A Yuri no le pareció tan mala idea, podría ver al japonés en traje de baño y eso sería perfecto para él — creo que es una buena idea —le respondió cuando vio que Yuuri se sentaba en el sofá con las palomitas que había hecho recién, iban a ver una película. Víctor estaba en medio de sus padres ya que eso le encantaba, el darse cuenta como de repente se daban miradas furtivas cuando creían que él no los miraba, era entretenido.

¿Qué es una buena idea? —preguntó cuando ya se instaló y le pasó las palomitas al menor para que ahí todos pudieran sacar sin contratiempos.

Ir al parque acuático para conocer al delincuente ese —habló sin mirar al azabache, con la vista fija en la pantalla.

¡No es un delincuente! —exclamaron Yuuri y Víctor al mismo tiempo mirando de mala manera al rubio y este solo sonrió con malicia. Le encantaba hacerlos enojar con tonterías.

Eso lo veremos cuando lo conozca.

Creo que estaría bien que ustedes fueran a un parque acuático, se divertirán mucho —Yuuri estaba contento con la actitud del rubio, estaba aceptando todo de a poco, aunque sus celos de padre tal vez le impedirían ver todo con claridad, él sabía que Otabek era un buen chico.

¿Ustedes? No vas a arrancarte de esta cer… katsudon —le dijo mirándolo fijo— vamos a ir todos y eso te incluye, eres parte de esta familia y parte de su mentira —apunto al platinado con el dedo— ni creas que pasaré por alto el hecho de que ambos me ocultaron esto.

Entonces iré, que castigo más grande. Iré a un parque acuático —dijo el azabache con voz monótona solo para fastidiar.

El tema duró unos minutos más, acordando los días que podrían ir para que Víctor pudiera hablar con Otabek y darle opciones de días. El menor esperaba que su futuro novio aceptara ir con ellos, ya que quería pasar más tiempo con él y saber muchas más cosas sobre él, tal vez también podría conocer a la familia del moreno algún día.

Así se les paso rápido la noche del viernes, el sábado temprano y reuniendo todo el valor que tenía, Víctor llamó a Otabek para invitarlo.

¿Hola? ¿B- Beka? —habló un poco nervioso cuando contestaron al otro lado de la línea.

Víctor, justo iba a llamarte ¿Estas libre hoy? —Le preguntó tomándolo por sorpresa— me gustaría invitarte a tomar un helado o algo así.

Otabek se había dado cuenta de que el conversar con el platinado lo relajaba, además de que el chico irradiaba felicidad y eso hizo que su día fuera más llevadero. No había logrado parar de pensar en su sonrisa y en como su rostro triste le removía el corazón a tal punto de no querer dejarlo solo.

Me encantaría —respondió para luego caer en cuenta de que ni siquiera había pedido permiso— ah, esto… debo pedir permiso… —habló con voz titubeante, después de todo el moreno era un adulto que se mandaba solo y él un adolescente dependiente de su padre, solo un niño si se comparaba con Otabek.

Está bien, yo espero ¿O prefieres que llame más tarde? —esa simple frase hizo que el corazón del platinado casi se le saliera.

¡Espérame, por favor! —le pidió para luego escuchar una ligera risa que lo hizo sonrojar, Otabek debía creer que él era un crio.

Corrió hacía donde su padre con el celular en la mano, apenas llegó desactivó el micrófono para que el otro no escuchara, pero se equivoco y lo puso en altavoz, aunque como el otro no hablaba no se dio cuenta.

¿Qué ocurre que estás tan apurado? —preguntó Yuri de inmediato al verlo agitado.

Es… Otabek, quiere invitarme a salir —le habló emocionado— por favor, déjame ir —le imploró.

¿El delincuente? —El moreno frunció el ceño— que te guste no significa que vaya a dejarlos salir solos —el platinado hizo un puchero y Yuuri quien estaba en la sala lo miró con cara de pocos amigos, nada de presión para el padre preocupado— ¡Agh! Está bien, sal con él.

Víctor quería saltar en un pie hasta que al tomar su teléfono vio en la pantalla que el altavoz estaba activado. "Que te guste" era la frase que resonaba en la cabeza del moreno intentando darle sentido, no podía imaginarse que fuera en un sentido romántico ¿O sí?

Beka… lo siento, mi padre es un malhablado a veces y dice cosas sin sentido —le dijo apurado esperando que el otro no se hubiese tomado a mal sus palabras y que no se hubiera dado cuenta de sus sentimientos.

Está bien, no hay problema ¿Puedo pasar por ti? Si es así ¿A qué hora? —Víctor sentía que se desmayaría ahí mismo.

A las cuatro está bien —respondió de inmediato para luego despedirse, contaría los minutos para tenerlo en la entrada de su casa nuevamente.

Llegó el moreno y Yuri quiso salir a recibirlo, pero el japonés lo detuvo diciéndole que lo conocería en el parque acuático, que no arruinara las cosas. El rubio de mala gana dejó salir a su hijo quien saludo alegre al moreno el cual esta vez traía un casco extra para Víctor.

El subir nuevamente a la motocicleta hacía latir su corazón con fuerza, abrazarse al cuerpo de Otabek le era lo más grato del viaje. El moreno lo llevó a una heladería grande donde tenían un montón de sabores diferentes, aditamentos como chispitas, frutas, salsas y muchas cosas más.

¿Quieres que compartamos uno? —le preguntó Otabek cuando lo vio mirando una porción de helado demasiado grande para Víctor, al platinado le brillaron los ojos y asintió enérgicamente mientras en los labios de Otabek se formaba una pequeña sonrisa y pedía el helado. Los sabores los eligieron juntos, al igual que las salsas y todo lo que el de ojos azules quisiera echarle encima.

Se lo entregaron y parecía un torbellino de colores y cosas, Otabek pensó que terminarían en un hospital por exceso de azúcar mientras observaba como Víctor ya había tomado una porción con la cuchara y bailaba sutilmente en su asiento por lo feliz que estaba. Al parecer le había gustado.

Lo siento —se disculpó el platinado— sé que soy muy infantil.

¿Y eso que tiene de malo? —le preguntó en su tono normal haciendo que el menor se sintiera bien de mostrarse como era.

Hablaron nuevamente de variados temas, demostrando nuevamente que Víctor era más maduro de lo que aparentaba, atrayendo la atención del moreno con cada palabra que demostraba adultez y cada gesto que lo llevaba a recordar que aún era un niño. Le gustaba esa mezcla en el platinado.

No lograron terminarse todo el helado, había sido demasiado, pero se rieron de ello— ¿Cuánto te debo? —preguntó Víctor y Otabek le dijo que él había invitado así que él se hacía cargo.

La próxima vez me invitas tú —le dijo dándole una pequeña sonrisa casi imperceptible para el resto, pero muy clara para el menor.

Entonces, mi padre quería llevarnos a todos al parque acuático ¿Quieres venir también? —preguntó aprovechando la oportunidad y tomando por sorpresa al moreno.

Creo que me encantaría ir si tu padre no tiene problemas con que sea un delincuente —dijo en broma y Víctor sonrió por eso.

Después de reposar un momento llegó el momento de ir a casa, Otabek debía trabajar así que no podían compartir más tiempo. El moreno le prometió que el sábado siguiente tendría tiempo para ir al parque y Víctor lo anotó mentalmente para avisarle a sus padres.

El trayecto de vuelta se sintió tan bien como siempre, el aroma de su perfume lo embriagaba y eso le encantaba. Al llegar bajó de la moto y le dio un beso en la mejilla— Adiós, Víctor —el platinado negó con la cabeza.

Dime Vitya —quería escuchar esa palabra salir de sus labios.

Adiós, Vitya.

Esa noches no paró de hacer planes en su cabeza para el día en que saldrían. Podría pedirle a Yuuri preparar cosas para llevar y que así Otabek probara algo cocinado por él, sería genial. Por supuesto que el japonés no se negó y Yuri prefirió no decir nada, su hijo estaba creciendo y si bien había tenido novias antes, esto por alguna razón se sentía distinto y no porque fuera un hombre, sino porque Víctor se veía más interesado y eso le daba miedo ¿Qué tal si el chico rompía su corazón? Tal vez sería sin querer, pero con solo rechazarlo bastaría para hacerlo.

La semana pasó con rapidez, el sábado llegó pronto y Otabek quedó en encontrarlos en el mismo parque ya que se ofreció a ser él quien llevara a Víctor, pero el rubio se negó. Su hijo iría en su auto y ya.

Llegaron al lugar, se podían ver muchos toboganes y juegos interesantes, Víctor quería subirse a todos, pero lo que más ansiaba era ver al moreno quien había llegado antes y los esperaba en una mesa de picnic cercana a una de las piscinas.

Hola, Beka —saludó Víctor dándole un beso en la mejilla.

Hola, Vitya —luego de responderle al platinado, estiró su mano para saludar a Yuri y este la estrechó— buenos días, señor Plisetsky. Hola, Yuuri —saludó con su seriedad habitual.

Los adultos lo saludaron con formalidad para luego ver que era arrastrado por el menor a los toboganes— ¡Vuelvan en dos horas para comer! —gritó Yuuri, menos mal que había hecho que Víctor se pusiera bloqueador antes de salir de casa, ya que con la emoción se le habría olvidado.

Se quedaron ambos Yuris solos y sintiéndose extraños sin el platinado cerca— ¿Vamos a la piscina? —preguntó el rubio apuntando la que estaba justo junto al área de las mesas, a Yuuri no le pareció mala idea.

Está bien, pero aún debo ponerme bloqueador —le dijo mientras observaba que el rubio se quitaba la camiseta dejando ver su delgado, pero ha la vez trabajado cuerpo. El japonés sentía que tendría un derrame nasal en cualquier momento.

¿Puedes ponerme primero a mí y después te ayudo a ti? —le preguntó acercándose y sentándose junto a él, pero dándole la espalda.

Yuuri sacó la crema y comenzó a esparcirla en el cuerpo del rubio quien sonreía satisfecho al saber cómo lo había mirado el japonés y por dejarlo tocar su cuerpo, sabía que producía cosas en él, pero no quería una relación en base solo a una atracción, debía haber más que solo eso.

El azabache esparció el bloqueador, deleitándose al tocar la piel expuesta del rubio. No era la primera vez que veía a Yuri con el torso descubierto, pero si la primera donde podía tocarlo con tanta libertad. Solo esperaba poder controlarse y que no se notara lo mucho que le estaba gustando aquello.

El turno del rubio llegó, Yuuri tenía una sudadera encima que era un poco ancha, bajó el cierre de esta y se la quitó. Su cuerpo no era escultural, pero solo era falta de ejercicio ya que si estaba delgado gracias a la dieta que se autoimponía para no subir de peso. Su contextura era complicada.

Yuri lo observó de arriba abajo, pero no fue hasta que vio el sonrojo en las mejillas del japonés que se le subió la sangre a la cabeza y pensó que se notaría ahí mismo que el otro comenzaba a hacerle sentir "cosas".

Deja de mirar y pónmelo —eso no ayudaba mucho a su imaginación, pero aún así el ruso se acercó y comenzó a esparcir la crema por toda la espalda del japonés, dando leves caricias sin siquiera premeditarlo. Simplemente su piel era tan suave que quería sentirla por completo.

Terminaron y esperaron media hora para que la crema se absorbiera, ninguno dijo nada ya que ambos estaban demasiado metidos en el mundo de su imaginación después de por fin haber tocado la piel del otro, aunque fuera por otras razones menos intimas. La imaginación no tiene límites después de todo.

࿂Continuará࿂