"No puedo estar sin ti"

(Final Katsudeku)

.

.

.

.

.

Habían pasado seis meses desde que volvió con Deku y aunque las cosas pudieron haber ido por buen camino, no fueron así como se fueron dando las cosas. Al contrario, todo se fue en picada, descendiendo lentamente al fracaso, o mejor dicho, al descenso paulatino de un final terrorífico. Un final desolador y congelado.

No se podía desarmar.

Bakugou no podría permitirse desarmarse en mil pedazos o romperse en fragmentos de vulnerabilidad, puesto a que en vez de que aumentara su ya alto autoestima, sus inseguridades fueron apareciendo, surgiendo a borbotones, como salpicaderos de duda, o como cuchillos de saliva incrustarse en su piel hasta desgarrarla y mutar a una nueva piel, una nueva forma humana.

Bakugou no podía estar sin Deku, pero tampoco podía estar con él.

No se creía merecedor de sus afectos, merecedor de su amor, porque sus inseguridades y su culpa por los malos tratos que le dio durante diez años eran aun mayor que su confianza por mantenerlo cerca suyo.

Era por eso que cuando aparecían los amigos de Deku, se molestaba por su impotencia y falta de tacto para con sus tratos, seguido de que estallaba en celos y terminaba erróneamente por provocarle lágrimas a su novio, que no se merecía derramar ni una sola lágrima de esos hermosos ojos verdes.

Él era un inseguro, un bastardo inseguro que parloteaba y gritaba a todo el que osara acercársele a su novio, para que así aumentara en la lista de defectos suyos las razones por las cuales él no se merecía tener un novio como el que tenía, cuyo amor y buenos tratos para con él, eran un cúmulo de certezas.

Deku era un silencio de certezas, una ventisca de aire fresco, un relámpago que azotaba con el mal, un ser inigualable que derrochaba amor y ternura por todo su alrededor, siendo esplendoroso en cada agitación que realizaba con sus manos gentiles o con cada mirar suyo.

Ciertamente, él no era la persona adecuada para cuidarlo y protegerlo, porque él era un peligro para su pareja, un reverendo peligro de explosiones e inseguridades que disfrazaba con superioridad.

Se creía sumamente superior y mejor a sus compañeros, cuando en realidad, en toda su extensión, era una persona insegura e imperfecta, sobre todo, imperfecta.

Mas allá de su interior, deslindarse de sus inseguridades era como quemar su saliva contra el sol para poder comer, sería un desperdicio de su tiempo al igual que torturarse con pensamientos novios y repetidos.

Más lejos de lo humanamente posible había un Katsuki Bakugou que sufría por sus propias inseguridades en cada partícula que componía su ser.


Miedo.

inseguridades.

Malditas inseguridades.

Se calentaban en su vientre, se vertían a fuego lento, se hervían, se diluían tan suave a la sangre que no se percataba de dichos sucesos, cuya frecuencia comenzaba a ser notoria en su comportamiento irritable y celoso.

Esas emociones se calentaban, y el ciclo se volvía vicioso, casi fríamente calculado.

No se detenía en insultar y menospreciar a su novio, de quien no se sentía merecedor de sus afectos.

Era un hábito nocivo, un hábito difícil de erradicar, puesto a que su complejidad era tal que no la comprendía en su totalidad.

Era un mal hábito que aparecía en malos momentos, y se disfrazaban como vanas casualidades de la vida diaria, se difuminaban a la raíz del sol y se coloreaban de un negro opaco que lo comía a rendiciones.

No había consuelo para Katsuki Bakugou, porque no lo existía.

No hay consuelo para maltratar a su novio.

No hay consuelo para él.

Sin remedio alguno, se daba de topes contra la pared porque aún así, con todo y sus defectos, no podía estar sin Deku.

Era inconcebible estar sin él, porque ya se hallaba tan apegado a él, que la separación sería una capa de desgarre de toda su piel; ese amor que profesaba por Deku no era relativo, ni cosa absurda, ni instinto de posesión y dominancia (aunque siempre parecía eso), sino eran sentimientos verdaderos, tan verdaderos como el aire que usamos para respirar.

Deku era tan esencial para su vida que no dudaba en profesarlo, no lo dudaba ni un poquito; por desgracia, prefería meter el dedo en la llaga que admitirlo. Su orgullo lo llevaba a fanfarronear, a parecer un parlanchín derrochador de insultos, a simular un extraño orden de tics nerviosos que lo hacían decir palabras altisonantes que le llegaban hasta a la misma pared chocante con la que solía interponerse a la hora de hablar.

No le cabía ni una sola duda de que amaba a Deku, lo que le faltaba en esos seis meses de noviazgo era demostrárselo, hacerle saber lo mucho que su presencia era vital para él, porque no podía estar sin él.

Nunca pudo estar sin él.


No fue casualidad que Kirishima apareciera frente a su puerta aquella noche que él estaba por irse a la cama. Su amigo portaba una expresión que determinaba una aberrante preocupación por él, por su relación con Deku.

—Qué quieres?— Refunfuñó al abrirle y verle esa expresión nefasta en la cara, encima de ese horrendo peinado de picos, combinado con sus dientes puntiagudos.

—Bakugou, no quería hacerlo, pero tengo que decírtelo— Agitó los brazos en unísono. Él enarcó una ceja, indicándole que continuara. —Midoriya está pensando en terminar todo contigo—

Qué? Se paralizó en breve; sabía que sucedería algo de esa índole, mas no tan pronto. Su peor temor estaba sucediendo, mientras él iba muy cómodamente a dormir.

—Quién te dijo esa estupidez?—Mantuvo la fachada de chico rudo. —La cara redonda?— Soltó una risa sarcástica.

Kirishima lo vio sin creerle en absoluto, retrocediendo escasos centímetros lejos de él.

—Si no me crees, pregúntale a Midoriya— Dijo, mirándolo con molestia. —Porque lo único que te interesa es saber quién me lo dijo, Bakugou, acaso eso es relevante?— Puso cara de incredulidad. —De verdad es relevante?—

No, se dijo, mirándolo imperante, cerrando un puño a lo bajo.

—Eres mi mejor amigo, pero hay veces en las que no estaré de tu lado— Movió la cabeza en negación. —Yo no te apoyo en esto, porque tu mismo lo ocasionaste, y si Midoriya rompe contigo, obtendrás lo que mereces—

—Quién te crees que eres, idiota?— Rabió renegando.

—Tu amigo— Respondió encarándolo de frente. —Y los amigos se dicen la verdad aunque duela— Dejó pasar unos segundos, antes de decir: —Bueno, eso es a lo único que vine de todas maneras, buenas noches— Hizo una pequeña inclinación de cabeza y se retiró de su vista.

Esa sensación que sintió fue un sopor en el cuerpo, seguida de una sacudida inminente en todo su cuerpo, que lo dejó sosegado de sus sentidos. Sabiendo ahora que su peor temor sucedería.

Ocurriría a la vuelta de la esquina.

Bakugou cerró la puerta detrás suyo, empuñando las manos en dureza, apretando la quijada y luego relajándola; pronto le comenzó a costar trabajo respirar normalmente y el mundo entero comenzaba por desmoronarse en desgracia.

Qué sería de él sin Deku?

Un escalofrío recorrió su cuerpo en gracia, al unísono de sus sentimientos, en sintonía de cada palpitar que su corazón agrietado tan pronto ejecutaba de acuerdo a todos sus errores, a sus defectos, a sus insultos.

Un escalofrío que ardía en densidad fue la reminiscencia de lo que sintió esa noche en su rostro acallado de palabras, alumbrado solamente por la luz intensa de la luna que lo acompañaba en su guardia.

Muy profundo de su ser, mucho muy profundo, él se entregó al sueño letárgico, apenándose gravemente por todos sus malitos impulsos, por todas sus inseguridades que a grandes rasgos serían la caboce de lo que una vez fue su relación feliz con Deku.

Estaba certero de que no podía vivir sin él, pero Deku podía vivir sin él?

Sí, Deku podía estar perfectamente bien sin él, aunque dijera que no, él sabía más que bien que no era verdad, porque Deku hacía muchas cosas por sí mismo y estaba a pasos de acercarse a la independencia que caracteriza a un adulto normal.

Creyó estar certero de que Deku podía vivir sin él, estaba casi más que certero en ese argumento, al menos hasta que se le probara lo contrario.


Durante el desayuno de la mañana siguiente, vio a Deku en compañía del bastardo mitad y mitad y sus demás amigos raros.

Deku se veía de buen humor, mostrando su sonrisa deliberadamente a sus amigos sin retractarse de nada. Sentía que el viento se le agitaba entre las fosas nasales, esclareciendo sus sentidos oprimidos a una vertiente distinta, difiriendo entre si quedarse postrado como un hombre contemplando el momento en que el pescado muerda al anzuelo o a actuar antes de que el tiempo se le haya acabado por completo.

Diferir entre el sí y el no era complejo, pareciéndole que le estallaría el cerebro de tanto dudarlo, de tanto meditarlo en silencio que el mismo silencio le resultaba insufrible.

Al igual que Deku no se retractaba de sonreír, él tampoco lo haría para abordarlo y sincerarse de una vez por todas.

Se puso de pie de su lugar y se encaminó a Deku, quien igualmente, se levantaba de la mesa retirando sus cosas y llevándolas al dispensador. Solo. Era la perfecta oportunidad para hablarle.

—Deku— Musitó serio.

El aludido se asustó y se giró a verle con los ojos abiertos, sus miradas se cruzaron en ese instante.

—K-Kacchan?— Articuló Deku, anonadado. —Buenos días— Cabeceó, sonriendo pequeño.

Esas no eran las reacciones que buscaba provocar en su novio. Bakugou frunció el ceño, arrepentido consigo mismo por lo que había ocasionado con sus malditas inseguridades.

—Necesito hablar contigo— Bakugou fue directo al grano.

Las orbes de Deku se abrieron a la par, recibiendo el impacto de su petición.

—Es importante— Añadió, empleando un tono más intenso.

—O-ok, Kacchan— Aceptó Deku, asintiéndole.

—En mi habitación a las siete— Notificó, adelantándose a que él le iba a preguntar el lugar y la hora de su encuentro.

Deku asintió, encogiéndose.

Parecía temeroso en su actitud, pero él era un aferrado temerario a no dejar cabos sueltos en aquella relación, porque la trataría con su mayor sinceridad arreglarla.

De todas maneras, él no podía estar sin Deku.

Al salir del comedor, se llevó una mirada inquisidora por parte de Todoroki, de la cual, él ignoró, por supuesto.

Por él que se murieran todos esos extras que osaran inmiscuirse en sus asuntos relacionados con el nerd y sus sentimientos.


Llegadas las siete de la tarde, miró el reloj, moviendo ansiosamente las manos,

Luego pasaron cinco minutos, diez, quince, y el nerd seguía sin hacer acto de presencia.

El miedo incrementaba con ese avanzar inevitable del tiempo, en ese lapso en que las manecillas en vez de retroceder, avanzaban escapándose de su agarre en un vaivén inmutable.

Si Deku no vendría, qué haría entonces?

No había pensando en esa posibilidad, y de tan sólo imaginarla, entraba en pánico.

A las siete y media, tocaron la puerta de su habitación, a lo que él en respuesta, se abalanzó a abrirla, tensando sus dientes, al ver que era Deku, el que estaba allí frente a él.

—Hola, Kacchan— Lo saludó tímido. —P-perdona por llegar tarde, es que All Might me mandó llamar a su oficina y nos quedamos conversando un poco más de lo esperado—

—Entra— Pudo decir, notando sus facciones temerosas y el jugueteo de sus manos juntas, significaban que el nerd estaba, con justa razón, nervioso.

Deku entró a su habitación, quitándose los tenis rojos ejecutando movimientos mecánicos, el rubor de sus mejillas siendo notorio.

Bakugou vio que Deku estaba en su atuendo casual que usaba cuando estaba en los dormitorios; el mismo atuendo que usó cuando pelearon en Ground Beta, debido a sus constantes inseguridades que en ese momento lo estaban matando, y ahora lo estaban haciendo de una manera ruin.

Invitó a Deku a sentarse a su lado en su cama, ni siquiera animándose a tocarlo y al parecer Deku tampoco buscaba tocarlo. Aun así, Bakugou intentaría ser lo más claro posible para que el nerd lo entendiera.

—D-de qué querías hablar, K-Kacchan?— Tartamudeó Deku al ser el primero en romper el silencio que se había armado entre ellos.

—Mira, Deku— Espetó sin precedentes, haciendo que Deku abriera los ojos en alarma. —Yo no puedo estar sin ti— Profesó sincero.

—K-Kacchan?!— Exclamó en un chillido pequeño, sorprendido.

—Sé que me he comportado horrible contigo— Continuó con la intención de no callarse hasta no haber terminado de hablar. —La razón por la que me he enojado contigo, no es porque te odie, como creías, Deku, es porque me siento inseguro— Admitió, odiando la sensación de que su rostro estaba enrojecido. —Siento que no te merezco, porque te mereces a alguien mejor que yo, tu no te mereces a alguien que te hizo bullying toda tu infancia y que te dio esos malos tratos durante diez años por haber nacido sin un Quirk; no está bien de mi parte hacerte daño, mucho menos, ser el causante de tus lágrimas— Tomó la mano de Deku entre las suyas en un momento de valentía. —Yo siempre he sido este maldito idiota que te ama, y esto que siento por ti no desaparecerá aunque me pidas que lo haga—

—A-aguarda, Kacchan— Interrumpió Deku, procesando sus palabras. Su rostro se asemejaba al de un tomate de lo rojo que se encontraba.

—¡Déjame terminar!— Irrumpió más fuerte. —Yo te amo, Deku, en serio, y mis inseguridades me hicieron dudar de que me quisieras de regreso, porque sé que soy muy explosivo y te pueda traer malos ratos, o arruine las cosas, como ya sé que lo hice—Cerró los ojos con fuerza, rechinando los dientes. —No me tienes que decir que soy un imbécil—

—N-no he pensado eso de ti, Kacchan— Aclaró Deku, interrumpiéndolo de nuevo.

—Perdóname— Soltó en un suspiro estrepitoso. —Si quieres cortar conmigo, hazlo, pero solo quería que tu supieras lo que pasaba conmigo, es todo—

Tan pronto como terminó de hablar, un silencio los invadió, cubriéndolos de un ambiente incierto, íntimo a la vez.

—Entiendo— Habló Deku, sobresaltándolo.

—Qué es lo que entendiste?— Refrenó sus impulsos de gritar, apretando los labios en autoimposición de su parte.

—Yo también fui egoísta, Kacchan— Admitió Deku, entristecido. —Solamente pensé en mi, creí que todo era culpa mía y que yo te ocasionaba malestar y enojo; juro que no sabía lo que sucedía contigo— Bakugou se mantuvo callado, observando el rostro de su novio, esperando que no volviera a ser su ex. —Supongo que— Se cortó, después capturando el hilo de sus palabras. —Supongo que los dos hicimos nuestras propias conclusiones, no Kacchan?— Le sonrió tímido, ladeando su cabeza.

—Sí— Acarició su mano que aún permanecía entre las suyas, dándole círculos con su pulgar derecho.

—Sabes, yo tampoco puedo estar sin ti— Confesó Deku en extrema timidez, moviéndose un poco más cerca a él. Su rubor se incrementaba en su rostro, esparciéndose hasta sus orejas.

Bakugou lo vio, presionando su pulgar sobre el dorso de su mano, subiéndola a su boca, depositando un suave y delicado beso.

Deku abrió las orbes de sus ojos verdes, exaltado.

—Qué significa todo eso, Deku?— Quiso saber, apurado.

—Te amo, Kacchan— Deku entrelazó sus dedos, en lo que sus ojos verdes se cristalizaban de ilusión. —Por favor, no estés inseguro de estar conmigo, porque me entristece saber que no estas feliz—

—Deku…— Pronunció conmovido.

—Es normal sentirse inseguro— Se acercó a él, posesionando su otra mano sobre su hombro. —Por eso, no dudes en decirme lo que sucede contigo, Kacchan, yo no me enojaré contigo y tampoco te voy a juzgar, sólo te voy a escuchar— Dijo suave. —Me preocupa más, no saber lo que sientes y lo que pasa por tu cabeza—

Bakugou no pudo contenerse más y atrajo a Deku a sus brazos, abrazándolo efusivamente.

—Te amo, nerd, te amo!— Soltó tomado por la emoción.

—Yo también, Kacchan— Lo abrazó de regreso, aferrándose a su contacto, siendo tan gentil con sus brazos. —Yo siempre estaré dispuesto a escucharte, no lo dudes—

—Lo siento— Admitió, enrojecido hasta de las entrañas. —Siento no haber sabido manejar las cosas—

—Ya pasó, Kacchan— Le cercioró Deku en tono gentil.

—No me perdones tan fácil— Gruñó arrepentido, acomodando su cabeza entre su cuello. —Hazme saber el idiota que soy—

—No haré eso— Se negó.

—Yo siempre te hago sufrir—

—No es verdad— Se separó del abrazo, colocando sus manos sobre sus antebrazos, mirándolo fijamente a los ojos. —También me haces feliz— Sonrió cálido, reafirmando todo lo que le dijo.

Sus inseguridades se vaciaron en esa sonrisa dirigida solo a él; los pensamientos nocivos se limpiaron de su cabeza, ese sentir suyo que lo carcomía por dentro, se desintegraba de su sistema.

—Tu me haces feliz— Afirmó Bakugou, depositando un beso en su mejilla, justo por debajo de sus pecas.

—Hehe— Se rió contento, acariciando sus antebrazos con dulzura. —Te amo, Kacchan—

—Te amo, Deku— Le tendió una sonrisa de lado, una de sus muy raras muestras de sonrisas y cariño, pero por Deku lo hacía porque era lo que realmente estaba sintiendo en ese momento. —-Seré más sincero contigo a partir de ahora— Deku asintió, sonriéndole con mucho amor.

Él se inclinó a capturar sus labios en un beso lento, pausado, disfrutando de volver a tenerlo entre sus brazos, entre su calor.

No podía estar sin él, eso estaba más que claro, pero ahora sabía que Deku tampoco podía estar sin él, significando que sus sentimientos flotaban en una pecera al unísono de sus mareas y de sus sonidos que no cesaban de existir y de producirse. Ese sonido de su corazón al latir al mismo compás, fluyendo en la misma sintonía con que sus besos iban pintando de color las paredes de su habitación.

A partir de ahí, se esforzaría por ser más sincero con él, al igual que se esforzaría por mantener viva la relación que aunque había momentos en que se veía amenazada de romperse, él se encargaría de pegarla con sus manos hasta que en algún momento ya no se volvería a quebrar en vástagos de viento.

Los dos fluían de acorde a su ritmo, flotaban en el mismo río, se unían en esos pequeños detalles que resaltaban de cada uno su oculto esplendor.

Lo que les esperaba, era incierto, pero por ese instante, se quedarían disfrutando del presente que los envolvía en su gracia y melodía.

Katsuki Bakugou solía ver el amor en su vida como una maldición, lo repudiaba y lo odiaba con creces, pero el tiempo lo probó lo contrario, porque ahora veía el amor como la felicidad tangible.

La felicidad que solo Deku le podía dar.

FIN

.

.

.

.

.

P.D. Por fin pude escribir el final Katsudeku, me costó escribirlo, lo admito, y espero que sea de su agrado.

Estoy pensando si hago un capítulo extra luego del final, pero es solo un pensamiento.

Si lo subo, lo verán en sus notificaciones (aquellos que me sigan)

Duda o comentario, lo pueden dejar aquí y si están inconformes con el final, también me lo pueden hacer saber.