El Nuevo Lord Protector:
Capítulo 40: Rin, ¿será esa la solución? II
Ya era el día siguiente por la mañana y Rin apenas había podido conciliar el sueño. Aunque se lo tomó lo mejor que pudo, todavía tenía grabado a fuego en su memoria la matanza y el rostro desfigurado de Yuuki. Ojalá tener a Sesshomaru a su lado para dormir abrazada a él y no tener pesadillas. Se había despertado porque el calcinador sol de casi mediodía entraba por la ventana castigándola por seguir durmiendo hasta tan tarde. Se incorporó pesadamente, intentando hacer el menor ruido posible en cuanto noto que Atsuko estaba tendida a su lado, no sabía si dormida o inconsciente. La acomodó en el lecho como tantas veces había hecho la mujer con ella, y comenzó a guardar y empaquetar todo. No podía quedarse demasiado tiempo de visita abusando de la hospitalidad de Kagome, ni de la poca paciencia de Inuyasha.
Salió de la habitación deslizándose como un fantasma entre las sombras del pasillo. Se sentía algo débil, quizás desayunar algo caliente le sirviera para recuperar fuerzas. Había bastante ruido en la casa, y no podía creer que el ruido no la hubiera despertado antes. Deslizó con cuidado la puerta del pasillo que daba a la estancia principal, para encontrarse que ente allí y afuera, estaban Kagome, Kaede, Inuyasha, Sango, Miroku y sus respectivos niños jugando fuera. También vio sentado en la puerta a Yuuki, llevando estoicamente una corona de flores. Todos parecían bastante contentos, ojalá ser capaz de unirse sin esfuerzo alguno.
Como siempre demostrando sus agudos sentidos con las presencias, enseguida Kagome se dio la vuelta con una sonrisa diciéndole que tenían desayuno y te caliente para ella, que por favor se uniera. Mientras desayunaba en silencio escuchaba como entre Kagome y Kaede le decían qué hacer y qué no hacer a Inuyasha, a la vez que Sango le daba una lista de tareas diarias a Miroku. Dejó escapar un suspiro, se sentía cansada y sin ánimos, pero tenían que partir ese mismo día.
—Oi, Rin, levanta esos ánimos que tenemos que salir y no pienso llevar a un espíritu atormentado a rastras —recibió una mirada encolerizada de Kagome— y la armadura viviente que te sigue a todos lados no ha parado de arreglar tus cosas y las de esa mujer para salir
—No es una armadura viviente, es Yuuki-San, llámalo por su nombre.
—¿Cómo voy a saber su nombre si no habla? Ni siquiera se quita la máscara y el casco dentro de la casa, tuve que echarlo fuera.
—Ni lo hará. Y espero que nadie le insista en ello es un tema… delicado. —dijo mientras sorbía el té en el silencio que produjo hablar de aquel ser que servía a Rin.
—A mí no me engañas Rin.
El que estaba siendo objeto de la conversación miró fijamente a Inuyasha, una amenaza silente en la que le recordaba que no tenía que decir nada de su olor.
—Sé que a todos os debe resultar una presencia extraña, y me da igual lo que me digáis al respecto o lo que olfatees tú, Inuyasha. Yuuki-San es humano, nadie te decía nada acerca de Kikyo-sama.
Silencio de nuevo. Ese había sido un golpe muy bajo, pero tenía que poner en su sitio a Inuyasha. A saber por lo que había pasado su soldado para acabar aquí, como para estar recibiendo vejaciones por parte del hanyou. Se acercó un momento a él, para decirle más despacito: —Lo ha pasado muy mal, y os puede resultar raro. Pero es alguien de confianza para mí, y es doloroso saber que no te agrada y lo estás diciendo abiertamente. He hecho esa comparación antes, porque fue la única que encontré para que mínima ente te pongas en mi lugar.
Todos se quedaron de piedra viendo como Rin había puesto en su lugar y luego tranquilizado a Inuyasha, solo con palabras, aunque éste se hubiera quedado enfurruñado donde estaba. Normalmente el hanyou hubiera seguido hasta llegar a una discusión a gritos, y ella parecía que tenía por costumbre fácilmente domar bestias.
—Ahora, si es verdad que Yuuki-San se ha encargado de todo, en cuanto desayune y me vista puedo ya salir.
—¿Tienes ropas adecuadas para eso, Rin? Tenemos que atravesar un bosque y varios caminos, la aldea de exterminadores esta algo oculta.
—Oh, no te preocupes, aunque a la mona vistan de seda… Sigo siendo un poco salvaje y se me da mejor correr en el bosque que la ceremonia del té —dijo causando risas en los presentes.
Cerca ya del mediodía, salieron ya en dirección a la aldea. Aquel viaje les tomaría poco más de dos días, por lo que llevaban provisiones para tres. Rin se despidió dejando claras instrucciones para que esas criaturas que la habían seguido se encargaran de la seguridad de la aldea, y que echaran a suertes quién sería el encargado de enfrentarse a Sesshomaru para decirle que marcharía prácticamente sola, sólo con Sango, Inuyasha y Yuuki. También le pidió a Kagome y especialmente a Nozomi (N/A: Nozomi es la actual sacerdotisa de la aldea, hermana de nobusada. Fue criada más como hija de Atsuko que de su propia madre, por si alguien no se acuerda) que cuidaran de Atsuko, "Por favor, insistidle a mi nana a que no se angustie. Yo ya le tiraré de las orejas, y encontraré una solución. Decídselo literalmente así, ella me entenderá".
Partieron por los caminos que se internaban hacia los bosques en la falda de los riscos al sur de donde estaban. Sango tenía sus dudas de que Rin, vestida con un fino kimono de seda y descalza, fuera capaz de aguantar aquella caminata, pero dentro de las partes en las que el terreno era más accidentado parecía ir libremente dando saltos, como si ése fuera su hábitat natural. También albergaba ciertas reticencias al no saber nada acerca de ese extraño chico, supuestamente, que no se quitaba la máscara, que no comía, que no hablaba. No era un viaje ameno como cuando perseguían a Naraku, a pesar de que viajaban con una chica llena de alegría que parecía no callarse nunca y se las apañaba para encontrar comida y flores por donde fuera que se metieran. Por otro lado, le resultaba extraño ver a Inuyasha en su sitio sin los abajos de Kagome o de nuevo llevar su traje de exterminadora. Desde que criaba a sus hijos, cada vez lo había usado menos y le traía una mezcla extraña entre nostalgia y desarraigo.
Había pasado ya día y medio y habían cenado por segunda vez a la intemperie antes de dormir. Ahora las mujeres iban a aprovechar de la cercanía de una laguna que provocaba un riachuelo cercano, para ir a asearse tras dos días de arduo esfuerzo físico. A Rin se la veía demasiado confiada de estar bañándose casi en la oscuridad, con la sola vigilancia de un guardián silente. A Sango le provocaba temor exactamente las mismas cosas que a Rin le provocaba tanta confianza. Se metió en el agua, mientras la otra chica cantarinamente se aseaba.
—Rin-chan, ¿por qué tan confiada? ¿Y lo de insistir en que no encendamos tato fuego?
—Oh, bueno, confío en Yuuki-san cuidando de todos en una dirección y en Inuyahsa cubriendo el resto. Sé que siendo hermano de mi esposo tiene que tener excelente olfato y oído, aunque no sé como lleva la oscuridad la verdad. —se puso un dedo pensativo en el mentón —Respecto a la oscuridad, ya he tenido alguna vez problemas con atraer polillas demonio con el fuego, y no quiero correr desnuda mientras me persiguen, y no contamos con nada que pueda producir fuego demás para quemarlas. ¿Te molesta mucho la falta de luz?
—No, no, sólo me asombra la confianza con la que e desenvuelves en todo esto. Siento decirlo así, pero te hemos conocido escondida detrás de Sesshomaru, y luego bien cuidada en la aldea…
—Ah, ya, bueno, la verdad es que me escondía detrás de él, pero tenía que apañármelas como pudiera para seguirlo, a pesar de tener sólo ocho años, tenía que encargarme por mi cuenta de todas mis necesidades. Las únicas veces que hizo algo por mí fue conseguirme un kimono que no estuviera rasgado y ensangrentado, y decirle al gran Jaken que cuidara de mí en su ausencia…
—¿En serio? La verdad es que cuando llegaste apenas hablabas y no llegamos a saber mucho acerca de tu relación con Sesshomaru. Sólo veíamos asombrados cómo siempre volvía a visitarte con algún regalo.
—Yaaaaa jajaja —rio sonrojada —Siempre le he tenido mucho aprecio, y fui lo suficientemente privilegiada de ser correspondida.
—Kaede-sama sigue temiendo por ti, de que un demonio se hubiera enamorado un demonio de la pequeña niña que prometió cuidar y proteger hasta que creciera.
—¡Oh, no! Sesshomaru nunca ha estado enamorado de mí —contestó rápidamente negando con ambas manos también —los demonios como él no tienen esa clase de sentimientos. Es más… confianza, necesidad de posesión… no sé como describirlo, de la misma manera que a él le cuesta entender del todo mi cariño. Pero más allá de nuestras diferencias creo que son bastante equivalentes ahora que lo pienso jajaja.
Sango se quedó sorprendida de tamaña confesión. A pesar de que habían tenido una conversación hablando las tres (aunque ahora no se encontrara Kagome presente) acerca de sus respectivos matrimonios, y de como eran sus relaciones, sus casamientos y tal, en ningún momento le habían hecho una pregunta al respecto. Enseguida Rin se puso de pie, con una sonrisa en su rostro, ya había terminado de asearse
—¿Salimos ya? No quisiera pescar un resfriado.
Sango salió tras de ella, comenzando a vestirse. La miró de arriba abajo mientras le daba la espalda. Decía que estaba casada, pero estaba bastante segura que los inuyokais, daba igual del tipo que eran, marcaban a los humanos de los que se obsesionaban. Pero Rin no tenía ni un solo rasguño en todo su cuerpo. Procuro mirar en otra dirección en cuanto la noto que se iba a dar la vuelta, para que no notará que la estaba examinando, consiguiendo que fuera la otra quien se fijara en ella, y en la cicatriz en su espalda.
—Yo también tendría que tener de estas… —le dijo apoyando suavemente los dedos en la cicatriz de la espalda de sango —pero cuando volví a la vida me di cuenta que ya no tenía ni cicatrices ni heridas.
—Tienes suerte entonces…
—Sinceramente, me da la sensación de que mis recuerdos son menos reales al no tener las marcas que deberían estar allí. —sacudió la cabeza, casi sacudiendo se de la memoria aquellos recuerdos, para volver a sonreír dulcemente—apurémonos, no quiero molestar a Inuyasha dejándolo solo tanto tiempo.
Volvieron para dormir, alrededor de la fogata de colores antinaturales. Pero la única que durmió del tirón toda la noche fue Rin. Inuyasha no se acababa de fiar del todo de Yuuki, y Sango, aunque se intentaba auto convencer de que no pasaba nada, no sabía si por las extrañas cosas que rodeaban a Rin desde que volvió, o a que hacía mucho que no dormía a la intemperie, apenas era capaz de descansar. Llegaron al día siguiente al mediodía. El sol brillaba en lo alto, pleno mediodía de primavera, que tras el frío de la mañana abrasaba sus cabezas, en un constante recordatorio de la tortura que les infligiría con su calor en verano.
La aldea, con su amurallado de troncos y terraplenes seguía manteniéndose imponente a sus visitantes. Aunque no había sonidos de gente viviendo allí como antaño, sino de todos los tipos de insecto que prosperan en esa época del año. Fueron directos a la casa del jefe, donde estaban normalmente guardado por escrito toda esa clase de conocimiento, siempre guiados por su antigua habitante. En el patio de la misma casa habían enterrado la mayoría de los cuerpos hacía tantos años después del ataque, y ahora las malas hierbas crecían de manera irregular sobre los montones de tierra. Tuvieron que abrirse paso hasta entrar dentro de la edificación, provocando que Rin empezara a temblar. Eso era mala señal. Si La que parecía tener menos miedo a nada de todos los presentes temblaba, algo pasaba. Tantas cosas con sellos contra los espíritus, la casa derruida por el pasar de los años, los destrozos de algún saqueo esporádico daban un aspecto lúgubre al lugar.
—Tranquila, Rin, aquí hace mucho que vine con Miroku y Kagome-chan a purificar el lugar, ya no hay peligro.
—No es eso… —Rin y Yuuki miraban fijamene hacia un pequeño espacio socavado en la construcción de la pared, con un escrito inteligible ya. —Esos son…
—Los perros del infierno —solo pudo terminar Yuuki en su cabeza.
Sólo ellos dos habían muerto una vez, y se les acercaban lentamente. Sólo ellos dos habían muerto alguna vez y habían escapado de sus fauces. Sólo ellos dos podían verlos, sólo ellos dos eran sus presas.
Para los ojos sorprendidos de Inuyasha y sango, sólo vieron cómo Rin pegaba un grito, aterrorizada de algo, agachándose, mientras el chico salía a defenderla con su espada. Para después de escuchar algo que no supieron si era un rugido o un ladrido, verlos desaparecer en la nada.
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¡Hola mi gente hermosa! Por favor no me tiréis tomatazos. Explicaré todo en el próximo capítulo, lo prometo. La malo es que ahora cuando pensé originalmente en esta parte de la historia, no iban a encontrarse con problemas, pero mi mente es retorcida, gomeeeeen
En fin, seguimos sin ver a Sesshomaru, sin saber si encontrarán una solución a su veneno, no sabemos aún qué le ha pasado a Yuuki, y ahora parece que nos han arrastrado a dos personajes al yomi (o no, sólo los han arrastrado los perros del infierno a otra dimensión XD). ¿Qué estoy haciendo con mi vida en esta cuarentena que se me ocurren esas cosas? Ya llevo 3 semanas encerrada, y va para laaaaargo (nos acaban de prometer hoy dos semanas más). Btw, me conocéis, me gusta el drama, y lo que más, leer vuestras conjeturas ^^
¡Muchas gracias por leerme! ¡Un besazo enorme a todos y hasta la próxima!
