Capítulo 46: Una nueva misión
(Opening: Animal i have become – Three day grace)
Blanco, todo es blanco. El cielo, el suelo, el horizonte, y especie de neblina llena el recinto en el que nada se puede vislumbrar, nada salvo una silueta masculina de pie en esa blanca inmensidad. Su cabello oscuro cae sobre sus hombros acariciado por una sutil brisa fría que no se puede saber de dónde provine. Sus ropajes lucen maltrechos, roídos y tintados de rojo sangre en la zona abdominal. El mirar de este hombre permanece ausente y fijo en la distancia, disfruta de esta aciaga calma mientras el aire puro llena sus pulmones en cada respiro.
–Con que así se siente –Habla el ronin consigo mismo. Carece de temor o desespero, solo hay confusión en su semblante–. Es más pacífico y agradable de lo que imaginé. Estoy muerto.
Su mano diestra busca la empuñadura de su preciada katana, no está con él. Un atisbo de tristeza dibuja eso en sus semblantes, cree que su amigo ha sido apartado de su lado finalmente. Sin saber a dónde decide caminar a través de la bastedad que lo rodea.
–Esto debe ser el purgatorio, la antesala al descanso, o la condenación, eterna, donde las almas son juzgadas por los dioses. Dudo mucho que mi destino sea benevolente, ¿a cuantas pobres almas envié aquí a la fuerza? Me es imposible dar un número, pero de lo único que tengo certeza es que la mayoría no lo merecían. ¿Que soy al final? Incluso un animal salvaje y rabioso tendría más compasión de la que tuve cuando fui el Demonio Sombra.
–¿Te arrepientes? –Murmura una voz tras de él, la voz de una mujer.
–¿Quién anda allí? –Cuestiona sorprendido volviéndose a sus espaldas para no hallar más que vacío y neblina.
–¿Te arrepientes de tus pecados? –Insiste esa voz sin delatar su origen.
–…de todos –Suspira agachando la mirada–. Me arrepiento de todo lo que hice, desearía volver al pasado y corregir mis errores, daría lo que fuera por eso.
–¿Por qué te castigas a ti mismo entonces? El arrepentimiento es el inicio del camino hacia el perdón, un perdón que nadie podrá concederte más que tú mismo –Una silueta se hace visible en la distancia, no es muy alta y denota largo cabello, así como figura femenina.
–¿Perdonarme a mí mismo? Eso no tiene sentido, yo cegué tantas vidas, y arruiné otras más… mi corazón tiembla al aceptar que hablamos de miles –Se llevó la mano al pecho al tiempo que sus ojos se humedecían. Un rencor y odio creciente hacia sí mismo–. Soy un monstruo –Masculla entre dientes.
–No, no lo eres y nunca lo fuiste, no eras más que un hombre herido, triste y desolado que buscaba saciar una necesidad oscura sembrada por auténticos monstruos en tu mente. Cada asesinato, cada devastación fue una herida para ti mismo, una herida que hoy puedes sentir y doblegan tu voluntad. Los monstruos de verdad no sienten ese dolor nunca.
–¿Q-que clase de diosa eres? ¿Cómo puedes hablar con tal amabilidad a un demonio como yo? –Enternecido por un trato tan gentil un par de lágrimas escaparon de sus ojos.
–Yo no soy una diosa, Hideo. Alguna vez caminé a tu lado y sentí la calidez de tu corazón –Reveló con voz alegre.
Los ojos del ronin se abrieron a mas no poder, un dolor agudo atravesó su corazón como una daga. La silueta tomó forma en su mente, la forma de la mujer más hermosa que había conocido y a la que entregó su alma y corazón hace ya tantos años. Corrió hacia ella desesperado para por fin sentirla entre sus brazos, y poder rememorar los años más felices de su vida. Cayó a sus pies abrazándola por la cintura cual niño emocionado. se aferró a ella demostrando una dolorosa necesidad de amor, su amor.
–¡Yumie! –Gritó con emoción, quebrándose y rompiendo en llanto ante tal dicha–. ¡Mi Yumie, por fin, por fin vuelvo a verte! ¡No tienes idea cuanto te he extrañado! Los dioses me concedieron un deseo antes de enviarme al infierno –Levantó su mirada con lágrimas escapando de sus ojos. Una luz blanca brotaba del rostro de la mujer imposibilitándole verla bien, solo apreciaba su larga cabellera rubia y blanca piel.
–Hideo, mi amado Hideo –Susurró ella con amor mientras con sus suaves manos acariciaba el cabello del dolido hombre a sus pies–. Yo también te he extrañado.
–¡Perdóname, perdóname por todo! –Suplicó desesperado, aunque la luz lastimara sus ojos–. ¡Perdóname por no poder salvarte a ti y a nuestra hija! ¡Perdóname por convertirme en un demonio! –Ocultó su rostro en el vientre de la mujer, trataba de contenerse, pero le era imposible no llorar.
–Hideo, yo no soy quién para concederte lo que pides, yo te perdoné hace mucho tiempo. Sin embargo, el perdón que buscas no está aquí –La dama rebosa de calidez y comprensión.
–Yumie, ¿Qué dices? Mi vida ha terminado, mi destino es el mundo de los demonios… ¡No me importa! Lo único que deseaba era volver a verte una última vez y decirte cuanto lamento el rumbo de mi vida. Quizás la próxima vida sea más benevolente con nosotros…
–Hideo –Lo tomó del rostro para mirarlo–. Tu vida no ha terminado, y aun puedes cambiar tu destino, aun puedes rehacerla, aun puedes perdonarte a ti mismo.
–¿Yumie? –La luz se hizo más intenta deslumbrándolo. El delicado cuerpo en sus brazos desapareció dejándolo solo–. ¿Dónde estás? ¿Yumie? ¡Yumie!
–Equilibra la balanza, Hideo, eso es lo que debes hacer en tu vida –Fueron las últimas palabras de la mujer que se alejaba.
–Espera, espera, ¡No me dejes, por favor! ¡Te necesito!
Y todo se volvió negro y frio.
11 de marzo. Konoha
La mañana es cálida, pero es apaciguada por las brisas frescas de primavera. La Aldea de la Hoja rebosa de tranquilidad, al menos eso creen las buenas personas del día a día. Cierto grupo de ninjas saben que las cosas están terriblemente tensas. Dicho grupo de shinobis se reúne en el hospital de la aldea, en una habitación muy singular, pues en ella reposa el inconsciente ronin capturado por la Hokage y Jiraiya. Ambos Sannin están presentes junto a sus compañeros de mayor confianza, Gai, Kakashi, Naruto y Sakura.
–Puedo asegurar que está fuera de peligro, aunque no fue fácil salvarlo, esa arma de aquella mujer dejó una herida impresionante. Nunca vi que un arma cortara con tal facilidad –Dice la rubia Hokage mientras lee los reportes de las enfermeras y médicos que atendían al ronin.
–¿Cuándo cree que despierte? –Preguntó Kakashi mirando al hombre sobre la cama.
–Me temo que eso no lo puedo saber del todo, quizás hoy o mañana, en algunos días. Solo nos queda esperar –Suspiró Tsunade, dejando los informes sobre una pequeña mesa.
–Este sujeto es muy diferente al samurái con el que pelee –Habló Naruto, quien también mantenía su mirada sobre el ronin–. Parece pacifico, no un guerrero, aunque está en forma, ¿Qué edad tendrá?
–¿Quizás unos cuarenta años? –Sugirió Sakura que preparaba una inyección–. No es joven, aunque tampoco es un viejo.
–Si, es diferente a los samuráis con los que peleamos, ese maldito loco del hielo, aun lo recuerdo –Agregó Gai, su mirada era más severa para con el ronin. Las manos del jounin tenían la katana de Hideo, la cual miró con gran curiosidad–. Pero, hay una forma de saberlo.
–¿A qué te refieres? –Cuestionó Kakashi.
–La espada del samurái con el que pelee parecía estar poseída, o algo así, había una voz que emanaba de ella. Tal vez la de este sujeto sea igual.
–¿Quieres desenfundarla? –Se acercó Jiraiya con la misma curiosidad–. Recuerdo que él me dijo que en ella estaba su mejor amigo.
Ambos hombres estaban de acuerdo en que querían ver esa espada fuera de la funda. Miraron a Tsunade esperando su aprobación. La rubia Hokage lo pensó un momento, pero al final aceptó y les dijo que lo hicieran. Sakura entregó a Tsunade una jeringa con una fórmula que suministró a Hideo.
La espada se resistía, Gai no podía sacarla fácilmente de la funda así que tuvo que usar más fuerza en cada intento, algo no pintaba bien desde ese momento y en como algo la mantenía dentro de la funda, aun así, él insistió teniendo que usar una cantidad considerable de su fuerza hasta que por fin el sello que Hideo había colocado se rompió y la hoja se liberó.
–¡Si! –Dijo Gai al lograrlo.
A simple vista una hoja normal, de metal brillante y un filo muy peligroso, fue en ese momento que una boca de labios negro apareció en la hoja para luego soltar un grito ensordecedor que amenazó con reventar los cristales de la habitación.
–¡Hideo, hijo de puta, ¿dónde estás?! –Gritó el Hokaku residente en esa arma, Akumu es su nombre.
¿¡Que carajos es eso!? –Exclamó Kakashi tapándose los oídos, al igual que todos los demás.
–¡Hideo, auxilio, un hombre raro con peinado de hongo me está tocando! –Gritó el Hokaku para luego por sí mismo guardarse en la funda.
–Dios, eso fue muy ruidoso –Se quejó la pelirosa algo aturdida por los gritos.
–Lo supuse, es la misma clase de arma que la del samurái con el que peleé –Aseguró Gai–. No creo que sea buena idea que él y la espada estén juntos, debemos resguardarla lejos de su alcance.
–Estoy de acuerdo…–Decía Tsunade, hasta que algo la tomó del brazo rápidamente sorprendiéndola.
–¡Yumie! –Exclamó Hideo saliendo por fin de su letargo. Siendo lo primero que vio una hermosa mujer de piel blanca, cabellera rubia y ojos color miel, el pobre hombre confundió a la Hokage con su amada esposa difunta.
–¡Oye, quita tus manos de ella! –Alegó Jiraiya al instante.
Trató de levantarse y acercarse a ella, pero un terrible dolor en el abdomen lo invadió regresándolo a acostarse entre gritos.
–¡Cálmese! –Dijo Tsunade atendiéndolo y quitándole la manta, notando que la herida se había abierto otra vez–. Sakura, trae las herramientas –Ordenó a su discípula–. Debe calmarse y dejar de moverse –Insistió tratando de someterlo.
–¿Dónde estoy? ¿Quiénes son ustedes? –Decía mientras se removía por el dolor y miraba a todos allí.
–¡Hideo, amigo, estos sujetos nos capturaron y quieren hacernos cosas pervertidas! –Akumu dejó su funda para hablar, y decir sus acostumbradas estupideces.
–¡Akumu! ¡No dejen que salga de la funda! –Ordenó, una vez más tratando de moverse, viéndose obstaculizado por Tsunade.
–¡Debe tranquilizarse o se lastimará más! –Insistió–. Salgan todos déjennos a mí y a Sakura.
Sin alegar los tres hombres dejaron la habitación, aunque no estuvieran de acuerdo, dejando a la Hokage y Sakura encargarse del ronin. Una vez fuerza Gai se fue con la espada mientras que Naruto y Kakashi se quedaron esperando unos momentos más. Hubo un largo silencio, hasta que Kakashi debió atender cierta curiosidad y habló.
–Naruto, ¿dónde está Yugito? –Preguntó el ninja enmascarado.
–Debe estar en su casa, la llevé por la mañana a hacer unas compras dijo que las organizaría, a ella le gusta mucho ser ordenada –Respondió tranquilamente.
–Veo que te llevas bastante bien, con ella.
–Es muy amable, parece que le agrada la aldea y estar con nosotros. Estuvimos hablando y al parecer no la trataban muy bien en su aldea…la trataban como un arma, por eso no dudó en venir con nosotros.
–¿Con nosotros o contigo? Si tú no fueras un Jinchuriki también dudo que ella hubiera aceptado de buena manera venir. Puedo notar que no se relaciona con nadie excepto contigo.
–Puede que sea verdad. Ahora que lo menciona, creo que Sakura y Yugito no se llevan muy bien, han discutido en un par de ocasiones y no se hablan, ¿me pregunto por qué?
–¿Porque será? –Rio Kakashi, esa habilidad de Naruto para no notar las cosas era más graciosa que otra cosa–. Me alegra que te lleves bien con esa mujer.
–Cambiando de tema, sensei. ¿Quién es ese sujeto y porque los protegemos? –Preguntó Naruto acerca de Hideo.
–Tampoco tengo tanta información salvo que es un samurái, o algo así –Ambos miraron con curiosidad.
Unos minutos después ambos ninjas médicos lograron tranquilizar y atender las heridas del ronin, una vez relajados fue fácil volver a curar su herida, le suministraron vitaminas y algunos calmantes para el dolor.
–Le pido una disculpa por mi comportamiento –Dijo Hideo a Tsunade más relajado–. Espero no haberla lastimado cuando tomé su brazo tan de repente.
–No se preocupe, no fue nada. Lo que importa es que usted esté bien –Respondió despreocupada mientras guardaba las agujas e hilos médicos–. Debe estar muy confundido, estuvo inconsciente durante seis días.
–Seis días, dios, eso es mucho tiempo –Se llevó la mano al abdomen, bastó un leve roce para rememorar el momento en que Tomoe lo atravesó con su naginata–. Si, fue una pelea terrible, no pensé que pudiera sobrevivir a una herida así.
–No fue nada fácil salvarlo, estuvo muy cerca de la muerte, para su fortuna cayó en mis manos –Sonrió con cierta soberbia, no por nada es la mejor ninja médico.
–Agradezco mucho su ayuda, no sé cómo podré pagarle…
–No tiene que pagarnos nada, creo que ambos estamos del mismo lado –Dijo con una mirada más seria que amable mientras se alejaba.
–N-no, no entiendo ¿a qué se refiere? –Cuestionó extrañado.
–Preocúpese por descansar y recuperarse, ya habrá tiempo para hablar –Con un gesto llamó a Sakura para que lo dejaran.
–Espere, ¿puedo conocer su nombre? –Cuestionó con cierta desconfianza ante esas últimas palabras.
–Tsunade –Fue su respuesta con una leve sonrisa.
Ambas se fueron dejándolo a él solo. No parecía una acogida muy amable después de todo, había en el ambiente un atisbo de prisión en vez de hospital y no tardó él en notarlo. Una vez fuera Sakura expresó sus dudas a su maestra.
–Lady Tsunade, disculpe, ¿cree que es buena idea dejarlo solo? Recuerde que en la aldea de la arena pasó lo mismo y el samurái capturado escapó.
–Por supuesto que sé que es un riesgo –respondió son seriedad–. Pero esa herida no le dejará moverse mucho, además, como medida de precaución, le suministré calmantes y relajantes musculares en la formula que le inyecté, no hay forma que pueda escapar. Él hablará, así tengamos que torturarlo.
Esas últimas palabras desconcertaron a la pelirosa, e incluso causaron un leve escalofrió, nunca había oído a su mentora decir algo así. Cuando quería Tsunade Senju podía ser muy aterradora e incluso perversa. Una persona en su posición no da cabida a errores, debe tomar todas las medidas que sean necesarias para asegurar sus objetivos y el bienestar de su aldea.
Sus ordenes fueron claras, solo los equipos Gai y Kakashi podían saber y hacerse cargo de la seguridad, por no decir vigilancia, del ronin. También se ordenó mantener la katana de Hideo lo mas lejos posible de él. ¿pero dónde podrían esconder un arma así sin que nadie la viera y estuviera segura? La respuesta fue en la residencia personal de Tsunade, un lugar al que absolutamente nadie, salvo ella, tiene acceso.
El día transcurrió sin mas percances o sucesos relevantes hasta que las ultimas luces del día amenazaban con esconderse en el horizonte. Fue en este momento, mientras la rubia Hokage terminaba sus labores administrativas, cuando su fiel asistente entró abruptamente en su oficina.
–¡Lady Tsunade! –Llamó jadeando, mostrando que había corrido mucho hasta llegar aquí.
–¿Qué ocurre Shizune? –Preguntó la rubia frunciendo el ceño ante tal irrupción.
–E-esto –Mostró entonces un pequeño pergamino sin ninguna identificación más que el símbolo de la aldea de la arena.
Los preciosos ojos de la Hokage se abrieron al instante. Recibió el pergamino para abrirlo y leerlo, la sorpresa no pudo ser mayor y su semblante lo reflejaba en plenitud. Shizune aguardó expectante que revelara lo que decía.
–Es la ubicación del siguiente Jinchuriki, El Sanbi. La Aldea de la Arena ha actuado más rápido de lo que pensé –Se llevó la mano al mentón pensativa.
–¿Y-y dónde está? –Indagó Shizune.
–En La Alea de la Niebla, responde al nombre de Yagura Karatachi –Suspiró pesadamente, algo no estaba bien, parecía conocer más información de la que el pergamino ofrece–. Esto es muy malo.
–Mi lady, pareciera que ese nombre le es familiar.
–Si, lo escuché en rumores venidos de esas tierras. Yagura Karatachi fue el anterior Mizukage, un ninja muy poderoso que se ganó dicho titulo con sangre y sudor hasta que un día sin explicación alguna desapareció, todos creyeron que lo habían asesinado. Si los espías de la arena averiguaron esto significa que sigue vivo y es un Jinchuriki. Enviar a nuestros ninjas allí nos meterá en severos problemas diplomáticos si los descubren.
Dio la vuelta a su asiento para mirar por su ventanal a la aldea. Esta vez su ideal de crear el grupo de Jinchuriki comenzaba a flaquear, hay demasiado en riesgo y apenas es el segundo objetivo. Su mente indecisa comenzó a rememorar todas las decisiones tomadas de cierto tiempo hacia acá y las cuestionaba.
–Si fallamos se desatará una guerra –Sentenció levantándose para mirar la aldea–. ¿Vale la pena? Comienzo a pensar que esto se torna imposible.
–¿Tsunade Senju está dudando? Y pensé ya lo había visto todo –Se escuchó una voz en la entrada de la oficina.
Se trataba del Sabio de los Sapos que ingresó con una enorme sonrisa y se acercó a su amiga. ¿Cómo puede sonreír así? Cuestionó Tsunade mentalmente.
–Al parecer esta vez las cosas se tornan difíciles, ¿no? –Sonrió parándose junto a ella para mirar la aldea.
–Demasiado, Jiraiya, el riesgo es muy alto y no creo estar dispuesta a asumirlo. Se trata de un ex Mizukage.
–Pues debes hacerlo, porque el resultado lo vale –Aseguró mirándola con gran confianza, misma que esperaba contagiar en ella–. Los Akatsukis y los samuráis también desean atrapar a los Jinchurikis, y a ninguna nación le conviene que eso pase.
–No creo que podamos convencerlos de que es por su bien si nos atrapan –Desvió su mirar.
–Es que no van a atraparnos –Rio Jiraiya–. Esta vez iré yo personalmente en compañía de los ninjas que decidas enviar.
–¡¿Tu?! –Exclamó sorprendida.
–Así es, yo. Iremos, encontramos al objetivo, Naruto lo convencerá de que se nos una y regresamos antes que nadie note nuestra presencia.
–Lo dices tan fácil, las cosas no suelen ser tan sencillas –Rio por el optimismo de su compañero, el cual se atizaba en ella también. La sonrisa y la presencia de Jiraiya realmente ayudaba a fortalecer su voluntad–. ¿Crees que se puede lograr sin errores?
–No puedo asegurarlo al cien por ciento, pero creo que tenemos altas probabilidades –La abrazó por encima del hombro–. Confía en mi y en los ninjas de la hoja –Le susurró muy cerca del oído.
–B-bien –Un leve rubor se apoderó de sus mejillas ante ese gesto así que se alejó de él un poco–. ¿Quiénes sugieres para esta misión?
–El equipo Kakashi es indispensable. La Jinchuriki Yugito debe quedarse aquí también, enviarla es un gran riesgo y con Naruto será suficiente –Sonrió por la reacción de la Hokage–… Elegiría a Gai y sus chicos, pero… –Lo pensó.
–¿Pero? –Preguntó Tsunade.
–Con la presencia de ese samurái aquí prefiero que Gai se quede, si se sale de control él podrá hacerse cargo, así que sugeriría a Asuma y sus chicos, así que tendrás que hablar con él y hacer que se una a nosotros en la cruzada por reunir a los Jinchurikis.
–No será fácil, pero creo que podré convencerlo –Dijo la rubia analizando la sugerencia de su amigo–. Estoy de acuerdo en lo que dices. Shizune, has los preparativos, avisa a todos, mañana por la mañana quiero una reunión privada con Kakashi y Asuma, y para la tarde los quiero en ruta. La Aldea de la Niebla está lejos así que mientras mas pronto salgan mas pronto se cumplirá la misión.
–Entendido, mi lady –Shizune hizo una reverencia y salió de la sala para cumplir las órdenes de la Hokage.
–Así se habla –Dijo el Sannin satisfecho y dirigiéndose a la puerta–. Iré a descansar para estar listo mañana, tú deberías hacer lo mismo.
–…Jiraiya –Llamó ella antes que se fuera, suavizó su voz un poco–. Gracias por el consejo y el ánimo… n-no sé qué haría sin ti.
–No tienes nada que agradecer nada, Tsunade. Siempre te ayudaré –Su voz sonó mas suave que lo normal y muy sincera.
Sin decir mas él se retiró. Una nueva misión surge para la Hokage y su sequito, una misión diferente a todo a lo que están acostumbrados que acarrea un riesgo de guerra, pero también una recompensa poderosa con la adición de un tercer Jinchuriki a su grupo.
Pero como aquí, todo en el mundo se mueve sin cesar, de formas nefastas y terriblemente inoportunas.
La Aldea del Sonido había caído el día anterior ante el poder del ahora nombrado oficialmente Dios Samurái, Kazuki Kisaragi. Tras la derrota de los ninjas defensores las tropas Ashigarus tomaron control total del pueblo, algunos civiles que se resistieron fueron ejecutados o encarcelados junto con todos los ninjas que sobrevivieron.
Como muestra de poder y barbarie que buscaba humillar y atemorizar a los ninjas el kage de la aldea fue ejecutado al atardecer del día anterior en la plaza central ante los ojos de su pueblo. Y lo peor es que su familia, esposa e hijos, así como sus subordinados más cercanos fueron también ejecutados por decapitación a manos de un oficial samurái. El método de guerra samurái exige la intimidación como arma, para esto y por ordenes del Shogun se ordenó otra ejecución, la de cierto prisionero en la base.
En la entrada principal de la aldea dos jaulas contienen dos cabezas cercenadas, la primera es del kage y la segunda es la cabeza del ninja renegado Deidara, quien hasta había estado capturado por los samuráis.
El día de hoy las banderas de la Gran Alianza Samurái ondean galantes en las murallas, torres, plaza y centro administrativo del lugar. Es este edificio que ahora funge como sede del gobierno samurái, quien reclama para sí todas las tierras del País de los Campos de Arroz.
Una vez más, ya por el atardecer del día de hoy, los ancianos presidian una nueva reunión que disfrazaron de los ojos de los demás daimyos como una pequeña celebración por la conquista del asentamiento. La verdad es que era para maquinar y planear sus siguientes pasos. Shinzo Tokugawa, Masamune Date y Samuro Ashikaga.
Los tres ancianos, sentados frente a una mesa redonda disfrutaban de una dulce taza de té entre mofas y burlas a los ninjas.
–Dejemos ya está cháchara infructuosa y pongámonos en materia –Dijo Samuro sonriendo.
–Si, ya habrá tiempo para que Masamune inventé mas chistes sobre los ninjas –Rio Shinzo recuperando la compostura.
–Si, es verdad. Kisaragi se notaba muy agradecido tras su nombramiento como Dios Samurái, ¿le pediste que investigara entre los ninjas sobrevivientes?
–Por supuesto, está encargándose de eso personalmente, estoy seguro que algo de información podremos sacar de estos patéticos ninjas –Aseguró el Shogun–. Shinzo, ahora que te has quedado sin campeón, ¿Qué harás?
–Si, la muerte de Tetsuo llega en muy mal momento, y lo peor, a manos del maldito Demonio Sombra –Gruñó Masamune–. Aunque según la carta que Tomoe envió ese bastardo pereció también.
–Ansió escuchar de sus labios el informe de como el Demonio Sombra feneció y el imbécil gigante cayó ante él –Respondió Shinzo, no tan alegre acerca de la muerte de su campeón–.
–Si, sus dulces labios –Musitó Masamune pensando de otra forma en la atractiva Tomoe.
–Ese sujeto era un verdadero inútil y un indigno representante del clan Tokugawa, pero era todo lo que me quedó tras la maldita guerra. Es un poco apreciable que al menos muriera luchando contra el Demonio Sombra. Nombraré a mi hija, Reiko, como la campeona del clan, ella es mas fuerte que su hermano, pero al ser la segunda hija no podrá heredar el mando –Explicó Shinzo dando un sorbo a su té.
–Siempre te dijimos que tener dos hijos es un problema a largo plazo –Dijo Masamune.
–Mi hija es una digna samurái y representante del clan –Objetó un poco ofendido por las palabras de Masamune–. Si tan solo Kazuhiro fuera tan inteligente y fuerte como su hermana –Esas ultimas palabras fueron con pesar–. Ahora que los menciono, mi hijo ha estado muy enfrascado en la investigación y búsqueda de nuestro otro objetivo, tiene algunos indicios, pero nada concreto y mi hija sigue en su búsqueda del ninja llamado Orochimaru, no se ha reportado aun, así que no puedo decir nada acerca de eso.
–Era de esperarse, los ninjas poco han de saber acerca de eso y donde está. Que Kazuhiro enfoque todo su esfuerzo en esa investigación –Dijo el Shogun.
–Yo si tengo buenas e interesantes noticias, amigos míos. Los monjes que traje conmigo desde la Cumbre de Ishismut han encontrado un método para capturar los bijus, así que no es necesario atrapar a sus portadores con vida, es más, matarlo es parte del método para capturar a la bestia con cola.
–¿De qué se trata?
–Lo llaman Jarrón Negro, un tipo de sellado de muy alto nivel, me han asegurado que podrá contener a un biju sin problemas, será una buena forma para almacenarlos sin temor a que escapen. Solo fata ponerlo a prueba.
En ese momento y por obra maldita del destino, alguien tocó a la puerta de la oficina, el Shogun ordenó que pasara. Se trataba del Dios Samurái, Kisaragi, portando con gran orgullo su distintivo, un collar de grandes cuentas negras y rojas con un dije de metal negro con el símbolo de la guerra en él. Acompañándolo se encontraba cierto ninja que opuso resistencia a la invasión, el veterano Akado.
–Mi Shogun, mis lores –Hizo una reverencia, Akado lo emuló por voluntad a pesar de las cadenas en sus muñecas y pies.
–Mi estimado Kisaragi –Sonrió el shogun–. ¿A qué debo esta visita tuya y de ese sujeto?
–Es acerca de la investigación que me solicitó esta mañana –Se irguió de nuevo–. Este hombre se llama Akado y a aceptado compartir lo que sabe…
–¿A cambio de qué? –Cuestionó con seriedad el Shogun–. ¿A caso cree que está en posición de negociar?
–Él… –Intentó alegar Kisaragi.
–Que hable el ninja por si mismo –Ordenó Samuro.
–¿Usted es Samuro Ashikaga, El Shogun y él maestro de Kisaragi? –Cuestionó con una voz temblorosa. Su ojo miraba a Samuro con gran curiosidad y temor, aun siendo un ninja veterano sabía que ese viejo y desgastado hombre no era lo que aparentaba a simple vista.
–Me hablas como si fuéramos iguales, ninja –Gruñó el Shogun–. Pero si, soy todo lo que dijiste. Ahora dime que es lo que crees que te daré a cambio de la información que espero valga perdonar tu vida cuando menos.
–Kisaragi me habló de su búsqueda de los Jinchurikis. No es algo común o fácil de investigar, pero el kage que dirigía esta aldea estaba también interesado en eso, aunque sospecho que era para ofrecer la información a alguien más.
–Ve al grano, ninja –Intervino Masamune mirándolo con seriedad.
–Claro. Hace algunos días escuché al kage hablar con alguien más, un hombre misterioso encapuchado que mencionó que habían dado con la ubicación de un Jinchuriki. Su nombre es Yagura Karatachi y se encuentra en la Aldea de la Niebla en el País del Agua. Tengo pergaminos que fueron recibidos por el kage y que ocultaba en su residencia personal, puede que haya más información allí.
–Que nombres más estúpidos –Dijo Masamune articulando una gran sonrisa.
–Esa información es muy valiosa –Sonrió Shinzo–. Creo que el ninja se ha ganado su vida y la consideración de lo que sea que quiere a cambio.
–¿Qué es lo que quieres en recompensa por esta información? –Preguntó el Shogun suavizando su seriedad.
–Q-quiero servirle a usted –Fue su solicitud, haciendo una reverencia–. Ustedes son diferentes a lo ninjas, y quiero ser parte de su ejército.
–Una petición interesante. Kisaragi, ponlo a prueba a ver si vale la pena, si demuestra tener valor será tú sirviente. Ahora retírense y déjennos solos –Fue el designio del Shogun. Hizo un gesto ordenando que se retiraran ambos dejándolos a los tres.
–¿Entonces, como procedemos esta vez? Ya fracasamos antes.
–No quiero errores esta vez. Quiero una fuerza que pueda cumplir con la misión –Pensó el Shogun para luego fijar su mirada en Masamune–. Enviaremos a tu campeón y sus cachorros, Jubei. Y también a Ayako Sendo.
–¿Ayako otra vez? –Cuestionó Shinzo no tan convencido de esa idea.
–Le daremos al clan Shimazu otra oportunidad, además que también quiero que Kazuma Ishigawa vaya con ellos. Una fuerza de ocho samuráis me paree suficiente, si entre ellos van dos campeones, uno de los cuales tiene un gran poder.
–Sin son ordenes del Shogun –Sonrió Masamune, sabiendo que su campeón es plenamente capaz de lograr la misión.
Continuara…
(Ending: My songs know what you did in the dark – Fall Out Boy)
