"Lo que depara el futuro"

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Las gentiles brisas del cielo matutina llenaban las fosas nasales del joven Todoroki, quien tomaba una caminata con la intención de ver la hermosa inmensidad con la que el sol recibía su corazón roto en un rato en soledad.

El haberse rendido supuestamente por Midoriya no conllevaba a dejar de amarlo, de pensarlo y de añorarlo desde el festival deportivo; al contrario, esos eran sentimientos que no estaban dispuestos a ser desechados en un simple parpadeo estoico de su parte.

Las reflexiones que le rodeaban como una maldición no le bastaban, pues eran unos cúmulos de vacíos que se erosionaban a la par con el pasto que decoraba las instalaciones de la escuela, que se hallaba actualmente, seco.

Así era como se encontraba Todoroki como una flor marchita, una planta seca, seco de todo aquel estímulo que quisiera ocasionar en él una posible reacción de su parte.

Todoroki suspiró lánguido, palideciendo con la lentitud con la cual el sol salía desde le horizonte.

Las aspereza que llenaba sus manos, el nudo de la garganta, las lágrimas que simplemente no salían por mucho que él lo deseara, no se desaparecían de su anatomía.

Todo en su ser estaba lleno de Midoriya.

Su piel gritaba sin ser escuchado el nombre de Midoriya, sin que sucediera nada, pues él sabía mejor que nadie, que no recibiría una respuesta a cambio de sus súplicas.

Lo que le deparaba el futuro era incierto, un inmenso vacío, una laguna que detonaba los años de vida hasta volverse viejos y ausentes del mundo.

La inmensa quietud, el cielo que se callaba, los rayos del sol que no calentaban un centímetro de su epitelio, los sonidos que ensordecían sus sentidos.

Temor.

Inquietud.

Qué le deparaba ahora?

Seguía sin obtener una respuesta dentro de su reflexión.


Después de desayunar en el comedor, salió a dar un paseo por la ciudad, puesto a que no tenía nada relevante qué hacer de su existencia, al menos durante las vacaciones de invierno.

Veía pasar a las personas, mientras él portaba ese gesto estoico que definía su tenue expresión, parte de los vestigios que detonaban sus heridos sentimientos.

El frío del invierno parecía una certeza arropada sobre su cabeza, simulando una tela blanca que con el uso se transformaba en un opaco color negro.

Sin embargo, al cansarse de no tener una ruta específica, decidió tomar el autobús, pero cuando se detuvo en la parada para esperar la próxima parada, vio esa inconfundible cabellera verde rizada, arribando poco después que él y se detuvo en el mismo sitio que el suyo.

No lo había visto desde que le confesó que lo amaba; era irónico que la sensación de que pasó una eternidad en volverlo a ver, hubieran sido unos escasos dos días, o quizás menos.

Qué cruel coincidencia, se dijo dolido. Una cruel y amarga sentencia me acecha, supuso al írsele acercando por detrás hasta toquetear su hombro con sus dedos.

Cuánto trabajo le costó realizar aquella acción sin concluir en colapso.

—Midoriya— Lo saludó, obteniendo por reacción un ligero salto, seguido de unos intensos y enormes ojos verdes que lo observaban solo a él. Se le oprimió el corazón, y el mundo se le cerró.

—Todoroki-kun!— Pronunció asombrado de verle. —Qué haces por aquí? Vienes de compras o a despejarte de los demás?—

—Pasando el rato— Divagó áspero.

Esto no pareció tranquilizar a Midoriya, que inmediatamente lo miró preocupado.

—Te encuentras bien?— Se le acercó minucioso, inspeccionándolo con la mirada, detonando en él, aquel dolor fúnebre del cual, huía como un fugitivo.

—Sí, mejor— Reparó en tono seco. —Y tú qué haces aquí, Midoriya? No deberías de estar en los dormitorios descansando?—

Quiso decirle que no debería de estar disfrutando de la compañía de su novio explosivo, o de la bomba corrosiva que se hacía llamar Katsuki Bakugou.

Cuánto desdén experimentaba ante ese tipo.

Los ojos incómodos de Midoriya se clavaron al piso.

—Quería estar solo— Admitió a lo bajo, aunque él pudo oírlo, más que bien. —Si Kacchan estuviera conmigo ahorita, no me dejaría pensar solo—

—Bakugou no respeta cuando quieres estar solo?— Cuestionó, prestando su oreja para escucharlo.

—No— Notó que él apretó los labios, como si le costaba mucho trabajo admitirlo. Los ojos de impotencia que mostraba de manera inconsciente eran la respuesta a su deducción.

Bakugou no le daba tiempo para pensar a Midoriya, es decir, que no le permitía tener mente propia.

Era de esperarse.

—Te sermonea cuando no sabes qué hacer?—

Midoriya asintió, y pudo ver que le tembló el labio inferior.

—Midoriya— Dijo su nombre, viéndolo asentir. —Qué dices si platicamos solo los dos?—

—Eh?— Pestañeó, y para su curiosidad, él lucía interesado en su sugerencia.

—No me importa hablar contigo— Dijo condescendiente. —Ya que eres mi mejor amigo, dejando los sentimientos de lado, no me es un impedimento el que podamos hablar, no crees?—

—¡En absoluto!— Correspondió, su rostro se alumbró un poco. —Podemos charlar, Todoroki-kun?—

—Es lo que te estaba sugiriendo—

Una linda sonrisa surgió de los labios de Midoriya, aceptando su sugerencia.

Al fin y al cabo, Todoroki ya no tenía nada que perder.


Tomaron el autobús sin tener un destino referente al cual llegar, mas que contemplar el paisaje invernal y disfrutar de la compañía del otro.

Todoroki fue el primero en hablar.

—Qué es lo que te tiene tan agobiado, Midoriya?— Preguntó prudente, volteándolo a ver con toda su atención centrada en su comportamiento. Midoriya lo miró ajetreado, jugando con sus dedos entrelazados entre sí.

—El desconocer lo que sucederá en el futuro— Espetó torpe, abriendo los ojos. —Me intriga no saber decidir lo que me conviene—

—Hm— Todoroki soltó pensativo. —Dices que desconoces lo que te deparará el futuro?— Supuso, seguido de una mirada contemplativa.

—¡Sí!— Cabeceó afirmativo. —Yo siento que Kacchan no quiere que yo decida las cosas por mi cuenta—

—Es obvio— Dijo sin pensarlo, pero no le importaba decirlo en absoluto.

—Este— Midoriya lo observó incómodo, sin saber qué decir.

—No es para ofenderte— Recalcó vano, oyéndolo respirar aliviado.

—Bueno— Sonrió inocentón. —Sé eso de ti, Todoroki-kun—

—Entonces, solo es eso lo que te agobia?— Regresó al tema, odiando que él le recordara el dolor que conllevaba su amor por él.

—No— Respondió, volviendo al ademán ajetreado.

—Puedes decirme— Lo animó a su manera estoica, invitándole a continuar. —No tenemos un destino trazado en este autobús, Midoriya, podemos bajarnos en cualquier parada y podemos volver al punto de partida. No hay límites para las distancias—

El rostro de Midoriya se iluminó, viéndolo como si fuera el antídoto contra la enfermedad. A esto, él le dirigió una mirada de confusión.

—Lo describiste perfectamente bien— Lo elogió en admiración, sorprendiéndolo.

—Qué?—

—¡Describiste lo que sentía a la perfección, Todoroki-kun!— Cantó alegre. —Tengo miedo de arriesgarme a dejar todo detrás, pero es algo que yo estoy pensando seriamente en aceptar el desafío, aunque Kacchan no quiera que yo lo haga—

Todoroki estaba más que perdido en ese diálogo que dijo Midoriya.

Qué significaba ese palabrerío de su parte?

Le devolvió el gesto en blanco.

—Ah— Se rió nervioso, sobándose la nuca con una mano. —Quiero decir que estuve pensando en cambiarme de escuela—

—Por qué?— Interrogó sorprendido.

—No te puedo decir— Explicó abatido. —Ya que juré no hacerlo, pero lo único que te puedo decir es que las personas que conocen el origen de mi poder, corren peligro, y Kacchan sabe todo—

—Ya veo…— Murmuró reflexivo. —Quieres decir que el origen de tu Quirk es especial?—

—Algo así— Intentó explicar. —Es un secreto, pero Kacchan se rehusa a que me cambie de escuela, aunque la verdad no me importa donde esté, lo único que quiero es ser un héroe—

—Bakugou nunca te dejará alejarte de él— Opinó sobre el chico explosivo, o como a veces pensaba: la bomba corrosiva. —Y dejar que tu decidas las cosas por tu cuenta, menos—

—Pero—

—Midoriya— Subió el tono. —Si dices conocer a Bakugou como presumes hacerlo, deberías de saber que él es muy posesivo y dominante— Advirtió serio. —Si piensas tener libertad de decidir tu futuro para ti solo, no te lo garantizo si sigues con él—

—Yo…— Se pausó en breve; sus facciones decayeron. —Tienes razón— Admitió triste. —Yo conozco muy bien ese lado de Kacchan—Cabeceó.

—No te lo digo porque te amo— Repuso. —Te lo digo porque primero eres mi amigo, y como los amigos que somos, verte sufrir me es insoportable—

—Todoroki-kun— Suspiró conmovido. —Me pasa lo mismo contigo—

—Yo no quiero que te encierres con tus propios límites— Expuso concertado. —Si te atan de manos, no podrás saber qué tan lejos puedes llegar a ser como héroe—

—Sí—

—Nadie más que tu se encierra en su propia cajita de cartón— Prosiguió. —Y yo te aprecio lo suficiente como para decirte estas cosas, así que por favor, reflexiona bien, Midoriya, no pienses en los demás o en sus palabras tóxicas, piensa en ti mismo, porque al final de todo, solamente te tienes a ti solo—

Al verlo asentir lleno de gozo y agradecimiento, le regresó una sonrisa amistosa.

—Aprecio mucho que me digas estas cosas— Concluyó sonriente.

—Y yo el que me las digas— Concordó.

Al terminarse las paradas del autobús, se fueron a comprar chocolate caliente en un puesto de aquel pequeño pueblo al final de la ciudad, y tomaron el autobús de regreso al lugar que les correspondía llegar.

Quizás lo que le deparaba el futuro a Todoroki no eran puras desgracias como él creía.

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P.D. Un capítulo de Todoroki en un tiempo antes de que Midoriya hable con Kacchan en la noche, es decir, antes de lo que sucedió en el capítulo anterior.