CAPÍTULO 18

—¡Quieres relajarte! Parece que vas a la sala de torturas en lugar de a una cena con tu familia. —Dijo Bella mientras bajaban en el ascensor.

—Estoy relajado.

—Seguro. He visto tablones de madera más blandos que tus hombros.

Edward no pudo evitar sonreír ante su broma. Se giró hacia ella y la abrazó hasta juntar su frente con la de ella.

—¿Cómo lo haces? ¿Cómo consigues hacer que me relaje y sonría en el momento oportuno?

—Porque te quiero. —Confesó como si tal cosa.

En el instante en el que las palabras abandonaron su boca se dio cuenta de lo que había hecho. Se tensó y sintió como enrojecía hasta que sintió arder sus mejillas. No pensaba decírselo así, no era ni el momento ni el lugar, pero las palabras escaparon de manera involuntaria.

—¿Quién es la que necesita relajarse ahora? —Preguntó divertido Edward al observar la reacción de ella.

No esperaba oír esas palabras, pero el hacerlo había despertado una ola de emoción en su interior.

—Te... Te conozco, Eso es lo que quería decir, que te conozco. Por eso sé cuándo hacerte reír. ¿Esto no va a llegar nunca a la planta baja? —Preguntó nerviosa. Nunca un viaje en ascensor se le había hecho tan largo.

Como si alguien hubiese escuchado sus plegarias, en ese momento las puertas se abrieron y ella intentó salir huyendo, pero la mano de Edward la detuvo haciéndola girar y enfrentarle de nuevo.

—Bella, los dos sabemos perfectamente lo que querías decir. —La tomó por la barbilla y alzó su rostro para que le mirase directamente a los ojos—. ¿Me quieres?

Isabella se mordió el labio y cerró los ojos antes de responder.

—Sí, te quiero.

Edward sonrió y tomó su rostro entre las manos para besarla. Dulcemente, se apoderó de sus labios y recorrió cada milímetro de su boca haciéndola estremecer. Justo cuando el beso se estaba volviendo más intenso una voz les hizo separarse

—¡Hey, hermanito! Esas cosas se dejan para la habitación del hotel.

Emmet Cullen llegó hasta ellos acompañados Por una impresionante rubia que debía ser Rosalie. Sonriente, abrazó a su hermano y miró hacia Isabella.

—Imagino que tú debes ser Bella. ¡No sabes las ganas que tenía de conocerte! Soy Emmet, el hermano mayor de este idiota.

Bella sonrió y le saludó

—Encantada y... ¡Enhorabuena! —Le felicitó y dirigiendo la mirada a la mujer que le acompañaba.

—Muchas gracias. Yo soy Rosalie. Me alegra ver a Edward tan bien acompañado. —Sonrió.

—¡Déjame que te felicite en persona! Este sinvergüenza no sabe la suerte que tiene de tenerte.

—¡Claro que lo sé! ¿Porque te crees que voy a casarme con ella? —Bromeó besando de manera rápida y sorpresiva a su prometida.

—Déjate de tonterías y vamos junto a tus padres o llegaremos tardes.

—No hagamos esperar a Carlisle Cullen, ya sabemos que odia la impuntualidad. —Dijo Emmet.

—Lo mismo deberíamos esperar un poco más. —Añadió Edward irónicamente mirando su reloj.

—Edward...

—¡Está bien, está bien! —Alzó las manos en señal de disculpa.

Los cuatro juntos se dirigieron al salón del hotel donde el matrimonio Cullen ya les estaba esperando. Llegaron hasta la mesa y tomaron asiento

—¿Estaba la habitación a vuestro gusto? —Preguntó Esme.

—Estaba todo perfecto, mamá.

—Me alegro. ¿Has hablado con tus padres, Rosalie?

—Sí, llegarán mañana a media mañana, al final van a retrasarse así que me tendréis que ayudar un poco, por favor. —Pidió suplicante.

—Por supuesto.

—¿Puedo contar contigo también, Bella?

—Claro, sin problemas.

Esa afirmación dio pie a que la conversación se centrase en todos los cabos sueltos que quedaban en torno a la fiesta y los preparativos de la boda.

—Cariño, basta de monopolizar la conversación en torno a la boda. Mañana ya tendremos suficiente. Ahora estamos desperdiciando la oportunidad de conocer un poco más a Bella. —Intervino Emmet—. Cuéntanos de ti, Bella.

—No hay nada interesante que contar, soy una chica normal.

—¿Trabajas Bella? —Preguntó Esme.

—Sí, junto con Alice en su librería.

—¡Oh que casualidad! ¿Os presentó ella?

—No, en realidad… Conocí a Alice a través de Edward. —Explicó ante la mirada confundida de la madre de Edward.

—En ese caso, creo que nos debes decir cómo conociste a Edward. —Señaló Emmet.

—Bueno... Fue cosa del destino.

—¿Os presentó una vidente?

El comentario de Emmet hizo reír a toda la mesa, incluido Carlisle que, aunque apenas intervenía en la conversación esbozó una sonrisa.

—Técnicamente me atropelló con el coche

—¡¿Que?!

—¡¿Cómo?!

Las exclamaciones se sucedieron en la mesa.

—Bueno, dicho así suena fatal, pero es menos grave de lo que parece. —Explicó Bella intentando quitarle hierro al asunto.

—¿La atropellaste? —Preguntó Carlisle haciendo que el silencio reinase en la mesa.

—En realidad, yo me lancé sobre su coche. —La voz temblorosa de Bella evidenciaba su incomodidad

—Estoy hablando con mi hijo —Le cortó bruscamente Carlisle.

—¡No le hables así.! —Estalló Edward— ¡No juzgues antes de saber cómo han sido las cosas!

—¿Acaso he escuchado mal? Creo haber oído que la atropellaste. ¿Es eso mentira?

—No, no lo es.

—Crucé sin mirar. El semáforo estaba rojo para mí y no lo vi. Edward tuvo buenos reflejos y frenó, aunque no pudimos evitar el golpe. Afortunadamente sólo fue un susto. —Intervino rápidamente Bella para excusarlo.

—Fue un accidente y los accidentes tienen consecuencias desastrosas. Él, mejor que nadie lo sabe e imagino que si tú estás con él también has de saberlo.

—¡Cállate! —Exigió Edward— ¡Es que ni siquiera puedes disfrutar de esta maldita cena! ¡¿También vas a destrozarle el momento a Emmet?!

—No soy yo quien está gritando. —Habló con voz helada pero calmada.

—¡Basta, por favor! ¡Basta! —Sollozó Esme.

—Mamá...

—Esme...

—¡No! —Negó y decidió bajar la voz al darse cuenta de que algunas personas estaban pendientes de ellos— Prefiero que os ignoréis a que discutáis. Ver este comportamiento entre vosotros me mata. Creo que lo mejor será dar por terminada esta cena. Mañana nos veremos y no quiero que esto vuelva a repetirse. ¡Buenas noches!

Esme lanzó enfadada la servilleta sobre el plato y se levantó de la mesa para abandonar el comedor seguida por su marido.

Edward y Emmet parecían apesadumbrados y Rosalie y Bella se miraban incómodas ante lo ocurrido.

—¡Genial! ¡Menuda cena! —Se quejó mordaz Emmet.

—Sabes que lo he intentado, Emmet.

—Lo sé. Pero deberías haberme hecho caso y hablar con él antes de esto.

—Será mejor que nos vayamos a dormir. Mañana será un día muy largo. —Apuntó Rosalie acariciando el hombro de su prometido.

Edward y Bella subieron a la habitación en silencio.

—¡Odio todo esto! ¡Nunca cambiará!

Edward, furioso, se quitó la chaqueta y la lanzó sobre la cama.

—Intenta calmarte.

—¡No puedo calmarme cuando sé que todo esto le hace tanto mal a mi madre! Te juro que he intentado contenerme, pero es que... Siempre consigue sacarme de mis casillas.

—Está claro que vuestra relación no es la mejor, pero mañana es un día importante. Intenta olvidar lo de esta noche, hacer como si nada hubiese pasado. Al menos, intenta hacerlo por tu madre. —Le aconsejó situándose detrás de él abrazando su pecho desde la espalda.

—Nos iremos el domingo por la mañana. No lo haremos el mismo sábado porque será muy tarde, pero a primera hora nos marchamos de aquí.

—Como tú quieras. —Aceptó depositando un suave beso en la parte de atrás de su cuello.

Edward se giró y comenzó a besarla, haciéndola retroceder hasta que ambos cayeron sobre la cama.

—Edward...

—¡Uhummm…! —Murmuró sin dejar de besarla, descendiendo hasta su cuello.

—¿Algún día me contaras que fue lo que pasó entre tu padre y tú? —Puede que no fuese el momento oportuno, pero necesitaba saber si algún día obtendría respuestas.

Edward dejó su tarea y se posicionó haciendo que sus rostros quedasen al mismo nivel.

—Algún día, pero no hoy. Hoy no quiero dedicarle ni un minuto más de mis pensamientos. Para lo único que tengo cabeza ahora es para hacerte el amor.

Hacerle el amor. Puede que no hubiese respondido con palabras a su te quiero, pero estaba dispuesto a de mostrárselo.

Edward descendió sus manos hasta llegar a sus caderas subió lentamente la tela de su vestido y apartando la tela de sus braguitas introdujo dos dedos en su interior. Sin dejar de besarla comenzó a acariciarlo, estimulando con su pulgar su clítoris, consiguiendo que se derritiese en cuestión de segundo.

Observando su mirada oscurecida por la pasión se incorporó y comenzó a desvestirse, tarea en la que se vio ayudado por Isabella, que en un veloz, movimiento se incorporó y una vez que le tuvo desnudo, intercambió sus posiciones quedando ella encima de él.

Sentada a horcajadas, comenzó a besar su tórax, mordiendo y lamiendo cada centímetro de piel, al tiempo que su mano acariciaba su endurecido miembro, caricias que pronto fueron sustituidas por la humedad de su boca, que se afanó en devorarle hasta que le tuvo al borde del colapso. Una vez llegados a ese punto se levantó y lentamente fue sentándose sobre él, hasta albergarlo por completo.

—¡Bella…! —Jadeó Edward al sentir como las paredes de su vagina se contraían alrededor de su miembro.

—¡Shhhh.! —Le calló— Ahora viene lo mejor.

Lentamente comenzó a balancearse sobre él, cabalgándole como una amazona.

Ante el ardor que le invadía, Edward se incorporó haciendo que ambos quedasen sentados, permitiendo que de esa manera pudiese hundirse más en él.

La tenía fuertemente abrazada contra su cuerpo, sintiendo como sus pechos se endurecían contra el de él, bebiendo sus jadeos, besando su boca, mordiendo su cuello.

El orgasmo les alcanzó juntos, en el mismo momento en el que Bella mordía su hombro para acallar el grito de placer que pugnaba por salir de su garganta.

Rendidos y saciados cayeron de nuevo sobre el colchón, mirándose y acariciando se en silencio, sin saber que al día siguiente una nueva tormenta se desataría.

¡Hola ¿Qué tal todo?

Parece que las reuniones familiares en la familia Cullen son un poco…moviditas. Si esto ha ocurrido en esa cena, ¡Imaginad lo que puede pasar durante la fiesta de compromiso!

Muchas gracias a todos por los favs, follows y reviews.

Nos leemos el próximo viernes en el capítulo y cada martes en el grupo Élite Fanfiction y su iniciativa martes de adelantos.

Un saludo y ¡Mucha fuerza para todos!