CAPÍTULO 19

Isabella sonrió al ver como Emmet y Rosalie bailaban en la pista.

La fiesta transcurría sin incidentes haciendo que tanto los novios como los invitados disfrutasen al máximo.

Esa mañana, tras desayunar, acompañó a Esme y Rosalie para acomodar los centros florales, así como retomar los últimos detalles de tal forma que cuando los padres de Rosalie llegaron, ya estaba prácticamente todo hecho.

Durante el desayuno, nadie hizo referencia a la discusión de la noche anterior y aunque Esme parecía algo más animada, aún se apreciaban restos de tristeza en su mirada.

La figura de Edward apareció en su campo de visión y negó con la cabeza al verle. Estaba bailando con una tía abuela de Rosalie, al parecer la mujer estaba fascinada por el pequeño de los Cullen y desde que le vio aparecer en el salón le rogó que la sacase a bailar.

Edward le sonreía por compromiso y de vez en cuando miraba en dirección a Isabella, haciendo una mueca de fastidio ante el asedio de la mujer, a lo que Bella le respondía lanzándole un beso al aire. Tras el primer baile, le siguió un segundo, y ahora iban por el tercero... Si la cosa seguía así pronto tendría que replantearse el ir a rescatarlo.

—Creo que esa dulce abuelita está dispuesta a quitarte el novio. —Habló Alice sentada al lado de ella—. Y no me extrañaría, Edward está realmente guapo hoy.

Alice tenía razón: el esmoquin azul, la camisa blanca y pajarita negra le quedaba perfectamente. Su pelo indomable estaba perfectamente peinado hacia atrás, pero sin perder volumen haciéndole parecer un modelo de revista.

—Cariño, que estoy aquí a tu lado. —Señaló Jasper fingiendo indignación.

—A ti ya te he dicho lo guapo que estás, cielo. Pero es tan raro ver a Edward vestido así que es inevitable que me llame la atención.

—¿A quién estáis criticando? —Preguntó Edward llegando hasta ellos y sentándose al lado de Bella.

—A ti. Ese traje te queda fatal. —Bromeó Alice.

—Igual que a ti tu peinado, parce que tienes un nido de pájaros en la cabeza. —Respondió continuando la broma.

Era un juego que tenían desde hace tiempo, se adulaban con adjetivos opuestos a lo que en realidad pensaban.

—¡Vamos a bailar antes de que os matéis!, —Sugirió Jasper tirando de la mano de su chica— ¡Sois como dos niños pequeños!

Edward y Bella rieron ante su comentario.

—¡Ains! —Suspiró Edward— Esa mujer me ha dejado muerto de cansancio.

—Ya lo he visto. ¡Tiene más marcha que yo aun doblándome la edad!

—Y con una prótesis de cadera y otra de rodilla. Por un momento creí que el metal saldría disparado con tanto movimiento.

—¡No seas malo! —Pero Bella no pudo evitar carcajearse ante su comentario.

—Estás preciosa. —Susurró junto a su oído haciéndola sonrojarse.

Llevaba un vestido largo color mostaza, de manga corta y numerosos pliegues que se iban amoldando a su figura, con una sexy abertura en su pierna derecha que llegaba hasta por encima de su rodilla. Llevaba el pelo recogido en un moño bajo, con algunas ondas sueltas que en marcaban su cara y un maquillaje suave que contrastaba con el rojo de sus labios.

—Tienes razón, pero las miradas del resto de invitados confirman lo que pienso, aunque hagan que muera de celos.

—Ya sabes que no tienen nada que hacer, soy toda tuya. Respondió besando sus labios.

—¿Lo estáis pasando bien? —La voz de Esme llegó hasta ellos justo en el momento en el que terminaron el beso.

—Mucho, mamá. Está saliendo todo genial. Lástima que apenas haya visto a Emmet.

—Cariño, sabes que los novios están muy solicitados. Yo acabo de terminar de bailar con él, por eso vengo ahora a por mi otro hijo, para que me lleve a la pista. He escuchado que tienes a unas cuantas maduritas locas por bailar contigo.

—Mamá... —Se quejó

—¡Nada de mamá! Has bailado con una extraña así que también lo harás con tu madre

—¡Y después conmigo! No quiero desperdiciar mi turno.

—A ti te guardaré una lenta —Prometió Edward guiñándole un ojo.

Isabella volvió a mirar como Edward se dirigía a la pista de baile y empezaba a moverse junto a su madre. Ambos sonreían y hablaban complicaciones.

Una copa de champán apareció delante de sus ojos.

—Supongo que debes tener sed. —Sugirió Carlisle Cullen sentándose a su lado.

—¡Oh!, bueno, un poco. Gracias. —Respondió dedicándole una tímida sonrisa.

Isabella se sintió un poco cohibida ante la presencia del padre de Edward. Si bien no habían hablado mucho durante el fin de semana, las pocas veces que él había intervenido en alguna conversación fue para discutir, por lo que no sabía que esperar ahora.

—Esme está feliz. Añadió.

—Para una madre debe ser una alegría ver que su hijo es feliz. Emmet y Rosalie lo serán estoy segura.

—Y Edward también, hacía años que no le veíamos tan bien. Eso ha tranquilizado bastante a su madre y a mí, aunque no lo parezca. Es mi hijo y aunque puedas creer lo contrario, le quiero.

—Yo no lo he dudado, señor Cullen.

—A veces el exceso de preocupación rompe dificulta las relaciones. Y Edward lleva una mochila emocional muy fuerte a sus espaldas.

—Bueno, me ha costado un poco romper el hielo de su corazón, pero poco a poco lo voy consiguiendo.

Carlisle asintió satisfecho.

—Voy a darte un consejo, aunque no me lo hayas pedido. Pareces una buena chica y creo que eres justo lo que Edward necesita, pero ten paciencia con él. Es demasiado visceral y ama con la misma intensidad con la que odia, te lo digo por experiencia. Espero que disfrutes de la noche, Bella.

Carlisle Cullen se levantó de la mesa al ver como su hijo le miraba fijamente, dejando a Bella totalmente confundida.

Estaba claro que el señor Cullen era de pocas palabras, pero en ese momento hubiese agradecido que hubiera mantenido la distancia que mostró desde que llegó, pues esa conversación la había dejado totalmente confundida.

Edward se acercó hasta ella aprovechando que Emmet le había sustituido como pareja de baile de su madre.

—¿Todo bien con mi padre? ¿Te ha dicho o hecho algo?

—No, tranquilo. Sólo estábamos hablando. ¿Es mi turno? —Preguntó al escuchar como las notas de unchaine melody comenzaban a sonar.

—Por supuesto.

Juntos avanzaron hacia la pista de baile donde se mezclaron con el resto de parejas que allí bailaban. Isabella rodeó el cuello de Edward con sus brazos al tiempo que él hacía lo mismo con su cintura. Le sonrió y alzándose de puntillas le besó suavemente en los labios antes de apoyar si cabeza en el pecho de él dejándose llevar por el ritmo de la música.

Edward cerró los ojos y apoyó su mentón en la cabeza de Isabella, intentando guardar ese momento en su memoria. Allí, con ella entre sus brazos, era feliz, feliz como no lo había sido desde hacía mucho tiempo.

Los minutos que duró la canción les parecieron segundos pues las notas de Crazy in love de Beyoncé les hicieron separarse. Estaba claro que el momento romántico había pasado y ahora el dj estaba dispuesto a hacer que los allí presentes meneasen el esqueleto.

—¡Parejita! ¿Estáis disfrutando de la fiesta? —Preguntó Emmet llegando hasta ellos.

—Está siendo muy divertida. —Sonrió Isabella.

—Me alegro, e imagino que tú también te estarás divirtiendo —Habló mirando hacia su hermano— He escuchado que estas hecho el rey de la pista.

—No es para tanto.

—Bueno, ya sabes, cuando desapareces de estos eventos durante tanto tiempo y luego vuelves la gente te acapara. La tía de Rosalie ya me ha preguntado si vas a venir a la boda, al parecer quiere tenerte como compañero de baile y de algo más.

Isabella no pudo contener la risa ante los comentarios de Emmet.

—¡Pero si puedo ser su nieto!

—Pues ella no te ve así.

—Ya le puedes ir diciendo que ese día tendré todos los bailes reservados para mi pareja, miró a Bella antes de guiñarle un ojo Reservaré alguno para mamá, Rose y Alice, pero no bailaré con nadie más.

—Eso ya lo veremos. Ahora voy a robártelo un momento, Bella. Necesito que me acompañes para ver una cosa, es relacionado con el regalo para los padres de Rosalie. Me gustaría saber qué opinas.

—Edward miró a Isabella para saber si le molestaba que la dejase allí sola.

—Por mi está bien, ve con tu hermano, yo aprovecharé para beber algo.

—Enseguida vuelvo. —Prometió besando su frente.

Isabella aprovechó la ausencia de Edward para acercarse a la barra y pedir un refresco; tanto champán y tanto vino le estaba empezando a despertar dolor de cabeza.

Mientras esperaba a que el camarero le sirviese su copa observó a Jasper y Alice sentados en la mesa. Ambos parecían relajados y felices, sonreían e intercambiaban confidencias entre besos y risas. Para Isabella era extraño ver a Jasper comportarse así. Aunque era agradable y simpático con ella solía mostrarse reservado en cuanto a las demostraciones de afecto públicas, pues normalmente era Alice quien propiciaba ese tipo de gestos.

Isabella tomó su bebida y giró dispuesta a buscar un sitio donde sentarse, pues no quería interrumpir a sus amigos, pero perdió el equilibrio al sentir como el tacón de su zapato se doblaba haciéndole derramar parte del contenido de su vaso. Afortunadamente unas manos la sostuvieron evitando que cayese.

—¡Oh Dios mío! ¡Lo siento! ¡He manchado su vestido! —Se disculpó Isabella al ver como el líquido había empapado la tela negra del vestido de su salvadora.

—No te preocupes, no creo que deje mancha. No ha sido nada. —Respondió la mujer. Alta, rubia y preciosa. Podría tener mas o menos la edad de Esme Cullen aunque se conservaba maravillosamente bien.

—¿Estás bien? ¿Te has hecho daño?

—¡Oh, no! Estoy bien, solo ha sido un tropiezo. ¡Malditos tacones! Nunca he soportado llevarlos demasiado tiempo. —Sonrió Bella— Muchas gracias por ayudarme.

—No ha sido nada. Soy Irina Voulturi. —Se presentó tendiéndole la mano.

—Bella Swan. Encantada.

—¿Has venido acompañando a Edward me equivoco?

—Sí, he venido con él. —Isabella no sabía quien era esa mujer. Edward le había comentado que por parte de su familia solo estarían ellos y algunos amigos de sus padres. Sus abuelos murieron hace años, Carlisle era hijo único y el hermano de Esme vivía en Canadá, por lo que únicamente podría acudir a la boda.

—Os he visto juntos. Formáis una bonita pareja. —Alabó.

—¿Usted conoce a Edward?

—Sí, en realidad a quien conozco más es a su madre, Esme. Soy dueña de una galería de arte, he vendido alguna de las obras de Esme. Nos conocemos desde hace años.

—He oído hablar a Edward del talento de Esme, debe ser una gran artista.

—Lo es, o lo era. Nunca ha querido reconocimiento, pintar es su vocación, aunque últimamente la inspiración le ha abandonado.

—Dicen que los grandes artistas siempre tienen épocas buenas y malas, seguro que las musas volverán a inspirarla pronto.

—Esme siempre ha unido sus obras a sus emociones, eso es bueno y malo. Te permite crear cosas maravillosas llenas de sentimiento y pasión, pero al mismo tiempo es un arma de doble filo. Cuando no eres feliz, es difícil crear algo decente.

Isabella se sintió incómoda ante las palabras de Irina. No conocía de nada a esa mujer, y aunque por sus palabras parecía conocer muy bien a Esme, no se sentía cómoda hablando del estado emocional de ella. Era algo muy íntimo, y le chocaba que una supuesta amiga estuviese hablando sobre ese tema con una desconocida, porque, al fin y al cabo, eso es lo que era ella para esa mujer, una desconocida.

—Me encantaría seguir hablando con usted, pero me están esperando. —Intentó despedirse Bella.

—¡Oh, por supuesto! Siento haberte entretenido, querida. Pero es que me he alegrado tanto de verle contigo. Ya era hora de que Edward rehiciese su vida. Fue tan duro para todos lo que ocurrió…Ese accidente… Cambió la vida de los Cullen para siempre, no solo la de Edward.

—¿Cómo? —Preguntó Isabella confundida.

—El accidente en el que murió la novia de Edward. Fue algo tan doloroso. Perder a Tanya y a….

—¿Tanya? —Bella sintió como se estremecía. Jamás había escuchado ese nombre, ella siempre creyó que Ness, la novia de Edward era quien había fallecido en ese accidente. ¿Quién era Tanya?

—Sí, Tanya, la novia de Edward… —Irina se tapó la boca con las manos al ver la expresión de Bella. Sin duda, acababa de meter la pata—¡Oh, lo siento! Yo creí que lo sabías…

—Sé que Edward perdió a su pareja en un accidente, pero yo creí… yo, pensé…

La mente de Isabella era un torbellino de pensamientos, así como todo su ser. ¿Qué ocultaba Edward? ¿Quién era Tanya? ¿Quién era Ness? ¿Por qué tenía su nombre tatuado?

—¿Va todo bien?

La voz de Edward parecía sumamente lejana, pero sabía que estaba a su lado porque notaba sus fuertes brazos sosteniéndola por la espalda.

—¿Bella, estás bien? ¿Qué ocurre? —Preguntó preocupado al ver su rostro descompuesto. Alzo la mirada hacia Irina en busca de una explicación, pero la mujer parecía estar completamente nerviosa.

—Yo…Lo siento, Edward. Creí…, creí que ella lo sabía….

Edward sintió como la realidad le golpeaba con todas sus fuerzas. Igual que si de un puñetazo se tratase.

—¿Qué le has dicho, Irina?

—Nada, yo… Lo siento…—Repitió la mujer marchándose a toda prisa y dejándolos allí solos.

—Bella, ¡Mírame! ¿Qué te ha dicho esa mujer?

Isabella tragó el nudo que se había formado en su garganta.

—Algo que deberías haberme contado tú. Creí que te conocía, Edward, pero acabo de darme cuenta de que solo me has ofrecido medias verdades. —Respondió defraudada.

—Bella, tenemos que hablar, yo…

—¿Quién es Tanya, Edward?

—Este no es ni el momento ni el lugar, vayamos dentro y…

—¡Quiero saberlo ahora! —Pidió alzando la voz.

Algunas personas se voltearon para mirarlos, entre ellos su hermano, su prometida y sus padres, que parecían preocupados. Intentaron acercarse, pero Edward les detuvo con un gesto.

Tomó de la mano a Isabella y la llevó hasta uno de los salones interiores que se encontraban vacíos. Ella no opuso resistencia, pues fue consciente de donde se encontraban. No quería arruinarles la fiesta a los novios.

—¿Quién es Tanya, Edward? —Volvió a preguntar.

—Fue mi novia, ya te lo dije. Falleció en un accidente.

—No, tú en ningún momento mencionaste su nombre. Lo recordaría. Aunque puede que la pregunta correcta aquí sea ¿Quién es Ness? ¿Por qué tienes su nombre tatuado? ¿Tan importante fue para ti? ¿O lo sigue siendo? ¡Respóndeme! —Pidió entre lágrimas.

—Bella, no sigas por ahí... ¡No sabes nada! —Gritó.

—¡Pues déjame saber! ¡Respóndeme! ¡Dime quién es! ¿Quién es Ness? ¿Quién es? —Exigió saber.

—¡Mi hija! ¡Ness es mi hija! —Confesó a voz en grito Edward cayendo de rodillas— ¡Era mi hija!, ¡Era mi hija!

Roto de dolor e invadido por el llanto, Edward terminó de romperse. La coraza de hielo que había puesto en torno a su corazón y sus recuerdos se había desmoronado al fin, liberando todo el dolor contenido durante años.

Sus secretos habían salido a la luz de la peor forma que hubiese imaginado. Allí, arrodillado entre lágrimas, frente a una paralizada Isabella, le había llegado la hora de confesar toda la verdad.

¡Hola! ¿Qué tal todo?

Pues parece que la bomba ha estallado y que lo secretos de Edward han salido a la luz.

Muchas gracias a todos por los favs, follows y reviews.

Nos leems cada marte en Facebook en el grupo de Élite Fanfiction y el próximo viernes en el capítulo.

Un saludo.

Nos seguimos leyendo.