Muchas gracias por todo el apoyo que está recibiendo este triste intento de historia.
Como siempre los personajes no me pertenecen yo solo los ocupo sin fines de lucro.
Capítulo XIX. Alfa.
¿Que se dice en ese tipo de circunstancias?
¿Que debería hacer?
Eran dos preguntas que hacían estragos en la mente de Anna. Por un lado sabia que en ese momento estaba verdaderamente a las puertas de la muerte, una vez comience todo, ella solo seria otra que lucharía por matar al hombre que caminaba a su lado, el mismo que la había criado, que la había sacado de la obscuridad que en algún momento la había tragado. Pero también todo su ser gritaba por hacerlo, su animal rugía por hacerle ver que ella estaba por encima de todos, y ese mismo sentimiento le hacia sentir la peor basura del mundo.
- No te arrepientas. - la voz de Azrael la hizo salir de su burbuja, lo vio, y contrario a ella, parecía de lo más tranquilo. - Es el camino que decidimos, no voltees atrás por ningún motivo... aunque debo de admitir que si es por ti, estaré feliz de morir.
Un nudo en su garganta le hizo casi imposible el respirar.
- Pero ya te lo dije, no te lo voy a dejar fácil.
Ambos caminaron por el sendero del bosque, hasta llegar a un claro.
Los arboles se alzaban imponentes por los aires, la luna como fiel guardiana custodiaba aquel lugar que había sido testigo de la historia de la manada Månen
Ambos se quedaron parados en un extremo del claro, mientras la luna se ocultaba cuando el astro rey se alzaba por los aires tomando su dominio, y esa fue la señal para que la rama secundaria llegara.
Por el mismo claro, toda la manada llego, no solo alfas, sino que también omegas con rostros caídos, y pequeños cachorros, que temblaban de miedo, como si sintieran lo que se avecinaba.
Anna sintió su ser hervir de coraje, al ver los rostros decaídos de las mujeres y hombres que eran omegas, sus cuerpos mostraban la tortura que habían estado sufriendo, pero debía controlarse un poco, solo un poco mas y haría pagar a los bastardos que sonreían con sorna.
Un hombre de cabellos castaños avanzó entre los demás alfas, su rostro era sereno, pero Anna debía admitir que el aura que desprendía, era casi igual a la de Azrael.
Las miradas de ambos alfas chocaron, el aire se comenzó a poner pesado, y la tensión subía, incluso el respirar comenzaba a ser cada vez más tortuoso.
Y si que se dijera una palabra todo comenzó...
Pues en ese lugar un alfa se abriría paso entre la sangre de los suyos, y se alzaría como el alfa de las manadas.
Azrael comenzó a correr, su corazón latía desbocado, su ser ansiaba la lucha, demostraría a todos los que estaban frente suyo que el peor y último error, había sido retarlo.
Utilizando incluso sus manos corrió hacia el centro del claro, los alfas de la manada Arendelle lo imitaron, corriendo en su dirección, ignorando completamente a la alfa pelicobre que corría hacia ellos.
Antes de que ambas manadas se encontrarán, Azrael se detuvo, alzándose en toda su envergadura, y rugió enseñando sus dientes, vio como las omegas e incluso algunos alfas comenzaban a temblar de miedo, pero ninguno dio un paso hacia atrás, y siguieron su camino para llegar hasta el.
Algunos comenzaron a rodearlo, esperando la oportunidad para atacarlo.
Uno se armo de valor y corrió hacia el tratando de golpear su cabeza, pero la mano de Azrael lo detuvo, las garras que ahora eran sus manos se incrustaron en su garganta, la sangre comenzó a cubrirlo, el hombre trato de liberarse, pero con cada movimiento sus heridas se hacían más grandes, el dolor era casi insoportable, pero vio su final cuando Azrael lo alzó en el aire y estampó su cabeza contra la tierra, el sonido de su cráneo rompiéndose hizo un eco terrorífico, y el puño del alfa se estampó contra su rostro quitándole la vida.
La sonrisa que vieron en el alfa, era tan grande que más de uno se dio cuenta del error que habían cometido, pero ya era muy tarde.
Azrael, por primera en mucho tiempo dejo que su bestia, tomara el control de su cuerpo, una bestia que estaba sedienta de sangre, que quería ver los cuerpos a sus pies, que deseaba ver sus rostros de agonía.
Dos hermanos, se acercaron con cautela al alfa, tratando de tomarlo por sorpresa, y lo lograron, mientras que Azrael tomaba con sus colmillos la garganta de uno de los suyos, el mayor salto y logró tomar del cuello al hombre, sintiendo como la cabeza de este le golpeaba para soltarlo, pero se rehusaba a hacerlo, mientras que el menor, salto para aprisionar la parte delantera del alfa, y golpeo su rostro hasta que los mismos colmillos de el le reventaron las mejillas. Pero de pronto sintió como los brazos que hasta el momento habían estado aprisionados por sus piernas, lo rodeaban, y la presión que comenzó a sentir hizo que el aire fuera difícil de conseguir, sentía como sus costillas se comenzaron a rendir ante la fuerza del alfa, golpeaba con desesperación, pero era como si sus golpes fueran apenas una caricia para el, y de pronto la presión se hizo más fuerte, sus aullidos de dolor de pronto callaron, y su cuerpo inerte cayo al suelo, con la columna destrozada. El mayor al ver caer a su hermanito, sintió la ira correr por su cuerpo, y sus puños comenzaron a golpear la cabeza del alfa, su misma ira, fue su perdición, pues había dejado de aprisionar a Azrael, que tomo su cabeza, y lo jalo hasta que cayo frente suyo, y golpeo su cabeza hasta que el cuerpo convulsionaba sin control.
La sangre caía de su frente entrando en sus ojos impidiéndole ver, pero podia oler el miedo comenzaba a dominar a los pocos alfas que quedaban.
De pronto entre el aroma del miedo, llego a el, uno que reconocería donde fuera, Philip había sido de los únicos que no lo trataban diferente por ser hijo del alfa, el fue testigo del amor que lo unía a su hermana, y sin que Philip o su hermana Elizabeth se enteraran, había retado y matado a su padre con tal de que ambos pudieran unirse, aún cuando el amaba a su hermana.
Ahora Philip se acercaba a él, podía sentirlo caminar a su alrededor, su respiración era pesada, mentiría si dijera que no estaba cansado, pero el agacharse ante el, no era una opción.
El Alfa de la familia Arendelle se lazo en contra de Azrael, su puño se incustro en su rostro haciendolo tambalear, pero lo que no vio venir fue la patada que Azrael le lanzó al estómago, la fuerza del golpe le rompió un par de costillas, pero al igual que Azrael el rendirse no era una opción, se levanto del suelo, sintiendo como con cada respiración, el sabor de la sangre llegaba a su boca, ambos alfas se lanzaron a la lucha, Philip trato de tomar la cabeza de Azrael viendo que era el lugar donde tenía mas heridas, pero al hacerlo, las manos del alfa lo tumbaron, sintió el aire abandonar su cuerpo por el golpe, y cuando se trato de levantar, sintió como un golpe en su nuca lo volvió a tumbar, uno tras otro lo hicieron estrellarse en contra de la tierra, su rostro estaba deformado por los golpes, con la poca conciencia que le quedaba logro darse la vuelta para ver a Azrael, pero el aprovechó ello para atravesarle el estomago con sus garras, sus intestinos estaban desgarrados, y su muerte llego cuando fue alzado en el aire y partido a la mitad haciendo que Azrael se bañara en su sangre.
Dejo caer el cuerpo de Philip al suelo, y volvió a rugir.
La sangre lo bañaba completamente, y casi todos los alfas agacharon sus cabezas ante el, rindiéndose con tal de seguir viviendo.
Pero aun sin ver, Azrael supo que quedaba un alfa, y volteo su mirada hacia ella, al otro lado del claro donde se encontraba.
-.-.-.-.- Anna -.-.-.-.-
Sus manos estaban cubiertas de sangre, ¿a cuantos había matado?, esa pregunta era tan indiferente para la cobriza que de estar consciente se hubiera reído.
Sus manos temblaban, pues sus nudillos estaban destrozados. Su respiración eran gruñidos animales.
Cuando comenzó a correr en contra de la manada Arendelle al primero que se encontró fue al Alfa que había estado en su casa.
Frederick estaba dispuesto a todo con tal de recuperar su orgullo, y matar a la hija de la familia Månen era un excelente comienzo, después podría matar a Azrael. Pero lo que ignoraba Frederick era la fuerza que Anna había heredado, el golpe que recibió de ella, le hizo que por segundos no supiera de si, y solo recupero la conciencia para sentir como Anna le destrozaba la mandíbula a base de golpes, hasta que esta se canso y le rompió la traquea de uno, su cuerpo quedo tendido en el suelo luchando por respirar sintiendo la agonía de la asfixia.
La euforia de tomar una vida con sus manos desnudas, desconecto la conciencia de Anna, y al igual que Azrael dejo que su animal tomara el control de su cuerpo.
La cobriza se lanzo en contra del primero que cruzo en su camino, al tenerlo debajo suyo, lo golpeo hasta que sintió como sus manos hormigueaban, y el rostro del hombre era una masa desfigurada.
Sonrío, la sangre escurriendo de sus manos, su corazón bombeando sangre con fuerza, la adrenalina, todo era como un sueño.
Un alfa la tecleo, recibió un par de golpes en el rostro, pero no los sentía, como si de pronto estos fueran apenas una brisa de verano. Anna desvío su cabeza para que el puño pasara de largo, y cuando el codo quedo a la altura de su frente, sostuvo la mano del hombre con la propia para que no pudiera escapar, y con su cabeza le rompió el brazo, el hueso se asomo entre la carne del hombre, y este se quito de encima suyo, Anna se alzo y con su propio hueso le quito la vida al hombre, al atravesarle la cabeza con el como una lanza improvisada.
Alzó su cabeza, buscando al siguiente oponente, pero todos se alejaban de ella, y agachaban la cabeza.
Pero ella necesitaba mas, y fue hasta que escucho un rugir que hizo que se le erizara la piel.
Volteo su mirada hacia el otro lado del claro, viéndolo.
Y ambos comenzaron a correr en contra del otro, Anna utilizó sus manos para impulsarse y llegar más rápido a él.
Cuando estuvieron frente a frente ambos rugieron.
Sus músculos se marcaban expectantes ante la lucha, sus seres exigían mostrar su valía.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Anna despertó sintiendo un dolor de cabeza que parecía perforar su cráneo, trato de recordar cualquier cosa, pero cada que un pensamiento que tuviera que ver con lo que había pasado el dolor de cabeza se hacía insoportable, haciéndole preferir dejar de pensar en ello.
Vio a su alrededor, el bosque en el que se encontraba era extremadamente familiar, como si hace poco hubiera estado en el.
Se levantó y sacudió sus pantalones tratando de quitarles la tierra, de pronto el sonido de una rama romperse le hizo darse la vuelta dispuesta a defenderse de cualquier cosa que estuviera por atacarla.
Pero en vez de ver a una peligrosa criatura, solo había un pequeño niño jugando con lo que parecía el cachorro de un lobo de color cobre.
Estaba dispuesta a dejar al pequeño en el bosque, pues nunca había sido especialmente afecta a los niños, pero apenas dio media vuelta, un gruñido se escucho.
Y apenas tuvo tiempo de correr para proteger a los pequeños cuando un lobo blanco se lanzó en contra de ellos, los tomó entre sus brazos mientras que daba un par de pasos alrededor del lobo, que parecía disfrutar de ello.
El gran animal se lanzó en su contra, y Anna sólo logró darle una patada para alejarlo, y cuando este cayó al suelo pateó su cabeza hasta que el animal murió.
Su respiración era pesada, y vio al niño y al cachorro, y ambos sólo la veían con sus grandes ojos.
- Supongo que podríamos seguir juntos por un tiempo.
El pequeño en sus brazos cada tanto le señalaba el camino a seguir, pero cada que lo hacía, en su camino encontraba a un lobo que la atacaba apenas la veía. Pero cuando no tomó el camino que él pequeño le decía, este se lanzo de sus brazos y corrío por el bosque, Anna estuvo tentada a dejarlo atrás, pero el pequeño de cabellos negros parecía ser alguien que había visto en un sueño, pero no lograba saber quien era, y ese sentimiento le hizo seguirlo.
Y fue que hasta que llegó otra vez al claro, pero ahora no había lobos, sino una hermosa mujer de cabellos negros como el pequeño que tenía en sus brazos.
La mujer trató de tomar al pequeño, pero Anna lo alejo de sus manos, una terrible angustia nació en su pecho cuando ella trató de tomarlo.
- Por favor. - Rogo la mujer. - Lo he esperado por muchos años.
De pronto sus recuerdos emergieron, y supo que el niño entre sus brazos era Azrael, y lo tomó con mayor fuerza.
- ¡No! - Grito Anna, alejándose más de la mujer. - ¡Aún no puede morir!
Las lagrimas comenzaron a caer, mientras corría por el bosque, tratando de escapar, pero con cada paso regresaba al claro.
- Por favor... No lo aleje de mi... No quiero perderlo...
Abrazo a Azrael con todas sus fuerzas, y de pronto sintió como sus lágrimas eran limpiadas, por las pequeñas manos de Azrael.
Volteo a verlo y el pequeño le sonreía.
-Nunca me perderás... Siempre me tendrás a tu lado. - le aseguro con una sonrisa mientras que le daba al cachorro para que lo cargará.
- Aún te necesito... Por favor...
- No Anna, tu ya eres la Alfa.
El pequeño se separó de sus brazos y avanzó hasta donde lo esperaba su madre, y con una sonrisa en el rostro, Azrael se despidió.
-.-.-.-.-.-.-.-.-
Abrió sus ojos, sobre de ella estaba el cuerpo de Azrael, su mano atravesaba el pecho del alfa.
Y Anna lloro con la victoria, mientras que abrazaba el cuerpo de su abuelo.
Los alfas a su alrededor se inclinaron ante ella, ante la Alfa que lloraba desconsolada con él cuerpo de Azrael entre sus brazos.
