CAPÍTULO 20: LA REBELIÓN

Aspen

¿Qué has dicho? - inquirí, deteniéndome en seco, a dos pasos de la puerta.

-América...queremos que Lady América sea nuestra reina - logró decir el muchacho. Una tos brutal, resultado de la última hora de interrogatorio, sacudió su cuerpo con violencia.

Ignorando ese hecho, ignorando el recuerdo de mi hermano pequeño que estaba amenazando con quebrantar mi máscara; me giré en redondo, sujetando al chico por el cuello de la desacomodada camisa.

-¿Crees que es una buena idea jugar conmigo? - le pregunté, odiándome un poco. Lo único que me mantenía firme era el conocimiento de que estaba protegiendo a América, quien sería la siguiente gran reina. Y la más testaruda.

-No...yo no estoy jugando. Hemos acordado que ella, siendo de una casta inferior a la de Lady Kriss, tiene mucho más conocimiento sobre los problemas del reino. Las castas bajas...ha estado más cerca de ellas - explicó - y sabemos que a pesar de eso tiene cualidades para reinar.

-El ataque del funeral, ¿buscaban deshacerse de Lady Kriss? - relacioné. El chico se encogió de hombros.

-¿Qué probabilidades hay de que el príncipe cambiara de opinión? Era más fácil dejarlo sin opciones - la voz del muchacho se quebraba por momentos debido a la falta de fuerzas. Había contenido cada gramo de conciencia existente en mi durante el interrogatorio, sin intervenir, pensando en el caos que se originaría si los rebeldes llegaban de nuevo al castillo. Y ahora resultaba que su objetivo sería el mismo que el mío, el de cada soldado: proteger a Maxon y a Mer.

¿En que momento se habían ganado de esa manera a los rebeldes?

-Con Ashlar. Ya - ordené - En calidad de prisionero.

-¿Vas a mantenerlo vivo - empezó Anthony - sólo por que piensas que quiere proteger a Lady...?

-Voy a mantenerlo vivo - interrumpí - por que estoy seguro de que el príncipe deseará escuchar esto de la boca del chico. Él será quien decida lo que haremos con él.

El silencio que se apoderó de la pequeña habitación me indicó que nadie protestaría, así que, de nuevo, di media vuelta, logrando esta vez salir de la habitación a paso firme.

En cuanto hallé un pasillo vacío, me metí por entre dos jarrones, sabiendo que acortaría el camino, y eché a correr hacia la habitación donde el rey se reunía con los asesores.

Tras algunos minutos, y una sorprendente cantidad de corredores sin obstáculos, toqué tres veces la puerta de madera detrás de la cual sabía que se encontraba Maxon.

-Yo iré - pude escuchar la voz de Marlee antes del sonido que hizo su silla contra el suelo.

-¿Aspen? - se extrañó Maxon. Se hallaba sentado junto a Mer, entre un montón de muestras, libros y fotografías de cosas que sólo gritaban una sola palabra a los cuatro vientos: boda.

-Majestad, uh...¿Podemos...podemos hablar un momento?

Una mezcla entre alivio y preocupación le inundó la cara cuando se levantó para salir de la estancia tras disculparse brevemente con ambas chicas. En cuanto cerró la puerta tras él, solamente la preocupación seguía entre sus facciones.

-¿Lograron averiguar algo? - inquirió, revelando que había pensado en el asunto mucho más de lo que parecía.

-No me lo vas a creer - le respondí.

-Espera - me interrumpió.

Miró sobre su hombro hacia la puerta, aún cerrada, y supe que deseaba evitar que Mer escuchara.

-Puedo llevarlo al sitio - sugerí - él sigue allí.