CAPÍTULO 14

Los siguientes días Sakura no se apareció por UchihaWorld, pues no consideraba que tuviera algo que buscar allá, y mucho menos con dos gorilas siguiéndola a sol y sombra. Había sido frustrante en extremo, pero al menos había logrado conservar algo de dignidad, y más que todo orgullo, al dejarle en claro a Sasuke que no haría las cosas a su manera.

Al día siguiente de la visita de Sasuke, que agradeció no se hubiese quedado, porque estaba segura que le habría dado un derrame cerebral de la rabieta, tomó todo lo que él le había enviado, lo colocó dentro de la misma caja, y se dirigió al apartamento de él. Como ya se esperaba, los dos hombres la siguieron por la escalera, mientras que ella se limitó a dar los buenos días, porque después de todo, ellos solo cumplían con su trabajo. Al salir del edificio, un auto negro, bastante lujoso al parecer, la esperaba con la puerta trasera abierta, que según quien recordaba era Alec, la había abierto para ella. Conocía los nombres de las mejores marcas de autos, mas no era experta en el tema como para reconocerlos a simple vista, por lo que para ella eso era un autonegro-demasiado-costoso y punto.

Observó el auto por unos segundos. Con caja en mano, giró a su izquierda sin decir palabra, y empezó a caminar hacia la parada del autobús. Al instante, Dacre, que era el que más cerca estaba de ella, la siguió y se interpuso en su camino.

―Señorita, el coche es para usted. Solo díganos a dónde quiere ir.

―Voy hacia el apartamento del hombre que los contrató ―explicó Sakura, tratando de no sonar grosera―. Y lo haré como siempre. Bordeó al hombre e intentó seguir su camino, pero este se interpuso de nuevo.

―Señorita, por su seguridad no podemos dejarla ir de esta forma, es preciso que haga lo que le indicamos. Sakura lo miró con el ceño fruncido. Su paciencia en esos días no estaba para reclamos, y mucho menos cuando no se había reconciliado con Naruto.

―Escuche muy bien lo que le voy a decir porque no lo pienso repetir ―habló Sakura entre dientes sin importarle ya su tono―: la única forma en que yo entre a ese auto es siendo obligada, y si me llega a poner un solo dedo encima, más demoraré yo en informarle a Sasuke, que él en hacerles desear no haber tenido nunca esa idea. Ahora apártese de mi camino.

El hombre, sin pensarlo dos veces, se apartó y le permitió el paso. Llevaba años trabajando para el señor Stone, y aunque era un hombre amable con sus empleados, sabía perfectamente qué sucedía cuando se salía de sus casillas. Ya había sucedido antes, cuando un compañero había tomado a la señorita Lara por el brazo, para impulsarla a que caminara más rápido de lo que sus tacones le permitían.

No le había dejado ninguna marca considerable, solo la piel un poco enrojecida, sin embargo, al hombre sí le habían quedado recuerdos, que el mismo Sasuke Uchiha, se había encargado de marcarle en la cara con sus puños. Haciéndole una seña rápida a su compañero, se dispuso a seguirla a pie, mientras que el otro lo hacía en el auto. Sakura subió a la ruta que necesitaba, y Dacre hizo lo mismo. Por simple curiosidad, miró por el vidrio trasero del autobús, y reconoció el auto-negro-demasiado-costoso siguiéndolos de cerca, suspiró y tomó asiento. No podía impedir que ellos la siguieran, y mientras no interfirieran en sus planes para cada día, podían hacer lo que desearan.

Cuando llegó al apartamento de Sasuke fue recibida por Katy, quien la saludó con mucho cariño y le ofreció quedarse para tomar el té. La otra chica, que descubrió se llamaba Gina, continuó mirándola con hostilidad, aunque ya no había altivez en su mirada, sino algo parecido a la envidia, y no precisamente de la buena. Enseguida descubrió el porqué de su cambio de actitud.

―Oh, niña, el señor Sasuke ya me contó la noticia ―dijo Katy con una sonrisa en el rostro―. Estoy tan con

tenta que todavía no lo asimilo bien. Beth intuyó a qué se refería la mujer, y al verla tan emocionada, no fue capaz de hacer un comentario sarcástico. «Todos los que lo rodean son personas tan amables, que no merecen los dardos que quiero dirigir a él.» Cuando Gina pasó y le lanzó una mirada de odio, completó su pensamiento: «Bueno, casi todos.»

―No sé cómo pasó exactamente, pero de un momento a otro terminé comprometida con Sasuke ―dijo Sakura forzando una sonrisa. Gustosa habría cambiado de puesto con Gina, si tanto deseaba ocupar su lugar en el corazón del hombre. La mujer soltó una sutil carcajada.

―¡Ese es mi niño! ―susurró para que Gina no la escuchara―. Él siempre tiene lo que quiere. Nadie sabe muy bien cómo lo hace; simplemente cuando uno menos piensa, se ve haciendo todo lo que él dice.

―Es un manipulador de primera categoría ―dijo Sakura, más para sí que para la mujer.

―Solo hay que tenerle paciencia. No me extraña que te hayas enamorado de él en tan poco tiempo, puede ser un chico muy encantador cuando se lo propone.

―Sí, bastante, y no se imagina cuánto lo amo. ―Sakura se arrepintió enseguida de su sarcasmo, y se tranquilizó cuando la mujer sonrió aún más, mientras le servía la taza. No lo había captado. Luego de dejarle la caja con las cosas que Sasuke le había enviado, y pedirle que le dijera que ahí le dejaba una basura que encontró en su apartamento, se despidió de ella y se dirigió a un supermercado para comprar los víveres con el dinero que Eva le había enviado, por los días laborados en UchihaWorld Company.

Todo el tiempo fue seguida por los guardaespaldas. Compró lo que necesitaba: comida para ella y Naruto, artículos de aseo personal y una que otra golosina. Cuando se encontraba en la caja registradora pagando la cuenta, recibió una llamada de Eva, en donde le pedía que se fuera para su casa para que no estuviera sola esos días.

―Tengo que llevar unas cosas a mi apartamento, tomo algo de ropa y enseguida salgo para allá. Eva le indicó que ya había avisado para que le permitieran la entrada, y la atendieran todo el día hasta que ella llegara, también le dijo que no se preocupara por su padre, pues estaba en casa de los Stone y no regresaría hasta después de que ella llegara. Así lo hizo. Cuando Eva llegó, Sakura se encontraba en la sala de estar, viendo un documental sobre la historia de las matemáticas.

―¡Por Dios, Sakura! Tantos programas buenos que deben estar pasando y tú te concentras en un documental sobre matemáticas.

―Tomó el control del televisor y lo apagó.

―¡Oye! Yo no me meto en tus gustos así que déjame tranquila ―protestó Sakura. La mujer se limitó a bufar y a arrastrarla a su habitación. Solo hablaron un momento sobre los regalos de Sasuke. Eva trató de persuadirla de recibirlos, alegando que era el pago por todo lo que la estaba haciendo pasar.

―Me gustan los regalos cuando son de alguien que aprecio, y que sé que son dados con cariño, por cariño ―explicó Sakura―, no por querer ratificar su poder sobre mí. Eso no lo voy a permitir. Además, hay regalos de regalos, y los que da tu primo se pasan de tono. Eva rodó los ojos y cambió de tema, sabiendo que era un caso perdido.

―¿Y cómo te la llevas con tus custodios?

―Los soporto, pero no les presto atención

―¿Por qué no me extraña que no sean para nada guapos? ―preguntó Eva con ironía. ―Porque, obviamente, Sasuke no quiere hombres guapos a mi alrededor ―respondió Sakura, levantando los brazos―. Ni siquiera le gusta cuando tu hermano se me acerca. Está paranoico. ―Deberías aprovecharte de eso para tu propio beneficio ―aconsejó Eva con una mirada pícara. ―La verdad no me interesa, solo quiere casarme con él y que nos deje la vida en paz.

―Suerte con eso… Eva comenzó a hablar sobre otros asuntos y el tema de Sasuke quedó olvidado. Esa misma noche, Sakura conoció al padre de su nueva gran amiga. Joseph Lancaster seguía casi igual a como aparecía en la foto en el escritorio de Sasuke, solo que con una que otra arruga más pronunciada, sin perder la belleza varonil de su rostro ni la fortaleza de su cuerpo; no obstante, Sakura pudo notar que algo que resaltaba en la fotografía, en ese momento le faltaba: el brillo de alegría y las ganas de vivir de un hombre que está verdaderamente enamorado.

Su mirada se apreciaba apagada, triste, como si solo siguiera en el mundo porque sabía que la solución a su sufrimiento, era considerado un pecado ante los ojos del creador. Para Sakura no fue algo difícil de ver, pues ese hombre reflejaba la misma desolación que su madre antes de conocer a Jason. En realidad, todavía se podía atisbar en sus ojos rastros de ese estado, aunque no tanto como a ese hombre que la saludaba con una sonrisa amable en sus labios. Agradeció que él se retirara rápidamente, porque ya sentía su corazón contrayéndose por los recuerdos y la pena.

Cuando se fueron a dormir, Sakura se quedó en el cuarto de Kendal como la vez anterior. Si bien tenían habitación de invitados, Eva decía en tono de burla que ella era como de la familia, y que a Kendal no le importaría que ocupara su habitación, ya que solo la usaba en muy pocas ocasiones. Luego de recostarse, decidió que hablaría con Sara la tarde siguiente. No quería que ella se enterara como todos los demás de su matrimonio con Sasuke, pues estaba segura que el lunes todos en la compañía lo sabrían. Eva le había confirmado que ni Sara ni John se enteraron de la declaración de Sasuke en su oficina, ya que ellos habían salido por la otra puerta, para organizar unos documentos resultantes de la reunión.

No le importaba lo que los demás pensaran, y estaba segura que, si las habladurías se daban, sería sobre un posible embarazo o cosas por el estilo, y no la típica historia de la secretaria y el jefe. Todos sabían que ella era más una auxiliar que una secretaria, que en realidad nunca se desempeñó en ese oficio, y también que había entrado allí más por un favor que por mérito propio o competencia, por lo que no tendría que preocuparse por ser una más en la larga lista de mujeres que terminaban protagonizando esa historia; y que dijeran que estaba esperando al heredero Stone la tenía sin cuidado, con que Naruto supiera que no era así le bastaba. Lo que sí le preocupaba era que no se había reconciliado con él. Aunque en la tarde había intentado comunicarse con él, Naruto no contestó a ninguna de sus llamadas; solo minutos después le había enviado un mensaje de texto diciéndole que estaba ocupado y que la llamaba en la noche, cosa que no hizo; y aunque lo intentó de nuevo, él tampoco respondió. El que sí llamó fue Sasuke, seguramente para preguntarle cómo seguía.

No deseaba hablar con él, y como sabía que no la dejaría en paz hasta tener noticias de ella, le envió un mensaje de texto indicándole escuetamente que estaba bien y en casa de Eva; información que imaginó, ya él debía saber. Derramando algunas lágrimas silenciosas por la situación con su amigo, se quedó dormida luego de decidir que lo intentaría de nuevo al día siguiente. Cuando despertó, ya Eva se había marchado al trabajo. Se bañó y se colocó una sudadera color caramelo bastante cómoda, con sus pantuflas de casa. No tenía planeado salir hasta la tarde que se reuniera con Sara.

Luego de desayunar, llamó a la chica para acordar una reunión. ―Podríamos almorzar juntas. Tengo cita con mi director de tesis apenas salga de trabajar y no me queda tiempo de reunirme contigo ―propuso Sara. Sakura aceptó, y quedaron de encontrarse en una pequeña cafetería cerca de la compañía. Solo le pidió que no le informara a Sasuke para dónde iba, aunque era de esperarse que él igual se enteraría.

Sakura intentó de nuevo llamar a Naruto y tampoco respondió, por lo que decidió dejarle un mensaje en el buzón de voz. ―Naruto, por favor, perdóname. Tú sabes que te quiero, eres mi hermano, ese que nunca tuve y lo encontré cuando te conocí. (Larga pausa) No soporto estar así contigo. Grítame, dime lo que quieras, insúltame, cualquier cosa, pero no soporto tu silencio.

Te quiero. Soy la estúpida de tu hermanita. Luego de cambiarse de ropa y colocarse unos vaqueros, una blusa color rojo de manga larga y una chaqueta de mezclilla, se calzó unos Converse azules y se recogió el cabello en una coleta. Salió de la casa de Eva indicando que almorzaría por fuera, y como ya esperaba, fue seguida de cerca por los dos hombres y el auto-negro-demasiado-costoso.

Llegó a un pequeño establecimiento de solo cinco mesas y ambiente bastante informal, donde por referencia de Sara, vendían los mejores almuerzos caseros de todo Londres. Ya Sara se encontraba en la primera mesa ubicada junto a la ventana, y sus dos seguidores se sentaron en una de las dos mesas de afuera, que quedaba justo del otro lado del vidrio. Las dos chicas se saludaron y ordenaron un almuerzo corriente con Coca-Cola y de entrada unos aros de cebolla.

―¿Son ideas mías o esos dos tipos vinieron contigo, y uno de ellos se bajó de ese espectacular Aston Martin? ―preguntó. «¡Dios! Sabía que era costoso.»

―Tengo que contarte algo que sé es un poco extraño ―dijo Sakura indecisa, no de contarle a Sara, sino de cómo empezar. ―Sakura, me estás asustando, ¿sucede algo malo? Decidiendo que era mejor hacerlo como las enfermeras con los curitas, soltó la parte principal de la historia sin compasión.

―Me voy a casar con Sasuke ―dijo tan rápido que Sara se la quedó mirando confundida.

―¿Cómo? Repite, porque no te entendí bien ―pidió Sara, parpadeando rápidamente y moviendo la cabeza de un lado a otro. ―Que me voy a casar con Sasuke.

―¿Cuál Sasuke?

―Tu Christopher, mi Sasuke, el Sasuke de ese edificio ―respondió Sakura, señalando los últimos pisos de UchihaWorld Company, que se podían ver desde ahí. Sara abrió desmesuradamente los ojos y tomó aire sin ser muy consciente del hecho.

―¡¿Qué?! Los dos hombres fuera del establecimiento se levantaron rápidamente, alarmados por el grito. Sakura les hizo señas para que se sentaran de nuevo y prefiriendo dejar a su amiga sola un momento para que asimilara la noticia, se levantó de su silla y se acercó a ellos, para indicarles que pidieran algo para almorzar, y que ella lo costeaba si era necesario.

―Muchas gracias, señorita. Almorzaremos cuando regresemos a casa. No podemos descuidarla por estar comiendo ―explicó Alec. ―No importa. Es mi culpa por no avisarles que saldría. Por favor, ordenen así sea un refrigerio ―pidió Sakura con una sonrisa. Sabía que la cantidad de comida ingerida por un hombre era abundante, más en uno del tamaño de ellos, y pensar que por capricho de Sasuke ellos tendrían que esperar para almorzar, no la hacía muy feliz―. Yo no tengo enemigos, esto es solo una necedad. Háganme feliz, por favor. Los hombres se miraron y luego la miraron a ella.

―Tenemos dinero, muchas gracias por el ofrecimiento, enseguida pediremos algo ―dijo Dacre con una sonrisa amable que hizo que sus facciones se suavizaran un poco. Sakura le sonrió de vuelta y regresó a la mesa, donde Sara miraba atónita la pared lateral.

―¿Sara…? ―No entiendo, tú lo odias ¿Cómo…? No entiendo. Sakura suspiró y se dispuso a contar la historia que tendría que relatar una y otra vez a varias personas.

―Supongo que las cosas son así ―comentó. Se mordió el labio dándose cuenta que debía ser más convincente―. Yo no lo odiaba, solo no sabía cómo actuar o reaccionar ante un hombre que me gustaba tanto.

―Eso no tiene sentido, Sakura ―refutó Sara.

―¡Sí lo tiene! Recuerda que soy menor que tú, vengo de un pequeño pueblo de Estados Unidos, los únicos hombres con los que me he rodeado son mis profesores y compañeros de clase; el único realmente guapo que he conocido en mi vida, antes de venir aquí, es Naruto, y sabes cuáles son mis sentimientos hacia él. Entonces, llego aquí y encuentro a un hombre como Sasuke:

hermoso, encantador, seductor y que aparte de todo se interesa por mí. ¿Qué esperabas que hiciera? ¿Abrirme de piernas y proclamarle amor eterno desde un comienzo? Yo no tengo experiencia con hombres y mucho menos de la clase de él; estaba asustada y su insistencia me confundía más; no sabía si quería solo estar conmigo como un pasatiempo, o en realidad deseaba algo serio. Sara se la quedó mirando por unos momentos, analizando las explicaciones de Sakura. Cuando consideró que eran totalmente justificadas, una sonrisa se extendió por su rostro y la emoción se reflejó en sus ojos.

―¡No lo puedo creer! Sakura, te vas a casar con Sasuke Uchiha, presidente de UchihaWorld Company.

―Qué emoción, ¿cierto? ―Cuéntame cómo fue, cómo te propuso matrimonio. ¿Fue romántico? ¿Con velas y todo eso? ¿Y el anillo? ―Sara empezó a buscar con la mirada en la mano de la chica. Esas eran las preguntas que Sakura no quería responder, por lo que recordando cómo solucionaban en las películas esas situaciones, logró formar su respuesta.

―Fue algo muy privado ―explicó forzando una sonrisa―. Sasuke es un hombre… peculiar, y de esa misma forma fue su propuesta de matrimonio.

―¿En serio? ―Sí, un día llegué a la oficina y me dijo «Elizabeth, o te casas conmigo o arruino a tu familia» ―dijo Sakura tratando de imitar la voz de Sasuke, y luego continuó encogiéndose de hombros―. Y no me tocó de otra que aceptar. Sara la miró con los ojos muy abiertos, y enseguida soltó una fuerte carcajada.

―¡Eso es tan típico del señor Uchiha! ―exclamó entre risas. Era claro que no le había creído una sola palabra. Sakura sonrió por la risa contagiosa de la chica, y miró hacia la mesa donde estaban los guardaespaldas, que se encontraban comiendo unos emparedados con lo que al parecer era jugo de naranja.

La charla continuó con las típicas preguntas a una amiga que se va a casar, las cuales Sakura evadió eficazmente, alegando además que no había anillo porque aún no había hablado con Naruto, y como no le gustaban mucho las joyas, lo más seguro era que no lo aceptara. Sara al notar la renuencia intuyó que se sentía apenada por la situación, y cambió de tema para no hacerla sentir incómoda. Cuando ya estaba de regreso en la casa de Eva, Sakura recibió un mensaje de texto.

He preguntado por ti a Eva todo el tiempo, y le he pedido que no te diga nada. Lo eres todo para mí, mi vida, mi niña, mi hermanita, esa a la que deseo proteger. Nos vemos mañana al medio día. Te quiero mucho. Naruto
A Sakura se le llenaron los ojos de lágrimas por las palabras de su hermano, al tiempo que la preocupación y la angustia la agobiaron de nuevo. Ya no habría viajes, ni algo que impidiera que Daniel se enterara de su matrimonio con Sasuke. Solo era cuestión de horas para descubrir cuál sería su reacción, y podía apostar que no le agradaría.