Muchas gracias por todo el apoyo que está recibiendo este triste intento de historia.
Les pido le den una oportunidad a mis otras historias, creo que no se arrepentirán OwO
Como siempre los personajes no me pertenecen yo solo los ocupo sin fines de lucro.
Capítulo XX. La alfa Pt. II
Las omegas de la manada Arendelle vio como la mayoría de los alfas, eran asesinados por dos alfas de la rama principal, tan surrealista como parecía, la exhibición de fuerza de ambos fue tal que nadie fue capaz de decir palabra alguna.
Elizabeth vio como el compañero de toda su vida morir ante ella, su corazón ardía en culpa, pues ella misma tuvo la oportunidad de impedir aquello, pero nunca pensó que la fuerza entre su medio hermano y su esposo fuera tan abismal.
Cuando los pocos alfas de su manada que habían sobrevivido agacharon sus cabezas, las y los omegas escondieron a sus cachorros detrás de ellos, sintiendo su futuro más incierto con cada minuto, el miedo comenzó a corromperlos, el alfa de la manada podria matar a sus cachorros para hacerles entrar en celo y no habría ley humana que se lo impediría.
Pero solo les quedaba ver qué sucedería, cuando una alfa se negó a inclinarse ante Azrael.
Cuando ambos corrieron contra el otro, la fuerza de ambos fue tal que sus cuerpos temblaron ante ellos, los golpes cada vez mas fuertes, la sangre caía a la tierra con cada uno de ellos, de pronto solo parecían dos animales que no se detendrían hasta que uno de los dos dejara el mundo.
La sangre los cubría casi completamente, propia y ajena, y en un momento, parecía que la alfa vería su final ante Azrael, pero no fue asi cuando aun debajo de el, Anna con lo ultimo de sus fuerzas le atravesó el pecho, sostuvo el cuerpo hasta que ambos estaban en el suelo, y fue cuando Anna despertó.
El claro estaba completamente iluminado, dejando ver con extremo detalle las consecuencias de la pelea.
El único sonido que podía escucharse era el suave llanto de la alfa de ambas familias, que restregaba su rostro en contra del hombre que seguía en sus brazos, como si ello pudiera traerlo de vuelta, de pronto un aullido rompió aquel lamento, la cobriza alzo su cabeza aullando desde el fondo de su ser, despidiéndose del hombre que la había criado. Los alfas a su alrededor, aullaron junto con ella, reconociéndola como la alfa de la manada.
Los ojos de Elizabeth seguían fijos en Anna, su corazón latía lento, dolorosamente lento, en el mismo había perdido a los dos hombres que más había amado.
Minerva había estado despierta desde que Anna y Azrael habían partido a su destino, por momentos los recuerdos de su vida solían atormentarle cada tanto, sabiendo que solo uno regresaría a ese que era su hogar.
Al sentarse en el sillón de la sala, su mente comenzó a correr en círculos sobre lo que eran, ¿en verdad estaban malditos?, ¿su destino era matarse a unos a otros?
Ella supo que había sucedido con su verdadero padre hacia poco tiempo, en realidad cuando apenas había llegado junto con Anna a ese hogar.
Su padre, el hijo de Azrael, había sido la luz en un ser que pensaba habría de sufrir las peores desgracias en la vida, por haberle arrebatado la vida a aquel que se la dio, la compañera de Azrael murió en el parto de su padre, y desde ese día el alfa prometio siempre velar por su hijo, una promesa que no se pudo cumplir, Gabriel, era el perfecto alfa, fuerte, orgulloso, inteligente, pero todo ello lo llevo al destino que pareciera tenían marcados todos los alfas, cuando Gabriel tuvo en sus brazos a su hija, con una sola mirada supo que ella había nacido como una omega, enfurecido, mato a su compañera, pero en cambio a su hija la dejo vivir, con el plan de que una vez tuviera la edad suficiente la haría casarse con un alfa, aquella decisión mato cualquier cariño o orgullo que Azrael tuviera hacia su propio hijo, sus manos se mancharon de sangre, llorando por sus acciones, se llevó a la pequeña con el, criándola como su hija.
El cansancio mental que estaba sufriendo Minerva hizo que apenas cerrará sus ojos en lo parecía ser un pestañeo, sucumbiera ante el sueño.
De pronto Minerva se vio a sí misma en un bosque, un lugar que nunca había visto, los altos árboles apenas y dejaban pasar luz, volteo hacia todos lados, pero los arboles era lo único que podía apreciar, de pronto sintió una mirada sobre de ella, y al voltear vio a Azrael sonriéndole, sintió como su corazón se estrujo ante la mirada del hombre, sus ojos la veían con tanto cariño que las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas.
- No... -
Sus manos trataron de cubrir su rostro, pero en cambio sintió como unas manos ajenas le hicieron levantar el rostro, y el rostro de Azrael se acerco a ella, restregándole su mejilla con la propia.
- Todo estará bien...
Minerva se despertó de sobresalto al escuchar el crujir de la puerta, en el umbral de la misma, estaba Anna, pero sabía que no era la misma que había salido aquella madrugada.
La cobriza se acerco a su abuela con pasos tambaleantes, antes de siquiera llegar ante ella, se derrumbó a sus pies, abrazando sus piernas con desespero, llorando y berreando como una pequeña.
- Lo siento... lo siento...
La mano de la omega cepillo el cabello cobre de la alfa, sentía sus propias lagrimas luchar por salir, su corazón dolía, pero en ese momento, por la memoria de Azrael, y sobre todo, por su nieta frente suyo, tenía que ser fuerte.
- Todo estará bien. - Apenas y pudo hacer a su voz salir.
Las lágrimas caían sin misericordia por las mejillas pecosas, sentía su ser morir una vez más, pero de pronto sintió como unos suaves brazos la rodeaban, y al voltear la mirada, unos faros azules iluminaron todo.
