El alquimista y la francotiradora
FULLMETAL ALCHEMIST © HIROMU ARAKAWA
Sinopsis: [Colección de one-shots] Nada es perfecto. El mundo no es perfecto, pero está allí para nosotros haciendo lo mejor que puede por eso es tan maravilloso.
Nota de la autora: Se me dio por actualizar rápido porque la verdad así esto queda un poco más encaminado y porque la cuarentena lo permite.
Oscuridad V
La tormenta había estallado. Aquello contenido bajo las nubes y la superstición de que nada ocurriría fracaso. Mustang sabía que tarde o temprano la burbuja que había establecido con Hawkeye tras su reencuentro iba a romperse. No podían permanecer ocultos para siempre.
—Algún día tendrías que enfrentarlo, Riza —Mustang estaba junto a ella yendo hacia el departamento que compartía con Frank. Después de dos semanas en la residencia del muchacho, tenía que volver—. Sabes que cuentas conmigo y mis hermanas. Madame tampoco permitiría que huyas ahora que estamos juntos —dijo en un intento de hacerla reír.
Hawkeye sonríe un poco respuesta. Chris Mustang se había mostrado entusiasmada de que ella y su sobrino estuvieran junto finalmente.
—Era hora. Pensé que moriría sin ver a mi pequeño Roy con la única mujer capaz de soportar su estupidez —le habría dicho.
Para pesar de Roy, Riza tomo eso como un elogio. Después y como era usual en esa residencia, se preparó una pequeña celebración donde las hermanas de Mustang y sus compañeros de secundaria asistieron. Hughes, los hermanos Elric e incluso su vieja amiga Rebecca Catalina estaban allí.
El escenario era perfecto.
O así lo fue hasta que su padre apareció.
—¿Riza…? —fue lo primero que dijo al entrar al sótano donde todos estaban tomando y jugando billar. Roy fue el primero en aproximarse al hombre junto con la rubia—. Riza, ¿de verdad eres tú?
—Padre, ¿qué te sucedió?
Berthold Hawkeye siempre se había mostrado enfermo, al menos así era desde que la madre de Riza había muerto cuando ella era muy niña. Con su ausencia, el hombre había tomado una actitud ermitaña y casi aislada de todo su entorno, no obstante, siempre pareció sostenerse en vida gracias a su hija y el futuro que esperaba darle. Esto aumentando más con la aparición de Roy Mustang en su casa buscando tutela. La vitalidad del muchacho había sido suficiente para darle nuevos aires de vivir e intentar arreglar las cosas con su hija dándole lo que merecía.
Creyó que Frank Acher era lo que merecía.
—Me dijo que habías muerto y yo le creí como el viejo inútil que soy —relató. Su mirada perdida en la imagen que el hombre a quien confió su hija le había dado cuando esta estaba frente suyo intacta, perfecta. Igual a su madre—. Le pedí explicaciones y yo no hice nada. Dijo que se encargaría del funeral y le creí —miró a la chica—. Riza, perdóname…
—Padre, no tienes que disculparte. Frank jugó con todos —ella lo abrazó, dolida. Cuando había huido del departamento no había pensado en que su padre podría salir afectado. Con su estado mental mejorando y volviéndose independiente, pensó que estaría bien por su cuenta—. Fue mi error tampoco no avisarte que estaba aquí o decirte que había huido, yo…
—No, Riza. Tú no has hecho nada malo. Huiste de ese hombre al que yo te entregue sin cuestionar —Berthold bufó con el ceño fruncido—. ¿Qué clase de padre he sido? Te dejo en manos de un imbécil cuando a Mustang no le deje ni sacarte por un helado en el tiempo que vivió con nosotros.
Eso provocó una ligera carcajada en su hija. El hombre sonrió.
—Estoy orgulloso. Tienes personas alrededor que te cuidan mejor que yo.
—Lo sé, pero aún…—su mirada cayó—. Frank aún no paga por sus crímenes.
—Eso lo hará. Riza, no estás sola —declaró Mustang apoyando su mano en su hombro, dando seguridad—. Todos los que estamos aquí vamos a acabar con ese sujeto.
Hawkeye miró al muchacho y luego a todos en su alrededor. Era cierto, con el apoyo de las buenas personas que conocía, tal como decía su padre, acabaría con esa oscuridad.
Era momento de que el sol saliera otra vez en su vida.
