Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus autoras Mizuki e Igarashi. Esta historia es de mi autoría como todas las que he escrito y lo hago sin fines de lucro, solo por entretención.


Junto a Ti

CAPITULO XIX

El compromiso

Dos meses después…

Dos meses después, en todos los periódicos de Chicago, se anunciaba el pronto compromiso de la señorita Candice White Andrew y Joseph Drummond. Era un gran acontecimiento para todos, menos para el patriarca de los Andrew, que no se resignaba que su hija adoptiva se comprometiera en matrimonio, menos después de aquel beso que le había dado y que no podía olvidar. Aquello lo hiso darse cuenta de que ya no sentía lo mismo por su protegida, sino que era otro tipo de sentimiento que estaba renaciendo en su corazón, un sentimiento de un hombre hacia una mujer, porque su pequeña se había convertido en toda una mujer y lo pudo comprobar en aquel beso.

Ese beso que no podía sacar de su mente.

Ese beso que no podía sacar de su corazón.

Ese beso lo tenía atormentado.

Ese beso que lo hacía sentirse culpable.

Ese beso que provocó que traicionara a su prometida Luisa.

Ese beso que era igual al beso de sus sueños.

Y ese beso que con ansias quería volver a probar.

Cerró sus ojos y lo volvió a recordar, sintiendo esa dulzura de los labios de su pequeña. El la había besado inesperadamente, en un beso apasionado, que lo tenía enloquecido, sintiendo los mojados labios de su pequeña y su cálido cuerpo tan cerca del suyo. Ese instante fue mágico, pero extraño a la vez, ya que sintió como si antes la había besado. Sin embargo, sabía que aquello no estaba bien, que Candy era su hija adoptiva y que él estaba comprometido con Luisa, eran dos cosas que lo tenían que hacer recapacitar. Se disculpó con ella y salió huyendo del lugar, pensando que todo era una locura y que él estaba completamente loco.

Después de aquel acontecimiento el regreso a Chicago para continuar con su vida y con los preparativos de su boda con Luisa, como se lo había prometido al señor Steel. Por otro lado hablo con el señor Drummod siéndole que le daba su autorización para que Joseph pretendiera a Candy, quería reparar la locura que había cometido con su pequeña, aunque sabía que esa locura lo había hecho sentir realmente feliz.

Por otro lado, Candy no sabía lo que realmente sentía, de un momento a otro estaba a portas de comprometerse con un chico guapo y encantador, pero que, sin embargo, no amaba. No podía engañar a su corazón, ella seguía enamorada de Albert, pero el daño que le había hecho era algo que le había causado una herida tan grande, que lo único que deseaba era olvidarse de él. Una vez se había enamorado de Anthony y Terry, así que rogaba en su interior poder llegar a amar a Joseph.

Él era un joven de buenos sentimientos, que en este último tiempo había aprendido a conocer por varias visitas que le había hecho al hogar de pony, ya que ella seguía viviendo en aquel lugar. Además, siempre le enviaba cartas, contándole sobre lo feliz que se sentía que ella le hubiera dado la oportunidad de conquistarla.

Querida Candy.

Me imagino que estas muy bien. Yo extrañándote mucho, contando los días para que llegue el día de nuestro compromiso. Gracias por aceptarme y dejar que conquistes tu corazón y aunque sé que todavía no me amas, sé que llegaras a sentir amor por mí.

Mi mama con la señora Elroy están organizando todo para la fiesta de nuestro compromiso, así que no debes preocuparte por nada, solo llegar a tiempo para ese día.

Me despido con un fuerte abrazo y un dulce beso en los labios.

Joseph Drummond.

—¿Qué haces, Candy? -le preguntó la hermana María.

—Estaba leyendo una carta de Joseph.

La monja se acercó a ella.

—¿Estas segura de que quieres comprometerte con él?

—Si, hermana María. Joseph es un buen chico, estoy segura de que me va a hacer feliz.

—Ósea que ya no sientes nada por el señor Andrew.

—Bueno…no, pero sé que tengo que olvidarlo. Albert nunca me amo, él se va a casar con Luisa. Además, él mismo hablo con el padre de Joseph para que él me cortejara.

—¿Por qué tú se lo pediste?

—Si, pero…lo hice para que sintiera celos, pero no sintió nada.

—Me contaste que te besó.

—Si, me besó. Y fue tan bonito, pero después se arrepintió y se marchó a Chicago para regresar con su prometida.

—¡Hay, mi niña! -la abrazo la hermana María -Tu corazón esta tan confundido. Es mejor que pienses mejor las cosas.

—No hermana María, ya lo tengo decidido. Me voy a comprometer con Joseph Drummond.

El día del compromiso llego, se realizaría en la mansión Andrew y la tía abuela se había encargado de prepararlo todo para la fiesta. Era la más feliz de que ese compromiso se llegara a realizar, ya que eso significaba que por fin Candy salía de la vida de su sobrino.

Luciendo un elegante vestido de terciopelo en tono azulado, bajo para recibir a los Drummond que fueron los primeros en llegar.

—Bienvenidos, señores Drummond, Joseph -los saludó cortésmente.

—Gracias, señora Elroy -contestó el señor Drummond.

—¿Y dónde está Candy? -preguntó Joseph mirando a su alrededor.

—Ella no ha llegado, se quedó en casa de su amiga Annie.

—Estoy muy ansioso de verla.

—Y yo también -añadió la señora Drummond -Aun no conozco a mi futura nuera.

—Mientras llega, pasen a disfrutar de la fiesta. El patriarca de los Andrew esta por bajar.

—Qué bueno porque deseo hablar con él -dijo el señor Drummond.

Albert se encontraba en la biblioteca, se había pasado todo el día trabajando, que ni siquiera había tenido tiempo de subir a darse un baño y cambiarse de ropa. En el fondo era una excusa, ya que no tenía ningunas ganas de participar del compromiso de su hija adoptiva y el hijo del señor Drummond. Ese compromiso lo tenía irritado, pensando que todo era una locura, que Candy no podía llegar a casarse con Joseph, era solo un muchacho inexperto que no iba saber hacerla feliz. Ella necesitaba otra clase de hombre, uno serio, maduro, que la protegiera de verdad, un hombre como él.

—William, amor todavía estas aquí -le dijo Luisa entrando a la biblioteca.

—Ya estoy terminando -respondió dejando unos documentos de lado.

—No te has cambiado todavía, los invitados ya están llegando.

—¿Candy ya llego? -preguntó interesado.

—No…Los Drummond si llegaron.

Albert se paró del escritorio.

—Voy a subir a cambiarme.

—¿William, que te sucede? - se acercó a él viendo que el rostro de su prometido tenía una apariencia extraña - No te ves bien.

—Estoy un poco cansado.

—Pienso que es otra cosa. Hacen días que te noto extraño.

—¡Ya Luisa me estas fastidiando igual que mi tía Elroy! -le reclamó Albert con molestia -¡Ya te dije que estoy cansado!

—No te estoy fastidiando, solo estoy preocupada por ti. William estas tan cambiado, antes nunca me habías tratado así.

—Lo lamento, Luisa, no quise hacerte sentir mal.

—Pero lo hiciste -lo miró resentida -Me voy al salón a acompañar a tu tía Elroy.

Luisa salió de la biblioteca y Albert se tomó la cabeza con una de sus manos, sintiéndose muy arrepentido de haberle hablado así a su prometida, ella no tenía la culpa de nada, el único culpable de todo era solo él por tener su corazón lleno de confusión.

Candy junto a Patty, Annie y los padres de esta, llegaron a la fiesta. Joseph al ver a la que iba ser su prometida se acercó a ella para recibirla.

—Candy, te estaba esperando -le dio un beso en la mano.

—Me retrase un poco, me estaba arreglando -contestó con una sonrisa.

El la miro de pies a cabeza, viendo lo hermosa que se veía con ese vestido color coral que llevaba puesto.

—¡Te ves preciosa!

—Gracias, tú también estas muy guapo.

—Ven conmigo, para presentarte a mis papas.

Joseph llego a su novia hasta donde se encontraba los padres de él.

—Papá, mamá, ella es Candy.

—Gusto en conocerlos, señores Drummond -los saludó la rubia.

—El gusto es nuestro, señorita Candy -contestó el señor Drummond.

—¡Oh que bella eres, Candy! -exclamó la mamá de Joseph -Quería tanto conocerte, mi hijo me hablado mucho de ti.

—Él también me hablado mucho de ustedes.

—¿Sabes a qué hora va a bajar tu padre adoptivo? -le preguntó el señor Drummond -Solo falta el para comenzar con el anuncio del compromiso.

—No lo he visto.

En eso apareció Luisa y la tía abuela.

—Hola, Candy -la saludó Luisa.

—Hola, Luisa. ¿tía abuela como esta?

—Bien, Candice.

—Señora Elroy, ¿dónde el señor Andrew? -le preguntó Joseph -Queremos anunciar el compromiso.

—Él debe estar en su cuarto -dijo Luisa -Yo lo puedo ir a buscar.

—No querida, yo iré -dijo la tía abuela.

Elroy se dirigió hasta la habitación de Albert, pero al llegar no lo encontró, busco en otras habitaciones de la mansión y en la biblioteca, pero tampoco estaba. Preocupada, regresó al salón donde se encontró con George.

—¿George, sabes donde esta William? -le preguntó.

—No, señora Elroy.

—No lo puedo encontrar por ningún lado.

—A lo mejor esta con la señorita Luisa.

—No, ella estaba conmigo y ahora esta con Candy. ¿Dónde se habrá metido?

—Tranquila, lo voy a buscar por todos lados.

—Le diré a Stear y Archie que también lo salgan a buscar.

Elroy avergonzada por la situación tuvo que decir la verdad sobre el patriarca de la familia. Candy no dejo de sentirse preocupada por Albert, pensando si algo malo le había ocurrido.

—Bueno si él no se encuentra anuncie usted el compromiso de mi hijo con Candy -le sugirió el señor Drummond.

—Es lo mismo que estaba pensando, ese compromiso tiene que realizarse esta noche -contestó Elroy -Candice, Joseph vengan conmigo.

La tía abuela llevo a la pareja hasta el medio del salón.

—Damas y caballeros es una gran alegría para mi poder anunciarle el…

—¡Este compromiso no se puede realizar! -grito Elisa Legan que llego a la mansión Andrew completamente ebria -¡Esta huérfana no se puede comprometer con el hombre que yo amo!

—¿Elisa que significa eso? -le preguntó Elroy indignada.

—¡Usted no me hable, viaja traidora!

—¡Elisa te volviste completamente loca!

—Si, estoy loca, pero de amor por Joseph -admitió abrazándolo por el cuello -No te comprometas con Candy, yo te amo…

Elisa quiso besarlo, pero Joseph la aparto de él.

—Señorita Elisa, contrólese.

—Esta muchacha esta ebria -comentó el señor Drummond.

—¡Sanquela inmediatamente de aquí! -ordeno con autoridad la tía abuela.

Llegaron unos sirvientes de la mansión y tomaron a Elisa de ambos brazos, sacándola del salón.

Annie y Patty se acercaron a Candy.

—Hay amiga, siempre Elisa arruinándolo todo -comentó Annie.

—Está loca -añadió Patty.

—Me da lo mismo Elisa -dijo la rubia -Yo estoy preocupada por Albert, donde se habrá metido.

—Candy no seas tonta, no se merece que te preocupes por él.

—Lo se Patty, pero no lo puedo evitar.

—Candy, siento mucho lo que ocurrió con Elisa -le dijo Joseph acercándose a ella -Yo nunca he tenido nada que ver con Elisa.

—Lo sé, tú no tienes la culpa de eso Joseph.

—Si lo deseas dejemos nuestro compromiso para otro día.

—No Joseph, no vamos a dejar que Elisa se salga con la suya, ¿verdad?

Él sonrió.

—Me parece muy bien. Anunciemos nuestro compromiso de una vez.

—De acuerdo…-le tomo el brazo.

—¡Tía abuela! ¡tía abuela encontramos al tío William! -gritó Stear y Archie al mismo tiempo.

—¿Donde esta? -preguntó la anciana.

—Esta desmayado en el jardín.

—¡Albert! -exclamó Candy asustada.

De inmediato llevaron a Albert a su habitación, donde Candy entro con ellos para ver cómo estaba el hombre que amaba.

Se acerco a él y le tomó el pulso.

—Tiene el pulso muy bajo -dijo mirándolo preocupada.

—Hay que llamar un doctor -dijo Elroy -George manda a buscar al doctor de la familia.

—Si, señora Elroy.

—Oh, amor, tienes que ponerte bien -se acercó Luisa abrazándolo.

Candy se apartó de la cama, sintiendo que estaba demás en aquel cuarto.

Bajo al salón para despedirse de Joseph, con lo ocurrido con el patriarca de los Andrew, el compromiso esa noche no se realizaría.

Joseph decepcionado por no haberse podido comprometer con Candy se marchó de la mansión Andrew, junto a sus padres y los otros invitados de la fiesta.

Minutos después llego el doctor a revisar a Albert encontrándolo no muy bien, así que le colocó un calmante para que pasara una buena noche.

Esa noche Candy la pasó en la mansión, pero no podía conciliar el sueño, no dejaba de pensar en el estado de Albert. Sin que nadie la viera salió del cuarto y se fue al de él. Al entrar lo encontró completamente dormido.

—¡Albert! -le tomó una mano -Tienes que ponerte bien, a pesar de todo no quiero que nada malo te pase. Te amo y aunque no estemos juntos siempre vas a estar presente en mi corazón.

En ese instante el señor Steel que iba pasando por el pasillo alcanzo a escuchar lo que Candy le decía a su protector.

"No puede ser, esa muchacha está enamorada de William" -murmuró espantado.

Continuará…


Hola lindas chicas

Espero que se encuentren muy bien. No he podido actualizar muy seguido por problemas de tiempo, pero ahora les dejo otro capitulo de este fic, espero que lo disfruten.

Saludos y agradecimientos a las chicas que me siguen apoyando con sus comentarios.

Evelyn, Balderas, Pivoine3, Guest, Mary silenciosa, Bunny, elbroche, Patty Martinez, Rosario escobar, Sunnystar95, LovlyArdley, elenharket2, Guest, Guest, alebeth, kandrew, Maribel, Coqui Andrew, Hellen, Carol.

Un cariñoso abrazo para cada una de ustedes.