Poco a poco habían conseguido que la situación se normalizara.
Tras semanas de tener la sensación de que realmente no sabían lo que estaban haciendo, su nueva rutina había terminado de asentarse. Y aunque seguía siendo una rutina de no parar ni un minuto, al menos terminaban el día con la tranquilidad de que estaban haciendo las cosas bien… y eso que no contaban con un manual de instrucciones porque era la primera vez que ocurría algo parecido.

Habían llegado así, sorprendentemente, al segundo mes de embarazo.
Stiles no había vuelto a tener náuseas matutinas ni había sufrido nuevos ardores por culpa de sus antojos. Además, en el trabajo no tenía mucho jaleo últimamente, gracias también a que su padre se había encargado de dejarle las tareas menos pesadas, para que no volviera a casa agotado y pensando únicamente en meterse en la cama. Y por si eso no bastara, el sheriff ya le había asegurado que pronto contarían con un nuevo ayudante en la comisaría, para que así pudieran repartir el trabajo entre más personas.
Por su parte, desde que Melissa les hubiera dicho que los primeros meses eran los más delicados de todo el embarazo, por lo que no convenía que hiciera demasiados esfuerzos y mejor si se lo tomaba con calma, Derek se había convertido en el encargado personal de que Stiles siguiera las órdenes del médico en casa.

Aquel estaba siendo un día más dentro de su rutina.
Como cada tarde, Derek lo había dispuesto todo para que nada más llegar a casa Stiles pudiera descansar cómodamente en el sofá, bien arropado mientras leía en su portátil tras haberse asegurado de que se había tomado las vitaminas.
Sin embargo, cuando parecía que estaba todo listo y Derek ya iba a preparar la cena, Stiles le agarró de la mano y, sin decir nada, se incorporó un poco para indicarle que se sentara en su sitio de siempre. Después de todo, el también se merecía un poco de relax.
Derek no se lo pensó ni un segundo. Sólo había algo mejor que tener a Stiles bien seguro y cómodo en su casa, y eso era poder estar a su lado, disfrutando del raro momento de tranquilidad.
El hombre lobo fue a por el libro que había dejado la noche anterior en la mesilla junto a la cama, donde había estado leyendo hasta asegurarse de que Stiles dormía profundamente, y esta vez se sentó en el extremo del sofá, dejando que su novio apoyara la cabeza y usara sus piernas como almohada.
Apenas sintió su cabeza, instintivamente llevó una mano a su pelo castaño y jugueteó con él entre sus dedos, contento y relajado a partes iguales. Enseguida escuchó el suspiro de Stiles, que era más parecido a un ronroneo, y sonrió comedidamente sin decir nada más.
Así daba gusto volver a casa.

Consiguieron mantener esa tranquilidad durante casi tres horas. Pero llegado a ese punto Stiles no tuvo más remedio que abandonar su posición, gruñendo levemente mientras comentaba que tenía que ir al baño.
Derek, por su bien, no dijo nada. Esa era otra de las muchas consecuencias que habían venido con el embarazo: una vejiga increíblemente delicada que hacía que Stiles tuviera que ir al servicio cada dos por tres.
Echando de menos el calor corporal y peso de su compañero, el Alfa aprovechó para ir a la cocina y empezar a preparar la cena, que al final se había retrasado más de lo normal.

Stiles regresó cinco minutos después.
Y en seguida Derek se dio cuenta de que algo iba mal.

Lo primero que notó fue una esencia que ya había captado infinidad de ocasiones procedente de aquel cuerpo y a la que no terminaba de acostumbrarse pese a que hubo una época en la que parecía que eso era lo único que había en la vida de Stiles Stilinski: miedo.
Percibió ese inconfundible olor en el mismo instante en que el humano entró en el salón, pero quedándose parado a unos metros del sofá.
Derek dejó caer la cuchara de madera con la que estaba removiendo la comida, y que había pasado a importarle poco menos que nada.

- ¿Qué te pasa? –preguntó al ver su cara pálida.

Stiles tardó unos segundos en reaccionar. Se llevó las manos instintivamente al estómago, mojándose los labios sin encontrar las palabras. Estaba temblando.

- No… No lo sé… He ido a hacer pis y… Había sangre…

No necesitó saber más. Dejó que su instinto de Alfa guiara todos sus movimientos, aunque en esos momentos había más de instinto paterno y de querer proteger a su familia, dando igual el hecho de que fuera un ser sobrenatural.
Tomó la mano de Stiles con todo el cuidado que pudo reunir, recordándose que de los dos era el que más asustado debía estar ahora, y le apremió a moverse.

- Vamos al hospital ahora mismo.
- ¿Y si he perdido al bebé? –preguntó Stiles, todavía paralizado.

Y eso era justo lo último en lo que quería pensar ahora Derek.

- No lo sabes… -trató de calmarle, hablándole en susurros-. Vamos al…
- Lo siento mucho… -Los ojos marrones se llenaron de lágrimas, consiguiendo que el corazón de Derek protestara un poco más. Si ya le daba pánico pensar que podían haber perdido a su hijo, peor era presenciar cómo le estaba afectando eso a su compañero, especialmente si él se consideraba responsable-. Tenías razón. No debí haber hecho muchos esfuerzos… Tenía que habérmelo tomado con más calma y…
- Stiles… -Abrazó su cuerpo con delicadeza, deseando poder transmitirle un poco de seguridad a base de gestos, puesto que todavía no era capaz de encontrar las palabras adecuadas.

Stiles no respondió al abrazo. Siguió quieto, todavía en estado de shock, entre los brazos que intentaban calmarle sin éxito.

- Ha sido culpa mía.

Derek dio medio paso atrás para colocar ambas manos sobre sus mejillas, obligándole a que le mirara a los ojos.
- Nada de esto es culpa tuya. Y aún no sabemos qué ha pasado. Vamos al hospital a confirmarlo.
- ¿Puedes…? ¿Puedes seguir oyendo su latido?

El hombre lobo adoró y odió a Stiles por partes iguales. Le adoró porque hasta ahora no se le había ocurrido pensar en eso, cuando habría sido lo más lógico a hacer para asegurarse de que todo estaba bien; y le odió porque hacer justo eso era lo que más miedo le daba.
¿Y si no captaba nada?
Eso fue lo primero que pensó al agudizar su oído, ya que sólo era capaz de oír el latido acelerado de Stiles.
Pero pasados unos segundos distinguió un murmullo. Era mucho más débil que el otro, pero inconfundiblemente rítmico.
No parecía ser tan fuerte como otras veces, pero seguía estando ahí.

- Sí…

Las piernas de Stiles temblaron y Derek tuvo que agarrarle de la cintura, acercándole a su cuerpo para que se apoyara en él.

- ¿Sí? –repitió Stilinski con el rostro todavía oculto por el pecho del Alfa.
- Sí… Todo está bien –le tranquilizó. Subió las manos por su espalda hasta llevarlas a los hombros, y le obligó a levantar la cabeza y mirarle-. El bebé está bien –susurró, aliviado-. Pero tenemos que seguir yendo al hospital.

La petición de Derek, y que no dejaba de ser la misma que había sugerido hacía un minuto, cuando los dos estaban a punto de tener un ataque de pánico, sorprendió a Stiles. Todavía con el corazón acelerado, lo único que quería ahora era tumbarse en la cama y acurrucarse para dar mayor protección a su bebé, mientras Derek les abrazaba y terminaba de darle esa seguridad que tanto necesitaba.

- ¿Por qué? Si está bien…
- Porque has sangrando –respondió Derek, mucho más tranquilo pero todavía haciéndose cargo de la situación-. Y si el padre de mi hijo está sangrando, no pienso quedarme de brazos cruzados hasta no tener la seguridad de que está bien.

**********

Dos horas después, tras regresar del hospital donde Melissa le había hecho a Stiles un reconocimiento completo y durante el cual Derek no osó separarse de su lado, usando su habilidad de curación para quitarle el dolor de cabeza que había aparecido a causa del estrés, por fin llegaban a casa.
El humano enfiló directamente hacia la cama, pudiendo por fin hacer lo que tanto había deseado cuando Derek le aseguró que su bebé estaba vivo. Y aunque Melissa ya le había confirmado lo mismo, dejándole escuchar su latido y asegurándole que era perfectamente normal que se produjera algún pequeño sangrado en esa fase de la gestación, por lo que no había nada de lo que preocuparse, Stiles sintió la necesidad de colocarse en posición fetal para ofrecerle una protección extra a su hijo.

Derek dejó en la cocina la bolsa con las nuevas vitaminas que les había recetado Melissa, habiéndoles recomendado también aumentar la dosis de ácido fólico para asegurarse de que el bebé seguía creciendo fuerte y sin riesgo de que hubiera malformaciones. Pensó en llevarle los frascos para que tomara algo, pero un simple vistazo al cuerpo de Stiles, quien estaba encogido en la cama, le dejó claro que eso no era lo que necesitaba ahora.
Tampoco pensó en terminar de preparar la cena que se había quedado a la mitad cuando tuvo lugar todo el incidente. Apostaba a que ahora, al igual que le estaba pasando a él, Stiles no tenía ganas de comer.
Así que lo que hizo fue quitarse la cazadora y sentarse con cuidado en el borde de la cama, no queriendo sobresaltarle. Al estar ocupando el centro del colchón no le dejaba mucho espacio para que también pudiera tumbarse, pero no le importó.

Derek acarició su espalda con toda la delicadeza que pudo reunir, sintiéndose un poco egoísta porque ese gesto tal vez le estaba haciendo más bien a él mismo que a su novio. Estaba seguro de que Stiles no sería capaz de pegar ojo en toda la noche sólo de recordar que por unos segundos creyeron que el bebé había muerto, pero en su caso el simple hecho de tenerle en casa, a salvo y con el visto bueno de Melissa, era más que suficiente para sentirse feliz.

- ¿Cómo estás? –susurró pasados unos segundos. No detuvo los movimientos circulares sobre la espalda, que poco a poco estaban consiguiendo que su cuerpo no estuviera tan en tensión.

Stiles sacó la cabeza del ovillo que había formado con su propio cuerpo.

- Más tranquilo –sonrió tímidamente-. Menudo susto, ¿eh?

El hombre lobo asintió, relajando un poco su expresión.

- Supongo que es lo que tiene ser padres primerizos.
- Pues es una mierda –intentó bromear, sin conseguirlo, así que optó por ser totalmente sincero. Si no podía serlo con el padre de su hijo cuando acababan de vivir una pesadilla, ¿con quién iba a serlo?-. Cuando vi la sangre pensé que le había perdido y…
- Lo importante es que estás bien –le interrumpió para que sus pensamientos no siguieran en esa dirección, ahora que por fin se había calmado-. Olvídate de lo demás.

Sin embargo, Stiles no lo vio de ese modo. Se incorporó, quedándose sentado en el centro de la cama.

- ¿Cómo puedes decir eso? –preguntó, asombrado-. Lo importante es que el bebé esté bien.

Sus palabras no dejaban de confirmar su comportamiento desde que se inició la crisis. En el hospital no había hecho otra cosa que preguntar por el estado del bebé, queriendo que Melissa le hiciera otra ecografía y olvidándose por completo de su propia seguridad.
Derek entendía que reaccionara así. No dejaba de ser el instinto materno, tan fuerte o incluso más que el instinto de supervivencia.
Pero necesitaba que Stiles entendiera que no podría proteger a su hijo si tampoco se protegía a sí mismo.
Esa era una lección que él mismo tardo en aprender y a la que ahora le concedía una importancia vital.

- Pero eres tú quien ha sangrado –intentó explicarle-, también debes cuidar de ti mismo porque si te pasara algo…
- Daría lo mismo –le interrumpió Stiles.

Tanto por la forma en que lo hizo, alzando la voz más de lo normal, como por la forma en que le estaba mirando, Derek supo que se avecinaba una discusión.
Y él no quería tener esa discusión. No ahora, después de haber estado horas en el hospital, muertos de miedo y sin saber muy bien por qué estaba pasando lo que estaba pasando. Merecían olvidarse de esa pesadilla que, afortunadamente, esta vez había terminado bien.
Pero no podía dejarlo pasar. No cuando Stiles le estaba pidiendo que aceptara algo con lo que jamás estaría de acuerdo.

- No –respondió tajante-. Ahora mismo tú eres el único que me preocupa.
- ¿Me estás diciendo que su vida te da igual? –El silencio de Derek hizo que no pudiera permanecer quieto por más tiempo. Se levantó de la cama para acabar por encima del hombre lobo, quien seguía sentado-. ¿Y qué pasaría si tuvieras que elegir entre el bebé y yo? ¿Preferirías que viviera yo?
- Por supuesto.

La respuesta consiguió que Stiles perdiera todo el color de la piel, quedándose más pálido incluso que cuando vio la sangre en el fondo del retrete.

- No te creo –murmuró, apenas sin voz y con los ojos desorbitados.

Derek quiso cogerle de la mano para acercarle y que volviera a sentarse a su lado. Que hablaran con calma antes de sacar las cosas de quicio. Pero Stiles apartó rápidamente la mano y sólo pudo suspirar.
¿Por qué tenían que ser tan cabezotas los dos?

- Tú eres quien ha conseguido lo imposible –intentó explicarse el hombre lobo-. Y el hombre al que quiero y con el que quiero formar una familia.
- ¡Y eso qué tiene que ver con lo que acabas de decir!

El Alfa gruñó por lo bajo. ¿Cómo podía ser que no lo entendiera?

- Porque si tú no estás, no tengo nada –protestó, molesto porque le estuviera obligando a decir en voz alta lo que ni siquiera se atrevía a pensar-. ¿Para qué iba a querer tener un bebé que sólo serviría para recordarme a la persona a la que he perdido?
- No puedes estar hablando en serio –Stiles se quedó momentáneamente sin aire-. No hay nada más importante que este bebé –llevó las manos a su estómago, creando una barrera protectora-. ¡Me has oído! Nada… -Vio en los claros ojos de Derek su determinación y que no estaba consiguiendo hacerle cambiar de idea, y de pronto se sintió extraño. Extraño en su propio cuerpo y en aquel loft que poco a poco había acabado convirtiéndose en su nuevo hogar-. Y si no tengo la seguridad de que vas a hacer lo imposible para cuidarle y protegerle, no sé que demonios hacemos aquí.

Por fin Derek se puso en pie. No había querido hacerlo hasta ahora porque no quería dar la sensación de que tenía ganas de pelea… Pero estaba claro que Stiles sí quería discutir y, llegado a este punto, no iba a permitir que pusieran en su boca palabras que él no había dicho.
Ni siquiera el padre de su hijo.

- Yo no he dicho que no vaya a cuidar de este bebé –sentenció cuando le tuvo a meros milímetros de distancia.
- Has dicho que le dejarías morir si tuvieras que salvarme a mí –protestó. Y el nuevo silencio de Derek, que tan sólo le miró muy fijamente, hizo que todo terminara de estallar-. ¡No lo niegas!

No. Derek no podía negar eso, porque entonces estaría mintiendo. Y hacía mucho que se juró que jamás volvería a mentirle a Stiles.

- Pero eso no significa que no vaya a… -El nuevo intento de explicarse volvió a verse interrumpido. Pero esta vez no fue por las palabras de Stiles sino por sus acciones, ya que se alejó de él y fue a la silla donde había dejado colgada su chaqueta-. ¿Qué haces?
- No puedo estar aquí –murmuró, poniéndose la prenda con movimientos atropellados y sin mirarle siquiera- Me voy a casa de mi padre.

Derek no podía creer lo que estaba pasando.
Se suponía que todo había terminado. Que no había sido más que un susto y que ya podían olvidarse de todo lo que les había aterrorizado durante horas.
¿Por qué tenía la sensación de estar entrando ahora en otra pesadilla?

- ¡Ahora! –exclamó, señalando el ventanal para que viera que era noche cerrada.
- Sí, ahora –respondió en un gruñido, más preocupado por llegar a la puerta y marcharse de una vez. Pero cuando ya estaba a punto de abrirla Derek se puso entre medias, cortándole el paso-. Déjame pasar –pidió, siempre sin mirarle a los ojos.
- Stiles. Es la una de la madrugada.
- ¡Me da igual!
- Estás demasiado nervioso –trató de razonar. Podía oír el cada vez más acelerado corazón de Stiles y lo último que quería era que acabara otra vez en el hospital, esta vez por sufrir un ataque de ansiedad-. ¿Por qué no vamos a la cama y mañana lo hablamos con más calma?
- No hay nada de lo que hablar… -Entonces sí le miró a los ojos, acercándose incluso más de lo necesario para dejarle claro que estaba hablando muy en serio-. Y lo último que me apetece ahora es dormir a tu lado.

Derek escrutó la mirada de Stiles. La rabia que encerraba el brillo dorado de sus ojos era evidente, así como también lo indicaba su expresión corporal, con los puños cerrados y todo el cuerpo en tensión.
Y aunque dolía oírle decir eso y saber que no estaba mintiendo, al menos la rabia dirigida a él había conseguido que su corazón se calmara un poco.
Así que se obligó a seguir el consejo que el propio Stiles le había dado hace mucho tiempo sobre que debía sopesara todas las posibilidades y pensar siempre antes de actuar…
Y llegó a una conclusión.

No era la que más gracia le hacía, pero sí la única posible ahora mismo para que Stiles estuviera más tranquilo. Debía pensar en su seguridad y la del bebé antes que en su propio bienestar; y que Stiles sufriera un posible ataque de ansiedad no le iba a hacer ningún bien a los dos.

- Está bien –dijo al final, abriendo la puerta él mismo.
- ¿Qué haces? –preguntó Stiles al ver que Derek estaba cogiendo su cazadora.
- Deja al menos que te lleve.
- No creo que…
- Sé que no te hace gracia –le interrumpió sin levantar la voz-. Pero no creo que sea buena idea que conduzcas ahora –Guardó silencio durante unos instantes, mirándole fijamente-. Y antes de que digas nada, te aseguro que no digo esto porque no crea que seas capaz de conducir hasta la casa de tu padre.
- ¿Entonces? –gruñó al ver que Derek le había robado su queja. Odiaba que le conociera tan bien, adelantándose incluso a sus pensamientos. Él y su padre eran las dos únicas personas capaces de hacerlo y no le gustaba nada que lo usaran en su contra.
- Acabas de salir del hospital tras horas temiendo por la vida de nuestro hijo. Estás cansado pero en lugar de dormir en tu cama, que era lo que querías, vas a recorrer todo el pueblo para irte a tu antigua casa porque no quieres estar conmigo… Lo mínimo que puedo hacer es ser tu chófer –Stiles meditó la explicación de Derek, dudando sobre qué hacer-. No te preocupes –añadió el hombre lobo, soltando una mueca socarrona-. Se me da bien estar callado. Será como si estuvieras solo.

*********

Efectivamente, el viaje a la residencia Stilinski transcurrió en el más absoluto silencio. Y aunque Derek cumplió con su palabra y se comportó como si no hubiera nadie más en el coche, mentiría si dijera que no le había costado permanecer callado la media hora que duró el viaje. Especialmente cuando Stiles mandó un mensaje por móvil y vio que, mientras lo hacía, una solitaria lágrima surcaba su mejilla.
Derek supuso que le estaba contando a su padre lo que había pasado para avisarle de que esa noche se quedaría a dormir en su antigua habitación, y estuvo más que tentado de parar el coche para exigirle que acabara con esa tontería. Pero cada vez que pensaba en esa posibilidad en su cabeza se recreaba la misma discusión que acababan de tener en casa. Y si ya era poco agradable discutir con su novio embarazado cuando hacía sólo unas horas que habían temido que iban a perder a su bebé, hacer lo mismo pero en mitad de la carretera y en plena noche sería mucho peor.

"Piensa antes en la seguridad de Stiles" se recordó. Y bien sabía que ahora mismo, por poca gracia que le hiciera, donde más seguro se iba a sentir Stiles sería con su padre.

Todavía no había terminado de aparcar el coche frente al porche de la casa cuando el sheriff Stilinski ya estaba saliendo del interior. Stiles acababa de bajar del asiento del copiloto y hacia él se dirigió para preguntar qué había pasado, pues el mensaje que le había enviado no había dado muchos detalles. Sin embargo, Stiles entró directamente en la casa, sin dar ninguna explicación.
El hombre observó perplejo a su hijo antes de acercarse a Derek. Éste salió del vehículo, sin apagar el motor, y le entregó una pequeña bolsa de plástico que contenía los frascos de las vitaminas. Era lo único que había podido coger antes de salir de casa.

- ¿Qué ha pasado? –preguntó Stilinski, preocupado-. Stiles me ha dicho que habéis discutido.
- No exactamente. Hemos tenido que ir al hospital… -El corazón del sheriff se disparó y Derek se reprendió por tener tan poco tacto. Y no es que él estuviera pasando un buen rato, por lo que se entendía que no fuera muy consciente de esos detalles, pero ya había hecho bastante al resquebrajar un poco el corazón de Stiles. No quería acabar haciéndolo con los dos Stilinski-. Pero él está bien. Y el bebé también –aclaró enseguida-. No te preocupes.
- ¿Entonces?

Antes de que Derek pudiera responder Stiles asomó la cabeza por el umbral de la puerta.

- Papá, me voy a dormir –avisó, dirigiéndose exclusivamente a su padre-. Así que, si te vas despidiendo...

El comportamiento tan frío de su hijo para con Derek, el hombre con el que estaba viviendo y con el que iba a tener un hijo, sorprendió más al sheriff de lo que lo había hecho el escuetísimo mensaje de Stiles.

Sin saber qué decir, pero viendo que su hijo no pensaba moverse de la puerta hasta que no entrara en la casa, miró al hombre lobo. Éste negó con cansancio, indicándole que la discusión debía haber sido más seria de lo que parecía.

Stilinski no podía imaginar qué podría haber pasado para que su hijo ni siquiera estuviera dispuesto a dormir bajo el mismo techo que su novio. Sabía que habían tenido discusiones, como todas las parejas, aunque en su caso solían ser por temas de seguridad y de no arriesgarse demasiado cuando intentaban detener a una criatura sobrenatural, a riesgo de acabar heridos o peor. Y por poco normal que fuera eso, al menos servía para que se dieran cuenta de que discutir por cosas tan simples como quién fregaba los platos o que a alguno se le hubiera olvidado ir a la compla, era completamente absurdo.
Por tanto, sospechando que la discusión había sido en este caso por temas "no" sobrenaturales, no se le ocurría qué podría haber ocurrido para que acabaran así: separados en mitad de la noche, sin despedirse y sin reconocer siquiera la presencia del otro.
John necesitaba saber qué había pasado y algo le decía que esta vez, sorprendentemente, obtendría las respuestas de Derek Hale.

- Ya hablamos mañana con más calma –dijo Derek, intuyendo lo que estaba pensando el sheriff-. Ahora lo mejor es que Stiles descanse.

No dijo nada más y el hombre no pudo hacer otra cosa que despedirle con la mano cuando ya había entrado en el coche y se alejaba de su casa.
Sólo al entrar en la vivienda, a tiempo de ver cómo Stiles ya estaba subiendo las escaleras para irse a dormir, se dio cuenta de que en su despedida Derek no se había incluido en esa recomendación de descansar.
Lo que significaba, por si pudieran quedar dudas de que lo que había ocurrido había sido doloroso para los dos, que esa noche Derek no albergaba la esperanza de que fuera a conseguir dormir.