Disclaimer: El universo le pertenece a Suzanne Collins. Los tributos son de ls lectors. La trama es mía. No obtengo beneficio económico al escribir este fic.


Capítulo 18. Impresiones que no se olvidan. Distritos: 12, - 6, - 1, - 11, - 8, - 10, - 10.


"Y cuando la locura se apodere de sus mentes, será demasiado tarde."


Karen Tuck - quince años - distrito doce - cosechada.

Selim estaba muerto. Estaba... Estaba... Muerto.

Saberlo no me hacía asimilarlo. Apenas podía creerme todo esto.

Un segundo antes me estaba sonriendo y al siguiente caía hacia atrás, con una flecha incrustada en... En... él.

Me puse muy nerviosa. Aún sigo nerviosa.

Eché a correr.

No sabía si lo que escuchaba tan fuerte era el caos de mi alrededor, los latidos de mi corazón, mi respiración errática, o mis gritos de pavor. Porque yo estaba gritando debido al orror y corría y corría queriendo escapar.

Me choqué con alguien cayendo al suelo y mis gritos aumentaron de intensidad. Estaba tan asustada que me planteé... Me... Me planteé arañar, morder, golpear... M matar...

Unos brazos fuertes me aprisionaron con fuerza y una mano grande me tapó la boca.

-Tse. Coddy. No hay tiempo.

Esas palabras desdeñosas atravesaron mi neblina de terror y miré a quien me sostenía.

Era Coddy McClure. El chico grande del distrito 7.

Zachary estaba metros más allá agachado y el enorme del 10, Thomas algo, tenía los brazos cruzados sobre su gran barriga.

Sssshhhh. Sssshhhh. Calla, Karen. Calla. Calla o nos cogerán. -Coddy susurraba. -Tenemos que irnos. Pero tienes que estar muy callada. ¿Vale? ¿Por favor?

Yo asentí y corrimos de nuevo. En realidad yo no corría. Estaba en los brazos de McClure que me llevaba como si yo no pesara nada.

Zachary tropezaba de vez en cuando con nada y con sus pies pero no se detenía.

La adrenalina nos tenía a todos a máxima potencia. Thomas incluido.

Entramos en una zona angosta que tenía un techo del que colgaban unas extrañas bombillas verdosas que le daban al lugar un aspecto tétrico. Ahora imaginaba que un muto nos encontraba y entonces... Entonces...

Pero pasamos esa zona y nos resguardamos entre lo que parecían dos cobertizos.

Ninguno nos atrevimos a abrirlos... No todavía.

A saber lo que podría salir de allí.

Todo estaba silencioso y suspiré un poco más tranquila.

Coddy me dejó en el suelo y me acurruqué en un rincón.

Salté de repente al escuchar el ruido de 5 cañonazos. Me preguntaba quienes habrían caído.

Uno sería por Selim. Eso sí lo sabía.

Todo era tan injusto...

Cuando llegó la noche miramos al cielo. Las caras de la gente muerta se reflejaban sobre nuestras cabezas y quise llorar por ellos.

Dinah del 3, Salomé del 5, Sarah del 6, Raffia del 8 y Selim del 12.

Después, Thomas nos organizó en periodos de dos horas para que hiciéramos guardia.

Coddy se ofreció el primero y yo me relajé.

Sin embargo me desperté sobresaltada un rato más tarde.

Había tenido una pesadilla. Soñé con Selim, muerto.

Me eché a llorar. Añoraba a mi familia.

-No llores, Karen. Selim estará bien y contento. -Coddy me abrazó y me fui tranquilizando poco a poco.


Mykolas (Myko) Picaso - dieciséis años - Distrito seis - cosechado.

Me maldije internamente por mi estupidez.

Me había dicho a mí mismo que no debía encariñarme con nadie. Que todos acabarían muriendo si yo ganaba. Pero ¿qué había hecho yo? Ah, sí. Hacerme amigo de otros tres chicos. ¿Y para qué? ¿Eh?

Para que una puta psicópata, eso es lo que era, acabara con la vida de mi compañero... De Raffia. Él era tan bueno... Era noble, joder.

¿Pero cuándo la nobleza ha sido buena para alguien?

Me reí amargamente. Aquí quienes gobernaban eran unos sádicos que disfrutaban del dolor ajeno. Quienes apostaban por alguien que mataría...

Solo de pensarlo se me cerraba la garganta.

Vicent, Logan y yo nos detuvimos en un lugar helado. Nos metimos en una especie de casa de dulces o algo así.

Comenzó a granizar y por suerte estábamos a cubierto. Este lugar era un poco espeluznante.

Los gritos de Raffia serían parte de mis pesadillas ahora al igual que mis familiares muertos.

Sus gritos aún parecían extenderse para siempre y creí que me volvería loco por ello.

-¿Qué haremos? -Logan preguntó en voz baja.

Parecía que no se atrevía a hablar más alto por algún motivo.

-Pues tratar de no morirnos. -Espeté de mala manera. -¿Qué otra cosa si no?

-¡Vengarnos! ¡Han matado a Raffia! ¡Lo han...!

-¡Ya lo sé, Logan! ¡Ya lo sé! ¡Los tres lo sabemos!

-Chicos, no gritéis. No podemos discutir por esto. Si no, no llegaremos a nada.

Vicent parecía tan tranquilo... Envidiaba su serenidad en este momento.

-El sol ya está saliendo. Vamos a comparar nuestras provisiones para ver qué tenemos y qué debemos buscar. -Logan dijo tras varios minutos en silencio.

Si se nos escapaba algún sollozo o lágrima, no lo mencionamos. Señalar algo obvio era estúpido.

No teníamos mucho. Solo un par de dagas, dos cantimploras vacías y una bolsa de cuadraditos azules que tenían diferentes sabores.

Pensándolo bien, era un botín decente. Al menos teníamos qué comer.

Un temblor de tierra nos sobresaltó y nos acurrucamos juntos como cachorros enfermizos.

Las cosas parecían hundirse y reformarse. Aterrador.

-¿Pero qué...? -Logan exclamó.

Cuando me atreví a abrir los ojos ya no estábamos en la casita espeluznante. Estábamos en una especie de cosa que flotaba en el agua.

-¿Cómo hemos acabado en un barco? -Vicent preguntó.

Oh, claro. Las cosas esas que los del cuatro utilizaban para coger peces...

Y hablando de peces...

-Hey, chicos. -Señalé el agua.

Logan se entusiasmó y enseguida se levantó para buscar algo que sirviera para pescar.

-¿Y cómo haremos fuego? Si lo hacemos en el barco, lo más seguro sea que nos muramos calcinados.

-Pues remaremos hacia la tierra que está ahí y haremos fuego. -Respondí.

Yo no le veía el problema.


Kidei Silibell, 17 años - Distrito uno - voluntario.

Hicimos guardias por la noche. Todos vigilamos durante un tiempo y al día siguiente estábamos hablando de qué hacer.

Según quienes se habían aventurado lejos de la cornucopia, cada zona era algo diferente y era una especie de laberinto. Así que salir de caza, y por cierto que odiaba ese término, sería más complicado.

Un temblor nos sobresaltó y nos agarramos a la cornucopia.

Pareció durar para siempre y sentí cómo mis entrañas se revolvían.

Iba a vomitar.

-Bien. Continuemos con los planes. -Connor dijo como si nada cuando el suelo dejó de moverse.

-Yo propongo que cada uno vayamos a uno de los huecos y cacemos. -Tina gruñó.

-Ya, claro. Y dejamos la cornucopia sin vigilancia. Oh, qué inteligente eres, por favor. -Mileena resopló.

-Solo era una sugerencia, Penrhyn. No hace falta que sueltes espumarajos por la boca.

A Tina sus propias palabras la divirtieron pero a Mileena no lo hicieron en absoluto.

Se decidió, con Mallory mediando como siempre, que Mallory, Connor y yo saldríamos a cazar y que Tina y Mileena se quedarían vigilando.

Me estremecí por dentro. Yo no quería cazar. Aún estaba en mi mente el rostro del chico al que había matado con las flechas.

Me froté los brazos. Estaba inquieto.

Sabía que así es como debería ser, pero...

Yo ni siquiera quería estar aquí. Pero Zaphir...

Íbamos en silencio por uno de los huecos. Era una especie de ciudad llena de escombros donde cualquiera podría esconderse.

Caminábamos cautelosamente y por primera vez comprendí lo que Connor llevaba diciendo desde que habíamos comenzado a discutir quienes irían a la partida de rastreo.

Él era demasiado grande y se le podría ver fácilmente... Y más con los trajes amarillos brillantes que llevábamos.

Me resbalé y me caí en un agujero. Mierda. Me había distraído demasiado.

Edgeworth me levantó y me ayudó a sacudirme el polvo.

Luego se detuvo, me miró, y me siguió mirando.

Era un tanto inquietante.

Cuando sonrió, me alegré de estar en su equipo.

-Valdi, ven. -Susurró.

Su voz nasal no cuadraba con su gigante mole. Él debería tener una voz profunda y ronca.

Mi compañera de distrito se acercó con curiosidad.

-Vamos a cubrirnos de hollín. -Connor declaró.

Y fue lo que hicimos.

Ahora no nos verían cuando nos acercáramos... Al menos podríamos camuflarnos.

Aunque esta cosa era muy molesta.

-¿Se me ve algo amarillo? -Edgeworth preguntó.

-Espera, Connor. -Aquí hay más de esa sustancia negra. -Mallory le ayudó a cubrirse para que nada brillante se le viera.

Parecía que aquí no había nadie. Habíamos caminado durante mucho tiempo sin ver ni escuchar nada...

Hasta que una voz femenina se dejó oír.

-¿Pero cómo habremos llegado aquí?

-Ssshhh Muffy, calla, hostia. -Otra voz espetó.


Muffy Hopkins - dieciséis años - distrito once - cosechada.

Estábamos Colly, Rosana y yo en el bosque disfrutando del sol en nuestra cara.

De noche, Halloway había atrapado un par de conejos y Colly había hecho un fuego y los habíamos cocinado. Al día siguiente nos preparábamos para salir de caza de nuevo cuando de repente estábamos en una horrible ciudad llena de contaminación.

No estaba acostumbrada a esto y me molestaba lo desconocido.

También estaba llegando a mi límite con Rosana. Nunca se callaba, siempre tenía que tener la razón y era una ordinaria.

No es que yo fuese la reina de la formalidad, pero ella y yo chocábamos mucho.

Apreté los puños y la miré ceñuda cuando me mandó callar.

-¿Qué te crees? No sé por qué no te callas tú. Deberías hacerlo. No sabes hacer otra cosa que quejarte y quejarte.

-¡Joder, Muffy! ¿Te quieres callar? ¡Creo que he escuchado algo.

Miré a mi alrededor y no vi nada. Tampoco vi a Colly. ¿Dónde se habría metido?

-¿Dónde está Rush? -Inquirí.

-Seguro se ha escondido. Lo que deberíamos estar haciendo nosotras. -Halloway refunfuñó.

Entonces tres sombras nos arrinconaron y me sorprendí al verlos.

Estaban totalmente cubiertas de negro. Solo reconocí al tipo del 2 porque era el más grande.

Rosana se lió a puñetazos con el del 1 y fue brutal con él.

Ella no salió indemne tampoco pero logró huir dejándome atrás con tres profesionales junto a mí.

Me escabullí por detrás y eché a correr todo lo rápido que daban mis piernas y escuché pasos detrás de mí.

Solo un par.

Tal vez los otros dos habían ido detrás de Rosana...

O estaban delante de mí.

Me detuve en seco y lancé mi yoyó tratando de atrapar con la cuerda a la única chica que había no obstante ella partió la cuerda con su espada.

Me volví loca tratando de esquivar sus ataques.

Me dolían los brazos debido a los cortes con su arma.

Tenía miedo. Mucho miedo. Pero no me podía rendir.

Utilizaba los brazos, las piernas... Cualquier cosa para mantener alejada a la chica.

Caí al suelo cuando ella me puso la zancadilla y cerré los ojos con fuerza.

Después sentí dolor en el pecho y luego... Luego nada.


Anica Rosio Ying Lang - dieciséis años - distrito 8 - cosechada.

En el cielo vi los nombres de las personas muertas y sollocé cuando el de Raffia apareció. Había sido una total tragedia.

Él no era un mal chico.

Pensé en su padre y en lo mal que lo estaría pasando. Pobre hombre. Y pobre Raffia.

No dormí. No pude. Entre mi dolor de cabeza y todas las cosas espeluznantes que habían pasado en mi vida, el sueño no llegaba a pesar del agotamiento.

Marlow había recibido una pasta verdosa de uno de sus patrocinadores y parecía bien... Dentro de lo que cabía.

Tenía un parche en el ojo y al menos ahora no se quejaba debido al dolor.

Algo habrá hecho esa pasta.

Cuando el paracaídas cayó, confieso que me sobresalté. Era muy diferente verlo en vivo que en televisión.

Al principio creí que era algo que nos atacaría. ¿Y yo qué haría entonces? No sabía como defenderme.

Ahora estábamos en un bonito paisaje invernal. Animales que nunca había visto caminaban a sus anchas y comían plantas y algunos peces de un río cubierto en su mayor parte por el hielo.

Dylan pescó unos peces y cazó una extraña ave y mientras Eliseos la despellejaba, escuchamos un cañonazo.

¿Quién sería?

Apreté mis manos entre mis rodillas. Siempre pensaba: Seré la siguiente.

Eliseos está rezando metros más allá mientras Marlow vigila.

Parece algo nervioso y cuando le pregunto, se encoge de hombros y me explica que está acostumbrado a los barcos. No a la tierra firme.

Después nos mantenemos en silencio mientras Eliseos reza y también porque... Porque no sé qué tendríamos él y yo en común.

El desasosiego me invade y quiero volver a casa... ¿Pero qué casa?

A un lugar lleno de recuerdos de pesadilla?

Suspiro. Ahora solo me volvería loca.

Al menos no estaba sola.

Estar sola sería una enorme desventaja.

Tenía sueño así que me acurruqué en mi cálida ropa y me quedé dormida.

Dylan me despertó algo bruscamente.

-Necesito una red. Tégeme una.

Lo miré sin comprender y él apretó los labios posiblemente para no soltarme lo que pensaba.

Que era una inútil tonta.

-Una red. -Repitió. -Allí hay unos tallos y unas ramas. Tengo que vigilar mientras Merrych reza. No puedo vigilar y hacer la red al mismo tiempo. Y puesto que tú no estás haciendo nada...

Me pareció escuchar el reproche en sus palabras. Sentí que me lanzaba una indirecta.

Anda y deja de hacer el vago porque nadie hará las cosas por ti.

Quizá Eliseos sí lo haría... -Pensé.

Luego me sentí un poco culpable por el pensamiento. Pero solo un poco.


Rosana Halloway - diecisiete años - Distrito diez - voluntaria.

Me arrepentía de haber salido voluntaria, la verdad sea dicha. Tery ni siquiera había sabido lo que yo sentía y de repente, cuando ella fue elegida...

Fue el impulso del momento.

Había sido mentira el que yo había escuchado algo. Solo quería que Muffy dejara de hablar y quejarse.

Lo había estado haciendo todo el tiempo y en varias ocasiones había querido partirle la cara de un puñetazo.

Cuando los putos profesionales nos rodearon, yo corrí. Ni de coña me iba a quedar allí a la espera.

Cada cual se las arreglaría como pudiera. Así era siempre.

Encontré una gran lanza que me cargué al hombro y continué corriendo.

Había salido de la jodida ciudad y llegué a un pasillo con plantas.

Me detuve a descansar cuando estuve segura de que no me seguía nadie y trepé a unas ramas gruesas para ver mejor.

Me pasé allí mucho tiempo pero mi paciencia dio sus frutos cuando vi al gran chico retrasado y a Mr Manitas de cerdo correr hacia un callejón sin salida.

Sonreí para mí misma. Una gorda vaca en bandeja de plata.

Salté sobre ellos y los miré.

Parecían exhaustos.

-Hola, hijo del alcalde. ¿Qué se siente al estar entre piojosos?

Él no me prestaba atención y me enfurecí.

Estaba muy bien que no hubiese muerto de un ataque al corazón por correr tanto, ya que eso me daría la oportunidad de acabar con su vil existencia.

-El distrito me lo agradecerá. -Murmuré.

Y me propuse a atravesarle su gordo estómago con mi lanza.

Iba a disfrutarlo. Iba a saborearlo. El espacio era ancho, pero él lo era también así que no tenía lugar al que ir.

Sonreí con anticipación.

Mr Manitas de cerdo iba a morir.


Thomas Rocheford - 18 años - Distrito diez - Cosechado:

Nos habíamos separado de Tuck y Bayer cuando la tierra comenzó a temblar.

Estábamos en una alta pared de plantas que parecían moverse.

No lo parecían, se movían y nos querían atrapar.

Coddy chilló asustado y me sujetó la muñeca.

Corríamos. Corríamos tanto que creí que me moriría debido a un ataque al corazón. Quería detenerme, pero Coddy tenía mi muñeca bien sujeta y me obligaba a avanzar. Desde que las paredes habían cambiado, las plantas parecían perseguirnos. Temíamos quedar sepultados, pero...

Llegamos a un callejón sin salida y nos detuvimos por fin. No íbamos a trepar o al menos, yo no lo haría.

Una sombra saltó sobre nosotros y con fuerza Coddy me empujó hacia la pared contraria.

Halloway, con una lanza enorme, estaba allí respirando con la misma dificultad que nosotros. Bueno, menos que yo.

Ameba insensata. Ese arma era inadecuada para ella.

-El distrito me lo agradecerá. -Gruñó.

La lanza iba a atravesar mi estómago, lo sabía. Era demasiado larga y los cuchillos que llevaba no eran suficientes. Y no me era posible maniobrar el lazo.

Traté de hacerlo sin embargo, pero alguien fue más rápido que Halloway y yo.

Coddy había descargado un gran mazo sobre la cabeza de ella...

-¿Tommy? -Susurró cuando cayó desmadejada cual muñeca de trapo.

-Coge el hacha y vámonos. -Dije todo lo serio que soy capaz.

Durante el baño de sangre había pisado un cuerpo sin querer, pero esto...

-Ella era horrible e iba a hacer que te descalificaran. Y eres mi amigo.

-Coddy. Coge el hacha y vámonos. Ahora.

Me obedeció, por suerte y al retroceder por donde habíamos venido, las plantas parecían permitirnos el paso.

Escuchamos el cañón justo en ese momento y suspiré.

Era ella o yo. Me dije. Ella o yo.

Continuamos corriendo y corriendo sin detenernos aunque las plantas nos abrían paso.

La adrenalina corría por mi sistema y lo reconocía, el miedo.

Había estado a punto de morir. Casi había muerto a manos de una plebeya de mi distrito.

Encontramos a Bayer y Tuck tratando de despellejar un par de conejos.

Vaya. El chico del 3 era inteligente.

Pero parecía que no podrían hacerlo. La niña lloraba y parecía que Bayer vomitaría.

Entonces escuchamos el sonido de un paracaídas que iba en dirección a Zachary.

Al parecer nadie se encargaría de los conejos así que no tenía más remedio que hacerlo yo.

Un olor delicioso invadió mis fosas nasales y provocó que la boca se me hiciera agua.

-¡Tocino! -Chilló.

Luego se ruborizó.

Miró hacia arriba y tartamudeó dando las gracias aunque más bien parecía que se desmayaría por hablar.

Tse. Brillante pero demasiado nervioso para mi gusto.


Despedidas:


Muffy Hopkins. Puesto 22.

Tu llegada fue inesperada pero bienvenida. Fue interesante escribirte y tu partida ha sido dolorosa pero la trama lo ha declarado así.


Rosana Halloway: Puesto 19. Tenías muy mala leche y eras grosera. Me encantaba escribirte. Pero te marchaste porque esta trama la tenía planeada desde hace un montón de meses.

Gracias por haber sido personaje mía.


Ahora preguntas:

1.¿POV favorito?

2.¿POV que menos te ha gustado?

3.¿Qué alianza te está gustando más?

4.¿Quienes estáis en cuarentena, qué es lo que más echáis de menos?