CAPÍTULO 13

―Querido, te ves ansioso, ¿sucede algo malo? ―preguntó Sophia con preocupación, colocando una mano en el antebrazo de su esposo, apretando un poco para reafirmarle su presencia. Jonathan giró para mirarla, y forzó una sonrisa tranquilizadora. Si bien era cierta la ansiedad que su cuerpo exteriorizaba, no quería transmitírsela a su mujer, y menos sin haber discutido primero con Sasuke sobre qué estaba sucediendo en realidad con la chica. A pesar de todo, decidió indagar efímeramente sobre las opiniones de su esposa.

―No es nada ―dijo, dándole un suave beso en la frente―. Solo estoy esperando a Sasuke para conversar con él unos asuntos de la compañía. ―Sonrió de vuelta cuando ella así lo hizo―. Amor, ¿recuerdas que me comentaste que Sara, la pasante de Sasuke, y otra chica vinieron hace un par de semanas para ir a un pub con los chicos?

―Sophia asintió―. Sakura, la joven que trabaja en presidencia, la americana, ¿qué opinas de ella?

―Es una buena chica ―afirmó Sophia―. Por lo poco que pude tratarla me agradó bastante, ¿pasó algo con ella?

―¿Estarías interesada en tratarla más? ―preguntó de vuelta―. Quiero decir, ¿te gustaría que nos frecuentara, que perteneciera…? Jonathan dejó la pregunta inconclusa, pues casi se le escapó lo que precisamente no deseaba conjeturar erróneamente en su mente, y menos en voz alta.

Sophia lo miró con los ojos entrecerrados y lo vio rehuir de su mirada; esa era la señal que le indicaba que algo le estaba ocultando. ―Jonathan, me vas a decir ahora mismo qué está ocurriendo, y déjate de titubeos, porque sabes que no me gustan. Jonathan guardó silencio unos segundos y continuó:

―¿Recuerdas cuando Christopher era pequeño, y amenazaba con romper todo en la casa si no le dábamos lo que deseaba? ―Sophia asintió, aún sin entender―. ¿Y cómo tú corrías a darle lo que pedía, porque te encantaba consentirlo, mientras que yo lo arrastraba a su habitación y le decía que ahí hiciera lo que deseara, porque no iba a ceder a sus caprichos?

―Sophia volvió a asentir, más recelosa todavía―. Bueno… si lo que sospecho es cierto, es todo culpa tuya. La mujer abrió los ojos desmesuradamente, sorprendida por una acusación de la que no entendía cuál era el cargo. Cuando intentó rebatir la delación, la voz de su hijo llamó su atención desde la puerta, cosa que Jonathan agradeció.

No le gustaba agredir a su esposa de esa manera, solo estaba seguro de que, si había una culpable de la forma de ser de su hijo varón, era precisamente la madre de este. Sasuke entró a la sala de estar saludando a su madre con un fuerte abrazo, y a su padre solo con una mirada prevenida. Luego de que le diera a Sophia la misma explicación que le dio su padre, se dirigieron al despacho de Jonathan.

―¿Qué pasa? ―preguntó Sasuke impaciente, sin aceptar el asiento que su padre le ofrecía.

―Eso mismo me pregunto yo, Sasuke, ¿qué pasa? ―Jonathan esperó a que su hijo hablara, y al darse cuenta de que era en vano, continuó―. Me explicas ahora mismo cómo es eso de que esa chica es tu novia.

―No tengo por qué darte explicaciones ―respondió a la defensiva―. ¡Tengo treinta años y estoy con quien se me dé la gana!

―No cuando esa chica es tan reacia a tu toque y tu mirada ―refutó Jonathan en tono de reproche. Sasuke se cruzó de brazos y bufó―. En dos ocasiones la he visto a tu lado, y en las dos ha mostrado aversión hacia ti; te miraba como a un enemigo en el campo de batalla.

―¡Eso no es cierto! Es solo que se siente nerviosa cuando la familia está presente; le intimida nuestra riqueza.

―Si eso es cierto, ¿por qué no actuó de la misma forma cuando estuvo pasando el día aquí con Eva y Lara? Porque incluso delante de tu madre se mostró muy abierta ―aventuró el hombre para tratar de hacer hablar a su hijo.

―Dime de una vez si tienes algún problema con Sakura, porque no voy a permitir que ni tú ni nadie la menosprecie o se interponga entre nosotros. Si bien la voz de Sasuke sonó amenazadora, lo que en realidad buscaba era desviar la conversación, ya que sabía cuán perspicaz era su padre.

―No tengo nada en contra de ella y tú lo sabes. ―Jonathan habló con calma―. Te conozco, Christopher, soy tu padre, y sé que eres capaz de cualquier cosa para conseguir lo que deseas; y no es difícil darse cuenta que estás loco por ella. Sasuke caminaba de un lado a otro de la oficina, halando su cabello con frustración.

―¡¿Y qué si estoy loco por ella?! ¡Es cierto! La amo, y así tenga que pasar por encima del mundo entero, incluyéndolos a ustedes para tenerla… ―Se acercó a su padre, señalándolo con un dedo en tono de advertencia―, no dudes que será mía, gústele a quien le guste. Jonathan guardó silencio por un momento, mientras que su hijo respiraba agitadamente, sin dejar de mirarlo a los ojos para reafirmar su amenaza.

―¿Incluso si no le gusta a ella? ―Sasuke gruñó en respuesta, al tiempo que golpeaba el escritorio con el puño―. ¿Con qué la amenazaste para que aceptara estar contigo? Sasuke pateó una de las sillas con furia, la cual se deslizó por el suelo y se estrelló contra un mueble cercano.

―¡Contéstame, Sasuke! ―gritó Jonathan, enfurecido por la reacción de su hijo, que confirmaba sus sospechas―. ¿Qué le dijiste? ¿Qué le hiciste? ¡Habla de una maldita vez

―¡Soy tu hijo! ―Sasuke se acercó a él hasta que casi se tocaron―. ¡Deberías apoyarme en todo lo que hago! ¡Más cuando eso implica mi felicidad y mi paz!

―¡Precisamente! Porque no quiero ver tu felicidad empañada, ni tu paz devastada, es que estoy tratando de evitar que cometas una locura.

―¡Ella me ama!

―¡No te creo! Jonathan se impresionó cuando su hijo lo aferró por el cuello de la camisa y lo acercó a su cuerpo con brusquedad, dejando sus rostros a pocos centímetros. Él nunca le había faltado el respeto de esa manera. Sasuke se dio cuenta de lo que estaba haciendo, y apenado, lo liberó y se alejó de él.

―Ella me ama… me ama, y te lo voy a demostrar muy pronto, a ti y a todos. Intentó caminar hacia la puerta, pero la voz conciliadora de su padre lo detuvo.

―Sasuke, no quiero que sufras; entiéndelo, hijo, por favor. Tú nunca has tenido una novia formal, solo aventuras de las que nos enteramos en las revistas, jamás nos has presentado a alguien, y ahora te comportas de esta manera con una chica que solo conoces de hace algunas semanas.

―Tú te enamoraste de mamá apenas la viste.

―Eso es diferente.

―¿En qué? ―preguntó Sasuke, molesto de nuevo―. En que mamá era hija de un banquero, mientras que Sakura de un médico de emergencias americano, ¿es eso?

―¡No pongas palabras en mi boca! Sabes que yo nunca he menospreciado a nadie por sus orígenes, y si consideras que esa chica es ideal para ti, yo te apoyaré; lo que temo es que la estés manipulando, como hacías con tu madre y con todas las personas de las que deseabas conseguir algún beneficio.

―Yo amo a mamá, no puedes decir…

―Eso lo sé; sin embargo, el amor puede ser manipulador cuando no se tiene conciencia de qué está bien y qué está mal. ―Suspiró y cerró los ojos por un momento, decidiendo si debía confesar o no el recuerdo que llegó a su mente―. Cuando conocí a tu madre, ella estaba por comprometerse con el heredero de una empresa textil en Italia que se encontraba casi en la ruina, aunque él le hizo creer a tu abuela que su fortuna era tan grande como su ego.

Necesitaba casarse con una muchacha rica para llevar una vida de lujos. El maldito la exhibía como si fuera un trofeo; en realidad lo era, el más hermoso de todos, y yo deseaba poseerlo con todas mis fuerzas; no porque quisiera exhibirla, sino para tenerla a mi lado.

Comencé a frecuentarla, a seguirla como un acosador a su víctima, y pude notar que yo no le era indiferente. Luego de algún tiempo, en el que la relación de ellos se deterioraba cada vez más, y algo crecía entre ella y yo, decidí tomar las riendas de la situación y asegurarla para mí, de una vez por todas.

Yo ya había realizado indagaciones con tu tía Saku, que era su mejor amiga, y sabía que ella no se había entregado a él. En esa época las cosas no eran como ahora, además que su padre la protegía como a su tesoro y yo me aproveché de eso. Le rogué que me aceptara una invitación a cenar y aceptó. Cuando estábamos en el restaurante le dije que me sentía muy mal, que no sabía si era capaz de llegar a mi piso, casi me desmayé, y ella cuán inocente era, no advirtió lo que me proponía.

―¿Qué hiciste, papá? ―preguntó Sasuke con curiosidad, y al mismo tiempo con asombro. Nunca había escuchado esa historia, y no se imaginaba a su padre en ese tipo de plan.

―Cuando llegamos a mi piso ―continuó Jonathan―, ella me ayudó a llegar a mi habitación, me tumbó en la cama e intentó huir, solo que yo fui más rápido. Esa noche la hice mía.

―¡Abusaste de mamá! ―exclamó Sasuke con las manos en puños.

―Claro que no, ¿cómo se te ocurre? La seduje hasta el punto en que no pudo resistirse. En realidad, no tuve que hacer mucho, pues ella ya estaba enamorada de mí y me deseaba tanto como yo a ella. ―Jonathan se encogió de hombros y luego sonrió para sí mismo―. Cuando terminamos y la tenía acurrucada en mi pecho, le dije que si no terminaba con el imbécil ese y se casaba conmigo, le diría a su padre lo que había sucedido entre los dos; y que conociéndolo, con lo anticuado que era, la obligaría a casarse conmigo para que yo no armara escándalo.

―¿Y qué dijo ella? Los labios de Jonathan se curvaron en una sonrisa ladeada, algo que su hijo había heredado a la perfección. ―Llevo casado con tu madre treinta y un años, y desde ese momento no he dejado de hacerle el amor ni una sola noche, siempre que la tengo a mi lado. ¿Qué crees que dijo? Sasuke se ruborizó por la mención de la activa vida sexual de sus padres. Decidió entonces aprovechar la oportunidad para reclamar la hipocresía del hombre.

―A pesar de que hiciste eso con mamá, tienes el descaro de acusarme a mí, falsamente, de manipular a Elizabeth para que esté conmigo.

―Yo sí estaba seguro de que tu madre me amaba ―replicó Jonathan―. ¿Crees que le hubiera hecho algo así, asumiendo que no estaba enamorada de mí? ¿Que no deseaba estar conmigo? De haber sido ese el caso, le habría insistido mucho más, pero nunca actuaría de alguna forma que la dañara o que la hiciera sentir infeliz.

―Tú no sabes nada. Sakura me ama, estoy seguro de eso; no tienes ningún derecho a asumir que no es así. Si deseas llámala y pregúntale, indaga todo lo que quieras, las respuestas serán las mismas. Jonathan suspiró y pasó una mano por su cabello, otra de las manías que heredó a su hijo.

―Nunca has tenido una novia formal, ¿por qué esta chica? Sasuke se acercó al escritorio, y apoyó las manos en este para mirar a su padre a los ojos, y de esa manera reafirmar las palabras que su locura hacía brotar de sus labios.

―Porque desde el momento en que la vi, sentí cómo el alma se me desprendía del pecho para ir a postrarse ante ella; porque si supiera en qué instante la veré por última vez, me arrancaría los ojos para que ella sea la última visión que tenga de este mundo; y el día que ella me falte, mi cuerpo inerte caerá sobre la tierra santa, para que los ángeles, negros o de luz, vengan a mí para unirme a ella por toda la eternidad. Jonathan pudo sentir su corazón acelerarse. Un gemido lastimero salió de su boca, y su alma se contrajo con la intensidad de esas palabras. Ese hombre frente a él no era su hijo…

«¡Mientes!», gritó su conciencia como réplica. Él sí era su hijo, sangre de su sangre, igual a él. Si Sophia no lo hubiese amado, él habría hecho cualquier cosa, por desmedida que fuera, para hacerla suya; no habría permitido que se escapara de su abrazo, nunca. No lo admitiría ante su hijo, ni ante nadie. Rodeó rápidamente el escritorio, y tomó la cabeza de su hijo entre sus manos para que lo mirara.

―Yo conté con la fortuna de que tu madre me amara. ―La voz de Jonathan era de angustia―. Júrame, Sasuke, júrame que estás seguro que Sakura te hará feliz, que te ama y que tu corazón no sufrirá nunca las inclemencias del desamor. Júramelo. ―Te juro que cuando la tenga asegurada para mí, por fin podré ser feliz. Jonathan miró en las azules profundidades que eran los ojos de su hijo, y pudo ver la verdad de sus palabras; aun así, no le pasó desapercibido que no le volvió a asegurar que la chica lo amaba.

Sakura se encontraba sentada en el sofá de la pequeña sala del apartamento que compartía con Naruto. En frente suyo, en la mesa de centro, se encontraba una taza de chocolate caliente; un paquete con catálogos de los mejores concesionarios, en los que se podía observar algunas referencias resaltadas en marcador amarillo; una carpeta del Lloyds Bank de Londres, en el que la felicitaban por la adquisición de su nueva

tarjeta de crédito Gold, con folletos con explicaciones sobre los beneficios y utilidades de esta; un catálogo de una empresa de bienes raíces, con propiedades ubicadas en los mejores distritos de Londres, también con algunas referencias resaltadas; y media docena de revistas especializadas en organización de Bodas, así como una en la que se contemplaban los vestidos de novia de las mejores diseñadoras del mundo. Sin contar la nota que sostenía sobre su mano, escrita a puño y letra de Sasuke, con una caligrafía que parecía la de un joven educado en un colegio religioso.

Mi amor, Te envío lo que te prometí ayer, más unas revistas que imagino podrían servirte para organizar la ceremonia y la recepción. El viaje de tu madre y Sussana puedes convenirlo con Eva, para asignar un avión privado y así viajen más cómodas. Dacre y Alec estarán contigo todo el tiempo, por favor, nena, SIGUE SUS INDICACIONES. Si necesitas alguna otra cosa no dudes en llamarme. No importa en lo que me encuentre, siempre estaré disponible para ti, preciosa. ¿Sabes algo, deliciosa?

Aún llevo gravada en mi mente la imagen de tu cuerpo desnudo y jadeante, y en mi boca el sabor de tu placer y deseo. Quisiera saborearte de nuevo. Deberíamos aprovechar que Daniel está de viaje y tenemos el piso para los dos solos… Llámame o escríbeme, y estaré con mi rostro enterrado entre tus piernas en menos de lo que tus bragas dejan tus caderas. Te amo, te amo, te amo.

Te extraño y te amo. Sasuke PD: Quédate con la maldita tarjeta, escoge el puto coche y no les riñas a los guardaespaldas. ¡HAZ LO QUE TE DIGO! Te amo.

Alargó la mano para tomar la taza y bebió otro sorbo de chocolate; la dejó de nuevo en la mesita, se recostó en el espaldar del sofá y cerró los ojos para calmarse. Desde que Sasuke la había amenazado para que se casara con él, solo habían pasado tres días en el calendario, mientras que para ella parecía que fueran tres largos años.

Tantas emociones juntas, las amenazas, y antes de que se diera cuenta, estaba recibiendo palabras tiernas y cariñosas, y al siguiente segundo, siendo seducida e incitada a placeres ya experimentados, aunque no deseaba volver a recibirlos de ese hombre, ni de ningún otro por el momento. Sasuke era hermoso, eso nadie lo podía poner en duda, ni siquiera ella misma; solo que su mente ya estaba vacunada contra su rostro; su cuerpo, contra sus manos; sus labios, contra su lengua; y su corazón, contra sus palabras.

Era difícil no desear a un hombre como él, pero a ella se lo había puesto demasiado fácil. No sabía cómo su cuerpo podría reaccionar a los embates de placer que él pudiera provocar, de lo que sí estaba segura, era que al menos su mente y corazón no darían tregua alguna para buscar la respuesta a ese interrogante. El sonido de su teléfono celular la sacó de sus cavilaciones, y de su intento de relajación fallido.

Tomó el aparato entre sus manos, dispuesta a proferir un extenso repertorio de insultos si se trataba de cierto presidente de compañía; no obstante, su rabia se convirtió en felicidad, y al segundo siguiente en tensión, cuando vio el nombre de Naruto titilando en la pantalla iluminada.

La reunión con él tuvo que posponerse para el fin de semana, pues la noche en que Sakura pensaba decirle que Sasuke quería hablar con él, Naruto se le adelantó y le comentó que viajaría con Kendal a Newcastle, para avanzar en unos negocios con unos clientes de la zona, y no regresaría hasta el sábado en la mañana.

Esa situación había tranquilizado a Sakura, pues demoraba la conversación que tanto temía, y de la misma forma la acobardaba, porque ya no encontraba las palabras para informarle de las intenciones de Sasuke de hablar con él, lo que la hacía estar incluso más nerviosa. Contestó la llamada y trató de que su tono fuera animado, logrando el efecto contrario, lo cual no pasó desapercibido por su amigo.

―Naruto, andas un poco paranoico últimamente. Es solo cansancio, nada más ―explicó Sakura lo mejor que pudo

. ―No me vengas con evasivas, ni a estar desviando el tema. Algo muy raro está pasando desde el lunes que fuiste a la oficina de migración.

Te enfermaste de la nada, te dieron los días sin una excusa médica, y anoche estabas tan nerviosa, que creí te arrancarías el labio de tanto morderlo. ¿Qué se supone que debo pensar sobre ello? Sakura se mordió el labio, dándole la razón. Estaba cansada de mentirle, sin contar con que era muy difícil hacerlo, cuando Daniel era tan receptivo con sus emociones. No sabiendo cómo actuar de forma correcta, optó por el camino fácil: la indignación.

―¿Es que ahora no tengo derecho a enfermarme? ―inquirió Sakura con falsa molestia―. Si me dieron esos dos días o no, no es tu problema. Yo los solicité y el mismo Jonathan Uchiha me los dio, porque notó lo mal que me encontraba; pero como a ti no te importa lo que a mí me suceda.

―¡No me salgas con esas estupideces! ―gritó Naruto desde el otro lado de la línea―. Tú eres lo más importante para mí y lo sabes. Eres tú la que no confías en mí. Me estás ocultando muchas cosas, y te refugias en pataletas injustificadas para no decirme qué está sucediendo.

―¡Yo no tengo por qué estarte dando explicaciones! ―gritó Sakura de vuelta―. Tú no eres ni mi padre, ni mi hermano, ni nada mío, para que te creas con derecho a estar reclamándome lo que hago o dejo de hacer. El silencio que se produjo en la línea, hizo que Sakura se estremeciera, al tiempo que un sollozo escapaba de su boca. Esas palabras proferidas en un momento de desesperación, le dolieron en lo más profundo de su alma, porque sabía el daño que habían ocasionado.

―Naruto… ―susurró de forma entrecortada. Su táctica se había ido contra ella misma.

―Estoy ocupado, hablamos después. La voz de Naruto fue tan apagada, seria, y al mismo tiempo dolida, que ella sintió cómo su corazón se rasgaba sin ninguna compasión. Quiso hablar de nuevo, rogarle que la perdonara, y solo el vacío de una llamada cortada le respondió. Sakura soltó el teléfono y lloró amargamente. Estaba salvando a quienes perdería por no poder explicar los argumentos que justificaban sus acciones.

Su vida se estaba yendo por un caño recubierto en oro, empujada a él por el amor que sentía por ellos; sin embargo, no le importaba, ella podría vivir en su amargura y desgracia, sabiendo que toda su familia era feliz. Necesitaba aire fresco, tenía que salir de su apartamento y caminar para calmarse, antes de cometer alguna estupidez como la que ya había hecho con Naruto.

Rápidamente se enjugó las lágrimas y lavándose la cara en el fregadero de la cocina, abrió la puerta de salida. Dos hombres altos, incluso algo más que Sasuke, y musculosos como los que seguían a Eva y a Lara a todas partes, vestidos de traje, corbata negra y camisa blanca, se ubicaron inmediatamente a cada lado de la puerta, y la miraron sin expresión alguna en el rostro. Sakura los miró a cada uno e intentó emitir un gruñido, solo que éste compitió en su garganta con un sollozo, y salió vencido en la contienda.

―¡Lárguense! ―gritó, y tiró la puerta con todas sus fuerzas. Corrió hacia el sofá y se lanzó llorando de nuevo. El que hubiese aceptado su situación, no le impedía llorar y desahogarse todo lo que deseara. El sonido de su teléfono celular volvió a retumbar en la habitación. «¡Naruto!» Rápidamente tomó el aparato y contestó sin mirar la pantalla.

―Mi vida, perdóname… por favor… no quería… no quería, perdón… ―rogó entre sollozos.

―Sakura, ¿qué tienes? ¿Te sucedió algo? ¡Por Dios! ¡Dime que estás bien! ―La persona que le hablaba sonaba casi al borde de la locura. Sakura quedó muda por un momento, luego de reconocer la voz del otro lado de la línea; enseguida se recuperó, y siendo la última persona con la que deseaba hablar en ese momento, colgó.

El teléfono sonó varias veces más. «Sasuke, déjame en paz, por favor», rogó en su mente, sosteniendo la cabeza entre sus manos. Unos golpes se escucharon en la puerta, y uno de los hombres preguntó a través de la madera si se encontraba bien; Sakura no contestó. De nadie quería saber en ese momento. Simplemente deseaba estar sola.

Corrió hacia su habitación, tiró la puerta y se abrazó a su almohada, que enseguida se humedeció con su llanto. «Naomi.» Deseó poder tenerla consigo, abrazarla, y que ella le lamiera las lágrimas como siempre hacía cuando lloraba por su padre. Era una actuación más propia de un perro, pero ella era así, era su amiga, sufría junto con ella, y se encontraba lejos.

En un momento de divagación sin sentido, se preguntó qué amenaza habría proferido Sasuke contra ella, y solo se le ocurrió que la enviaría a algún albergue para animales desamparados, donde le darían comida corriente, la pondrían a dormir sobre el suelo frío en un rincón, nadie la acariciaría por las tardes, y estaría revuelta con gatos mugrientos que la mirarían de forma hostil o la llenarían de gatitos que ella no tendría paciencia para cuidar, porque no había nacido para ser madre.

Enterró más su rostro contra la almohada y se permitió llorar por su amiga de cuatro patas, a la que nadie era capaz de reconocerle su belleza, solo ella. Así estuvo hasta que, varios minutos después, la puerta de su habitación se abrió violentamente.

―¡Sakura! ―gritó Sasuke, y se abalanzó sobre la cama de la chica. Antes de que ella
pudiera reaccionar la tomó en sus brazos, al tiempo que él se sentaba sobre la cama, y la estrechó contra su pecho, abrazándola con fuerza―. ¿Qué tienes, mi amor? Por favor, dime qué te sucedió.

Estoy muriendo, Sakura Sakura había soltado la almohada a la que estaba aferrada, y su apoyo pasó a ser las solapas del saco de Sasuke. Su mente le gritaba que se apartara, que no se permitiera recibir consuelo de él, no obstante, lo necesitaba. En el estado en el que se hallaba no era muy consciente de quién la sostenía, solo sabía que era reconfortante sentirse protegida. Sasuke, recordando las palabras que ella le había dicho por teléfono, intuyó que había discutido con Naruto, y conociendo la relación existente entre los dos, logró comprender el estado de la chica.

No pudo evitar sentir rabia hacia Naruto por hacerla sufrir, y el deseo de protegerla afloró más en su interior. Con ella todavía llorando en su pecho, empezó a mecerla suavemente, mientras apoyaba los labios en el cabello oscuro de la chica. Luego de un largo rato, en que Sakura estuvo llorando desconsolada, empezó a calmarse.

La fragancia que despedía el cuerpo de Sasuke, así como los mimos que le profería, la relajaron hasta el punto de dormirla profundamente. Sasuke pudo sentir cómo su respiración se acompasaba poco a poco, y no queriendo perturbarla, se quedó con ella por algún tiempo, cuidando de no moverla mucho para no sacarla del plácido descanso.

Para cuando Sakura despertó, yacía recostada en su cama, cubierta con el cobertor hasta sus hombros, descalza, con el botón de sus vaqueros y la cremallera abiertos, y una suave música sonando a bajo volumen por toda la habitación: era la Traviata Prelude de Giuseppe Verdi. Giró la cabeza para averiguar de dónde procedía la melodía, y encontró su celular en la mesita de noche, sobre una hoja escrita con letra que reconoció de Sasuke. Detuvo la música y leyó la nota.

Sakura: No me quedé hasta que despertaras porque sabía que te podría causar más malestar, y aunque no lo creas, yo solo quiero hacerte feliz. Pedí un domicilio que Dacre colocará en la cocina cuando llegue. Dejé tu habitación con seguro para que nadie pudiera entrar. Por favor, llámame y confírmame que solo fue una discusión con Naruto… por mi salud mental. Te amo. Sasuke.

―No creo que tu salud mental pueda estar peor ―dijo Sakura para sí misma. No se molestó en revisar ni las sábanas, ni a ella misma; ya había comprobado anteriormente que Sasuke no la tocaría, al menos mientras estuviera dormida