se había alejado del grupo durante unos minutos con la excusa de echar un ojo por los alrededores. En sus temblorosas manos sostenía una carta, que abrió con algo de indecisión.
Querido Harry,
Hace mucho no tenía noticias tuyas, es bueno saber que, aunque desaparecido de mi radar aun sigues con vida. Que pesar lo que me contaste acerca de Severus, era un buen hombre. En la carta que me enviaste te note algo preocupado por la pequeña Luna, que me imagino debe estar ya con ustedes. Quiero que sepas que ella nunca recibirá daño alguno de mi parte, es alguien muy especial para mí.
En cuanto a tu solicitud del comercio de los virus, lamento decirte que no puedo cumplir, me es muy rentable destruir de a poco este mundo lleno de personas inútiles y desalmadas. Solo los más fuertes, capaces y de mejor clase sobrevivirán, espero con gusto que seas uno de ellos.
Aguardo el día en el que regreses para volver a ser la familia que siempre fuimos y contribuyas a librar a tu padre de esta horrible enfermedad que me aqueja.
Nos veremos pronto,
Lord Voldemort
Harry se llevó una mano a su cabeza, justo donde reposaba la cicatriz con forma de rayo que el mismo Voldemort le había provocado al ser tan solo un niño, solo por desobedecer y no permitir que sus científicos siguieran lastimándolo con sus agujas y aparatos de extrañas formas. Aquel día lo recordaba cómo si fuera ayer, porque había recibido la paliza de su vida, una paliza de la que aún guardaba un recuerdo. A pesar de todo lo malo que su padre adoptivo podía llegar a ser, él y Snape habían sido las únicas personas de las que había conocido algo de cariño. Voldemort era bueno cuando quería con él y lo había protegido en más de una ocasión de las golpizas que estaba más que dispuesta a darle su madre adoptiva, que lo odiaba profundamente, aunque Harry sabía que los intereses del hombre eran todos menos altruistas, al menos lo protegía así fuera solo por su interés en el virus que Harry albergaba en su interior. Snape por otro lado había sido menos duro con él, jamás le había puesto una mano encima, pero si era bastante estricto, algo que al azabache le daba más de un dolor de cabeza. Cuando la locura de Voldemort había rebasado los límites fue Snape quien lo salvo y lo llevó lejos del dueño de la corporación Arklay, o por lo menos lo había intentado antes de enterarse de la presencia de la compañía en la ciudad de Raven. Desde entonces el chico de gafas intentaba por todos los medios pasar desapercibido del radar de su padre adoptivo, pero los acontecimientos sucedidos con Luna, lo habían llevado a buscar contacto nuevamente con el hombre para intentar hacerlo razonar y que dejara en paz a la rubia y a la pequeña Donna.
- Hola guapo ¿Por qué tan solo? – Se acercó Ginny con voz seductora desde su espalda. Harry tuvo que hacer uso de todo su autocontrol para evitar que su novia mirara la carta que con tanto recelo mantenía agarrada, como pudo se guardó el papel en el bolsillo de su pantalón y se volteó para mirar de frente a Ginny, la pelirroja le sonreía con dulzura y el azabache no pudo sentirse más miserable, había engañado a todos, a las únicas personas que de verdad habían sido sus amigos y lo más parecido a una familia que tenía y todo por proteger al único hombre que había conocido como padre. Harry sabía que Voldemort era todo menos una persona bondadosa, sin embargo, no podía juzgarlo o denunciarlo, él le había dado casi todo lo bueno que conocía en su vida, una familia, aunque fracturada, pero familia, un techo donde vivir, dinero, una carrera, una vida propia. Todavía recordaba la vez que su padre adoptivo le había dicho que ellos eran muy parecidos, tanto que Harry podía pasar por su hijo propio y ahora se daba cuenta que aquello era cierto, se había convertido en una ser egoísta y mezquino que solo luchaba por sus propios intereses sin importarle las vidas que perecieran en el camino.
- Solo miraba lo bonito que es este lugar – Mintió arreglándose las gafas, Ginny arrugó su frente y acarició su mejilla sudorosa a pesar que hacía un día algo frío.
- Estas sudando – Susurró la chica dándole un ligero apretón en la mano.
- No es nada, siempre me ocurre
- ¿Por qué siento que me estas ocultando algo? – Los ojos de Harry se abrieron de par en par, de no ser por sus gafas la pelirroja hubiese podido verlo perfectamente. – Harry, sabes perfectamente que puedes confiar en mí. – El moreno asintió
- Lo sé Gin, estoy bien, no te preocupes – Ginny sonrió y tomándolo de la mano lo condujo donde Luna, Jacob y Pansy se divertían armando la tienda de acampar sin saber del enorme peligro que los acechaba.
El anochecer cayó sobre el pueblo acompañado de una intensa llovizna que nadie se había esperado, Harry y Jacob peleaban contra el feroz viento que azotaba contra la tienda amenazando con tirarla en cualquier momento. Adentro de ella, Luna, Pansy y Ginny se protegían de la tormenta, pero sabían que con el fuerte viento que golpeaba el sitio donde acampaban, este no duraría mucho, dispuestas a ayudar, las tres chicas se abrigaron y salieron a ayudar.
- ¿Qué hacen aquí? – Gritó Harry sosteniendo con una mano una enorme cuerda, que al parecer se había soltado, y con la otra mano tenía sujeto su chaqueta impermeable.
- Queremos ayudar – Dijo Pansy tratando de hacerse escuchar entre todo aquel estropicio. Las gafas de Harry se encontraban totalmente mojadas por la lluvia y empañadas por el frío, pero en medio de la oscuridad, el viento y la lluvia juraba haber visto con claridad a un grupo de personas mirándolo con atención desde unos matorrales que se hallaban cerca de ellos. El miedo se apoderó del ex policía, quien sin proponérselo había soltado la cuerda que mantenía la tienda de acampar en su lugar, logrando que esta volara a varios metros lejos de donde se encontraban.
- ¿Harry? – Le llamó Ginny – ¿Harry? – Pero el moreno no escuchaba de razones, sus ojos estaban fijos en un lugar. Ginny siguió su mirada y entonces visualizó a 5 hombres vestidos con ropas rotas y sucias, que los miraban con atención. La pelirroja se asustó, ella se encontraba desarmada y estaba segura que sus compañeros también lo estaban. Harry pareció notar que Ginny y los demás habían visto lo mismo que él, porque en ese momento todos se hallaban en alerta. Los hombres se acercaron con paso apresurado hacia ellos y cuando estuvieron lo suficientemente cerca, uno de ellos miró con lujuria a las tres chicas relamiéndose con gusto los labios.
- Pero mira lo que tenemos aquí – Dijo sonriendo uno de ellos mostrando sus dientes amarillos y pequeños. – Tres hermosas flores silvestres han venido directo hacia nosotros.
- No sé cuál de ellas escoger, si la rubia… la morena o la pelirroja… - Exclamó muy alto otro de los hombres.
- ¿Qué quieren? – Gritó Jacob con valentía, sabiendo que, aunque claramente estaban en desventaja numérica, no permitiría que lastimaran a las chicas y que ellas tampoco se dejarían así de fácil.
- Un valiente – Susurró otro de los hombres – Odiamos a los valientes…
- Queremos que ustedes dos se larguen para que podamos divertirnos con estas hermosas chicas – Dijo con morbo
- No sean tan imbéciles – Bramó Harry furioso – tendrán que pasar sobre nuestro cadáver para tocarles un solo cabello a las chicas. – Los cinco hombres rieron divertidos y de repente sin previo aviso los atacaron. Harry mantenía una batalla feroz con dos hombres al tiempo. Jacob estaba siendo agarrado por un sujeto, mientras el otro lo golpeaba salvajemente en el estómago. Luna, Ginny y Pansy se las arreglaban para pelear con el último de los hombres, que parecía ser el más sádico y fuerte.
En un movimiento enseñado por Blaise, Harry le arrojó al rostro a uno de sus contrincantes una gran cantidad de lodo a los ojos, lo que tapó su visibilidad, al tiempo que pateaba con todas sus fuerzas al otro sujeto en el rostro, logrando librarse de ambos, tomó uno de los pilares de la tienda de acampar y golpeó a los dos tipos que golpeaban sin consideración a Jacob, quien estaba muy herido y no lograba mantenerse en pie.
- ¡Harry! – gritó Pansy pidiendo el pilar que Harry mantenía en sus manos. El moreno no tardó en pasárselo y la pelinegra corrió hacia donde Ginny y Luna lanzaban puños y patadas contra el hombre más grande. Un golpe seco se escuchó cuando Pansy partió el pilar de la tienda sobre la espalda de aquel hombre que como si nada le hubiese pasado se volteó y caminó peligrosamente hacia Pansy, quien retrocedió asustada hasta chocar con un árbol, Luna se asustó tanto por su amiga que sin pensarlo corrió hacia el sujeto y se le arrojó a la espalda.
- ¡Cuidado Luna! – gritaba Harry corriendo hacia ellas, pero el hombre ya sujetaba con fuerza por el cuello a la rubia. Ginny y Pansy desesperadas intentaban que el repugnante personaje soltara a su amiga arrojándole todo lo que encontraban a su paso y tratando de lastimarlo, pero parecía que nada lograba hacerlo. Harry llegó justo a tiempo para presenciar el suceso que más le asustaría en su vida, de un momento a otro, el hombre que lastimaba a Luna la había soltado y lanzaba fuertes alaridos de dolor mientras se retorcía en el suelo derramando sangre por sus ojos, nariz y oídos, en frente de él, Luna lo miraba sumamente concentrada y con las manos ligeramente empuñadas y levantadas hacia el hombre.
- ¿Qué demonios? – Susurró el pelinegro antes de ser atacado por la espalda por uno de los vagabundos. Los golpes no se hicieron esperar, los cuatro hombres ya recuperados lo atacaban con saña, el chico de gafas trataba de proteger su cabeza con sus brazos, pero las patadas y puños que recibía no se la estaban dejando nada fácil. Los golpes cesaron de un momento a otro y un grito aterrador lo saco de su inconciencia, con la cara ensangrentada y levantándose con dificultad el azabache giró su rostro hacia las chicas, quienes forcejeaban furiosamente con sus captores, que no perdían oportunidad para manosearlas. Un destello de luz proveniente de un vehículo en frente de ellos casi lo había hecho sonreír de la felicidad, al cabo de unos segundos se bajaron del auto dos hombres altos y fornidos, Theodore Nott y Blaise Zabinni miraban con cara de pocos amigos a los hombres que mantenían agarradas a Pansy, Luna y Ginny.
- ¿Qué hacen ustedes aquí? – Preguntó uno de los vagos soltando con violencia a Luna, que permanecía algo taciturna. – Esto no les incumbe ¡Largo de aquí! – la cara de terror que coloco el hombre cuando después de ver a aquel muchacho castaño a unos metros de él, ahora estaba justo en frente y presionando su cuello al punto de dejarlo sin respiración.
- ¿No te enseñaron tus padres que a las mujeres no se les debe tocar si no lo desean? – El hombre jadeó desesperado por conseguir aire, pero Theodore no le daba tregua y no lo soltó hasta que no se fue del hombre el último atisbo de vida, solo entonces lo arrojó con furia hacia el árbol más cercano, en donde el cadáver se estrelló produciendo un ruido seco. Los demás parecían realmente aterrados con lo que Theodore acababa de hacer, despavoridos empezaron a correr en diferentes direcciones, pero Nott no les dio tiempo de nada, de uno en uno los fue capturando hasta que no quedó ni uno de ellos con vida.
Ginny no había prestado suficiente atención a lo que Theo había realizado, la pelirroja sostenía en sus piernas el rostro ensangrentado y golpeado de su amado Harry, el muchacho respiraba con dificultad y se veía demasiado mal.
- ¡Ayuda por favor! – Suplicó la chica sollozando. Blaise, quien, examinada a un golpeado e inconsciente Jacob, dejó al asiático en manos de Pansy y salió disparado para ver a Potter que no se veía para nada bien. Luna seguía mirando los cuerpos de los hombres que los habían atacado, hace algunos minutos Theodore había desaparecido de su vista, el castaño necesitaba liberar su ira, por eso no podía estar al lado de ellos en aquel momento. Con temor la rubia caminó hacia uno de los hombres que aún agonizaba presa del dolor, se agachó frente a él y lo miró durante algunos segundos. El hombre escupió la sangre que invadía su boca y con voz ronca casi en susurros le dijo a Luna.
- Esto es solo una muestra por desobedecer a aquel que no debe ser nombrado. Mi señor no admite equivocaciones ni mentiras…tú relación con el proyecto Nott conducirá a los que amas a la muerte… - La cabeza del hombre cayó sin vida al suelo húmedo después de pronunciar esas palabras. Luna retrocedió asustada hasta caer sentada frente a la persona que acababa de morir frente a ella, volteó su rostro hacía Harry y Jacob, que estaban mal heridos y siendo atendidos por Blaise, Pansy y Ginny, la sensación de culpa recorrió todo su cuerpo, al punto de hacerla estremecerse un par de veces.
- Es mi culpa – Susurró en medio de la intensa lluvia, con el corazón apretado supo entonces que había llegado el momento de ponerle a aquello punto final.
Próximo capítulo: Adiós
