Capítulo 6. Melancolía por una posibilidad que nunca llego.

Desde el momento en que la policía lo saco a rastras de su casa y fue encarcelado Madara entro en un estado de completo desinterés por la vida. Ya había pasado algunas semanas deprimido en el interior de su residencia tratando de encontrar una razón para vivir después de que ella destrozara sus ilusiones completamente ajena e inconsciente al dolor que le causo. Pero aun si debió odiarla por lo que paso, no lo hizo. Nunca podría hacerlo.

No estaba preparado en lo absoluto para hablar sobre la relación que había tenido con Sakura, aún era muy pronto para él para rememorar su historia con la chica sin sentir rabia, rencor y tristeza dentro suyo. Pensarla dolía mucho más que antes, más ahora que estaba muerta.

Ahora, 10 días después de su encarcelamiento le decían que por fin era su turno de hablar con los investigadores. Se preguntaba entonces ¿quiénes lo habían hecho primero? Podía deducir fácilmente que esperar para cada caso, no sería muy complicado adivinar que todos los acusados y testigos lo habían apuntado a él o al mocoso idiota de Uchiha como los culpables. Incluso ese niño ya debió haberse manifestado en su contra.

"Maldito crío estúpido" pensó con colera.

Las dudas y la mirada inicial en búsqueda del culpable estarían en ellos dos muy seguramente, después de todo para las autoridades Sasuke era un delincuente juvenil y él un pederasta.

Para Senju era complicado siquiera describirse así mismo de esa manera. Tenía un concepto muy claro de lo que era un abusador infantil y él en ningún momento había abusado de Sakura, quien por supuesto ya no era una niña inocente el día que se involucró con ella más allá de su relación maestro-alumno.

Pero a los ojos de la policía y la ley él no era más que un criminal que aún si no había asesinado a la joven pagaría unos años de condena. Tenía la absoluta certeza de que la señora Haruno haría lo posible para lograrlo, claro, no por su hija sino por su reputación, ¿qué clase de imagen proyectaría si no exigía justicia por su hija muerta?

"No debieron dejarte ser madre asquerosa mujer"

Aquella irritante y horrible mujer nunca hubiera movido ni un dedo por Sakura. Apostaría su vida a eso.

—Madara Senju, acompáñanos.

El guardia de seguridad lo acompaño hasta una sala donde varias personas lo esperaban. Suspiro cansado y afligido sabiendo lo que venía y hubiera pasado sus manos por su cabello como usualmente hacia cuando quería calmarse de no ser porque estaba esposado y de hecho cuando lo sentaron frente a una sencilla mesa metálica en lo que reconoció como el espacio donde sería interrogado lo mantuvieron igualmente encadenado.

Le picaban las muñecas y mientras ahí sentado todo se sumía en un silencio desesperante mientras el inspector entraba comenzó a irritarse. Sería una tortura más grande el tener que pasar por la humillación de hablar sobre Sakura que el pasar el resto de sus días en prisión. Fue entonces que unos instantes después en el cuarto entró un hombre alto, aunque más pequeño que él con el cabello atado en una coleta alta y su rostro no denotaba más que aburrimiento y hastío. Le pareció que no aparentaba la seriedad y profesionalismo suficientes para ser un investigador.

—Soy el inspector Shikamaru Nara — se presentó el hombre con voz seca. —Soy quien está a cargo de la investigación del asesinato de la joven estudiante Sakura Haruno.

—Suena importante — Madara dijo sarcásticamente.

—¿Así que comprendes lo que este asunto significa? — preguntó mirándolo a los ojos y tomando asiento frente a él.

—No es muy complicado de deducir.

—Bueno, ¿qué te parece entonces si comenzamos?

—No veo porque no — Madara se alzó de hombros.

Por su lado Shikamaru lo miro detenidamente. Aquel hombre frente a él era un claro estereotipo de asesino serial imposible de ignorar. Cabello largo, alborotado y ahora libre al no estar atado en su usual coleta baja, rostro maduro, aunque atractivo, ojos rasgados pero amenazantes, labios finos y nariz recta. Cuerpo fornido y estatura alta. De cierta forma el color negro de sus cabellos y ojos le recordaban mucho a Sasuke y se preguntó si eso sería relevante en algún momento.

—¿Como conociste a Sakura Haruno? — una básica pregunta inicial.

—Creo que ya lo leyó en su papeleo inspector, le daba clases de piano privadas — intentaba hacerse el listo, pero con Shikamaru eso nunca funcionaba.

—¿Y supongo que también algunas clases extra también como... sexualidad no? — la afilada pregunta consiguió que Madara apretara la mandíbula, evidentemente molesto. — ¿Era Sakura una buena alumna?

—En lo que al piano respecta un asco — contesto el sospechoso.

—¿Por eso decidiste enseñarle otras cosas y de paso corromper su inocencia? — Nara estaba intentando molestarlo y le estaba saliendo de maravilla en verdad.

—Esa niña era todo menos inocente cuando comenzamos a acostarnos — Senju alegó rápidamente. Shikamaru le miró buscando un rastro de mentira en la cara de su acompañante, pero al no encontrarlo siguió con las preguntas.

—¿De qué esperas convencerme con ese argumento? ¿De qué no eres un abusador de menores? — el claro sarcasmo en sus palabras hizo a Madara sentir que odiaba a ese sujeto a pesar de haberse conocido hace menos de cinco minutos.

—Precisamente, nunca hice nada que ella no me pidiera ni le quité o abuse de su inocencia jamás — se defendió.

—Dudo mucho que una niña a la que le doblabas la edad fuera lo suficientemente madura para tener una relación contigo que para empezar jamás debió existir — Shikamaru odiaba las excusas baratas y a las personas que no aceptaban la gravedad de sus crímenes.

—No lo era, ni yo tampoco — Madara confesó secamente y volvió a su rictus frio y controlado de antes. — Por eso nunca formalizamos nada, porque nunca fui especial para ella.

—Haz que te crea entonces... — el inspector lo miro retadoramente y se recargo en el respaldo de su silla listo para escucharlo. — Dime que tenías con esa niña.

...

Mataría seguramente a quien fuera quien se atrevió a recomendarlo a la arpía de la señora Mebuki Haruno.

Una mujer tan pretenciosa que desde el primer momento en que se presentó en su residencia solicitando que le impartiera clases a su hija de 16 años odio con solo verla y escuchar su voz. Algo que siendo sincero le sucedía con la mayoría de las personas, solo que la rubia mujer de ojos verdes había batido un récord de tiempo para ganarse su desprecio.

A Madara no le gustaban las personas, hacía mucho que acepto esa verdad y aprendió a vivir con ello. No tenía familia, ni muchos amigos y de hecho tenía tiempo que no salía de su casa a otra cosa que no fuera estrictamente necesaria. Se consideraba un huraño moderno, estaba al tanto de lo que sucedía afuera, solo que no le interesaba mucho. Nada le interesaba de la vida en general.

Hasta el día que la conoció.

La señora Haruno luego de coquetear con él descaradamente, al verse rechazada tan tajantemente por su persona creyó que abandonaría la idea de que fuera maestro de su hija, pero todo lo contrario ocurrió pues la mujer incluso ofreció un salario bastante bien remunerado para que aceptara. Era más dinero mensual del que alguna vez había recibido y le vendría bien pues quería hacer unos cambios en la vieja casa que su abuelo le había heredado y donde ahora vivía.

Sin embargo, le dijo que no aceptaría definitivamente hasta no conocer a la criatura y ver si era una alumna apta para él. La señora aceptó gustosa, parecía tener absolutas ganas de dejar a su hija en manos de alguien lo más pronto posible como cualquier madre de sociedad para la que un par de zapatos eran más importantes que sus hijos y una semana después apareció con su hija a su lado.

Sakura Haruno, una jovencita tan encantadora a primera vista que le quitó el aliento con su sencilla e inocente belleza. Jamás había visto un cabello del color como el suyo, aunque era corto y a la altura de sus hombros tenía un brillante color rosado que llamaría la atención a kilómetros de distancia. Era pequeña, de hecho, le llegaba justo al pecho, de cuerpo menudo y delgado. Pero con una estructura ósea tan sofisticada que era adornada preciosamente por un par de ojos verdes, grandes con hermosas y largas pestañas que se batían mirándolo curiosa.

—Siéntate — le indico el hombre y señalo una silla color rojo en la gran sala de música de su casa.

Luego de presentarlos la señora Mebuki avisó que vendrían por ella dentro de una hora, haciendo énfasis en que no sería ella quien viniera. Sakura quien vestía un sencillo vestido color azul que le llegaba debajo de sus rodillas y se sostenía solo por unos finos tirantes en sus hombros obedeció en silencio. Miraba curiosa la casa sin ningún reparo en verse descortés y jugaba con la tela de su ropa en su regazo.

—Tu madre menciono que no sabes absolutamente nada de música — le comento arrastrando una silla sencilla de madera hasta situarla a unos dos metros frente a ella y luego sentándose en ella.

—Realmente no — ella contesto con simpleza.

—No estoy seguro de querer enseñarte desde lo más básico, tomaría mucho tiempo.

Le pidió que se sentara en el piano y le mostró algunas notas con este. Pero la pelirrosa se veía especialmente desinteresada en aprenderlas o siquiera en tocar el enorme instrumento. Tenía dedos largos, aunque torpes y sus ojos desconcentrados en su tarea parecían más dispuestos a tocar todas las teclas que pudiera para averiguar cómo sonaban antes que a obedecerle y tocar las que se le indicaban.

—¿Sabes que tienes que intentarlo al menos? — comentó Senju secamente.

Quiso intimidarla para que pusiera más esfuerzo, pero Sakura solo lo miro de una forma que no pudo descifrar haciendo una mueca con sus labios. Lo intentaron un tiempo más, pero era bastante inútil, la joven solo no tenía habilidad musical, sino que ni siquiera deseaba tenerla. Luego de media hora de desperdiciar su tiempo Madara llegó a la conclusión de no importaba que tanto fueran a pagarle era imposible tratar con esa niña.

Pero antes de lanzarle un sermón acerca de cómo estaba haciéndolo perder la paciencia ella se giró en su dirección y subiendo su rodilla izquierda al asiento donde ambos estaban sentados frente al piano le habló primero.

—Se que no vamos a lograr nada con el piano, mi madre tiene especial interés en que aprenda a hacer algo — su voz suave, aunque segura tomo toda la atención del profesor quien asintió ante lo dicho por la Haruno olvidando por un segundo su irritación. — Pero el piano no es lo mío.

—Entonces podemos dar por terminado mi trabajo ¿no es así? — él se aventuró a que la joven le diera la razón.

—Eso depende ¿no tiene otra cosa que pueda enseñarme? — aquella pregunta sí que lo descolocó. Si ella hubiera sido una mujer mayor y hubiera utilizado un tono más sugerente habría pensado lo peor, pero de hecho así había sido. Había malinterpretado las palabras de esa niña sin importarle que lo era. Se maldijo por ser un pervertido y que su mente se saliera tan abruptamente de contexto.

—¿A qué te refieres? — pregunto en un seco hilo de voz.

—A que si no me enseña a tocar el piano puede darme clases de alguna otra cosa — ella le sonrió intentando convencerlo, pero Madara no comprendía cual era el punto de que lo quisiera como maestro de algo aun si no era el dichoso piano y como si leyera su mente ella le respondió. — Mi madre no cederá a que le diga que no quiero clases particulares, así que mi plan es hacerle creer que estoy aquí aprendiendo a tocar esta cosa.

—Y mientras tanto quieres que te distraiga con algo más... — ella asintió a su conjetura y se levantó.

Camino por la amplia sala y sus zapatos bajos color rosa hicieron eco con sus pasos. Madara estaba hechizado por la visión en vestido azul que se paseaba lentamente y observando cada detalle del lugar, cautivado se levantó siguiéndola, pero se mantuvo a una distancia prudente de ella.

—Es un salón muy grande, se me ocurre que podría enseñarme a bailar — le dijo volviendo la mirada en su dirección. De cierta forma era tierno como tenía que hacer su cabeza hacia arriba para verlo a los ojos. — ¿Sabe hacerlo no?

—Lo dices como si fuera una obligación saber — contraatacó a la muchacha, pero ella riendo con su espléndida sonrisa juvenil indicó que lo era. — Si lo es, ¿entonces porque tú no sabes?

—Dicen que son los hombres quienes dirigen los bailes — Sakura lo miro inocentemente y consiguió hacer latir su corazón locamente en su pecho. — Creo que eso es injusto, yo quiero ser quien dirija cuando baile con alguien.

—¿Quieres entonces que pase de ser un maestro de piano a ser un instructor de danza?

—Y mi pareja de baile también, ya que no hay más estudiantes — ella se apresuró a completar. Estaba definitivamente mal que aceptara, no podía dejarse convencer por una cria con una excusa tan tonta. — Y después si tenemos tiempo, me enseñara como limpia un piso de madera tan amplio usted solo.

Sin embargo, lo hizo, acepto la propuesta de la chica con una facilidad tan inusual en él que logró sorprenderlo de verdad. No acostumbraba sucumbir a lo que otros le pedían nunca, pero había algo en los ojos de Sakura Haruno que lo hacían querer complacerla en lo que pidiera.

Desde ese día, tres días a la semana recibía a Sakura luego de la escuela. Poco a poco se vio así mismo comenzando a ordenar todo pulcramente para cuando ella llegara, aprendió incluso más de lo que sabía de baile de salón para poder enseñárselo y comenzó a disfrutar mucho de su compañía.

De hecho, más de lo que debería.

El primer contacto que tuvieron para comenzar a practicar fue tan sencillo, pero se sintió tan arrollador dentro suyo, que el recuerdo de ese baile seguía impreso en su memoria con toda nitidez. Ella no era precisamente la mejor bailarina de todas, carecía de técnica y bailaba sin reglas por el lugar, reía sin control feliz aceptando que, aunque nunca podría participar en un concurso se sentía feliz de solo moverse a su manera.

Solo cuando bailaba con él era cuando intentaba ser un poco más habilidosa y mostrarse más seria. Cosa que le desagradaba, quería que ella fuera igualmente libre y sonriera cuando bailaba con él, pero la muchacha se resistía. Le había dicho que quería como él darle la seriedad adecuada a las clases, aunque a él le pareció que era una excusa ridícula.

—Madara-san ¿Crees que podríamos aprender a bailar tap? — Sakura preguntó mientras ataba las agujetas de sus tenis. — ¿O que otro estilo te gustaría aprender?

—¿Desde cuándo estamos aprendiendo juntos y no yo enseñándote? — él se río en su cara. Era cada vez más común y natural para él mostrarse cómodo con ella. Se veía sonriéndole seguido a la más mínima provocación y sintiéndose dichosos de conversar con ella.

La pelirrosa se le había metido con asombrosa facilidad en el corazón en cuestión de meses. Mismos en los que el pensamiento de que ya estaba por cumplir los 17 rondaban mucho en su mente como una excusa.

Una excusa para facilitar sentirse menos culpable por enamorarse de una cria.

No fue fácil ni para nada bonito darse cuenta de ese hecho, hacía años que no se sentía así y las pocas veces que lo había hecho ahora parecían ridículas ante lo que la pelirrosa despertaba en él. Cuando descubrió que le fascinaba absolutamente todo de ella, hasta el más pequeño detalle y que podía suspirar mil veces en un segundo de recordar la sensación de tenerla entre sus brazos mientras bailaban, todo cambio. De repente Sakura ya no era su alumna, sino su amor imposible.

El enamorarse de ella era grave de mil maneras, podría ir a prisión con total seguridad si intentaba algo o ella lo descubría, pero lo más peligroso del asunto era arriesgar a su corazón a ser roto por una mocosa de 16 años.

16 años, se repetía en su mente por las noches. Era una edad aún tierna, claro. Pero no tan inocente, probablemente Sakura ya tenía por su mente rondando cosas tan profundas y abstractas como el amor, así como cosas indecorosas pero interesantes para una adolescente como lo era el sexo. Intentaba convencerse de mil maneras de que la madurez de la Haruno podría justificar una relación entre ambos, pero no podía.

Él tenía 40 y era demasiado grande ya para ponerse a la par de su inocencia o que ella pudiera compararse a su experiencia. Eran diferentes, demasiado y aún si Sakura sintiera lo mismo ¿seguiría siendo imposible estar con ella, ¿verdad?

Observo a la muchacha a su lado quien vistiendo una falda holgada color blanco y camisa gris repasaba los pasos de baile que había visto en un video en internet dando vueltas sobre sus pies en el salón. Cuando se detuvo al notar su mirada sobre ella le sonrió amablemente como siempre hacía.

—Siempre me observas así — le dijo directa y se acercó hasta ponerse de pie frente a él en medio de la pista. — ¿Que significa?

—¿Qué cosa? — pregunto sintiéndose estúpidamente nervioso por la cercanía y escrutinio de la joven.

—La mirada que pones cuando me ves — intento buscar que la viera aún si Madara se rehusaba a mirarla. Cuando sus ojos accidentalmente se toparon con los de ella fue imposible apartarlos y cuando Sakura movió sus labios en una pregunta tan abrupta e importante creyó que había escuchado mal y su cuerpo de congelo ante la sola idea de que no fuera asi.

—¿Q-que dijiste? — pregunto nervioso, la pelirrosa hizo un puchero y lo volvió a repetir.

—Dije que si acaso estas enamorado de mí.

No sé había equivocado, la pequeña mujer frente a él realmente había dicho eso. Su corazón latió tanto que creyó sufrir un infarto si no se calmaba, pero era imposible en ese momento hacerlo. No podía ni siquiera pensar, quiso tomarlo a broma, pero ella estaba ahí, expectante a su respuesta. Mirándolo con sus absurdos y curiosos ojos esperando que le contestara. Se preguntó si debía decir la verdad o mentira.

Ciertamente mentirle parecía ser la solución más obvia, pero su corazón le gritaba que le dijera que sí. Que la adoraba locamente, que soñaba con ella cada noche desde hacía meses, que no podía sacársela de la cabeza, que fantaseaba con un mundo donde tener algo con ella no fuera mal visto. Que la había imaginado entre sus brazos a cada instante. Que deseaba con locura que hubieran nacido contemporáneamente para poder asi no sentir culpa de quererla.

Que la amaba con todo su ser.

—Si — susurro bajo sin pensarlo, tanto que ella no debió escucharlo, pero lo hizo. En aquel momento se maldijo así mismo con fuerza, odiándose por su imprudencia. Temiendo que ella se alejara alarmada de él, saliera por la puerta y nunca regresara.

—No sé qué decirle — ella respondió tranquila. Se sonrojo un poco ante lo dicho por el hombre y miro a la ventana algo apenada. — Nunca un hombre me había dicho que le gustaba.

—¿No te sientes escandalizada por la idea de que un hombre mayor prácticamente se te declarara? — confundido decidió aprovechar para hablarle.

—No, escuche en algún lado que el amor no conoce la edad, pero… — ella medito con cuidado — Usted es más que un señor para mí, es un buen amigo

—¿Entonces vas a rechazarme porque soy tu amigo? — fingió sentirse ofendido para aminorar la incomodidad y la tensión que había provocado en el ambiente.

—Ni siquiera lo he rechazado — aquello encendió una llama innecesaria de esperanza en Madara, una que por mucho tiempo no podría apagar. — No mentiré, no estoy enamorada, pero creo... creo que podría estarlo un día.

Aquel rubor que cubrió sus mejillas y la mirada sería, aunque nerviosa en su cara lo hicieron pensar que todo se trataba de una fantasía. Que Sakura no podría estar ahí frente a él ofreciéndole una oportunidad para quererla. Que todo estaba en su mente y ella no se estaba acercando poco a poco. Que no se había agachado en dirección a su rostro y ella no lo había tomado por la nuca y parándose sobre las puntas de sus pies lo había besado.

Pero la vida era buena en ocasiones y realmente ella estaba ahí. Entre sus brazos, abrazando sus labios dulces, inexpertos y suaves sobre los suyos con miles de años de vida y con varias bocas besadas con anterioridad, mismas que no podría recordar nunca más ahora que conocía el sentimiento de besar a aquel ángel.

Ese día todo se dio de manera tan rápida y fantasiosa que cuando ella se despidió paso mucho tiempo sentado en su sala procesando todo y tratando de asimilarlo. Lo único seguro que había en su mente es que aquel sentimiento que tenía en su pecho había crecido todavía más y que no se detendría ni siquiera por la advertencia de Sakura de que no sería nada serio lo que tendrían y que quizá ella no llegaría a enamorarse de él jamás.

Con la sola posibilidad de lograrlo le bastaba.

...

—¿Entonces Sakura era tan promiscua para aceptarte con tal facilidad? — preguntó, pero a diferencia de Sasuke, el hombre sentado y esposado se controlaba con mayor sencillez si asi lo quería.

—Yo también me cuestioné mucho tiempo sus razones, pero era una chica solitaria y siempre buscaba el amor donde pudiera — Senju respondió tranquilo.

—¿Y tú planeabas darle ese amor?

—Y me esforcé en ello — de repente su voz serena se volvió amarga y cargada de molestia ante lo que Shikamaru reconoció como celos. — Así que puede imaginarse como me sentí cuando decidió entregarse a ese niñato estúpido.

—Es normal que se enamorara de Sasuke, en su diario lo llama con mucho cariño y confiesa sentir cosas muy fuertes por él — quiso provocar una reacción en Senju que lo llevara a confesar y que mejor arma que herir su orgullo. — ¿Sabías que iba a escapar?

—Lo sabía — respondió apretando los puños. Nara creyó estar cerca de sacarla algo. — Ella me lo dijo la última vez que nos vimos.

—Eso debió haberte enojado mucho… — el inspector jugaba con fuego, no conocía a ese hombre y por lo tanto tampoco que tanto podía aguantar que se burlaran de él, sin embargo, no desistió. — Es por ello que Sasuke parece creer que fuiste tú quien mató a Sakura.

—Se que todo apunta a mí, más allá de las suposiciones de ese mocoso, pero no me hubiera atrevido a lastimarla — sonó furioso y a la vez sincero en lo que dijo. — Nunca le habría puesto una mano encima.

—Entonces jamás hizo ningún avance más con ella además de ese beso ¿no?

Senju se quedó en silencio. Shikamaru lo observó apretar la mandíbula como siempre hacia antes de rebelar alguna verdad importante y ya estaba más que preparado para lo que iba a contestar el hombretón pelinegro.

—Lo hice.


¿Que les parecio este primer vistazo a Madara? ¿Sospechan de él?

Nuevamente les agradezco de corazón por todos sus reviews y sus favoritos. El apoyo que le dan a la historia sera bien recompensado, se los juro. Los invito a decirme que les parecio este capitulo y si les esta gustando la historia, asi como las teorias que tienen sobre lo que paso.

Sin mas que decir, cuidense mucho mis bbs. Nos leemos despues, bye.