Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es completamente mía.
CAPITULO XI
-Dudo realmente de que tu padre tenga razón en ello y solo vivas a expensas del dinero ajeno.
Bella hizo una mueca. Al parecer la bebida estaba soltando su lengua. O tal vez ese fuera el Edward normal que rara vez se mostraba.
-Tienes razón...
Lo miró por un segundo y apartó la vista para beber de nuevo.
-...tengo una pequeña empresa. Está funcionando bien. Es mi pequeño orgullo.
Terminó por susurrar. Edward detuvo su botella a medio camino y se enderezó hacia ella. Bella estaba tan relajada en su asiento, mirando el espacio abierto frente a ellos, luciendo tan bella. Tan tranquila. Su esposa tenía una jodida empresa y él no tenía idea de ello. De pronto volvía a mirarla profundamente. ¿Cuántas cosas no sabría de su esposa? ¿Cuántas cosas habría detrás de esa máscara?
-Por supuesto que mi padre, ni siquiera mi familia lo sabe. Solo tres de ellos, en los que más confío.
Edward sonrió.
-Increíble.
Bella lo miró a los ojos. Edward se apuró a hablar antes de que ella pudiera siquiera mencionar algo más.
-Por supuesto que mis labios están sellados, Bella. Eres mi esposa, no mi enemiga.
-Utilizas demasiado seguido ese término.
-¿Cuál?
Cuestionó a pesar de estar siguiendo sus palabras a la perfección, Bella no apartó la vista de sus ojos. Su seriedad tiñiendo sus gestos.
-Esposa.
-Es lo que eres.
-Solo hasta que esto termine.
No si podía evitarlo, pensó Edward. El silencio rugía entre ellos como el ruido más ensordecedor del mundo. Mirándose a los ojos con intensidad.
-¿Por qué insististe en esa propiedad que está en Estados Unidos?
Bella apartó la mirada, bebiendo de nuevo.
-Es lo último sobre lo que tiene poder mi padre. Esa casa es el centro de operaciones de mi empresa, de mi... de mis negocios y él lo tiene custodiado como si se tratara de una cárcel de alta concentración. Tiene cámaras de seguridad, un sistema operativo privado de alta tecnología y tengo a Rose cubriendo sus pasos desde el momento en que perdí el poder sobre la casa.
Edward podía sentir el odio brotando de su cuerpo, el reproche que oía en su voz. La auto crítica. El dolor y algo más.
-¿Qué pasó?
Por que para él poco sentido tenía aquello.
-Mi madre dejó en su testamento una cláusula que me perjudica de todas las maneras posibles...
Bella comenzó a relatar que después del fallecimiento de su madre, ella era muy pequeña y fue dejada al cuidado de Marie, su abuela materna hasta que terminó la escuela secundaria y se mudaron a su casa en Manchester, New Hampshire, Estados Unidos. Vivían en una hermosa casa solariega sobre la calle Lake Shore Rd. Camino a la costa, el clima siempre había sido pacífico y habían sido los mejores años de su vida. Mientras estudiaba en Yale la escuela de negocios.
Luego de la muerte de Marie, ella se había quedado con la casa y habitaba en ella, no había pensado en regresar si no la hubieran obligado.
-¿De qué se trataba?
-Mi madre estipuló que hasta que no cumpliera los veinticinco, no podría gozar de la herencia que me correspondía. La dejó en fideicomiso bajo las garras de mi padre. La cual estoy muy segura de que ya ni existe.
-¿Has averiguado con abogados?
Ella rió mientras de ponía de pie. De pronto necesitaba otra cerveza. Edward la siguió a la cocina. Admirando su forma tranquila de moverse, cómo el vestido se meneaba por sus caderas y sus pies acariciaban el suelo.
-He tenido un arsenal que fue aplastados por los abogados de Charlie. Estaba comenzando con mis negocios así que decidí desistir.
Debido a su edad y que todavía estudiaba su padre hizo un poso con fondos que destinaba solo a estudios y al material necesario. Le arrendó un departamento cerca de la universidad y ella estuvo obligada a ello. A aceptar las condiciones.
-Cuando empecé la primera empresa todo fue en crecimiento, ya tenía a Rosalie trabajando conmigo y bajo su recomendación legal tuve que esconder todos mis movimientos para no ser perjudicados.
-O para que Charlie no tocara nada de lo que es tuyo.
Bella le entregó otra botella. Sonriendo.
-Exacto.
Edward estaba impresionado. Descansó su cintura en la mesada mientras la veía dar vueltas por la cocina.
-¿Tu primera empresa?
Ella asintió sin mirarlo, sacando los ingredientes de la heladera para preparar la cena. Le había dado la noche libre a Elena. Ni siquiera sabía por qué había hecho eso y la mujer estaba tan sorprendida que rió mientras aceptaba.
-Larga historia. La cuestión es que yo aún vivía allí por lo que todas las fuentes de manejo, como si se tratara de mi oficina estaban allí y él no lo sabía. Un día regresé a casa y tenía el ingreso restringido. Temí que si demostraba demasiado interés él investigaría.
Bella lo miró.
-Solo armé un escándalo sentimental porque era la casa de mi abuela y él lo dejó estar.
Edward sonrió.
-¿Desde cuándo luchas por esto?
Bella dejaba el agua para hervir la pasta y comenzaba a picar los ingredientes para la ensalada. Bebiendo un sorbo de cerveza, de pronto, sintiéndose muy relajada. Como en mucho tiempo que lo había sentido.
-Unos dos años. Temía que el día de mi cumpleaños numero veinticinco llegara y algo nuevo surgiera. Charlie se ha encargado de mantener el escrito de mi madre lejos de mí, cada tanto surge una cláusula nueva y realmente estoy muy cansada de todo. Pero hasta no tener todo lo que tiene la casa de Nana no puedo adjudicar el abandono de la herencia.
Edward estaba más cerca de ella.
-¿Qué es lo que tiene esa casa?
-Papeles realmente muy importantes. Todos mis comienzos financieros, la empresa que no sabe que tengo. Mucho material poderoso que a menos que quiera modificarlo, los necesito. No puedo hacer nada.
Todos los comienzos de la fundación, sus aportes. Los títulos de las tierras. Absolutamente su vida entera. Ella podía suplir absolutamente todo lo que se encontraba ahí. Pero no quería que nada fuera a parar a manos de Charlie.
-¿Qué planeas hacer para recuperar eso?
Bella dejó el cuchillo para mirarlo.
-Realmente no lo sé. Llevo años intentando urdir un plan y no he tenido éxito.
-Voy a ayudarte con eso Bella. Cuenta conmigo.
Ella realmente esperaba eso realmente. Bella apartó la vista de él.
-No tengo la seguridad aún de algo.
-¿Que cosa?
-Una parte del testamento de mi madre dice que si me llegara a casar dentro del tiempo estipulado, podría perderlo todo. No me interesa el dinero, pero dentro de esa casa hay cosas que serían pólvora en las manos de mi padre.
Edward contuvo el aliento.
-El día que firmamos nuestra unión recalcaste que esa propiedad estaba en tu poder.
-Rose ha tratado de revocar la cláusula. Es imposible, y no tengo más información.
Edward la miró a los ojos, apenados. Tristes más allá de su comprensión.
-¿Qué más tiene esa casa?
El timbre la sacó de la impactante mirada de Edward y se alejó.
-Iré a ver quién es.
Edward estaba impresionado. Bella escondía un mundo detrás de su recelosa apariencia y ahora entendía su falta de confianza en él, en el mundo. No podía revelar tan fácil sus cosas. Internamente estaba tan alegre de que ella finalmente su hubiera abierto con él para contarle su secreto que no podía creerlo. Entendía un poco más su mundo, aunque todavía estaba repleto de preguntas. De cuestionarios enteros. Así como también lo dominaba por completo la necesidad de saber cada cosa de ella, también sentía la intensa necesidad de protegerla. De poder asegurarle que él iba a resolver eso como fuera. No había nada que el dinero no solucionara y él tenía mucho para poder hacerlo.
Algo iba a pensar, algo tenía que poder hacer por ella. Ahora que veía que no solo era importante sacarlo de la empresa, sino devolverle la paz a su esposa.
-¡Oh, por Dios, que sorpresa!
Edward caminó hacia la sala.
-¿Quién es, cariño?
Se detuvo a medio camino. Con la botella en la mano.
-Madre.
Bella lo miró. Sus ojos abiertos de par en par.
-Cariño ¿Se te olvidó que tu madre venía?
No se le escapó el tono de sorpresa e ironía. Bella estaba impactada, en shock, algo ebria y sin ganas de enfrentarse a una mentira ahora que las cosas se relajaban entre ellos. Edward la miró y rió de repente.
-Ni siquiera lo mencionó. ¿Has comido, mamá?
Bella cerró la puerta y fulminó con la mirada a Edward, espalda a su madre.
-Por favor, Esme. Ve a la cocina, voy a cambiarme rápidamente.
Esme rió, dejando sus cosas en el recibidor.
-Por favor, Bella. Estás en tu casa, soy la entrometida aquí. Traje algo de postre, realmente lamento irrumpir así.
Las mujeres se miraron por dos segundos. Sonrientes. A Edward se le erizó la piel. Bella la midió con astucia, esta mujer frente a ella solo estaba en calidad de entrometida por una razón que ella podía entender muy bien. Esme le devolvió la mirada, la astucia rodando en sus ojos.
-No hay problema.
-Esperaba encontrarlos en casa, Edward mencionó que viajas demasiado. Que nunca estás en casa.
Edward tosió mientras iba detrás de ellas. Bella la miró apenada.
-Es verdad, Esme. Edward tiene toda la razón.
Lo miró enarcando una ceja mientras su madre entraba en la cocina. Edward elevó las manos en señal de frustración.
-Pero, ahora he decidido pasar una pequeña temporada en casa, tenemos cosas de las cuales ocuparnos y hoy nos has encontrados descansando.
Volvió a ocuparse de la comida antes de que la histeria y la presión la hicieran hacer algo estúpido, dejó la cerveza atrás y fijo la vista en las verduras. Esme miró sonriente a su hijo.
-Eso es genial, hijo. Podemos disfrutar de una pequeña charla antes que me vaya.
El pánico invadía sus venas.
-Eso es genial, madre.
Que Dios se apiadara de ellos.
