Disclaimer: Naruto y todos sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto. Este fic es sin fines de lucro, solo lo hago para mí y vuestro disfrute personal.

Pareja principal:

-Gaara/Hinata

Advertencias de este capítulo:

-Abundancia de dialogo.

Gracias por adelantado por los reviews.

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Fue en una noche de invierno como está, con todo bañado en una espesa capa de nieve blanca inmaculada y con copos cayendo y creando una nueva capa cuando todo dio comienzo. Tomó un largo sorbo de su chocolate caliente, observando el paisaje a través de las puertas francesas del balcón, recordando como su vida había dado un giro de trescientos sesenta grados en solo un preciso instante.

Lo que en un principio fue una escena tan incómoda para ella; como despreció su mano cuando se conocieron, fue lo que prendió la mecha de un cambio favorable. Sonrió con cariño, recordando el desprecio y desagrado que le expresó su primera mirada y como pasó a ser mirada en menos de medio año después de ser meros conocidos. Era cierto que pocos habrían pasado por las crueldades que ella tuvo que soportar, pero si algo sabía gracias a su nueva familia, era que las cosas sucedían por un motivo.

El motivo que el destino le hizo soportar era para obtener un cambio, una balanza por así decirlo. Su cuñada le había dicho que cada acción ocurrida en la vida, positiva y negativa tenía su contraparte. Si había pasado un infierno los primeros años de su vida, lleno de dolor y desprecio, del constante abuso de su padre, le esperaba en el futuro una alteración llena de alegría y felicidad, abundante del amor de su madre, sus amigos y la nueva familia que había conseguido. No había infortunio sin la asegurada suerte posterior.

Son ojos dejaron de apreciar el bello paisaje nocturno para mirar al frente, colocando la taza sobre la mesa e infundiéndose de la alegría que la tranquilidad de que ya todo estaba bien le otorgaba. Se vio tentada de cerrar los ojos, y lo hizo, para fundirse en ese ambiente de paz. Aún ahora todavía le parecía un sueño cada nuevo día en su nueva vida, ¿Quien se hubiera imaginado que sería tan dichosa alguna vez? Si se lo hubieran dicho en el pasado, se hubiera molestado por la cruel broma, cuan alegría al ver la realidad actual.

Sonrió a la nada, abriendo despacio los ojos sintiendo el rubor teñir con suavidad sus mejillas y su corazón acelerarse, como cada vez.

-Bienvenido a casa, mi amor.

El bufido molesto en su oreja más unos brazos rodearle a sus espaldas le hizo ensanchar su sonrisa, más el cuerpo masculino apoyado en ella le hizo caer en cuenta de cuanto había extrañado estar a su lado. Y eso que solo fue medio día de ausencia, aunque por la manera de ser abrazada, podía comprender que la había extrañado igual o más que ella.

-Es imposible sorprenderte, siempre sabes cuando llego.

-Olvidas que mi olor está impregnado en ti y te huelo llegar antes de entrar en la sala.

-Tramposa.

Quiso reír al ver como la acusaba pero al mismo tiempo bañaba de tiernos besos su cuello y enterraba la nariz en su pelo, aspirando el aroma que emanaba. Todo sintiendo el calor que desprendía su piel con el pasar de los segundos, sintiendo su corazón palpitarle en la espalda a pesar de la ropa que los cubría.

El olor a leche con miel que antes reinaba en la sala se llenó con el dulce aroma que su marido exudaba al tenerla entre los brazos. Era imposible no sentirse feliz si con solo abrazarla le alteraba de tal manera, nunca parecía cansarse de tenerla cerca al igual que no había día que no le dejara claro que era lo más importante de su vida.

No dudaba en asegurar que era la mujer más feliz que pisaba la tierra, ladeó un poco la cabeza para besarle la quijada para demostrarle cuanto lo amaba también cuando bajó la cabeza para mirarla. Con los dedos pellizcando su nariz, había conseguido hacerle hacer un puchero adorable al negarle un nuevo beso que sabía que no sería para nada suave.

-No tengo la culpa de que cuando estés en casa seas un empalagoso y me sigas como si fueras mi sombra. Estas impregnado de mi.

-Si no fueras tan irresistible.

-Gaara, por favor.

La cara se le tiñó de un suave tono carmín con su comentario y por su mano traviesa que había viajado al sur de su cuerpo para apretarle una nalga. Esos años junto a él le habían valido para reafirmar sus pensamientos en cuanto a decir que era un completo insaciable. Aunque eso no quería decir que le molestara, al contrario, el hecho que le siguiera encontrando tan deseable como la primera vez la hacía sentirse tan hermosa y querida.

-De acuerdo, ya paro -Besó un lado de su cabeza, relajandose escuchando su tranquila respiración quebrar el silencio de la casa, lo que lo extrañó -¿no hay nadie en casa?

-No, estamos solos por esta noche, Kiba e Ino vinieron de visita cuando aún estabas en el despacho -Sonrió de la nada al recordar un detalle que se le antojó gracioso -Kiba se llevó a Cottom por no se qué ritual de lobos para volverse adultos o algo así, no lo entendí muy bien.

-Licantropos, no hay quien les entienda.

Le hizo girarse sobre si misma mientras se reía a causa de sus palabras para tenerle de frente, cerrando los ojos cuando lo vio inclinarse hacía su rostro y sintió enseguida sus labios siendo capturados con suavidad. Era capaz de notar el anhelo en su toque cuando tomó ambos lados de su rostro, acariciando sus mejillas con los pulgares. En definitiva, ser besada por él le generaban las mismas mariposas en el estomago que el día que recibió su primer beso en el instituto.

El actual líder del país frunció el ceño un pequeño ápice durante el beso, al no sentir la otra presencia que habitaba en aquella casa junto a ellos desde que se mudaron a su nuevo hogar. Ese olor tan parecido al de su hembra que al contrario de alterarlo locamente como su mujer, conseguía calmarlo como una madre con su hijo.

-¿Tú madre tampoco está?

-No – La voz le salió en un suspiro suave, como siempre cada vez que a besaba así de despacio y esponjoso en su toque -¿Recuerdas que vinieron de visita, pues mi madre al final se decidió y le pidió ayuda a Ino cuando vinieron, se fue con ellos por un tiempo.

-¿Van a borrar vuestra existencias de la mente de tu padre? ¿Se siente bien al respecto sabiendo que lo que Yamanaka elimina jamás podrá ser devuelto?

La mira triste que puso fue suficiente respuesta, más a pesar de ello, e saber cuan delicado era ese tema para la familia, pudo sacar una sonrisa alicaída que apagó su mirada. Odiaba verla a si, no había tenido más motivos de lagrimas salvo cuando el tema de su padre salía a conversación, era algo que aún no había superado. Y tristemente dudaba de que pudiera pasar pagina alguna vez sobre ello.

-Lo sabe, incluso le he dicho que no es necesario y no tiene porque hacerlo, pero ella ha insistido. Dice que es lo mejor para todos a pesar del dolor que eso le conlleve, -Suspiró abrazándose a él, enterrándose entre sus brazos como si fuera una manta -Por mucho que lo quiera y sea su lazo, lo que me ha hecho jamás podrá perdonárselo, que es lo que se merece. Sí él afirma amarla tanto como para hacerme daño, su mejor castigo es olvidarla a ella para siempre.

-Es un hombre con suerte después de todo, tenia dos opciones, tu madre o yo, y todos sabemos que le hubiera esperado si iba yo.

-Su muerte, ya lo has dicho miles de veces.

Sí, y una muerte horrible. lo hubiera despedazado sin un solo miramiento, su cuerpo sin vida caería antes de que su padre pudiera parpadear y saber que alguien estaba en a misma sala que él. La paredes del blanco inmaculado que recordaba de su despacho serían teñidas de sangre, por mucho que su padre le hubo dañado hasta lo impensable no le deseaba ese final. Amaba a su pelirrojo, pero seguía con ciertos instintos arraigados a su naturaleza que no aprobaba pero que sin ellos no sería el hombre que amaba y con el que estaba tan feliz enlazada.

Lo mejor era ignorar las calamidades que su marido era capaz y deseaba hacerle a su padre desde que le contó las penuria por las que le hizo pasar. Sería meterse en un tema escabroso, un tabú que solo enfadaría a su marido como otras veces atrás. Para ahorrarse todo esa escena innecesaria que solo serviría para agriar el ambiente cálido de la sala, decidió hacer lo que beneficiaba a los dos.

Coqueteo, eso siempre funcionaba para alegrar el estado de animo de su querido pelirrojo, aunque no siempre era necesario que se pusiera coqueta.

-Pero hay alguien con mejor suerte, la mía, sin mi madre aquí un par de días significa que te quedas aquí en casa conmigo -Rodeó su cuello con sus brazos, enredando los dedos entre sus suaves mechones carmesí para poder hablarle sobre los labios -Extraño tanto a mi marido cuando está en su oficina.

-Hmm, tendré que solucionar eso y darle más atención a mi preciosa mujer.

La risa que comenzaba a emanar de ella y su pequeño beso se detuvieron a causa de un quejido molesto segundos antes de llevarse una mano al vientre, frunciendo un poco el ceño ante una nueva ronda de dolor. Sonrió con expresión algo adolorida pero divertida al ver el rostro afligido de su marido mientra le tomaba de la mano, era tan adorable ver su siempre expresión adusta teñirse de emoción en tan solo meros segundos.

Temari lo dijo en su ultima visita para presentarles a su precioso primogénito con una sonrisa de oreja a oreja y el orgullo en cada fibra de su ser. Al ver a Gaara cargar el cuerpecito de su sobrino con el mismo cuidado que la trataba a ella lo supo, sería un gran padre, bastante sobre protector y estaba segura que algo exagerado, pero sería tan buen padre como marido con ella

No hacía falta más que verlo actuar con sus seres queridos, moriría por ellos de ser necesario para mantener el bienestar de cada uno. La mejor prueba estaba en aquella guerra donde estuvo a punto de perder la vida por salvarla a su madre y a ella.

-Tranquilo, hoy está particularmente activo – Llevó la mano que la sostenía a su redondo vientre, haciéndole sentir el movimiento de su interior -¿Lo sientes?

Se sintió conmovida al apreciar la ternura bañar sus ojos aguamarina, como se agachó para quedar a la altura de su vientre y apoyar la frente sobre la zona cuando le alzó el grueso jersey. Cerró los ojos sintiendo sus manos acariciarle la barriga con infinito mimo, haciéndole aletear el pecho cuando decidió bañarle de besos el abdomen.

¿Cómo no ver que sería un padre estupendo? Ya amaba al bebé con locura desmedida. Todavía recordaba a a perfección como temblaron los muebles de toda la casa la noche en la que al llegar a casa, a pesar de que llegó acompañado de sus hermanos y cuñado que vinieron de visita, le dijo que embarazada. Le alzó entre los brazos de sorpresa y gritó eufórico, era la primera vez que sus hermanos lo veían gritar y sonreír de tal manera.

-Dale un respiro a mamá -Fue el susurro que emitió centrando los ojos en los suyos, tanto cariño reflejado en ellos -Necesita un poco de descanso.

-El bebé será un niñito de papá, se calma cuando le hablas -Pellizcó su fría nariz en un toque juguetón cuando se hubo incorporado -Me voy a empezar a sentir celosa.

-Tonta, en cuanto te mire por primera vez serás su vida como me ocurrió a mi.

No dijo nada cuando Gaara la tomó de la mano tras robarle un casto beso y la llevó con él rumbo a la habitación que compartían, apagando las luces tras su paso. La hizo sentarse en la mullida cama de suaves mantas de pelo antes de perderse en el cuarto de baño.

-Ah si, lo olvidaba, Neji me llamó ayer.

-¿Que quiere esta vez?-Asomó la cabeza con una toalla colgada del hombro -Espero que no se su típica amenaza de siempre.

-No, no me ha dicho que más te vale seguir cuidándome o vendrá a por ti, le ha pedido matrimonio a Tenten y ha dicho que sí, la boda será en mayo y quiere dejarte claro que más te vale hacer tiempo libre en tu "apretada agenda" -Hizo comillas con los dedos encontrando divertido verle poner los ojos en blanco antes de desaparecer de nuevo por la puerta -Quiere que estemos presentes en la boda, Tenten quiere que sea su dama de honor, así que si no se convertirá en tu Van Helsing.

Las amenazas de Neji eran bastante creativas desde que Hinata quiso confesarle lo que era a pesar del riesgo que corría con ello, pero era más que un primo para ella, era su hermano y no pensaba renunciar a él. A pesar de que al principio el castaño lo tomó a broma cuando le mostró ciertos poderes adquiridos y sus afilados colmillos se puso pálido ante la cruda realidad. Pensó que no querría saber nada de ella teniendo en cuenta que ya no era humana, pero se puso a llorar cuando la envolvió entre los brazos y besó su frente con el mismo amor que le profesaba desde que eran niños. Seas lo que seas, seguirás siendo esa tímida chica de mejillas rojas con la que me crié.

Las cosas entre ellos no cambiaron en lo absoluto tras la noche de confesiones, la seguía tratando como si fuera una indefensa niña de diez años y a Gaara amenazando si algo malo le pasaba como siempre hizo. Era tan feliz.

-La luz del día…

-No te preocupes, saben que no podemos, será al anochecer. No tienes excusas.

Al escuchar el agua correr y sentir el dulce olor a flores le hizo saber que le estaba preparando un baño caliente, todo a causa de las patadas del bebé.

¿Era posible amar tanto a alguien? No lo creía, conocerle le hizo ver que había niveles de cariño y amor que nunca pensó que existirían alguna vez.

-Bien, haré tiempo en mi apretada agenda para la boda, solo porque sé que eso te hará brillar de alegría y estarás receptiva a casi cualquier cosa.

-Cerdo.

Otra nueva sonrisa afloró de ella cuando apareció de nuevo para llevarla en brazos hacía el baño y dejarla en pie sobre el caldeado suelo. Tampoco dijo nada mientras la desvestía con infinito cuidado y la ayudaba a meterse en la bañera negra. Un suspiro de gozo se difuminó con el vapor del aire al sentir el calor del agua relajar sus músculos cansados a causa del embarazo. Apoyada con los brazos en la cerámica de la tina, sus ojos nacarados apreciaban como el pelirrojo se desnudaba delante de ella.

Cuando él también se metió en la bañera, se dejó recostar en su pecho cuando sus fibrosos brazos la tomaron de la cintura y la acercaron a su cuerpo. Recostó la cabeza en el hueco de su cuello, relajándose al sentir las caricias de su pareja en sus brazos hasta que las manos llegaron a su barriga, todo mientras el aroma de las sales de baño pululaba por la habitación.

-Por cierto, ¿Cómo te fue en el trabajo?

-Horrible.

Una carcajada pequeña hizo aparición en ella, ladeando la cabeza con la risa aun en los labios para besar su quijada, recostándose en su pecho mientra recibía mansas caricias en su vientre.

-Llevas diciendo eso desde que te nombraron como el nuevo supremo de Asía.

-Puesto que no pedí que me dieran al contrario de Naruto, que lleva pidiéndolo durante años. Que por cierto, también me ha llamado hace unas horas para decirme que van a nombrarlo Supremo dentro de seis meses y que espera vernos asistir a su ascensión… Se nos juntan acontecimientos...

-Me alegro mucho por él -Dijo ignorando su clara entonación de disgusto para tomar la esponja y el jabón, no iba a seguir el juego por lo que empezó a enjabonarle los brazos y el pecho a su esposo, que no se quejó por las atenciones recibidas -El bebé ya habrá nacido así que iremos los tres para demostrarle nuestro total apoyo en ese importante día de su vida como amigos que somos.

-Por lo menos alguien será feliz por recibir tal puesto...

Bufó cansada con la discusión que veía avecinarse, de nuevo, a causa de lo que pensaba el pelirrojo sobre su estatus como actual líder de la raza. El tema había salido ya más veces de las que podía haberse imaginado que saldría, no pensaba tolerar una nueva trifulca con su marido por algo en lo que ya había dado su opinión infinidad de veces.

Enojada, le salpicó la cara con agua para sorpresa masculina, que la miró parpadeando de forma anonadada por semejante arrebato salido de ella de la nada.

-Por Dios, los consejeros no están en ese sitio por nada, si te eligieron es porque saben que vales para ello.

-Me eligieron porque fui capaz de matar a mi padre y luego a Orochimaru en la guerra, si no es por eso dudo que siquiera estuviera en sus mentes. Cuando llegó el momento de elegir un nuevo jefe estoy seguro de que pensaban en alguien con menos historial problemático como él mio cuando era joven.

-Cariño -Se dio la vuelta por completo, sentándose con las piernas a cada lado de las suyas, acariciando su cara con ternura al tiempo que él rodeaba su cintura, apegandole a su pecho -Eres con diferencia uno de los mejores, no, eres el mejor líder que ha tenido este continente para los noctámbulos. Sí, es cierto que derrotar a tu padre fue uno de los motivos a tu ascensión al poder, pero al igual que yo han visto todo el potencial que posees, eres fuerte, inteligente, justo y buscas darle a todos la vida feliz y seguridad que se te fue negada cuando eras un niño. Mi amor, eres perfecto.

Lo vio centrar la mirada en su rostro, una mirada tan profunda que le hizo perder el aliento, sus labios se entreabrieron cuando Sabaku sacó una mano del agua e hizo bajarle la cabeza a la suya para besarla con fervor. El toque aterciopelado de su lengua pidiendo la entrada le pusieron la piel de gallina a pesar de estar sumergida en agua, emitió un suspiro de deleite cuando su lengua rozó la suya. No sabía si el rubor que sentía en las mejillas era a causa del agua caliente o por el beso candente de su marido, lo que fuera le hizo sentirse emocionada.

Receptiva y desnuda en la bañera con Gaara solo tenía una clara solución a tal ecuación. Terminarían haciendo el amor al sentir la creciente dureza bajo ella y como las manos que antes la mantenía sujeta de los muslos subían al norte de su cuerpo.

-Tú si que eres perfecta -La cabeza se le fue para atrás al sentir el calor que emanaba de ella y la humedad que no era propia del agua de la bañera -No hay segundo en el que no te desee.

-¿In-incluso -Jadeó cuando sus pecho fueron capturados y amasados con calma por las manos mojadas de su pareja -estando así de gorda?

Esa pregunta no pareció gustarle al verle fruncir el ceño, quiso explicarle porque pensaba de esa manera de si misma pero no tuvo tiempo a nada porque él se movió bajo su cuerpo, elevando la pelvis para frotarse contra sus pliegues de forma fogosa. Solo un suspiro silencioso fue lo único que su cuerpo pudo emitir dada la situación y las atenciones que recibía.

-¿Gorda? No seas absurda, no estas gorda, llevas una vida dentro de ti, una vida que hemos creado entre los dos. Eso no es estar gorda sino jodidamente preciosa, no sabes lo difícil que es para mi verte tan deslumbrante, tan mimosa a causa del embarazo, eres una droga para mi ¿Acaso todas estas veces en las que te he hecho el amor desde que estas embarazada no te han hecho verlo? -La expresión de molestia anterior se volvió una mueca picaresca al escuchar el pequeño gemido a costa de la constante fricción -Te mostraré cuanto te deseo estés como estés.

Un gemido prolongado hizo eco entre las baldosas y el vapor del baño.

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Miraba sentada y recostada en la cama, cubierta con las mullidas mantas de pelo, el paisaje nevado como un par de horas atrás antes de que llegara el pelirrojo del trabajo cuando intentó sorprenderla como siempre.

Ver nevar le generaban una paz y una felicidad que no muchos eran capaces de comprender si lo decía, la nieve era comienzo, un lienzo en blanco que poder bañar con una nueva oportunidad. Ilusión por crear algo único que era una nueva vida al tener una segunda oportunidad. Amaba la nieve, siempre le había gustado la nieve, blanca y pura como su amado Cotton, pero desde ese día, la nieve pasó a un nivel mayor de importancia.

Un beso en su cabeza y otro seguido en su cuello le hizo dejar el paisaje y mirar a su marido, que se secaba el pelo con una toalla y la devoraba con la mirada, parecía ser que lo del baño no consiguió saciarlo lo suficiente. Sentía como las mejillas empezaban a arder al recordar cada uno de los jadeos y gemidos que le hizo soltar, el embarazo la hizo bastante sensible en cuanto a intimidad se refería, una caricia le parecían el doble de placenteras, y Gaara lo sabía, por eso se aprovechaba.

Sabaku dejó la toalla en el cesto de ropa sucia del baño y no demoró en meterse en la cama con ella, acercarla a u cuerpo y olisquear su sería cuestión de tiempo que las persianas comenzaran a bajar porque el amanecer llegaría en un par de horas. Los ojos aguamarinas la miraron largos segundos, perfilando los contornos de sus mejillas espolvoreadas de suave color rosa, dejando que ella a su vez enredara mechones de su cabellos en pequeños bucles que se deshacían a soltar.

Se recostó en el colchón como cada vez que llegaba la hora de dormir, como amaba tenerla junto a él así, protegida entre sus brazos como había estado haciendo desde que estaban enlazados. Adoraba tener su pelo ocupando casi toda la extensión d ella almohada, sus dedos formando figuras sin sentido en su pecho, su encantador vientre abultado sobre su costado. Todo era perfecto si tuviera sus preciosos ojos clavados en los suyos, se había percatado de una cosa el día e hoy que le daba curiosidad.

-¿Por qué no paras de mirar por la ventana?

-Estoy recordando.

Sintió que su cabeza se movía en su dirección, dedicándole toda su atención ante su respuesta. Su mujer solo rió para alzar un poco la mirada y besar su quijada ante su mueca de desconcierto.

-Hace seis años, en un día nevado como hoy, te conocí.

También recordaba ese día a la perfección, antes de conocerla en persona el aroma de su sangre lo embriagó cuando salieron de la fortaleza. Sin conocerla y ya era capaz de llevarle a un estado de locura y deseo desmesurado.

-Siento como te traté esa vez cuando nos presentó Kiba, fui un verdadero imbécil.

-No te preocupes, entiendo tu forma de actuar y de comportarte en ese entonces con lo que me contaste sobre tu pasado referente a los humanos, no te culpa por ello -Sonrió con una sonrisa de oreja a oreja antes de sacarle la lengua -Además, eres mi imbécil.

Gaara soltó una risa nasal al mismo tiempo que le temblaban los hombros, encantado con su atrevida broma. Su vida desde que estaba unida a la suya era tan brillante como si viviera bajo en cálido sol, no se equivocaba al decir que su mujer era su lugar soleado, que iluminaba su vida bañada en penumbra. Era su vida, su cordura, su mejor amiga y el amor de su vida, nunca cambiaría eso.

Con esos pensamientos, la sonrisa de su cara se esfumó, regresando su rostro adusto de siempre para volverse una expresión fruncida que reconoció como preocupación. Entrelazó sus dedos a los suyos, para más consternación femenina, ¿A qué venía de repente ese cambio de humor cuando estaban tan alegres hace nada?

-Hina, ¿Eres feliz? Quiero decir, ¿Te hago feliz? - Sus pupilas brillaron en intensidad -¿Es esta la vida que alguna vez pensaste tener?

-Cariño -Ahora lo comprendía todo -Me has dado más de lo que yo pude desear alguna vez, me has dado amigos estupendos, momentos inolvidables y me has dado una familia que alguna vez pensé cuando trajiste a mi madre de vuelta a mi mundo, gracias, gracias por cruzarte en mi vida y cambiarla.

Besó sus labios con parsimonia, disfrutando del aroma dulzón que ella emanaba, dejándole sentir que estaba hablando con la verdad en cada palabra dicha. Su piel se calentó sin poder evitarlo, ella siempre conseguía que su pecho palpitara tan veloz como el aleteo de un pequeño colibrí. Era la perfección personificada, y era suya hasta el ultimo de sus días.

Como cada vez, su mano izquierda se poso sobre su vientre, acariciándolo con el más infinito de los cuidados y adulaciones. Sintió que le escocían los ojos al sentir otra patada en la palma de su mano.

-No me importaría pasar otra vez por todas las penurias que pasé, tener el padre nefasto que deseaba mi muerte, los intentos de asesinato por su parte, el terror humano del pasado, los soportaría una y otra vez, si al final, tú estas esperándome.

No fueron necesarias más palabras, cualquiera más dicha sobraba, sus ojos llorosos mirar los suyos brillantes era el mejor te amo que se podían dedicar el uno al otro. Simplemente se recostaron en la cama, abrazados y cobijados en las mullidas mantas mientras cerraban los ojos a la par que las persianas metálicas bajaban para protegerlos de la luz.

Un lazo eterno jamás podría que quebrado.

Fin.

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Hola queridos lectores (si es que queda ya alguno) tras mucho, mucho tiempo sin actualizar nada, pero es que el trabajo más esta pandemia me hizo casi imposible ponerme a escribir. Por suerte tuve un pequeño hueco y me puse rápido con este epilogo con el que poner el punto y final a esta historia.

Me siento muy triste, esta trama ha sido tan larga, tantos años escribiéndola que es como ver a un hijo crecer y verle madurar, las lagrimas cuando escribí el ultimo punto ya me surcaban la cara. Esta historia a sido casi como un bebé para mi…

En fin, no quiero ponerme más melodramática, espero que hayáis disfrutado de cada capitulo tanto como yo he puesto todo mi esfuerzo y cariño en cada actualización. Quiero también darle un gracias a todas esas personas que han añadido esta trama a sus favoritos y follows, y un especial agradecimiento a todo el que se tomó su tiempo para dejarme un review con su opinión y sus ánimos.

Muchisimas gracias a todos, una escritora no es nadie sin sus lectores. Espero contar con vosotros con mi siguiente fanfic.

Hasta el próximo longfic. Cuídense. (L) Y dulces mordisquitos.

Publicado el 24 de marzo de 2020.