Los personajes son de Sthephenie Meyer, la historia completamente mía.
CAPITULO XII
-No temas, todo va a salir bien.
Edward arreglaba su camisa frente al espejo donde la veía estar quieta como una estatua mientras se quedaba sentada al borde de la cama. Ella se veía realmente hermosa con un pantalón oscuro muy ajustado y una camisa de color esmeralda que acompañaba sus ojos. Aunque no se viera ni un poco feliz esa mañana de domingo. Bella miraba un punto fijo más allá de su cuerpo. Ya estaba lista, le sobraba tiempo antes de que tuvieran que irse para poder asustarse por el almuerzo que iban a tener con la familia Masen.
-Fue bastante astuta. La otra noche se encargó de resaltar cada uno de los labores de la casa, de los cuales ni siquiera había pensado en eso.
Bella lo vio encoger sus hombros.
-Es normal. Ambos trabajamos mucho tiempo. Es una casa enorme, por eso hay alguien que hace lo que nosotros no podemos.
Ella frunció el ceño.
-Se sintió impersonal…
Murmuró. Recordando para ella misma las palabras de Esme. Le habían generado cierto dolor, cierta molestia. En algún momento de la noche entendió el punto de su suegra. Ella estaba remarcando la importancia de un hogar, de una familia. Ellos ni siquiera habían querido eso. Entonces era obvio que todo eso que la mujer había sacado a relucir ni siquiera se viera.
La casa era neutra, desde luego que ella no había tocado ningún adorno, cuadro o escultura. Ni los colores de la sala, nada tenía su toque personal. Como si ella no estuviera allí. O para que no se notara cuando se fuera, pensó. ¿Cuánto duraría aquella farsa? ¿Hasta dónde era capaz de llegar con aquello a costilla de su padre? No sólo ellos estaban quedando en evidencia, pronto saldría todo a la luz. Cuando alguno de ellos se equivocara sin quererlo, cuando ya no pudieran manejar. Le aterraba saber que podría hacer Charlie para perjudicarla y que terminará por ensuciar a Edward o a su familia.
Se le erizaba la piel de solo pensarlo.
En algún punto tendrían que dejar de fingir. Porque sabía lo que pasaría entonces, se convertía en realidad o se acababa por completo.
Realmente, no estaba preparada para ninguna de las dos situaciones ahora mismo.
-Bella…
Ella le dio la espalda mientras salía.
-Dejalo. Termina con eso de una vez, vamos a llegar tarde.
Edward suspiró. Frustrado. Estar en sus propias vidas ya era difícil. Apenas estaba logrando que su esposa se abriera un poco más con él y ahora no solo tenía a Charlie empujando si no que su madre no estaba siendo de mucha ayuda. Edward había tratado de cubrir lo más que pudo sus demandas, habían sido exigentes y duras. Reales también. Por lo que no había sabido cómo reaccionar del todo.
Desde luego que imaginar una vida paralela con Bella incluía que ella se entusiasmara con absolutamente todo lo que los rodeaba. Que ella quisiera re modelar la casa le parecía una locura pero si iba a dejar su huella marcada y hacerla sentir cómoda. Lo aceptaría. Aunque Bella hubiera reído y remarcado que tal vez pensaría en un decorador, admitía ser un desastre como ama de casa, no le gustaba la cocina y pasaba menos tiempo que él mismo en la casa.
Ella había tirado por la borda cualquier participación en crear una vida.
Y sentía que estaba bajando los brazos. Que ya no podía remontar los sentimientos de Bella. Que ella capaz pudiera sentirse atraída pero que en realidad nunca lograría conquistarla.
-¿Edward?
Su melodiosa voz lo llamó desde el salón. Respiro profundamente y el aroma dulce del perfume de Bella le llenó los sentidos. Miró a su alrededor. Ella no había sido prolija esa mañana. El pijama colgaba descuidado de una silla, sus cremas y maquillajes estaban en la mesa del espejo. Dos pares de zapatos estaban a un costado de la pared y la cama estaba revuelta.
Su cuarto nunca antes había tenido tanta vida con ese desorden. Y si aún así Bella fuera un desastre como esposa. Era la mujer más hermosa que jamás había visto.
Y con la que quería quedarse.
Bella estaba hiper ventilando. Edward la sostenía cerca. Volver a la casa Masen fue hacer un retroceso de casi siete años atrás y estaba a punto de volverla loca. No era demasiado agradable volver, no le gustaban los recuerdos y desde luego, pensó que nunca más vería a Mike a la cara. Bueno, a la vida le gustaba ponerse como una perra. Esme abrió la puerta con una sonrisa y los dejó pasar.
Estaba segura de que esa mujer la detestaba y desde luego, que iba a hacerle pagar por todo. Ella lo presentia con todo su ser. Esme no era mala al nivel del mismo Charlie. La diferencia radicaba en el amor con el que la señora cuidaba de lo suyo. Mientras que su padre destruía todo a su paso.
-Un placer volver a verte, querida.
Le dio un abrazo maternal. Edward la guio hasta la sala. Carlisle Masen estaba de pie frente a ellos, serio y demasiado quieto. Su inteligente mirada se clavó en la suya.
-Isabella.
-Carlisle. Aprecio que me recibas en tu hogar.
Bella sentía la profunda necesidad de disculparse. De dar explicaciones como si fuera una niña pequeña siendo juzgada por los padres. Ciertamente le pareció ridículo. Más allá de que los padres de Edward eran personas excepcionales. Ella misma era una adulta, no podía ni ser juzgada ni tratada como la niña de diecisiete años que rompió el corazón de su hijo. Ella también había salido perjudicada en el proceso.
Miró a Edward. Su ahora esposo, quien sonreía y saludaba a su padre, ajeno a su mirada. El corazón se le estrujó. Sus estúpidas decisiones le habían llevado a perderlo y ahora estaba ahí. Como por arte de magia. Siendo tan suyo como nunca antes lo habría imaginado.
-¿Bella?
Se giró hacia su ahora cuñado. Sonriente. Calmada.
-Hey Mike. ¿Como estás?
Donde había esperado hostilidad y una mirada dura como la última vez que habían compartido un espacio. Sólo hubo una sonrisa tranquila.
-Todo bien ¿Cómo has estado?
La tensión voló lejos. Bella se relajó mientras Mike le entregaba una cerveza a ella y a Edward. A regañadientes. El trato con ella podría haber aflojado, se había distendido. Mike mostraba sus dientes, reía y la incluía en las conversaciones. Ahora Edward, era harina de otro costal. Bella se estiró bajo la mesa, pasando desapercibida. Estrecho su mano y le sonrió. Ella estaba allí con él, y solo él.
No le habría gustado que fuera de otra forma.
Edward estaba a punto de ponerse azul de los celos. Jamás había visto a su hermano más que como un niño bobo malcriado. Allí, sentados en la pirca tomando el té de la tarde todos juntos. Hablando de la empresa, luciendo su ropa ajustada marca Polo. ¿Cuándo habían hecho efecto sus clases de natación? Por los mil demonios, es que no se calla nunca ¿No? Edward suspiró apenas audible mente. Mike estaba tratando de impresionar. Y lo estaba logrando, Bella sonreía y estaba más tranquila. Volvió a mirar a su hermano. Admitió que estaba más adulto. Su corte de cabello era más recatado, su presencia era imponente y ya no era el niño desgarbado que él recordaba.
Frunció el ceño. Ya ni siquiera puedo escuchar lo que dice.
Bella lo trajo a la realidad. Si ella no hubiera estado jugueteando con su mano donde tenía el anillo, habría pensado que se había olvidado de su presencia. Distraídamente la vio acariciar su mano, Edward fue abriendo la palma de su mano para darle más acceso. Bella acarició varias veces la parte del anillo donde estaba grabado su nombre.
Ya se había cansado de escuchar las proezas de Mike. Aunque ya no le parecía que fuera un niño escondido detrás de la sombra de su hermano, seguía siendo el que quería destacar. Se limitó a asentir como un robot. Esme se estaba encargando de responder y la alivió tener que prestar atención. Distraídamente pasó de nuevo la yema de su dedo por la parte rugosa del anillo de Edward. No recordaba que el de ella tuviera algún escrito.
Aprovecho la distracción de todos y miró. Edward le había abierto su mano para que ella jugara. Isabella. El grabado estaba en la parte que se mantenía dentro de la palma de la alianza. La letra era prolija y bellísima.
Se detuvo.
El de ella no decía el nombre de él por ningún lado. Lo sabía muy bien, era muy consciente de sus alianzas. Miró a su esposo. Edward la miraba con total intensidad. Ella tragó pesado mientras él entrelazaba sus dedos suavemente con los suyos. Su mano era cálida al igual que si mirada. La electricidad la recorrió entera. Edward le sonrió.
-Esta refrescando ¿vamos adentro?
Bella se apartó del momento mágico. ¿Para que iba a negarlo? Edward era el jodido amor de su infancia, muchas de las locuras que había hecho eran sólo para captar su atención. Y ahora quería agradecerle al maldito universo por volverlo a poner en su camino.
Tenía un miedo terrible que la estaba matando por dentro. Pero no podía negar lo que ya había admitido para sí misma.
Había estado enamorada de Edward más tiempo del que podía recordar. Ahora, lo amaba tan intensamente que daba miedo.
Tomó la llamada en el despacho de Edward mientras él se daba un baño en la habitación.
-Jacob.
La interferencia era horrible y apenas podía oír lo que le decía.
-Te envié miles de emails, Bella.
-Lo se. Lo siento. Estuve tratando de resolver tantas cosas aquí…
-¡No me interesa! ¿Ya has olvidado lo que haces aquí?
Bella aspiró profundo. Podía sentir los celos de Jacob a miles de kilómetros.
-Estas siendo injusto…
-No. No lo soy. Estoy haciendo tú jodido trabajo aquí además de mantener a Yoca a raya junto a Jasper. ¿Acaso leíste el último reporte?
-No lo hice.
Admitió. Bella recargó la frente en su mano. Estaba tratando de resolver todo sin lograr un equilibrio. Hacía cerca de cuatro semanas que no viajaba, tratar de ordenar la vida junto a Edward. Descubrir parte de su pasado. Luchar contra las amenazas de acusaciones contra la fundación y ocuparse de la fundación. Iba a terminar con su cabeza.
-Deja de jugar a la casita feliz. Tu gente te necesita.
Cerró los ojos con cansancio.
-Estaré tomando el primer vuelo que pueda.
-¿Puedo pedirte que leas el reporte al menos? Estamos esperando que indiques algún camino. Sigues siendo la jefa aquí.
-Lo haré, en la mañana tendrás mi respuesta.
-Y Bella… recuerda qué es lo que haces allí y qué es lo que haces aquí.
-Lo sé. Esto terminará algún día y podré volver.
A pasar más tiempo con su gente a hacer mejor su trabajo. A cuidarlos y protegerlos como les había prometido. Cosas que estaba postergando por tratar de cumplir con todos.
Jacob se despidió y se volteó para regresar a la habitación. Contuvo el aire. Edward estaba recostado sobre el marco de la puerta, de brazos cruzados mirándola fijamente.
-¿Cuánto tiempo llevas ahí?
Edward solo vestía el chándal de dormir y su cabello aún estaba mojado. La fuerza que estaba haciendo con sus brazos marcaban más sus músculos, su pecho parecía incluso más amplio.
-El suficiente.
Bella enmudeció.
-¿Quién era?
-Mi socio.
Edward asintió. Estaba tan rígido y su voz era tan tranquila que temía que explotara de momento a otro.
-¿Vas a contarme algo más?
-No, en realidad.
Edward entró en la habitación hasta colocarse frente a ella.
-Pensé que no viajarías, por lo menos en un tiempo. Sabes que he programado tiempo en el que te necesito.
-No puedes hacer eso sin preguntar primero. Tengo que viajar de urgencia y no puedo cambiar eso.
-¿Donde vas? ¿Por qué es una emergencia?
-Por favor...
-¿Con éste hombre? ¿Tu socio?
La incredulidad se marcó en su gesto. Edward no creía ninguna sola palabra de lo que le estaba diciendo.
-Edward.
-Bien. De acuerdo. Sólo huye de mí, de nosotros, de ésto. Sigue siendo misteriosa. Sigue haciendo tu vida mientras yo hago lo posible por incluirte en la mía.
-No hagas esto. No tiene sentido…
-¿No? ¿Para ti no tiene sentido? Para mí está muy claro.
-Esta muy claro. Esto no es un matrimonio de verdad. No tienes por qué saber que hago o dejo de hacer, Edward. Es mi vida.
-Tienes razón. Esto ni siquiera es real… me confundí por un segundo. Pensé que al menos podríamos ser transparentes, honestos el uno con el otro. Pero ni siquiera sé porqué tratamos de ayudarnos.
-Estas mezclando las cosas.
Edward rió mientras se alejaba unos pasos.
-No puedes tener solo algunas cosas, Bella. Es todo o nada.
Le dio la espalda y se alejó. Bella se dejó caer en el sofá. Edward acaba de darle un ultimátum. Al menos así se había sentido. Sólo que la verdad se había atorado en su garganta y el miedo la había inmovilizado. No podía permitirse ir más allá con él. No se animaba a poner su corazón en juego otra vez.
Edward giró en la cama para verla. Sabía que ella dormía. El dolor de su mentira estaba todavía en su pecho. No había escuchado algo tan grave ni tan incriminatorio. El solo hecho que ella no pudiera decirle la verdad lo hacía hervir de los celos.
Suspiró. Tiempo. Paciencia. No podía ganarse la confianza de Bella si tampoco estaba trabajando tanto en obtenerla.
El bullicio del café a esa hora de la mañana era tranquilo, Lucas recibió su café con una sonrisa amable. Edward esperó que la mujer se retirara para poder hablar.
-Para ser un tema laboral, Edward, este es un ámbito demasiado informal.
-Lo sé. Quiero que hablemos de negocios, pero también quiero que esto quede entre nosotros. Ya conoce el riesgo quecorre la empresa y mi vida personal si Swan mismo u otro de sus seguidores me viera con usted.
Lucas asintió. Entendiendo el punto. Edward admiró el poder que imponía ese hombre. Lucas había sido un brillante en los negocios tecnológicos y hoy amasaba una fortuna que era inmedible. Entre joyas, tierras, el dinero entrando y saliendo de la compañía, más el capital que ello suponía. Lucas tenía gran poder económico, era justo lo que él necesitaba ahora. Pero no solo eso. A pesar de tenerlo todo, siempre lo había visto solo. Alguna que otra mujer con la que se lo había relacionado pero jamás una compañera o siquiera una novia. El punto de su asombro era la postura, la inteligencia que desprendía su mirada. La astucia. La desenvoltura de su ser.
Un escalofrío le recorrió la espalda, le recordaban a alguien.
-Bien, vamos directo al grano. ¿Cuál es el plan?
-Como CEO de la empresa, represento gran parte de la empresa, aunque Charlie pujó a la junta hace algunos años a decidir que las desiciones definitivas se tomaran según el criterio participativo. No pude revatirlo a tiempo, dado que no había estudiado el tema y él lo argumentó de forma brillante.
Lucas empequeñeció los ojos.
-Es decir que no eres ni siquiera el responsable de todo lo que ocurre en tu propia empresa.
-Exacto, y ese es el punto. Quiero eso de regreso. Me arrebató la posibilidad, no soy más que un peón. Tiraré por la borda mi puesto si eso me hace verlo fuera del suyo. Pero no puedo seguir permitiendo que maneje una parte más de mi vida.
Edward se enderezó en su lugar, el fuego brillando en su mirada. Lucas podía reconocer a un hombre enojado cuando lo veía. Edward no solo estaba furioso, sino que habían tocado una parte importante de un hombre. La hombría. Edward era un hombre capaz, decidido y brillante, había escalado hasta la cima luego del escándalo de su padre. El error había sido confiar en el hombre equivocado. Pero estaba decidido a recuperar aquello que había perdido. Lucas sabía todo eso de Edward Masen, lo había estudiado. Realmente le agradaba el tipo. Pero sobretodo podía comprenderlo por el simple motivo de que intentaran meterse en su vida, con su mujer.
-Lo entiendo. Sigue.
Edward estiró la carpeta hacia él, sin soltarla todavía.
-Es una cifra para comprar todas las acciones de los departamentos que no me corresponden en titularidad. Este documento indica cuáles son, quienes son sus representantes y los papeles que fueron firmando uno a uno en predisposición al echo. Su moción es positiva a la hora de reducir a Swan de la empresa, en todos los casos.
Se tomó un momento para saber si lo seguía hasta el momento. Lucas asintió. Le entregó la carpeta. Y esperó.
El hombre frente a él, lo miró. Incrédulo.
-No estás pidiéndome el dinero para comprar las acciones.
-No. Te estoy pidiendo soporte económico, incluso dejándote mi puesto junto a mis inversiones y acciones.
-Le estás poniendo un precio a tu empresa.
Edward sonrió.
-Le estoy poniendo un precio a mi libertad. Con la mayoría de las acciones a un solo nombre. Tienes un setenta por ciento de la empresa en tu poder, puedes cambiar las reglas, quedártela, venderla o...
-...devolverte el lugar de CEO, pero con todo a mi nombre.
Lucas asintió.
-¿Por qué yo?
-Una corazonada. Eres el único hombre al que no hará frente, no lo quiero cerca de Bella y esto me excluye de utilizarla como cebo de manipulación. Estamos hablando de un caso externo, se hablará en la próxima junta. Eres un comprador competitivo que ya tendrá el sí de todos los accionistas independientes y el mío.
-Charlie va a quebrarse.
-No va a quedarse a verte ganar, a verte mandar directrices por encima suyo. Tampoco podrá chantajearte ni sobornarte.
Lucas sonrió.
-Soy el puerto seguro.
-Lo eres.
Lucas rió, soltando una carcajada. Realmente riendo como no lo había hecho en mucho tiempo. Admirando a Edward, cerró la carpeta devolviéndola al centro de la mesa. La sorpresa del trato, la confianza absoluta, su semblante de felicidad al hablar de su libertad. Presentía que algo más estaba en el fondo pero no se atrevió a indagar todavía.
-¿Tenías un plan B, si decía que no?
Edward rió esta vez, relajando la postura.
-Demonios, claro no.
