«Quien es realmente una persona, no se puede ver solo con los ojos».


—Serena…

—No hables —musitó ella, abraza a su pecho en el baile. Escuchar los latidos de su corazón era lo más reconfortante—. Estamos bien.

—Necesito preguntar —La cogió de hombros. Sintió sus palmas tibias al contacto—. Aunque si lo pienso mejor…

—No. Ahora dime. —insistió, sin parpadeos.

—Okey… ¿Recuerdas la gala que organizaron para las performers?

—Por supuesto —respondió sin dejar de bailar. Las parejas alrededor se dispersan al mismo ritmo, como una coreografía grupal—. ¿Por qué lo mencionas ahora?

«Hubiera querido bailar un poco más». Fue lo que dijiste cuando la música paró —Su corazón di un vuelco violento a la vez que se esfuerza por resistir el cosquilleo. Inhala y exhala profundamente antes de seguir—. ¿Por qué?

Sus palabras tienen un efecto desestabilizador en Serena. Por instantes la hizo perder el ritmo y termino pisándolo. Ash solo parpadeó, cogiéndola por la cintura para que recuperara el equilibrio. Respiró hondo con el corazón en el puño. La canción The Book of Love, comenzó a sonar segundos después. Le dedicó una mirada recelosa, debatiendo las palabras de Yazir y su posible respuesta. Recordar sus tropiezos con los pies de Miette lo hizo agradecer no haberle pedido ser su pareja. Por aquel entonces, Clemont parecía el chico indicado para acompañarla. Mucho más, cuando atestiguo sus propias habilidades para coordinar los pies, en un nudo que ni los campistas de Oak hubieran podido deshacer. Incluso ahora se esfuerza por no tropezar.

Se concentró en seguir mirando su rostro, a pesar del calor en la parte baja de sus ojos. Ella se la devolvía, como si buscara algo en la parte trasera de su cerebro. Se mordió la lengua, y organizó sus ideas, para convencerse de una sola cosa, tan fuerte y sencilla que lo hizo estremecerse. Estaba enamorado de quien fuera su amiga hasta hace unos meses. Que disfruta su baile con ella, afianzando su agarre y liberando su cuerpo, que está a punto de flotar. Solo quería seguir volando con ella por el escenario, como los Butterfree, o los Volveat y Illuminise que encontró en el Lago May. Entre los pokémon que ya se habían unido a sus entrenadores, Pikachu y Luz también compartían pasos juntos.

Solo allí comprendió lo que era estar realmente a gusto con una chica. Si la hubiera invitado antes que proponerle a Clemont: ¿Hubiera sentido ese mismo cosquilleo? ¿Ella habría aceptado? ¿Hubiera sentido lo mismo? ¿Incluso ahora?

Su cuerpo se movió de una forma que no conocía. La hizo girar sobre sí misma y la elevó unos centímetros del suelo girando con ella, antes de dejarla reposar sus pies en el suelo.

—Olvídalo. No es importante.

Ella negó con la cabeza y le dirigió una sonrisa radiante.

—Sí que lo es, Ash —Sus ojos adquirieron un tono cristalino a la luz de las antorchas, como si fueran el océano del medio día—. Esa vez quise pedírtelo. Quería ir contigo a esa gala como mi pareja —Ash abrió los ojos, estupefacto. Pudo sentir cómo el calor de su pecho calentaba todo su cuerpo—. Así me pisaras o tropezaras. Te enseñaría a bailar justo en ese momento, pero no tuve el valor de hacerlo antes que me dijeras ir con Clemont. Por eso quise que la música no parase, solo para tener la ocasión de bailar contigo, aunque fuera un poco.

Ash no respondió de inmediato. Alcanzó a percibir el aroma de los nardos. Las palabras de Serena divagaban en su cabeza igual que una sala sin paredes, provocando varias reacciones en cadena. Encendió una pequeña llama en su estómago que difunde calor a través de su danza. Pudo sentir una extraña presión en la ingle. Sintió que podría luchar incluso contra todos sus enemigos y salir victorioso.

—Justo cuando te abordé, te lo iba a pedir. Solo que me detuviste. Y te me volviste a adelantar cuando me pediste ir contigo. Debes pensar que soy miedosa.

«No… yo soy el miedoso. Y también un tonto por seguir dudando de tus sentimientos».

«Mierda tengo que decirte todo» —dijo con fastidio la vocecilla detrás de su cabeza—. «Dile lo que sientes ahora. Hazle un cumplido. Háblale sobre cómo has cambiado la forma en que la miras. ¡Que esperas hombre!».

«¡Oye, sigue siendo demasiado pronto!».

«Mírale los ojos. ¡Ella está esperando que se lo digas desde hace mucho tonto! ¡Ponle pelotas hombre, como si estuvieras en una batalla! ¡Díselo!».

—Está bien —musitó, con los ojos cerrados. La música se detuvo. El comentarista se hacía oír con ayuda de su micrófono, pero Ash no alcanzó a escucharlo—. Serena, tengo algo más que quiero preguntarte.

—¿Ah sí? ¿Qué es?

La tomó de la cintura y dio un pequeño paso al frente. Estaban cerca. Tanto como la última que se vieron en Kalos. La poderosa sensación de miedo y deseo invade su cuerpo y amenazó con hacerlo perder el control. Serena se puso tan roja que parecía una cereza recién cortada del árbol.

—Oigan Ash, Serena. Ya termino el baile. Vamos a buscar…

Gary, Lillie, Ritchie, y Zarala que venía con ellos se detuvieron en seco al mirar la escena. Ash volteó a verlos, y de inmediato comenzó a sudar a cantaros. Serena seguía sin reaccionar, como si hubiera entrado en un bucle abstraída de la realidad.

—Oh vaya… lo siento Ash, no queríamos interrumpirlos. —dijo Ritchie.

—Veo que ya se reconciliaron. Me alegro por ustedes —señaló Gary con una sonrisa. Lanzó una mirada de consuelo a su amigo, que la interpretó como una señal de que esta vez no haría alguno de sus comentarios—. Nosotros nos vamos a por Shiron. Lo dejamos al cuidado de dos niños en la Casa Aether de la ruta quince.

—Los alcanzamos en un rato.

—Acompáñalos —sugirió Serena. Los ciudadanos de Villa Tapu disfrutaban del festival en grupos, comiendo y bebiendo a placer. Algunos seguían bailando en la pista—. Yo tengo que cambiarme. Además, tengo algo que necesito hacer.

—Pero… yo… tú… nosotros…

—Pierde cuidado Ash, en serio, está bien. Tenemos tiempo para hablar después —Lo cogió por un lado de la cara y le besó la mejilla contraria, sin importarle que los demás la vieran—. Gracias por ser mi pareja.

Se marchó guiñándole un ojo. Luz hizo contacto con Pikachu con un pequeño rayito de sus mejillas y la siguió.

—¡Picarón! —espetó Gary. Lo cogió de los hombros y frotó un puño sobre su cabeza.

—¡Ay! Para ya, bastardo. —bramó Ash.

—Esto no es justo… ¿Por qué esto no me pasa a mí?

—Ya déjenlo y vamos chicos. Estoy preocupada por Shiron.

Lillie echó andar de regreso a la ruta quince. Ritchie seguía pidiéndole consejos a un nervioso Ash, cuando Gary la tomó de una mano.

—Bailaste muy bien.

—Mi madre me hizo ir a clases de danza contra mi voluntad. Ya sabes… una chica debe saber bailar, según ella.

—Oye… sé que tenemos esa conversación pendiente. Por ahora vayamos por Shiron. Esta noche, cuando todos estén durmiendo, búscame en la orilla de la ruta quince.


Serena flotó de regreso al centro pokémon. Flotó en su habitación mientras se cambiaba de ropa y retiraba su maquillaje. Luz, Delphox, Sylveon, Oricorio y Altaria la veían danzar de un lado con tal gracia, que también la imitaron. Pancham saltaba sobre la cama con las gafas de sol en sus ojos. Cualquiera que lo viera pensaría que se trata de un pokémon idiota que los usa de noche, en una habitación, y que disfruta de tener un harem privado.

Sus rizos de miel bailaban con ella, hasta que se colocó su gorro. Todavía podía sentir el contacto con Ash. Como si estuviera allí justo ahora y aún llevara su atuendo aloliano. Le había dejado de importar, siempre y cuando estuviera con él. Revive el momento de pedirle ser su pareja una y otra vez en su cabeza para inmortalizarlo en su memoria. La desbordante alegría que sintió en ese momento, y su rostro atónito cuando dijo que sí, era de lo más hermoso. La felicidad estaba al alcance de sus manos, igual que la entrada a la Copa Listón de Alola, se sintió inmune a cualquier comentario que pudieran hacer sobre su aspecto en el concurso en la región Kalos.

Pero antes, tenía que verlo.

Hizo regresar a sus pokémon y salió de su habitación. Luz la siguió de cerca entre los corredores hasta llegar al vestíbulo. La Enfermera Joy ya había regresado del concurso y se preparaba para terminar su turno. Serena se aclaró la garganta y la miró directamente.

—Oh Serena, felicidades de nuevo por tu victoria.

—Muchas gracias. Disculpe, ¿por aquí no vino un chico herido de nombre Yazir?

—Sí, aún está hospedado aquí —respondió—. Llego acompañado de un Garchomp. Afortunadamente un médico estaba aquí y pudo utilizar el material para curarlo.

—¿Puede decirme su habitación?

Joy arqueó una ceja. La examinó con cuidado de arriba abajo por unos segundos.

—Por favor, es muy importante.

Sonrío y abrió el libro de registros.

—Lo lamento, no puedo darte esa información. Pero, si por casualidad, dejo el libro de registros abierto y no estoy viéndolo, no puedo enterarme de nada. —musitó.

—Muchas gracias. —dijo Serena. Su labio se curvó en una mueca como si buscara de sonreír.

—¿Gracias de qué? Solo revisaba el libro de registros de hoy, y olvidé guardarlo. —dijo antes de marcharse.

Ojeó las páginas hasta encontrar la habitación de Yazir, en el segundo piso, habitación diecinueve. Subió las escaleras de dos en dos y echó andar exhausta por el pasillo, más estrecho de lo que alcanza a recordar. El polvo se eleva con cada paso, como nublando su visión justo como sus pensamientos. Avanzó cada vez más despacio, deseando despertar de ese sueño en que iba de visita a la habitación de Yazir. El nudo en la boca del estómago era el mismo que recordaba en Hoenn cuando lo vio por primera vez después de diez años, casi como si la abrazara un pequeño niño. Lo mismo sentía cada vez que iba de camino al parque del orfanato cuando iba de visita para jugar. Fue tantas veces, que con el paso de los días iba desapareciendo; recordaba como todo el personal la conocía y cuidaban de ella hasta que se marchara. Grace siempre hizo hincapié sobre la alegría que contagiaba a los demás niños y niñas, de la misma forma que una película de dibujos animados o un dulce; solo ahora entendió que la razón principal para dejarla pasar fue para dar buenas influencias a Yazir. Justo ahora esa misma niña, se sentía perdida y fuera del camino, aun con los letreros en la encrucijada.

La misma que lucha por convencerla de tomar el otro camino.

Con cada paso su vocecilla se hacía más débil, a medida que el nudo parecía hacerse aire, y alejarse de un tirón de su pecho, cuando se detuvo frente a la puerta. Sus rodillas lucen raspones recientes. Tal vez por eso es necesaria la niñez, para magullarse las rodillas en el suelo de parques y el asfalto donde pasean en bici y patines. Todos tenemos un pedacito del niño inocente que una vez fuimos, al que todavía le gustan las tiras cómicas y alberga la bondad del mundo. Cuando crecemos, nos enseña que los amigos y enemigos se miden con una balanza que permanece en equilibrio, conforme los dejamos en las encrucijadas.

Ahora comprobaría el estado de la suya. Sin importar las quejas de la chica del sombrero de paja.

Se detuvo frente a la habitación diecinueve. Tocó la puerta. Una. Dos. Tres veces. Raichu y Scrafty abrieron la puerta y la dejaron pasar. Lo que vio estuvo a punto de hacerla desistir. Era la primera vez que veía a Yazir tan reducido. Estaba acostado en su cama, con su brazo vendado. No parecía tener dieciocho años. Su rostro estaba casi demacrado, como si se hubiera consumido a sí mismo para recuperarse. Sus pokémon a excepción de Aggron y Mimikyu lo rodeaban. Crobat permanece inmóvil, posado sobre uno de los dos pilares redondos en el espaldar de su cama. Raichu saltó a su regazo, con las orejas rezagadas a la expresión de Luz. Serena se acercó hasta pararse junto a ellos, y dio suaves caricias sobre la cabeza de Raichu.

—Estás hecho polvo.

—Así parece —musitó Yazir—. Eso me gano por estar desprevenido. Tu amigo Ash fue más listo y pudo defenderse. No es tan lerdo como pensé.

—Empiezas mal —analizó Serena. Luz lanzó una mirada cortante cuando Raichu y Garchomp abrieron la boca para protestar—. Ahora resultan ser los mejores amigos.

—Es lo que siempre quisiste, al fin y al cabo. Que estuviéramos bien.

—Si crees que ahora te daré palmadas y daré gracias a Arceus o a Dios por el milagro, pues te equivocas. No soy la misma tonta de antes. ¿Sabes que es lo malo de la nueva yo? En lo que concierne a ti, con respecto a nosotros y a Ash, ya no soy capaz de creerte.

Yazir solo desvió la mirada, sin responderle. Serena dejó salir a Delphox y lo señaló con la cabeza.

—¿Ahora aplicaras trucos mentales conmigo?

—Ella sabrá si me mientes. Confiesa. Trajiste al Equipo Skull, ¿verdad?

El chico no respondió de inmediato. Lanzó una mirada a Delphox, que parecía rebuscar con una expresión aguda. La misma visión de rayos x de todos los pokémon psíquicos.

—En efecto —confirmó al fin Yazir, concentrándose en el televisor. Gaby informaba sobre lo ocurrido en Villa Tapu—. Desde que se hizo pública la presencia de la Policía Internacional, las bandas criminales de otras regiones dejaron en claro no asomar la cabeza. La única forma de llegar a ellos es que logren su objetivo. Vengarse de Ash. Sabía que llegaría a esta ciudad buscándote a ti, en cuanto supiera que sus enemigos estaban cerca. Si era capturado en el operativo, tendríamos las pruebas suficientes para irrumpir en su guarida y arrestarles. Anabel, Looker y Lance nos ayudarían a lograrlo.

—¿Y ellos lo sabían?

—Sí.

—Estas mintiendo —Serena devolvió la mirada a su pokémon. Ella negó con la cabeza—. ¡Ellos nunca aprobarían algo así!

—Pero yo sí lo hice, a pesar de que Anabel me prohibió tomar ese tipo de acción. Supongo que sus habilidades de psíquica no la ayudaron a ver el futuro. Yo solo quería dar pruebas para proceder.

—¿Pruebas?

—Tengo alguien infiltrado en las filas del Equipo Rocket. Créeme, tienen una buena fachada. No podemos actuar a la ligera, o nosotros seríamos los criminales.

—¿¡Entonces por qué nunca confiaste en nosotros!? ¡Lo hubieras dicho y hubiéramos buscado otra forma de terminar con eso!

—Ya lo sabes —señaló Yazir—. No quería que te involucraras emocionalmente en esto, solo por Ash.

—Lo dice el que manipula los sentimientos de quien llamó su hermana, para entregar a un chico a los Pyroar.

—La ley del mal menor, Serenita. Hace mucho que trabajamos con la Policía Internacional. Ya te lo dije. Giovanni mató a mis padres y estoy dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias para derribarlo. No confiaba en él, así que tomé medidas.

Siguieron instantes de silencio, mientras Serena armaba el rompecabezas que eran sus pensamientos. Volvía a Hoenn, cuando la pequeña niña del sombrero de paja, que ahora sollozaba en silencio, sonreía de oreja a oreja, como si pudiera reconocer al su mejor amigo entre las facetas de adolescente que mostraba. La neblina que oculta el borde del camino se despejó por completo, y revela, como el tiempo, y el frío follaje de montaña corrompe a quien se pierde en sus nudos de selva. Hallándose perdido, y con el corazón en un puño, ella solo dirigió la mirada a su Delphox. La zorra de fuego volvió a negar con la cabeza, y eso solo dolía más. La niña se levantó del suelo junto al borde de su cama y salió de la habitación, igual que otra burbuja de aire de su nariz. Escuchó el suave aleteo y el canto de los Fletchling, alejarse en vuelo hasta perderse de vista. Deslumbra la coreografía de Oricorio en sus memorias como el día de su captura ahora sin ataduras.

—Eres un monstruo, Yazir. Nunca te voy a perdonar que hayas intentado separarme de Ash. —dijo Serena con frialdad.

—No pretendía pedírtelo.

—Y tampoco creas que haber intentado redimirte rescatándole me hará cambiar de opinión. Ya no tienes a quien te defienda —gruñó con enfado, apuntando a Delphox con su pokebola—. Solo una cosa más. ¿Por qué fuiste a buscarlo?

—Ah, ¿eso? Es irónico, ¿no crees? Yo, que lo odié con todas mis fuerzas quise evitar lo que me propuse desde un principio. Es curioso, como los eventos giran de forma inesperada. Es uno de los pocos privilegios que tiene ser un humano. Sean buenos o malos, da sentido a nuestra existencia.

—¡Responde!

—Porque cuando alguien pasa por tu mismo dolor, es capaz de entender tu mundo y cambiarlo, sobre todo cuando vez su forma de afrontar la vida. Dejémoslo así.

—¿De qué clase de rollo estás hablando ahora? —Su holomisor comenzó a sonar. Era Ash—. Hola Ashy.

—…

—¿Estás ahí? —dijo, ignorando el rostro de Yazir, que abrió los ojos de par en par.

Disculpa, me perdí por un segundo. ¡Tienes que venir rápido, tenemos problemas!

—Genial. ¿Ahora qué?

Shiron…


Ash explicó lo ocurrido a Serena antes que colgase y saliera pitando del centro pokémon. Después de la derrota del Equipo Skull, Zarala y Lillie regresaron a Villa Tapu junto con Arcanine, dejando solo a Shiron y un pequeño Yungoos que suele jugar en el bosque con los niños que cuida. Escucharon una multitud correr hasta la playa de la ruta quince. Interrumpieron sus juegos y uno de ellos apagó las luces para fingir que no había nadie en la casa Aether. Escucharon los motores de un bote que surcaba cerca de la orilla, seguros que se trataba del medio para huir. Dos personas discutían. Un chico y una chica. Iluminaron la casa con los faros del bote, y observaron sus sombras por las ventanas. Forzaron la cerradura y abrieron la puerta de golpe. Yungoos y Shiron en su defensa, saltaron para atacar a la mujer que había forzado la cerradura. Vestía las ropas del Equipo Skull; su cabello era castaño oscuro, a la altura de su cuello, piel bronceada y ojos cafés. Rechazó el ataque con su propio pokémon: un Ribombee que agito sus pequeñas alas y desprendió un polvo rosa, dejándolos fuera de combate.

Ala… tenías razón. Hay un montón de niños. ¡Qué tiernos son! —exclamó la chica con un tono travieso, cuando los pokémon se pusieron de pie—. Quietos. No les ataque con algo suave, ¿saben?

Deja de jugar, Felicia. Terminemos de una vez.

¿Realmente estás seguro de esto…? Se cabreará, y lo sabes.

Es justo lo que quiero. Ya lo discutimos. Es la única forma de arreglar este operativo.

Un niño se adelantó junto a Yungoos, y sacó la lengua a ambos reclutas.

Váyanse, o se la verán con la hermana Zarala.

Huy que miedo. Eres una pulga muy pequeña para estar amenazando, pequeñito. ¡Mira que mejillas tan rosadas y gorditas, cómo se te sonrojan!

¡No es cierto!

Felicia…

Ya ya. A ver niños. ¿Quieren ver un truco de magia? No dejen de observar a Ribombee…

¿Magia?

¿Puede hacer magia un pokémon insecto?

¡Aunque nos guste, no vas a…!

No pudo terminar la frase. Su boca se hizo un bostezo. Todos a su alrededor comenzaron a caer dormidos. Ribombee usaba sus poderes psíquicos para dormirlos. No tardaron en caer todos de rodillas, incluido los pokémon. Recordarlo era doloroso. Solo podía seguir el ejemplo de Zarala…

Perdónenme, es mi culpa… no debí ir al festival. —se disculpó Zarala por vigésima vez.

Córtalo. No sirve de nada buscar culpables. Nadie salió herido y es lo importante. —señaló Ritchie.

Los huérfanos rodeaban a Lillie, disculpándose una y otra vez. Ella solo busco darles consuelo. Respiró con alivio cuando los dos pequeños recuperaron la consciencia, sin ningún tipo de herida visible.

Lo sentimos, hermana Zarala.

Felicia… no conozco a nadie en las filas del Equipo Skull con ese nombre. Debe ser una simple recluta más. —señaló Ash.

¿De quién hablas? —preguntó Ritchie—. No conozco a esos tales Skull.

Un grupo de maleantes de esta región.

Exacto. A penas pisamos esta isla, luchamos en el Jardín de Malie. Y Felicia luchó con el Profesor Kukui —Gary apretó los puños. El rostro se hizo visible entre las sombras del crimen, sus ropas rasgadas y sus ojos del mismo verde esmeralda de Lillie eran inconfundibles, mientras coge al pequeño Shiron, ahora inconsciente—. Desgraciado… ¿Cómo se atreve?

Habla en idioma que podamos entender los mortales. —gruñó Zarala.

Ya sé quién era la otra persona, Lillie.

Un cubo de hielo le hizo un nudo en la garganta con las palabras de Gary. Su bolso se hizo más pesado que de costumbre, aunque Cosmog fuera tan liviano como una nube.

Tu hermano Gladio. Él se llevó a Shiron.

Un momento. ¿Lillie tiene un hermano en el Equipo Skull? Menudo problema. —apuntó Ritchie.

¡¿Qué?! ¡Tienes que estar de broma! ¿Por qué haría eso? —bramó Zarala.

Debió tener un plan por si tu captura salía mal. Quiere que vayamos directo a su base en bandeja de plata. Escucha Lillie, no te preocupes, vamos a…

Pero ella ya no escuchaba. Hundió su rostro bajo su cuello, tratando de ocultar sus lágrimas. Gary fue en su apoyo, rodeándola con sus brazos. Los niños juntaban los dedos de sus manos, reducidos ante la tristeza de Lillie. Cogió su holomisor…

… y marcó el número de Serena.

¡Ya salgo para allá! —dijo Serena antes de colgar.

—Listo. Con ella y Yazir, podremos hacerlo sin problemas.

—¿Desde cuando incluyes a Yazir en nuestros planes? —preguntó Gary.

—¡Olvida eso y piensa una estrategia! Eres el cerebro del grupo. —se quejó Ash.

—Primero, tenemos que averiguar donde queda la base del Equipo Skull, ya después podemos trazar cualquier plan. ¿Sabes algo de eso? —preguntó, dirigiéndose a la capitana.

—Lo ignoro completamente. Pero si hay alguien que lo sabe en esta isla, ese es el tío Nanu.

—¿Nanu?

—Sí Ash. Es el Kahuna de Ula´Ula, y tu próximo desafío. El puede saber algo sobre el Equipo Skull.

—¿Es tu tío de verdad?

—¡Pero ¿qué clase de estrella estaba en tu cabeza cuando naciste?! ¡Eso no importa ahora!

—Cálmate Zarala. Vayamos a verlo. ¿Dónde lo encontramos?

—No será necesario buscar al tío Nanu.

La puerta se abrió. Nash y Luna estaban en el rellano. Entraron después que Nash tocara la puerta con sus nudillos. Se ubicaron a cada lado de Lillie, como una especie de guardia de honor. Aquello era exagerado en la mente de Gary, que no se apartó un milímetro de ella.

—Sí eres la hermana de Gladio, después de todo. —dijo Nash.

—¿Lo conocen?

—Más o menos. —respondió el castaño.

—Es una historia muy larga y aburrida. No hay tiempo para eso —puntualizó Luna. Sacó un mapa de la isla y lo apoyo sobre la mesa. Dio un golpe con el dedo índice de su mano izquierda al punto más al norte de la península—. Aquí esta su base. Pueblo Po. En la ruta diecisiete.

—¿Cómo saben eso?

—Porque ya hemos estado allí. Hace años nos derrotaron. Pero esta vez será diferente. Ahora que tenemos el mismo objetivo, podemos irrumpir en su fortaleza y rescatar a su pequeño amigo, derrotar a Gladio y llevarlo con la Oficial Jenny. —indicó Luna, con frialdad y voz tétrica.

—¡Oye, que se trata de su hermano!

—Es un criminal. Cuando los derrotemos, es lo que pasará.

—¡Dije que no…!

—Está bien… Gary.

Lillie se puso de pie. Se secó las lágrimas de sus parpados y mejillas. El iris ya se había vuelto rojizo, detallando su hermoso color de ojos. Abrió con cuidado su bolso para no despertar a Nebulilla, y extrajo al pequeño vulpix aloliano de felpa. El rostro de su hermano cuando era niño se hizo nítido en sus recuerdos, como el dulce niño que corría en la mansión aether, escondiéndose entre la maleza para jugar al escondite y a la pilla pilla. Pero ya no había emoción en sus imágenes. Ahora todo era vacío. Un conjunto de imágenes aleatorias de un libro antiguo, tan secas como páginas en blanco. El científico apretó los puños.

Vacío.

Lo dejó sobre la mesa.

—Iré con ustedes. A Pueblo Po.

Continuará…


Notas del autor

Ho…

*risas macabras y miradas llenas de odio en el rostro de los lectores, lo hicieron inhibirse*

Antes de que maten recuerden que… los quiero a todos… en serio :D.

Además, miren este rostro hermoso. No pueden matarme si le sigo dando algo de vida en sus corazoncitos, ¿verdad?

Ya… todos soltaron la sopa menos Ash, lo sé. No me recriminen :´(, es culpa de la estructura de la historia.

¡Pero también hubo azúcar, y están más cerca que nunca el uno del otro! Ahora están más unidos que antes después de toda esta experiencia, no se quejen tanto. :/.

Bien, lo más importante: ¿Qué les pareció este capítulo? La historia avanzó bastante ahora y dio varios giros, sobre todo la decisión de Lillie con respecto a Gladio.

¿A qué creen ustedes que se debió el secuestro de Shiron y la decisión de Lillie? Me gustaría escuchar sus conclusiones hasta el momento de la relación de ambos hermanos, además de su enlace con Sol y Luna.

Por cierto, si se han preguntado si son los de Pokespe, la respuesta es… ño . Más allá del nombre de Seline, cuando los introduje los adapté como quise desde los juegos. Y tampoco había leído demasiado algún manga de pokémon.

Ya para terminar. Chicos, el coronavirus es un hecho mundial que nos afecta a todos. Ya lo saben, pero por favor permanezcamos en nuestras casas tranquilos. Aunque se les haya terminado el papel higiénico (que lo veo difícil), a menos que sea estrictamente necesario, no salgan de ella y evitemos problemas con las autoridades. En otros países ya ha decretado toques de queda.

Los malos ratos siempre pasan. Así que, a leer un libro, ver alguna serie o aprovechar de formarse en algo que les guste (como hago yo ahora, XD).

Por mi parte, esperen un capítulo más la semana que viene jiji :D.

Si alguno sabe o conoce alguien que pueda hacer portadas, decídmelo. Me urgen dos para las historias que estoy a punto de publicar. Bueno… el primer capítulo de cada una.

¡Hasta la semana que viene chicos!

PD: Ah, por cierto. En todo este rato dentro de CE… Nanu aún sigue intentando hacer 10.000 puntos con su kendama.