«Los enfrentamientos comienzan con la verdad. Y terminan con ella».


Gary no reparó en discutir las intenciones de Lillie antes incluso de escuchar a su mejor amigo, para convencerse que los dos estaban locos. Ash dio la solución menos ortodoxa posible del cuidado de los huérfanos, cuando Zarala manifestó estar de acuerdo. Comprobó ser el único que permanecía en sus cabales. Ash se apresuró a regresar al Centro Pokémon, solo acompañado por los niños. Encontró a Serena justo en la entrada de la ciudad. Permanece igual de radiante aún sin su vestido de concurso, al igual que la fragancia de coco en su perfume cuando se le acercó. Volvió a sentir como si fuera un globo de helio, solo adherido a la tierra por el hecho de cogerlo por una mano.

—¿Su novia nos cuidará?

—¿Qué?

—¡Son tan monos! Pero guarden el secreto, ¿de acuerdo niños? Ash es muy penoso.

—¡Sí!

—Oye Serena, no les digas eso —susurró Ash, ahogado en su propia voz—. Los niños hablan hasta por los codos.

—¿Te molesta que lo digan por allí? —preguntó Serena.

—Bueno no, pero sigue siendo mentira.

—La mejor manera de que un niño no diga nada más sobre tema, es aclararlo y restarle importancia. Quitarle la curiosidad —dijo Serena con una sonrisa. Se fijo que Ash escalaba su mirada hasta sus muñecas, hasta detenerse en su listón azul—. Y tenemos como demostrarlo.

—Supongo que tienes razón. —afirmó. Hacerlo liberó una chispa traviesa en su pecho.

—Ahora dime, ¿por qué los trajiste?

—Surgió un problema, los traje para que Yazir los cuide.

—Ahora si te volviste loco del todo —dijo Serena, negando con la cabeza—. Yazir detesta a los niños. Además, es un manipulador. Hizo que nos peleáramos para su beneficio.

—Ya lo sé.

—No es de fiar.

—Entonces cree en mí.

Ash se dirigió hasta su habitación, que Serena mencionó a regañadientes. Para su sorpresa, los pequeños y Yungoos aceptaron de buena manera la idea. En especial por jugar con el Raichu kantoniano, que negó con la cabeza cuando le pidieron que surfeara los aires como si hubieran perdido la cabeza. Solo bastó mencionar el nombre de Zarala para que Yazir accediera a mantenerlos vigilados. El problema que alcanzo a ver fueron sus vendas, firmada por sus pokémon con dibujos extraños.

—Tengan mucho cuidado —dijo antes de que pudiera marcharse—. Ya saben que te diriges a Pueblo Po.

—Lo tendré en mente —Se despidió con las últimas palabras de Yazir: "Te la encargo", cuando tomo su holomisor e hizo una videollamada.

—¡Ash! Qué grata sorpresa. Escuche que ya estás en la isla Ula´Ula, bien hecho.

—Muchas gracias profesor. Pero ahora necesito un favor.

—Claro, ¿qué sucede?

—Necesito que me envíe a esos dos.


El grupo continuó el viaje sin mencionar nada más. El mar se alza en pequeños saltos y vientos que arrastran pequeñas gotas, mientras atraviesan los islotes de la ruta quince con ayuda de la pokemontura de Luna y Nash. La isla los acompaña con la danza de la arena sobre sus pies y la grava de sus pasos, y un manto de negro en ambos extremos. Arriba, una capa de nubes tan solidas como la roca oscurecen la tierra, escuchando el aullido de los árboles que para disfrute de Zarala, erizaban el cabello de sus amigos. El frío del Monte Lanakila desciende por la ladera como una ola, seguido por pétalos rojos del campo de flores de Ula´Ula. Los Oricorio permanecen dormidos, acurrucados en grupo como si fueran pequeñas nubes carmesí echas de algodón y plumas. Podían escuchar las pisadas de los Rattata y Raticate de Alola entre la oscuridad en busca de comida.

Aquel pasaje era de lo más parecido al Bosque Verde para Ash, solo con un pasaje hecho sobre un mar de flores una parte del trayecto. Zarala explicaba que se hizo con el objetivo de molestar lo menos posible el lugar donde se dan con mayor abundancia dicha flor, que representa la isla.

Había quien, desde la bendición por conocer una diosa, se pasea por el campo en perfectas condiciones. Ritchie lanzaba miradas de reojo, y las apartaba como ella volteara. Presintiendo el peligro, Nash se apresuró a rodearlo con un brazo para distraerlo con una conversación sobre lo que sabían del Equipo Skull. Se sabe que un excandidato a Kahuna fue quien unió varios entrenadores que no superaron el recorrido insular y les dio una bandera. Por lo que ganaron fama de perdedores y antisociales, a pesar de que no existiesen registros de actos criminales.

Todo cambiaría con Guzma.

Hace ya varios años del incidente de Pueblo Po, y todavía causa vergüenza en la Oficial Jenny y antiguos policías. Cansados por no ser tomados en serio, una noche entraron al pueblo y realizaron todo tipo de actos vandálicos. Echaron a los pobladores de sus casas. Garafatearon y rompieron construcciones, y montaron barricadas para impedir el paso de policías y entrenadores, aparte de arrebatar los pokémon de quienes abandonaron sus hogares.

Poco después, empezarían a reclutar seguidores entre quienes no solo fallaron el recorrido insular o lograron convertirse en capitanes, sino a todo aquel que no tuviese a dónde ir. Guzma los acogió con los brazos abiertos. Por aquel entonces la comunidad llego a la conclusión de que solo se trataba de jóvenes mal encaminados sin hogar, y al poco tiempo dejaron el tema de lado. Hasta el ataque al Domo Royale. El pánico del público provocaría una persecución a cargo de Anabel y otros oficiales.

Lillie escuchó con atención, y no pudo más que preocuparse, preguntándose si Gladio estaría involucrado. Por aquel entonces, nunca pensó que pudiera unirse a un grupo de tal característica. Su sombrero blanco bailaba con el ritmo del viento, amenazando con llevárselo, lo que aprovecho para cogerlo con las manos y cubrirse, deteniéndose en seco. Si tenían éxito, no solo Guzma iría a prisión, sino también su hermano.

Gary detalló su rostro. No podía dejar que ella viera lo que iba a suceder.

—¿Estás realmente segura de querer venir? —insistió cuando podían diferenciar los árboles del muro de Pueblo Po—. Esto será muy duro.

—Quiero ir —respondió—, es mi pokémon. Además, tengo que hacerle frente a mi hermano yo misma.

—Si planeas convencerlo pierdes tu tiempo, Gladio no cambiará. A quien conociste ya no esté. Y te lo podemos contar de primera mano, desde lo que nos hizo a nosotros. —señaló Luna.

—Oye Luna, no seas tan dura con ella.

—Tiene que saberlo.

—No la ayudara en absoluto. —respondió Nash.

—Lillie, sabes muy bien que no podemos exponerte —insistió, mirando su bolso de reojo—. Entiéndelo, mejor regresa.

—Estamos perdiendo mucho tiempo. —dijo Luna.

—Esto no es una idea horrible. Es asquerosa. Y tú también. ¿Sabes la calaña de Yazir?

—Más que nadie. Y si Ash confía en él, no tengo porque dudar yo.

—¿Por qué nadie piensa con la cabeza estos días?

—¿Podemos concentrarnos en lo que nos compete de una vez? —Luna ya había perdido la paciencia. Ritchie se aseguraría de no mirarla esta vez—. Ellos nos están esperando. Aunque tengan la cabeza hueca, son muchos y serán tan o más fastidiosos que un grano en el labio.

—Solo tenemos que vencerlos a todos, no es muy complicado. —dijo Ash.

Gary volvió a suspirar. Nash y Serena solo contuvieron la risa

—No has cambiado nada, ¿a que sí? —musitó Ritchie—. Te preocupas demasiado Seline, tenemos una ventaja.

Nash tuvo que intervenir para que Ritchie no saliera herido. Luna ya había ordenado a su Haunter que le arrebatara su alma.

—En eso tienes razón —dijo Gary, ignorando la batalla campal de Nash entre Luna y Ritchie—. Si lo que nos dijo Serena es cierto, solo saben que nosotros iríamos. Como Yazir está incapacitado, piensan en tres luchadores. No se imaginan que Luna, Nash y Ritchie existen. No cuentan con que tengamos refuerzos…

—¡Kyaa, este platillo esta exquisito, como siempre!

Se detuvo el combate. Ash destacó la luz naranja del puesto de vigilancia entre el follaje. Se adentró entre los matorrales, seguido por los demás (Serena miraba en todas direcciones en busca de fantasmas, para diversión de Zarala). Se ocultaron entre los arbustos, aunque algunos intentaran romper la franela de Ash desde el cuello y aguijonearan sus muslos. Se acercaron lo suficiente para diferenciar dos bultos frente al fuego. Pikachu y Luz permanecían inmóviles, a pesar del aroma de la comida, en especial Pikachu, que actuó de forma extraña cuando capto el olor.

Su hipnosis no lo dejó darse cuenta de que rompería una ramita.

Hubo un gigantesco aleteo que agitó todo el bosque. Ash cogió instintivamente una de sus pokebolas cuando una silueta de unos dos metros aterrizo sobre ellos, atacando con un potente arañazo que destruyo la vegetación hasta perderse de vista. La criatura iluminó el bosque de azul, cuando apareció una enorme criatura de enorme envergadura. Era una criatura de cuerpo robusto y enormes alas. Los miraba con intensa furia cuando cargó contra ellos directamente como un jet, arrasando con lo poco que quedaba a su paso. Pikachu y Luz se interpusieron en su camino, igual que dos soldados en defensa de su posición.

La violenta energía se disipo. Se trata de reptil robusto. Fruncia el entrecejo, dando bufidos que calentaban el aire. El naranja de su cuerpo era más claro que el de una calabaza, y tenía en un par de antenas en su cabeza con un único cuerno. Ritchie tartamudeaba el nombre como podía, aunque solo se entendían las letras "d" y "r". El pokémon dio un par de pasos hasta ponerse delante de Ash. Lo levanto del suelo como si fuera un muñeco de trapo con sus musculosas garras para temor de Serena, que alcanzó a coger la pokebola de Altaria.

No pudo creer cuando la criatura sonrió, y dio un fuerte apretón a Ash.

—¡Oye Dragonite, no exageres! —dijo una chica ruidosa. Su cabello se confundía con la oscuridad de la noche en dos coletas que sobrepasan su cabeza—. No tienes que hacer que se orinen encima.

Se encontró con el extraño grupo de personas. Paseo la vista por cada uno de ellos, aun petrificados, en especial Lillie, cuyos ojos empezaban a ponerse colorados. Se detuvo a mirar a Ritchie, examinándolo con detalle.

—¿Está todo bien? —preguntó su acompañante.

—¡Un segundo! Oye… ¿nos conocemos?

—Entre mis conocidas no hay una mujer perversa con un dragón guardaespaldas. ¿Por qué nos atacaste así? ¿Te volviste loca del todo?

—¡Qué infantil eres! —replicó ella. Su cabello se movió con vida propia, como si fuera un arbusto. La silueta de un pokémon se movía entre ellos—. Pero no, no eres él. Te quejas demasiado, y no es el tipo de persona que se teñiría el cabello. Y su Pikachu no tiene ese estilo. ¡Oye Dragonite, déjale tranquilo!

El dragón depositó a Ash en el suelo con cuidado. Se dio media vuelta para sonreírle a la extraña chica.

—Igual que aquella ocasión. Lo primero que puedes ver alguien en ti, es uno de tus pokémon.

—¡Ash! Si estabas aquí después de todo.

Se le abalanzó en un saludo estrepitoso. Su acompañante, un chico de cabello, con una pajarilla a medio deshacer de color verde se acercó a saludarlos. El alboroto despertó a Cosmog, que forcejeaba por salir y unirse a las jugarretas de Pikachu, Sparky, Luz y un extraño pokémon de fauces recortadas. Dragonite decidió que era más importante asumir el rol de una estatua, como esperando un gran encuentro. El chico de Pueblo Paleta los presentó como sus compañeros de viaje por la región Unova.

Serena solo tuvo que echarle un vistazo rápido, y a su Dragonite para comprender sus cualidades. Era una entrenadora de cuidado.

—Chicos, les presento a Iris. Es experta en el tipo dragón, y busca desentrañar sus grandes misterios. —explicó a todos.

—¡Es porque los dragones son la ley! ¿No les parece? —apuntó Iris, cogiendo en brazos a su Axew, enseñándolo a todos—. La historia los ha tratado como serpientes escupe fuego con dientes enormes, algunos capaces de alterar el espacio-tiempo, pero no saben nada de nada. Miren a los Salamence. Debería ser tratado como un ejemplo de superación. ¿Sabían que cuando son Bagon, solo sueñan con poder volar? No importa lo que digan de ellos, para mí, son criaturas fascinantes y prueba de que existe la magia. —aseguró. Axew se ubicó en su cabeza, entre sus cabellos.

—Algo parecido pasa con los pokémon fantasma —dijo Zarala, encogiéndose de hombros—. Los culpan de desgracias y causan pánico. Ellos solo quieren divertirse, y muchos son amistosos.

—¡Qué par tan elocuente! Ya me dan ganas de entrenar dragones y fantasmas. —dijo Nash.

—¿A que sí? —dijeron ambas.

—También es la futura candidata para convertirse en líder de gimnasio en ciudad caolín. —dijo Ash.

—No exageres. Aún no soy ni a mitad de buena, comparada con la maestra Clair.

—Y este de aquí es Cilan, un Conocedor Pokémon de clase A. Es un grupo de entrenadores que estudian para identificar el vínculo entre los pokémon y sus entrenadores, para dar consejos para mejorarlo. —explicó Ash.

—¡Y es muy apasionante! Mientras más fuerte sea la unión entrenador-pokémon, el entramiento es más productivo. Por ejemplo —Colocó toda su atención sobre el Pikachu de Ash, examinándolo con cuidado. El pokémon parecía atraído por su mirada calculadora—, desde la última vez que vi a Pikachu, puedo decir que ahora tiene dos vínculos más. ¿A que sí, Ash? Y uno de esos es casi tan fuerte como el que tiene contigo.

—Bueno, he de admitir que se lleva bien con Serena. Incluso luchó bajo sus órdenes una vez.

—¡Quién lo diría! Ash, ya no eres un niño después de todo —aventuró Iris, cuando deposito sus ojos en Serena—. Pero… ¿qué pasó con…?

—Lamento interrumpir esta reunión tan conmovedora, pero tenemos asuntos que atender. —gruño Luna, perdiendo la paciencia.

—Exacto. No tenemos mucho tiempo.

Ash explicó rápidamente la situación a sus compañeros de Unova. Iris no tardó en dirigirle una mirada de compasión a Lillie, y tomo su decisión.

—Está bien. Iré con ustedes. Los amigos de Ash son mis amigos también.

—¡No soporto a quien no respeta la amistad de entrenador y pokémon! Cuenten conmigo.

—Chicos chicos, es peligroso. Me sentiría mal si se ponen en riesgo por nosotros.

—¡Ja! Como si no hubiéramos enfrentado al mal antes. Si dejamos que Gethis haga de las suyas, solo traerá mala fama a nuestra región. —señaló Iris.

—No me importa. Solo vamos de una vez. —dijo Luna.

—Mientras más aliados mejor, Selene. —declaró Nash.

—Ustedes no van a ninguna parte.

Un hombre mayor apareció en la boca del claro más alejado a la derecha. Tenía un atuendo de lo más peculiar, totalmente negro y gris. Su rostro era tosco y luce algunas arrugas, vestido como si fuera un día playero, a excepción de su camisa negra desabotonada. Se paró justo en frente de ellos, como si fuera un muro humano para impedirles el paso hasta la ciudad.

—Pero tío Nanu, dijiste que trajéramos refuerzos, y aquí estamos. —protestó Nash.

—¿Y esto trajeron? ¿Un par de nerds, unos hermanos gemelos, la bailarina de Villa Tapu, un camarero en decadencia y su chica de peinado extraño, y a la capitana Zarala? ¡Solo son un montón de bichos raros! —gruñó, guardando su kendama—. ¿Saben dónde se están metiendo? Pueblo Po es territorio Skull desde hace años.

—Mire, no se quien sea usted, pero vamos a entrar a esa ciudad como sea —dijo Ash, adelantándose a Nash—. El pokémon de mi amiga fue secuestrado y no pienso esperar por Anabel, ni por ninguna autoridad. Así que a un lado.

Zarala y Nash se quedaron de piedra, como si les hubiesen atacado con algún movimiento de parálisis (Luna había chasqueado la lengua). El expolicía los analizó con cuidado, y no dejó de mirar las pulseras Z y Piedra Llave de Ash y Serena. El Dragonite de Iris dio unos cuantos pasos al frente, aunque fuera detenido por las palabras de su entrenadora. Buscó con la mirada a Lillie y solo destacó sus ojos como un par de esmeraldas. Luego la bajó hasta su bolso y dio un enorme suspiro.

—Entienden lo que significa sin fallan. No solo serían prisioneros y complicarían la labor de la policía, sino que puede ser el final de todo. ¿Van a asumir ese peso en sus hombros? —Se hizo un breve silencio, buscando algún tipo de duda en sus ojos—. En ese caso, vayan.

Los siguió con la mirada hasta que se hicieron diminutos, justo en la espesura de la grama alta en la entrada de Pueblo Po. La entrada estaba obstruida desde adentro, como era de esperarse. Los vio hablar entre ellos, y no pudo más esbozar un pequeño bufido de satisfacción. Fue como si pudiera verse a sí mismo cuando era un novato, o los días cuando Locker le fue asignado para inducirlo.

—Aunque forcemos la cerradura no entraremos —analizó Nash—. Esta obstruida por el otro lado. Solo podemos ir por aire, o bajo tierra.

—Si entramos volando, nos exponemos a que nos vea alguien y nos derribe. Descartemos eso. —dijo Luna.

—Ninguno tiene pokémon que pueda excavar, y eso llevaría más tiempo —dijo Gary—. Tal vez podríamos…

No tuvo tiempo de terminar. Escuchó como Ash dejó salir su Charizard, que a penas cruzo miradas con Dragonite, fue suficiente para entender lo que debía hacer. Los demás no tardaron en apartarse del camino.

—¡Carga Dragón! —gritó Iris.

—¡Corte Aéreo! —gritó Ash.

La puerta salió disparada de los goznes, rebotando sobre el suelo como si fuera caucho hasta chocar con la primera barricada. El rebote la hizo volar hasta la mansión, abollando una de las columnas del pórtico. Los reclutas gritaban preguntándose qué ocurría en la entrada. Daba la impresión de ser hormigas cuando irrumpen sus filas, corriendo en todas direcciones en busca de información.

Serena dio un suspiro. Iris era igual de imprudente que Ash. Ambos eran infantiles.

—¡Eso no es para nada discreto, idiotas! —bramó Gary.

—No puedes pedirle algo así a esos dos. —dijo Cilan.

—Aguanta Shiron. Ya vamos por ti. —dijo Lillie, adentrándose en la ciudad por el extremo izquierdo, arrastrándose por debajo de los muros.

—¡No comas ansias Lillie! —Gary la siguió de cerca. Luna, Nash y Ritchie fueron detrás.

—Nosotros iremos a nuestro ritmo. Vamos a sacar al Equipo Skull de este lugar, y llegaremos a la mansión primero. ¿Estás lista Iris?

—Nací lista. Destruyamos estás barricadas. —ordenó a su Dragonite.

—¡Esperen! Queremos recuperar la ciudad, no destruirla —dijo Serena—. Avancemos de otra forma.

Atravesaron el umbral e ingresaron a lo que parecía una ciudad fantasma, llena de miembros del Equipo Skull en sus calles angostas, que les observan como cámaras de vigilancia en su avance por la ciudad. La entrada de un foso al que lanzar pokémon ya debilitados era el nuevo centro pokémon, en lugar de un recinto sanatorio. Las calles están obstruidas por vehículos llenos de oxido. Atravesaron la ciudad entre pasajes y arrastrándose por debajo de muros, adornados por grafitis que comienzan a desaparecer, producto de la humedad y el musgo. El camino, aunque ya conocido, no dejaba de simular un paso a través de un campo de entramiento urbano de lo más desagradable.

Una horda de veinte pokémon rodeó a Serena, Iris, Cilan y Ash.

—¡Deténganlos, no los dejen llegar a la mansión! —Ash pudo distinguir la voz de Plumeria por la radio de la ciudad.

—De hoy no pasan, mocosos.

Yo, de nuestro territorio te vamos a echar, cual alimaña os vamos a patear.

—Acabaremos contigo, estúpida niña lagarto. ¡Por los Skuuuul!

—Haremos de este un lugar libre de no Skulls.


Guzma y Plumeria seguían reunidos en la gran mansión.

—Veinticuatro horas. Considérate afortunado. —dijo una voz femenina.

—Muchas gracias, señora. —dijo el líder del Equipo Skull, escueto. Gladio no pasó del arco, como si fuera un escudo.

—La próxima vez no seremos tan indulgentes. —dijo, antes de cortar la transmisión.

Gladio se apresuró a entrar. Aquel ultimátum era muestra del fracaso de la operación en Villa Tapu, y signo de la furia de su madre y su séquito. Guzma se dejó caer sobre su poltrona, junto a un enorme cofre desbordante en cristales Z, cuyo color opaco imita al de una hoja azotada por los primeros días del otoño. Su falso líder cogió uno y lo hizo girar entre sus dedos.

—Será mejor que preparemos una bienvenida adecuada. Gladio y Plumeria, organicen la defensa de Pueblo Po y luego regresen —Se marcharon sin decir nada más. Otro relámpago iluminó la habitación, y destacó el brillo de sus ojos—. Esta vez, no fallaré. Ahora que tienen un herido, los números estarán a favor de nosotros. Acabaremos con esos mocosos de Kukui y les haremos llegar al idiota de Ketchum. Pero antes me vengaré de todos ellos, empezando por la bailarina que me humilló.

Gladio sonrió mientras cruzaba el pasillo. Incluso aquel estrecho lúgubre pareció iluminarse a su paso, como si el mismo fuera un farol.

Continuará…


Notas del autor:

Una semanita tarde, pero aquí lo tienen bien servido, jijiji.

¿A que nadie se lo esperaba? Finalmente llegó el momento que Iris hiciera su aparición en esta historia. Sinceramente me gusto cómo quedo este capítulo. Aunque… confieso que todo es solo un borrador. Ya saben lo que dicen, incluso cuando se termina de escribir el último punto de una historia, aún debe pasar por una fase de corrección.

Pero de eso hablaré en otra entrada :D.

A partir de ahora la historia dará giros, y si saben cómo evolucionó el juego de Sol y Luna, ya saben de qué vamos ahora.

Supongo que ya lo saben, pero, espero les haya gustado el capítulo :D.

En otras noticias, en mi país acaban de decretar quince días más de cuarentena. Así que vamos con eso hasta el 26 de abril :/. El mundo sigue consumiendo papel de baño por el COVID-19. El virus no solo afecta a los humanos.

¿Qué han hecho para pasar los días? En mi caso aparte de escribir y leer, volví a las andanzas en World of Warcraft después de 7 años XD. Los muertos se levantan incluso en este mundo XD.

¡Nos vemos en el siguiente capítulo chicos, hasta la próxima!