Capítulo 13
"Hay que hacer todas las cosas con la misma pasión de un jabalí buscando trufas"
~x~
Lisa voltea a ver su reloj una vez más. Las doce de la noche en punto.
Levanta la vista de su estación de trabajo y observa a los demás. Algunos siguen con los ojos pegados en las computadoras tecleando furiosos, otros con pistolas neumáticas y destornilladores eléctricos transpiran sobre complicados prototipos, los más grandes como ella de dieciocho, tienen un cubículo con puertas y ventanas de cristal en las orillas de aquél enorme sótano circular. Los diseñadores y científicos veteranos, de diecinueve en adelante están en el piso de abajo, nunca los ha visto.
Lisa se frota los ojos y decide dar una caminata para despejar la mente.
Arcadia Quest la mentora y jefa de todos ellos está sentada en su propio escritorio, un poco más elevado que los de los demás y con un asiento giratorio y reclinable. Las luces en el techo parecen seguir el mismo patrón de círculos concéntricos que los asientos, formando una especie de mapa mental iluminado que nunca lograba calmar el cerebro de Lisa, al contrario, parecía que lo ponía a correr a mil por hora.
Su puerta de vidrio rechinó muy levemente, y en aquél ambiente de sonido etéreo hizo un eco terrible, algunos voltearon a verla con reproche. Lisa caminó hacia la cafetera y se sirvió una taza. Para alguien del Capitolio, sería agua de calcetín con un ligero toque de grano de café, pero para ellos era casi psicotrópico. El sabor amargo les ayudaba a mantenerse despiertos trabajando en aquél lugar donde las horas pasaban sin indicador solar.
El SUB eran las siglas para Sótano de Utilidades Básicas del Distrito Tres. Era un laboratorio subterráneo dirigido por Quest para que las mentes brillantes del Distrito, y en contadas ocasiones de otros distritos, construyeran las bases de los avances tecnológicos de Panem.
Para asegurarse de que la tecnología no sería robada por el Distrito, los prototipos avanzados eran llevado al Capitolio y todos los datos del SUB destruidos, en realidad era una operación no oficial. En casos especiales en los que nadie podía hacer un avance en el Capitolio sin el inventor original, éste era llevado a la Capital. Nunca volvían.
Algunos creían que los que se iban se convertían en ciudadanos del Capitolio, Lisa no estaba tan segura.
De cualquier manera, Lisa se aseguraba de que todos sus inventos, mejoras y diseños fueran fáciles de entender, no le daba a nadie razones para creer que era más especial que otros. Bueno, con una excepción.
Lisa y Arcadia se habían conocido a través de su padre, quien trabajaba doblado sobre un enorme escritorio en aquél mismo edificio. Él se dedicaba al papeleo de los inventos, a recabar información de cada pequeña parte que entraba, salía, se creaba o modificaba en el SUB. Cualquiera pensaría que el padre de Lisa quería aquella vida para su hija, llena del reconocimiento anónimo que venía con ser parte de las mentes más brillantes de Panem, ese no era el caso, su padre no estaba enterado de su potencial.
El Sr. Turner había tenido una esposa, había amado mucho a su esposa, había estado al lado de su esposa mientras enfermaba y moría, había perdido a su esposa, había llorado a su esposa, y había seguido con su vida. El problema era que también había tenido una hija con su esposa, una hija que era igual en apariencia, y totalmente diferente en carácter, una hija que dio señales de poder vivir su vida independiente de él, así que tomó la oportunidad y la olvidó como uno olvida cambiar el agua de su mascota todos los días.
Lisa tenía el cabello negro y largo, ojos miel y piel blanca, en parte por la genética y en parte por pasar horas bajo tierra y ahí terminaban las similitudes con Kiara Turner. Mientras una era calmada, apacible y de mente tranquila, la otra carecía de temor y gustaba de fingir tranquilidad para lograr sus objetivos.
Al cumplir catorce años, Lisa descubrió el verdadero trabajo de su padre en el SUB. Tenía una coartada que no se molestaba en mantener en casa de contador de la fábrica de chips, no fue difícil buscar entre sus archivos algún prototipo fácil de mejorar y presentar en la puerta de la Arcadia. Primero hubo escepticismo, después coraje al descubrir que todo había sido un plan de la niña, pero al fin la directora del SUB aceptó que tenía el potencial suficiente.
El prototipo que Lisa había escogido era un arma para agentes de paz lesionados, un dispositivo de biotecnia muy ambicioso y descartado por la mayoría en el Sótano que requería un portador sin mano con un muñón compatible con el tipo de piel artificial 9074-IRM de uso exclusivo del Capitolio. Es decir, muy poca gente. Lisa había diseñado algo mucho menos complicado que serviría como una extensión de una mano que aún no había sido cortada. Añadía cuatro dedos mecánicos extras cada uno diferentes funciones.
El primer diseño contenía un desarmador, un serrucho miniatura, una lámpara y una pinza. Era como la navaja suiza de las extensiones de brazo.
Oficialmente su diseño nunca pasó a ser un prototipo, se quedó entre los archivos que no tan celosamente guardaba su padre como el examen de entrada de Turner, Lisa. Pero por años Arcadia trabajó con ella para crear ésta extensión de manera que no pudiera distinguirse de una mano normal, actualmente Lisa la portaba. Sus compañeros solían decir que parecía tener veinte dedos por lo rápido que trabajaba. A Lisa esto le causaba mucha gracia.
Pasaron años hasta que pudieron mejorar éste invento, años en los que Lisa se dedicó a muchas otras cosas, desde proyectos para el programa de adolescentes con arduinos y robots de rescate de pelotitas para completar su formación hasta su participación en la creación del nuevo sistema quirúrgico para el Capitolio llamado el Quinto Da Vinci. Una enorme máquina diseñada para entrar al cuerpo con una mínima incisión y realizar cirugías con el triple de precisión y el diez por ciento menos de peligro para el paciente, inspirada en tecnología AP (Antes de Panem).
La vida en el SUB se sucedía con una tranquilidad y normalidad extrañas para cualquier otro habitante del distrito. Las personas podían pasar horas, días, incluso semanas dentro del Sótano enfocadas en su trabajo y salir a la luz natural tan poco que terminaban por desarrollar alergias al sol y otro tipo de enfermedades relacionadas con el estrés y el cansancio.
Lo mejor del SUB era la regla no escrita que nadie les había dicho, pero tampoco les había desmentido: Los chicos del SUB no iban a los Juegos.
En cuarenta años, durante toda la existencia de éste programa, ningún niño del Sótano había sido enviado a los Juegos. En el primer piso, el piso de los adolescentes, se podía sentir el ambiente completamente diferente que en el de otras fábricas o trabajos de medio tiempo de otros niños en el Tres. Estar a salvo no tenía precio.
Lisa también lo siente, es la una de la madrugada en día de Cosecha y nadie ha comentado nada al respecto, es un día normal excepto porque tendrán que subir y formarse y aguantar un par de horas de fastidioso sol.
Toma su café en la pequeña salita adyacente al laboratorio principal, Lion se une a ella unos minutos más tarde.
— ¿Cómo vas? —pregunta llenando su taza. Con un láser le había grabado la inscripción: "El mejor científico del mundo". Clásico de un hombre llamado Lion.
— Estancada, no puedo lograr que el engranaje y la programación soporten instrucciones de segundo grado sin perder la imágen 3D —contesta Lisa encogiendo los hombros. Lion sabe que ésto significa "ya lo solucionaré" y cambia de tema, no le gusta mucho hablar con Lisa de trabajo.
— ¿Qué tal tu padre?
— Como siempre, metido en su papeleo absurdo. Le he dicho que debería pasar todo a digital y empezar un código de encriptación desde cero para ya no tener la casa llena de evidencia de un programa secreto del gobierno, pero le gusta lo viejo —a Lisa le gusta el sarcasmo, y le gusta decir que su padre es un viejo. Pero también sabe que es un viejo inteligente y muy capaz, simplemente no era el mejor padre, algo que no acababa de decidir si debía seguir reprochando o no—. ¿Qué tal tu padre?
— El mío bien, ya sabes, avances cosméticos no es lo más glamoroso pero pone el pan en la mesa.
— ¿Aún no le has dicho que estás en el SUB?
— Todavía cree que el SUB es un invento de los altos mandos —contesta Lion sonriendo—. Si fuera menos chismoso podría decirle, pero papá no sabe guardar secretos.
— ¿Qué explicación le das para desaparecer tanto tiempo?
— Le digo que tengo tareas, o proyectos para la escuela y cosas así. Seguramente piensa que ando de novio también, pero me deja en paz la mayoría del tiempo. Aún así no puedo esperar a mañana, que ya tengamos una coartada oficial.
Lo único que cambiaba para los adolescentes del SUB al cumplir la mayoría de edad, es decir pasar la última Cosecha, era que les daban una coartada oficial para atender al SUB, eran parte del programa con todas sus letras y recibían comida extra y dependiendo de sus aportaciones hasta una casa. Era el siguiente paso.
— Esperemos que puedas mantener tu coartada mejor que mi papá, o que Jonny —Lisa y Lion intercambian una mirada cómplice. Jonny Cash había sido descubierto como miembro del Sótano hacía unos años, pero no por su familia sino por la señora que limpiaba su apartamento. Había sido todo un escándalo. Oficiales del Capitolio habían tenido que intervenir para limpiar el problema y que volviera a ser un tema de conspiración entre el Distrito Tres.
— Cállate los ojos. ¿Te imaginas? —pregunta Lion con una risita—. Ya viene Quest, volveré al trabajo antes de que nos grite a todos —Lion ya había entrado en su cubículo cuando Arcadia Quest entró a la sala del café.
— Feliz día de la Cosecha —le dijo.
— Gracias —contestó Lisa levantando su taza—. ¿Qué tal va el informe? —pregunta. Hoy enviarán el informe anual del SUB al Capitolio y todo el trabajo se destruirá hasta que lleguen nuevas instrucciones. Lisa sabía que su trabajo sería asignado a alguien más en los pisos de abajo cuando pudieran reanudar actividades. Siempre le había molestado el sistema, uno en el que nunca podías desarrollar tu potencial completo por temor a ser demasiado complicada, demasiado lista, demasiado todo.
Con Arcadia, su mentora, no parecía tener ese problema. Arcadia le había expresado muchas veces su admiración, le había ayudado con sus proyectos de biotecnología y estaba sumamente interesada en la idea de transferir una conciencia humana en un robot, tanto o más que la propia Lisa. Estaba tan dentro del sistema que era la única capaz de desafiarlo con algo de éxito.
A Lisa le atraía ese tipo de poder, ese tipo de libertad, y si jugaba bien sus cartas lo podría tener.
— Todo bien, como de costumbre tendremos que deshacernos de la mitad de éstos chicos —comentó Arcadia—. Si llevan cuatro años aquí y siguen sin poner la constante al resolver integrales indefinidas están perdidos.
Lisa sonrió.
— ¿Entonces ya tienes la lista final? —preguntó.
— Debo esperar a las Cosechas antes de enviarla. No tendría sentido enviar un nombre que saldrá en la urna —dice. Lisa sonríe de nuevo, casi con sarcasmo. El gesto se congela en su cara al ver la expresión de su mentora. Parece que Arcadia no bromea. A Lisa no le gusta que la información la sorprenda y éste tipo de sutil información logra hacerlo.
La sensación de seguridad no la abandona del todo. No ha tomado nunca teselas, y tras un rápido cálculo de probabilidades simples donde divide los casos favorables en los que es cosechada que son siete papelitos, entre los casos posibles que sumarían alrededor de cincuenta y ocho mil quinientos noventa y ocho adolescentes en todo el Distrito Tres, contando los pueblos y las provincias, suponiendo que cada uno de ellos tuviera sólo siete papelitos igual que ella. Esto arroja un número risible de 0.011 por ciento.
Lo que en realidad le molesta es que ella podría haber jurado sobre la tumba de su madre que los niños del SUB estaban a salvo.
— Ya veo —contestó Lisa después de su pequeña conferencia interna con sus sentimientos—. Así que es mentira, lo que dicen —afirma. Arcadia bebe un sorbo de café.
— ¿Qué es lo que dicen? —pregunta. A Lisa la pone de los nervios cuando hace éste tipo de cosas. Ella sabe Arcadia sabe de lo que está hablando.
— Que en el SUB no hay Cosecha —dice al fin entre dientes.
— Por supuesto que es mentira. Todos somos iguales ante el Capitolio. No importa que seas hijo de un minero o de un Alcalde, si eres el favorito de éste o aquél Vencedor, o si eres la mente más brillante de todo Panem. Los Juegos no discriminan.
Lisa asiente, toma un sorbo de café y cambia la conversación. Mientras hablan de extracciones de riñón automatizadas e incisiones láser a control remoto Lisa piensa en lo que haría si la ciencia la traiciona y termina en el podio ésta tarde. Tiene su capacidad de razonamiento, tiene su dispositivo mecánico invisible, tiene sentido común y le gusta pensar que tiene un cuerpo desarrollado para su edad. Podría ganar.
Nunca se lo había planteado hasta ése momento.
Pero si moría sería un completo desperdicio.
¿Los pros pesaban más que los contras?
Al volver a su estación y desarmar la cámara que mandaba la señal 3D a su prototipo para averiguar cuál era el problema, llegó a la conclusión de que un 4.16 por ciento de probabilidades de morir eran demasiadas para su gusto.
Salió del SUB con Lion a las ocho de la mañana. Al llegar a la planta baja, las puertas del elevador revelaron un lobby pequeño con un sólo escritorio, el de su padre.
— ¿Te veo en casa? —preguntó Lisa al salir. Su padre asintió con la cabeza sin despegar la vista o la mano de su confiable pluma.
Una vez fuera de su campo auditivo Lion comentó:
— Es increíble lo mucho que logra evadir la tecnología viviendo por aquí.
— Si concentras todas tus fuerzas en un sólo objetivo es difícil que no lo logres —dice Lisa.
— ¿Su objetivo no debería ser pasar tiempo contigo?
— Es mi padre, no mi mejor amigo —contesta Lisa ofreciendo un puño a Lion para que lo choque. Él lo hace con una sonrisa.
— ¿A dónde quieres ir?
— Tengo una botella de algo muy fuerte en casa.
— ¿Conseguiste alcohol? —Lion parece impresionado, Lisa no se lo reprocha, después de todo el SUB no les paga, sólo les proporciona comida y algunas prendas de ropa. El poco dinero que llega a las manos de ella lo gasta con Arcadia, para comprar insumos ilegales para sus experimentos, así que nunca tiene ni un sestercer en su bolsillo.
— Arcadia me lo dio hace unos días. Dijo que era mi regalo de cumpleaños. ¿Qué te parece si exploramos los límites cognitivos de nuestro cerebro bajo la influencia de sustancias psicoactivas?
— ¿Alguna vez intentas hablar como una persona normal? —pregunta Lion rodando los ojos.
— ¿Por qué lo haría? No soy una persona normal —contesta Lisa imitando el gesto.
Lion y Lisa intentaron beber, los dioses saben que lo intentaron, pero estaban tan cansados que cayeron rendidos en el sofá antes de probar el tercer vasito de aquél menjurje destilado de uvas. Despertaron sólo por el sonido de la puerta principal al cerrarse tras el Sr. Turner.
— ¿¡Mierda, qué hora es!? Mi madre va a matarme —dice Lion levantándose y mirando el reloj en la pared, es la una con quince. La Cosecha es en media hora. Lion se pone los zapatos y se despide de todos con un par de palabras apuradas. El padre de Lisa levanta las cejas hacia su hija confundido.
— ¿Debería pedir una explicación o defender tu honor o algo así? —preguntó poniendo su sombrero en un gancho.
— ¿Defender mi honor? No seas ridículo —Lisa se levantó también y ocultó la botella entre su chaqueta—. Me voy a alistar —dijo dando media vuelta para entrar a su cuarto.
— Deja éso aquí —dijo su padre. Lisa tampoco estaba acostumbrada a que su padre notara cosas. Éste día estaba probando ser más retador que el mes entero.
— De acuerdo, pero no te pongas loco, Arcadia me lo regaló por mis dieciocho —dijo poniendo la botella en la mesa. Controlar su temperamento cuando a su padre le daba por tener un episodio de "es hora de educarte jovencita" era una de las cosas que más le costaba trabajo.
— Debería haberlo consultado conmigo. ¿No crees? Esa mujer...
— Esa mujer me ha enseñado más que nadie en ésta casa —las palabras salieron de su boca al pensarlas. Lisa tendría una conversación consigo misma después acerca de lo buena o mala que había sido esa decisión, por ahora gritar muy fuerte era la defensa que había programado su cerebro y ni modo.
— Esa mujer no es tu familia —continuó su padre como si no la hubiera escuchado, pero sus ojos revelaban la verdad. Comenzaba a enojarse —. Puede que creas que lo entiendes todo, pero no es así. Tu conocimiento empírico sobre la valoración de las intenciones de las personas carece de validez conmigo, soy mayor, sé más cosas. Punto. Ahora ve a cambiarte, hablaremos después.
Lisa quiere discutir, siempre quiere discutir, pero su lado irracional ya había ganado una vez y Lisa no quería que se volviera un hábito. Enojada sube a ponerse un vestido color verde menta que era de su madre, como casi todo su guardarropa, mientras ensaya el largo discurso que le dará a su padre una vez que tenga su casa en algún lugar alejado donde pueda hacer lo que quiera.
Aún está enojada cuando caminan hacia la plaza y no se despide al formarse entre las filas de chicas. Su padre tampoco dice nada.
La escolta de éste año es la misma de siempre. Pista Pitcreek con su payaso de perlas y sus medias del mismo color que el vestido de Lisa, así como su peluca enorme como algodón de azúcar con esteroides. El viento sopla, pero ni un cabello se mueve.
— Chicos y chicas. Padres y madres. Distrito Tres, bienvenidos a la Cosecha de éstos Cuarenta y Ochoavos Juegos del Hambre —anuncia con una dulce y retumbante voz. El Distrito aplaude—. Como siempre, lo primero que quiero hacer es dar las gracias por todos y cada uno de ustedes que se esfuerzan tanto día y noche para dotar a todo Panem de la mejor tecnología. ¿Podemos darnos todos las gracias? —pregunta. El Distrito ya sabe qué hacer, lo han hecho durante cinco años seguidos. Con un saludo de manos, un asentimiento de cabeza y un "gracias" los ciudadanos del Tres se mezclan entre ellos. Entre más gente saludes más te muestran las cámaras, aparentemente es una tradición que aman en el Capitolio y demuestra la enorme humildad, complacencia y satisfacción del Tres.
Una vez terminado el espectáculo Pista continúa: — ¡Hermoso, hermoso! Empecemos entonces, con las chicas... ¡Lisa Turner!
— ¡NO, KIARA!—grita su padre, típico que grite el nombre de su esposa. Lisa se queda en blanco unos segundos, es lo que hace cuando está recibiendo demasiada información al mismo tiempo. Después avanza hacia el escenario.
De acuerdo, es una oportunidad para mostrar de lo que está hecha. La ciencia le falló una vez en toda su vida, no le puede fallar otra vez. ¿Verdad?
